Batalla de San Juan y Chorrillos

Batalla de resistencia peruana durante la campaña de Lima en la guerra del pacífico From Wikipedia, the free encyclopedia

La batalla de San Juan y Chorrillos fue una acción militar ocurrida el 13 de enero de 1881, en el marco de la guerra del Pacífico. En ella se enfrentaron el Ejército de Chile y el Ejército del Perú.

Fecha 13 de enero de 1881
Resultado Victoria chilena
Datos rápidos Batallas de San Juan y Chorrillos, Fecha ...
Batallas de San Juan y Chorrillos
Parte de Guerra del Pacífico

Tropas chilenas rodeando la playa. Repositorio PUCP
Fecha 13 de enero de 1881
Lugar San Juan de Miraflores
Chorrillos
San José de Surco, Lima, Perú
Coordenadas 12°10′32″S 76°57′23″O
Resultado Victoria chilena
Consecuencias Armisticio de San Juan
Beligerantes
República Peruana República de Chile
Comandantes
Nicolás de Piérola (Comandante en Jefe)
Pedro Silva Gil
(Jefe de Estado Mayor)
I Cuerpo: M.Iglesias
II Cuerpo: B.Suárez
III Cuerpo: J.P.Dávila
IV Cuerpo: A.Cáceres
Manuel Baquedano (Comandante en Jefe)
Marcos Maturana
(Jefe de Estado Mayor)
1.ª División: P.Lynch
2.ª División: E.Sotomayor
3.ª División: P.Lagos
Reserva: A.Martínez
Fuerzas en combate
Ejército de Lima:
20.000[1] a 22.000[2]:60 soldados
Ejército de Chile:
23.129 soldados[4]
  • 80 cañones: 74 Krupp y 6 Armstrong.
  • 8 ametralladoras Gatling
  • Fusiles Comblain
    (Ejército de línea, 30%)
  • Fusiles Gras
    (Guardia Nacional, 70%)
Bajas
4000-7000 muertos
3000 heridos
2000-3000 prisioneros[5]:348–349
797 muertos
2522 heridos[5]:348–349
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Esta batalla se desarrolló consecutivamente en Villa, las pampas de San Juan y Santa Teresa, el cerro Marcavilca, el morro Solar y el pueblo de Chorrillos. Después de ocho horas de combates en diversos frentes, el ejército chileno resultó victorioso. Luego de la batalla, hubo incendios y saqueos en Chorrillos y Barranco. También se acordó una tregua, el llamado Armisticio de San Juan, y se efectuaron negociaciones mientras ambos ejércitos hacían preparativos para otra posible batalla, que finalmente se produjo por un confuso incidente que derivó en la batalla de Miraflores, después de la cual las tropas chilenas entraron a Lima y pusieron fin a la tercera campaña terrestre de la guerra.

Fue la mayor batalla librada durante la guerra y una de las más grandes de América del Sur, en lo que concierne al número de combatientes. Según algunos historiadores debió finalizar la Campaña de Lima con este enfrentamiento, ya que los remanentes peruanos en la línea defensiva de Miraflores no estaban en situación de contener el avance chileno.

Antecedentes

Después de asegurado el dominio chileno en Tarapacá, Arica y Tacna, en Chile se discutió el siguiente paso a seguir en la guerra. El gobierno mismo había intentado infructuosamente romper la alianza Perú-Bolivia mediante la oferta de los territorios de Arica como la natural salida al mar. Una fuerte corriente de opinión desconfiaba del éxito de tal "política boliviana" y exigía al gobierno continuar la guerra con la invasión a Lima, pero el presidente de Chile Aníbal Pinto deseaba evitar más muertes y acabar con los costos del esfuerzo bélico. Como una solución intermedia, que debía demostrar al gobierno peruano su incapacidad para defender su territorio y la conveniencia de aceptar las condiciones de paz exigidas por Chile, el gobierno chileno ordenó la Expedición Lynch con orden de cobrar contribuciones a los ricos hacendados de las azucareras e impedir los desembarcos de armas que llegaban desde Panamá. El mismo fin tenía la Expedición a Mollendo. Casi paralelamente se concretó la intervención estadounidense a través de William Evarts, secretario de estado del presidente James Garfield, quien promovió la Conferencia de Arica con el fin de detener el conflicto, que dañaba el comercio y la industria de la región y hacía temer a los EE. UU. una intervención europea en asuntos hemisféricos contraria a la doctrina Monroe. Chile exigía la cesión de Tarapacá, una indemnización monetaria, la devolución del vapor Rímac y la abrogación del Pacto Secreto Perú – Bolivia de 1873. Arica, según las exigencias chilenas, debía quedar en manos de Perú, pero desmilitarizada. Sin embargo, el ministro plenipotenciario de EE. UU. en Bolivia Charles Adams había asegurado a los aliados que en caso de no llegar los beligerantes a un acuerdo durante la conferencia, los EE. UU. impondrían a Chile un arbitraje favorable a los aliados. Por esa razón para los gobiernos de Campero y Piérola era mejor no entregar los territorios ocupados y dejar a los EE. UU. imponer la paz sin cesión de territorios.[6]:59–60[7][8]:477

Tras el fracaso de la conferencia de Arica, el rechazo boliviano a las ofertas chilenas de dejar la alianza con Perú y la negación peruana a negociar, el gobierno chileno, deseoso de terminar la guerra, decidió la ocupación de Lima.

Desembarco chileno en Chilca

Desembarcos del ejército chileno entre Pisco y Lurín durante la Campaña de Lima.

Por la falta de capacidad de transporte marítimo, los desembarcos chilenos debían ocurrir en forma escalonada. El puerto de Chilca, situado 70 kilómetros al sur de Lima, fue elegido como punto de desembarco por estado mayor chileno dado que se pensaba que la presencia de fuerzas peruanas importantes era poco probable.

El 20 de noviembre de 1880 desembarcó en Paracas, cerca de Pisco, proveniente desde Arica, al mando del general José Antonio Villagrán Correas, la 1.ª División del Ejército chileno de 8.800 hombres, embarcada en 15 transportes y las corbetas Chacabuco y O'Higgins. La División fue reforzada con 3500 soldados que llegaron el 2 de diciembre en la corbeta Abtao y la cañonera Magallanes al mando del coronel José Francisco Gana Castro. Esta división debía marchar hacia el norte, pero por falta de medios solo continuó la brigada bajo el mando de Patricio Lynch, y el resto de la división debió volver a Pisco desde donde se reembarcó al norte. Tras este inconveniente, el Jefe del Ejército chileno ordenó el regreso de Villagrán a Chile y su reemplazo por Lynch.

El 22 de diciembre desembarcaron en Curayaco y Lurín 15.000 soldados chilenos y el material de guerra desde 29 transportes bajo la protección de los blindados Blanco Encalada y Cochrane, la corbeta O'Higgins y el transporte Angamos. El 25 y 26 de diciembre llegaron sucesivamente, después de ocho días de marcha, las dos mitades de la brigada Lynch, que se seguían con 24 horas de intervalo para facilitar el aprovechamiento en víveres y agua. Este trayecto de 180 kilómetros se hizo casi sin resistencia peruana, que consistió principalmente en ataques de montoneras locales.

Las tropas chilenas establecieron su campamento en el valle de Lurín que ofrecía agua, forrajes y alimentos a las fuerzas expedicionarias.

El mando peruano envió al coronel Pedro José Sevilla y los Cazadores del Rímac, con 200 jinetes armados con carabinas, a vigilar el avance de los chilenos, enfrentándolos en Yerba Buena (Cañete) y luego en Bujama (Mala). El mando chileno envió a la brigada del coronel Orozimbo Barbosa a enfrentar las tropas peruanas, librándose el combate del Manzano el 27 de diciembre de 1880 donde Sevilla es tomado prisionero.

Las tropas chilenas realizaron confiscaciones de dinero y ganado a los ricos propietarios del valle de Cañete. A su paso liberaron culís que eran mantenidos semi-esclavizados en las haciendas de la zona, los que se pusieron al servicio del ejército y ayudaron en el transporte de material, apertura de senderos, excavación de trincheras, desactivación de minas, atención de los heridos y entierro de los muertos. De las haciendas confiscadas fueron requisados más de seiscientos asnos, los que fueron cargados con sacos, armas y utensilios de cocina.[8]:629

Reconocimiento del terreno

Para reconocer el terreno, el ejército expedicionario realizó varias expediciones a la zona entre la línea de defensa peruana y Lurín. El mismo jefe de las fuerzas chilenas, Baquedano, salió al terreno tres veces: por el camino a Ate y por la Tablada de Lurín (lado costero). También efectuaron reconocimientos Barbosa y Carlos Wood. El más intensivo fue el de Orozimbo Barbosa, que llevó efectivos de las tres armas (infantería, caballería y artillería), con el fin de dilucidar la factibilidad de un ataque envolvente por Ate.[8]:651–652

Combate de La Rinconada de Ate

En La Rinconada de Ate se encontraba, desde el 4 de enero de 1881, el coronel peruano Mariano Vargas con una fuerza de 340 soldados, compuesta por los hacendados y pobladores de la zona armados con fusiles Minié y piezas de artillería. Vargas dispuso su artillería en el cerro Vásquez. El 9 de enero de 1881, la división chilena de Barbosa, llegó a Pampa Grande (Musa, La Planicie) después de una marcha por la quebrada de Manchay desde Pachacámac (Lurín). La división de Barbosa se enfrentó con los hombres de Vargas en el combate de La Rinconada de Ate, logrando la retirada de Vargas hasta el cerro Vásquez, donde la artillería peruana entra en acción pero sin ocasionar pérdidas de consideración a la división chilena, que después de inspeccionar la zona se retira a Pampa Grande.

Preparación de la batalla

Topografía del campo de batalla

Movimientos de las tropas chilenas antes de la batalla, según Francisco Machuca, "Las cuatro Campañas de la Guerra del Pacífico", Tomo 3. La propuesta de J. F. Vergara es el trayecto color naranja.

La franja costera entre el río Rímac y el río Lurín tiene un ancho promedio de 4 kilómetros, y está limitada al este, por las últimas estribaciones occidentales de la cordillera de los Andes, y al oeste, por el océano Pacífico. Casi en su centro corre una línea de cerros que comienza a la orilla del mar con el Morro Solar (de hasta 280 metros de altura), continua con los cerros de Santa Teresa, Zigzag, San Juan, Viva El Perú (todos ellos con una altura de hasta 180 metros) y por último los cerros Pamplona (280 metros) que cierran el paso al norte por el lado este con su conexión al cerro Cascajal. Los flancos son arenosos y de difícil acceso.[9]:353[notas 1]

La línea semeja vagamente una "W". Al norte de la línea, se ubicaban terrenos de cultivos regados por el río Surco que era extraído del Rímac. Aparte de Lima tenía algunos poblados como Barranco, Miraflores, Teves y Chorrillos.

Al sur de la "W", se extendía una zona arenosa, casi despoblada hasta Lurín, con excepción de "Villa", un poblado a 2 kilómetros al sur de Santa Teresa. Se le llamaba a toda la extensión la "Tablada de Lurín".

Mas al este, existía un camino, a veces solo sendero, desde Manchay hasta Ate y desde allí a Lima. Ese camino pasaba por el lado norte del cerro Monterrico Chico.

La propuesta de José Francisco Vergara

Existieron en el estado mayor chileno dos alternativas para derrotar las defensas peruanas. La de un ataque frontal, propuesta por Baquedano, y la de un movimiento envolvente por el ala derecha chilena, que fue impulsada por el ministro de guerra en campaña José Francisco Vergara.

La propuesta de Vergara consistía en seguir por el valle del Lurín río arriba hasta Manchay y luego seguir al norte a través de terrenos blandos y valles cerrados, sin agua, para llegar al este de Lima por Ate (ver mapa de F. Machuca). Las tropas chilenas llegarían así a las espaldas de las defensas peruanas que, descolocadas, no opondrían una resistencia eficaz.

El plan tenía varias ventajas: evitaba un sangriento ataque frontal, tenía un gran efecto psicológico y facilitaba la captura de los vencidos.

Sin embargo, también existían problemas difíciles de solucionar. El camino no era expedito sino solo huellas en terrenos por los el transporte de cargas pesadas de artillería y bagajes solo podían ser hechas con gran esfuerzo, demora y quizás eran imposibles. Además, no había agua hasta llegar a Lima y en los valles era fácil para el ejército peruano detener la marcha de los expedicionarios en los valles cerrados que debían atravesar.

Finalmente, en un consejo de guerra efectuado el 11 de enero con la participación de Baquedano, José Francisco Vergara, todos los generales, los coroneles Velásquez, Lynch, Altamirano, Lira y el enviado presidencial Joquín Godoy, el estado mayor chileno decidió el ataque frontal. Se argumentó que la marcha directa de Lurín a San Juan era de 17 kilómetros, en cambio la envolvente por Ate era tres veces mayor por caminos arenosos, sin el apoyo de la escuadra, y en una línea muy extendida vulnerable a un ataque por los flancos.

Línea defensiva peruana

Conocido el desembarco chileno en Chilca, Nicolás de Piérola dispuso construir las líneas de defensa al sur de Lima, en San Juan y Miraflores, las que estuvieron bajo la asesoría del ingeniero alemán Máximo Gorbitz[11]:143 y el ingeniero peruano Felipe Arancivia.[11]:145 En el cerro San Cristóbal se construyó una fortaleza llamada "Ciudadela Piérola", encargada al marino Manuel Villavicencio.

La línea de San Juan, de 15 kilómetros de largo, se encontraba a 12 kilómetros de Lima y se extendía sobre las colinas descritas anteriormente. También se fortaleció las alturas del cerro Monterrico, aisladas de la línea de San Juan y de la de Miraflores, que debían repeler un posible ataque chileno según el plan de J. F. Vergara. Las defensas tenían parapetos, fosas y campo de tiro despejado de árboles y cercas que pudiesen cubrir a los atacantes:

Las pircas tenían de un metro a metro y medio de altura y eran formadas por la superposición de pequeños trozos de rocas o "lajas" acomodadas cuidadosamente. Su espesor era de 80 cm a un metro, lo que bastaba para detener las balas de fusil, pero no de cañón que desmoronaban el inestable amontonamiento.[10]:327

En el abra de Santa Teresa, San Juan y otros lugares, los defensores habían instalado minas que estallaban bajo el peso de un soldado. En la vía férrea Miraflores-Chorrillos se contaba con un tren blindado dotado de cañones y paralelo a la línea férrea había una línea telegráfica que comunicaba el estado mayor con el frente. Los cerros Marcavilca y Morro Solar, a orillas del mar, contaban con trincheras y baterías que defenderían contra un posible desembarco por Chorrillos o La Chira. Entre San Juan y los cerros Pamplona existía una angostura plana de 500 metros de ancho en la que fue cavada una fosa para reforzar las defensas.

El gobierno peruano encargó la construcción de cañones a las fábricas peruanas White, Grieve y Selay. Las tropas peruanas contaban con armamento de diversas fabricaciones y calibres, como fusiles Chassepot, fusiles Peabody, fusiles Minié de avancarga, carabinas Remington de calibre .43 y calibre .50. Desde diciembre de 1879 hasta el comienzo de la campaña de Lima, Perú había importado 30.000 fusiles y 60 ametralladoras además de otros materiales de guerra como torpedos, dinamita, alambres, etc. Esta información es conocida, pero ha sido desdeñada más tarde bajo el influjo de la derrota y de la pasión política por la historia peruana, afirma Jorge Basadre.[11]:124

Más información I Cuerpo de ejército (Coronel Miguel Iglesias), II Cuerpo de ejército (Coronel Belisario Suárez) ...
Orden de batalla del Ejército de Perú durante las batallas de San Juan y Chorrillos según C. Dellepiane[10]:328–329
I Cuerpo de ejército (Coronel Miguel Iglesias)II Cuerpo de ejército (Coronel Belisario Suárez)III Cuerpo de ejército (Coronel Justo Pastor Dávila)IV Cuerpo de ejército (Coronel Andrés Avelino Cáceres)Caballería
  • 1.ª División Norte (Coronel Mariano Noriega):
    • Batallón N.º 1 Guardia Peruana
    • Batallón N.º 3 Cajamarca
    • Batallón N.º 5 9 de Diciembre
  • 2.ª División Norte (Coronel Regino Cano):
    • Batallón N.º 7 Tacna
    • Batallón N.º 9 Callao
    • Batallón N.º 11 Libres de Trujillo
  • 3.ª División Norte (Coronel Pablo Arguedas):
    • Batallón N.º 13 Junín
    • Batallón N.º 15 Ica
    • Batallón N.º 21 Libres de Cajamarca
  • 4.ª División Norte (Coronel Buenaventura Aguirre):
    • Batallón N.º 17 Huanuco
    • Batallón N.º 19 Paucarpata
    • Batallón N.º 23 Jauja
  • 5.ª División Norte (Coronel Benigno Cano):
    • Batallón N.º 25 Ancash
    • Batallón N.º 27 Concepción
    • Batallón N.º 29 Zepita
  • 3.ª División Centro (Coronel César Canevaro):
    • Batallón N.º 67 Piura
    • Batallón N.º 69 23 de Diciembre
    • Batallón N.º 71 Libertad
  • 5.ª División Centro (Coronel Fabián Merino):
    • Batallón N.º 85 Cazadores de Cajamarca
    • Batallón N.º 87 Unión
    • Batallón N.º 89 Cazadores de Junín
  • División Volante (Coronel Mariano Cornejo Bustamante)
    • 5 Columnas de la Guardia Civil
    • Batallón N.º 40 de la Reserva
  • 1.ª División Centro (Coronel Domingo Ayarza):
    • Batallón N.º 61 Lima
    • Batallón N.º 63 Canta
    • Batallón N.º 65 28 de Julio
  • 2.ª División Centro (Coronel Manuel Pereira):
    • Batallón N.º 73 Pichincha
    • Batallón N.º 75 Piérola
    • Batallón N.º 77 La Mar
  • 4.ª División Centro (Coronel Lorenzo Iglesias):
    • Batallón N.º 79 Arica
    • Batallón N.º 81 Manco Cápac
    • Batallón N.º 83 Ayacucho

Caballería

Artillería[10]:328–329
  • Zigzag occidental
    • 4 White
    • 12 Grieve
    • 2 Selay
  • Cima Morro Solar
    • 2 Parrott de 70
    • 1 Rodman de 500
    • 1 Withwort de 30

Más 20 ametralladoras Nordenfelt, Claxton, Gatling

  • Monterico
    • 8 White
  • Rinconada
    • 4 White
  • Zigzag central y oriental
    • 8 White
    • 10 Grieve
  • En las cumbres entre Zigzag y Viva el Perú
    • 11 White
    • 2 Grieve
5.200 soldados desde Chorrillos por Morro Solar hasta Sta. Teresa 2.800 soldados de reserva tras San Juan 4.300 soldados desde San Juan y Pamplona hasta Morrochico 4.500 soldados desde Santa Teresa hasta San Juan 1.050 jinetes y la artillería distribuida sobre toda la línea de defensas
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Plan chileno de ataque

En tanto, el Ejército de Chile, al mando del general Manuel Baquedano, desplegó sus cuatro divisiones; a la izquierda la 1.ª División al mando de Patricio Lynch. Hacia el centro la 2.ª División dirigida por Emilio Sotomayor y más a la derecha la 3.ª División al mando del comandante Pedro Lagos. Detrás se ubicaría la Reserva, bajo el mando del comandante e ingeniero militar Arístides Martínez. De acuerdo a lo propuesto por el ministro se distribuyó la artillería de montaña entre las tres divisiones y con la artillería de campaña se organizó un Regimiento de Artillería de Campaña n°2 que junto a la caballería quedó bajo órdenes directas del comandante en jefe.[2]:51–52

El plan de Baquedano consistía en embestir con las tres divisiones la línea enemiga y romperla donde estuviera más débil. Por otra parte, la Armada de Chile, al mando del almirante Galvarino Riveros Cárdenas había ordenado desplegar en la noche del 13 de enero los buques chilenos Blanco Encalada, Cochrane, O’Higgins y Pilcomayo al frente del Morro Solar, con la misión de batir las defensas peruanas de ese lugar durante la batalla al aclarar el día. Pero al realizarse el ataque desde tierra cuando aún no aclaraba y al observarse al amanecer el ascenso de las tropas chilenas al Morro, la flota chilena no pudo cañonear en forma general esa posición. Limitándose entonces a apoyar a las tropas de tierra con algunos disparos seguros de los buques y una lancha a vapor que ametralló las posiciones peruanas.[2]:67

Más información I División (Coronel Patricio Lynch), II División (Coronel Emilio Sotomayor Baeza) ...
Orden de batalla del Ejército de Chile durante las batallas de San Juan y Chorrillos[4]
I División (Coronel Patricio Lynch)II División (Coronel Emilio Sotomayor Baeza)III División (Coronel Pedro Lagos)División Reserva (teniente coronel Arístides Martínez)Caballería y artillería

Caballería (teniente coronel Emeterio Letelier)

Artillería

  • 1º Regimiento de Artillería de Montaña (2 Brigadas con 4 Baterías) distribuido entre las tres divisiones
  • 2º Regimiento de Artillería de Campaña (3 Brigadas, 6 Baterías) al mando del coronel José Velásquez Bórquez a disposición del comandante en jefe

Con 74 cañones Krupp (44 de campaña y 30 de montaña), 6 cañones Armstrong de campaña y 8 ametralladoras Gatling.

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Batalla

La disposición de las fuerzas encontró a Pastor Dávila frente a Pedro Lagos, Andrés Cáceres a Emilio Sotomayor, y a Miguel Iglesias a Patricio Lynch. En la reserva peruana estaba Belisario Suárez y en la reserva chilena Arístides Martínez.

Aunque según el plan de Baquedano las tres divisiones chilenas debían actuar paralelamente, en realidad la niebla de guerra causó primero el retraso de la división de Sotomayor y el rechazo de Iglesias a la división de Lynch por lo que usualmente se divide la batalla en fases sucesivas: Santa Teresa, San Juan, Morro Solar y Chorrillos.

Inicio de las acciones

Esquema de la disposición de fuerzas en las batallas de Chorrillos y Miraflores, basado en un croquis publicado con el libro de Diego Barros Arana. La línea azul difusa señala el frente de batalla a las 6:00, 9:00 y 11:00 de la mañana.

El día 12 de enero a las 16:00 comenzaron a salir de Lurín los regimientos chilenos para tomar posiciones frente a la línea de defensa peruana. La amplitud de la pampa (17 kilómetros) significó una marcha dificultosa para las fuerzas chilenas. El regimiento Coquimbo y el batallón Melipilla de la división Lynch marcharon por el camino (costero) de Conchan hasta la ladera oeste del Morro Solar y el resto de la división se ubicó frente a Villa y Santa Teresa. La segunda división (Sotomayor) se extravió o demoró en llegar hasta el abra de San Juan. La tercera división, de Lagos, marchó por Atocongo para impedir que Dávila pudiese concurrir en ayuda de Iglesias o Cáceres. A las 03:00 del día 13 los chilenos llegaron a sus emplazamientos, con excepción de Sotomayor.

Las defensas peruanas, a pesar de la densa niebla y la obscuridad de la noche, estaban informadas del comienzo de las acciones por dos fuentes independientes, un prisionero chileno y un soldado peruano que había escapado de sus captores chilenos.[8]:665 A las 3:00, Cáceres alistó sus tropas ordenando rancho y ron. A las 4:30, el comandante Lynch entró en acción encontrándose con las fuerzas de Cáceres, siendo el batallón del coronel Pablo Arguedas el primero en entrar en combate. La 2.ª División bajo el mando de Sotomayor no alcanzó a intervenir oportunamente, complicada por la oscuridad, la neblina y las dificultades del terreno, retrasándose 45 minutos.

El general Pedro Silva ordenó a la reserva de Belisario Suárez tomar posición en la zona había ocupado en días previos, para reforzar así la zona entre San Juan y Pamplona.

Villa y Santa Teresa

Los hombres de Iglesias estaban dispuestos en guerrilla y se enfrentaron a la división de Lynch. El Cuerpo IV de Cáceres amagó a la 1.ª división (Lynch). Baquedano notó la situación y ordenó a Martínez apoyarle con la tropa de reserva, a la vez que instó más rapidez a Sotomayor para entrar en combate. A las 6:00 ambos ejércitos se encontraron en acción en todo el frente, resguardados por la artillería.

En el flanco izquierdo se encontraban también los batallones peruanos "Libres de Cajamarca N°21", "Junín" e "Ica", y a su retaguardia el "Escuadrón Escolta" de caballería.[12]

Lynch atacó el flanco peruano que defendía las casas de Villa, que, asediado por las tropas de la 2. División chilena, cedió cerca de las 8:00 de la mañana. Iglesias reunió los batallones Guardia Peruana n.º 1 y Callao n.º 9 que habían combatido en Villa, combinándolos con los batallones Cajamarca n.º 5, Tacna n.º 7 y Trujillo n.º 11, sumando en total 2.500 soldados, retirándolos en dirección a Marcavilca.

San Juan

El general Emilio Sotomayor, que había recibido la orden de atacar el centro de la línea peruana, pero había perdido el camino hacia el frente y llegó con casi una hora de atraso para inmediatamente atacar entre San Juan y Pamplona. El coronel Gana, por iniciativa propia había dirigido al Regimiento Buin hacia las alturas del sur de San Juan, antes que Sotomayor llegara allí, preparando el lugar para la carga. En el camino entre Lurín y Pachacamac se enfrentaron a la columna de guardias del coronel Negrón a quienes diezmaron. Visto el desplazamiento de las fuerzas chilenas, el general Silva ordenó que los batallones Ayacucho 83 y Libertad del cuerpo de Dávila que cubrieran el campo entre San Juan y Pamplona.

Sotomayor inició el ataque entre San Juan y Pamplona, enfrentando la línea peruana en 45.º, dando las espaldas por un momento a la 2.ª División y atacando la izquierda que defendía Dávila, cubiertos por el Regimiento Buin, dirigiéndose hacia la trinchera donde se encontraban los batallones Ayacucho 83 y Libertad. Sotomayor también ordenó a la 2.ª Brigada, comandada por Orozimbo Barbosa que venía más atrás, atacar de frente y por su flanco izquierdo, las trincheras de Dávila.

El ejército chileno había roto la línea de San Juan, y había flanqueado por la izquierda, tomando la retaguardia del "Libres de Cajamarca N°21", la caballería del "Escuadrón Escolta" en lugar de cargar para despejar el terreno, se retiró asumiendo que todo se había perdido, movimiento que repetirían los restos del expresado batallón Libres. La división Suárez peruana, con más de 3000 efectivos debió haber atacado para restituir la línea defensiva, pero retrocedieron. El jefe del batallón "Ica" junto a su caballo morirían tras recibir dos descargas cerradas de fuego; el batallón "Junín" intentaría hacer una carga pero uno de sus jefes moriría, así que daría una resistencia hasta desbandarse, luchando con su coronel jefe Porras, que hizo cuanto pudo para evitar la retirada, y desesperado se abrió camino con unos cuantos hacia la derecha, en donde ya sin tropa pelearía como soldado. Había sido desmontado dos veces por las balas enemigas.[13]

Como la carga continuaba en este punto, el general Pedro Silva envió al Huánuco 17 del cuerpo de Suárez, pero apenas iniciado su ataque, es herido su comandante, el coronel Mas. Silva decidió enviar también al batallón Paucarpata 19 de la reserva, que no logró reforzar al Huánuco 17, ya que en pampa Gramadal se enfrentaron a las fuerzas chilenas.

El Regimiento Buin cargó contra el reducto del cerro Viva el Perú atacándolo por el frente y los flancos. Los batallones peruanos que vendrían a reforzarlos, más los restos de los defensores del cerro, retrocedieron al ver la posición tomada por los chilenos. El Paucarpata 19 se desorganizó y se retiró de la línea y con ellos también el Huánuco 17. El general Silva decidió enviar al batallón Canta, pero el Ayacucho 83 y el Libertad, ya desbandados, se retiraron de la posición que defendían. Seguidamente la división chilena se dirigió al este, enfrentándose a los batallones restantes de Dávila, que ordenó el repliegue por La Calera, retirándose de la línea de San Juan.[10]:342

En el centro, las fuerzas de Canevaro y Cáceres fueron atacadas también por el flanco izquierdo. El general Silva dispuso enviar al batallón del coronel Augusto Barrenechea y luego al batallón del coronel Lorenzo Rendón para apoyar a Canevaro. La posición fue imposible sostener por lo que se retiran de la línea.

Carga de la caballería

El general Baquedano envió a los Carabineros de Yungay al mando del teniente coronel Manuel Bulnes Pinto. Apoyados por los Granaderos de Tomás Yávar, con órdenes de desbandar la retirada peruana. El general Pedro Silva envió a la 5.ª Brigada de Caballería al mando del coronel Morales Bermúdez, para proteger la retirada de las fuerzas peruanas.

Carga de los granaderos en la batalla de Chorrillos de Juan Mochi

Los Carabineros y granaderos continuaron su carga, hasta llegar a la Pampa de Tebes, donde debieron detenerse por la acción de las fuerzas peruanas. En la retirada, Cáceres y Canevaro se encargaron de reunir a los dispersos, reorganizándolos con el fin de enfrentar a las tropas chilenas.[14]

El general Silva ordenó a los batallones restantes de la reserva del cuerpo de Suárez dirigirse a Chorrillos, sufriendo bajas en la contramarcha. Los coroneles Cáceres, Valle y Carrillo se encargaron finalmente de reunir a los dispersos para dirigirlos a Barranco en dirección de la línea de Miraflores.

Carga de caballería chilena por Pedro Subercaseaux

Marcavilca y Morro Solar

El morro era defendido por varios batallones, como el "Guardia Peruana" que defendía la derecha liderados por Carlos Pierola, hermano del presidente peruano, quien destrozó a las fuerzas chilenas en sus repetidos ataques. El "Cajamarca N°3", liderados por el coronel Miguel Iglesias, el "Ayacucho N°5" cuyo jefe Chariarse murió cumpliendo su deber, batallón "Tarma N°7" con su anciano coronel Mendizabal de 65 años, "Callao N°9" con el coronel Rosa Gil, y "Libres de Trujillo N°11"; acompañan a estas fuerzas dos pequeños cañones Vavasseur manejados por el coronel Jesús del Valle.[15]

El coronel Miguel Iglesias, jefe del I Cuerpo de ejército, reunió los batallones Guardia Peruana n.º 1 y Callao n.º .9 que habían combatido en Villa, los que combinados con los batallones Cajamarca n.º .5, Tarma n.º 7 y Trujillo n.º 11 sumaban 2.500 soldados en dirección de Marcavilca.

Luego de las acciones de San Juan, parte de la 2.ª Brigada de la 1.ª División, compuesta por los regimientos 4.º de Línea, Chacabuco, más el Regimiento de Artillería de Marina avanzaron hacia Marcavilca. El coronel Arnaldo Panizo observó desde el Morro Solar el repliegue de las fuerzas de Iglesias y apoyó su retirada con la batería "Provisional", dando resultado su ofensiva. Iglesias organiza el ataque con el I cuerpo y de esta forma el avance chileno es detenido cerca del cerro "La Calavera". En ese punto, una parte de la tropa del regimiento Chacabuco fue muerta o herida, cayendo 19 oficiales y 350 soldados, asumiendo el mando el tercer comandante, el mayor Quintavalla. Lo mismo ocurrió en el Regimiento 4.º de Línea.[8]:671–673

Patricio Lynch mandó a pedir refuerzos, pero su ordenanza fue muerto y Baquedano no se enteró de sus dificultades por encontrarse en la villa de Chorrillos. En ese momento comenzaron a faltar las municiones en la artillería y la infantería debió retroceder. Se solicitaron refuerzos al comandante Pedro Lagos que se encontraba en las casas de San Juan. El primer oficial en recurrir a la ayuda de la división de Lynch fue, por su propia voluntad, Diego Dublé Almeyda comandante del regimiento Atacama, que trajo también municiones. Esto permitió que se detuviera la retirada chilena y reiniciara su ofensiva.

Iglesias realizó un contraataque liderados por el batallón Libres de Trujillo y el Zepita n.º .29 de Suárez que atacaron a las tropas chilenas, para luego salir de los parapetos haciendo retroceder a los atacantes y recuperando las posiciones que habían dejado en Santa Teresa. El Atacama que fue reducido a la mitad y el Talca llegó tarde a la ofensiva.

A las 7:00 de la mañana, la cañonera Pilcomayo y la lancha Toro empiezan a disparar contra las posiciones peruanas del Morro Solar, y libran un combate de una hora con los cañones que miraban al mar.

Los regimientos 4.º de Línea, Chacabuco y la artillería chilena fueron reforzados por un batallón del regimiento Valparaíso y los Zapadores. Conducida por Francisco Barceló llegó la 2.ª Brigada de la III división, compuesta por los regimientos Concepción y Santiago, más los batallones Bulnes, Valdivia y Caupolicán, este último comandado por José María del Canto.

Ante estos refuerzos chilenos los hombres del I cuerpo de Iglesias se retiran hacia Marcavilca donde combaten junto con los restos de los batallones que pelearon en Villa y Santa Teresa.**[cita requerida][16] Miguel Iglesias y otras fuerzas peruanas como el Zepita n.º .29, al encontrarse ya con la retaguardia chilena, decidieron marchar hacia Chorrillos. Piérola se encontraba en Marcavilca durante estas acciones y se retiró a Miraflores cuando retrocedió Iglesias.

Los regimientos Coquimbo y Melipilla se aproximaron por la playa Conchán y fueron atacados por el batallón Guardia Peruana n.º 1, al mando de Carlos de Piérola y el batallón Ayacucho n.º 3 desde el cerro Marcavilca, deteniendo su avance.

Patricio Lynch dividió sus fuerzas en dos; una parte atacaría de frente, mientras la otra marcharía flanqueando el cerro. El comandante Soto atacó por el flanco, pero ante las descargas de la artillería peruana de Marcavilca hizo detener a su tropa y mandó a cargar sobre las posiciones peruanas, perdiendo la vida en el intento; el comandante del regimiento Melipilla debió asumir el mando y junto al comandante del regimiento Coquimbo, Marcial Pinto Agüero, consiguieron desalojar a los defensores peruanos.[14] A las 12:00, las fuerzas del I Cuerpo peruano dejaban sus posiciones en Marcavilca y se retiraron en dirección a Chorrillos y otros hacia el Morro Solar, atacados por los chilenos desde Marcavilca.**[cita requerida][16] El Zepita n.º 29 logra entrar por la calle Lima y combatir en Chorrillos.

A las 13:45 en la cima del Morro Solar se encuentran los últimos 100 soldados de diversos batallones del I cuerpo, y los artilleros de la batería "Mártir Olaya" al mando del coronel Arnaldo Panizo, quienes rodeados defienden sus posiciones. La ametralladora que operaba el mayor Hurtado y Haza quedó inutilizada y continuó operando una pieza de 12. Finalmente las tropas chilenas ocuparon la planicie del Morro Solar.

Chorrillos

El Batallón Bulnes en Chorrillos, pintura en el Museo Histórico Carabineros de Chile.

Luego de las acciones en San Juan, el general Baquedano reorganizó el ejército chileno y a las 10:30 de la mañana envió hacia Chorrillos la división completa de Emilio Sotomayor junto a la brigada de Urriola, 2 brigadas de artillería de montaña, la de artillería de campaña y ordenó además el traslado del cuartel general hacia un punto más cercano a las futuras acciones. Los regimientos Bulnes y Concepción participarían conjuntamente en las acciones en el Morro Solar y Chorrillos. La artillería chilena protegió tanto el avance de la División de Sotomayor hacia Chorrillos como el de la brigada de Francisco Barceló hacia el Morro Solar.

Al ver el avance chileno hacia la villa de Chorrillos, el coronel Arnaldo Panizo que se encontraba en la cima del morro, ordenó a la batería Mártir Olaya disparar contra el avance chileno, logrando detenerlo tres veces en el camino entre San Juan y Chorrillos.

Según Miguel Valle Riestra, las fuerzas peruanas en la defensa de Chorrillos constaron de 3554 hombres, compuestos por: "Escuadrón Escolta", "Compañía de Administración", "Batallón Cajamarca", "Batallón Ica", "Batallón Junín", "Batallón Ayacucho", "Batallón Zepita" , 200 personas sin armas y una pequeña dotación de artilleros. [17]

A la villa de Chorrillos fueron enviados los batallones del cuerpo de Suárez que no habían participado en San Juan. Suárez, al ver la defensa que realizaba Iglesias en el Morro Solar continuó con la defensa de la villa.

Miguel Valle Riestra, Coronel Peruano, pertenecía al Ejército del Norte como Sub Jefe del Estado Mayor, combatió en la batalla de San Juan (13/01/1881) hasta ser tomado prisionero en el Morro Solar. Publicó el folleto "¿Cómo fue aquello?"[18]

La orden de movilizar a la división Suárez había sido dada por Piérola.

Gran cantidad de dispersos de varios cuerpos comenzaban a reunirse buscando a sus compañeros. Un número considerable de heridos lanzaban gritos pidiendo un remedio. De cada pulpería salían sus dueños, italianos en su mayor parte, y con trapos, pedazos de ropa, hechos girones y empapados en alcohol y licores, vendaban las heridas. En medio de esta gran confusión las rabonas, dominadas por el pánico se prendían de los brazos de los soldados y querían llevárselos de las filas, aterrorizadas por el espectáculo. (...) Había muerto el mayor Iglesias, 3er jefe del Batallón "Cajamarca", el cadáver del joven mayor había quedado boca arriba a la caída de una loma; la cabeza hecha pedazos apenas dejaba conocer quién había sido él. ¿Cómo fue aquello? Miguel Valle Riestra. 1897. Pág. 23-24[19]

En ese contexto, ocurre una conferencia entre el coronel Iglesias y el coronel Billinghurst, ambos futuros presidentes de Perú. Ambos estaban dispuestos a atacar, acordaron que la división Suárez debía flanquear al enemigo mientras ellos cargaban frontalmente. Es ahí cuando Iglesias recibe la noticia de la muerte de su hijo, hecho que lo rompe hasta susurrar que todo estaba perdido, pero sería inmediatamente avivado por Billinghurst: "Qué importa Coronel? No podemos retroceder; nos llamarían cobardes. Tenemos que defender Chorrillos, cueste lo que cueste", cambiando el semblante de Iglesias a uno más determinado.[20] En las calles de Chorrillos se organizaba a los dispersos, mientras las rabonas se prendían de sus maridos intentando evitar la reorganización, fueron separadas a viva fuerza. En la Escuela de Clases había una discordia entre la división de Suárez y el coronel Recabarren, el segundo pedía un batallón de apoyo para atacar mientras el primero se resistía. Al final, el subjefe ordenó que Recabarren junto al batallón "Zepita" (antes Zuavos) se uniera con Miguel Iglesias y Guillermo Billinghurst. Suárez finalmente tomaría conocimiento de la orden del jefe supremo de atacar; así el batallón "Zepita", las tropas reorganizadas al mando de Valle Riestra, y Recabarren entrarían en combate. En aquel transcurso de tiempo, y cumpliendo la orden de Miguel Iglesias, los batallones "Callao", "Cajamarca", "Tarma" y "Libres de Trujillo" atacaron con fervor, y media hora después, este último batallón recobraba su antiguo reducto.[21]

Pero, qué espectáculo el que se presentaba á la vista! Todos los heridos que habían quedado en la trinchera, habían sido degollados con el corvo chileno.

Bosquejo en un rincón de un reducto cerca del camino de Villa. Acuarelas de Rudolph de Lisle.[22][23]

El capitán Rubio, que una hora antes había sido herido, y recostado por el sargento Jirón en el parapeto, estaba muerto, y su cabeza casi separada del tronco. Jirón se puso furioso, y, loco de rabia, saltó el parapeto, lanzándose sobre un chileno que al trote bajaba la loma por el lado de Villa, le clavó la bayoneta una y varias veces. Lanzando insultos contra el enemigo seguía en su loca carga, hasta caer rendido al otro lado de la línea chilena. ¿Cómo fue aquello? Miguel Valle Riestra. 1897. Pág. 27

En un acto totalmente perjudicial y considerado por muchos traición, en lugar de cumplir la orden de ataque por el flanco, retrocedió sobre Barranco con toda sus fuerzas completas. Debido a esta omisión el flanco izquierdo original se encontraría descubierto.[21]

Es así que las fuerzas chilenas al notar que el ataque se realizaba con fuerzas reducidas, enviaron nuevos batallones. En este punto llega el refuerzo peruano anterior, compuesto por el batallón "Zepita", y las fuerzas reorganizadas por los coroneles Valle Riestra y Recabarren, animando el espíritu de los defensores; todos los principales jefes de la defensa de Chorrillos estaban reunidos, ocupando la pampa ubicada entre el panteón y las colinas de Santa Teresa. El coronel Borgoño del "Libres de Trujillo" asistió aún estando herido, el coronel Recabarren se encontraba excitado y colérico, Billinghurst era un tarapaqueño orgulloso, Miguel Valle Riestra mantenía el odio a Chile debido a que combatió contra ellos en la guerra de la confederación, mientras en calma se mantenían Mendizabal, Rosa Gil y Fonseca. El coronel Jesús D, del Valle avanzó con sus cañones Vavasseur (traídos de Europa por Bolognesi), abrió fuego sobre las fuerzas chilenas que ocupaban la colina de Santa Teresa.[24]

Belisario Suárez se retiraría a Barranco con su división, evitando flanquear a las fuerzas chilenas.

Por la derecha del Morro aún se mantenía firme Carlos de Piérola tras siete horas de combate. La artillería chilena ubicada en las lomas de Santa Teresa abrió fuego, cuyos proyectiles cayeron en la pampa arenosa, provocando pocas explosiones. De esta manera se cubría el nuevo avance chileno que atacaría frontalmente al mismo tiempo que las fuerzas peruanas citadas anteriormente; por otro lado, una división chilena debía flanquear a los defensores por la Escuela de Clases. Los batallones peruanos "Tarma N°7" y "Libres de Trujillo N°11" cubiertos por los dos cañones Vavasseur y el cañón del Morro atacaron primero, avanzando en compañías y haciendo fuego diagonal por el flanco izquierdo, siendo el primer batallón el que recibiría el mayor daño durante el ataque. Durante la refriega cae herido el coronel Pedro Rubín, quien sería llevado por ambulancia devuelta a Chorrillos, descubriendo que efectivamente guerrilleros chilenos del "Esmeralda" ya se encontraban en la ciudad; recordemos que aquel flanco fue abandonado por el peruano Belisario Suárez, quien se encontraba en Barranco. [25]

En el frente principal las fuerzas peruanas empezaron a hacer retroceder a las chilenas, incluso la artillería chilena tuvo que reubicarse. Eran las 13:30 de la tarde, los cañones Vavasseur avanzaron, y según Miguel Valle Riestra apenas se contaban con aproximadamente 1000 hombres, tras un largo combate que recordemos había comenzado desde las 4:00 a. m., un total de nueve horas. Las fuerzas peruanas tenían su esperanza en un ataque por el flanco izquierdo por parte de Suarez, el cual como hemos mencionado anteriormente nunca ocurrió, provocando que la retaguardia de los defensores fuera atacada. Esto provocaría la retirada al morro, y posteriormente al pueblo, que ya se encontraba abarrotado de militares chilenos.[26]

Suárez defendió su posición con el batallón Zepita 29 al mando de Isaac Recabarren, que fue diezmado, luego envió a los batallones Ancash 25 y Jauja 23, que tuvieron que retirarse de Chorrillos. Chorrillos fue rodeado por las tropas de Pedro Lagos y Urriola. Los regimientos chilenos Bulnes y Valdivia se acercaron a la parte del villorrio que apuntaba al Morro. El Regimiento Esmeralda, el 3.º de Línea, un batallón del regimiento Valparaíso más el 'Regimiento Aconcagua avanzaron por el norte del poblado.

Suárez organizó a los dispersos del Ancash 25 y el Jauja 23 que junto al Concepción enfrentaron nuevamente a las fuerzas chilenas. Los detalles de esta acción solo pueden ser narrados en general, pues los defensores peruanos se parapetaron en cada casa, esquina y habitación, y los atacantes chilenos con el fin de desalojarlos, prendieron fuego a las casas.

Carlos de Piérola, hermano del presidente peruano

En ese momento hubo marea baja y fuerzas chilenas cruzarían la playa hasta el Malecón,[27] dejando a Miguel Iglesias cercado, incluso Carlos de Piérola se retiraría hacia Chorrillos, tras su resistencia en el Morro ya sin balas. Allí tomaría conocimiento de la desesperada situación peruana, por lo que con su batallón "Guardia Peruana" ordenaría un ataque con bayoneta, contra las fuerzas chilenas que harían lo mismo:[28]

Las bayonetas agudas del Peabody, que defendían el suelo patrio, hicieron retroceder á las aplanadas bayonetas del araucano invasor (...) Poco fuego se hizo en aquel grandioso combate: sólo uno que otro disparo de los revólveres de nuestros oficiales. ¡El seco y horripilante chirrido de un cuerpo atravesado por el arma blanca; el grito desgarrador del herido; las maldiciones de los combatientes; las órdenes enérgicas, violentas é indiscutibles de los jefes y oficiales, era lo único que se escuchaba en aquel combate, á la vez que los cornetas que aún quedaban en pie, lanzaban al aire las notas que sólo los valientes entienden: (...) En el resto de las calles de Chorrillos, se batían como fieras, a bala, a bayoneta y hasta corvo. ¿Cómo fue aquello? Miguel Valle Riestra. 1897. Pág. 42-44

Así, parte del "Guardia Peruana" llegaría a Miraflores tras abrirse paso; el capitán Chávez a caballo también lograría escapar hacia Miraflores antes que ser tomado prisionero. Todos los soldados peruanos que caían prisioneros eran fusilados inmediatamente. En las calles se encontraban Guillermo Billinghurst y Miguel Iglesias, junto a sus ayudantes y oficiales, serían acosados por las fuerzas chilenas hasta tomarlos prisioneros. Ante la escena de fusilamiento que se iba a realizar sobre los prisioneros peruanos, Billinghurst tomaría la idea de señalar a él y a Miguel Iglesias como "jefe de estado mayor" y "comandante en jefe" respectivamente, lo que logró que las fuerzas chilenas detuvieran el fusilamiento de ese momento y los tomaran prisioneros. El coronel Miguel Valle Riestra también se encontraba luchando pero sería tomado prisionero; los tres coroneles habían sido desvalijados. Aún con la ira de la soldadesca chilena regular, únicamente los oficiales chilenos por excepción trataron a los coroneles con respeto, y a los prisioneros que lograron encontrar. En ese contexto se encontraron con los jefes chilenos Aguirre, Calvo y Arenas, organizando a los prisioneros cuando de repente la soldadesca chilena disparó contra ellos, así que fueron llevados a un rancho. En ese momento un pequeño grupo de cien hombres peruanos fueron enviados por Suárez, pero serían aniquilados, pocos escaparon.[29]

Desde la línea de Miraflores se enviaron refuerzos por medio del tren blindado, siendo este detenido por el fuego de artillería y la infantería chilena. Las tropas de Suárez finalmente se retiraron hacia Barranco con dirección a la línea de Miraflores.

Cerca de tres horas duraron los combates en Chorrillos, que fue destruido casi totalmente por la acción de la artillería de tierra, el incendio y los combates entre las tropas chilenas y peruanas.

Después de la batalla

Nuevamente la tropa chilena cometería abusos y saqueos contra civiles:

Embriagados muchos de ellos por el vino, no reconocían ni respetaban jerarquía. Los oficiales que aún quedábamos en nuestros puestos corríamos en todas direcciones y procurábamos agrupar a los que aquí y allá se repartían. ¡Tentativa vana! ¡O no lográbamos hacernos oír, o no podíamos contener a los que nos oían!

Aquellos a quienes dominaba el pánico, huían. Pero otros, embriagados, como lo he dicho ya, por el licor y por la pólvora, se habían convertido en fieras rabiosas.

Entre los que hasta el último instante lucharon desesperadamente me hallaba yo, tratando de abrirme paso al través del pueblo para salir afuera, ya que el seguir sosteniéndome en su interior era empresa imposible; cuando, en el trayecto, al pasar por una callejuela estrecha que conducía al malecón sentí unos gritos estridentes de mujer, que en medio de los disparos de fusil y el silbar de las balas llegaban claramente a mis oídos.

Impulsado por justa curiosidad, me dirigí hacia el punto de donde partían esos gritos, y a poco andar llegué a una modesta casita, que reconocí ser la del empleado italiano de referencia. Tras de la puerta se oían al mismo tiempo voces avinadas de hombres, cuyo acento me hizo darme cuenta en el acto que se trataba de soldados nuestros.

Sin vacilar, golpeé fuertemente y grité con todo el vigor de mis pulmones.

-¡Abran!

-¿A quién? -respondieron algunas voces del interior.

-¡A su capitán!

-No reconocemos capitán ahora -respondieron.

-¡Miserables!... ¡Echaré la puerta abajo!

-¡Échela, si puede! -fue la respuesta.

Sirviéndome entonces de todas las fuerzas que aún me quedaban, apoyé el cuerpo, y con violentos y reiterados golpes de hombro y de brazos, logré hacer saltar por fin la débil cerradura. ¡Horroroso fue el cuadro que se presentó a mi vista!

La escena representaba un aposento pequeño y modestamente amueblado.

Junto a una mesa, en el fondo del cuarto, estaba una mujer arrodillada a los pies de un pelotón de soldados ebrios que pugnaban por violentaría. A poca distancia yacía el cuerpo inanimado de un hombre vestido con traje civil. Reconocí en él al empleado italiano a quien tan a menudo había visto con su linda mujer atravesar las calles del balneario.

Holocausto de Chorrillos, Miraflores y Barranco - Cuadros de Etna Velarde[30]

-¡Deténganse! -vociferé.

Los soldados, electrizados un instante, se quedaron inmóviles. Acercándome entonces, tomé del brazo a la mujer, joven como lo he dicho, alta, rubia, mórbida, excepcionalmente bella y de no más de veinticinco años de edad. Su fisonomía, demacrada por el terror, y sus ojos, enrojecidos por el llanto, revelaban que sufría atrozmente.

-¡Socorro, capitán! -exclamó abrasándose a mis rodillas.

-Nada tema -contesté-; yo la amparo. ¡Y ustedes, infames -agregué, dirigiéndome a los soldados-, que abusan de una mujer indefensa, salgan en el acto!

Un murmullo de amenazadora reprobación acogió estas palabras.

-¡Salgan! -repetí.

Entonces comenzó una escena lúgubre, terrible.

La mujer, abrasándose más estrechamente aún a mis rodillas -como se abraza el náufrago al madero que ve flotando junto a sí- indicaba al mismo tiempo el cadáver del hombre que a poca distancia se hallaba tendido.

-Era mi marido, capitán. ¡Ah! ¡Lo han muerto! ¡Sálveme!

-¡Esa mujer es nuestra! -gritó de repente uno de los ebrios, adelantándose sobre los demás.

-¡Sí; es nuestra! -repitieron los otros en coro.

-¡No será, miserables, sin que muramos ambos o la mate yo antes! -repliqué temblando de cólera.

Nuevos murmullos rebeldes acogieron estas palabras.

-¡Ah! ¡Sí, capitán! -exclamó la infortunada- ¡Sí, máteme; en el caso de que no pueda salvar mi honra; quíteme la vida, antes que dejarme abandonada a la feroz incontinencia de estos bárbaros!... -Y se retorcía las manos con desesperación- ¡Júremelo, capitán!

-¡Se lo juro!

La agitación de los soldados iba en aumento. Infundiéndose poco a poco resolución entre sí, se me acercaban con gesto amenazador, mientras yo trataba de proteger como podía a la víctima.

Pero, ¡ay!, ¡las palabras, la energía no bastaban ya!

Mi revólver estaba cargado con un tiro único, el último que me quedaba.

Los victimarios, convertidos por el alcohol en bestias feroces, habían llegado hasta mí; eran veinte contra uno y amartillaban ya el gatillo de sus fusiles... La fuga de ambos se había hecho imposible. No quedaba más remedio, pues, que o morir los dos o cumplir de una vez la terrible palabra empeñada.

No vacilé. Volviéndome bruscamente hacia la joven, le coloqué el cañón del revólver en la sien y disparé.

La hermosa mujer cayó en tierra bañada en sangre, y su rubia cabeza fue a estrellarse pesadamente contra el cuerpo sin vida de su esposo. Aprovechando el primer estupor de los soldados, corrí a la puerta y huí precipitadamente. Chorrillos era ya pasto de las llamas. Los muros de las casas, rojos y ennegrecidos, despedían enormes lenguas de fuego, que muy pronto invadieron el barrio donde acababa de desarrollarse la tragedia, envolviéndolo en un círculo sin salida, de modo que si los ebrios intentaron huir en el estado en que se hallaban, no debieron lograrlo seguramente.

No pudiendo escapar por el Occidente, pues el fuego me lo impedía, corrí, como otros muchos, hacia este lado donde, poco después, sin fuerzas y ya medio aturdido por el humo, caí entre los grupos de ustedes

-¡Horrible! ¡Horrible!»

Y el narrador, al llegar a este punto, se cubrió la cara con las manos y no pudo reprimir un sollozo, arrancado a pesar suyo al alma varonil, como cuando un exceso de presión hace vibrar y abrirse la válvula de escape, sin la cual estallaría el robusto caldero donde se alimenta aquélla.

Diario de Campaña - Alberto del Solar, oficial chileno - pág.116

[31] El prisionero Miguel Valle Riestra nos cuenta los distintos saqueos y abusos cometidos, incluso las peleas entre chilenos:

Dispersa en las calles de Chorrillos la soldadezca chilena, asaltó las pulperías y despachos de licores entre el diluvio de balas que se cruzaban en todas direcciones. Las pipas de vino eran desfondadas á culatazos; los piscos rotos á balazos; las botellas descogolladas al golpe seco del corvo, tinto en sangre enemiga y amiga; y pocos minutos después, 14000 chilenos estaban borrachos en las calles del Versalles peruano, siendo la oficialidad impotente para contener el desborde. (...) En la calle del Tren, un despacho fué asaltado y los chilenos trataron de insultar á la esposa del italiano que cuidaba el negocio. Éste se interpuso como era su deber y la quiso arrancar del poder de los soldados, pero hicieron fuego sobre aquel infeliz, y una bala puso fin á sus días. ¿Que fué de la infeliz mujer? Hay cosas que dan asco referirlas. Insultada, maltratada, disputada á golpes, dejó de existir; y su cadáver seguía siendo profanado por aquellas bestias sin instinto! Las pocas mujeres que quedaron en Chorrillos, fueron víctimas de los más inícuos crímenes, y esto a la luz del día (...) Un italiano, entre otros muchos, fué hecho prisionero, si se puede, en este caso, emplear tal palabra. El pobre hombre lleno de miedo les halagaba su amor propio temeroso de que hicieran con él lo que habían hecho con sus paisanos. Era el desgraciado la befa de los guardianes. Uno le daba un golpe con la culata del rifle.—Ande niño no má pa que coma pronto mancarroni— le decían. Otro con la bayoneta lo iba punzando,y por último, el que estaba á su espalda se lanzó contra el infeliz y rodeándolo con los brazos por la cintura, le introdujo en el estómago un corvo vaciándole el vientre. Un grito del italiano, y las carcajadas de los rotos, se escucharon. Estos hicieron grato espectáculo de tan espantoso hecho.—Guatita con porotos, niños, decían en su sanguinaria burla! (...) El doctor Mac Clean, médico inglés, y padre de una numerosa familia, nacida en Tacna, vivía en Chorrillos, en un rancho de la calle de Lima. La casa tenía una inmensa bandera inglesa, sobre la puerta el escudo de aquella nación y en el muro, en una plancha de zinc, con los colores ingleses, se leía: PROPIEDAD INGLESA. Este rancho, verdadero palacio, fué invadido por los chilenos. El respetable anciano se creía seguro bajo su bandera patria y protestó, pero fué insultado, golpeado, mientras los rotos se lanzaron al saqueo de despensa y muebles.—Mire padre eterno, le decían aludiendo á su blanca y poblada barba, nos dise donde están las chauchas porque si no lo fusilamos en seguidita no má! El doctor Mac Clean trató de salir, llegando á conseguirlo hasta la reja de hierro, pero allí lo alcanzó un disparo que instantáneamente lo mató. Pocos minutos después ardía el rancho regado, por completo con kerosene. (...) El rancho, ó mejor dicho el palacio que, en la calle del Tren, posee la familia Pflücker, fué el teatro de espantosas escenas. Algo muy codiciable debieron encontrar allí los rotos, puesto que, como fieras, se disputaron el botín. Se dividieron en dos bandos y la más numerosa arrojó afuera á la menor. Pero ésta buscó refuerzo, y ya fuerte, atacó la casa, trabándose un serio combate entre chilenos; pero viendo los asaltantes que sus paisanos no cedían, resolvieron incendiar el rancho, y así se realizó, puesto que en pocos instantes las llamas rodearon á los que estaban dentro. El Mayor chileno dió órdenes de suspender los fuegos.—Mire, señor patroncito, váyase no —le repusieron en son de amenaza. Pero el jefe chileno quería imponerse y llamar al orden á sus soldados. Éstos montaron en cólera. —Mire el futre, le dijeron, ya pué abrirse á lo largo. Y lanzando una palabra peculiar del chileno, uno de ellos hizo fuego sobre el Sargento Mayor, matándolo en el acto. Los de la casa fueron todos quemados vivos. Eran chilenos contra chilenos (...) Por la noche, las llamas subían al cielo, rugían, lo devoraban todo. La gran hoguera alumbraba las más espantosas escenas que recuerda la historia de América. ¿Cómo fue aquello? Miguel Valle Riestra. 1897. Pág. 60-66

A los días siguientes:

Cuando al dia siguiente los empleados del servicio de la intendencia desembarcaron en Chira y en Chorrillos, veian las rocas que forman la base inferior del sombrio Morro cubierto de puntos blanquecinos;eran los cadáveres de los Peruanos que por millares habian rodado á los precipicios, y cuya vestidura de dril blanco, las olas espumosas lavaban con su pesado ir y venir, como la lavaza de la muerte.

Hablando el mismo historiador Vicuña Mackenna del Combate de la mañana en San Juan, dice: «Ensañados los centauros de Chile en sus sables, y no dieron cuartel á prófugos ni á rendidos».

Desde cerca de las 5 de la tarde, todo Chorrillos se había convertido en horrendo teatro de rapiña, de orgía, de sangre y ruinas: una verdadera caldera de infierno. Grandes y pequeñas bandas de soldados armados y en desorden, se diseminaron en un momento por toda la pequeña ciudad. Mientras unos corrían á las pulperías, á las tiendas y á los almacenes, otros hacían saltar á tiros las cerraduras de las puertas, y entrando á las casas las recorrían rápidamente de arriba abajo: si encontraban alguno, lo mataban; y si el aspecto general de las habitaciones era pobre y mezquino, daban fuego y se iban. Si por el contrario anunciaba riqueza y opulencia, las cosas cambiaban de aspecto: escudriñando en todos los rincones, registrando todos los muebles, poniendo todo en horrendo desorden, se apoderaban de todos los pequeños objetos preciosos, y de todas las mas ricas telas que encontraban, haciendo cada uno, á toda prisa, su respectivo paquete; en seguida, á la dispensa y á las bodegas; y cargados los soldados de comestibles, de vinos y de licores, corrían todos á los dorados salones, donde comenzaba inmediatamente la mas infernal barahunda que se pueda imaginar. Quien echado en los sillones ó en los muelles divanes del mas fino damasco, quien sentado ó extendido sobre las aterciopeladas alfombras de Persia; se comia, se bebia, se cantaba, mientras otros se divertian en tocar, á locas, las teclas de los pianos; en romper los cuadros, en destrozar los muebles, en dar fuego en uno ó mas extremos de la casa, para que tuviese tiempo de crecer y tomar incremento, mientras ellos estaban en los salones haciendo su infernal jarana. Entre tanto los vinos generosos, y los licores escogidos, de los cuales las ricas bodegas estaban bien provistas, producian su efecto; y crecia la algazara, crecía la orgía y la bacanal. El soldado chileno, el roto, al cual no enfrenaba ya disciplina militar, daba cada vez mas rienda suelta á su estúpida brutalidad y á la ferocidad de su carácter; y comenzaban las disputas, las querellas, las riñas: de aquí, mano al corvo ó al fusil; y á degollarse ó matarse entre ellos, hasta que las primeras llamas del incendio, penetrando en los salones, no los echase de allí. Los muertos, los heridos, aquellos cuya embriaguez era completa eran presa de las llamas, mientras los otros salían á continuar su disputa en las calles, donde se oían numerosos disparos como en una batalla, ó á forzar nuevas puertas y á comenzar de nuevo en otras casas. «Y esto duró sin interrupción toda la tarde, toda la noche, y toda la primera mitad del día siguiente: desde las 5 de la tarde del 13, hasta el medio día del 14, hora en la cual el desbandado Ejército fué llamado á las filas; y á comenzar de la cual, sin cesar jamás completamente durante varios días consecutivos, la nefanda obra de destrucción, fué continuada solamente por simples grupos más ó menos numerosos de soldados desbandados, hasta que en Chorrillos y en sus alrededores no quedó piedra sobre piedra.

Narracion histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Por Mariano Felipe Paz Soldán - 1884 - pág.652-655

[32]

Reclamos extranjeros

Los ciudadanos extranjeros ubicados en la ciudad peruana también fueron víctimas de los abusos chilenos, citamos algunas:

El comandante William Alison Dyke Acland, marino británico del HMS Triumph (luego fue almirante y barón), estuvo agregado como observador en el ejército chileno y sobre lo que ocurrió al día siguiente de la batalla, el 14 de enero, escribió que “varios ingleses, mujeres y niños, que habían estado en el pueblo de Chorrillos ayer, habían sido trasladados al Cuartel para su seguridad” y que una “mujer italiana, cuyo marido había sido asesinado en su dormitorio, también había sido traída”. También contó que con el señor Scott, un gasfitero, fue a visitar su casa, y encontraron que todo había sido saqueado, “y uno de sus trabajadores, un inglés, estaba tirado en uno de los cuartos con los sesos destrozados”. Entre otras cosas, agregó que fue baleado por tres soldados borrachos.[33][34][35]

El ministro plenipotenciario británico en el Perú, Spenser St. John, remitió a la Cancillería de su país diversos oficios en los que incluyó declaraciones sobre crímenes cometidos en enero de 1881. Entre ellas figuran el testimonio del francés Charles Orengo sobre el fusilamiento de varios extranjeros el 14 de enero y la declaración de Dolores Hernández sobre el asesinato de su esposo el 13 de enero. Dolores Hernández, viuda de Leonardi y natural de Guayaquil, declaró el 5 de febrero de 1881 en Lima ante la Legación italiana, representada provisionalmente por el vicecónsul Pierre Noble Perolari-Malmignati. Acompañaron su declaración varios comerciantes extranjeros residentes en Chorrillos, procedentes de Italia y Francia.[36]

El testimonio de Dolores Hernández sobre el asesinato de su esposo es el siguiente (está en español):

“Que como á las diez de la mañana del día trece de Enero pasado la declarante se encontraba en cama, después de tres días de parida, en la última pieza de la pulpería de propiedad del finado de su marido, Juan Bautista Leonardi; á esta hora las tropas chilenas victoriosas rodeaban la pulpería, y no pudiendo escaparse ni su esposo ni ella por el estado de su salud, se encerraron en su pulpería; pero algunos soldados chilenos rompieron las chapas con tiros de rifle y entraron, amenazando de muerte á ambos y á su tierno hijo de tres días, insultándolos por ser italianos y diciendo que como tales, tenían que morir; el nombrado Leonardi logró por algún tiempo, con ruegos y ofreciendo todo lo que poseía, salvar su vida y la de sus deudos; pero en fin, los soldados, después de haber saqueado toda la pulpería y casa habitación, hasta dejar desnuda a la declarante, hicieron tomar asiento á dicho Leonardi encima de la cama junto a su esposa e hijo, y dos entre ellos dispararon sus rifles contra él, que quedó muerto en el acto. La declarante fué salvada por un capitán del ejército chileno, que la entregó al Estado Mayor después de haberle proporcionado un traje para cubrirse. La Hernández fué conducida al hospital de sangre de Chorrillos, adonde quedó hasta el día diez y siete de Enero, que fué puesta en libertad y se refugió en Lima”.[37]

La gravedad de los perjuicios cometidos por Chile contra extranjeros sería tal, que dichos países formarían tribunales de arbitraje en atención de sus ciudadanos afectados.[38]

Su Majestad el Rey de Italia y Su Excelencia el Presidente de la República de Chile, deseando poner término a los reclamos deducidos de súbditos italianos y apoyados por la Legación de Italia en Chile, en consecuencia de los actos y operaciones efectuados por las fuerzas de la república en los territorios y costas del Perú y de Bolivia durante la presente guerra, han determinado estipular una convención de arbitraje.[39]

Fotografías tomadas después de la batalla
Un depósito de heridos y fallecidos.
Antonio Santibáñez, chileno.
Los restos de soldados caídos son llevados al fondo de un valle.
Francisco López, del Buin.
Urriola, Maturana y enfermeros observan a los sirvientes de un cañón.
Adolfo Barrera, del Curicó.
Escombros y cenizas del balneario de Chorrillos.

Bajas

Según William F. Sater, los peruanos muertos en la batalla fueron entre 4000-7000, sus heridos 3000 y entre 2000 a 3000 fueron hechos prisioneros por los chilenos. Las bajas chilenas, también según Sater, fueron 797 muertos y 2522 heridos.[5]:348–349 En su parte oficial del 28 de enero al gobierno, el jefe del Estado Mayor peruano general Pedro Silva, manifiesta que es imposible dar una cifra oficial de las bajas peruanas. Así mismo la cifra dada por Baquedano en su parte oficial es solo una estimación.[2]:75,137 De hecho Sater cita mayoritariamente fuentes chilenas como fuente de su información y previene que son imprecisas porque no dan información sobre los que murieron posteriormente a consecuencia de sus heridas.[5]:348–349

Todos los autores coinciden en la magnitud de las bajas chilenas y peruanas con excepción de Jorge Basadre, quien, sin dar fuentes, asegura que los chilenos tuvieron entre 5000 y 6000 muertos en la batalla.[11]:152

En las acciones de Marcavilca hasta el Morro Solar, el ejército chileno sufrió la pérdida de 88 oficiales y 1873 soldados entre muertos y heridos. De los 5200[40] hombres de Iglesias que combatían aquí, fueron hechos prisioneros 280 hombres. Entre los prisioneros se encontraban el coronel Miguel Iglesias,[2]:74 Guillermo Billingurst,[2]:74 Carlos de Piérola, hermano de Nicolás de Piérola. Entre los muertos se encontraba Alejandro Iglesias, hijo de Miguel Iglesias.

Posiciones chilenas

Primera división en la batalla de Chorrillos de Juan Mochi

Tras la batalla las divisiones Lynch y Martínez (reserva) quedaron al pie del Morro, la Sotomayor, Lagos y la caballería quedaron entre Chorrillos y San Juan. Al día siguiente a Lagos le fue ordenado colocarse inmediatamente al sur de Barranco, poblado que fue quemado hasta los cimientos por orden de Baquedano.[10]:349

«El Coronel Lagos dejó el pueblo del Barranco con su División y avanzó sobre Miraflores. Una hora después, chilenos jinetes a las órdenes de un oficial, reconocían la abandonada y pintoresca población, y le prendían fuego por sus cuatro costados. Era una resolución terrible pero inevitable del Coronel Lagos, vengador de su patria en el Perú. El espectáculo horrendo de Chorrillos y de sus excesos era una fantasma que con razón no se apartaba de la vista de los Jefes chilenos; y la salud de su ejército contra la orgía y contra la metralla, les autorizaba plenamente para ejecutar tan crueles pero salvadoras providencias.» Guerra del Pacífico: historia de la campaña de Lima 1880-1881. Benjamin Vickuna Mackenna. Pág. 1066 [41]

Desórdenes y plan de contraataque

Como consecuencia de los encarnizados combates, el balneario de Chorrillos fue incendiado y destruido y también saqueado, en eso coinciden todos los autores.[2]:123[42]:183 Más aún, civiles indefensos, en número desconocido, fueron víctimas de la violencia. Sergio Villalobos lo describe como sigue:[42]:183

El choque fue desordenado por ambas partes y tomó el carácter irregular, lleno de sorpresas que es propio de los encuentros en los centros urbanos, con el agregado del alcohol y del robo.

Sin embargo, los historiadores difieren en quienes participaron en los hechos y sus causas finales. Los historiadores peruanos Dellepiane[43] y Basadre[44] sostienen que sólo los soldados chilenos cometieron desmanes en Chorrillos. Pero Sergio Villalobos advierte que también los peruanos saqueaban y se embriagaban.[45] El historiador Wilhelm Ekdahl considera que la responsabilidad de los hechos recae sobre el alto mando peruano que ordenó continuar la resistencia en un lugar poblado con civiles indefensos.[2]:114

Durante la noche Cáceres y César Canevaro insistieron en avanzar hacia Chorrillos, al frente cinco mil o más soldados peruanos, para hacer un ataque sorpresa a los chilenos. Piérola se negó a autorizar esta operación que consideró muy riesgosa. Aunque Cáceres, en sus memorias, insiste en sostener que se perdió una oportunidad única para infligir al enemigo un grave revés, lo cierto era que, descontando a los soldados chilenos ebrios e indisciplinados (quienes, según cálculos del historiador Carlos Dellepiane, no sobrepasaban el número de dos mil[11]:153), el grueso del ejército chileno se hallaba a cubierto de una sorpresa.[46]

Tregua

En la mañana del día 14 de enero, el ministro chileno José Francisco Vergara, por petición de gran parte del alto mando chileno y en aras de que no se repitieran los hechos pasados, envió al coronel Miguel Iglesias junto a Isidoro Errazúriz como emisarios al dictador Nicolás de Piérola para señalar la "inutilidad de derramar más sangre". Iglesias pudo conversar con Piérola, pero Errazúriz no fue recibido, ya que Piérola solo hablaría con un ministro oficial. Iglesias cumplió su palabra de regresar como prisionero.

Con el interés de salvaguardar las propiedades de la ciudad, entre ellas las propiedades de extranjeros, se establecieron como parlamentarios de la tregua los cónsules extranjeros M. de Vorges de Francia, Spencer Saint John de Gran Bretaña y Jorge de Tezanos Pinto de El Salvador, que llegaron en un tren con bandera blanca a Chorrillos desde Lima. En la tarde del día 14 se reunieron con el alto mando chileno, pero Baquedano los citó para el día 15 en la mañana porque consideró que era ya muy tarde.

El día 15 de enero se reunieron los diplomáticos extranjeros y los chilenos Manuel Baquedano, Guillermo Lira y José Francisco Vergara.

En palabras textuales el Ministro de Italia informaba á su Gobierno de este hecho, dicen: Convencidos de que aun en el caso que el Ejército Chileno hubiese entrado en Lima sin combatir, y solamente en la inmediata embriaguez del triunfo, está población hubiera sido víctima de gravísimos excesos, los Ministros de Francia y de Inglaterra declararon explicita y abiertamente, que ellos y sus colegas tenían de sus Gobiernos respectivos, instrucciones de proveer á la salvación de los neutrales con todos los medios de que pudiesen disponer. Narracion histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Por Mariano Felipe Paz Soldán - 1884 - pág.664[32]

Manuel Baquedano exigió la rendición incondicional del Callao. Los negociadores le pidieron tiempo para consultarlo con Piérola. Entonces se acordó de palabra que se detenían las hostilidades hasta las 12:00 horas. Las tropas chilenas realizaron algunos desplazamientos.

Mientras Nicolás de Piérola se encontraba en Miraflores recibiendo a los extranjeros Tezanos Pinto, De Vorges, Saint John, Sterling y Bergasse du Petit Thouars, considerando las condiciones pedidas por los chilenos, el general Manuel Baquedano, el coronel Pedro Lagos y otros oficiales se encontraban por su lado practicando reconocimientos en el terreno. Un confuso incidente (un tiroteo cruzado) dio inicio a la Batalla de Miraflores a las 2:30 p. m. del 15 de enero de 1881.

Análisis y consecuencias

Según el historiador peruano Dellepiane, la línea de defensa estaba mal concebida por varios motivos. Primero, su larga extensión no podía ser cubierta adecuadamente por el limitado número de defensores. Esto implicaba una falta de profundidad en la defensa: si la línea era atravesada por los atacantes, estos podrían atacar libremente a los restantes defensores por la espalda. Tampoco se pensó en preparar contraataques cuando se diese la posibilidad. Sobre la construcción de la pirca, Dellepiane sostiene que si bien detenía los disparos de fusil, multiplicaba los efectos de los disparos de cañón pues cada piedra se rompía y disparaba en su entorno sus pedazos como esquirlas.[10]:326–327

El establecimiento de dos líneas de defensa paralelas es también causa de la crítica de Dellepiane: se impide la acumulación de fuerzas en el momento de la batalla, un concepto básico de la teoría militar, y moralmente se da entender al defensor de la primera línea que su comandante no cree que la línea resistirá.

La opinión de Dellepiane sobre Baquedano no es positiva en parte debido a que hizo un ataque lineal en todo el frente en vez de concentrar su ataque en el punto más débil de la defensa. Casualmente, el envío de las reservas a su flanco izquierdo concentró el peso sobre la parte más fuerte de la defensa, el Morro Solar en vez del paso al lado del Cerro Pamplona y el Cascajal, que era el más apropiado.[10]:340–360

Sobre la efectividad de las líneas peruanas, el diplomático argentino Dámaso Uriburu, dice que "El ejército que él [el Dictador] había organizado para concurrir a la defensa de la capital sólo tenía de ejército el nombre".[47] El ingeniero estadounidense Paul Boyton narra que "Las tropas eran de indígenas quienes habían sido reclutados en las cordilleras y casi forzados a luchar [...] cientos de ellos nunca habían visto antes una ciudad".[48] El escritor Robert Scheina, recogiendo el relato del marino Theodorus Mason, indica que "La artillería peruana no era efectiva y las tropas estaban armadas con rifles de calibres diferentes que frecuentemente tenían municiones incorrectas".[49]

En vista de que los oficiales perdieron el control de la tropa cuando esta saqueó y se embriagó en Chorrillos, Baquedano ordenó el 14 de enero quemar el poblado de Barranco antes de enfrentar las fortificaciones de Miraflores para así evitar los peligros de indisciplina y su efecto sobre su eficiencia.[50][9]:443

En esta batalla participaron seis oficiales que luego serían presidentes del Perú: Justiniano Borgoño, Lizardo Montero, Guillermo Billinghurst, Miguel Iglesias, Andrés Avelino Cáceres y el entonces mandatario Nicolás de Piérola.

Véase también

Referencias

Notas

Bibliografía

Enlaces externos

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