La Oración de Azarías y el Cántico de los Tres Jóvenes

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La Oración de Azarías y el Cántico de los Tres Jóvenes, abreviado Pr Azar,[1] es un largo pasaje, presente en las biblias Católica y Ortodoxa, y que se ubica después del versículo 23, del capítulo 3 del Libro de Daniel. También se encuentra en la antigua traducción de la Septuaginta. El Artículo IV, de los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra, lo ha catalogado como no canónico (pero aun así, junto a otros textos apócrifos: "La iglesia debe leerlos para ejemplo de vida e instrucción de costumbres"). Suele ser omitido en algunas biblias protestantes, como una edición apócrifa. El pasaje es aceptado por algunas denominaciones cristianas como canónico.

El horno ardiente (Toros Roslin, 1266)

El pasaje incluye la Oración penitencial de Azarías (Abed-Negó en Babilonia, véase Daniel 1:6-7), mientras que los tres jóvenes estaban en el horno de fuego; una breve reseña de una figura que se reunió con ellos en el horno (un ángel, o según la interpretación de algunos cristianos, una prefiguración o Teofanía, de Jesucristo; y concluye con un himno de alabanza, el cual se canta con el estribillo Alabadlo y ensaldadlo por los siglos, la cual se repite muchas veces nombrando diversas características del mundo, todo al momento de darse cuenta de haber sido rescatados del horno por Dios.

El Cánto de los Tres Jóvenes es parte del conocido canon hímnico, el cual se canta durante los maitines y otros servicios en la Iglesia Ortodoxa. Se puede encontrar en la Iglesia de Inglaterra, en el Libro de Oración Común bajo el nombre "Benedicite" y es uno de sus cánticos tradicionales. También es una canción opcional para maitines y servicios litúrgicos de la Iglesia Luterana. También, en forma de una versión abreviada o completa de la canción, aparece como el "Cántico del Antiguo Testamento", en la liturgia de los Laudes los domingos y en las fiestas del Oficio Divino de la Iglesia católica.

Historia de la interpretación del sueño

Petición imposible del rey

El año segundo del reinado de Nabucodonosor tuvo unos sueños; se llenó de preocupación y se desveló. El rey mandó llamar a los magos, astrólogos, adivinos y caldeos para que explicaran al rey sus sueños. Ellos vinieron y se presentaron ante el rey. Él les dijo:

He tenido un sueño y estoy preocupado por conocer la interpretación de ese sueño. Los caldeos dijeron al monarca: ¡Viva el rey por los siglos! Cuenta el sueño a tus siervos y averiguaremos la interpretación.

Respondió el rey y dijo a los caldeos: Mi veredicto es firme. Si no me declaráis el sueño y su interpretación, seréis descuartizados y vuestras casas serán convertidas en ruinas.

Después de oír el sueño del rey los caldeos contestaron al rey diciendo: No hay hombre sobre la tierra que pueda averiguar la palabra del rey, por lo que ningún rey, por muy poderoso que haya sido, pidió una cosa como ésta a ningún mago, astrólogo o caldeo. 11La pregunta que hace el rey es difícil y no hay ningún otro que la averigüe al rey, sino los dioses, cuya morada no está con los mortales.

Ante esto el rey se encolerizó y se enfureció muchísimo, y mandó matar a todos los sabios de Babilonia.[2]

Dios revela a Daniel el sueño del rey

Daniel fue y pidió al rey que le concediera un tiempo a fin de averiguar la interpretación para el rey. Después Daniel marchó a su casa e informó del asunto a sus compañeros, Ananías, Misael y Azarías, para que implorasen misericordia ante el Dios del cielo acerca de aquel secreto con el fin de que no pereciesen Daniel y sus compañeros con el resto de los sabios de Babilonia. Entonces, en una visión nocturna, se le reveló el secreto a Daniel, y Daniel bendijo al Dios de los cielos.[3]

Daniel expone el sueño al rey

Daniel fue a ver al rey y comenzó a decir:El secreto que pregunta su majestad no lo pueden averiguar para el rey ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni hechiceros; pero hay un Dios en el cielo que revela os secretos y da a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al final de los tiempos. Éstos son el sueño y las visiones de tu cabeza estando en tu lecho:

Estando tú, majestad, en tu lecho, tus pensamientos recayeron sobre lo que iba a suceder en el futuro, y el que revela los secretos te dio a conocer lo que va a suceder. En cuanto a mí, no es porque yo tenga una sabiduría superior a la de todos los vivientes por lo que se me reveló este secreto, sino con objeto de que alguien explique la interpretación al rey, y así puedas entender lo que pensabas. Tú, oh rey, estabas mirando y apareció una gran estatua. Era una estatua enorme; su brillo extraordinario resplandecía ante ti, y su aspecto era terrible. Aquella estatua tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro, y los pies parte de hierro y parte de barro. Seguías mirando hasta que una piedra se desprendió sin intervención de mano alguna, golpeó la estatua sobre los pies de hierro y de barro, y los hizo pedazos. Entonces se hicieron pedazos a la vez el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro, y fueron como el tamo de una era en verano; el viento se los llevó y desaparecieron sin dejar rastro. Y la piedra que golpeó la estatua se convirtió en una montaña y llenó toda la tierra.[4]

Daniel interpreta el sueño

Éste es el sueño: su interpretación la vamos a exponer al rey. Tú, majestad, eres el rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha entregado el reino, el poder, la fuerza y la gloria, y en cuyas manos ha puesto todo lugar donde habitan los hombres, las bestias del campo y las aves del cielo; tu dominio se extiende sobre todos ellos. Tú eres la cabeza de oro. En tu lugar se establecerá después otro reino inferior a ti; y luego otro tercer reino de bronce, que dominará toda la tierra. Habrá después un cuarto reino, fuerte como el hierro; y lo mismo que el hierro rompe y machaca todo, como hierro demoledor él romperá y triturará a todos ellos.

Los pies y los dedos que viste, parte de barro de alfarero y parte de hierro, será un reino dividido, pero que tendrá la fuerza del hierro, porque viste hierro mezclado con barro de arcilla. Como los dedos de los pies, parte de hierro y parte de barro, parte del reino será fuerte y parte será débil. Como viste el hierro mezclado con barro de arcilla, así se mezclarán ellos mediante descendencia humana, pero no llegarán a unirse el uno con el otro, lo mismo que el hierro no se fusiona con el barro. En los días de esos reyes el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido, y ese reino no pasará a otro pueblo; destruirá y acabará con todos los demás reinos, y él permanecerá por siempre. Tal como viste que de la montaña se desprendió una piedra sin intervención humana, y que destrozó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro, así el Gran Dios da a conocer al rey lo que sucederá después de esto. El sueño es verdadero y la interpretación cierta.[5]

El rey reconoce al verdadero Dios

Entonces el rey Nabucodonosor cayó rostro en tierra y le dijo: Verdaderamente vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de reyes, el que revela los secretos, pues tú fuiste capaz de desvelar este secreto.[6]

Comentarios

En la antigüedad, los sueños eran tenidos como vehículos de mensajes y presagios divinos. El relato evoca los sueños que José interpretó para el faraón de Egipto (cf. Gn 41,1-36), aunque Daniel se presenta como superior a José, ya que no solo ofrece la interpretación, sino que conoce el contenido del sueño por revelación divina, algo inaccesible por medios humanos, como reconocían los caldeos. La admisión por parte de los magos de que solo los dioses podían revelar tal misterio anticipa el desenlace del episodio y pone de relieve los límites del saber humano pues...[7]

...la razón es capaz de descubrir dónde está el final de su camino.[8]

La intervención de Daniel está compuesta de tres fases: primero una actuación sabia y prudente; después la oración; y, finalmente, la revelación del sueño al rey.

La súplica humilde y confiada de Daniel y de sus compañeros logra aquello que la razón humana no puede alcanzar. Dios, al iluminar a Daniel mediante una visión nocturna, le concede el don de la profecía, mientras que el rey recibe únicamente imágenes sin comprensión plena. Consciente de este don, Daniel eleva una acción de gracias en la que proclama la soberanía de Dios sobre la naturaleza y la historia, así como su benevolencia al escuchar a quienes lo invocan como su Señor. Daniel no atribuye a sí mismo el conocimiento del sueño del rey, sino que lo reconoce como una revelación del Dios del cielo, el único capaz de desvelar los misterios relacionados con el fin de los tiempos.[9]

Hesíodo, autor griego de los siglos VIII-VII a. C., ya había utilizado esos mismos metales y en ese mismo orden para representar distintas edades históricas en Los trabajos y los días (nn. 199-201), esquema que también se encuentra, con variantes, en Polibio (Historia 38,22) y en otros escritores clásicos. En la visión de Daniel, sin embargo, los cuatro metales aparecen simultáneamente, lo que indica que, desde la perspectiva divina, la historia constituye un todo unitario.

El modo en que Daniel se dirige al rey no busca halagarlo, sino hacerle comprender que la grandeza de su imperio procede de Dios, soberano absoluto de todas las cosas, y que su poder y esplendor se inscriben en el plan divino. Los metales restantes —plata, bronce y hierro— simbolizan, según el conjunto del libro, los imperios medo, persa y griego, aunque la identificación no es del todo precisa, pues la plata puede aludir al dominio medo-persa en su conjunto. El reino fragmentado, representado por el hierro mezclado con barro, remite al imperio griego tras la división producida después de la muerte de Alejandro Magno.[10]

La figura de la piedra posee un sentido mesiánico, ya que es el instrumento mediante el cual se establece el reino eterno y se anulan los reinos precedentes. Esta imagen recoge resonancias proféticas y salmódicas: Isaías presenta a Dios como piedra de tropiezo para Israel según Isaías; el Salmo 118,22 compara al pueblo de Dios con la piedra rechazada por los constructores que llega a ser piedra angular.

En efecto, cuando Daniel dice como hijo de hombre al que recibe el reino eterno, ¿no da a entender eso mismo? Porque decir como hijo de hombre significa que apareció y nació hombre, pero pone de manifiesto que no es de germen humano. Y llamarle piedra desprendida sin mano alguna, eso mismo está gritando misteriosamente. Porque decir que fue cortado sin ayuda de mano alguna da a entender que no es Cristo obra de los hombres, sino del designio de quien le produjo, de Dios, Padre del universo.[11]

Textos y origen

La oración y el cánto de acompañamiento no se encuentran en texto hebreo/arameo del libro de Daniel, ni son citados en las antiguas citas judías que hasta hoy subsisten. Sin embargo, existe testimonio antiguos de ellos en textos Siríaco y Latín, pero especialmente en el griego.

Los orígenes de estos textos son sombríos. Si sus partes fueron compuestas originalmente en Griego, Hebreo o Arameo es algo incierto, aunque muchos eruditos modernos, concluyen sobre la base de la evidencia textual, que debió existir una edición semítica original. La fecha de composición de estos documentos es también incierta, aunque hay muchos eruditos que abogan por una fecha entre el siglo I y a

  • La Oración de Azarías

El texto de esta versión fue copiado de la Biblia del Oso de 1569, solo se ha modificado su ortografía, para hacerla un poco más entendible a nuestro contexto idiomatico.

  1. Y andaba en medio de la llama alabando a Dios y bendiciendo al Señor.
  2. Y estando en pie Azarías, oró de esta manera, y abriendo su boca dijo en medio del fuego;
  3. Bendito eres Señor Dios de nuestros padres, tu nombre es digno de ser alabado y glorioso por siglos.
  4. Porque eres justo en todas las cosas que con nosotros has hecho; y todas tus obras son verdaderas y derechos tus caminos, y todos tus juicios verdaderos.
  5. Porque juicios verdaderos has ejercitado en todas las cosas que has hecho contra nosotros y contra la Santa Ciudad de nuestros padres, Jerusalén; porque con verdad y con juicio trujaste todas estas cosas por nuestros pecados.
  6. Porque pecamos e hicimos iniquidad, que nos apartamos de tu y en todas las cosas ofendimos.
  7. Que ni obedecimos tus mandamientos ni los guardamos, ni hicimos lo que nos mandaste para que oyésemos bien.
  8. Y todo lo que nos impusiste e hiciste, lo has hecho con verdadero juicio.
  9. Nos entregaste en mano de enemigos inicuos, inimicísimos, apostatas; a rey injusto y el más malo de toda la tierra.
  10. Y aún ahora no podemos abrir la boca; vergüenza y confusión somos hechos a tus siervos, y a todos los demás que te honran.
  11. No nos entregues, pues, para siempre por tu Nombre, ni rompas tu Concierto.
  12. Ni apartes de nosotros tu misericordia por Abraham tu amado y por Isaac tu siervo, y por Israel tu Santo.
  13. A los cuales hablaste, prometiéndoles que habías de multiplicar si simiente como las estrellas del cielo y como la arena del que está a la orilla de la mar.
  14. Porque, Señor, los más disminuidos somos de todos los pueblos que hoy son en el mundo, y humillados por nuestros pecados.
  15. En este tiempo ni tenemos príncipe, ni profeta, ni capitán, ni holocausto, ni sacrificio, ni presente, ni incienso, ni aun lugar para ofrecer primicias delante de ti,
  16. Para alcanzar tu misericordia; por tanto con anima quebrantada y espíritu humillado seamos recibidos de ti.
  17. Y como si holocausto de carneros y de toros y muchos millares de corderos gruesos te fuesen ofrecidos, así sea hoy, delante de ti, nuestro sacrificio, y sea recibido en tu presencia; porque los que en ti pusieron su confianza, nunca se avergonzaran.
  18. Y pues ahora, de todo corazón, te seguimos, tememos y buscamos tu rostro,
  19. No nos avergüences; antes nos trates según tu clemencia y según la grandeza de tu misericordia.
  20. Libranos conforme a tus maravillas y gana, Señor, gloria para tu Nombre.
  21. Y sean avergonzados los que hicieron mal a tus siervos y de toda tu potencia sean confundidos, y toda su fuerza sea quebrantada;
  22. Y conozcan, Señor, que tu solo eres Dios, y digno de ser glorificado en toda la redondez de las tierras.
  23. Entre tanto, los criados del rey, que los habían echado (a saber en el fuego), no cesaban de encender el horno con alquitrán, pez, estopas y sarmientos.
  24. Y la llama se esparcía y salía sobre el horno cuarenta y nueve codos.
  25. Y quemó a los caldeos que halló cerca de si.
  26. más el ángel del Señor, que había descendido en el horno juntamente con los que estaban con Azarías,
  27. Sacudiendo del horno la llama de fuego, levantó en medio del, como un roció que sonaba y el fuego en nada les tocó ni les dañó, ni les dio alguna molestia.
  • El Cántico de los Tres Jóvenes

El texto de esta versión fue copiado de la Biblia del Oso de 1569, solo se ha modificado su ortografía, para hacerla un poco más entendible a nuestro contexto idiomatico.

  1. Entonces, aquellos tres, como de una boca, alababan a Dios y con gloria y alabanza lo celebraban así:
  2. Bendito eres Señor Dios de nuestros Padres, digno de ser alabado y ensalzado por siempre; Bendito es el Nombre de tu gloria, santo sobremanera digno de ser loado y sobre ensalzado en todos los siglos.
  3. En el templo de tu Santa Majestad eres digno de ser predicado y digno de ser celebrado con alabanzas eternas, en grande manera, glorioso.
  4. En la silla gloriosa de tu reino eres digo de ser predicado y digno de ser honrado por todos los siglos con toda suma alabanza y gloria.
  5. Digno eres de ser predicado, que penetras con tu vista lo más profundo de los abismos y estás sentado sobre los Querubines, digno de ser muy celebrado y ensalzado por eternos siglos.
  6. En el firmamento del cielo eres digno de ser predicado y en grande manera celebrado, glorioso por los siglos.
  7. Predicad al Señor todas las obras del Señor y alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  8. Ángeles del Señor, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  9. Cielos, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  10. Todas las aguas, que están sobre los cielos, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  11. Todas las virtudes del Señor, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  12. El sol y la luna, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  13. Estrellas del cielo, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  14. Toda lluvia y roció, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  15. Todos los vientos, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  16. El fuego y el calor, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  17. El frío y el calor, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  18. Rocíos y aguas de las nieves, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  19. El hielo y el frío, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  20. Nieblas y nieves, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  21. Las noches y los días, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  22. La luz y las tinieblas, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  23. Los relámpagos y las nubes, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  24. La tierra, predique al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  25. Los montes y los collados, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  26. Todo lo que en la tierra produce, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  27. Las fuentes, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  28. Los mares y los ríos, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  29. Las ballenas y todo lo que se mueve en las aguas, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  30. Todas las aves del cielo, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  31. Las bestias y todos los ganados, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  32. Los hijos de los hombres, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  33. Predique Israel al Señor; alábelo y ensálcelo en los siglos.
  34. Sacerdotes del Señor, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  35. Siervos del Señor, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  36. Espíritus y ánimás de los justos, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  37. Santos y humildes de corazón, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos.
  38. Ananías, Azarías y Misael, predicad al Señor; alabadlo y ensalzadlo en los siglos; porque nos libró de los infiernos y nos defendió del poder de la muerte y del medio del horno ardiente en llamas, del medio del fuego nos libró.
  39. Confesad al Señor porque es bueno, porque hasta el siglo es su misericordia.
  40. Todos los honradores del Señor, predicad al Dios de los dioses; alabadlo y reconocedlo, porque su misericordia pertenece a todos los siglos.

La oración y el canto que la acompaña no se encuentran en el texto hebreo y arameo del Libro de Daniel, ni se citan en ningún escrito judío antiguo que se conserve.[cita requerida]

El origen de estos escritos es oscuro. No se sabe con certeza si los relatos se compusieron originalmente en hebreo (o arameo) o en griego, aunque muchos estudiosos modernos concluyen, basándose en pruebas textuales, que probablemente existió una edición semítica original. La fecha de composición de estos documentos también es incierta, aunque muchos estudiosos se inclinan por una fecha en el siglo II o I a. C. [12]

Canonicidad

Es aceptado como escritura canónica por los cristianos católicos y la Ortodoxia bizantina, pero rechazado por la mayoría de los protestantes por no ser canónico.[13] Sin embargo, el pasaje está incluido en los 80 libros protestantes , en la sección de los Apócrifos.[14] A tal fin, el artículo VI de los Treinta y nueve artículos de la Iglesia de Inglaterra lo incluye como no canónico pero, al igual que los demás textos apócrifos, «la Iglesia lo lee como ejemplo de vida y enseñanza de modales».[15] La Confesión belga de las Iglesias Reformadas enseña que «la iglesia puede ciertamente leer estos libros [apócrifos] y aprender de ellos en la medida en que concuerdan con los libros canónicos». [13]

Véase también

Referencias

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