Bunge & Born

grupo económico de Argentina From Wikipedia, the free encyclopedia

Bunge & Born fue una compañía de producción agrícola y alimentaria argentina. Fundada en 1884 por Ernest Bunge y Jorge Born.[1] Fue disuelta en 2001.[1] [2]

Datos rápidos Tipo, Industria ...
Bunge & Born

Vista del acceso al edificio de Bunge y Born. Lavalle y 25 de Mayo, Buenos Aires.
Tipo Privada
Industria Alimentos
Forma legal Sociedad anónima
Fundación 1884
Fundador Ernest Bunge
Jorge Born
Disolución 2001
Sede central Buenos Aires
Área ArgentinaBandera de Argentina Argentina
Cronología
Bunge Bunge Argentina
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Origen

En 1818, Johann Bunge funda en Ámsterdam (Holanda Norte) la empresa Bunge & Co. para incursionar en el mercado de granos. Años después, Edouard Bunge, nieto de Johann, decide relocalizar la compañía en Bélgica.[3][1] El primer Bunge en llegar a la Argentina había sido Carlos Bunge, en 1804. En ese tiempo, varias familias belgas llegaron a la Argentina con reducidos capitales que invirtieron en desarrollos agrícolas: Bunge, Born, Tornquist, Bemberg y Steverlynck. Carlos Bunge contrajo matrimonio con Genara Peña Lezica, perteneciente a una familia destacada de la sociedad argentina, y fundó la firma "Bunge, Hütz y Cia". Hacia 1840, se asoció a su hermano Heinrich, que se desempeñaba en "Bunge, Bornefeld y Cia", dedicada a la exportación de lanas y cueros, que operó hasta 1858.[4] Bunge & Born fue un grupo económico de Argentina que durante el siglo XX fue considerado como la corporación más poderosa e influyente del país. El grupo Bunge & Born de Argentina tuvo su eje en la empresa de alimentos Molinos Río de la Plata. Después de sucesivos conflictos entre los principales accionistas sobre el rumbo estratégico de empresa, en el año 1994 la empresa Argentina Bunge & Born fue absorbida por Bunge International Ltd., compañía de origen Europeo con sede en Bermudas, una de las corporaciones más grande del mundo en comercialización de commodities, y en especial soja. Bunge International puso en venta todas las empresas Argentinas, para llegar al año 1999 con un único puerto bajo su control.

Origen y Desarrollo

La Región pampeana argentina, una de las zonas más fértiles de la Tierra.[5]
Elevadores de granos en Puerto Madero (1910). A partir de mediados del siglo XIX, el país adopta el "modelo agroexportador", que se mantendría hasta la década de 1930.

En 1818, Johann Bunge funda en Ámsterdam (Holanda Norte) la empresa Bunge & Co. para incursionar en los mercados mundiales de granos. Años después, Edouard Bunge, nieto de Johann, decide relocalizar la compañía en Bélgica. Sociedad Bunge & Cía., dedicada a comerciar productos provenientes de la colonia del Congo Belga, mediante trabajo forzado, principalmente caucho y marfil.

Recién en 1876 llegó a la Argentina Ernesto Bunge, hermano de Edouard, sobrino de Carlos y nieto de Johann, el primer fundador. Al poco tiempo, convocó a su cuñado Jorge Born para fundar una nueva empresa que se encargaría de exportar productos argentinos hacia la sede ubicada en Amberes, Bélgica. Allí funcionaba la firma fundada por su padre en 1850, dedicada al comercio de cueros, granos, lana, algodón y café.[6]

Por entonces, la agricultura no era percibida por los productores argentinos como un negocio rentable en comparación con la ganadería. En 1873, el naturalista alemán Carlos Germán Burmeister había realizado un estudio según el cual, debido al calor y la sequedad de los suelos, nunca crecería trigo en la Pampa.[7][8][9]

En 1897, provenientes de Europa, se suman a la sociedad Jorge Oster y Alfredo Hirsch.[10][3] Para cuando estalló la crisis económica de 1929, la depresión del comercio internacional afectó enormemente al país, no solo por la caída de los precios de los productos agrícolas, sino también por el descenso de los flujos de comercio.

Hacia 1887, adquirió diferentes silos, molinos y puertos; en 1902, el grupo compró Molinos Río de la Plata, una de las mayores empresas de molienda de trigo.[11]

Alfredo Hirsch, de origen judío, había nacido en Alemania en 1872 y tenía estudios de comercio. Inició su carrera en el rubro de la exportación de café y más adelante ingresó a la empresa Louis Dreyfus y Compañía, especializada en la exportación de granos. En 1895 emigró a la Argentina, donde comenzó colaborando con Alfredo Tewes en el negocio de importación de café. Dos años después, en 1897, ingresó a Bunge & Born. Fue designado apoderado en 1904 y se convirtió en socio en 1909. Hirsch provenía de una región con una cultura empresarial muy diferente a la de los Bunge y Born.

En 1899, Bunge & Born adquirió un taller de cromohojalatería llamado Centenera S.A., que era la principal compañía dedicada a la producción de envases de hojalata en la Argentina.[12] instalando un molino harinero en el Dique III de Puerto Madero, de la ciudad de Buenos Aires.[13] La empresa tomó el nombre de Molinos Río de la Plata.[14][15] Bunge & Born, a través de Molinos Río de la Plata, instaló también plantas en Brasil (1904) y Uruguay (1910).[16] Por entonces, Bunge & Born controlaba el 30 % de las exportaciones de Argentina.[12]

Bunge & Born fortaleció su integración en Argentina a través de sucesivos lazos matrimoniales. Jorge Born II, hijo del fundador, contrajo matrimonio con Matilde Frías Ayerza; Jorge Born III se casó con Virginia Agote Lanusse; y Matilde Born contrajo matrimonio con Celedonio Pereda. Además, una hija de Eduardo Bunge —hermano de Jorge y presidente de Bunge Sociedad Anónima en Europa— se casó con el barón Víctor Bracht.[17]

En 1905, Bunge & Born promovió la creación del Banco Hipotecario Franco-Argentino, una entidad financiera integrada, entre otros, por la Banque de l'Union Parisienne (París), la Société Générale de Belgique (Bruselas) y Bunge & Co. (Amberes).[17] En 1907, tomó el nombre de Banco Anglo Sudamericano. Para 1925 sería el primer banco extranjero en Argentina por su capital y el sexto por sus reservas.[7][18]

Diversificación e industrialización (1914-1943)

El estallido de la Primera Guerra Mundial ocasionó dificultades a la Bunge & Born. El estancamiento de la producción agropecuaria y la desaceleración del comercio mundial llevaron a evaluar alternativas a la mera actividad agroexportadora. Comenzó a desarrollarse la idea de que, si la Argentina quería evitar el estancamiento, debía encarar un nuevo rumbo, promoviendo la expansión industrial, la diversificación de la producción primaria y el crecimiento del mercado interno.[19]

Así fue que, a partir de la década de 1920, el grupo fue ampliando su producción a cultivos de algodón, girasol, maní, soja, arroz, yerba mate y aceites vegetales, lo cual le daba la posibilidad de iniciar la comercialización de productos de consumo masivo a través de diversas marcas. Así es que, en 1924, Bunge & Born crea La Fabril S.A., empresa especializada en actividades algodoneras. Dos años después, el holding establece una fábrica de aceites en Resistencia (Prov. del Chaco) y crea la empresa Grafa S.A. (Grandes Fábricas Argentinas S.A.), que instala su planta industrial en el barrio porteño de Villa Pueyrredón, dedicándose inicialmente a la producción de sábanas y frazadas, para luego incursionar en otros productos como telas para manteles, ropa fabril y toallas. En 1926, Bunge & Born inauguró su edificio corporativo de estilo neogótico en el centro de Buenos Aires.[12]

Por aquel entonces, Bunge también se lanzó al mercado de pinturas con Albor S.A. (luego Alba S.A.), siendo esta la primera fábrica de pinturas de Sudamérica. Con el tiempo, la empresa desarrolló su participación hasta convertirse en la compañía más importante del sector en la Argentina y, para los años sesenta, sería considerada una de las fábricas de pinturas más importantes de América Latina.[20]

En los años 1920, Bunge & Born no solamente creció en la Argentina, sino que también se expandió en Brasil, creando la Sociedad Algodonera del Norte Brasileño (SANBRA); más tarde crea la Sociedad Anónima Molinos Río Grande (SAMRIG) y finalmente también participa con diversos porcentajes en el grupo Santista Fluminense (SANFLU).[19]

La conducción de la empresa argentina experimenta varios cambios durante estos años, ya que en 1920 fallece Jorge Born, por lo que Ernest Bunge pasa a tomar las riendas del grupo. Sin embargo, en 1927 muere Édouard Bunge, en su residencia de Hoogboom, Bélgica, lo que provoca la partida de Ernest hacia Europa. A partir de entonces, y durante los próximos 28 años, Alfredo Hirsch se encargaría de conducir el holding en Buenos Aires, otorgándole un marcado perfil industrial.[21]

Paralelamente, a partir de la década de 1920, Estados Unidos comienza a elevar las tarifas aduaneras como forma de proteger su producción. En 1921 se elevan las tarifas para productos agropecuarios y en 1922, la ley Fordney-McCumber las eleva para productos industriales que usualmente se importaban de Europa. Esto crea una barrera al crecimiento de la industria europea y termina repercutiendo en la agricultura norteamericana. En 1924, ante la caída de las exportaciones de los productos agropecuarios de Estados Unidos, se dicta la ley McNaury-Hagen, que establecía precios mínimos y cuotas para la compra de cereales en el mercado norteamericano. Este tipo de medidas comenzaron a alterar los mercados y los mecanismos de formación de precios. Pero ese no fue su único efecto: las tarifas evitaron la entrada de productos europeos a Estados Unidos, imposibilitando a estos equilibrar sus balanzas de pagos a través de un superávit en la balanza comercial, lo que también llevó a una caída de las importaciones de mercaderías norteamericanas.[cita requerida]

Mientras tanto, la Argentina experimenta uno de los períodos más prósperos de su historia.[22]

Las exportaciones del país se incrementan considerablemente y los precios internacionales de los productos agroganaderos se mantienen en alza. Por aquel entonces, la República Argentina es el primer exportador mundial de maíz y lino y el segundo de trigo, representando los tres productos el 52,9% de las exportaciones en el período 1925-29.[23]

Para cuando estalló la crisis económica de 1929, la depresión del comercio internacional afecta considerablemente al país, no solo por la caída de los precios de los productos agrícolas, sino también por el descenso de los flujos de comercio.[24] Para aquel entonces, el mundo había abandonado por completo el librecambismo y el patrón oro, mientras que las barreras aduaneras se elevaban, reduciendo el flujo de comercio internacional.[25] Se produjo una salida de capitales de tal forma que el gobierno de Yrigoyen abandonó la convertibilidad en 1929 y tuvo que emitir dinero sin respaldo para evitar agravar la situación de dificultad de algunos bancos, lo que provocó una pérdida de valor del peso con respecto al dólar.[26] Finalmente, la crisis contribuyó a la caída del gobierno de Hipólito Yrigoyen.[27]

El gobierno de José Félix Uriburu adoptó algunas medidas promovidas por los empresarios locales, como la elevación de los derechos aduaneros del país. A estas medidas se sumó la devaluación de la moneda y el control cambiario establecido con el objetivo de asegurar el equilibrio en la balanza de pagos y el cumplimiento de la deuda externa. La aplicación de estas medidas permitió, sobre la base de una estructura industrial existente, el inicio de la sustitución de importaciones en la Argentina.[28]

Durante la gestión del Ministro de Agricultura, Dr. H. Béccar Varela, se formó una comisión compuesta por representantes de las principales instituciones agropecuarias (SRA, Unión de Productores Agrarios, etcétera) para "el estudio de diversas medidas para la defensa de la agricultura nacional". El Control de Cambios impuesto en 1931 afectó a los productores.[29] En aquellos momentos, los precios agrícolas y ganaderos del mercado internacional descendían persistentemente y, al mantenerse fijo el tipo de cambio, el reajuste recaía totalmente sobre los productores, obligándolos a rectificar sus costos de acuerdo con los precios del mercado internacional. En este marco, y ante la solicitud de varios sectores para que se fijase un precio mínimo para ciertos granos, es que el 28 de noviembre de 1933 se crea, por decreto 31.864, la Junta Reguladora de Granos.[30][29]

Durante la década de 1930, se evaluaron los posibles beneficios de la industrialización, destacando especialmente la "industria natural" del país, es decir, aquella que procesaba materias primas locales. No obstante, la recuperación económica observada desde 1933 llevó a algunos gobiernos a considerar que la crisis era temporal y que la industrialización era solo una medida para disminuir los desequilibrios en el comercio internacional. En otros ámbitos, como el militar, la idea de fomentar la industria tuvo mayor impacto, tanto por el enfoque nacionalista que implicaba como por la preocupación ante el deterioro del contexto internacional a fines de la década, una tensión que finalmente culminaría en un nuevo conflicto mundial. El valor de las exportaciones pasó de 1000 millones de dólares en 1928 a 335 millones en 1932. A finales del año 1935, el Producto Bruto Interno superó el valor del año 1929.[31]

Durante la década del 1930, Bunge & Born desarrolló su rama química. Creó la Compañía Química, cuya primera fábrica se estableció en 1937 en la localidad de Dock Sud y se dedicó a la elaboración de ácido sulfúrico, soda cáustica, cloro y fertilizantes.[3][16][32] Luego de la fundación de la Compañía Química, se extendió en el rubro con las empresas Grafa, Sulfacid y Minera Aguilar, especializadas en la producción de zinc electrolítico.[33]

Cambio de rumbo (1943-1956)

En 1943 ocurrió la Revolución del 43, que estableció un gobierno militar.[34][35] En abril de 1944, se fundó el Banco de Crédito Industrial, en junio se dispuso la creación de la Secretaría de Industria y se instauró el primer régimen de fomento industrial.

Estas políticas se enmarcaban en las preocupaciones de una posible desindustrialización una vez concluido el conflicto, lo cual derivaría en perturbaciones sociales. Así fue que desde el gobierno se decidió promover a todas las industrias, tanto a aquellas que utilizaran materias primas nacionales orientadas al abastecimiento del mercado interno, como aquellas que, aun cuando emplearan insumos o productos semielaborados importados, produjeran artículos indispensables para la defensa nacional. De esta manera, la política oficial promovió la radicación de industrias en el país.

El fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 y el llamado a elecciones nacionales para 1946 acentuó los debates sobre los dos caminos a seguir en materia económica:

  • Apoyar la continuidad del "modelo" iniciado en 1943, con mayor intervención estatal orientada a la industrialización y a la redistribución social.
  • O, por el contrario, volver al orden económico agroexportador, manteniendo la estructura económica basada en el comercio exterior agroganadero.

Los rasgos básicos del modelo del gobierno de Perón se plasmaron en el denominado "Plan Quinquenal": alentar la industrialización; aumentar la producción de hidroelectricidad; fomentar la redistribución de la propiedad rural; crear un seguro social amplio y obligatorio; integrar a los obreros en los beneficios y en la propiedad de las empresas; y nacionalizar compañías de servicios públicos como los ferrocarriles. Se nacionalizó el Banco Central y las empresas de servicios públicos. Se creó la Flota Mercante y la Flota Aérea. Se promulgaron leyes que prorrogaron los arrendamientos rurales y sancionaron el Estatuto del Peón. Además, se creó el Instituto de Promoción del Intercambio (IAPI) con el objetivo de financiar el proceso de industrialización, estudiar el mercado, promocionar las exportaciones argentinas, facilitar los negocios e impulsar la tecnología. Esta última tenía como objetivo aumentar y mejorar la producción de ciertos productos para incrementar las exportaciones.

Las bases para la regulación ya las había establecido el gobierno conservador de Agustín P. Justo: Junta Reguladora de Carnes, Junta Reguladora de Granos, Banco Central, etc.[36]

En septiembre de 1941 se creó la Corporación para la Promoción del Intercambio SA (CPI), cuyo directorio estaba integrado por los principales ejecutivos de las empresas norteamericanas radicadas en la Argentina, que actuaban como compradores de divisas, así como de los grandes consorcios multinacionales. Su objetivo era estudiar el mercado, publicitar las exportaciones argentinas y facilitar los negocios. Tendrían a su cargo la compra de las divisas generadas por este comercio y su venta en el mercado libre. En 1942 se cambian los estatutos y se establece como finalidad de la sociedad la promoción del intercambio y la promoción de la tecnología. Esta última tenía como objetivo aumentar y mejorar la producción de ciertos productos para incrementar las exportaciones. El producto debía adecuarse a la calidad y al estándar requerido en el extranjero. Para ello, la CPI promovió nuevos estudios. Se contrataron técnicos extranjeros para que puedan asesorar a los fabricantes de productos exportables y se financia el viaje de fabricantes locales a Estados Unidos. Sin embargo, la Guerra Mundial continuaba siendo una barrera importante para el comercio.[37]

El 28 de mayo de 1946 el Estado crea el I.A.P.I. (Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio) mediante el Decreto 15.350 bajo la órbita del Banco Central, a cargo del economista Miguel Miranda.[38]

El IAPI tuvo como antecedentes organismos reguladores creados en la década de 1930, como las Juntas Nacionales de Granos y Carnes, y la Corporación para el Intercambio (CPI S.A.), cuyos bienes pasaron al IAPI tras su liquidación en 1946. Comercialmente, el Instituto compraba cereales, carnes y derivados para exportarlos. También cumplía funciones financieras, destinando fondos a organismos públicos, provincias y al sector privado para la compra de bienes de capital. Además, regulaba el mercado interno: adquiría productos sin demanda, fijaba márgenes de beneficio al sector industrial, creaba comisiones mixtas para sectores en crisis y entregaba materias primas a industriales para ser procesadas por cuenta del Instituto. Externamente, el IAPI vendía productos argentinos en el mercado internacional. Esta estrategia intervencionista afectó la operación de las empresas exportadoras privadas, como Bunge y Born, Continental o Dreyfus.[39][40]

Con un rol centralizado, el IAPI organizó la comercialización de productos agrícolas, destacándose en 1949. Con los recursos de las exportaciones, el Instituto financió la adquisición de servicios públicos de propiedad extranjera y estableció el control estatal de diversos sectores del mercado. Perón consolidó su política económica en el "Plan Quinquenal": fomentar la industrialización, la hidroelectricidad, redistribuir tierras, establecer un seguro social obligatorio, integrar a los obreros en los beneficios empresariales y nacionalizar servicios públicos como los ferrocarriles. Desde 1949, el IAPI debía generar un 15% del producto argentino. En 1952, ante un cambio de rumbo, se establecieron controles salariales mediante contratos bianuales y se implementaron medidas para atraer inversiones extranjeras, especialmente en la industria pesada y siderúrgica. A pesar de los acuerdos bilaterales firmados por el IAPI, el comercio exterior siguió concentrándose en los vínculos tradicionales. Así, Gran Bretaña seguía ocupando el primer lugar como importador de productos argentinos, seguido de Estados Unidos, al tiempo que se manifiesta la creciente importancia del comercio con Brasil.[40] [39]

En particular, en el plano externo, el IAPI tenía como funciones centrales la venta de los productos argentinos en el mercado internacional estableciendo los precios de exportación. Esto representaba un cambio significativo y novedoso respecto del camino transitado anteriormente. Esta estrategia modificó el funcionamiento del sector exportador, limitando la participación de empresas privadas como Bunge y Born, Continental o Dreyfus en favor del control estatal. En 1943 se abren tres nuevas oficinas en Nueva Orleans, Chicago y San Francisco. Sin embargo, el emprendimiento mostró sus límites estructurales, en particular para mantener una posición competitiva, ya que los precios argentinos estaban al límite de lo aceptable. Para reducirlos, la variable central era el costo laboral, aspecto complejo de modificar en el nuevo contexto nacional.

A partir de 1950, en este contexto de industrialización que estaba desarrollando la Argentina, Bunge & Born inició la producción de productos como la sémola Vitina (1955), la harina leudante Blancaflor (1956), el bizcochuelo Exquisita (1959), la margarina Delicia (1963), la mayonesa Ri-K (1968).

Nueva etapa (1956-1989)

El IAPI fue disuelto en 1956 por la dictadura del general Aramburu. Tras su cierre, fue necesario emitir un bono de saneamiento para tapar el descubierto que el instituto tenía en el Banco Nación y en el Banco Industrial, ya que de lo contrario, ambos bancos enfrentarían dificultades financieras. De esta forma, incluyendo algunas otras erogaciones, se emitió el "Bono provisional de Saneamiento Bancario", alcanzando los m$n 21.213,4 millones.[41]

El 19 de septiembre de 1974, Juan y Jorge Born, gerente y director general del conglomerado respectivamente, fueron secuestrados junto al gerente de la empresa Molinos Río de la Plata, Alberto Bosch..[42] El rescate reclamado originalmente fue de 100 millones de dólares. Jorge Born II, padre de los ejecutivos secuestrados y presidente de la empresa, mantuvo inicialmente una posición de no negociación respecto al pago del rescate. Luego de seis meses de reclusión, Jorge Born III, desde su lugar de reclusión, asumió la negociación, logrando bajar el rescate a 60 millones de dólares.[43][44]

Durante el período 1976-1983, la empresa operó bajo el régimen militar argentino. En investigaciones judiciales posteriores se registraron casos que involucraron a trabajadores de diversas empresas del sector, incluyendo instalaciones como Molinos Avellaneda y personal de Molinos Río de la Plata, en el contexto más amplio de la represión de ese período histórico.[45] En investigaciones judiciales posteriores se registraron casos que involucraron a trabajadores de diversas empresas del sector, incluyendo instalaciones y personal de Molinos Río de la Plata, en el contexto más amplio de la represión de ese período histórico.[46][47][48]

En 1978 compró pastas Matarazzo, Fanacoa de aderezos, el Frigorífico Tres Cruces, las salchichas Vieníssima, Nobleza Gaucha (yerba mate), Lira (aceite), Gurmet (mayonesa), Pindapoy (jugos de fruta), Granja del Sol, especializada en productos congelados.[49]

Década de 1990

En medio de la hiperinflación que afectaba a Argentina en 1989, el presidente electo Carlos Menem se reunió el 23 de mayo de ese año con directivos del grupo Bunge & Born.[50] El denominado Plan Bunge y Born estableció el control de precios, restricciones a las importaciones y la convocatoria a negociaciones paritarias entre empresarios y sindicatos. También se aprobaron la Ley de Reforma del Estado y la Ley de Emergencia Económica, que esbozaban un amplio plan de privatizaciones y dotaban al Ejecutivo de extensas facultades. Una de las primeras medidas fue el canje compulsivo de depósitos a plazo fijo por bonos externos. Esta medida generó un impacto financiero en el sector de pequeños y medianos ahorristas, quienes vieron modificadas las condiciones de sus inversiones.[51] El grupo contaba con un programa de predicción econométrica basado en los aportes de Lawrence Klein, galardonado con el Premio Nobel de Economía. Los colaboradores de Klein establecieron contacto con Bunge & Born con el objetivo de vincularse al contexto económico argentino.[50]

El 30 de mayo de 1989, Carlos Menem anunció que Miguel Ángel Roig sería el nuevo Ministro de Economía. La designación de Roig, uno de los principales directivos de Bunge y Born, como ministro de Economía, estuvo vinculada a la gravedad de la crisis al final del gobierno de Raúl Alfonsín y a las expectativas de una posible estabilización macroeconómica.[52]

El 19 de junio, Roig anunció su plan económico. Este incluía medidas tales como elevar el valor del dólar al nivel del mercado libre y fijarlo en un determinado precio. También incluía crear una nueva moneda, hacer autónomo al Banco Central, refinanciar la deuda interna en títulos y bonos de manera compulsiva, emitir líneas de crédito blandas y dar un shock productivo, favoreciendo las exportaciones. En cuanto a la creciente deuda externa, se negociaría la postergación del pago de intereses a cambio de facilidades a bancos privados para capitalizar la deuda externa. El 24 de ese mes, el nuevo ministro designó a Javier González Fraga como futuro presidente del Banco Central. En sus primeras declaraciones, el ministro Roig no propuso una apertura comercial abrupta, sino que anticipó una leve reducción general de aranceles del 5%. En consecuencia, la apertura del comercio exterior no tuvo, en esos primeros momentos, la centralidad ni la contundencia que sí mostraron otras decisiones de claro quiebre con el modelo anterior, como las privatizaciones o la eliminación de subsidios.[53] En los días siguientes, Roig anunció aumentos de salarios. Pero al mismo tiempo elevó el precio de las naftas y las tarifas de servicios públicos. Presentó ante el Congreso de la Nación el proyecto de "Ley de Emergencia Económica" y se reunió con los grupos empresarios para tratar de frenar la inflación, negociando una tregua de precios. Juró como ministro de Hacienda el 9 de julio de 1989 y falleció el 14 del mismo mes en su automóvil, víctima de un infarto agudo de miocardio, el día en que iba a concretar el pacto de precios con los grupos empresarios, que se firmaría dos días después.

Ante el fallecimiento de Roig, Carlos Menem nombró como sucesor a Néstor Rapanelli, dando continuidad al modelo económico.[54] Ante los problemas inflacionarios y el abultado monto de la deuda externa, el 11 de septiembre se logró obtener una serie de créditos del Banco Mundial, al tiempo que se consiguió el apoyo de la entidad para el proceso de privatización de servicios públicos según la Ley de "Reforma del Estado". El 15 de ese mes, Rapanelli firmó junto a Roberto Dromi el marco de las privatizaciones para Entel, Encotel, Ferrocarriles Argentinos, Aerolíneas Argentinas, Yacimientos Petroleros Fiscales, Yacimientos Carboníferos Fiscales, entre otras empresas estatales. El respaldo del grupo Bunge & Born, que contaba con reconocimiento internacional, fue considerado importante para el establecimiento de las bases del gobierno de Carlos Menem. Durante este periodo, se aplicó una reducción relativa de los aranceles a la importación, llevándolos a un promedio del 40%. No obstante, se mantuvo un régimen especial de protección para 730 posiciones del sector electrónico y se aumentó del 0 al 5% el arancel sobre algunos productos, con el objetivo de conservar el respaldo de las pymes industriales. A su vez, se eliminaron diversos controles sectoriales sobre la industria. Esta primera etapa de apertura —que más adelante se profundizaría hasta alcanzar un promedio arancelario del 21%— generó resistencia por parte del conjunto del sector industrial representado por la Unión Industrial Argentina (UIA), salvo el Consejo Económico Social (CEA), que se mostró más favorable con la medida.[55][53]

En Bunge & Born, en 1991 asumió Octavio Alfredo Caraballo como presidente ejecutivo del Grupo.[56] Caraballo, nieto de Alfredo Hirsch, había estudiado finanzas en Estados Unidos. Permaneció en el cargo hasta 1997,[57] cuando fue sucesido por Schmitt-Rhaden, quien posteriormente tuvo a su cargo la presidencia de Bunge Global.[58]

Durante la gestión de Caraballo, se contrató a la firma consultora McKinsey & Company para llevar a cabo un análisis exhaustivo de la estructura organizativa de la compañía. Como resultado de dicho examen, se simplificó la estructura corporativa y se incorporaron ejecutivos externos a puestos clave. Ese mismo año, Ludwig Schmitt-Rhaden fue nombrado gerente regional de Brasil, convirtiéndose en el primer ejecutivo en ocupar ese cargo sin pertenecer a los clanes fundadores de la empresa. A pesar de las sucesivas crisis y transformaciones experimentadas, el Grupo se mantuvo como la tercera comercializadora de granos del mundo.[59]

Entre 1992 y diciembre de 1995, el grupo vendió activos por U$S 280 millones. Se desprendió de Grafa (textil), Proceda (informática), Centenera (envases), Compañía Química, Petroquímica Río Tercero y la Compañía Química, productora de artículos de limpieza.[52]

En 1994, se produce un cambio organizacional cuando las familias del grupo a nivel global deciden coordinar los negocios de toda la descendencia de la primera sociedad Bunge formada en Bélgica a comienzos del siglo XIX. Esta entidad corporativa se conformó con aproximadamente 180 accionistas, cuyas familias predominantes incluían a Hirsch, Bunge, Born, Engels y de la Tour. La nueva entidad corporativa sustituyó la estructura previa, en la que los accionistas individuales poseían participaciones en todas las entidades Bunge. A partir de allí, Bunge & Born de Argentina se integró formalmente al grupo Bunge International Ltd. La empresa se convirtió en Bunge International, conservando el nombre Bunge y Born solo en Argentina.[60]

Esta decisión involucraba mucho más que un mero intercambio de acciones. Se trataba de una reconversión del grupo frente al fenómeno de la globalización, donde una empresa nacional tenía un limitado margen de maniobra, principalmente si se encontraba en una economía "emergente" como la de Argentina. El fin de la Guerra Fría y la apertura de los mercados mundiales modificaron el modelo que había caracterizado a Bunge & Born desde el fin de la Primera Guerra Mundial. La empresa decidió concentrarse en el negocio agroalimentario e insertarse en un esquema global.

Mientras tanto, la estrategia local de Bunge debió cambiar nuevamente a mediados de los años 1990, por imperio del mercado. La empresa de pinturas Alba, del grupo B&B, controlaba ya entonces cerca del 40% de este mercado en Argentina y casi lo duplicó cuando tuvo la oportunidad de adquirir Colorín.

Pero Alba no compró Colorín, que terminó en manos del grupo venezolano Corimon. Bunge & Born se desvinculó del negocio de pinturas, ya que éste se había convertido en un mercado que exigía un operador global, tecnología y más inversión en I+D. En los primeros tres meses de 1996, el grupo vendió por U$S 430 millones todo su negocio de pinturas en Argentina, Brasil y Uruguay, que debió fusionarse con Coral (Brasil) e Inca (Uruguay) para formar Bunge Paints (de Bunge International). Alba, por su parte, fue vendida al gigante petroquímico británico Imperial Chemical Industries (ICI).[61]

Entre los años 1996 y 2002 se desarrolló la estrategia de concentración en el negocio agroindustrial y enfocar su actividad en el mercado mundial de cereales.[52]

En 1997, Bunge adoptó una estrategia global enfocada en la producción de soja y fertilizantes. Ese año, adquirió Ceval Alimentos, una empresa brasileña líder en procesamiento de soja y producción de aceites vegetales refinados, con ventas anuales de aproximadamente 2.500 millones de dólares. Esta adquisición fortaleció la posición de Bunge en el mercado global de procesamiento y exportación de soja, situándola como la tercera mayor empresa en este sector, detrás de ADM y Cargill.[52][62]

De ese modo, Molinos fue vendida al Grupo Pérez Companc, y lo mismo sucedió con las demás empresas de industrialización de alimentos que poseía, en un monto estimado en 3.000 millones de dólares.[49]

Bunge Global abrió su capital al público en 2001 en la Bolsa de Nueva York.[63]

Propietarios y ejecutivos destacados

En la rama argentina, los accionistas principales son las familias Hirsch y Born.

Algunos de los ejecutivos de Bunge & Born que adquirieron notoriedad son:

  • Los hermanos Juan y Jorge Born, que fueron secuestrados en septiembre de 1974.[64]
  • Octavio Caraballo, quien dirigió la empresa entre 1992[65] y 1997.[66]

Referencias

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