Antonio de la Calancha
fraile boliviano
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Fray Antonio de la Calancha, conocido también como Padre Calancha (Ciudad de la Plata de la Nueva Toledo, hoy Sucre 1584-Lima, 1 de marzo de 1654), fue un religioso agustino y cronista de Charcas (hoy Bolivia).
| Antonio de la Calancha | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento |
1584 Sucre (Bolivia) | |
| Fallecimiento |
1 de marzo de 1654 Lima (Perú) | |
| Nacionalidad | Boliviana | |
| Religión | Iglesia católica | |
| Educación | ||
| Educado en | Universidad Nacional Mayor de San Marcos | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Cronista | |
| Orden religiosa | Familia agustiniana | |
Biografía

Hijo de la criolla María de Benavides y del encomendero andaluz Francisco de la Calancha, renunció a la sucesión la encomienda de su padre — Ambana en Larecaja— para ingresar en la orden religiosa de los Agustinos.[1]
Tomó los hábitos en el convento de su ciudad natal, Sucre y estudió primero en el colegio agustino de San Ildefonso, en Lima —del que más tarde llegaría a ser rector—, y después en la Universidad de San Marcos, donde se graduó en teología.
Alcanzó cargos elevados en su orden, que le llevaron a recorrer el Perú: vivió en Potosí (1610-1614), ocupó cátedra en el convento de su orden en Cusco; conoció Arequipa y Mizque; en Trujillo fue prior y testigo del terremoto de 1619, que destruyó la ciudad.
En esos lugares reunió un gran número de noticias para su Crónica moralizada de los agustinos del Perú, publicada en Barcelona en 1631, traducida poco después al latín y al francés y reeditada en Lima en 1653. Calancha continuó reuniendo datos con miras a sacar otro tomo, pero su obra quedó inconclusa.
Su discípulo, el padre Bernardo de Torres, pasó en limpio la segunda parte que Calancha no había podido terminar, la finalizó y la publicó en 1655 bajo el título de Crónica de los Santuarios de Nuestra Señora de Copacabana y del Prado.[2]
En 1630 Calancha ocupó el priorato del convento de su orden en Lima y años más tarde fundó el del Prado.
Falleció a los 70 años, en la mañana del primero de marzo de 1654, segundo domingo de Cuaresma, cuando se disponía a celebrar la misa.
El Padre Calancha escribió también el Informe hecho al Virrey, sobre los castores que se cazan desde el Callao a Chile, manifestando que son los verdaderos y rentas que puede sacar de ellos Su Magostad (1642; por castores se refería a los lobos de mar),la Vida de la Sierva de Dios Catalina de Arroyo, natural de Lima, monja donada en el Monasterio de Descalzas del Señor Patriarca San José, que despreciando su nobleza, resplandeció en virtudes y una Breve historia de la Universidad de San Marcos (publicada en 1660).
El estilo de Calancha es "ampuloso y recargado". "Ferviente culterano, siguió la corriente gongorina. En sus páginas se encuentra con frecuencia la fórmula barroca de la lucha entre el bien y el mal, las tinieblas y el pecado y mundos oníricos invadidos por apariciones sobrenaturales y divinas, en los cuales creía el autor".[1]
Obras
Crónica moralizada de los agustinos del Perú
Crónica moralizada de los agustinos del Perú es una obra historiográfica y religiosa del siglo XVII, considerada la primera y más importante crónica de la Orden de San Agustín en el Virreinato del Perú, la obra combina narrativa histórica, reflexión moral e interpretación providencialista de los hechos según los cánones de la cultura barroca hispanoamericana.[3]
La decisión de escribir la Crónica moralizada fue tomada por mandato de los superiores de la Orden. Calancha dedicó años a recopilar información, consultando archivos, bibliotecas, testimonios directos y un gran número de autores, además de fuentes previas sobre la historia prehispánica, la conquista del Perú, la fundación de conventos agustinos y biografías de religiosos. La redacción comenzó en 1630. El primer tomo estuvo listo para impresión en 1633, pero por motivos económicos y logísticos no se publicó en Lima. Finalmente, el primer tomo se imprimió en 1638 en Barcelona en la imprenta de Pedro Lacavallería, con apoyo de los agustinos de la Corona de Aragón y del propio Calancha. De este tomo existen versiones compendiadas en latín y francés. El segundo tomo se imprimió en Lima en 1653 bajo la dirección del autor.[3]
La obra estaba concebida en cinco libros, aunque permaneció incompleta. Se publicaron el primer libro, dedicado a la historia de la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Copacabana, gran parte del segundo libro, que narra la historia de la provincia agustina del Perú, el ingreso del Orden en Chile, la fundación del convento del Callao, biografías de religiosos y las guerras entre españoles y araucanos entre 1599 y 1602, y el quinto libro, centrado en el santuario de Nuestra Señora del Prado en Lima, donde vivieron dos hermanas de Calancha. Los libros tercero y cuarto no fueron iniciados. La crónica se organiza en libros y capítulos de extensión similar, siguiendo como eje cronológico los capítulos provinciales de la Orden. Junto a la historia agustina, se incluyen documentos transcritos textualmente, descripciones de creencias prehispánicas, guerras civiles del Perú y la rebelión de Titu Cusi Yupanqui.[3]
En el Prólogo al lector, Calancha expone la doble finalidad de la obra: ofrecer una historia completa de los hechos temporales y espirituales del Perú y moralizar los acontecimientos mediante citas bíblicas, de santos y de filósofos. La obra no pretende entretener, sino educar espiritualmente al lector. La dimensión moralizante es el principio organizador de toda la narración histórica. El discurso histórico combina historia sagrada y profana, mitología, autores clásicos y teología agustiniana de la historia. Cubre desde los inicios de la evangelización hasta 1594, año del capítulo provincial presidido por Alonso Pacheco. Aunque no es un tratado sobre la conquista, expresa claramente una defensa de los indígenas, denunciando la codicia de los españoles y las injusticias que sufrían.[3]
Tras la muerte de Calancha, la obra fue continuada por Bernardo Torres, quien publicó la Crónica del Orden de los ermitaños de San Agustín nuestro Padre cubriendo el período 1594–1657. Posteriormente, Juan Teodoro Vázquez continuó la crónica hasta 1721, cuyo manuscrito permaneció inédito hasta 1991.[3]
La Crónica moralizada de los agustinos del Perú es considerada una de las obras más importantes de la historiografía religiosa colonial. Ha sido estudiada como fuente documental, etnográfica y como expresión del espíritu barroco. La crítica destaca tanto su riqueza narrativa e imaginación como la abundancia de digresiones, el gusto por lo milagroso y el estilo barroco. A pesar de las valoraciones contrastantes, la obra es reconocida como la primera gran crónica agustiniana del Perú y una de las más significativas fuentes históricas del periodo colonial andino.[3]
Otras
- Décima (1621)
- Historia de la Universidad de San Marcos hasta el 15 de julio de 1647 (1921)
- Al Obispo de Arequipa, 29 de agosto de 1628 (1629)
- De Inmaculatae Virginis Conceptionis certitudin (1629)
- Corónica moralizada del Orden de San Agustín en el Perú (1638-1639)
- Corónica moralizada de la Provincia del Perú del Orden de San Agustín nuestro Padre, vol. II (1653)
- Aprobación. Lima, 25 de abril de 1639 (1639)
- Informe al Virrey del Perú sobre los castores que se caçan, desde Callao a Chile (1642)
- Geroglíficos (1648)
- Crónicas agustinianas del Perú (1657)
- Compendio del origen de la esclarecida y milagrosa imagen de N. S. de Copacabana patrona del Perú (1663)
- Sumario de las cosas notables tocantes a religión y de los varones ilustres de la Provincia del Perú del Orden de los Ermitaños de N. P. S. Agustín (s. f.)
- Relación, dispuesta por cédula del Rey Felipe Quarto de la Real Universidad de Lima (s. f.)