Capilla Sixtina

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La Capilla Sixtina es una capilla del Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano, la residencia oficial del papa. Es la estancia más conocida del conjunto palaciego y también forma parte de los Museos Vaticanos.

Datos rápidos Localización, País ...
Capilla Sixtina
Cappella Sistina (italiano)
Sacellum Sixtinum (latín)
 Patrimonio de la Humanidad (con el nombre de «Ciudad del Vaticano») (1984)

Interior de la Capilla Sixtina
Localización
País VaticanoBandera de Ciudad del Vaticano Ciudad del Vaticano
División Ciudad del Vaticano
Localidad Roma
Coordenadas 41°54′11″N 12°27′16″E
Información religiosa
Culto Católico
Diócesis Roma
Propietario Santa Sede
Uso Oratorio papal y sede del cónclave
Estatus Capilla
Advocación Virgen María
Dedicación 15 de agosto de 1483, por Sixto IV
Historia del edificio
Fundación 1473
Fundador Sixto IV
Construcción 1473-1481
Arquitecto Baccio Pontelli
Giovanni de Dolci
Datos arquitectónicos
Estilo Renacentista
Longitud 40,9 m
Anchura 13,4 m
Altura 20,7 m
Mapa de localización
Capilla Sixtina ubicada en Roma
Capilla Sixtina
Capilla Sixtina
Sitio web oficial
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Originalmente servía como capilla de la fortaleza vaticana y era conocida como Cappella Magna. Su nombre actual se debe al papa Sixto IV, quien ordenó su restauración entre 1473 y 1481. Desde entonces, la capilla ha servido para celebrar diversos actos y ceremonias papales. Actualmente es la sede del cónclave, la reunión en la que los cardenales eligen a un nuevo papa. La fama de la Capilla Sixtina se debe principalmente a su decoración al fresco, especialmente a la bóveda y al testero con El Juicio Final, ambas obras de Miguel Ángel.

Durante el papado de Sixto IV, las paredes laterales fueron decoradas con dos series de frescos realizadas por artistas de la segunda mitad del siglo XV, entre los que se encontraban Sandro Botticelli, Pietro Perugino, Pinturicchio, Domenico Ghirlandaio, Cosimo Rosselli y Luca Signorelli. Los frescos representan diferentes episodios de la vida de Moisés (pared norte) y la vida de Jesucristo (pared sur). Además, la parte superior de las paredes se decoró con retratos de los papas que habían gobernado la Iglesia hasta ese momento, mientras que en la parte inferior se pintaron cortinas con un efecto de trampantojo.

Las pinturas se completaron en 1482, y el 15 de agosto de 1483, con motivo de la festividad de la Asunción, Sixto IV celebró la primera misa en la capilla y la consagró a la Virgen María.[1][2]

Entre 1508 y 1512, por encargo del papa Julio II, Miguel Ángel decoró la bóveda, creando una obra de arte sin precedentes que cambiaría el curso del arte occidental.[3][4] Años después, tras el Saco de Roma, pintó también El Juicio Final en la pared del altar entre 1536 y 1541 para los papas Clemente VII y Paulo III.[5] Más de cinco siglos después, los frescos de Miguel Ángel siguen atrayendo a multitud de visitantes a la capilla y están considerados una de las obras cumbre de la historia de la pintura.

Historia

La Capilla Sixtina recibe su nombre del papa Sixto IV, quien ordenó su restauración.

La función principal de la Capilla Sixtina es la de servir de sede de la Capilla Pontificia, uno de los dos órganos de la Casa Pontificia, denominada «Corte Pontificia» (Pontificalis Aula) hasta 1968. En la época de Sixto IV, a finales del siglo XV, este órgano estaba formado por unas 200 personas, incluyendo a clérigos, oficiales de la Santa Sede y laicos distinguidos. Había 50 ocasiones a lo largo del año establecidas por el calendario papal en las que la Capilla Pontificia al completo debía reunirse.[6] De esas 50 ocasiones, 35 eran misas, de las cuales ocho se celebraban en basílicas, generalmente en San Pedro, con la asistencia de numerosos fieles. Estas misas incluían la de Navidad y la de Pascua, en las que el propio papa era el celebrante. Las otras 27 misas podían celebrarse en un espacio más pequeño e íntimo, para lo cual se utilizaba la Capella Maggiore antes de ser reconstruida como la actual Capilla Sixtina.

La Cappella Maggiore recibió este nombre (Capilla Magna) debido a que existía otra capilla también usada por el papa y su séquito para el culto diario. En la época de Sixto IV, esta era la Capilla Nicolina, que toma su nombre del papa Nicolás V y que había sido decorada por Fra Angelico. Está documentado que la Cappella Maggiore ya existía en 1368. En el momento de ser demolida para dar paso a la capilla actual, se encontraba en estado de ruina, con las paredes inclinadas.[7]

Dibujo del siglo XIX que muestra el posible aspecto de la Capilla Sixtina en el siglo XV.

La capilla actual, situada en el lugar que ocupaba la Cappella Maggiore, fue diseñada por Baccio Pontelli para Sixto IV, de quien toma su nombre, y construida bajo la supervisión del arquitecto Giovanni de Dolci entre 1473 y 1481.[8] Una vez terminada, la capilla fue decorada con frescos de algunos de los más famosos artistas del Alto Renacimiento, lo que la convirtió en un lugar privilegiado para el arte.[7]

La primera misa en la Capilla Sixtina fue celebrada el 15 de agosto de 1483, fiesta de la Asunción de María, y en esa misma ceremonia la capilla fue consagrada y dedicada a la Virgen María.[9]

La Capilla Sixtina ha mantenido sus funciones hasta el día de hoy y continúa siendo la sede de los eventos importantes del calendario papal, salvo cuando el papa está de viaje. Por ejemplo, cada año se celebra allí una misa con motivo de la fiesta del Bautismo del Señor, durante la cual el Santo Padre bautiza a varios recién nacidos. En algunas ocasiones especiales, también allí se celebra la misa papal con el Colegio Cardenalicio o la Casa Pontificia reunidos en pleno, y en otras se cantan vísperas solemnes con la presencia del papa.

La capilla cuenta con un coro permanente, la Capilla Musical Pontificia, schola cantorum o escolanía de la Capilla Sixtina, para el que se han compuesto algunas piezas originales, de las cuales la más famosa es el Miserere de Gregorio Allegri.[10]

Dos importantes encuentros de artistas con el papa tuvieron lugar en la Capilla Sixtina. El 7 de mayo de 1964, Pablo VI convocó allí una misa con artistas. En su discurso final, subrayó la íntima vinculación entre arte y religión, y ofreció a los artistas una alianza de amistad.[11] El 21 de noviembre de 2009, más de 260 artistas se reunieron en la Capilla Sixtina con Benedicto XVI, quien pronunció un discurso sobre la belleza poniendo como ejemplo el fresco El Juicio Final de Miguel Ángel.[12]

Cónclave

Fumata blanca y fumata negra.

Una de las funciones principales de la Capilla Sixtina es la de servir como sede del cónclave del Colegio cardenalicio, en el que se elige al papa. Durante el cónclave se instala una chimenea en el tejado de la capilla, y el humo, al ser visto desde la plaza de San Pedro, actúa como señal. Si sale humo blanco (fumata blanca), formado al quemarse en una estufa las papeletas de la elección, significa que el cónclave ha finalizado y que se ha elegido a un nuevo papa.

Si ningún candidato obtiene la mayoría (dos tercios de los votos), sale humo negro (fumata negra), formado al quemarse las papeletas junto con paja húmeda y algunos productos químicos, que indica que todavía no ha habido una elección satisfactoria.[13]

El cónclave también proporciona a los cardenales un lugar en el que pueden oír misa, comer, dormir y pasar el tiempo, asistidos por personal de servicio. Los cónclaves han sido celebrados en el Vaticano desde 1455 (desde 1878 siempre en la Capilla Sixtina). El primer cónclave celebrado en la Capilla Sixtina fue el de 1492, en el que fue elegido papa Alejandro VI. Hasta el Cisma de Oriente se celebraban en la basílica dominica de Santa Maria sopra Minerva.[14] La constitución apostólica Universi Dominici Gregis, promulgada por Juan Pablo II en 1996, establece que los cardenales se alojen en la Casa de Santa Marta durante el cónclave, pero que las votaciones se realicen en la Capilla Sixtina.[15]

Antiguamente, todos los cardenales electores se sentaban en tronos con dosel durante el cónclave como signo de equivalente dignidad. Después de que el nuevo papa aceptaba su elección y daba su nuevo nombre, los cardenales tiraban de una cuerda atada a sus asientos para bajar sus doseles en señal de respeto y obediencia al elegido. Hasta las reformas establecidas por Pío X, los palios eran de diferentes colores para distinguir a los cardenales nombrados por cada papa. Pablo VI abolió el uso de los palios debido a que, durante su papado, el número de cardenales había aumentado hasta el punto de que tenían que sentarse en dos filas, y los palios obstruían la visión de los cardenales de la fila trasera.

Para preservar el pavimento de mármol de la Capilla Sixtina, durante el cónclave se instala una tarima flotante de madera que cubre todo el suelo de la capilla, además de una rampa en la entrada para los cardenales que necesiten desplazarse en silla de ruedas.

Arquitectura

Estructura

Vista exterior de la Capilla Sixtina.

La capilla es un edificio alto y rectangular, y sus medidas exactas son difíciles de determinar, ya que solo se conocen las del interior: 40,9 metros de largo por 13,4 metros de ancho, las mismas dimensiones del Templo de Salomón según el Antiguo Testamento.[16]

El exterior no tiene adornos arquitectónicos ni escultóricos, como es común en muchas iglesias medievales y renacentistas italianas. No tiene fachada principal ni entradas exteriores; solo es accesible desde del interior del Palacio Apostólico, y el exterior solo es visible desde las ventanas de alrededor o desde los patios interiores del palacio. El hundimiento y agrietamiento de la mampostería también ha afectado al edificio, lo que ha requerido la construcción de grandes contrafuertes para reforzar las paredes exteriores. La construcción de otros edificios contiguos también ha alterado el aspecto original del exterior.

El espacio interno está dividido en tres niveles, de los cuales el inferior es un sótano alto con varias ventanas utilitarias y un acceso al patio exterior. El sótano está cubierto por una robusta bóveda que sustenta la capilla. Encima está el espacio principal, la Capilla Sixtina, cuya bóveda está a una altura de 20,7 metros. El edificio tenía originalmente seis ventanas altas y arqueadas en cada lado y dos en cada extremo, pero algunas de ellas han sido tapiadas. Sobre la capilla hay otra planta con salones para la Guardia Suiza. En esta planta se construyó una pasarela al aire libre que sobresalía de la fachada y rodeaba el edificio, sustentada por una arcada que surge de las paredes. Esta pasarela ha sido cubierta, pues originaba goteras que se filtraban hacia la bóveda de la capilla.

Interior

Grabado del siglo XIX que muestra el aspecto de la Capilla Sixtina a finales del siglo XV, antes de la intervención de Miguel Ángel.

Las proporciones del interior de la capilla utilizan la longitud como medida de referencia: al dividirla por tres se obtiene el ancho y al dividirla por dos se obtiene la altura. Para mantener esta proporción, la capilla contaba con seis ventanas en cada lado longitudinal y dos en cada extremo. Estas proporciones claramente definidas constituyen una característica de la arquitectura renacentista y reflejaban el creciente interés por la herencia clásica de clásica de Grecia y Roma.

El techo de la capilla es una bóveda de cañón rebajada que arranca de un marcapiano que recorre el perímetro de las paredes a la altura de los arcos de las ventanas. Estos están rodeados por lunetos que enmarcan dichas ventanas. La bóveda está seccionada transversalmente por bóvedas menores formadas sobre cada ventana, que la dividen en su parte inferior en una serie de pechinas elevadas sobre pilastras situadas entre los vanos. La bóveda de cañón estaba pintada originalmente de color azul brillante con estrellas doradas, según un diseño de Piermatteo d'Amelia.[7]

Interior de la Capilla Sixtina, con la transenna en primer plano.

El pavimento es de estilo cosmatesco, un tipo de decoración que emplea mármol y piedras de distintos colores dispuestas en patrones geométricos. Este diseño refleja las proporciones del espacio interior y también marca el recorrido procesional desde la puerta principal, utilizado por el papa en ceremonias solemnes como el Domingo de Ramos.

La mampara o transenna de mármol, obra de Mino da Fiesole, Andrea Bregno y Giovanni Dalmata divide la capilla en dos partes.[17] Originalmente estaba situada en el centro de la capilla, dejando el mismo espacio para los miembros de la Capilla Pontificia, en el lado del altar, y para los peregrinos y los ciudadanos al otro lado. Sin embargo, al aumentar el número de miembros del séquito papal, la mampara fue desplazada, reduciendo la zona de los fieles. La transenna está coronada por una hilera de candeleros ornamentales, antiguamente dorados, y tiene una puerta de madera que sustituye a una antigua puerta ornamental de hierro forjado dorado. Los escultores de la transenna también realizaron la cantoria o púlpito para el coro.

Decoración

Historia

Diagrama de la decoración de las paredes y el techo de la Capilla Sixtina.

La primera etapa de la decoración de la Capilla Sixtina fue la pintura de la bóveda en azul cielo salpicado de estrellas doradas y con bordes decorativos alrededor de los detalles arquitectónicos de las pechinas. Esta decoración fue posteriormente sustituida por la obra de Miguel Ángel.

Del diseño actual, la primera parte fue la decoración de las paredes laterales, que están divididas en tres secciones. En la sección central hay dos series de paneles que se complementan entre sí: La vida de Moisés en la pared norte y La vida de Cristo en la pared sur. Fueron encargadas en 1480 por Sixto IV y realizadas por Pietro Perugino, Domenico Ghirlandaio, Sandro Botticelli y Cosimo Rosselli junto a algunos de sus aprendices. Es posible que el proyecto fuera supervisado por Perugino, cuyo trabajo fue anterior al de los florentinos. También es posible que la contratación de Ghirlandaio, Botticelli y Rosselli fuera una forma de reconciliación entre Lorenzo de Médici, líder de facto de Florencia, y Sixto IV. Los tres florentinos empezaron a trabajar en la Capilla Sixtina en la primavera de 1481.

Bajo los frescos de La vida de Moisés y La vida de Cristo, la parte inferior de las paredes está decorada con cortinajes de oro y plata pintados en trampantojo. Sobre los frescos, la parte superior está dividida en dos zonas. En la zona inferior, entre las ventanas, hay una galería de retratos de papas, pintada al mismo tiempo que los frescos. Sobre de los arcos de las ventanas se sitúan los lunetos, donde aparecen los antepasados de Cristo, pintados por Miguel Ángel como parte de la decoración de la bóveda.

La decoración de la bóveda fue encargada por Julio II y realizada por Miguel Ángel entre 1508 y 1512. Originalmente, el encargo consistía en pintar a los doce apóstoles en las pechinas que sustentan la bóveda; sin embargo, Miguel Ángel exigió tener carta blanca en el diseño de la decoración. En la parte central de la bóveda pintó una serie de nueve escenas del Génesis que muestran la creación, el pecado original y la caída del hombre. En las pechinas están pintados doce hombres y mujeres, los profetas y las sibilas, que anunciaron la venida de Jesucristo para la salvación de la humanidad. En los lunetos situados sobre las ventanas están pintados los antepasados de Cristo.

Tapices de Rafael expuestos en la Capilla Sixtina.

En 1515, Rafael recibió el encargo de León X de diseñar una serie de diez tapices destinados a colgarse en la zona inferior de las paredes.[18] Estos tapices representan episodios de la vida de san Pedro y la vida de san Pablo tal se describen en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles. El trabajo comenzó a mediados de 1515 y, debido a su gran tamaño, los tapices fueron tejidos en Bruselas a lo largo de cuatro años por los artesanos del taller de Pieter van Aelst.[19]

Dibujo de Pinturicchio del fresco de La Asunción perdido de Perugino en la Capilla Sixtina.

Los tapices de Rafael fueron expoliados durante el Saco de Roma de 1527 y algunos fueron quemados para obtener el metal precioso que contenían, mientras que otros se dispersaron por Europa. A finales del siglo XX se reunió una colección a partir de varias series tejidas posteriormente, y volvieron a exponerse en la Capilla Sixtina en 1983. Desde entonces continúan utilizándose ocasionalmente en ceremonias de particular importancia. Los cartones o bocetos preparatorios para siete de los diez tapices son conocidos como Cartones de Rafael y se conservan en el Museo de Victoria y Alberto de Londres.[20]

En este punto, toda la decoración seguía un programa iconográfico consistente. En el diseño para la bóveda ideado por Julio II, los retratos de los papas habrían quedado situados bajo los de los apóstoles, simbolizando la sucesión apostólica. Existe la teoría de que el diseño de la decoración fusionaba los dos Testamentos bíblicos, con el Antiguo profetizando el Nuevo y sintetizando de esta manera la lógica de la Biblia cristiana.[21]

Sin embargo, este programa fue alterado cuando, años más tarde, Miguel Ángel recibió el encargo de decorar la pared del altar con El Juicio Final, que realizó entre 1536 y 1541. La realización de este mural obligó a eliminar dos de los frescos centrales (que representaban La Natividad y El hallazgo de Moisés), varios retratos de los papas y dos lunetos de los antepasados.

Frescos laterales

Pared sur

La pared sur está decorada con las Historias de Moisés, pintados entre 1481 y 1482. Partiendo desde el altar, son:

Historias de Moisés
Vuelta de Moisés a Egipto y circuncisión de Eliezer
Vuelta de Moisés a Egipto y circuncisión de Eliezer  
Pruebas de Moisés
Pruebas de Moisés  
Paso del Mar Rojo
Paso del Mar Rojo  
Descenso del Sinaí
Descenso del Sinaí  
Castigo de los rebeldes
Castigo de los rebeldes  
Testamento y muerte de Moisés
Testamento y muerte de Moisés  

Pared norte

La pared norte alberga los frescos de La vida de Cristo, también pintados entre 1481 y 1482 y que incluyen:

Historias de Cristo
Bautismo de Cristo
Bautismo de Cristo  
Tentaciones de Cristo
Tentaciones de Cristo  
Vocación de los Apóstoles
Vocación de los Apóstoles  
Sermón de la montaña y la curación del leproso
Sermón de la montaña y la curación del leproso  
Entrega de las llaves a San Pedro
Entrega de las llaves a San Pedro  
La Última Cena
La Última Cena  

Pared oeste

En la pared oeste hay dos frescos que sustituyen a los originales, pintados por Ghirlandaio y Luca Signorelli respectivamente, que fueron destruidos por el hundimiento del arquitrabe de la puerta en 1522:

Resurrección de Cristo
Resurrección de Cristo  
Disputa sobre el cuerpo de Moisés
Disputa sobre el cuerpo de Moisés  

Frescos de Miguel Ángel

La creación de Adán, la más famosa de las imágenes de la bóveda.

En 1508, Julio II encargó a Miguel Ángel repintar el techo de la capilla.[22] Originalmente estaba pintado como un cielo azul con estrellas doradas. El trabajo comenzó el 10 de mayo de 1508 y se prolongó hasta el 31 de octubre de 1512.[23] Años más tarde, entre 1536 y 1541, pintó también El Juicio Final sobre la pared del altar, por encargo de Paulo III.[24]

Miguel Ángel quedó intimidado por la magnitud del encargo y dejó claro desde el principio que prefería rechazarlo. Él se consideraba escultor antes que pintor, y sospechaba que algunos de sus rivales habían aconsejado al papa que le encargase un proyecto de tan gran escala para verle fracasar. Para Miguel Ángel, el proyecto solo suponía una distracción de su trabajo como escultor de mármol, que le había mantenido ocupado durante los años previos.[25]

Las fuentes de inspiración de Miguel Ángel no están fácilmente determinadas; teólogos joaquinistas y agustinianos se encontraban dentro del ámbito de influencia de Julio II.[26]

Bóveda

Fragmento de la bóveda de la Capilla Sixtina.

Para alcanzar el techo, Miguel Ángel necesitaba un soporte que fuera fácil de desmontar para no entorpecer las celebraciones en la capilla. La primera idea fue del arquitecto del papa, Donato Bramante, que diseñó un andamio suspendido del techo mediante cuerdas. Miguel Ángel consideró esta idea totalmente inadecuada, ya que dejaría marcas visibles en el techo una vez terminado el trabajo, y decidió diseñar el andamio él mismo.

El lugar de sujeción del andamio se aprecia en la base de este luneto.

El problema fue planteado ante el papa, que autorizó a Miguel Ángel a construir su propio andamio. El artista ideó una plataforma de madera apoyada en ménsulas formadas a partir de agujeros en las paredes, a la altura de las ventanas. Contrariamente a la creencia popular, no tenía que tumbarse sobre el andamio para pintar, sino que pintaba de pie.[27]

Miguel Ángel usó colores vivos, fácilmente visibles desde el suelo. En los lunetos situados sobre las ventanas pintó a los antepasados de Cristo. Sobre ellos, en las pechinas, pintó en orden alternativo a los profetas y a las sibilas, con Jonás sobre el altar y Zacarías en el otro extremo. En la parte central pintó nueve escenas del Génesis. Originalmente solo se le encargó pintar doce figuras, los Apóstoles. El artista rechazó el trabajo porque se consideraba escultor, no pintor, y el papa le dio permiso para pintar las escenas y figuras bíblicas que eligiera, como compensación. Al concluir el trabajo, había pintado más de 300 figuras, que mostraban la creación, Adán y Eva en el Jardín del Edén y el Diluvio Universal.

La bóveda tiene unas dimensiones de 40 metros de largo por 13 de ancho, lo que significa que Miguel Ángel pintó unos 520 m2 de frescos.[28]

El Juicio Final

El Juicio Final.

El Juicio Final fue pintado por Miguel Ángel entre 1536 y 1541, tras el Saqueo de Roma de 1527 por las fuerzas mercenarias del Sacro Imperio Romano Germánico, que terminaron con el Renacimiento romano, y poco antes del Concilio de Trento, que comenzó en 1545. La obra fue diseñada a gran escala y abarca toda la pared detrás del altar de la Capilla Sixtina. El Juicio Final es una representación de la segunda venida de Cristo y el Apocalipsis. Las almas de la humanidad se elevan o descienden, juzgadas por Cristo, situado en el centro del fresco, con los santos a su alrededor. En la parte inferior izquierda, los muertos salen de sus tumbas y ascienden para ser juzgados. A la derecha están aquellos que son enviados al infierno, arrastrados por los demonios.

La pared en la que El Juicio Final está pintado se inclina ligeramente sobre el espectador en su parte alta, y está pensado así para que el fresco infunda temor y respeto al poder de Dios. A diferencia de los otros frescos de la capilla, las figuras son muy musculosas y parecen algo torturadas, incluso la Virgen María, en el centro junto a Cristo, parece estar encogida.

El Juicio Final fue objeto de disputa entre el cardenal Gian Pietro Carafa (futuro papa Paulo IV) y Miguel Ángel. El artista fue acusado de inmoralidad y obscenidad por representar figuras desnudas. Carafa y monseñor Sernini (embajador de Mantua) organizaron una campaña de censura (conocida como la «Campaña de la hoja de parra») para borrar los frescos. Por su parte, el maestro de ceremonias del papa, Biagio da Cesena, dijo que era vergonzoso que en un lugar tan sagrado se hubieran representado todas esas figuras desnudas y que esa decoración era propia de un baño público o de una taberna, pero no de una capilla papal.[29] Como respuesta, Miguel Ángel lo representó en el fresco como Minos, el juez del infierno. Se dice que cuando Cesena se quejó al papa, el pontífice respondió que su jurisdicción no incluía el infierno, por lo que el retrato se mantendría. Miguel Ángel también pintó su autorretrato en la piel desollada que sostiene san Bartolomé.

Los genitales de algunas de las figuras fueron cubiertos más tarde por el artista Daniele da Volterra,[30] al que este trabajo le hizo ganarse el apodo de Il Braghettone («El Pintacalzones»).

Restauración y controversia

Sin haber visto la Capilla Sixtina, uno no puede formarse una idea apreciable de lo que el ser humano es capaz de lograr.
Johann Wolfgang Goethe, 23 de agosto de 1787[31]
El Juicio Final, antes y después de la restauración.
El profeta Daniel, antes y después de la restauración.

Entre junio de 1980 y octubre de 1984 se llevó a cabo la primera parte de la restauración de los frescos de la Capilla Sixtina, que consistió en trabajar en los lunetos pintados por Miguel Ángel. Posteriormente, el trabajo continuó en la bóveda, cuya restauración comenzó en noviembre de 1984 y concluyó en diciembre de 1989, y para finalizar se restauró El Juicio Final. Para realizar estas labores, los restauradores instalaron unos andamios sujetos a unos huecos en la pared a la altura de las ventanas, los mismos que había utilizado Miguel Ángel para sujetar su andamio. La restauración completa fue presentada ante el público el 8 de abril de 1994, cuando Juan Pablo II la inauguró.[32] La última fase consistió en la restauración de los frescos de las paredes, aprobada en 1994 y presentada el 11 de diciembre de 1999.[33]

La parte de la restauración que causó mayor preocupación fue el techo. La aparición de colores brillantes en las figuras de los antepasados de Cristo hizo temer que los procesos empleados en la limpieza eran demasiado agresivos y pudieran alterar el aspecto original de las pinturas.

El problema principal radicaba en el análisis y la comprensión de las técnicas usadas por Miguel Ángel, así como determinar la forma más adecuada en la que los restauradores debían intervenir sobre ellas. Un examen detallado de los frescos de los lunetos convenció a los restauradores de que Miguel Ángel trabajó exclusivamente en buon fresco, es decir, sobre yeso recién aplicado y completando cada sección del trabajo mientras el yeso estaba aún fresco. En otras palabras, Miguel Ángel no trabajó a secco; no añadió detalles más tarde sobre el yeso ya seco.

Los restauradores también dejaron algunas pequeñas secciones sin limpiar —alrededor de El Juicio Final— para que pudiera apreciarse el contraste entre el estado de las pinturas antes y después de la restauración.

Los restauradores, partiendo de la idea de que el artista concibió la pintura como una obra integral, dieron un enfoque igualmente integral a la restauración. Se concluyó que toda la capa oscura de cola animal, humo y cera, así como las zonas repintadas, representaban contaminación de algún tipo: depósitos de humo, intentos de restauración anteriores y repintes realizados por restauradores posteriores con intención de revitalizar la apariencia de la obra. Basándose en esta decisión, según los datos de restauración que se han proporcionado, los científicos del equipo de restauración decidieron utilizar un disolvente que eliminara todas las capas añadidas y devolviera el techo a su superficie original de yeso impregnado de pigmento. Después de este tratamiento, solo permanecería lo pintado a buon fresco.[34]

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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