Cardenal
eclesiástico de alto rango de la Iglesia católica
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Un cardenal[1][2] , es el título honorífico más alto que puede conceder el papa dentro de Iglesia católica. Quienes lo reciben quedan integrados como miembros del clero de la diócesis de Roma, mediante la asignación de una iglesia titular, y se convierten en miembros del Colegio Cardenalicio y asesores del papa, que es obispo de Roma, normalmente de forma vitalicia.[3] También son los encargados de elegir un nuevo papa en un cónclave cuando la Santa Sede está vacante. Salvo algunas excepciones históricas, los papas son elegidos entre los miembros del Colegio Cardenalicio.[4]

Dado que en sus orígenes los cardenales eran clérigos de la diócesis de Roma, cada cardenal tiene asignado un titulus, que puede ser un obispado suburbicario (etimológicamente, «inferior en la ciudad»), un título presbiterial o la diaconía de un templo de Roma.
Los cardenales son «creados», por libre decisión del papa, en una ceremonia llamada consistorio público. Aunque no existen criterios estrictos para ser elegido cardenal, muchos cardenales gobiernan diócesis o archidiócesis importantes en todo el mundo; otros son obispos titulares, como prefectos de dicasterios y otros organismos vinculados a la Curia. Un número muy reducido son sacerdotes reconocidos por el papa por su servicio a la Iglesia. El derecho canónico exige que, por lo general, sean consagrados como obispos antes de ser nombrados cardenales,[5] pero a algunos se les concede una dispensa papal. [7] Desde 1917, los cardenales deben ser al menos sacerdote, pero en el pasado hubo cardenales laicos.
Etimología


Aunque existen dudas sobre el origen del término, el consenso principal sugiere que el término proviene del latín cardinalis, a su vez del término cardo, que significa «pivote» o «bisagra». Se utilizó por primera vez en la Antigüedad tardía para designar a un obispo o sacerdote que se incorporaba a una iglesia para la que no había sido ordenado originalmente.
En Roma, las primeras personas en ser llamadas cardenales fueron los diáconos de las siete regiones de la ciudad a principios del siglo VI, cuando la palabra comenzó a significar «principal», «eminente» o «superior».[8] El término se aplicó en este sentido ya en el siglo IX a los sacerdotes de los tituli (parroquias) de la diócesis de Roma.[9]
En otras ciudades el nombre «cardenal» comenzó a aplicarse a ciertos clérigos como una marca de honor. Así lo señalan ejemplos como una carta enviada por el papa Zacarías en 747 a Pipino el Breve, gobernante de los francos, en la que el papa aplicaba el título a los sacerdotes de París para distinguirlos del clero rural. Este significado de la palabra se extendió rápidamente y, a partir del siglo IX, varias ciudades episcopales contaban con una clase especial entre el clero conocida como cardenales. [9]
El uso del título fue reservado a los cardenales de Roma en 1567 por Pío V.
Historia
Orígenes
Originalmente, los cardenales, surgen de los presbíteros de los 25 títulos o iglesias parroquiales de Roma, de los 7 (luego 14) diáconos regionales y 6 diáconos palatinos y de los 7 (en el siglo XII, 6) obispos suburbicarios. Su función principal fue la de servir como consejeros y colaboradores del papa, obispo de Roma. [10] Por decreto del sínodo de 769, solo un cardenal podía ser elegido obispo de Roma.[8]
A partir del año 1150 formaron el Colegio Cardenalicio con un decano, que es el obispo suburbicario de Ostia, y un camarlengo en calidad de administrador de los bienes. [10]
Con la constitución apostólica In nomine Domini, promulgada por el papa Nicolás II en 1059, cinco años después del Cisma de Oriente y Occidente, el derecho a elegir al papa quedó reservado a los obispos de las sedes suburbicarias.
En 1179, el papa Alejandro III (constitución apostólica Licet de vitanda discordia) extendió a todos los cardenales este derecho; y en 1274 Gregorio X fijó que, para la elección del papa, eran precisos los dos tercios de los votos de los cardenales reunidos (constitución apostólica Ubi periculum).
En el siglo XII comenzó la práctica de nombrar cardenales a eclesiásticos de fuera de Roma, a cada uno de los cuales se le asignaba una iglesia en Roma como su iglesia titular o vinculada a una de las diócesis suburbicarias, sin dejar de estar incardinados en una diócesis distinta a la de Roma.
El cardenalato y el poder
En la Edad Moderna, los cardenales solían desempeñar funciones importantes en los asuntos seculares y, en algunos casos, puestos de poder en el gobierno. La influencia de los gobernantes temporales, en particular los reyes de Francia, España y Austria, se reafirmó a través de la influencia de cardenales de determinadas nacionalidades o movimientos políticamente significativos. Incluso se desarrollaron tradiciones que daban derecho a determinados monarcas a elegir a uno de sus súbditos clérigos de confianza para ser creado cardenal, el llamado «cardenal de corona». [11]
De hecho, en la Inglaterra de Enrique VIII, su primer ministro fue durante algún tiempo el cardenal Wolsey. El poder de los cardenales franceses Richelieu, Julio Mazarino, Guillaume Dubois y André Hercule de Fleury fue tan grande que durante muchos años fueron, de forma sucesiva, consejeros y hombres de Estado en el Reino de Francia. [12][11] En Portugal, debido a una crisis de sucesión, un cardenal, Enrique de Portugal, fue coronado rey, el único ejemplo de cardenal-rey (aunque Juan II Casimiro Vasa fue cardenal antes que rey de Polonia).[13] En España, también destacaron figuras como las de los cardenales Mendoza, Cisneros, Adriano de Utrech (futuro papa Adriano VI) o el cardenal Alberoni .[14]
En el año 1563, el Concilio de Trento, presidido por el papa Pío IV, escribió sobre la importancia de seleccionar buenos cardenales:
«[N]ada es más necesario para la Iglesia de Dios que el santo pontífice romano aplique esa solicitud que, por el deber de su cargo, debe a la Iglesia universal de manera muy especial, asociando consigo como cardenales solo a las personas más selectas y nombrando para cada iglesia pastores eminentemente rectos y competentes; y esto tanto más, porque nuestro Señor Jesucristo le exigirá la sangre de las ovejas de Cristo que perecen por el mal gobierno de pastores negligentes y olvidadizos de su oficio».
El tamaño del Colegio Cardenalicio
La pertenencia al Colegio cardenalicio funciona por cooptación, pues es el papa quien nombra a los cardenales que, a su vez, nombrarán al siguiente papa. El tamaño del colegio cardenalicio ha sido objeto de numerosas reformas y cambios de composición. [10]
El Colegio de Cardenales tiene como máximas jerarquías el decano, el vicedecano (véase "cardenales obispos") y el camarlengo, oficial mayor de la Santa Sede, al cual compete la organización de la sede vacante y del cónclave. Dispone además de un prelado secretario y de un tesorero, cargos estos no necesariamente ocupados por cardenales.
Cardenales electores
De acuerdo con el motu proprio Cum ingravescentem aetatem de 1970 y las constituciones apostólicas Romano Pontifici Eligendo de 1975 y la más reciente Universi Dominici Gregis de 1996, todo cardenal pierde su condición de elector si cumple los 80 años de edad antes de que se declare la sede vacante.[15]
De este modo algunos cardenales, especialmente del orden de los diáconos (a menudo distinguidos con el cardenalato como reconocimiento a una excelente carrera), que han sido nombrados cuando ya sobrepasaban esa edad, nunca ostentarán la condición de electores.
Procedencia geográfica
Aunque originalmente el cardenalato estuviera ligado al clero romano, desde la Edad Media han existido cardenales de diferentes lugares del mundo. Hoy en día, los titulares de algunas sedes relevantes a nivel internacional suelen ser nombrados cardenales. Además, algunos países tienen derecho a al menos un cardenal por concordato, pero casi ninguna sede tiene derecho real al cardenalato, ni siquiera si su obispo es un patriarca.
La excepción más notable es el patriarca de Lisboa, a quien, por la bula Inter praecipuas apostolici ministerii del papa Clemente XII de 1737, se le concede el derecho a ser elevado al rango de cardenal en el consistorio tras su nombramiento. [16]

Iglesias titulares
A cada cardenal se le asigna una iglesia titular tras su nombramiento, que siempre es una iglesia de la ciudad de Roma. A través del proceso de optación, un cardenal puede ascender en el escalafón desde cardenal diácono a cardenal presbítero, y anteriormente podía ascender de cardenal presbítero a cardenal obispo.[17]
Los patriarcas de las Iglesias católicas orientales que son nombrados cardenales también tienen la consideración de cardenales obispo. [18]
Los cardenales no tienen poder de gobierno ni deben intervenir de ninguna manera en asuntos relacionados con la administración de bienes, la disciplina o el servicio de sus iglesias titulares.[19] Se les permite celebrar la misa, escuchar confesiones y dirigir visitas y peregrinaciones a sus iglesias titulares, en coordinación con el personal de la iglesia. A menudo apoyan económicamente a sus iglesias, y muchos cardenales mantienen contacto con el personal pastoral de sus iglesias titulares.
El decano del Colegio Cardenalicio, además de dicha iglesia titular, también recibe el obispado titular de Ostia, la principal sede suburbicaria. Los cardenales que gobiernan una iglesia particular, normalmente como obispos, también conservan dicha iglesia.[20]

Títulos, tratamientos y concesiones
En 1630, el papa Urbano VIII decretó que su tratamiento fuera «Su Eminencia» (anteriormente había sido «Ilustrísimo y Reverendísimo»)[21] y decretó que su rango secular equivaldría al de príncipe, lo que los situaba en segundo lugar solo por detrás del papa y los monarcas coronados.[22][23]
De igual modo, los cardenales reciben el tratamiento de Su Eminencia (S. E.) si no son obispos y Su Eminencia Reverendísima (o S. E. R.) cuando se trata de un cardenal que es obispo o arzobispo al mismo tiempo, aunque en ocasiones se utiliza también la fórmula "Eminentísimo y Reverendísimo Señor" (Emmo. y Rvdmo. Sr. si se usan abreviaturas) o simplemente Eminencia.
De acuerdo con la tradición, firman colocando el título «Cardenal» (abreviado «Card.») después de su nombre personal y antes de su apellido, como, por ejemplo, «John Card(inal) Doe» o, en latín, «Ioannes Card(inalis) Doe». La fórmula «[Nombre] Cardenal [Apellido]» se utiliza en la latina proclamación de la elección de un nuevo papa por parte del cardenal protodiácono,[25] si el nuevo papa es cardenal, como ha sido el caso desde 1389.
Otra forma de referirse a los cardenales, especialmente en inglés es «Cardinal [Nombre] [Apellido]».[26][27][28][29] Este estilo también se sigue generalmente en los sitios web de la Santa Sede y las conferencias episcopales anglófonas.[30] Los patriarcas orientales que son nombrados cardenales suelen utilizar Sanctae Ecclesiae Cardinalis como título completo,[31] probablemente porque no pertenecen al clero romano.[18]
El título «príncipe de la Iglesia» se ha aplicado históricamente a los cardenales de la Iglesia católica y, en ocasiones, de forma más amplia, a los miembros de alto rango de la jerarquía eclesiástica. Fue rechazado informalmente por el papa Francisco, quien declaró ante un grupo de cardenales recién nombrados: «Él (Jesús) no os llama a convertiros en "príncipes" de la Iglesia, a "sentarse a su derecha o a su izquierda". Os llama a servir como Él y con Él».[32] El título se sigue aplicando en la actualidad, tanto de manera oficial como en otras ocasiones para criticar las actitudes percibidas de algunos cardenales. [33][34]
En el ámbito civil, los cardenales que residen en Roma gozan automáticamente de la ciudadanía y del pasaporte del Estado de la Ciudad del Vaticano.
El cardenalato

La condición de cardenal es un título honorífico (ajeno al sacramento del Orden). En el pasado, se nombró cardenal a personas que no eran sacerdotes: el último de ellos fue Teodolfo Mertel, cardenal diácono de S. Eustachio y posteriormente de S. Lorenzo in Damaso y protodiácono, que fue nombrado en 1858 y murió en 1899 sin haber recibido la ordenación sacerdotal.
La púrpura cardenalicia (de color púrpura escarlata) es conferida por el romano pontífice en unas ceremonias llamadas «consistorios», para que los elegidos puedan participar de la elección del sucesor del papa, actuando colegiadamente en caso de sede vacante o para actuar como asesores en distintas materias que sean importantes para el papa. Por ello muchos cardenales presiden secretarías, comités, comisiones, dicasterios y otras oficinas en la Santa Sede, y además muchos de ellos rigen las diócesis más importantes del mundo.
Según el Código de Derecho Canónico, los promovidos al cardenalato deben ser varones libremente elegidos por el sumo pontífice, que hayan recibido el orden del presbiterado y que se hayan distinguido notablemente en doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de sus asuntos.
Este canon sin embargo añade que «Los que aún no sean obispos, deben recibir la consagración episcopal». Compete al papa, no obstante, eximir de esta consagración al candidato a cardenal cuando existan razones de peso.
Órdenes
Los cardenales se organizan en tres órdenes:
- El orden episcopal: cardenales obispos.
- El orden presbiteral: cardenales presbíteros o de título.
- El orden diaconal: cardenales diáconos.
Cada cardenal, en el momento de ser nombrado, recibe una sede, un título o una diaconía sustentados en templos romanos que tradicionalmente disponen de este cargo. Mediante opción hecha en consistorio y aprobada por el papa, los cardenales del orden presbiterial pueden pasar de un título a otro (como Carlo Furno, quien en 2005 recibió el título de S. Cuore di Cristo Re y que al año siguiente lo cambió por el de S. Onofrio), y los del orden diaconal de una diaconía a otra (como Pietro Palazzini, creado en 1973 cardenal diácono de S. Pier Damiani in Monte S. Paolo y que al año siguiente optó por la diaconía de S. Girolamo della Carità).
A su vez, los cardenales diáconos que lleven un mínimo de diez años en ese orden, pueden optar al orden presbiterial. En estos casos, el título con la diaconía es elevado a título presbiteral pro illa vice (solo por esta vez).
Para ingresar en el orden episcopal o, dentro de él, para cambiar de sede suburbicaria, se requiere decisión directa del papa. La práctica habitual es que el papa escoja a un cardenal del orden presbiterial para promoverlo al orden episcopal, y no que cree un cardenal obispo ex novo.
Cardenales obispos
Los cardenales obispos son aquellos de mayor rango en el Colegio de Cardenales. Dado que normalmente todos los cardenales son obispos, el título de «cardenal obispo» solo significa que el cardenal ostenta el episcopado de una de las siete llamadas «diócesis suburbicarias», las sufragáneas de la diócesis de Roma, o bien es un patriarca de las Iglesias orientales católicas. El hecho de que las sedes episcopales ostenten un cardenal como titular no impide que puedan tener su propio obispo con potestad ordinaria.
Las sedes episcopales suburbicarias son: Ostia, Velletri-Segni, Frascati, Porto-Santa Rufina, Albano, Palestrina y Sabina-Poggio Mirteto.
Hasta 1961, la pertenencia a la orden de cardenales obispos se conseguía por precedencia en el Colegio Cardenalicio. Cuando una sede suburbicaria quedaba vacante, el cardenal de mayor precedencia podía ejercer su opción de reclamar la sede y ser ascendido a la orden de cardenales obispos.[35][37] El papa Juan XXIII abolió ese privilegio el 10 de marzo de 1961 y convirtió el derecho a promover a alguien al orden de cardenal obispo en prerrogativa exclusiva del papa.[38][41]
En 1965, el papa Pablo VI decretó en su motu proprio Ad purpuratorum Patrum Collegium que los patriarcas de las Iglesias católicas orientales que fueran nombrados cardenales (es decir, «cardenales patriarcas») también serían cardenales obispos, por debajo de los seis cardenales obispos de la Iglesia latina de las sedes suburbicarias.[42] Los patriarcas de la Iglesia latina que se convierten en cardenales son cardenales presbíteros, no cardenales obispos: por ejemplo, Angelo Scola fue nombrado Patriarca de Venecia en 2002 y cardenal presbítero de Santi XII Apostoli en 2003.
En el consistorio de junio de 2018, el papa Francisco aumentó el número de cardenales obispos de la Iglesia latina para equipararlo al aumento de cardenales presbíteros y cardenales diáconos en las últimas décadas. Cuatro cardenales presbíteros (Parolin, Sandri, Ouellet y Filoni), fueron elevados al rango de presbíteros, manteniendo sus iglesias titulares pro hac vice (temporalmente). [43] Con ello quedaron equiparados en todo a los titulares de las sedes suburbicarias.[44][45] El 1 de mayo de 2020 se hizo público lo mismo con Luis Antonio Tagle, aunque más tarde fue nombrado cardenal obispo de Albano tras la elección de León XIV.[46][47]
Cardenal decano
El decano es el cardenal obispo que está a la cabeza del Colegio de Cardenales (como primus inter pares, primero entre iguales). Es electo por y entre los cardenales obispos. Está ayudado por un vicedecano y la elección de ambos debe de ser confirmada por el papa. Antiguamente, la posición de decano correspondía al cardenal obispo con mayor antigüedad («decano»). Sin embargo, esto ya no es una regla exacta, pues se espera que el decano cumpla una serie de funciones clave durante la sede vacante y para ello debe estar en plenas facultades. De hecho, en 2002, el cardenal Bernardin Gantin llegó a los ochenta años de edad por lo que perdía su derecho a ser elector, y aunque nada ni nadie se lo exigía, con tal motivo dimitió del decanato del Colegio Cardenalicio. La antigüedad de los demás cardenales obispos de la Iglesia latina sigue determinándose por la fecha de nombramiento para el rango. Como las sedes suburbicarias son siete y los cardenales obispos son solo seis, el decano adopta el título de cardenal obispo de Ostia además del propio que ya tenía asignado con anterioridad. Entre los privilegios del obispo de Ostia está el de ordenar obispo al papa recién electo en caso de que no tuviera la ordenación episcopal. Esto ocurrió por última vez en 1831 cuando fue elegido papa Gregorio XVI, quien no era obispo al momento de su elección.
Cardenales presbíteros o de título

Los cardenales presbíteros (cardinales presbyteri) son los más numerosos de los tres órdenes de cardenales de la Iglesia católica, situándose por encima de los cardenales diáconos y por debajo de los cardenales obispos.[48] Este orden es el tradicionalmente más numeroso.
En la actualidad, el término «cardenal presbítero» se refiere a un cardenal que pertenece al orden de los presbíteros. Sin embargo, originalmente eran los párrocos de iglesias importantes de la Diócesis de Roma, que eran considerados los sacerdotes importantes, elegidos por el papa para asesorarle en sus funciones como obispo de Roma.
El cardenal que es el miembro más antiguo de la orden de cardenales presbíteros recibe el título de «cardenal protopresbítero». Tenía ciertas funciones ceremoniales en el cónclave que han dejado de existir porque, por lo general, ya habría cumplido los 80 años, edad a partir de la cual los cardenales no pueden participar en el cónclave. El actual cardenal protopresbítero es Michael Michai Kitbunchu, de Tailandia.
Cardenales diáconos
Tradicionalmente eran los diáconos romanos, pertenecientes a un orden eclesiástico inmediatamente inferior al sacerdocio. Hoy en día, son adscritos al orden diaconal los cardenales que no ostentan una jurisdicción episcopal ordinaria, sino que ocupan altos cargos en la Curia Romana, en el Estado de la Ciudad del Vaticano o bien se han distinguido en otros campos.
De entre los cardenales diáconos destaca el cardenal protodiácono (el de más antigüedad en el orden). El protodiácono, tras la finalización del cónclave y la elección del nuevo papa, anuncia a la multitud congregada en la Plaza de San Pedro el nombre del cardenal que ha sido elegido papa y el nombre con que será conocido como tal. A este anuncio se le conoce como habemus papam, por las primeras palabras en latín de la fórmula (Annuntio vobis gaudium magnum: habemus papam, que significan: «Os anuncio una gran alegría: tenemos [nuevo] papa»).
Antiguamente, competía al cardenal protodiácono en la coronación del papa colocarle la tiara papal. Tras la supresión del rito antiguo, el cardenal protodiácono solamente le impone el palio. [49]
Tipos especiales de cardenales
Camarlengo
El cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, asistido por el vicecamerlengo y los demás prelados de la oficina conocida como Cámara Apostólica, tiene funciones relevantes en el periodo sede vacante del papado. Su cometido es recopilar información sobre la situación financiera de todas las administraciones dependientes de la Santa Sede y presentar los resultados al Colegio Cardenalicio, cuando este se reúne para el cónclave papal. [50]
Cardenales que no son obispos
Hasta 1918, cualquier clérigo, incluso uno que solo tuviera órdenes menores, podía ser nombrado cardenal, pero solo se le inscribía en la orden de cardenales diáconos. El Código de Derecho Canónico de 1917 establecía que todos los cardenales, incluso los cardenales diáconos, debían ser sacerdotes,[51] y, en 1962, el papa Juan XXIII estableció la norma de que todos los cardenales fueran consagrados como obispos, incluso si en el momento de su nombramiento solo eran sacerdotes.[52]
Como consecuencia de estos dos cambios, el Código de Derecho Canónico de 1983 exige que un cardenal sea al menos sacerdote en el momento de su nombramiento, y que aquellos que aún no sean obispos deben recibir la consagración episcopal. Varios cardenales cercanos a los 80 años o mayores en el momento de su nombramiento han obtenido una dispensa de la norma de tener que ser obispos.
Un cardenal que no es obispo tiene derecho a llevar y utilizar las vestiduras e insignias episcopales (mitra, báculo, solideo, cruz pectoral y anillo). El cardenal no obispo también tiene precedencia sobre arzobispos y obispos no cardenales pero, sin embargo, no puede celebrar el sacramento conferidos al Orden sacerdotal ni otros ritos reservados exclusivamente a los obispos.
Cardenales in pectore o secretos

Además de los cardenales proclamados, un papa puede nombrar cardenales in pectore. A un cardenal in pectore solo lo conoce el papa; puede ser que ni siquiera el propio cardenal tenga noticia de su elevación. Los cardenales reservados in pectore lo son para protegerlos a ellos o a sus congregaciones de represalias en caso de conocerse su identidad, o bien para que su nombramiento no cree tensiones internacionales a la Santa Sede.
Si las condiciones cambian, de forma que un cardenal secreto no comporte ya mayores riesgos, el papa puede hacer público el nombramiento del cardenal in pectore en cualquier momento, ocupando el lugar de precedencia de su consistorio original.
Si un papa muere antes de revelar la identidad de un cardenal in pectore, el cardenalato expira. Este fue el caso ocurrido con el papa Juan Pablo II, quien se especula que nombró a un cardenal in pectore al final de su pontificado y que permaneció secreto incluso hasta la muerte del pontífice el 2 de abril de 2005.
Por el contrario, el último caso de un cardenal in pectore cuyo nombre fue dado a conocer más tarde es el de Marian Jaworski, arzobispo de Leópolis y primado de la Iglesia ucraniana de rito latino. Fue creado cardenal en 1998, pero su nombre permaneció reservado in pectore hasta que se procedió a su proclamación en el consistorio del 21 de febrero de 2001.
«Cardenales laicos»
En diversas épocas, ha habido cardenales que solo habían recibido la primera tonsura y las órdenes menores, pero que aún no habían sido ordenados como diáconos o sacerdotes.
Aunque eran clérigos, se les llamaba erróneamente «cardenales laicos». Teodolfo Mertel fue el último cardenale de este tipo, pues murió en 1899, sin haber sido ordenado sacerdote.
Con la revisión del Código de Derecho Canónico promulgado en 1917 por el Benedicto XV, los clérigos que todavía no hayan sido ordenados sacerdotes no pueden ser nombrados cardenales. [53]
Vestimentas
Desde 1464 a los cardenales se les distingue por sus vestimentas de color púrpura escarlata (de ahí que se les denomine coloquialmente purpurados). El color rojo simboliza la disposición del cardenal a morir por su fe.
Su hábito coral consta de:
- Una sotana de seda roja, con muceta del mismo tejido y color. La faja es también roja con flecos dorados.
- Un roquete, como símbolo de jurisdicción.
- Una cruz pectoral suspendida con un cordón rojo y dorado.
- Un solideo rojo.
- Una birreta de seda muaré roja, la cual es impuesta por el romano pontífice en una ceremonia especial después de su elección.
- Un anillo cardenalicio, que es distinto del de los obispos ordinarios. Los cardenales reciben este anillo como signo de su matrimonio con la Iglesia de Roma y con toda la Iglesia universal y en su interior suelen tener grabado el escudo de armas del papa que los ha creado.
- También usan, en ocasiones muy solemnes, la capa magna. Desde la reforma litúrgica está compuesta por seda roja. Anteriormente, existía también una versión de invierno con pieles de armiño.
- Zapatos negros, sin hebilla.
Además, al igual que los sacerdotes y obispos, los cardenales usan una sotana negra como hábito de calle, en su caso adornada con ribetes, botones y faja rojos. En algunas zonas de clima tropical los cardenales usan sotana blanca, con los mismos detalles escarlatas que se colocan en la negra que se usa en los demás países.

El capelo cardenalicio
Es un sombrero rojo escarlata de ala ancha, hoy en desuso salvo en heráldica. Era, en la antigüedad, el signo que llevaban los esclavos liberados. También lo usaban los ciudadanos libres en las fiestas y solemnidades. Significa la libertad gloriosa que se considera que gozan los cristianos.
Es la prenda cardenalicia más antigua, pues los cardenales obtuvieron el privilegio de llevar el sombrero rojo por el papa Inocencio IV en 1244.[8] Los cardenales continúan colocando un capelo rojo con quince borlas a cada lado, antiguo símbolo de su cargo, encima de su escudo de armas.
El anillo
Los obispos llevan un anillo signo de su desposorio con su Iglesia diocesana, donde hacen las veces de Cristo Esposo. Los cardenales reciben este anillo como signo de su desposorio con la Iglesia de Roma, y, por lo tanto, con toda la Iglesia Universal, al ser Roma la cabeza de las Iglesias particulares (las diócesis, que son la porción más pequeña en que se divide la Iglesia para su administración y gobierno).
Residencia
Si no tienen diócesis asignadas a su cargo, y trabajan en la Curia o en las Congregaciones romanas ayudando al papa en el gobierno de la Iglesia Universal, deben residir en la Ciudad del Vaticano.
Estando fuera de sus diócesis, no dependen de los obispos diocesanos para su actuación, ni deben pedirle permisos a estos. Muchos cardenales son arzobispos metropolitanos, patriarcas y primados.
Legaciones
Como Legados del Santo Padre para algún acontecimiento o evento, pueden actuar solamente en aquello para lo cual han sido delegados, sin meterse en ninguna otra cuestión (por ejemplo, los legados del Santo Padre para los Congresos Eucarísticos, etc.).