Música popular colombiana

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La música popular colombiana es un término utilizado en diferentes contextos para referirse a un variado número de expresiones musicales producidas en Colombia, entre finales del siglo XIX, durante todo el siglo XX, y hasta el día de hoy, principalmente en entornos urbanos.

Datos rápidos Orígenes musicales, Orígenes culturales ...
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Su formulación original, entre las décadas de 1910 y 1920, estuvo ligada a las discusiones sobre la diferencia entre las músicas tradicionales, folclóricas y populares asociadas a la cultura de masas y al registro grabado.[1]

Algunas acepciones de la década de 1940 incluyen, entonces, a las músicas producidas en la cordillera de los Andes; ya hacia los años 60, a la música tropical de la Costa Caribe Colombiana, y, ya a finales del siglo XX, influenciado por la producción industrial discográfica, la música guasca. Son excluidas, por su parte, las tradiciones de la música militar y de la llamada música académica, erudita, o clásica, provenientes de Europa, Estados Unidos, y las de las músicas populares latinoamericanas, provenientes de Cuba, Argentina y México.[1]

A comienzos del siglo XXI, la expresión es asociada con un género musical surgido en Antioquia, a mediados de los años 70. Allí se encontraron elementos de la música regional mexicana, de cantina, la carrilera, y la guasca. Para el siglo XXI, el término "música popular" comenzó a ser asociado mediáticamente con la música de carrilera, música de cantina, que es un género musical desarrollado en el departamento de Antioquia en Colombia. Se caracteriza por su estilo sencillo, letras sentimentales o de despecho, y fuerte arraigo en las costumbres rurales y festivas. Su difusión ha trascendido las zonas rurales para convertirse en uno de los géneros más escuchados en Colombia.[2] El género tiene influencias de la música regional mexicana (canción ranchera, mariachi, corrido, música norteña, bolero ranchero, música campirana (México), baladas mexicanas y huapango), así como del pasillo.[3] En sus orígenes, fue desarrollada por músicos campesinos que adaptaron estilos como la ranchera, el corrido, el bolero ranchero y el pasillo a sus propias vivencias y expresiones locales, dando lugar a una música con identidad propia: la guasca o montañera.[4]

Historia

Orígenes

La música popular colombiana comienza a desarrollarse en los contextos urbanos en la tercera década del siglo XIX. Miembros de las élites con acceso a instrumentos musicales y partituras estaban interesados por cuadrillas, minués, valses y contradanzas, polkas y mazurcas de origen europeo, y se tiene registro de eventos públicos en donde estas músicas eran interpretadas por bandas militares, así como de músicas y danzas de las clases populares en ciudades como Cartagena, en donde convivían gaitas indígenas y cabildos de negros donde se bailaba currulao.[5] Además, estudiosos de algunas fuentes de la época muestran que existía una audiencia creciente para las piezas operáticas ligeras, con arreglos para voz, piano, y a veces guitarra de seis cuerdas. Estas formas se mezclaban con formas locales y se "criollizaban", de acuerdo con el historiador británico Peter Wade, dando lugar a nuevos ritmos, como el pasillo, en Venezuela, Colombia y Ecuador, y la danza, en Cuba y Puerto Rico.[1][6][7]

Durante el siglo XX, su desarrollo se entrejió con los eventos del acontecer histórico nacional, como la llegada de nuevos medios de comunicación, la urbanización, y la aparición de un proletariado. Desde finales del siglo XIX, escritores, periodistas, investigadores, folcloristas y musicólogos discutieron la distinción entre la música popular y la música folclórica. Ya durante la primera mitad del siglo XX, la música popular empezó a ser asociada con la representación de visiones y gustos propios de sectores sociales populares urbanos (como los trabajadores), pero también con su distribución a través de medios de comunicación masiva; la segunda fue asociada con expresiones culturales regionales y mayoritariamente rurales (Andina, Caribe, Pacífico, Llanera), vistas como síntesis de tradiciones atemporales, "autóctonas" y poco alteradas en sus formas por su contacto con elementos "modernos". Al menos hasta la década de 1940, el bambuco y el pasillo fueron reconocidos como géneros centrales para la música popular del país, en voces como la de Pedro Morales Pino, músico nacido en Cartago, Valle, y llamado "padre de la música popular colombiana".[1]

Con Morales Pino, la música folclórica de la región Andina comenzó a consolidarse como "la música nacional". Su desempeño en la Academia Nacional de Música se materializó en canciones como "Los lunares", un vals que tuvo éxito en Bogotá, y "Cuatro Preguntas", y que tocó en tríos y cuartetos de guitarra y mandolina, hasta fundar la "Lira Colombiana", en 1897, una agrupación de diez músicos, a través de la cual se consolidó un repertorio de bambucos, pasillos y danzas. Con ella giró por América Central y Estados Unidos.[8][1]

Después de Morales, vino Emilio Murillo, uno de sus discípulos, y personaje representativo de la bohemia bogotana de comienzos del siglo XX. En 1908, Murillo formó su conjunto de cuerdas "Estudiantina Murillo", y entre 1910 y 1917 grabó algunos pasillos, gavotas, polkas, valses y el Himno Nacional Colombiano, en Estados Unidos con la Columbia Gramophone Company y la Victor Talking Machine Company. Más adelante, Murillo dirigió la "Banda Española".[1]

Al tiempo que Murillo, el bogotano Alejandro Wills se desenvolvió como músico en los primeros grupos de Morales Pino, y luego formó grupos con Arturo Patiño y Alberto Escobar. Con ellos tocó bambucos, pasillos y valses en cafés bohemios del centro de Bogotá, así como en serenatas, y en el cine. En 1914, grabó junto con Escobar para la Victor Talking Machine Company, y hasta 1919 realizaron giras por el país. En 1919 grabaron unas canciones en Estados Unidos, y entraron al mercado musical en México. En 1929, junto con Emilio Murillo fueron seleccionados para representar a Colombia en la Exhibición de Sevilla.[1][8]

Otro exponente de estos primeros años es Jorge Añez (1892 - 1952), quien nació en Bogotá, estudió música en el Conservatorio Nacional, e hizo parte de la "Lira Colombiana", antes de viajar a vivir a Estados Unidos entre 1917 y 1933. Allí, junto con el tenor colombiano Víctor Justiniano Rosales, grabó con la Victor en 1920 unos bambucos y pasillos con acompañamiento de guitarra y tiple. En 1923, junto con el músico panameño Alcides Briceño, conformó un dueto y grabó durante toda la década para la Victor, Columbia y Brunswick. Entre 1929 y 1931, creó la "Estudiantina Áñez", con quienes también grabó para las mismas editoras discográficas.[1][8]

Desde los años 40, la Radiodifusora Nacional de Colombia ha transmitido programas dedicados a la música regional colombiana y a la música popular latinoamericana, así como diversas cadenas de emisoras radiales que ayudaron a que, entre mediados y finales del siglo XX, la música popular colombiana se moviera de estereotipos orientados hacia Europa hacia la influencia tropical que ayudó a consolidar a la cumbia, el porro y el vallenato, entre otros ritmos de la costa Caribe colombiana, como la principal representación de la música popular colombiana.[1][9] [10][11][12][13]

Años 1950-1980

La música popular colombiana, tal como se denomina en el siglo XXI, se consolidó en Antioquia durante el siglo XX, especialmente en las zonas rurales y estaciones del tren entre Medellín y Puerto Berrío. La llegada de discos y emisoras con música mexicana, especialmente rancheras y corridos, influyó en la creación de una música autóctona con temáticas de despecho, fiesta y vida campesina.[14]

El auge del cultivo del café facilitó la expansión del género hacia otras regiones del país, como el Eje cafetero, Tolima, Huila, Cauca y Nariño, donde la música popular encontró una fuerte acogida entre recolectores y comunidades rurales.

Entre los artistas destacados en estas décadas figuran Las Hermanas Calle, Rómulo Caicedo, Gabriel Raymon, Luis Ramírez (El Caballero Gaucho) y Las Gaviotas. Se presentaban en cantinas, galleras, plazas de mercado y tiendas de barrio, reflejando las emociones de las clases populares.

Años 1980-1990

Surge una renovación musical con artistas como Darío Gómez, Luis Alberto Posada, El Charrito Negro y Galy Galiano. Introducen nuevas tecnologías en las grabaciones, amplían la instrumentación (piano, bajo eléctrico, violín, marimba) y modifican la estética visual. Esta etapa consolida la música popular como una expresión reconocida a nivel nacional.[15]

También emergen los llamados “corridos prohibidos”, con Uriel Henao como figura principal. La cantante Marbelle introduce un subgénero conocido como "tecnocarrilera", que mezcla sonidos electrónicos con temática tradicional.

Años 2000-actualidad

Durante el siglo XXI, el género se moderniza aún más, dando paso a una “nueva ola” con artistas como Jhonny Rivera, Giovanny Ayala, Pipe Bueno, Yeison Jiménez, Jessi Uribe, John Alex Castaño, Gency Ramírez, Alzate y Jimmy Gutiérrez. Estos intérpretes han logrado un gran reconocimiento, incluso fuera del país, y han llevado la música popular a escenarios urbanos y digitales, incluyendo discotecas, emisoras nacionales y plataformas en línea.[16]

Artistas más populares del género musical

Véase también

Referencias

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