Charro
término para designar a los hombres de a caballo en México
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El charro, en México, es el nombre de alguien que practica la charrería, considerada como el deporte nacional de este país.[1] Además de «charros», los rancheros mexicanos también fueron llamados «payos»,[2][3] «campiranos»[4] y, en algunos casos, «jarochos»;[5] este último pasó a ser únicamente utilizado para los vaqueros de Veracruz. El charro es el homólogo mexicano del gaucho argentino y uruguayo, el huaso chileno, el llanero colombo-venezolano, el chagra ecuatoriano y el qorilazo peruano.

La figura del charro se desarrolló históricamente a partir de las prácticas ecuestres rurales; partiendo de un origen con el ambiente ranchero, pero en el siglo XIX, adquirió una identidad sociocultural específica, especialmente asociada a la charrería.[6] En México, el ranchero era conocido por su condición de hábil jinete, por su destreza en el manejo del lazo[7] y por su traje típico diseñado especialmente para montar a caballo.[8][9][10]
Los charros son jinetes[11] tradicionales en México, donde se les considera un símbolo cultural.[12] Los estereotipos asociados a ellos comenzaron a consolidarse en el siglo XIX, en el marco de las guerras de independencia y del auge de los nacionalismos liberales.[12] Estos jinetes tienen raíces en tradiciones históricas y míticas que, en distintos momentos, fueron utilizadas por el poder político para expresar conceptos ideológicos, incluyendo contrastes entre civilización y salvajismo, así como entre lo autóctono y lo extranjero.[12]
Respecto al origen del charro, se han propuesto diversas hipótesis sobre la posible relación entre el charro mexicano y tradiciones ecuestres peninsulares, en particular las salmantinas, basadas en coincidencias terminológicas y ciertos paralelos culturales.[13] Según el antropólogo Héctor Manuel Medina Miranda, la documentación disponible no permite establecer una filiación directa, y la historiografía más reciente tiende a interpretar la charrería como el resultado de procesos locales desarrollados en el contexto novohispano, con influencias diversas.[13] No obstante, la introducción del caballo en América a partir de 1493 no solo transformó la guerra y el transporte, sino que trasladó a los territorios americanos prácticas, valores y jerarquías institucionales en torno al caballo y al jinete propias de la península ibérica.[14] Tras la conquista, la Nueva España se organizó bajo un sistema colonial que implantó instituciones, economía ganadera y prácticas ecuestres de origen castellano.[15]
Los primeros registros escritos del término «charro», en Portugal y Galicia, tenían una connotación peyorativa y se utilizaba de manera general para referirse despectivamente a las personas del campo, pero posteriormente, en la provincia de Salamanca, perdió progresivamente su carga peyorativa, consolidándose como una simple denominación del habitante de campo Charro, desprovista de sentido despectivo.[16] En México, al principio, también se usó con significado peyorativo, pero luego evolucionó a «hombre de a caballo del campo», «hábil vaquero», «magnífico jinete» y «elegante».[17][18][19] Aunque el término es común hoy en día en el país, su uso no estuvo muy extendido al principio, pues, se haya raramente en documentos y textos de la primera mitad del siglo XIX, popularizándose hasta la segunda mitad del siglo.[20]
Etimología

Los registros más antiguos de la palabra «charro» datan del siglo XVI, y aparece como voz de las lenguas portuguesa y gallega, con una connotación peyorativa, sinónimo de necio, bruto, tonto, vil y despreciable.[16][17] No obstante, la primera mención impresa del término en los repertorios lexicográficos se encuentra en el Diccionario de Autoridades (1729), donde se define charro, ra como la persona poco culta, nada pulida, criada en lugar de poca policía, y se añade que en la corte y en otras partes dan este nombre a cualquier persona de aldea.[16] En la misma obra aparece el derivado charrada, definido como mala crianza, acción o palabra de persona rústica, poco urbana y sin policía.[16]
Cabe admitir que charro, voz de origen portugués y gallego, documentada en un refrán oído hacia 1540 según la conjetura de Bauza Brey, mantuvo una presencia escasa y poco definida hasta finales del primer tercio del siglo XVIII.[16] Es probable que, a partir de ese momento, el término se difundiera desde Salamanca hacia la Corte y otras regiones hispánicas, donde quedó restringido al significado de aldeano o rústico.[16] En cambio, en Salamanca el vocablo fue perdiendo progresivamente su carga peyorativa, consolidándose como una simple denominación del habitante del campo salmantino, desprovista de sentido despectivo.[16]
El bachiller castellano Vicente de Olea recopiló la palabra en su «Vocablos Gallegos Escuros» (1536) donde la define como «loco».[23] Mientras que el paremiólogo español Hernán Núñez de Toledo la definió como sinónimo de «bobo» y especifica que es palabra de origen gallego en su obra «Refranes, o Proverbios en romance» (1555).[24] No obstante, José Luís Pensado, comentó en sus aportaciones a la historia de charro que, refranes como el recogido por Hernán Núñez, y luego adaptado por Correas y el P. Mir y Noguera, muestran alteraciones que mezclan sinónimos de manera arbitraria, incluyendo términos como "bobos", "sandios" y "charros".[16]
En 1729, la palabra fue incluida en el primer diccionario editado por la Real Academia Española, el Diccionario de Autoridades, donde fue definida como un adjetivo peyorativo usado para referirse a las personas provenientes del campo, aldeas o zonas rurales, sinónimo de paleto y rústico:
“La persona poco culta, nada pulida, criada en lugar de poca policía. En la Corte, y en otras partes dan este nombre á cualquier persona de aldea”
.[16] En la primera edición del diccionario de la RAE publicado en 1780, se mantuvo esa definición original, definiendo la palabra como: “la persona basta y rústica, como suelen ser los aldeanos”, pero en esta edición agregaron una segunda acepción: “adjetivo que se aplica á algunas cosas demasiadamente cargadas de adorno y de mal gusto”.[25] De tal manera, la palabra charro se usaba en el siglo XVIII como insulto o mote peyorativo para la gente del campo, por ser considerados gente tosca, grosera y rústica; y a cosas recargadas de adornos y de mal gusto, sinónimo de vulgar y ridículo.
En 1745, el jesuita vasco Manuel de Larramendi, argumentó que la palabra era de origen vascuence y que significaba “cosa ruin, y despreciable”, y afirmó que se les llamaba así a los aldeanos por desprecio.[26] Mientras que el historiador y filósofo catalán Antonio de Capmany, afirmaba que la palabra charro era de origen árabe y que originalmente significaba “malo, de la malicia moral y de costumbres”, y que pasó al castellano a significar “la malicia artística y del adorno”, así, algo “charro” es lo mismo que algo de mal gusto.[27][28] No obstante, parece ser que esta hipótesis no se sostiene, porque en la real academia aparece con origen vasco, txar; que significa 'defectuoso' o 'débil'.[29]
En su obra El libro del charro mexicano, Carlos Rincón Gallardo escribió:
“charro, charra”, adjetivo que también se usa como substantivo, se dice del “aldeano de tierra de Salamanca”; en lo figurado de lo “basto y rústico”, y en lo figurado y familiar —acepción ésta que por igual le damos acá—: de “algunas cosas demasiadamente cargadas de adorno, y de mal gusto”.[30]
En México, la palabra se registra desde el siglo XVIII, originalmente usado como un término despectivo para referirse a los Rancheros, las gentes de á caballo habitantes del campo y de las haciendas que ejercían todos sus oficios y quehaceres á caballo, que, por ser personas aldeanas y rústicas, eran percibidas como ignorantes, toscas, y nada sofisticadas.[31] Sin embargo, con el paso del tiempo, la palabra charro evolucionó en México hasta ser redefinida, pasando de ser un adjetivo despectivo a ser un sustantivo elogioso, sinónimo de ranchero u hombre de á caballo, hábil vaquero y buen jinete. En 1850, en el primer volumen de su libro —Los Misterios de México— el escritor y periodista español radicado en México, Niceto de Zamacois, definió lo que era un charro en nuestro país, como:[32]
“Charros: gente del campo que se compone mucho para montar á caballo”.
Origen

La introducción del caballo en América a partir de 1493 no solo transformó la guerra y el transporte, sino que trasladó a los territorios americanos prácticas, valores y jerarquías institucionales en torno al caballo y al jinete propias de la península ibérica.[14] La gestión de las poblaciones equinas influyó en el orden social y en las formas de gobierno municipal, regional y virreinal del imperio español temprano, así como en los límites del poder central.[14] Las condiciones ambientales y la disponibilidad de caballos condicionaron las estrategias de conquista y asentamiento, el acceso al estatus social, a cargos de gobierno y a la regulación jurídica.[14] Durante el siglo XVI, el crecimiento del ganado equino bajo dominio colonial favoreció tanto la adopción indígena del caballo como el desarrollo de tipologías y normativas sobre su cría, influyendo también en las prácticas de reproducción equina en la propia España.[14] El caballo desempeñó en América un papel relevante en la configuración de las jerarquías sociales, las formas de gobierno y la expansión imperial.[14]
Los primeros en ejercer el oficio de vaquero durante la primera etapa de la ganadería en México en el siglo XVI eran en su mayoría mulatos o negros, esto según una ordenanza de la Mesta, fechada el 5 de marzo de 1576.[33][34][35] Hacia principios del siglo XVII, tanto mestizos como Mulatos, y en menor medida indios, conformaban la mayoría de los Vaqueros en el país. Hernando Ruiz de Alarcón, sacerdote y juez eclesiástico español, escribió en su "Tratado de las supersticiones" (1629):[36]
“Como en esta tierra es tan forzoso, tan común y tan facil andar a caballo a todo genero de gente, por ser la tierra casi toda muy agra, muy distantes las poblaciones, los caminos faltos de provision y mucha cantidad de caballos y otras bestias, y con esto muchas vaquerías donde siempre se ocupan mucha cantidad de mulatos, mestiços, indios y gente vil; […] y aunque los mas de esta ocupacion de vaquería son mestizos o mulatos, con todo hago aqui mencion de esto, porque tambien se mezclan indios […]”
Fue durante aquella época, a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, cuándo comenzaron a surgir, en la región del Bajío y territorio Chichimeca, Vaqueros nómadas, que al lomo del caballo vagaban por aquellas regiones en busca de trabajo, principalmente en las estancias de ganado. A estos Vaqueros originalmente los llamaban “gentes de fuste” porque se la pasaban todo el tiempo al lomo de sus caballos; “Vagamundos” por ser nómadas sin un hogar fijo, y “Forajidos” porque muchos eran criminales, o por ser negros o mulatos fugitivos.[37] En un reporte fechado el 1 de abril de 1603 en Guadalajara, el licenciado oidor Gaspar de la Fuente denuncia la existencia de estos Vaqueros en el territorio de Nueva Galicia:[38]
“El número de mestizos y mulatos ha ido en tanto crecimiento en estos reinos y los excesos y delitos que cada día cometen de la misma manera, que traen a la gente atemorizada sin poderlo reparar porque bajo el título de Baqueros andan a cavallo con jarretaderas y dalles, y juntanse en cuadrillas y nadie se atreve a resistirles. Su Majestad remediaría esto, ordenando que ninguno de los referidos pueda trae semejante arma (so pena de muerte) en poblado ni despoblado sino es en los días señalados que anduvieran baqueando, y entonces estando su amo en su compañía."
Otro registro aparece en una carta fechada el 20 de abril de 1607 por el sacerdote y licenciado, Luis Ramírez de Alarcón, donde describe a estos vaqueros forajidos y semi-salvajes:[39][40][41]
“En el Real de minas de Zacatecas y hacia el norte, se llena de forajidos negros, mestizos y mulatos, todos ellos Vaqueros, y no se les puede castigar pues tienen yeguas ligeras y protección de los estancieros […] esta gente es ágil, robusta y crece en su generación y se multiplican demasiadamente, y se puede temer muy bien un alboroto, porque […] hay hombre que junta a 300 hombres de a caballo desta gente forajida para vaquear todos y los más armados de Cueras fuertes, arcabuces, dalles, desjarretaderas y otras armas.”
Uso del Término Charro en México

El registro más antiguo en México del término charro fue en 1797 en el libro —Miscelanea de Poesías Sagradas— de José Agustín de Castro, en un sainete cómico titulado «El Charro» sobre un vaquero de la hacienda de Tepango, en Puebla, llamado Perucho Chávez quien viaja a la ciudad de Puebla en Navidad. El sainete comienza con la introducción: “Sale Perucho con cuera campesina, manga de montar, paño de sol, sombrero, y unas espuelas que sacará en la mano, como que acaba de llegar y se las ha quitado.”[42] El sainete fue escrito con un lenguaje rústico y vulgar, como suelen hablar los Rancheros mexicanos.
Con el paso del tiempo, una vez consumada la independencia de México, la palabra charro continuó evolucionando hasta obtener nuevas definiciones y usos en el país. Durante el siglo XIX, se les llamaba Charros específicamente a los Rancheros de Tierra-Adentro (el Bajío e interior del país) que trabajaban de vaqueros, caporales o mayordomos en las haciendas de aquella región. Los Rancheros de Tierra-Adentro eran considerados, junto con los del Mezquital, como los más diestros en el manejo del caballo y en las faenas vaqueras.
También se les llamaba charros a aquellos hombres ricos de la ciudad que vestían, por capricho o afición, el traje de Charro, el cual era el traje nacional para montar a caballo, por lo tanto era usado con ese propósito por las elites mexicanas.
En el pasado se entendía que existían por lo menos tres tipos de Charros:[43]
- El charro ranchero - el hombre de a caballo que vive en el campo, vaquero y campesino, que usa el traje de cuero toda su vida y con el cual va al trabajo cotidiano y a las fiestas domingueras y con el cual duerme sobre su noble bestia.
- El charro guerrillero - es el mismo tipo anterior pero convertido en combatiente. El espíritu combatiente de los rancheros mexicanos los convierte automáticamente en cada revuelta militar revolucionaria o conservadora, en el coheficiente más importante de los levantamientos populares.
- El charro citadino - el aristócrata o rico que cultiva en las ciudades el arte de montar a caballo - un catrín, tipo elegante y refinado, aficionado al traje nacional.



En 1824, el escritor y explorador británico, Edward B. Penny, detalló que en la Ciudad de México, Charro era el aficionado al traje nacional:[44]
“El equipamiento de un Charro, el nombre que se le da a un aficionado al traje nacional tanto de él como de su caballo. . .”
En el artículo —Costumbres y Trages Nacionales: Los Rancheros— publicado en 1844, el autor, Domingo Revilla, llama Charros a los Rancheros de Jalisco que pueden colear un toro apeándose del caballo en plena carrera, dando entender que Charros eran aquellos Rancheros de Tierra Adentro que eran muy diestros en las faenas vaqueras:[45]
“Uno más resgoso hay por Jalisco, y es el de que en la violencia de la carrera, toma el Charro la cola al toro, echa pie a tierra, y lo hala botándolo al suelo. El caballo, unas veces se para en medio del llano, y otras sigue a su amo; tan acostumbrado así está.”
El mismo Revilla publicaría dos años después, en la —Revista científica y literaria de Méjico— en 1846, otro artículo titulado —Escenas del Campo: Un Coleadero— acerca del coleo, donde llamaría dicha forma de colear (apeándose del caballo en plena carrera) como, “A la Charrada”, y preguntándose sobre el origen del Coleo, llama “Charros” a los jinetes de Sudamérica, los Gauchos:[46]
“Acerca de donde tuvo origen el arte de colear si puede llamarse arte, hablando con propiedad, no cabe duda que fue en esta parte de América, que se llama Nueva España; pues aun cuando de la antigua se trajeron el toro y el caballo, no se sabe que allí se hayan dedicado a tan riesgoso ejercicio, aunque los españoles fueron los primeros que en Santiago Tlaltelolco jugaron con unos toros. Tampoco en América del Sur se sabe que se hayan dedicado a colear, con todo y que en ella se han manifestado muy diestros en otras operaciones del campo sus Charros, conocidos con el nombre de guachos [sic pro gauchos].”
En 1844 se publicó la versión traducida al español del libro —Viage á Méjico— del noble francés, Mathieu de Fossey. En dicha traducción, el traductor utilizó el nombre de Charros para describir a una cuadrilla de picadores vestidos al usanza nacional durante una corrida de toros:[47]
“A la sazon llamó á la lid otra tercera señal á los picadores, vestidos estos nuevos combatientes como los Charros de tierra adentro, esto es con calzoneras, chaqueta de cuero y botas vaqueras. . .”

Pero en la versión original en francés, el autor, Mathieu de Fossey, jamás utilizó el término Charro sino que menciona que los picadores iban vestidos como los vaqueros del país:[48]
“Dans ce moment, un troisième signal appela dans la lice les picadors ou toreadors à cheval. Ces nouveaux combattants sont vêtus comme le sont les vachers du pays: culottes et justaucorps de peau, bottes de cuir.” (En este momento una tercera señal convocó a los picadores o toreros a caballo a la lid. Estos nuevos combatientes van vestidos como los vaqueros del país: calzoneras y casacas de piel y botas de cuero.)
Esto nuevamente nos demuestra que Charros eran los Vaqueros, específicamente aquellos de Tierra-Adentro, del Bajío e interior del país.
En otro artículo titulado —Los Coleadores— publicado en 1844 en —El Liceo Mexicano— el autor anónimo, de igual manera llama Charros a los Vaqueros de Tierra Adentro, preguntando si son mejores que los vaqueros del Mezquital:[49]
”Las conversación, cuestiones y disputas se versaban en unas sobre la política, la economía, menudeo, presente Guerra, crónica escandalosa de algunas damas y personajes; y en una de esas mesas ¡cosa extraña! sobre literatura, caballos, coleaderos, y no se que más […] Aquí y acullá se disputaba con acaloramiento; quien hablaba de sus campañas en que aparecía más grande que Federico y Napoleón […] Quién era más liberal y patriota que Washington y Morelos […] y quien más diestro y ágil a caballo que Franconi o el mejor Charro de tierra dentro o Baquero del Mezquital.”
Pero, más adelante, usa el término Charro de manera peyorativa al llamar Charros a los hombres de la ciudad que no saben colear ni lazar, pero que visten el traje de Charro pretendiendo ser Vaqueros, por pura afición a la cultura ranchera.[50]
En un artículo publicado sobre México en 1845 en el —Semanario Pintoresco Español— el empresario español, Vicente Calvo, aludió a esto explicando que Rancheros son las gentes del campo, pero que en la ciudad se les llama también “Rancheros” a los hombres ricos que visten, por puro capricho o gusto, el traje de esas gentes:[51]
RANCHERO: Bajo este nombre se indica en lo general á todo habitante de los campos, pero restringiendo más la acepción de la palabra, se aplica á los que usan el traje imitado, pero lujoso, de un Ranchero, es decir, un vecino rico de cualquiera lugar que ha querido vestirse como un campesino. Hay personas agenas de esta profesion, que por gusto ó capricho le visten, aunque, esto no es ya comun desde que entre los mejicanos domina la moda de imitar á los extranjeros.
En la misma traducción del libro —Viage á Méjico— de Mathieu de Fossey, la traducción menciona que en el paseo de la Ciudad de México abundan los jinetes que aún preservan el traje antiguo de Charro o Payo,[3] pero en la versión original en francés, Fossey lo describe como el traje antiguo de los “riches campagnards” o “campesinos ricos”.[52]
En México se les llamaba Charros a los Rancheros del Bajío e interior del país o “Tierra Adentro”, pero en las ciudades, específicamente en la Ciudad de México, se les llamaba charros o rancheros a los hombres ricos que solo vestían el traje de Charro por capricho o por pura afición a la cultura ranchera, queriendo pretender ser vaqueros.
Niceto de Zamacois describió con más detalle al Charro mexicano en 1855, en un artículo sobre la fiesta y concurrencia en la Villa de Guadalupe:[10]
“Pero entre multitud de carruajes de distintas hechuras y de personas de todas clases que en buenos caballos unas y en malos otras, se dirigen á la Villa, ved al Charro mejicano, á ese hombre que parece que le han clavado á la silla según lo firme y bien sentado que va en ella.
Otros usos del término
En sus orígenes, el término «charro» tuvo una connotación peyorativa y se empleó de forma genérica como apelativo despectivo hacia las personas del ámbito rural. Con el tiempo, en la provincia de Salamanca, dicho término fue perdiendo progresivamente esa carga negativa, hasta consolidarse como una denominación del habitante del campo salmantino, carente de sentido despectivo.[16] En Salamanca, autoridades, académicos y sociedad civil salmantinas cabildearon para que la Real Academia Española suprimiera las acepciones peyorativas de «recargado de adornos» y «de mal gusto» del diccionario, eliminando así toda acepción despectiva, por considerarlas ofensivas y arcaicas para los habitantes de la provincia.[53][54] Sin embargo, en la mayoría de Hispanoamérica el término aún conserva su connotación despectiva y negativa, como algo malo, de mal gusto, cursi o chabacano. Por el contrario, en México el significado de la palabra es completamente opuesto, evolucionando desde el siglo XIX a significar el «jinete del campo» (el ranchero), «magnífico jinete», «hábil vaquero», «un diestro en las faenas del campo», «un diestro en el manejo del lazo», «elegante» y «hermoso»; derivado del concepto favorable del ranchero mexicano, por su destreza ecuestre y vaquera.
Oficios

Los oficios que ejercían los Charros en el campo, dentro y fuera de las haciendas, eran diversos. En las haciendas, en donde el trabajo era jerárquico, los Charros se dedicaban principalmente a la vaquería y al cuidado de las manadas de caballos salvajes, como vaqueros, caporales, caballerangos, domadores, y mayordomos. Fuera de las haciendas, el ranchero podía dedicarse al oficio de arriero, transportando mercancía; al oficio de mesteñero, cazando caballos mesteños (caballos salvajes sin dueño) en las inmensas praderas del país, para después venderlos en las grandes ciudades y poblaciones; como Ciboleros, cazando “toros cíbolos” (búfalos); o como soldados en la caballería irregular del ejército. O bien, podían dedicarse a cultivar la tierra y criar su pequeño rebaño en las tierras que arrendaban del hacendado, o en el menor de los casos, en su propia propiedad.[55] En muchos otros casos, el charro, también se dedicaba, aunque no era propiamente un oficio, al bandidaje, como salteador de caminos. En su texto —Buffalo Hunt in Northern Mexico (1879)— el general, abogado y escritor estadounidense, Lewis Wallace, escribió sobre el Ranchero, relatando:[56]
Un Ranchero es un hijo independiente del suelo mexicano, generalmente un arrendatario de tierras, siempre dueño de un caballo, sobre el cual se puede decir que vive y existe. Hoy vaquero, mañana soldado, esta semana jugador, la próxima un bandido —con todos sus pecados, y son como sus cabellos en número, tiene una excelencia suprema: no podrás igualarlo en el mundo como un jinete, ni aunque pongas contra él al más incomparable de los caballeros con turbante del jereed.
Mitos e Historia popular

El general Ignacio Zaragoza en 1861, durante el gobierno de Benito Juárez, crea el primer "Cuerpo de Rurales", que eran auxiliares del ejército así como encargados de perseguir asaltantes de caminos y poblados rurales. Durante período de Porfirio Díaz, se caracterizaron por garantizar la seguridad. Eran jinetes muy experimentados y estaban uniformados con trajes de charro de color gris y sombrero. Sus armas las componían el machete, la reata, pistola, carabina de montar y una larga lanza; temibles en el uso de esta última, se dice que "con el lazo y con la lanza se forjó el charro".[57]
Para mediados del siglo XIX, los de a caballo en México se enfrentaron en la guerra de Reforma, algunos de los charros de abolengo se acercaron al príncipe extranjero Maximiliano de Habsburgo, que buscaba rodearse de ellos para integrarse a México y a sus tradiciones, e incluso se le atribuye la modificación al pantalón de charro y el uso de botín en vez de las botas de campana. Por otra parte estaban los plateados, que eran rancheros acaudalados imitando el modo de vestir de los Bandidos de Río Frío, quienes usaban las piezas de plata producto de los bienes substraídos, para sustituir los botones de cuerno y hueso de sus trajes de cuerudos; pero liberales y los chinacos (cuerudos que en las guerras de guerrillas solo combatían por la noche) peleaban por la República.[58]
Sobre el origen salmantino del charro mexicano

En España, el charro es un símbolo de la provincia de Salamanca, y el término se utiliza también como adjetivo coloquial.[59] Representa lo que se considera más auténtico en esta región predominantemente ganadera, su relevancia se limita al ámbito local o provincial, ya que la figura del torero andaluz ha adquirido mayor importancia dentro de la iconografía nacionalista, consolidando la corrida de toros como la fiesta nacional.[59]
Los orígenes de la vestimenta charra se remontan a la conquista española de México y la formación de la Nueva España.[60] Las encomiendas permitieron a los españoles recolectar tributos de la población indígena y consolidar su control, mientras que las haciendas del siglo XVII establecieron grandes propiedades con trabajadores mayoritariamente indígenas.[60]
Inicialmente se prohibió a los indígenas montar a caballo, pero las necesidades rurales del virreinato llevaron a la incorporación progresiva de indígenas y mestizos a las labores ganaderas.[15] A lo largo del siglo XVI, las autoridades regularon el uso del caballo y la actividad de los criadores de ganado mediante ordenanzas y corporaciones como la Mesta.[15] En este contexto novohispano, fruto del mestizaje y de la adaptación local de prácticas coloniales, se configuraron las tradiciones ecuestres que darían origen a la charrería.[15]
Los caballos, inicialmente exclusivos de españoles y caciques, eran un símbolo de estatus; cuando mestizos y otros trabajadores comenzaron a montarlos, las distinciones visuales basadas en la movilidad se redujeron y muchos jinetes indígenas adoptaron vestimentas similares a las de los españoles.[60] Para mantener las jerarquías, la ropa pasó a ser un marcador de estatus social, complementando la organización por castas que regulaba propiedad, cargos, oficios y privilegios.[60] A medida que mestizos y otros grupos adquirieron riqueza y posiciones antes reservadas a españoles, la indumentaria se consolidó como un medio para diferenciar a hacendados de otros trabajadores, sentando las bases de la vestimenta charra.[60]
El estudio de la indumentaria del charro mexicano está vinculado al desarrollo histórico de la charrería.[6] Algunos investigadores sostienen que el origen del charro y su traje se relaciona directamente con los charros de Salamanca.[6] Por otro lado, ciertos estudios historiográficos señalan que la figura del charro mexicano se remonta a la época de la conquista española y a la introducción del caballo en América.[6] En México, la indumentaria del charro se adaptó a lo largo del tiempo a las necesidades laborales de rancheros, vaqueros y hacendados, lo que dio lugar a nuevas tendencias en los trajes.[6] Un ejemplo de esta adaptación es la relación entre la silla vaquera mexicana y el traje de charro. Rincón Gallardo (1946) mencionó que tanto la silla como el caballo se consideran elementos esenciales del vestuario del charro. La literatura charra también reconoce al caballo como un componente central de la charrería, señalando que su presencia contribuyó a diferenciar a los trabajadores agrícolas de los ganaderos.[6]
Por otro lado, el historiador medievalista Charles Julian Bishko afirmó que:
Los vestidos y el equipamiento de los vaqueros latinoamericanos le (sic) deben mucho a los modelos peninsulares. [Que] podrían remontarse al vestido regional del siglo XII de los charros y serranos de Salamanca y el sur de Castilla, la cuna de la industria ganadera, el traje que aparece con muchas variaciones locales en las Indias.[61]
Aunque el antropólogo Héctor Medina Miranda, está en desacuerdo con lo expuesto anteriormente mencionado por Bishko, esta teoría queda avalada por lo expuesto por Carlos Rincón Gallardo en su obra El libro del charro mexicano (1971), donde comentaba que;
"[e]l charro mexicano trae su origen desde Salamanca en España [...]. La silla vaquera mexicana es hija de la española […]"[61]
Hipótesis sobre la negación del origen salmantino del charro mexicano
Acorde al historiador mexicano Hector Medina, durante el siglo XX surgió la hipótesis que propone una supuesta relación entre el ranchero y el aldeano de Salamanca, España, basada únicamente en coincidencias terminológicas y ciertos paralelos culturales, ya que este último también se le conoce como «charro».[62] El académico e historiador Héctor Medina Miranda, autor del libro «Vaqueros míticos: Antropología comparada de los charros en España y México», afirmó que esta hipótesis no tiene fundamento pues la idea se originó bajo el argumento de que «si hay charros en Salamanca y hay charros en México quiere decir que el charro mexicano proviene de Salamanca.»[63] Esta hipótesis fue propuesta por primera vez por el abogado mexicano Alfredo B. Cuéllar en 1929; más adelante, en 1939, el Hacendado Carlos Rincón Gallardo ahondó más en el tema al afirmar, sin evidencias, que el traje del charro mexicano y todos sus arreos se originaban en Salamanca porque «el charro mexicano trae su origen de Salamanca, en España, en donde se designan con tal nombre al aldeano de esos contornos».[64] El argumento se basa únicamente en el hecho de que comparten una denominación común; sobre esto Medina Miranda afirma:
La idea de que el charro mexicano deriva del salmantino se construye a partir de dos argumentos: la existencia de una palabra común para denominarlos y la supuesta semejanza en la indumentaria. A pesar de la ausencia de más elementos de juicio, algunos investigadores serios la han dado por cierta. […] Sin duda, estamos ante una conclusión muy difícil de defender, especialmente si consideramos que los charros mexicanos no recibieron ese nombre hasta mediados del siglo XIX y que, anteriormente, sólo se les identificaba como rancheros o hacendados.[65]
La hipótesis se fundamentó únicamente en el hecho de que comparten la misma denominación, a pesar de que dicho término en México se popularizó hasta después de la Revolución Mexicana (1910-1920). Partiendo del hecho que comparten el mismo nombre los defensores de dicha hipótesis proponen o imaginan que en el algún momento de la época Virreinal, llegaron a la Nueva España un grupo de aldeanos salmantinos lo cuales, hacía ese entonces, ya se les conocía como «charros» y que estos no solo compartieron dicho apelativo con los habitantes o jinetes del país sino también sus costumbres, sus habilidades, sus destrezas, sus conocimientos, su cultura, su equipamiento y su indumentaria; y la prueba de esto es, que los dos grupos comparten la misma denominación de «charros». Este hecho ignora la historia, origen y evolución del término «charro» pues asume que la palabra se originó o surgió desde un principio con el significado de «aldeano de Salamanca» y que así llegó a Hispanoamérica. Pero la palabra no surgió con dicha definición, como ya se explicó en la sección etimológica; el término apareció por primera vez con el significado de tonto, imbécil o necio;[66][17] bobo,[24] y sandio.[67] No obstante, según José Luis Pensado, refranes como el recogido por Hernán Núñez y posteriormente adaptado por Correas y el P. Mir y Noguera presentan modificaciones que combinan sinónimos de manera arbitraria, incluyendo los términos "bobos", "sandios" y "charros".[16] Hacia el siglo XVIII, se registra en el Diccionario de Autoridades como un término genérico y peyorativo usado para referirse a las gentes del campo, sin hacer mención a la provincia de Salamanca o sus habitantes; como un sinónimo de paleto, cateto, palurdo o zafio. A esto, el Dr. Hector Medina Miranda, dice:
Además, sabemos por los diccionarios publicados por la Real Academia que, durante el siglo XVIII, la palabra “charro” se empleaba de manera general para los aldeanos “bastos” y “rústicos”, así como a obras o adornos cargados o de “mal gusto”. Es decir, el término no se utilizaba exclusivamente para los aldeanos salmantinos y no se documentó como un gentilicio hasta principios del siglo XIX. El vocablo “charro” se aplicaba de manera muy similar al de “payo” y, en ocasiones, de manera indistinta. De hecho, tenemos documentación que nos confirma su empleo para los charros de España y los rancheros mexicanos.[65]
Por otro lado, según el filólogo y lingüista José Luis Pensado, en 1729 se publicó en Salamanca una edición del Thesaurus Hispano-Latinus de Bartholomaeo Bravo, con adiciones de Pedro de Salas y la aprobación del P. Francisco de Miranda, de la Compañía de Jesús y catedrático universitario.[16] En esta edición aparece la voz "charro" definida como sordidae conditionis homuncio, con un matiz semántico ligeramente distinto al del Diccionario de Autoridades: no tanto un "rústico o aldeano", sino un "hombrecillo de humilde condición".[16]
Traje charro
Historia
A finales del siglo XIX el traje de charro se convirtió en el nuevo traje de jinete mexicano con el primer charro siendo Ponciano Díaz Salinas (1856-1899), primo de Porfirio Díaz y a principios del siglo XX los que tenían más dinero, utilizaban trajes fabricados con lana, con adornos de plata, y los más humildes utilizaban trajes de gamuza.[68] Luego de la Revolución mexicana esta vestimenta se "democratizó" y pasó a ser el atuendo nacional. Durante la época de oro del cine mexicano, el traje de charro se popularizó ampliamente con grandes estrellas que portaban este traje, como Pedro Infante y Jorge Negrete. Hoy el traje de charro es visto como un símbolo representativo de la cultura mexicana. El atuendo y otras imágenes de charro típicamente se incorporan en los anuncios turísticos y se han convertido en uno de los "emblemas de identidad mexicana más universalmente reconocidos en todo el mundo". El traje de charro se puede usar para expresar orgullo por la herencia mexicana.
Descripción
Un traje básico de charro que usan los hombres consiste en pantalones largos y ajustados cubiertos con adornos a los lados.[69] El abrigo que usan tanto hombres como mujeres es corto y bordado. Estos abrigos también se conocen como chaquetas bolero o chaquetillas.[70] Tradicionalmente, el bordado se hacía con hilo metálico o de fibra de pitea. Los atuendos de charro también consisten en un sombrero de ala ancha (sombrero) y una corbata de seda. El traje charra de las mujeres es similar, las mujeres visten una falda larga bordada, que llega hasta los tobillos, en lugar de los pantalones. La falda suele ser lo suficientemente amplia como para permitir que la mujer monte de lado. Otros aspectos del atuendo pueden incluir una camisa de vestir, chaparreras, sarape y cinturón de pitea. El calzado es una bota de tacón alto o un zapato de cuero.[71][72] Los colores del traje permitidos son toda la gama de café, azul oscuro, marrón, gris y verde seco los cuales contrastan con las "grecas" o calados y las botonaduras. También se utiliza el rojo oscuro mezclado con negro únicamente en el pantalón de caporal y en los complementos de la montura. Los botones deben ser del color del cueraje de la silla, es decir miel, café o bayo. El traje negro es solamente para bodas o funerales y es el único que debe llevar botines negros. La camisa puede ser de cuello militar, conocida también como "pachuqueña", o cuello civil, también llamado "cuello doblado", dando preferencia al blanco y al color hueso.
En 1960 la Federación Nacional Charra hizo una clasificación de los trajes que puede vestir un charro, estos trajes del más formal al menos son:
Gran Gala: Totalmente negro desde el mismo sombrero, de prenda fina, botones de plata, pajarita blanca, negra o roja, botas de gamuza o charol, camisa blanca y canana del mismo color de los zapatos. Este traje solo se usa en ceremonias importantes y no es apto para montar.
Gala: Puede ser de otro color que el negro, de paño fino, adornado con botones de plata y con las mismas condiciones que el anterior. Usado en ceremonias, desfiles, fiestas, ceremonias civiles, apto para montar, etc.
Media gala: Está algo menos decorado que el Gala, pero respetando las mismas normas de uso. Es apto para montar.
Faena: Puede ser un traje completo, pero menos austero o simplemente compuesto por pantalón, camisa, botas, corbatin de color oscuro y un sombrero fuerte y resistente. Adecuado para competiciones.
Sombrero de charro


El sombrero de charro, conocido también como jarano,[73] es un sombrero popular e icónico de la cultura mexicana, de ala ancha y, hoy en día, de copa alta que ofrece protección del sol. Se elabora tradicionalmente con fieltro de lana, de pelo de liebre o de paja de trigo y puede llevar bordados, ribetes o toquillas ornamentales, con estilos regionales variados, y con "pedradas" en la copa que le dan resistencia en caso de impacto. Se elabora con metales preciosos y otros elementos decorativos, y su uso se extendió rápidamente en las haciendas de Puebla, Jalisco, El Bajío y otras del centro y norte del país. Hoy en día es usado principalmente por los jinetes conocidos como charros.
De acuerdo a la región presenta variantes: en las zonas más secas, el ala es más ancha que en las zonas boscosas, y en aquellas con mayor humedad, los materiales son más frescos y ligeros que en las tierras altas. Los tipos de sombrero más usados son el "San Luis Moderado", "Pachuca", "Cocula", "Hacendado", entre otros. Un sombrero de charro verdadero es elaborado por artesanos especializados, y es muy distinto al que se vende en las tiendas de "souvenirs" para turistas.
Algunos de los usos del sombrero de charro son: no sólo cubrir del brillante sol sino igualmente del viento y, sobre todo, del polvo; con él se atiza un fuego como se apaga si se enciende el campo; se ataranta una víbora y luego se la mata; se realiza un bonito lance a un toro bravo que sale por el monte y se le esquiva; se le da de beber a un cuaco; se cubre el anonimato antes de un lance de amor o de librarse de un enemigo; se utiliza como escudo en la defensa de un ataque a machete o navaja, tomándolo del barbiquejo; cubre estupendamente de la lluvia que, con manga de paja o lona ahulada, es el mejor paraguas a pie o a caballo; en jaripeo, sobre todo de toros cebú, protege de los peligros de una cornada y, en caso de caída, hace las veces de casco; y otros usos se que podrían añadir por quienes lo han utilizado en el campo.
Para muchos, el sombrero es resultado del mestizaje, pues, se considera que combina las costumbres nacionales con elementos europeos para satisfacer las necesidades de los rancheros mexicanos.[74]
Silla charra

La silla de montar mexicana es una de las principales características del charro. Este tipo de montura de fuste con cabeza es de diseño único, pues las anteriores eran de origen militar y la mexicana está diseñada para trabajo en el campo. No obstante el hecho de que es relativamente pesada comparada con otras, es muy cómoda tanto para el caballo como para el jinete y básicamente se conforma por un "fuste" o esqueleto de madera con cabeza (la cual se utiliza para amarrar las sogas o reatas), cuerajes y estribos, entre otros accesorios. Algunas sillas de montar son obras de arte: de cuero talabarteado o amartelado que forman figuras en todas sus elementos o arreos; las hay con herrajes de oro o plata, con bordados en pita, oro y plata o hiladuras (chumeteado) de colores que alegran y embellecen los arreos, y se acompañan de tientos, donde se atan y cuelgan lo mismo un machete que una cuarta, una reata, un rifle o un gabán.
Los arreos y avíos del charro o vaquero mexicano fueron copiados por el cowboy o "buckaroo" estadounidense (la propia palabra "buckaroo" es una transcripción espontánea de la fonética de "vaquero" en labios anglosajones), luego de la colonización del territorio mexicano perdido a manos de Estados Unidos. La silla de montar tejana está también basada en la silla mexicana de los chinacos.
Durante la Revolución mexicana el caballo criollo mexicano prácticamente desapareció, debido a su excesivo uso durante el combate. Así que los caballos más utilizados para la charrería son el Cuarto de Milla, de origen norteamericano y el caballo Azteca, que es una raza reciente.
La silla charra debe estar hecha de materiales naturales, no artificiales como el plástico. Hay principalmente dos tipos de sillas de montar que posee el charro: la silla de trabajo y la silla formal.
La silla charra tiene un cuerno más ancho que el de una silla de "cowboy estadounidense", lo que ayuda a evitar que el charro se caiga o se cuelgue. Hay dos agarraderas en la parte trasera de la silla, en caso de que el charro necesite agarrarse debido a un acto inesperado del caballo.
Escaramuza charra

Las Asociaciones de Charros, a la manera provinciana y tradicional, eligen una "Reina de los Charros" cada año, que es una joven perteneciente a una asociación o a una región que comprende varias asociaciones. Su función es social y son encargadas de inaugurar temporadas o festejos.
En un contexto con cada vez más equidad de género, la amazona es una deportista activa en el medio de la charrería y su principal disciplina es la escaramuza charra. Para esta se utiliza una montura llamada albarda charra. Además, hay mujeres que practican otras suertes también muy intrépidas y espectaculares.
Contexto social
Ya a fines del siglo XIX, el charro era sinónimo de un jinete muy diestro o experimentado.
Uno era el rico terrateniente y otro el peón de hacienda, si bien ambos usaron sombrero ancho durante mucho tiempo. El charro al ser terrateniente o empleado de confianza del dueño de la tierra, tenía generalmente un estatus social "superior" al de los otros campesinos.
Durante los siglos XIX y XX los jinetes que no pertenecían a las clases altas eran peones comunes
El amansador o el vaquero jornalero (hábil jinete), aun siendo humilde, contaba con el prestigio de ser mejor "cotizado" como empleado que cualquier otro tipo de trabajador y vestía trajes de charro semejantes a los de los patrones.
Con excepciones notables como la del mismísimo caudillo revolucionario Emiliano Zapata o Benjamín Argumedo, el charro actual es en muchos casos conservador y con frecuencia reaccionario. Por eso, en el sindicalismo mexicano se le llama "líder charro" a aquel que representa los intereses del patrón y no de los agremiados (una curiosa paradoja es el caso del Jorge Negrete, quien en el cine representaba al charro, pero como sindicalista fue notable por su honestidad y por las conquistas laborales que logró en su tiempo).
Los caballerangos, herreros, pastores y arrieros no eran considerados necesariamente charros, pero aspiraban a serlo. De manera bastante similar al servicio personal en la España medieval, en las haciendas mexicanas los charros tenían un prestigio caballeresco al cual muchos de los vaqueros buscaban acceder.
El discurso oficial de las primeras décadas del siglo XX estableció al charro como "arquetipo del mexicano al lado de la china poblana.
No obstante el origen clasista del charro mexicano, en la actualidad, en los equipos que practican la charrería hay atletas tanto humildes como acaudalados que destacan por su desempeño en un ambiente de igualdad (al menos) durante las prácticas y encuentros.
En las zonas rurales, la posición social del charro ha sido emblemática, aunque desde hace varias décadas, con la influencia globalizadora han cambiado mucho las cosas.
El fenotipo más común en el charro es el del blanco y luego del mestizo con facciones predominantemente ibéricas o “mestiblanco”, variando desde luego en cada región: en Jalisco hay charros de tez clara a morena clara; en la costa del golfo los hay con rasgos mulatos y en el sur se ve más el tipo indígena. Curiosamente una buena parte de los descendientes de inmigrantes libaneses y sirios se ha integrado al ambiente de la charrería.
Existen en Estados Unidos asociaciones de Charros, tanto de aficionados como profesionales, debido a la enorme población de origen mexicano en ese país.
Cultura y espectáculo

El charro cancionero y alegre del cine mexicano no es tan ficticio como sus críticos pretenden, ya que antes de la era de los medios masivos de comunicación, la gente del campo se entretenía haciendo música y bailes, y esto fue la fuente del folclore.
La influencia de la cultura de la charrería está presente en el México actual en múltiples expresiones; por ejemplo la palabra lana como sinónimo de dinero, ya que esta fibra era distintivo de las clases dominantes en el campo; expresiones como "no te bajes del caballo" o sea: "no cedas"; o bien el imperativo "pícale" (con las espuelas al caballo) para significar "corre" o "apúrate". Este "pícale" también ha derivado en "ándale" con la misma función.
Los cuadros del pintor Ernesto Icaza retratan diversas escenas de charrería en el campo, documentando las costumbres y características de la charrería de finales del siglo XIX y principios del XX.
En el cine, el charro ha sido tema tan recurrente como el cowboy. Algunos de los charros cinematográficos han sido: Pedro Infante, Luis Aguilar, Javier Solís, Vicente Fernández, Tito Guízar, Miguel Aceves Mejía, Francisco Avitia, entre otros.
Un particular charro de México fue Antonio Aguilar, originario de Zacatecas, quien era un auténtico charro y no solo actor, excelente caballista que con sus espectáculo ecuestre dio a conocer la charrería con giras por diferentes países junto con toda su familia. En sus películas se le puede ver practicando diferentes suertes sin efectos de cámara como: lazar, colear, calar y hacer pasos de la muerte. También sus hijos son excelentes charros, Pepe Aguilar y Antonio Aguilar Jr., a quienes en las películas también se les ve efectuando suertes charras
Jorge Negrete, el Charro Cantor, es considerado el mejor representante del charro mexicano en el cine.
Notable por sus brillantes espectáculos ecuestres ha sido Antonio Aguilar, posiblemente el último representante genuino del charro en la industria del entretenimiento, misma que en las últimas décadas ha contribuido a la distorsión del concepto y de la imagen del charro en telenovelas de baja calidad y con cantantes puramente comerciales, con poco o escasísimo contenido cultural.
Aun cuando México se caracteriza por su riqueza y variedad folclórica, la imagen del charro unifica a México debido a que su uso no ha estado limitado a una sola región y a que representa el mestizaje mismo, que se considera la base de la identidad mexicana.
Véase también
Wikcionario tiene definiciones y otra información sobre charro.