Conde del Sacro Imperio Romano Germánico

título nobiliario en el Sacro Imperio Romano Germánico From Wikipedia, the free encyclopedia

El término conde del Imperio o conde imperial (en alemán: Reichsgraf; en latín: Comes (Sacri Romani) Imperii, acortado S.R.I. Comes) fue una designación de rango en el Sacro Imperio Romano Germánico, que surgió en el siglo XIII.[1] Tenía la condición de estamento imperial, y fue institucionalizado por el rey de romanos y futuro emperador Maximiliano en el proceso de consolidación del Reichstag (dieta imperial) durante la reforma imperial, entre 1495 y 1500.[2] La condición «del Imperio» perdería su significado durante la mediatización, poco antes de la definitiva disolución del Sacro Imperio.[3]

Escritura a nombre de Leopold Carl, conde de Welserheim (1769). El estilo K.Röm.R.Graff, era común para el título imperial en documentos públicos (y la ff típica en la ortografía de la época), marcando una transición del latín usado en textos legales en siglos anteriores al alemán en la última etapa del SIRG.

Reseña

El reichsgraf no era un título nobiliario per se, sino uno de carácter institucional que correspondía originalmente a los condes (grafen) titulares de tierras inmediatizadas.[4] Su concesión implicaba en un principio el gobierno de propiedades e influencia en los asuntos de Estado.[3] Si bien, a partir de comienzos de la Edad Moderna, el título se concedía también en forma de tratamiento honorífico sin significado tangible. Esta distinción propició a partir de principios del siglo XVI la adición del adjetivo «principesco» a las casas inmediatizadas.

En su forma original, el título entrañaba una posición de poder con facultades institucionales similares a las de los príncipes territoriales.[2] Como señores feudales gobernantes de condados imperiales (Reichsgrafschaften), siendo Estados propios dentro del Imperio, compartían un escaño y voto en el Reichstag. Aunque oficialmente el reichsgraf era un rango condal, en realidad sus titulares pertenecían a la alta nobleza (estamento tradicionalmente reservado a títulos de mayor grado),[3] con lo que podían relacionarse por medio de matrimonio con otras casas de la «nobleza principesca», también de mayor rango. Algunos reichsgrafen encabezaban condados de considerable extensión, y aunque en teoría ocupaban un rango condal, en realidad algunos llegaron a medir sus fuerzas en términos feudales con los margraves (marqueses) y algún que otro duque; también cuando en términos institucionales (influencia en el parlamento) su poder era menor.

La condición de conde imperial estaba regulada en el orden constitucional del Sacro Imperio, que reunía en parte a las leyes fundamentales del Imperio y en parte se regía por principios jurídicos reconocidos por el derecho consuetudinario tradicional.[2]

Alternativas al título en español

Algunas veces se refiere a los condes imperiales también por el nombre de condes soberanos, al ser soberanos (o cosoberanos) de sus condados dentro del marco más amplio del Imperio. Cabe señalar, no obstante, que el concepto de conde soberano se ha empleado también para los landgraves (como traducción alternativa al préstamo lingüístico de la palabra alemana landgraf). Este título, también relacionado con la inmediación, tiene sin embargo el rango de marqués con ciertas distinciones, por lo que no es comparable con el reichsgraf. El termino «conde soberano» se utilizaba también en gran medida en otras monarquías, sobre todo la francesa (como el conde soberano de Luxe) e incluso en la historia de España (conde soberano de Castilla, conde soberano de Barcelona), por lo que se suele preferir la inclusión del componente imperial en el título germánico.

Contexto e historia

Durante la existencia del Imperio se desarrolló un complejo sistema nobiliario, que durante la Edad Media se podría dividir en dos grupos principales: de un lado, los títulos hereditarios de origen anterior al Imperio, que seguían concediéndose por los monarcas y caudillos de los territorios integrados, territorios vecinos y por la Iglesia; y del otro, los concedidos en feudo por los emperadores romano-germánicos (bien directamente por el emperador o bien, en su representación, por un vicario imperial) – la llamada «inmediación imperial» (Reichsunmittelbarkeit). La unión de muchos territorios hizo necesario un título propio del Imperio que designaba a los gobernantes de sus territorios, sin dependencia de los títulos tradicionales. Históricamente, este privilegio recayó en los príncipes territoriales, los fürsten,[n 1] una institución creada por el Sacro Imperio a este fin (de ahí el nombre del título: ‘príncipe’ = ciudadano principal/primero/cabeza), que comportaba prestigio, poder e institucionalidad. El proceso de inmediación, sin embargo, resultó en que casas señoriales de otros rangos, al ser ahora también casas gobernantes de territorios que a la postre conformarían el dominio del Sacro Imperio, obtuvieran esos «privilegios principescos».[2]

En las décadas anteriores a la formación del Sacro Imperio Romano Germánico hubo dos títulos no monárquicos: herzog (‘duque’), siendo el de mayor nivel, y graf (en traducción laxa, ‘conde’).[n 2] La evolución de un imperio como entidad supranacional que integraba territorios con gobierno propio (semisoberano) propiciaba la necesidad de una casta nobiliaria relacionada con el poder imperial en sí, pero sin descartar a la nobleza tradicional; es decir, nobles que recibían sus títulos y feudos directamente del emperador.[2] En un principio se concedían grados del título graf, de ahí que se usaba dicho vocablo (en español, el sufijo -grave) con distintos prefijos, marcando así ciertos rangos y características; si bien, no tardaría mucho para que estos títulos se establecieran como rangos propios. Así aparecieron los margraves —comparados con los marqueses tanto por la raíz etimológica ‘marca’ como en rango nobiliario[n 3]—, los landgraves (rango similar con elevado poder, que en lugar de marcas gobernaban territorios más céntricos) y los burgraves. Los dos primeros se consideraban parte de la alta nobleza (Hochadel), lo mismo que los duques y príncipes territoriales, si bien muchas veces las relaciones jerárquicas entre todos estos rangos no quedaban del todo aclaradas.[5]

La Bula de Oro de 1356 estableció que toda entidad de las que formaban independientemente el Sacro Imperio Romano debía tener voz y voto en la dieta imperial, con arreglo a su rango (convirtiéndose en ley imperial en la reforma de 1495-1500, y entrando en el orden de día parlamentario en la primera sesión del Reichstag Perpetuo en 1663). Aquello solo se aplicaba a territorios inmediatizados (es decir, que si un condado era súbdito de una entidad mayor, e. g. un ducado o un reino, fue esta la que estaba representada en el parlamento). Todos estos territorios (de cualquier tamaño y rango) se llamaban Estados del Imperio y constituían los llamados «estamentos imperiales»: los reichsstände.[n 4] A lo largo de su existencia, el Sacro Imperio llegó estar conformado por hasta 400 territorios «estatales» (excluyendo los señoríos, de los que había un par de miles, pero que no tenían representación parlamentaria ni influencia en los asuntos del Reich).

El gorro principesco usado por los algunos condes imperiales en su heráldica.
Moneda acuñada por Juan Casimiro de Wartenberg tras recibir la inmediación imperial de Leopoldo I. Las siglas del título están en latín (S.R.I.Com).
Moneda acuñada por Juan Casimiro de Wartenberg tras recibir la inmediación imperial de Leopoldo I. Las siglas del título están en latín (S.R.I.Com).

La principal diferencia entre los títulos mediatizados y los tradicionales radicaba en el carácter institucional de los primeros, es decir, su complicidad en asuntos de Estado del Imperio (ocupando un escaño en la dieta imperial, de ahí la condición de estamento imperial).[2] Esto fue el caso de los fürsten (antes de finales de la Edad Media, cuando el título empieza a concederse también honoríficamente), y de los margraves y landgraves. También la mayor parte de los ducados fueron inmediatizados, con sus duques (título que seguía siendo el más alto en la jerarquía nobiliaria) pasando a formar parte del parlamento imperial.

Si bien, parte de estos territorios correspondían a casas condales (un rango menor), cuya consideración como Estados del Imperio dio origen al prefijo reichs- en el título (a saber, ‘del Imperio’) – de ahí, reichsgraf, y sus territorios «condados de dominio imperial» (Reichsgrafschaften).[3] Aunque hubo cada vez más condes que preferían la inmediación sobre el vasallaje a entidades mayores, fue requisito para el título que el territorio fuera «de magnitud e importancia principescas», y que dispusiera de una estructura administrativa señorial con una cancillería propia (cosa no al alcance de los pequeños condados). A continuación, debía obtener la admisión en el Reichstag, para lo cual era necesario el consentimiento del emperador y, tras la reorganización del parlamento (a partir de 1495), también de los estamentos allí representados.[3]

Al pertenecer todos los títulos inmediatizados a los estamentos imperiales, sus privilegios emanaban del único título concebido originalmente para tenerlos: el fürst (príncipe). Más allá de gobernar territorios y tener representación en la dieta imperial, tenían derecho a recaudar impuestos en sus dominios en su beneficio, e incluso acuñar monedas (Münzrecht), entre otros. Debido a ello se hablaba de nobles con «privilegios principescos» o que eran «príncipes de sus tierras»; simbólicamente, todas estas casas podían lucir en su escudo de armas el gorro principesco (fürstenhut), pero no su corona (fürstenkrone, que solo correspondía a los príncipes).[2]

A partir de comienzos de la Edad Moderna, la nobleza europea evoluciona de ser una institución estrictamente ligada a la propiedad territorial (los títulos significaban tierras y posesiones, siendo el origen de la nobleza) a ser un estatus codiciado por su prestigio social. Así las cosas, se comenzaron a conceder dignidades a título honorífico (sin posesiones) — los llamados briefadel (‘nobles por carta’)—, muchas veces como forma de retribución, aprecio o agradecimiento por parte del emperador.[3] Sobre todo se trataba de condes y títulos menores, como freiherr, que apareció más o menos en esa época, aunque también los hubo a nivel de margraves (los llamados a partir de entonces «margraves menores») y fürsten. Este último resulta llamativo, ya que la institución del príncipe territorial tuvo su mismo origen en la posesión y administración de tierras inmediatizadas. Ocurría pues que muchos nobles lo eran de título, pero al carecer de tierras no tenían representación en el Reichstag (que como en otras sociedades feudales se basaba en la tenencia de tierras, no en el título en sí).

Erlauchtkrone: corona de las casas condales inmediatizadas (con privilegios imperiales).

Títulos «del Imperio» y condes principescos

La práctica cada vez más arraigada de concesión de títulos sin tierras propiciaba la necesidad de distinguir entre unos y otros. En esa época aparecen distintos rangos nobiliarios que incluyen la palabra reich, dejando constancia de su vinculación a las instituciones imperiales;[2] así, los fürsten gobernantes de tierras pasaron a llamarse reichsfürsten (príncipes del Imperio), y los freiherren con posesiones inmediatizadas se hicieron reichsfreiherren. A su vez, los reichsgrafen, que ya tenían el componente de reich en el título (pero no por eso se impedía que se concediera también «por carta»), pasaron a llamarse condes imperiales principescos, o sencillamente condes principescos (gefürsteter Reichs-/graf). A partir de este momento se les consignaba un tratamiento propio, Erlaucht,[n 5] y les correspondía una corona dedicada, la erlauchtkrone; al mismo tiempo podían seguir luciendo en su escudo de armas el sombrero principesco.[6]

Patente de ascenso del reichs-freiherr Anton von Stauffenberg a conde imperial, expedida en 1785 por el emperador José II.

Todos estos títulos tenían un mandato imperial (reichsfürstenstand) en forma de participación en el Reichstag, pero no todos tenían el mismo poder. Los príncipes territoriales y los duques formaban parte del Consejo de Príncipes (Reichsfürstenrat),[n 6] y ejercían un voto particular cada uno (votum virile).[2] Por su parte, los condes imperiales ejercían un voto fraccionado, perteneciendo a uno de cuatro grafenbanken del Consejo de Príncipes (‘escaños condales’), que emitían un voto colegiado cada uno (votum curiatum). Aun así, todos estaban presentes durante las asambleas, que se consideraban un evento de importancia que reunía a todos los señores feudales del Imperio.

En ocasiones, el título de reichsgraf se compartía con otros títulos bajo la misma autoridad, como era común en el Antiguo Régimen.[6] Esto también se hizo notar en la dieta imperial, cuando un mismo noble emitía tanto un voto directo como uno fraccional, al ser, por ejemplo, duque de un territorio y reichsgraf de otro. Desde la concesión de títulos no ligados a tierras, ocurría que un fürst, por ejemplo, que no era príncipe imperial, solo ejercía en el parlamento la función de reichsgraf (voto fraccionado correspondiente a su condado, pese a tener la dignidad de príncipe). En el caso de nobles de títulos inmediatizados ascendidos a un rango mayor, la condición «imperial» pasaba al nuevo título (por ejemplo de reichsfreiherr a gefürsteter Graf).[6]

La diferencia entre los títulos «imperiales» y los demás se deja patente en una versión del Almanaque de Gotha titulada Calendario Genealógico de la Nobleza (Genealogisches Handbuch des Adels).[5] En el caso de los condes principescos, su distinción de los demás condes imperiales se evidencia por su inclusión en la serie roja de volúmenes de casas principescas, en su segunda sección, titulada Genealogía de los señores feudales alemanes.[7] En otras palabras, estaban clasificados en el grupo de rangos con los príncipes imperiales. A su vez, los condes imperiales no «principescos» (reichsgrafen que no eran señores feudales), al no pertenecer a la alta nobleza, figuran en la fila verde de las casas condales, al igual que los condes elevados por otros soberanos (grafen).[7] El tratamiento de todas las casas incluidas en esta segunda lista seguía siendo «Su Excelencia», si bien los condes imperiales se distinguían por la insignia de su escudo (pues los condes «comunes» tenían la corona condal de nueve puntas).

Mediatización y fin del SIRG

A partir de 1803 (y más sistemáticamente entre 1806 y 1815), durante la mediatización, los condes imperiales perdieron su carácter semisoberano como consecuencia de la Reichsdeputationshauptschluss (‘resolución principal de la diputación imperial’), por la cual se anexionaban gran parte de los muchos territorios autogobernados del Imperio a entidades de mayor tamaño, creando los Estados alemanes.[8] Tras este proceso, los condados imperiales ya no estaban inmediatizados, y los reichsgrafen se encontraban bajo la autoridad de dichos Estados (ya no como entidades estatales bajo mandato imperial, y sin potestad para gobernar y recaudar impuestos en sus territorios).[5]

Si bien, a pesar de la mediación de sus posesiones, su estatus de alta nobleza (Hochadel) seguía intacto y reconocido por la Confederación alemana, que les concedió la designación especial de Standesherren («casas mediatizadas»).[8] Aquello se debía al arraigo e importancia de estas dinastías después de décadas, a veces siglos, de influencia en los asuntos de Estado. A pesar de que técnicamente eran ahora grafen (perdiendo protocolariamente el componente reich- del título), su estatus social quedaba comparado al de las familias principescas y dinastías gobernantes europeas, incluido el privilegio de Ebenbürtigkeit – el derecho a contraer matrimonio con otros miembros de la alta nobleza.

En cuanto al término reichsgraf, en Austria, su uso en público y entre la nobleza como dignidad reconocible quedó prácticamente hasta la disolución de la monarquía austrohúngara (y con ella el fin del Imperio Habsburgo). A su vez, en Alemania, donde se marcaba una tendencia de alejamiento de prácticas vinculadas al Imperio de los Habsburgo (sobre todo en la Prusia de los Hohenzollern), su uso en el siglo XIX quedó relegado a su incorporación a los apellidos de varias de las antaño casas inmediatizadas —conservando así la mención de su anterior estatus—, como también a varias de sus propiedades.[5] Un ejemplo de lo primero es el almirante alemán caído en la Primera Guerra Mundial, Maximilian von Spee, y un ejemplo de lo segundo son las bodegas Weingut Reichsgraf von Kesselstatt, en la región vinícola de Mosel. En cuanto al título en sí (como parte de la nobleza oficial), distintos Estados prohibieron expresamente su uso: el Imperio austríaco y los reinos de Baviera y Wurtemberg lo hicieron en 1807, mientras que Prusia lo hizo en 1820.

En todo caso, todas estas distinciones desaparecerían con la constitución de las repúblicas austríaca y alemana tras la derrota de la Primera Guerra Mundial. En Alemania muchas familias pasaron a incluir sus títulos como parte de su apellido (cosa imposible en Austria debido a la Ley de Abolición de la Nobleza), si bien tras décadas de evolución como casas condales propias del Imperio alemán, en la mayoría de los casos el nombre Reichsgraf fue finalmente reemplazado por Graf.

Actualidad: fuera de los territorios de habla alemana

Aunque el título de reichsgraf fuera descontinuado durante la mediatización, lo cierto es que titulares del mismo en otros Estados europeos seguían incluyéndolo entre sus dignidades.[9] Ya que el título tenía un significado funcional en el marco del Sacro Imperio, pero no bajo otras monarquías, ocurría pues que el proceso llevado a cabo durante la disolución del Imperio solo afectaba a nobles de los Estados germánicos resultantes, mientras que en otros no se llevaron a cabo procedimientos especiales para modificar un título sin significado pragmático en sus territorios, solo uno de prestigio histórico. De ahí que a partir de la segunda década del siglo XIX, los que usaban la designación de conde del Sacro Imperio como título nobiliario eran principalmente nobles extranjeros.[9]

Reino de España

Bajo el sistema nobiliario español, los antiguos títulos inmediatizados del SIRG se conocen por la designación «del Sacro Romano Imperio». De este modo, los reichsfreiherr y reichsgraf aparecen en los elencos nobiliarios españoles como barón y conde del Sacro Romano Imperio, respectivamente.[9] En el contexto español, se debe distinguir entre los condes imperiales (título propio del Sacro Imperio), y los que les siguieron tras la asunción del título por la monarquía española (convirtiéndose en título español bajo el mismo nombre).

Se tiene constancia de hasta tres españoles que recibieron el título imperial de la mano del emperador Fernando III como reconocimiento por sus acciones como oficiales del Ejército imperial o prolíferos embajadores. Al ser títulos honoríficos, no estaban ligados a territorios en el Sacro Imperio, y al ser títulos extranjeros, tampoco se podían relacionar con territorios españoles (es decir, que pese a tener sus condados o marquesados en España, estos nobles no podían adelantar el tratamiento imperial al nombre de estos). En consecuencia, usaban la propia traducción castellana del rango imperial como título nobiliario propio, que recibía también un número ordinal. Como resultado, hubo más de un «primer conde del Sacro Romano Imperio» en territorios del Reino de España al mismo tiempo.

Existe una confusión con respecto a la identidad del primer español en recibir en 1641 el título de reichsgraf, entre Fernando Vera y Zúñiga y su familiar (hermano o sobrino, según qué fuente) Fernando de Acevedo y Vera.[10] Es más probable que fuese el primero, pero sea quien fuere, sería el primer titular del condado homónimo español (véase a continuación). El otro español en llamarse 1.º conde del Sacro Imperio fue el entonces mariscal de campo del Sacro Imperio y futuro capitán general de la capitanía general de Santo Domingo, Félix de Zúñiga y Guzmán. Este recibió el título en 1646, e hizo uso de él también durante su mando en La Española. Todos ellos tenían la designación germánica de reichsgraf, y en el caso de Fernando Vera, también la tendrían sus tres sucesores directos. A diferencia de otros países, como Italia, en el sistema nobiliario español el título era transmisible por línea femenina, pero seguía siendo un título extranjero que no se veía afectado por la normativa premial del Reino de España.[9]

Alrededor de 1730, el rey de España Felipe V integró el título bajo la Corona española, creando el condado del Sacro Romano Imperio. En aquella época en España se extendía también la práctica de concesión de títulos honoríficos, sin estar ligados a tierras o posesiones (si bien los rangos importantes se solían conceder a nobles que ya poseían tierras bajo otros títulos). Vicente Javier de Vera, IV conde del Sacro Romano Imperio por la línea de Fernando Vera (como título imperial), volvió a ser «primer conde», esta vez con la expresión «Sacro Romano Imperio» pasando a referirse al nombre del condado, siendo su titular a partir de entonces conde de la nobleza española.

Cabe destacar que también hubo otros españoles con el título de reichsgraf que no hicieron uso del él en el ámbito nobiliario español, ni lo tradujeron ni le dieron el significado de nombre de título propio. Un ejemplo sería Diego Hurtado de Mendoza, III conde de la Corzana, quien lo recibió en 1705 del emperador Leopoldo I en el contexto de la Guerra de Sucesión.

El título de reichsgraf aparece en varias películas de habla alemana de los años 50, con notable presencia en Kaiserball (’La gala imperial‘), un filme austríaco en el que uno de los protagonistas, ayudante personal del archiduque de Austria, posee esta dignidad. En la película, ambientada en el Imperio austrohúngaro de principios del siglo XX, queda patente el uso continuo que se hacía del título en Austria como referencia directa, como también su consideración de alta nobleza, ya que se pretendía su matrimonio con una princesa.

Notas

  1. Una raíz léxica distinta a la de los príncipes de las monarquías, prinzen, pero similar en su significado etimológico original: «primero»
  2. La palabra herzog («señor de campaña») tiene sus raíces en las tribus germánicas antiguas, con significado etimológico parecido al de ‘duque’ («el primero del ejército»). A su vez, graf proviene del alto alemán medio, siendo usado en la Antigüedad para dignatarios y altos funcionarios.
  3. El título de marqués es un poco posterior al del margrave (de hecho, se basaba en el título germánico), y tenía el mismo significado original: «conde de marca» .
  4. La palabra alemana Reichsstand se puede traducir tanto en ‘Estado imperial’ como en ‘estamento imperial’, siendo de hecho ambos vocablos (estado y estamento) de la misma raíz etimológica.
  5. Títulos imperiales de mayor rango, concretamente príncipes y duques del Reich, recibieron a su vez el tratamiento de Durchlaucht.
  6. Uno de tres cuerpos parlamentarios, el que representaba a la totalidad de los estamentos imperiales (nobleza inmediatizada). Tenía voz y voto en todos los asuntos del Imperio que requerían sufragio, salvo en la elección del emperador (que recaía en el consejo de los príncipes electores).

Referencias

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