Verruga genital

tipos de verrugas/enfermedad que puede transmitirse a través de los actos sexuales From Wikipedia, the free encyclopedia

Las verrugas genitales (condilomas o condiloma acuminata) son una infección de transmisión sexual altamente contagiosa, causada por el virus del papiloma humano (VPH).[1] Se transmite por contacto directo de piel o mucosas durante las relaciones sexuales por vía oral, genital o anal con una persona infectada, sin requerir penetración para que ocurra el contagio. [2][3]

Diagnóstico El VPH es la única causa del cáncer de cuello uterino
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Verruga genital

Verrugas genitales en el ano.
Especialidad infectología
dermatología
Diagnóstico El VPH es la única causa del cáncer de cuello uterino
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Cuadro clínico

Visto con un microscopio

El síntoma principal es la aparición de verrugas en los órganos sexuales. Los condilomas se presentan a menudo en aglomeraciones y pueden ser muy pequeñas o pueden extenderse en grandes masas sobre el área genital o anal. Pueden desarrollar pequeñas carnosidades similares a una coliflor.

En las mujeres, las verrugas se presentan en las partes interior y exterior de la vagina, en la abertura (cérvix) hacia el vientre (útero) o alrededor del ano. En los hombres, las verrugas genitales son menos comunes. En caso de presentarlas, se pueden observar generalmente en la cabeza del pene. También se pueden encontrar en el cuerpo de este, en el escroto o alrededor del ano. Se da el caso, poco común, que se presentan verrugas genitales en la boca o garganta de un individuo que ha practicado sexo oral con una persona infectada.[4]

Embarazo y nacimiento

Las verrugas genitales pueden causar numerosos problemas durante el embarazo. A veces se agrandan en este periodo, dificultando la micción. Si las verrugas se presentan dentro de la vagina, pueden disminuir su elasticidad y causar obstrucción durante el parto.

En raras ocasiones, un bebé cuya madre presenta la infección desarrollará verrugas en la garganta (papilomatosis laríngea). Aunque poco común, es una condición potencialmente mortal para el niño que requiere frecuentemente cirugía por láser para evitar obstrucciones en los conductos respiratorios. Estudios sobre el uso de la terapia de interferón combinada con la cirugía por láser indican que este fármaco puede ayudar a desacelerar el curso de este mal.

Diagnóstico

Verrugas genitales en el prepucio.
Verrugas genitales en la vulva.
Verrugas genitales en el pene.

Se diagnostica esta infección con sólo observarla en un paciente. Las mujeres con verrugas genitales deben someterse también a un examen para detectar posibles verrugas en el cuello uterino. Hay evidencia de que la infección por el VPH puede causar cáncer cérvicouterino.

El médico puede identificar verrugas en tejido genital, que de otro modo serían invisibles, mediante la aplicación de vinagre (ácido acético) sobre áreas en que se sospeche la presencia de infección. Esta medida provoca que las áreas infectadas se tornen blancuzcas, lo que las hace más visibles, más aún si se realiza un procedimiento llamado colposcopia. Durante la colposcopia, el médico usa una lente de aumento para examinar la vagina y cérvix. En algunos casos, el doctor toma una muestra de tejido del cuello uterino (biopsia) y la examina al microscopio.

Una prueba de Papanicolaou también puede indicar la posible presencia de una infección cervical por VPH. En este examen, un empleado de laboratorio examina células tomadas del cérvix bajo el microscopio para ver si son cancerosas. Si el papanicolau de una mujer arroja resultados anormales, es probable que esta tenga una infección por VPH. De ocurrir esto, deberán llevarse a cabo exámenes posteriores para detectar y tratar cualquier problema cervical.

Tratamiento

Las verrugas genitales pueden desaparecer espontáneamente en un período de semanas a meses, aunque en muchos casos requieren tratamiento para aliviar los síntomas, por razones estéticas o para reducir el riesgo de transmisión. Los tratamientos eliminan las lesiones visibles, no pero erradican el virus, por lo que pueden reaparecer después de la terapia. [5] [6]Si se sospecha de padecerlas, se debe consultar a un médico para examen y tratamiento de ser necesario.[7] La elección terapéutica depende del número, tamaño y localización de las verrugas, así como de embarazo y la decisión profesional.

Los tratamientos disponibles se dividen en terapias tópicas y físicos:

  • Imiquimod al 5%, una crema de respuesta inmunitaria que estimula la respuesta local del huésped. Se aplica sobre el área infectada.
  • Una solución antimitótica (que detiene la mitosis o reproducción celular) de podofilina al 20%, que se aplica sobre el área afectada. Posteriormente, usualmente a las cuatro horas se lava, para reducir efectos secundarios. Es el profesional quien realiza la cura porque debe aplicar la dosis justa.
  • Una solución (loción o gel) de podofiloxina (podofilox) al 0.5%, aplicada con un hisopo directamente sobre la verruga, cuidando de cubrir el área sana con vaselina, es importante evitar dejarlo por mucho tiempo. Puede realizarla el paciente en su hogar bajo asesoramiento profesional.
  • Ácido tricloroacético (ATC) o ácido bicloroacético (ABC) al 80-90%, aplicados por un profesional sobre las lesiones.

El uso de podofilina en resina cruda, 5-fluorouracilo o interferón no se recomienda actualmente, debido a su baja eficacia o toxicidad. Estas terapias tampoco deben emplearse durante el embarazo.

Si las verrugas son pequeñas, se pueden eliminar por congelación (criocirugía), quemarse (electrocauterización), o tratamiento con láser. Ocasionalmente, deberá realizarse una cirugía para eliminar verrugas demasiado grandes que no responden a los otros tratamientos. Este último podría decirse que es el más efectivo, dada su naturaleza.

En la mayoría de las personas inmunocompetentes, la infección por VPH es transitoria: el sistema inmunitario logra eliminar o suprimir el virus hasta niveles indetectables en un período de uno a dos años.[2] Sin embargo, en una fracción menor de casos la infección persiste, lo que aumenta el riesgo de desarrollar lesiones intraepiteliales o cánceres anogenitales y orofaríngeos, especialmente cuando se trata de genotipos de alto riesgo.[8][1]

Prevención

La infección por el virus del papiloma humano (VPH) puede prevenirse principalmente mediante la vacunación y la adopción de prácticas sexuales seguras. La vacuna contra el VPH es la herramienta más eficaz, ya que protege frente a los tipos virales responsables de la mayoría de los casos de verrugas genitales y de cánceres anogenitales y orofaríngeos.[9]

La Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud recomiendan vacunar a niñas y niños entre los 9 y 14 años, antes del inicio de la actividad sexual, dado que la respuesta inmunitaria es más alta y la eficacia preventiva, mayor.[10] En personas inmunocomprometidas se aconseja un esquema de tres dosis para asegurar una protección adecuada.[10]

El uso sistemático del preservativo durante las relaciones sexuales disminuye el riesgo de transmisión, aunque no brinda protección completa, ya que el virus puede infectar zonas no cubiertas por el preservativo. Otras medidas preventivas incluyen limitar el número de parejas sexuales, evitar el consumo de tabaco, que se asocia con una mayor persistencia viral, y realizar controles ginecológicos periódicos o pruebas de detección del VPH y lesiones cervicales según las recomendaciones sanitarias locales.

La combinación de vacunación, educación sexual y detección temprana de lesiones precancerosas ha demostrado reducir significativamente la incidencia de cáncer de cuello uterino y otras enfermedades relacionadas con el VPH, constituyendo una estrategia de salud pública esencial a nivel mundial.

Epidemiología

Las infecciones genitales por VPH constituyen la infección de transmisión sexual más frecuente a nivel mundial. Se estima que más del 80% de las personas sexualmente activas entrarán en contacto con algún tipo de VPH a lo largo de su vida. [2][3] tienen una prevalencia estimada en los EE. UU. del 10-20% y manifestaciones clínicas en el 1% de la población adulta sexualmente activa.

A escala global, la prevalencia media de infección genital por VPH en mujeres se sitúa en torno al 11–12%, mientras que en hombres asciende a 31% para cualquier tipo de VPH y 21% para tipos de alto riesgo.[1][3] [11] La infección es más común en jóvenes de 15 a 30 años, coincidiendo con el período de mayor actividad sexual.[3]

Las tasas de prevalencia varían considerablemente entre regiones: las más altas se registran en África subsahariana (~24%), América Latina y el Caribe (~16%), y el Sudeste asiático (~14%), mientras que las más bajas corresponden a Europa y Asia oriental (~11%).[8]

La incidencia de infección por el VPH en los Estados Unidos ha aumentado entre 1975 y 2006. Aproximadamente el 80% de los infectados tienen entre 17 y 33 años de edad. Aunque los tratamientos pueden eliminar las verrugas, no eliminan el VPH, por lo que las verrugas pueden reaparecer después del tratamiento (alrededor del 50-73% de las veces). Las verrugas también pueden retroceder espontáneamente (con o sin tratamiento).

Las teorías tradicionales postulaban que el virus permanecía en el cuerpo durante toda la vida. Sin embargo, los estudios que utilizan técnicas de sensibilidad del ADN han demostrado que a través de la respuesta inmunológica, el virus puede ser eliminado o suprimido a niveles indetectables por las pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Un estudio que examinó la piel genital para detectar el VPH subclínico usando PCR encontró una prevalencia del 10%.[12]

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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