Cuarto camino

From Wikipedia, the free encyclopedia

G. I. Gurdjieff, fundador de la escuela del cuarto camino.

Introducción

El Cuarto Camino es un método de desarrollo y autoconocimiento introducido en Occidente por George Ivanovich Gurdjieff, que busca integrar el pensamiento, las emociones y el cuerpo en la vida cotidiana, sin requerir el aislamiento del mundo. Se lo llama así porque se diferencia de los tres caminos tradicionales: mientras que el Camino del Faquir se centra sólo en el centro motor, el Camino del Monje en el centro emocional y el Camino del Yogui en el centro intelectual, el Cuarto Camino permite a las personas trabajar en su crecimiento interior integrando los tres centros, sin tener que retirarse de la vida ni abandonar sus responsabilidades mundanas.[1]

“Aunque en muchos aspectos estos caminos son muy diferentes, lo característico de ellos es que el primer paso es el más difícil. Desde el primer momento mismo tiene usted qué renunciar a todo y hacer lo que se le dice. Si conserva una sola cosa pequeña, no podrá seguir ninguno de estos caminos. De modo que, aunque los tres caminos son buenos en muchos otros aspectos, no son lo suficientemente elásticos. Por ejemplo, no se amoldan a nuestro actual modo de vida. El Faquir es un exagerado hombre nº 1 con pesado predominio del centro instintivo motor. El Monje es un exagerado hombre nº 2 con el centro emocional desarrollado y los otros subdesarrollados. El Yogi es un exagerado hombre nº 3 con el centro intelectual desarrollado y los otros no suficientemente desarrollados. Si sólo existiesen estos tres caminos tradicionales, no habría nada para nosotros, pues estamos demasiado sobre educados para estos caminos. Pero existe un Cuarto Camino que es un camino especial, no una combinación de los otros tres. Es diferente de los otros, primero de todo, en que no hay un renunciamiento externo a las cosas, pues todo el trabajo es interior.”

— P. D. Ouspensky (1957), El Cuarto Camino, p. 78.

El objetivo del Cuarto Camino es el estudio de sí, el recuerdo de sí y el desarrollo de sí, para acercarnos a la integración y la conciencia de sí a través de la práctica, el esfuerzo consciente y la atención dirigida. Enseña cómo aumentar y enfocar la atención y la energía de diversas maneras, y minimizar la mecanicidad, la ensoñación y la distracción. Este desarrollo interior es el inicio de un posible proceso de cambio posterior, cuyo objetivo es transformar al ser humano en lo que debería ser.[2]

“Nuestra idea fundamental va a ser que el hombre, tal como lo conocemos, no es un ser completo; que la naturaleza lo desarrolla sólo hasta un cierto punto y que luego lo deja, para que siga desarrollándose por sus propios esfuerzos e iniciativas, o vivir y morir tal cual nació, o degenerar y perder su capacidad de desarrollo. En este caso la evolución del hombre querrá decir el desarrollo de ciertas cualidades y rasgos interiores que generalmente permanecen sin crecer y que no pueden desarrollarse por sí solos. La experiencia y la observación muestran que ese desarrollo es posible sólo en ciertas condiciones determinadas, con esfuerzos de cierta clase por parte del hombre mismo, y con ayuda suficiente de aquellos que comenzaron antes un trabajo similar y que ya han obtenido un cierto grado de desarrollo, o por lo menos cierto conocimiento de los métodos.”

— P. D. Ouspensky (1947), Psicología de la posible evolución del hombre, p. 4.

Orígenes históricos

Gurdjieff dedicó gran parte de su vida a la búsqueda de conocimientos sobre la naturaleza del ser humano y las leyes universales que rigen la existencia. En su juventud, según su propio relato, la búsqueda de dicho conocimiento lo llevó a emprender numerosos viajes por Oriente y Medio Oriente, recorriendo regiones del Cáucaso, Asia Central, Egipto, Irán, Persia, India y el Tíbet, en contacto con diversas escuelas, monasterios y tradiciones espirituales.[3]

Fruto de esas experiencias, Gurdjieff elaboró un sistema que integraba elementos del sufismo, el cristianismo esotérico, el hermetismo y varias enseñanzas orientales, adaptándolos a un método práctico aplicable a la vida moderna. Su propósito era ofrecer una vía de desarrollo interior accesible al hombre contemporáneo, capaz de integrar cuerpo, emoción y pensamiento sin necesidad de retiro o ascetismo.

“El cuarto camino no exige que uno se retire del mundo, no exige que uno abandone todo aquello por lo que se ha vivido hasta el momento. Este camino comienza mucho más lejos que el del yogui. Esto significa que es necesario estar preparado para entrar en el cuarto camino, y que esta preparación, que es de las más serias, tiene que adquirirse en la vida ordinaria y aplicarla sobre muchos lados diferentes. Además, el hombre que quiere seguir el cuarto camino tiene que reunir en su vida condiciones favorables al trabajo, o por lo menos aquellas que no lo hagan imposible; porque es necesario convencerse de que tanto en la vida exterior como en la vida interior, ciertas condiciones pueden constituir barreras infranqueables para el cuarto camino. Añadamos aún, que este camino, contrariamente al del faquir, al del monje y al del yogui, no tiene una forma definida. Ante todo, tiene que ser hallado. Es la primera prueba. Y es difícil, porque el cuarto camino es mucho menos conocido que los otros tres caminos tradicionales. Son numerosas las personas que nunca han oído hablar de él o que niegan simplemente su existencia o aun su posibilidad. Sin embargo, el comienzo del cuarto camino es más fácil que el comienzo de los caminos del faquir, del monje y del yogui. Es posible seguir el cuarto camino y trabajar en él mientras uno continúa atendiendo sus ocupaciones ordinarias, en las condiciones habituales de la vida, sin cortar las relaciones que uno tiene con la gente, sin abandonar nada. Este camino no exige el renunciamiento. Por el contrario, las condiciones de vida en las que un hombre se encuentra cuando emprende el trabajo —o en las que el trabajo lo sorprende, por así decirlo— son las mejores posibles para él, por lo menos al comienzo. Porque ellas le son naturales. Ellas son el hombre mismo, porque la vida de un hombre y sus condiciones corresponden a lo que él es.”

— P. D. Ouspensky (1949), Fragmentos de una enseñanza desconocida.

Luego de pasar más de veinte años en una búsqueda profunda por la verdad, Gurdjieff regresa a Moscú, donde comienza a atraer a sus primeros estudiantes, entre ellos su primo, el escultor Sergey Merkurov, y el excéntrico Rachmilievitch. Con ellos forma el Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre.[4]

En 1914, Gurdjieff anuncia su ballet La lucha de los magos. En 1915 conoce a Peter Demianovich Ouspensky y, en 1916, al compositor Thomas de Hartmann y a su esposa, Olga de Hartmann, quienes se convierten en sus estudiantes. En ese momento contaba con unos treinta alumnos.[5]

En 1917 regresa a Alexandropol y establece una comunidad de estudio temporal en Essentuki, en el Cáucaso, donde trabaja intensamente con un pequeño grupo de alumnos rusos. En la primavera de 1919 conoce al artista Alexandre de Salzmann y a su esposa Jeanne de Salzmann, a quienes acepta también como discípulos. Con la ayuda de Jeanne de Salzmann realiza la primera demostración pública de sus Danzas Sagradas (Movimientos) en la Ópera de Tbilisi, el 22 de junio.

En el otoño de 1919 fundó su Instituto para el Desarrollo Armonioso del Hombre junto al Dr. Leonid Stjoernval, Thomas y Olga de Hartmann, Alexandre y Jeanne de Salzmann, y Julia Ostrowska, como miembros fundadores. Durante este tiempo, Gurdjieff trabaja intensamente en el ballet aún no representado La lucha de los magos.[6]

Entre agosto de 1921 y 1922 viaja por Europa occidental, ofreciendo conferencias y demostraciones de su trabajo en diversas ciudades, entre ellas Berlín y Londres. En este período atrae la lealtad de varios alumnos destacados de Ouspensky, como el editor de la revista The New Age, Alfred Richard Orage.

El 1 de octubre de 1922 establece finalmente el Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre al sur de París, Francia, en el Prieuré des Basses Loges en Avon, cerca del Château de Fontainebleau.[7]

Principios del sistema

La autoobservación y el recuerdo de sí

La observación de sí constituye el punto de partida del trabajo interior en el Cuarto Camino. Gurdjieff la consideraba como el primer paso fundamental hacia el despertar.[8] Consiste en el esfuerzo consciente por observar los propios pensamientos, emociones y reacciones sin intentar justificarlos ni modificarlos, y sin identificarse con ellos. A través de esta práctica, se busca constatar la mecanicidad en la que vive el ser humano, y el hecho de que, la mayor parte del tiempo, el humano no actúa, sino que reacciona automáticamente ante los estímulos.

“El método fundamental para el estudio de sí es la observación de sí. Sin una observación de sí correctamente conducida, un hombre no comprenderá jamás las conexiones y las correspondencias de las diversas funciones de su máquina, no comprenderá jamás cómo ni por qué en él ‘todo sucede’.”

— P. D. Ouspensky (1949), Fragmentos de una enseñanza desconocida.[8]

El recuerdo de sí representa un nivel más profundo de atención. Mientras que la autoobservación implica dirigir la atención hacia lo que se observa, el recuerdo de sí añade la presencia simultánea del objeto y del sujeto, es decir, el reconocimiento de “yo estoy aquí observando”. Para esto, el primer cambio que se requiere es una separación en la que la atención se divide.[9]

“Nuestro esfuerzo debe ser siempre claro: estar presente, que es el comienzo del recuerdo de sí. Cuando la atención se divide, estoy presente en dos direcciones, tan presente como pueda. Mi atención se dirige en dos direcciones opuestas y yo estoy en el medio. Es el acto del recuerdo de sí.”

— Jeanne de Salzmann (2011), La realidad del Ser.[9]

Los tres centros o funciones

La enseñanza del Cuarto Camino atribuye diferentes áreas del funcionamiento humano a tres centros principales: intelectual, emocional y motor-instintivo. Cada uno corresponde a una forma distinta de percibir, responder y relacionarse con el entorno. El centro intelectual está relacionado con el pensamiento, la formación de ideas, la memoria y los procesos de razonamiento. El centro emocional interviene en las sensaciones, sentimientos y emociones. El centro motor comprende los movimientos voluntarios, hábitos físicos, reflejos y funciones automáticas del organismo.

Según Gurdjieff, en la vida ordinaria estos centros no actúan en equilibrio, sino que suelen interferirse, lo que conduce a una existencia fragmentada y mecánica. En este sentido, el propósito del Trabajo es armonizarlos para que actúen bajo una dirección más consciente, mediante la observación y el esfuerzo deliberado para unificar pensamiento, emoción y movimiento bajo una misma atención.[8] [9][10]

“Deben comprender que los tres centros principales: intelectual, emocional y motor, son interdependientes y que, en un hombre normal, siempre trabajan simultáneamente. Esta es precisamente la mayor dificultad en el trabajo sobre sí. ¿Qué significa esta simultaneidad? Significa que el trabajo del centro intelectual está ligado a otro trabajo, el de los centros emocional y motor, es decir que cierta clase de pensamiento está ligado inevitablemente a cierta clase de emoción (o estado mental), y a cierta clase de movimiento (o postura), y que una pone en marcha a la otra; dicho de otra manera, que una clase de emoción (o estado mental) desencadena ciertos movimientos o actitudes, y ciertos pensamientos, del mismo modo que cierta clase de movimientos o de posturas ponen en marcha ciertas emociones, o estados mentales, etc.... Todas las cosas están conectadas, y una no puede existir sin otra.”

— P. D. Ouspensky (1949), Fragmentos de una enseñanza desconocida.[8]

La máquina humana y la mecanicidad

En las enseñanzas de Gurdjieff, se describe al ser humano ordinario como una “máquina”, es decir, como un organismo complejo que funciona casi enteramente por automatismos físicos, emocionales e intelectuales. Según esta concepción, la mayoría de las acciones, pensamientos y sentimientos no son el resultado de una voluntad consciente, sino de hábitos condicionados por influencias e impresiones externas.[11]

“El hombre, tal como lo conocemos, es una máquina. Esta idea de la mecanicidad del hombre debe ser comprendida muy claramente, y ser bien visualizada por uno mismo, para poder ver toda su importancia y todas las consecuencias y resultados que surgen de ella.”

— G. I. Gurdjieff (1977), Perspectivas desde el mundo real.[11]

Según esta perspectiva, el hombre no “es”, sino que “le suceden cosas”. La mecanicidad de su funcionamiento hace que cada impulso, emoción o pensamiento asuma el control, originando una multiplicidad de “yoes” parciales y contradictorios que se alternan constantemente.[8] [11]

P. D. Ouspensky, en Fragmentos de una enseñanza desconocida, amplía este concepto describiendo que el ser humano vive en un estado de vigilia aparente que, en realidad, se asemeja al sueño, ya que ambos están regidos por automatismos y reacciones mecánicas. En este sentido, la observación imparcial de esta condición —sin juicio ni identificación— constituye el primer paso del trabajo interior, permitiendo al individuo reconocer los patrones automáticos y abrir un espacio para la práctica consciente de la atención.[8]

La Ley de Tres (fuerzas) y la Ley de Siete (octava)

En la cosmología desarrollada por Gurdjieff, toda manifestación del universo —en los planos físico, biológico, psicológico o espiritual— está regida por dos leyes fundamentales: la Ley de Tres y la Ley de Siete.[8]

“Es imposible estudiar un sistema del universo sin estudiar al hombre. Al mismo tiempo, es imposible estudiar al hombre sin estudiar el universo. El hombre es una imagen del mundo. Ha sido creado por las mismas leyes que crearon el mundo entero. Si un hombre se conociera y se comprendiera a sí mismo, conocería y comprendería el mundo entero, todas las leyes que crean y que gobiernan el mundo. E inversamente, a través del estudio del mundo y de las leyes que lo gobiernan, aprendería y comprendería las leyes que lo gobiernan a él mismo. A este respecto, ciertas leyes se comprenden y asimilan más fácilmente por medio del estudio del mundo objetivo, y otras no pueden ser comprendidas sino por el estudio de sí. Por lo tanto, el estudio del mundo y el estudio del hombre se deben conducir paralelamente, uno ayudando al otro.”

— P. D. Ouspensky (1949), Fragmentos de una enseñanza desconocida.[8]

La Ley de Tres establece que todo fenómeno es el resultado de la interacción de tres fuerzas independientes:

  • La Fuerza Activa (primera fuerza): la fuerza iniciadora, la que impulsa.
  • La Fuerza Pasiva (segunda fuerza): la fuerza de resistencia, obstáculo o rechazo.
  • La Fuerza Neutralizante (tercera fuerza): la fuerza que reconcilia o armoniza, la que hace posible un resultado.

Estas fuerzas no son meramente simbólicas, sino energéticas; y para que cualquier manifestación o creación tenga lugar —desde lo cósmico hasta lo individual—, estas tres fuerzas deben reunirse en un punto de conjunción.[11]

La Ley de Siete, también conocida como Ley de Octava, describe el principio de que ningún proceso en el universo se desarrolla de manera lineal o continua, sino que se caracteriza por períodos de aceleración y desaceleración en intervalos definidos.[9] En este sentido, Gurdjieff utilizó la estructura de la escala musical para ilustrar el funcionamiento de esta ley, ya que su patrón rítmico es similar al de una octava musical que se compone de siete notas (do-re-mi-fa-sol-la-si-do), con intervalos entre mi-fa y si-do que representan los momentos de pausa o desviación en los que la energía disminuye. Para que el proceso continúe, es necesario un “choque” o impulso consciente.[8]

El eneagrama como símbolo de procesos

El Eneagrama es una figura simbólica que Gurdjieff utilizó para representar la interacción de las Leyes de Tres y de Siete. En la enseñanza del Cuarto Camino, funciona como una herramienta para comprender el movimiento cíclico de la energía y los puntos de transformación que intervienen en todo proceso. El Eneagrama fue concebido por Gurdjieff como un símbolo del funcionamiento de las leyes universales que rigen la creación y la transformación, en los planos físico, psicológico y espiritual.[8]

Símbolo del Eneagrama

El símbolo del Eneagrama está formado por nueve puntos y combina tres elementos:

  • El círculo simboliza el cero, representa la unidad total y la naturaleza cíclica de todos los procesos.
  • El triángulo (puntos 9-3-6) simboliza la Ley de Tres, es decir, las tres fuerzas que interactúan en todo fenómeno.
  • La figura hexagonal (puntos 1-4-2-8-5-7) representa la Ley de Siete, que describe cómo todo proceso se desarrolla de manera desigual, con momentos donde la energía cambia de dirección o es necesario un “choque consciente”.

Así, el Eneagrama muestra el patrón de desarrollo de cualquier proceso del universo, desde el crecimiento de una planta, animal o ser humano, hasta todo tipo de organización existente.[12]

“Dijo una vez Gurdjieff: ‘Saber es saberlo todo, no saberlo todo es no saber. Para saberlo todo es necesario saber muy poco, pero para saber ese poco hay que saber antes mucho.’ El eneagrama es una experiencia de ese poco, pero para comprenderlo necesitamos mucha experiencia. Puede convertirse, para todos nosotros, en una fuente inagotable de comprensión y de inspiración, al hacer posible que nuestros procesos de pensamiento se amolden a la conformación del mundo y, a la vez, a la de nuestro propio ser. Es un instrumento que nos capacita para ver el modo y el momento en que se ajustan los acontecimientos a las leyes cósmicas, y nos permite así reconocer lo que hay de posible y de imposible en las empresas humanas.”

— J. G. Bennett, Estudios sobre el Eneagrama.[12]

El Trabajo en grupos y las condiciones del Cuarto Camino

En el Cuarto Camino, el Trabajo designa el conjunto de prácticas y esfuerzos conscientes que tienen como objetivo el desarrollo integral del ser humano. Según Gurdjieff, este proceso no puede realizarse de manera aislada, sino que requiere de la guía de un maestro y del trabajo conjunto dentro de un grupo, que es considerado un espacio de práctica donde los participantes se observan a sí mismos en relación con los demás y con las circunstancias de la vida.[8]

A diferencia de los caminos tradicionales (el del Faquir, el del Monje y el del Yogui), en el Cuarto Camino la práctica del Trabajo se realiza en medio de las circunstancias ordinarias de la vida, sin necesidad de retirarse del mundo. En este sentido, un grupo de trabajo cumple un papel fundamental, porque un individuo, por sí solo, no puede mantener la tensión ni la objetividad necesarias para verse con claridad. La interacción con los demás crea una “presión consciente” que ayuda a descubrir aspectos de sí mismo que normalmente permanecen ocultos. En los grupos se realizan tareas concretas, ejercicios de atención, se comparten lecturas y se proponen debates, todo en pos de que los individuos puedan confrontar sus automatismos, reacciones mecánicas y contradicciones internas. Como se afirma en el Cuarto Camino, “un hombre solo no puede hacer nada, no puede alcanzar nada”.[8]

“Estamos hablando de un grupo que se forma para trabajar sobre sí mismo, que no está en el nivel de la vida ordinaria. Es animado por pensamientos y sentimientos diferentes. Su existencia tiene que ser marcada por eventos que son esencialmente diferentes de los de la vida ordinaria… Un grupo existe para que podamos encontrar en nosotros mismos un estado en el cual nos sea posible experimentar algo real. Necesito de la fuerza superior que me llega a través del grupo. Cuando estoy solo, con mis medios ordinarios, no puedo acceder a la calidad de trabajo requerida ni alcanzar la intensidad necesaria.”

— Jeanne de Salzmann, La realidad del Ser.[9]

Las enseñanzas de Gurdjieff describen tres líneas complementarias de Trabajo:[8][9][10]

  • Primera línea: el trabajo sobre uno mismo

Incluye la práctica de la autoobservación, el recuerdo de sí, el control de la atención y la transformación de las emociones negativas, con el propósito de salir de los automatismos y desarrollar una presencia más estable y consciente en la vida diaria.

  • Segunda línea: el trabajo con los demás

Se desarrolla dentro del grupo y en las relaciones diarias. Conlleva un esfuerzo de comprensión, cooperación y fricción consciente con otros, que actúan como espejos que permiten revelar las propias identificaciones y reacciones mecánicas.

  • Tercera línea: el trabajo para la enseñanza

Representa el esfuerzo para servir a un propósito más amplio que el beneficio personal. Por ejemplo, sostener el grupo, participar en la transmisión de la enseñanza o contribuir a la preservación del legado. Esta línea es la que conecta el trabajo individual con una finalidad impersonal y consciente.

Principales continuadores de la enseñanza del Cuarto Camino

Tras la muerte de G. I. Gurdjieff en 1949, varios de sus discípulos directos continuaron desarrollando y transmitiendo las ideas del Cuarto Camino en distintas partes del mundo. Algunos de ellos fundaron grupos y fundaciones dedicadas al estudio práctico de la enseñanza, mientras que otros publicaron obras, comentarios y registros de sus experiencias junto al maestro. Entre los más destacados se encuentran P. D. Ouspensky, Thomas y Olga de Hartmann, Jeanne y Alexandre de Salzmann, John G. Bennett, Maurice Nicoll, A. R. Orage y Jessmin y Dushka Howarth, cuyas contribuciones permitieron la preservación y expansión del sistema gurdjieffiano a lo largo del siglo XX.

P. D. Ouspensky

Peter Demianovich Ouspensky fue una figura clave en el desarrollo y la difusión del sistema del Cuarto Camino en Occidente. En 1912 publicó Tertium Organum, obra que fue leída por Gurdjieff y a partir de la cual lo identificó como un posible discípulo. En 1915, Gurdjieff lo aceptó como alumno, y Ouspensky estudió intensivamente con él entre 1915 y 1918. Durante el resto de su vida difundió el sistema impartido por Gurdjieff como un método práctico para el desarrollo de la conciencia. A partir de 1921 dirigió grupos de estudio y tuvo una influencia considerable entre escritores e intelectuales. En 1931 publicó Un nuevo modelo del universo. En 1940 se trasladó a los Estados Unidos junto con algunos de sus alumnos londinenses y continuó dando conferencias hasta su muerte en 1947. Entre sus principales aportes se encuentran las Conferencias de Psicología (1934–1940), distribuidas de forma privada y más tarde publicadas póstumamente como La psicología de la posible evolución del hombre. Estas conferencias, concebidas como una guía para sus estudiantes, expresan la reflexión de Ouspensky y su esfuerzo por transmitir un sistema vivo. Otras de sus obras fundamentales son La extraña vida de Iván Osokin (1915), novela que explora el tema del eterno retorno, y En busca de lo milagroso: Fragmentos de una enseñanza desconocida, publicada póstumamente en 1949 con la aprobación de Gurdjieff. Finalmente, sus obras El Cuarto Camino, Conciencia: La búsqueda de la verdad y Un registro adicional reúnen charlas y respuestas a preguntas realizadas entre 1928 y 1945. [13]

Thomas y Olga De Hartmann

Thomas de Hartmann, compositor ruso, fue alumno y colaborador de Gurdjieff entre 1917 y 1929. Durante este período trabajó con él en la composición de la música para los Movimientos y Danzas Sagradas, y más tarde participó en la fundación de la Fundación Gurdjieff de Nueva York. [14]

Olga de Hartmann, soprano rusa, fue secretaria personal de Gurdjieff y colaboró en la redacción de sus escritos. Tras la muerte de su esposo en 1956, continuó apoyando el desarrollo de la obra en Norteamérica y promovió la difusión de la música compuesta por Thomas. [15]

La música de Gurdjieff y de Hartmann fue registrada entre 1951 y 1953 en el estudio Bartok de Nueva York y reeditada posteriormente en diversos formatos (LP, casetes, CD). Hoy puede encontrarse en plataformas digitales. [16]

Alexandre y Jeanne de Salzmann

Alexandre de Salzmann fue iluminador escénico en Rusia y Alemania antes de conocer a Gurdjieff en 1919, año en que se unió a su trabajo. Jeanne de Salzmann, su esposa, fue bailarina, profesora de movimientos rítmicos y discípula cercana de Gurdjieff, con quien colaboró hasta su muerte en 1949. A comienzos de la década de 1950, Jeanne de Salzmann organizó la Asociación Internacional de Fundaciones Gurdjieff, que dirigió hasta su fallecimiento en 1990. [17] [18]

John G. Bennett

John Godolphin Bennett fue científico, matemático y filósofo británico. En 1921 conoció a Gurdjieff y a Ouspensky en Constantinopla, lo que marcó profundamente su vida. En 1923 residió brevemente en el Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre en Francia. Más tarde trabajó con los grupos de Ouspensky y, en 1949, colaboró nuevamente con Gurdjieff en París. En 1971 diseñó cursos inspirados en el Instituto de Fontainebleau, con el objetivo de transmitir las ideas del Trabajo. Falleció en 1974. [19]

Maurice Nicoll

Maurice Nicoll fue médico, psicólogo y discípulo de Freud y Jung antes de conocer a Ouspensky en 1921 y a Gurdjieff en 1922. Su enseñanza combinó la precisión intelectual de Ouspensky con una visión más serena y emocional. Subrayó la importancia de transformar las emociones negativas como vía hacia los centros superiores de conciencia. Sus Comentarios Psicológicos sobre la Enseñanza de G. I. Gurdjieff y P. D. Ouspensky fueron publicados póstumamente en cinco volúmenes entre 1952 y 1955. [20]

A. R. Orage

Alfred Richard Orage fue escritor, editor y figura clave en la difusión del pensamiento de Gurdjieff en los Estados Unidos. En 1922 abandonó su carrera periodística para unirse al Instituto de Fontainebleau. Más tarde, en 1924, viajó a Nueva York como representante de Gurdjieff y dirigió grupos en todo el país. Regresó a Inglaterra en 1930, donde fundó la revista New English Weekly y continuó su labor intelectual hasta su muerte en 1934. [21]

Jessmin y Dushka Howarth

Jessmin Howarth fue coreógrafa y maestra de los Movimientos de Gurdjieff. Colaboró estrechamente con Jeanne de Salzmann y con Gurdjieff en Estados Unidos y Europa. Tras la muerte de Gurdjieff, se dedicó a preservar y transmitir los Movimientos, participando en la filmación de Encuentros con hombres notables (1979). [22]

Dushka Howarth, su hija, continuó la labor de su madre y fundó la Gurdjieff Heritage Society, dedicada a conservar las enseñanzas originales y los Movimientos. En 2009 publicó Depende de nosotras mismas: una madre, una hija, G. I. Gurdjieff. Falleció en 2010. [23]

Origen de los Movimientos o Danzas de Gurdjieff

Los Movimientos de Gurdjieff, también conocidos como Danzas Sagradas, constituyen una parte esencial de la enseñanza del Cuarto Camino. Según los relatos de sus discípulos y del propio Gurdjieff, las experiencias adquiridas durante sus viajes por Asia Central, Oriente Medio, el Cáucaso, África e India, así como su estudio de las danzas tradicionales de esas regiones, inspiraron la creación de los movimientos. [3] [8]

“Ciertas danzas ocupan un lugar importante. Le explicaré brevemente el porqué. Imagínese que para estudiar los movimientos de los cuerpos celestes, por ejemplo de los planetas del sistema solar, se construya un mecanismo especial a fin de darnos una representación animada y hacernos recordar las leyes de estos movimientos. En este mecanismo, cada planeta representado por una esfera de dimensión apropiada, está colocado a una cierta distancia de una esfera central que representa el sol, Una vez puesto en movimiento el mecanismo, todas las esferas comienzan a rotar al desplazarse a lo largo de las trayectorias que les habían sido asignadas, reproduciendo en forma visible las leyes que gobiernan los movimientos de los planetas. Este mecanismo le recuerda todo lo que usted sabe acerca del sistema solar. Hay algo análogo en el ritmo de ciertas danzas. Por los movimientos estrictamente definidos de los ejecutantes y sus combinaciones, se reproducen visualmente ciertas leyes que son inteligibles para aquellos que las conocen. Estas son las danzas llamadas «sagradas». En el curso de mis viajes en el Oriente, muchas veces he sido testigo de tales danzas ejecutadas en los antiguos templos durante los oficios divinos”.

— P. D. Ouspensky (1949), Fragmentos de una enseñanza desconocida.[8]

Entre 1918 y 1949, Gurdjieff desarrolló y enseñó un amplio repertorio de movimientos y danzas en el marco de su Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre, fundado inicialmente en Tiflis (Georgia) tras su salida de Rusia. [8]

A comienzos de 1920, el Instituto se trasladó temporalmente a Constantinopla (actual Estambul), donde continuaron las prácticas y demostraciones públicas. En 1922, Gurdjieff estableció definitivamente su escuela en Fontainebleau-Avon (Francia), en la finca conocida como el Prieuré des Basses-Loges, donde los movimientos se convirtieron en un elemento central del trabajo grupal. [8] [4]

Durante este período, Thomas de Hartmann, compositor y colaborador cercano de Gurdjieff, compuso junto a él la música que acompañaba los movimientos, dando origen a un repertorio musical especialmente diseñado para las exigencias rítmicas, dinámicas y simbólicas de las danzas. [6][24] [25]

Sus discípulos distinguen dos grandes períodos en la creación y enseñanza de los movimientos.

Primer período (1918-1924)

Corresponde a los años del Instituto en Tiflis y Fontainebleau-Avon, anteriores al grave accidente automovilístico que Gurdjieff sufrió cerca de París en 1924. [4] Durante este período se desarrollaron las formas más conocidas de las Danzas Sagradas: Ritmos, Los seis Obligatorios, Danzas de Mujeres, Danzas de los Derviches, Rituales y Movimientos de Oración. [6][10] Estas secuencias de Movimientos eran transmitidas de manera estrictamente práctica.

En 1923, Gurdjieff presentó por primera vez una selección de estos movimientos en el Théâtre des Champs-Élysées de París, y en 1924 realizó distintas presentaciones en Estados Unidos. [26]

Segundo período (1939-1949)

Tras su accidente y luego de un período de convalecencia y retiro parcial, Gurdjieff retoma la enseñanza activa a finales de la década de 1930 y desarrolla un nuevo conjunto de danzas y ejercicios conocidos posteriormente como la Serie de los 39 Movimientos. Estas secuencias fueron enseñadas en su apartamento de París, entre 1941 y 1949, a pequeños grupos de alumnos. [9]

La “Serie 39” fue preservada y transmitida por Jeanne de Salzmann, Michel de Salzmann, Jessmin Howarth, Dushka Howarth y otros continuadores de la enseñanza. Según los relatos de Jessmin y Dushka Howarth, solo una parte de los numerosos movimientos elaborados durante esta década por Gurdjieff fue considerada completa y conforme a su propósito. Los 39 movimientos fueron los únicos que autorizó expresamente para su práctica continuada en Francia, a los que se sumaron siete ejercicios adicionales transmitidos en su última visita a Estados Unidos, conformando la llamada Serie Americana de 46 Movimientos. [25][27]

De acuerdo con sus discípulos, los Movimientos de este período conservaron la estructura formal y la precisión de las danzas anteriores, pero con un énfasis más marcado en el trabajo interior y en la calidad de la atención. [25][28]

Finalidad: integrar los tres centros, la atención y la energía

Dentro del sistema del Cuarto Camino, los Movimientos o Danzas Sagradas fueron concebidos por Gurdjieff como un método práctico para el desarrollo armónico del ser. Su finalidad es integrar los tres centros descritos en su enseñanza: el intelectual, el emocional y el motor-instintivo, que en la vida cotidiana suelen actuar de manera disociada o automática.

Cada movimiento está diseñado para implicar simultáneamente la mente, las emociones y el cuerpo, requiriendo un estado de atención sostenida. Gurdjieff sostenía que solo a través de este esfuerzo consciente puede emerger una energía más sutil, que permita al individuo observar sus mecanismos y desarrollar una presencia unificada. [6] [8] [9]

“En el hombre todo vive de una manera separada, aislada. Uno existe como una máquina. No obstante, uno tiene la posibilidad de existir unificado como una Presencia. Cuando un todo relativo puede ser sentido, es posible decir: «Yo, yo soy». Para mantener esa unidad hace falta un movimiento sostenido y es ese movimiento el que pierdo todo el tiempo.”

— Jeanne de Salzmann, La realidad del Ser.[9]

Los ejercicios combinan posturas precisas, ritmos complejos y recuentos numéricos que desafían la mecanicidad del cuerpo y la coordinación automática. La música —compuesta junto a Thomas de Hartmann— contribuye a establecer un ritmo interno que permite sostener el esfuerzo consciente, favoreciendo la atención dividida y el manejo de la energía en el cuerpo. [4] [6]

Según Jeanne de Salzmann, una de las principales transmisoras de la enseñanza, cada gesto de los movimientos tiene un sentido y cada cambio de postura una dirección de energía.[9] En este sentido, las danzas actúan como un medio para el autoconocimiento y la transformación interior. [25]

Los Movimientos de Gurdjieff representan notas dentro de una octava —principio derivado de la Ley de Siete— que expresa el curso ascendente y descendente de la energía en todo proceso. En este sentido, su práctica busca reconocer los momentos de dispersión o descenso y sostener, mediante la atención consciente, una dirección ascendente capaz de armonizar los tres centros —intelectual, emocional e instintivo-motor— en un mismo acto de presencia.[4] [24]

“Una cierta sucesión de movimientos ha sido prevista para exigir una atención especial del pensar. Sin esta atención, el proceso no podrá continuar. Así, el pensamiento debe ser mantenido con una cierta calidad, una cierta intensidad, pero es el cuerpo el que realiza el movimiento. Para ejecutarlo y para expresar su vida de manera plena, el cuerpo necesita una gran libertad, necesita adaptarse por entero. La menor resistencia del cuerpo impedirá que el pensamiento siga el orden del movimiento. Si esta calidad no puede ser mantenida, el movimiento no seguirá la dirección necesaria. Se romperá, carecerá de sentido. Frente a la dificultad, el sentimiento despierta. La aparición en nosotros una corriente particular, una nueva octava. Estos Movimientos tienen una doble meta. Al requerir una calidad de atención mantenida en varias partes al mismo tiempo, nos ayudan a salir del círculo estrecho de nuestro automatismo. Y a través de una estricta sucesión de posiciones, nos conducen a una nueva posibilidad de pensamiento, sentimiento y acción. Si pudiéramos en verdad comprender su significado y hablar su lenguaje, los Movimientos nos revelarían otro nivel de comprensión.”

— Jeanne de Salzmann, La realidad del Ser.[9]

Expansión del Cuarto Camino

Tras la muerte de G. I. Gurdjieff en 1949, la preservación y difusión de los Movimientos o Danzas Sagradas quedó principalmente en manos de sus discípulos directos, quienes habían trabajado con él en París, Fontainebleau y otros centros de enseñanza. Jeanne de Salzmann asumió un rol central en la organización del Trabajo, supervisando la transmisión de los Movimientos, la formación de instructores y la coordinación de los grupos en Europa.[29][30]

Su hijo, Michel de Salzmann, colaboró en la coordinación internacional y en la preservación de materiales relacionados con los Movimientos y con la música compuesta junto a Thomas de Hartmann.[9]

Otros alumnos directos, como Olga de Hartmann, Jessmin y Dushka Howarth, Solange Claustres y Margareta Arnaud, continuaron enseñando en Europa, supervisaron clases, dirigieron seminarios y formaron nuevos instructores, manteniendo la fidelidad a la metodología original.[6][25][31]

América del Norte

En Estados Unidos y Canadá, la enseñanza del Cuarto Camino se difundió a través de grupos formados por discípulos directos. Jessmin y Dushka Howarth tuvieron un papel relevante en la transmisión de los Movimientos y en la preservación de la llamada Serie de los 39.[32]

Diversas fundaciones contribuyeron al desarrollo regional en ciudades como Nueva York, San Francisco y Miami.[33][34][35]

La expansión del movimiento gurdjieffiano en Norteamérica ha sido abordada también en encuentros y estudios académicos.[36]

Región del Caribe

En la República Dominicana surgieron grupos vinculados a instructores formados por Dushka Howarth y otros alumnos directos, en articulación con la red internacional de fundaciones.[37]

América del Sur

En Caracas se estableció una de las sedes principales del Trabajo de Gurdjieff en Sudamérica. La Fundación G. I. Gurdjieff de Caracas, creada en la década de 1950 bajo la dirección de Nathalie de Salzmann de Etievan —ahijada y alumna directa de Gurdjieff—, se convirtió en un punto de referencia para la coordinación regional. La institución mantuvo la línea de trabajo establecida por Jeanne de Salzmann, incluida la transmisión de los Movimientos y la organización de grupos de estudio.[34][38]

Desde Caracas se articularon grupos asociados en Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Miami (Estados Unidos), Paraguay y Perú.[39] A partir de 1986, se contó con la colaboración de Dushka Howarth, quien impartió seminarios y capacitaciones a solicitud de Nathalie de Etievan.[40]

Argentina

La enseñanza del Cuarto Camino comenzó a desarrollarse en Argentina a mediados de la década de 1960, impulsada por Carlos Matchelajovic y Daphne Ripman. Ambos habían tenido contacto previo con grupos vinculados a P. D. Ouspensky en Franklin Farms (Mendham, Nueva Jersey), donde residieron durante algunos años.[41][42]

Después de viajar por distintos países de América —visitando grupos de Perú y Venezuela— se establecieron en Buenos Aires en 1965, donde comenzaron actividades de estudio y práctica grupal. Con el tiempo, esto llevó a la formación de la Asociación Civil Centro de Estudios Psicoanalógicos (CEP).[43]

En los primeros años, las reuniones se realizaban en una librería en la calle Esmeralda y un local en la avenida Santa Fe, hasta la inauguración de la sede de la calle Charcas en 1980.[44]

Durante las décadas siguientes, el CEP llegó a reunir más de una docena de grupos simultáneos y varias clases de Movimientos semanales, con aproximadamente trescientos participantes. La institución dispuso además de una propiedad en Marcos Paz para retiros y actividades intensivas.[44]

El material más completo sobre esta etapa se encuentra en El Trabajo: Gurdjieff en el Río de la Plata, que reúne charlas impartidas por Matchelajovic.[44]

La red internacional de fundaciones Gurdjieff continúa manteniendo la transmisión formal de los Movimientos en diversos países, preservando la metodología práctica y el enfoque característico del Cuarto Camino.[45]

Referencias

Véase también

Enlaces externos

Related Articles

Wikiwand AI