Cónclave de 2013
elección del nuevo papa para suceder a Benedicto XVI
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El cónclave de 2013, celebrado los días 12 y 13 de marzo en la Capilla Sixtina,[1] fue el proceso electoral mediante el cual el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio resultó electo papa, con el nombre de Francisco, como sucesor de Benedicto XVI, quien había renunciado al pontificado el 28 de febrero del mismo año.[2] En cinco escrutinios participaron ciento quince cardenales electores.
| Cónclave de 2013 | |||||
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Escudo de armas del camarlengo Tarcisio Bertone | |||||
| Sede vacante | |||||
| Papa emérito | Benedicto XVI | ||||
| Fecha | 28 de febrero de 2013 | ||||
| Duración | 13 días | ||||
| Funcionarios clave | |||||
| Decano | Angelo Sodano | ||||
| Vicedecano | Roger Etchegaray | ||||
| Elector anciano | Giovanni Battista Re | ||||
| Camarlengo | Tarcisio Bertone | ||||
| Protoobispo | Roger Etchegaray | ||||
| Protopresbítero | Paulo Evaristo Arns | ||||
| Protodiácono | Jean-Louis Tauran | ||||
| Secretario | Lorenzo Baldisseri | ||||
| Elección papal | |||||
| Inicio | 12 de marzo de 2013 | ||||
| Final | 13 de marzo de 2013 | ||||
| Lugar | Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano | ||||
| Escrutinios | 5 | ||||
| Colegio Cardenalicio elector (ver lista) | |||||
| Electores | 117 | ||||
| Presentes | 115 | ||||
| Ausentes | 2 | ||||
| No electores | 90 | ||||
| Papa electo | |||||
| Francisco (Jorge Mario Bergoglio, S.I.) | |||||
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| Lista cronológica y alfabética de papas | |||||
La inusual renuncia de Benedicto XVI, anunciada el 11 de febrero de 2013, precedió este evento. Su pontificado de ocho años, iniciado en 2005, se había centrado en la reconciliación interna de la Iglesia católica, pero se vio marcado por graves escándalos como el caso de las filtraciones también conocido como Vatileaks, las acusaciones de pederastia contra varios prelados y las sospechas sobre la gestión financiera vaticana. Alegando un deterioro de su salud, el papa decidió renunciar al ministerio petrino en un acto sin precedentes desde el siglo XV. Al convertirse en papa emérito, Benedicto XVI dejó a su sucesor la tarea de afrontar estos complejos desafíos. No obstante, antes de su retiro, reguló la organización del cónclave a través del motu proprio Normas Nonnullas, una disposición que flexibilizaba el plazo de convocatoria y reforzaba las medidas de secretismo y clausura del proceso.
Mientras la prensa mundial intentaba enumerar a los posibles papables y el camarlengo Tarcisio Bertone asumía los asuntos corrientes del Vaticano, las diez congregaciones generales previas al cónclave —presididas por el decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano— permitieron a más de ciento cincuenta cardenales evaluar la situación de la Iglesia. En 161 intervenciones se abordaron cuestiones como la reforma de la Curia Romana y la evangelización, además de perfilar las características del nuevo pontífice. Fue en este foro donde el cardenal Jorge Mario Bergoglio realizó una intervención que llamó la atención y que, tras la elección, se consideró determinante para ganar el apoyo de los electores.
La entrada en cónclave se desarrolló según lo establecido por la constitución apostólica Universi Dominici gregis. Tanto la Capilla Sixtina, donde quedaron encerrados los electores, como la residencia Santa Marta, donde se alojaron, fueron acondicionadas para garantizar el secretismo y la clausura. En la fecha de sede vacante, 117 cardenales tenían menos de ochenta años y, por tanto, la obligación de participar en el escrutinio. Sin embargo, los cardenales Darmaatmadja (arzobispo emérito de Yakarta) y O'Brien (arzobispo emérito de Saint Andrews y Edimburgo) comunicaron que no acudirían —el primero por motivos de salud, el segundo tras su renuncia al arzobispado—, con lo que el número final de electores quedó en 115. La primera votación tuvo lugar el 12 de marzo de 2013. Tras otros cuatro escrutinios celebrados al día siguiente, el proceso concluyó con la emisión de humo blanco y el anuncio del Habemus papam, que proclamó la elección del cardenal argentino Bergoglio, quien tomó el nombre de Francisco.
Antecedentes
Renuncia de Benedicto XVI

Elegido durante el cónclave de 2005, el papa Benedicto XVI anunció el 11 de febrero de 2013 su renuncia, efectiva el 28 de febrero siguiente a las 20:00 horas (hora de Roma).[3][4] Explicó que había reflexionado sobre esta decisión durante meses, a medida que su «fuerza de espíritu y de cuerpo» se debilitaba debido a su «edad avanzada», de 85 años, y afirmó: «he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado».[5] Fue el primer pontífice en renunciar al cargo desde Gregorio XII, en 1415, durante el Cisma de Occidente.[6][7] Cuando aún era cardenal, declaró en 2002, en referencia a Juan Pablo II, que «si el papa constatara que ya no puede cumplir en absoluto con sus funciones, entonces ciertamente renunciaría».[6] Años más tarde añadió que tenía «el derecho [e incluso] el deber de retirarse […] si ya no puede asumir la carga de su ministerio».[8] Esta decisión se ajusta, además, al derecho canónico de la Iglesia, concretamente al artículo 332 párrafo 2.[9]
Debido al carácter casi inédito de una renuncia en la historia del papado, una comisión presentó conclusiones sobre sus consecuencias prácticas. Se determinó que el papa dimisionario sería denominado «Su Santidad Benedicto XVI, papa emérito» (o pontífice romano emérito). Vestiría una sotana blanca sencilla, sin la muceta, una corta esclavina roja sin mangas que cubre los hombros y que simboliza la función pontificia, y usaría zapatos de color marrón, en lugar del tradicional rojo.[10][11][12] El anillo del Pescador, que representa a san Pedro arrojando la red junto a Cristo, fue solemnemente inutilizado por el camarlengo ante los cardenales, del mismo modo que se hace tras la muerte de un papa.[nota 1] Benedicto XVI también descartó la posibilidad de participar personalmente en el cónclave y prefirió retirarse a la oración, como un simple peregrino, «oculto al mundo».[17]
A medida que se aproximaba la entrada en cónclave, se multiplicaron las especulaciones sobre posibles razones más reservadas de su renuncia al «ministerio petrino».[nota 2] Entre ellas se mencionó una reciente intervención quirúrgica relacionada con su marcapasos[19] o, como señaló el diario italiano La Repubblica con «acentos sensacionalistas», supuestos motivos vinculados al escándalo Vatileaks,[20] que habría revelado la existencia de un presunto «lobby gay» en el Vaticano.[21] Aunque después el portavoz de la Santa Sede desmintió rotundamente esta última afirmación.[22] Para el historiador Yves Chiron, se trató, por tanto, de un papa agotado, y no desanimado, que renunció a una responsabilidad cuyo ritmo, impuesto por la atención pastoral de la Iglesia, ya no podía asumir.[23]
Últimos días del pontificado de Benedicto XVI
Pocos días antes de que la renuncia del papa se hiciera efectiva, fracasó un último intento de acuerdo de la comisión Ecclesia Dei con los lefebvristas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X; el Vaticano indicó entonces que este asunto, seguido muy de cerca por el propio Benedicto XVI, sería transmitido al futuro sumo pontífice.[24]
Las últimas apariciones públicas del papa fueron ocasión para llamar a un «verdadero renacimiento de la Iglesia»[17] al afirmar que «todos sus miembros deben renovarse y reorientarse decididamente hacia Dios, renunciando al orgullo y al egoísmo».[25][26] En un discurso ante varios centenares de miembros del clero romano, expuso su interpretación del Concilio Vaticano II al denunciar la lectura que, a su juicio, habían hecho los medios de comunicación, a la que consideró errónea por reducirlo a una «lucha de poder entre facciones de la Iglesia».[27][28] Asimismo, recibió a los papables Angelo Bagnasco y Angelo Scola, junto con los obispos de Liguria y Lombardía, durante las dos últimas visitas ad limina de su pontificado.[29][30] En audiencias privadas, recibió también al presidente del Consejo de Ministros, Mario Monti,[31][32] así como al presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, y a su esposa, Clio Maria Bittoni.[33][34][35]
Como acto final de su pontificado, Benedicto XVI promulgó el motu proprio Normas Nonnullas, fechado el 22 de febrero y hecho público el 25, en el que precisó diversos aspectos relativos a la organización del cónclave. El texto tenía como objetivo permitir a los cardenales convocarlo antes del 15 de marzo, de modo que su sucesor dispusiera del tiempo necesario para preparar las celebraciones de Pascua.[36][37]
Durante el inicio de la primera semana de Cuaresma, como cada año, el papa se abstuvo de toda audiencia y actividad pública y participó en los ejercicios espirituales de la Curia romana, dirigidos en 2013 por el cardenal Gianfranco Ravasi, también citado entre los papables. Al término de esta retiro espiritual, Ravasi recibió un homenaje por parte de Benedicto XVI.[38][39]
El último ángelus del pontificado, celebrado el 24 de febrero, fue seguido por una multitud de más de 100 000 fieles reunidos en la plaza de San Pedro.[40][41] La 384ª y última audiencia papal, el 27 de febrero de 2013, ante 150 000 personas, sin ceremonia particular pero en presencia de casi todos los cardenales del mundo a punto de entrar en cónclave, fue ocasión de un discurso de despedida en el que evocó las «aguas agitadas de su pontificado».[42][37][36][43] Al día siguiente recibió a 143 cardenales de la Curia y de todo el mundo en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.[44][45][46] Allí declaró: «entre ustedes se encuentra el próximo papa, a quien prometo deferencia y obediencia incondicionales», y llamó a la unidad de la Iglesia, entendida «como un cuerpo vivo» en transformación. Tras una última aparición pública, partió a bordo de un helicóptero blanco de la Fuerza Aérea Italiana hacia la residencia de verano de los papas en Castel Gandolfo, donde permanecería dos meses, mientras se realizaban las obras de renovación del monasterio Mater Ecclesiae.[47][48][49] Lo acompañaron su secretario particular, Georg Gänswein; el regente de la Casa Pontificia, Leonardo Sapienza; su médico personal, Patrizio Polisca; y cuatro laicos del movimiento Comunión y Liberación.[50]
A las 20:00 horas del 28 de febrero de 2013, los guardias suizos apostados en la residencia pontificia de Castel Gandolfo cerraron las puertas y se retiraron con lo que cedieron la seguridad a la policía municipal. Al mismo tiempo, se colocaron sellos en los apartamentos papales del Palacio Apostólico del Vaticano,[51][52] conforme a un protocolo minucioso,[nota 3] bajo la supervisión del cardenal Tarcisio Bertone, quien, en su calidad de camarlengo, asumió la férula petrina y quedó encargado de constatar jurídicamente la vacancia de la Sede Apostólica.[54][55]
Preconclave
Organización del cónclave
Reglas de la Sede Vacante y de las congregaciones generales
Las modalidades de elección del papa están definidas por la constitución apostólica Universi Dominici Gregis, promulgada por Juan Pablo II el 22 de febrero de 1996, y modificada posteriormente por el motu proprio de Benedicto XVI del 11 de junio de 2007 y por el del 22 de febrero de 2013.[56][57]
Desde la vacancia de la Sede Apostólica (sede vacante), las actividades de los dicasterios quedan suspendidas y el Colegio Cardenalicio, integrado por cardenales electores y no electores, es convocado por su decano, Angelo Sodano. Este se reúne en congregaciones generales, encargadas de preparar el cónclave, fijar la fecha de su apertura[58] y gestionar los asuntos ordinarios, sin poder adoptar decisiones cuya validez exceda el período de vacancia.[59] El 1 de marzo de 2013 se envió la convocatoria a los cardenales para la primera congregación general, celebrada el lunes 4 de marzo de 2013 a las 9:30, en el aula del Sínodo, con capacidad para 250 personas, situada en el complejo Nervi.[60][61][62] Reunió a 142 cardenales, de los cuales 103 eran electores,[nota 4] y permitió constituir, por sorteo[nota 5] y por un período de tres días, la llamada «congregación particular», encargada de la gestión de los asuntos corrientes junto al camarlengo Tarcisio Bertone. Esta congregación estuvo integrada por Giovanni Battista Re, del orden de los obispos; Crescenzio Sepe, del orden de los presbíteros; y Franc Rodé, del orden de los diáconos.[62]
Cada día, mientras continuaban llegando cardenales de todo el mundo,[nota 6] las congregaciones generales, reuniones celebradas bajo juramento de secreto, abordaron el estado de la Iglesia y de la Curia, así como los desafíos de la elección inminente, en particular las cualidades que debía reunir el futuro pontífice.[68][69] Durante la quinta congregación general, que reunió a 152 cardenales, entre ellos 115 electores, la nueva congregación particular que asistió al camarlengo del 7 al 9 de marzo quedó integrada, también por sorteo, por Bechara Boutros Rahi (orden de los obispos), Laurent Monsengwo Pasinya (orden de los presbíteros) y Velasio de Paolis (orden de los diáconos).[66] La décima y última congregación general procedió a la designación de Antonios Naguib, Marc Ouellet y Francesco Monterisi.[70]
Preparación de la Capilla Sixtina
Dado que la residencia de Santa Marta solo debía acoger a los cardenales la mañana de la apertura del cónclave, los cardenales residentes fueron alojados previamente en distintos puntos de la ciudad de Roma.[61][71][nota 7]
El 5 de marzo de 2013, la Capilla Sixtina fue cerrada al público para realizar los trabajos de acondicionamiento necesarios para la celebración del cónclave. Un equipo de 40 personas, bajo la dirección de Paolo Sagretti, responsable de la Florería del Vaticano, organizó la capilla para este rito secular. Se dispusieron 115 asientos de madera de cerezo, con los nombres de los cardenales electores inscritos; asimismo, se instalaron 15 grandes mesas de madera sin tratar, cubiertas con un tejido beige y satén burdeos, distribuidas en cuatro filas.[73][74] Bajo el fresco de El Juicio Final de Miguel Ángel, se colocó una mesa sobre la que se dispusieron, junto al Evangelio, tres urnas de plata y bronce,[nota 8] creadas por el escultor Cecco Bonanotte[nota 9] a partir de un tapiz vaticano del siglo XVII que representaba los cálices utilizados como urnas en el cónclave de 1623; su iconografía se inspira en los símbolos pastorales tradicionales.[76] Junto al altar se colocó un trono destinado al nuevo papa.[77] También se instaló el hornillo en el que se queman las papeletas tras cada escrutinio, habitualmente conservado en un depósito de Santa Maria di Galeria,[74][78] junto a un dispositivo moderno de fumigación que permite emitir una fumata claramente blanca en caso de elección.[79] El primero se utiliza desde 1939, mientras que el segundo fue incorporado en 2005.[77] Se dispuso igualmente una jaula de Faraday, así como otros sistemas de inhibición de telecomunicaciones, con el fin de impedir cualquier contacto o escucha externa.[80] Las vestiduras que debía portar el papa elegido en este cónclave fueron confeccionadas por la sastrería Gammarelli, sastre oficial de la Santa Sede desde el siglo XVIII: una sotana blanca de lana, en tres tallas diferentes, una muceta de terciopelo rojo ribeteada de piel blanca, una estola, un solideo y zapatos rojos.[81]
Implicación de los fieles
En sus respectivas diócesis, los obispos exhortaron a los fieles a acompañar a los cardenales mediante la oración, y pusieron en marcha diversas iniciativas para tal fin. Así, en el Reino Unido, que no cuenta con ningún cardenal elector, el arzobispo de Westminster, Vincent Nichols, recordó la importancia de la eclesiología de comunión. Por su parte, el obispo de Shrewsbury, Mark Davies, invitó a los católicos a abstenerse de participar en juegos de pronósticos.[82] En internet, un movimiento de jóvenes católicos crea el sitio Adopt a Cardinal, que asigna a cada participante un cardenal elegido al azar para acompañarlo con la oración durante todo el cónclave. El Vaticano acogió de manera favorable la iniciativa, que señaló contaba con más de 350 000 inscritos.[83][84][85][nota 10]
Retos y tensiones
Polémica presión antes del cónclave
Para el especialista en religiones Frédéric Lenoir, el futuro papa heredaría una serie de problemas que en ocasiones habían permanecido como tabúes dentro de la Iglesia: la reforma del Banco del Vaticano y de la Curia romana, los casos de pederastia, la cuestión de los integristas católicos que Benedicto XVI había intentado reintegrar sin éxito, y la evolución de la postura institucional sobre asuntos sociales como el matrimonio de los sacerdotes, el nuevo matrimonio de los divorciados[87] y el lugar de la mujer en la Iglesia.[88]
El nivel de polémica y rumor alcanzó niveles sin precedentes en comparación con cónclaves anteriores, especialmente tras la mención de un presunto «lobby gay» con influencia en el Vaticano.[89] La idea de que una «red unida por la orientación sexual» hubiera influido en la gestión de los asuntos vaticanos fue rápidamente rechazada por la Santa Sede, que la consideró un intento inédito de sembrar descrédito y confusión en la opinión pública, a diferencia de las presiones ejercidas por los Estados en el pasado para influir en la elección.[90] Otras controversias afectaron a los propios participantes en el cónclave. La presencia del cardenal Roger Mahony fue abiertamente cuestionada debido a las acusaciones de haber encubierto a sacerdotes pederastas en su arquidiócesis de Los Ángeles.[91] Otros cardenales, como Justin Francis Rigali, Godfried Danneels y Sean Brady, también fueron criticados por su gestión de los casos de abusos sexuales.[92] Una asociación publicó una lista de cardenales acusados de haber encubierto escándalos sexuales, que incluía a serios papables, pero fue rápidamente controvertida.[93][94] En particular, el cardenal Keith O'Brien, acusado de «comportamientos indecentes» en los años 1980 hacia varios sacerdotes, renunció a la arquidiócesis de Edimburgo, lo que puso en duda su participación en el cónclave.[95][96]
Gavin Hewitt, de la BBC, consideró que dentro del cónclave «la principal línea de fractura no era entre conservadores y liberales. En verdad, hay muy pocos liberales entre los cardenales. La oposición principal se da entre quienes consideran que la Curia debe ser depurada y quienes defienden el statu quo»; citó a Angelo Scola y Timothy Dolan como los principales impulsores de la reforma.[97]
Cuestión de la fecha
El artículo 37 de la constitución apostólica Universi Dominici Gregis establecía que el cónclave debía comenzar entre quince y veinte días después de la sede vacante, para dar tiempo a los cardenales a reunirse en el Vaticano.[98] Sin embargo, poco después del anuncio de la renuncia, se consideró la posibilidad de adelantar la fecha unos días. Esto se justificaba por la presencia de gran parte del Colegio Cardenalicio en la última audiencia de despedida del 28 de febrero y por el deseo de que el sucesor de Benedicto XVI pudiera organizar la Semana Santa.[99][100][101] Para evitar cualquier incertidumbre, el papa Benedicto XVI prescribió el 22 de febrero de 2013 el motu proprio Normas Nonnullas. Con este documento ajustó algunas normas prácticas del cónclave, incluido el artículo 37 de la constitución, para «dejar al Colegio de Cardenales la posibilidad de anticipar el inicio del cónclave, siempre que estuvieran presentes todos los electores».[102][103][101] Según la prensa, la cuestión de la fecha generó tensiones entre la Curia y los cardenales extranjeros —especialmente los de Estados Unidos, quienes inicialmente celebraron sus propias ruedas de prensa—.[104] Estos últimos deseaban disponer de más tiempo para informarse sobre los asuntos delicados, con el objetivo de impulsar una reforma de la Curia.[105] La decisión final se tomó por votación entre los cardenales,[58][106][107] poco después de la llegada a Roma del último de ellos, durante la octava congregación general celebrada el 8 de marzo de 2013: se anunció que la apertura del cónclave tendría lugar el 12 de marzo de 2013. Una vez fijada la fecha por una amplia mayoría de cardenales, se consideró que el cónclave sería breve.[108][109]
Debates de las congregaciones generales
Las diez congregaciones generales sirvieron para abordar los principales desafíos de la Iglesia, lo que permitió que casi la totalidad de los cardinales se expresara sobre cuestiones como la reforma de la Curia, las relaciones de la Santa Sede con las conferencias episcopales, la exigencia de una nueva evangelización, la colegialidad en torno al futuro pontífice,[110] el lugar de la mujer en la Iglesia, el diálogo interreligioso, la bioética y la misericordia.[111] Aunque su objetivo formal era tomar decisiones prácticas sobre la organización del cónclave, estas reuniones constituyeron una de las pocas ocasiones en que el Colegio Cardenalicio al completo pudo intercambiar sugerencias y puntos de vista sobre los grandes retos eclesiásticos,[112] formándose así «una idea general de la situación de la Iglesia en el mundo».[113]
En teoría, nada debía filtrarse de estas deliberaciones, pero en ellas se trataron también temas más delicados o polémicos, como el caso Vatileaks, las cuestiones de pederastia y la situación del Banco Vaticano, aunque estos debates no estuvieran formalmente estructurados.[114] Además, las congregaciones ofrecieron a los cardenales la oportunidad de conocerse entre sí y de darse a conocer ante sus pares, un aspecto relevante dado que la condición de papable suele ser atribuida por los medios de comunicación en función de la notoriedad pública, y no necesariamente según la opinión interna del Colegio Cardenalicio.[115]
Tras la elección, varios cardinales aludieron a la influencia que tuvo la notable intervención del cardenal Bergoglio durante las congregaciones generales, en la que expuso la orientación que, a su juicio, debía tomar la Iglesia.[116] El 27 de marzo siguiente, el cardenal cubano Jaime Ortega dio a conocer el texto completo de aquella intervención, con el beneplácito del pontífice. En ella, el futuro papa afirmaba sobre la evangelización que «la Iglesia debe abandonarlo todo y volcarse hacia las periferias» —geográficas, humanas y existenciales—, hacia los más pequeños, los pecadores, los que sufren y las víctimas de la injusticia y la ignorancia.[116] Criticó duramente una «Iglesia autorreferencial» y abogó por una reforma que la transformara en una Iglesia evangelizadora, abierta y no ensimismada,[117][nota 11] «reformas que la Iglesia necesita con urgencia». Concluyó expresando la esperanza en que surgiera «un hombre que, partiendo de la contemplación de Jesucristo, pudiera ayudar a la Iglesia a acercarse a las periferias existenciales de la humanidad».[116]
Por su parte, algunos analistas subrayan que un altercado ocurrido el 11 de marzo durante una de las congregaciones generales —entre Tarcisio Bertone y João Braz de Aviz— habría puesto de manifiesto el cansancio de los cardenales hacia un «modelo de gobierno del que deseaban distanciarse». Según este análisis, el incidente allanó el camino para instaurar uno «al que debía servir la Curia», en palabras del cardenal Camillo Ruini —antiguo presidente de la Conferencia Episcopal Italiana—, quien, pese a no ser elector, era considerado una figura influyente.[118]
Cardenales electores y papables

Composición del colegio de cardenales electores
El papa —garante de la unidad de la Iglesia católica romana y monarca temporal del Estado de la Ciudad del Vaticano— es elegido exclusivamente por los miembros del Colegio cardenalicio que no superan los ochenta años. Los 207 cardinales que lo integran habían sido nombrados por Pablo VI (2), Juan Pablo II (122) y Benedicto XVI (83) en distintos consistorios ordinarios. De ellos, 75 residían en Roma.[119] Sin embargo, solo 117 cardenales —38 de ellos pertenecientes a la Curia romana— tenían menos de 80 años el 28 de febrero de 2013, fecha en que quedó vacante la sede apostólica, y por tanto podían participar como electores en el cónclave.[nota 12]
La asistencia de estos cardenales es obligatoria. Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, recordó que se trata de «un deber, un ministerio conferido a los cardenales; bajo ningún pretexto pueden excusarse».[120] No obstante, el 22 de febrero el cardenal indonesio Julius Riyadi Darmaatmadja anunció que no podría asistir al cónclave por motivos de salud.[121] Tres días después, el cardenal escocés Keith O’Brien —cuya renuncia se vio precedida por diversas acusaciones— comunicó que tampoco participaría con el argumento de que no deseaba «que los medios se centraran en [su] persona en Roma, sino en el papa Benedicto XVI y en su sucesor».[96][122] Ambas ausencias fueron formalmente aceptadas durante la séptima congregación general de cardenales, celebrada el 8 de marzo de 2013.[123] Así, solo 115 cardenales electores estuvieron presentes en el cónclave.
El Colegio cardenalicio estaba compuesto mayoritariamente por cardenales creados[nota 13] por Benedicto XVI —sesenta y siete en total—, mientras que cuarenta y ocho habían recibido la púrpura de manos de su predecesor, Juan Pablo II, lo que aseguraba al papa dimisionario una continuidad doctrinal.[125] Además, al convocar dos consistorios en un intervalo breve, Benedicto XVI reunió mediante el capelo cardenalicio a todas las personalidades que consideraba más destacadas.[126] La edad media de los electores era de 77 años; el más joven era el indio Baselios Cleemis (54 años) y el de mayor edad, el alemán Walter Kasper (80 años).[127]
Pronósticos de los medios de comunicación

En cada consistorio que culmina con la creación de nuevos cardenales, tanto los medios de comunicación como los expertos en asuntos vaticanos intentan identificar a aquellos que podrían suceder al soberano pontífice. Ya en el de 2010, se mencionaba al italiano Mauro Piacenza, prefecto del Discasterio para el Clero, o al srilanqués Albert Malcolm Ranjith.[128] Las nominaciones de febrero de 2012 confirmaron el predominio de los cardenales de la Curia. Mientras los observadores se sorprendían por la ausencia de nuevos prelados de África o América Latina, las miradas se dirigían hacia el canadiense Marc Ouellet —quien ocupaba el cargo estratégico de prefecto del Dicasterio para los Obispos— como posible sucesor de un papa envejecido,[129] pese a que este último había afirmado no tener «en absoluto la intención de dimitir».[130] El último consistorio del pontificado de Benedicto XVI le permitió realizar un reajuste, aunque más simbólico que real, al no escoger a ningún europeo entre los seis cardenales creados. Con este gesto, el papa saliente imprimió su sello en el futuro cónclave y dejó abierta la puerta a que un no italiano encabezara la Iglesia: uno de ellos, el filipino Luis Antonio Tagle, aparecía como un posible candidato al solio pontificio.[124]
Desde el anuncio de la renuncia de Benedicto XVI, la prensa interpretó la elección como una pugna entre las corrientes reformistas y conservadoras dentro de la Iglesia[87] —aunque muchos analistas subrayaron la abrumadora mayoría de cardenales conservadores entre los nombrados por Benedicto XVI y Juan Pablo II—, pero también como un asunto de geopolítica eclesial: «algunos responsables de la Santa Sede privilegian la hipótesis de un próximo papa no europeo», prioritariamente de América Latina, que «representa hoy el 42 % de los 1200 millones de católicos en el mundo, frente al 25 % de Europa».[131] Asimismo, se planteó la cuestión del carisma y la personalidad del candidato. El cónclave se presentaba abierto y cada medio añadía nombres a la lista de los papabili —cardenales considerados «papables»—. Un repaso a la prensa mundial arrojaba más de cuarenta nombres entre los 117 cardenales electores.[132] Aunque algunos se citaban con mayor frecuencia,[133] los medios nacionales no dejaban de resaltar las dotes pontificias de sus compatriotas: tal era el caso de Estados Unidos con Sean Patrick O'Malley,[134] España con Antonio Cañizares[135] o Francia con André Vingt-Trois,[nota 14] sin que ello los elevara necesariamente a la categoría de papable.
Entre los cardenales italianos sobresalían tres nombres: Angelo Bagnasco, popular en su país pero percibido como excesivamente tradicionalista;[136][137] Gianfranco Ravasi, ferviente defensor del diálogo con los no creyentes, al que sin embargo se le atribuía una escasa experiencia pastoral;[138][131] y, por último, el teólogo Angelo Scola,[139] destacado por su labor en el diálogo con el islam[133][131] y ya favorito en el anterior cónclave,[140] pero cuyo ascendiente podía verse mermado por sus modestos dotes en oratoria.[141]
Entre los prelados al frente de las grandes diócesis europeas, el arzobispo de Budapest, Péter Erdő,[138][139] y el de Viena, Christoph Schönborn —antiguo alumno de Benedicto XVI y partidario de «posturas prudentemente reformistas»[131]— se beneficiaban de su cercanía geográfica y cultural. Por su parte, el continente africano aparecía cada vez mejor posicionado para aportar un papa a la Iglesia católica: aunque en ocasiones se mencionaba a Wilfrid Fox Napier de Sudáfrica[141] y a Robert Sarah de Guinea, los favoritos seguían siendo Peter Kodwo Appiah Turkson de Ghana, «portavoz de la conciencia social de la Iglesia y [...] partidario de una reforma del sistema financiero»,[131] considerado el candidato más sólido de África, y Francis Arinze de Nigeria, antiguo prefecto vaticano para el diálogo interreligioso, cuyo nombre era el más citado en las casas de apuestas.[141]
El único papable asiático que los analistas tenían en cuenta era el filipino Luis Antonio Tagle. Cercano a Benedicto XVI, destacaba por su dinamismo y carisma,[133] aunque su relativa juventud (55 años) podía dificultar su elección.[131] Finalmente, el continente americano también contaba con potenciales pontífices: Marc Ouellet confirmaba su posición de favorito;[141] el hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga,[142] ya considerado en el cónclave anterior, había aumentado su notoriedad;[143] y los argentinos Jorge Mario Bergoglio[142] y Leonardo Sandri[144][131] aparecían bien situados, si bien el primero —arzobispo de Buenos Aires— podía verse perjudicado por su edad y por su negativa a aceptar el solio pontificio en la elección de 2005, además de por sus complicadas relaciones con la Curia romana, que lo acusaba de no «seguir la doctrina».[145] Por todo ello, el sucesor de Benedicto XVI podría provenir de uno de los tres cardenales de Brasil, el país con mayor número de católicos del mundo:[143] João Bráz de Aviz,[131][146] Claudio Hummes[146] y, muy especialmente, Odilo Pedro Scherer, «conservador en su país, pero considerado moderado fuera de él».[131]
A medida que se acercaba la entrada en el cónclave, la prensa redujo a media docena los prelados con posibilidades de ser elegidos dos y planteó dos opciones principales. Por un lado, el arzobispo de Milán Angelo Scola —cercano a Benedicto XVI—, quien aglutinaría a los partidarios de una reforma radical del gobierno de la Iglesia, principalmente cardenales no italianos, y con el que se contaba para reunir unos cuarenta votos. Por otro, la línea de la poderosa Curia romana, encabezada por Tarcisio Bertone y el decano del Colegio cardenalicio, Angelo Sodano —a pesar de ser considerados hasta entonces «adversarios políticos»[147]—, apoyaría al brasileño Odilo Scherer,[148] de perfil más reformista y liberal.[149] También se contemplaba una tercera vía centrada en un papable de perfil más internacional y pastoral, como Péter Erdő, Albert Malcolm Ranjith o Leonardo Sandri,[150] en alianza con un cardenal italiano.[149] La noche de la elección, los medios se inclinaban más bien por el triunfo de Angelo Scola, cuyo nombre llegó a anunciar, incluso de forma anticipada, la Conferencia Episcopal Italiana.[151][nota 15]
Desarrollo del cónclave
Extra omnes
Además de los cardenales, otras noventa personas quedaban sujetas al secreto del cónclave: desde el secretario y el maestro de ceremonias litúrgicas hasta los asistentes, religiosos de la sacristia papal, personal médico, de cocina, técnico, de seguridad e incluso el comandante de la Guardia Suiza.[70] Todos prestaron juramento de guardar secreto sobre el desarrollo de la elección ante el cardenal camarlengo, asistido por dos protonotarios apostólicos, en la capilla Paulina a las 17:30 horas del 11 de marzo, bajo pena de excomunión.[153][154]
El martes 12 de marzo, tras congregarse en la basílica de San Pedro de Roma para la misa solemne Pro Eligendo Romano Pontefice, los 115 cardenales electores —vestidos con sus hábitos de color púrpura,[nota 16] muceta sobre sobrepelliz de encaje blanco y birreta cardenalicia— entraron en procesión al son de la letanía de los santos[156] desde la capilla Paulina hasta la Sixtina.[157] Colectivamente y luego uno a uno, los purpurados de 51 países diferentes juraron guardar el secreto, con su mano derecha —adornada con el anillo cardenalicio— posada sobre la Biblia.[158][159][nota 17] A las 17:34, el maestro de ceremonias litúrgicas pontificias, Guido Marini, pronunció la fórmula ritual «¡Extra omnes!» y cerró las pesadas puertas con lo que marcó así la apertura oficial del cónclave.[155] Los electores quedaron encerrados en ese recinto, concebido para promover «una conciencia de la presencia de Dios», hasta que eligieran al nuevo papa, un procedimiento que podía extenderse varios días. Fuera de las sesiones de votación, los cardenales se alojaban en la residencia Santa Marta, al otro lado de la basílica,[161] donde las habitaciones se asignaban por sorteo.[162]
La elección se desarrolló bajo la presidencia del cardenal Giovanni Battista Re, el decano en edad entre los cardenales obispos con derecho a voto, ya que el decano del Colegio, Angelo Sodano, y el vicedecano, Roger Etchegaray, al superar los 80 años, no podían participar en el encierro.[61]
Escrutinio
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Los cardenales eligen, en principio, a uno de los suyos, si bien teóricamente podrían elegir a cualquier católico adulto de sexo masculino. Oficialmente, su decisión está «guiada por el Espíritu Santo».[155] Aunque tienen prohibido hacer campaña abiertamente, una elección papal sigue siendo un proceso altamente político, tejido de discusiones, alianzas y coaliciones entre los purpurados.[119] La votación se efectúa mediante escrutinio secreto, conforme a un ritual muy codificado: cada cardenal escribe el nombre de su elegido en una papeleta que lleva la inscripción Eligo in Summum Pontificem («Elijo para el supremo pontificado») y luego la dobla.[107] El desarrollo de cada votación es pausado, debido a lo minucioso de la ceremonia:[163] uno a uno y por orden de precedencia, los cardenales se acercan al altar, pronuncian el juramento[nota 18] y depositan su voto en la urna.[165]
Se requiere una mayoría de dos tercios para la elección del papa. El primer escrutinio, considerado generalmente como una «primaria»,[166] tiene lugar la tarde de la entrada en el cónclave. En esta ocasión no se alcanzó dicha mayoría. Al día siguiente se celebraron cuatro nuevas votaciones, dos por la mañana y dos por la tarde. Después de cada sesión, las papeletas se quemaban, produciendo un humo visible desde el exterior: negro si había que proceder a una nueva votación y blanco cuando se había elegido a un nuevo pontífice.[107]
A pesar del secreto del cónclave,[nota 19] diversos medios de comunicación y luego varios biógrafos elaboraron hipótesis sobre los votos obtenidos en las cuatro primeras rondas: Angelo Scola, Marc Ouellet y Jorge Mario Bergoglio habrían encabezado las votaciones, aunque el primero fue rápidamente dejado atrás.[167][168] Según estas reconstrucciones, el cardenal canadiense habría acabado apoyando a Bergoglio. Este habría reunido alrededor de cincuenta votos en la tercera ronda, y en la siguiente se habría acercado a la mayoría requerida de 77.[169][145][170] Tras una quinta votación anulada —sin llegar al recuento— por la presencia de una papeleta en blanco adicional (la número 116), en la sexta ronda Bergoglio habría obtenido, con toda probabilidad, más de noventa votos.[171][145][170]
| Fecha | Hora | Color del humo | Observaciones |
|---|---|---|---|
| 12 de marzo de 2013 | 19:42 CET | Negro | Humo negro difícil de ver debido a la oscuridad.[172] |
| 13 de marzo de 2013 | 11:36 CET | Negro | Este humo negro agrupa la segunda y tercera votación que tuvieron lugar durante la mañana.[173] |
| 19:06 CET | Blanco | Jorge Mario Bergoglio es elegido tras la quinta votación.[174][nota 20] El humo sale abundantemente durante 7 minutos.[175] |
Resultados de las votaciones
Todos los resultados de las votaciones son especulativos. Según el vaticanista Gerard O'Connell, en el libro The election of Pope Francis (La elección del papa Francisco en español), estos habrían sido los resultados de las votaciones:[176]
| Cardenales | Votos por balotaje | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| Noche del 12 de marzo Primer balotaje |
Mañana del 13 de marzo Segundo balotaje |
Mañana del 13 de marzo Tercer balotaje |
Tarde del 13 de marzo Cuarto balotaje |
Tarde del 13 de marzo Quinto balotaje | |
| 30 | 38 | 41 | 32 | 20 | |
| 26 | 45 | 56 | 67 | 85 | |
| 22 | 24 | 15 | 13 | 8 | |
| 10 | — | — | — | — | |
| 4 | — | — | — | — | |
| Otros | 23 | 8 | 3 | 3 | 2 |
| Total votos | 115 | 115 | 115 | 115 | 115 |
Habemus papam
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Al concluir el quinto escrutinio válido, Giovanni Battista Re —presidente del cónclave—, acompañado por el secretario del Colegio, Lorenzo Baldisseri, y el maestro de celebraciones litúrgicas pontificias, Guido Marini, se dirigió al cardenal Bergoglio. Reclamados en la capilla por el último en el orden de los cardenales diáconos, James Michael Harvey, le preguntaron al purpurado, que había obtenido más de 77 votos a su favor,[nota 21] si aceptaba su elección.[nota 22] Según Angelo Comastri, arcipreste de la basílica de San Pedro, el elegido respondió: «Soy un pecador y confío en la misericordia de Dios, acepto».[178][179] A continuación, se le preguntó al nuevo papa qué nombre escogía.[nota 23][180] Luego, los cardenales presentes en la capilla Sixtina le rindieron la declaración de obediencia. En un gesto definido por uno de los ceremonieros como «una vieja tradición» —que sin embargo solo se había producido en 1958, cuando Juan XXIII entregó su solideo púrpura al secretario del cónclave Alberto di Jorio—, el pontífice le entregó su propio solideo rojo a monseñor Baldisseri, diciéndole: «Eres cardenal a medias».[181]
El fin de la votación se reveló al público mediante la fumata blanca y el repique de las campanas de San Pedro. El cardenal protodiácono, el francés Jean-Louis Tauran,[182] anunció a las 20:12 CET del 13 de marzo de 2013, con la fórmula consagrada:
Annuntio vobis gaudium magnum:
Habemus Papam;
Qui sibi nomen imposuit Franciscum.
Eminentissimum ac reverendissimum Dominum, Dominum Georgium Marium
Sanctae Romanae Eccleasiae Cardinalem BergoglioLes anuncio una gran alegría:
¡tenemos papa!
que ha tomado el nombre de Francisco
El eminentísimo y reverendísimo señor Jorge Mario Bergoglio,
cardenal de la Santa Iglesia Romana,Jean-Louis Tauran.[182]


Precedido por la cruz procesional, el nuevo papa salió al balcón de la basílica de San Pedro. Rompiendo con el protocolo, apareció con la simple sotana blanca, sin la tradicional muceta.[183][184] Se dirigió primero a la «comunidad diocesana de Roma» al declarar que «el cónclave ha dado un obispo a Roma», y añadió: «parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo al fin del mundo».[185][186] A continuación, rezó por el papa emérito Benedicto XVI, recitó con la multitud el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria, y pidió luego silencio a la plaza para que rezaran por él, antes de impartir la bendición urbi et orbi.[186]
Esta ceremonia marcó el inicio del pontificado.[119] Los medios lo designaron erróneamente al principio como Francisco I, hasta que el padre Federico Lombardi, portavoz vaticano, confirmó la intervención del protodiácono y aclaró que el papa llevaría simplemente el nombre de Francisco, sin el habitual número romano, «mientras no haya un papa que elija llamarse Francisco II».[187][188] Para explicar su elección, el nuevo pontífice indicó: «Francisco es el nombre de la paz, y así vino este nombre a mi corazón […] Durante la elección, yo estaba al lado del arzobispo de São Paulo, Claudio Hummes, un gran amigo […] Cuando los votos alcanzaron los dos tercios, me abrazó, me besó y me dijo: “¡Y no te olvides de los pobres!”. Inmediatamente, en relación con los pobres, pensé en Francisco de Asís, en las guerras […] Para mí, él es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz».[189][190] Le habían sugerido 'Adriano', en homenaje a Adriano VI —un reformador frustrado— o 'Clemente', en tono humorístico, para vengarse de Clemente XIV, quien suprimió la Compañía de Jesús.[189]
La elección de Bergoglio resultó una sorpresa, acentuada por su rechazo previo al cargo pontificio —que habría expresado en el cónclave anterior— o, quizás, por haberse retirado entonces debido al relativo escaso apoyo que obtuvo frente a Joseph Ratzinger.[191] Esta elección podría explicarse por la imposibilidad de decidir entre los dos favoritos, Odilo Scherer y Angelo Scola, en las primeras votaciones, lo que obligó a buscar un «tercer hombre», a imagen de lo ocurrido con Karol Wojtyła en 1978.[192] Como posibles explicaciones también se barajaron las rencillas internas entre los cardenales italianos y, según el vaticanista Vittorio Messori, la opción geopolítica de un papa sudamericano; efectivamente, en un subcontinente donde el catolicismo retrocede ante el proselitismo de las iglesias evangélicas y pentecostales, sus orígenes italianos —y su segunda lengua materna— le conferirían una mayor aptitud para reorganizar la Curia romana.[193] Por último, aunque durante el cónclave se cuestionó la avanzada edad del electo, los cardenales franceses con derecho a voto recordaron que la renuncia de Benedicto XVI liberaba a sus sucesores de la obligación de cumplir el mandato hasta el final, y subrayaron que se le había elegido por su personalidad —cercana al pueblo y a los pobres—, la cual había quedado patente durante las congregaciones generales.[194] El secreto del cónclave, roto en el instante mismo en que el cardenal acepta el cargo conferido, debe perpetuarse sin que se llegue a saber nunca lo que ocurrió realmente durante algo más de veinticuatro horas.[195] Sin embargo, la experiencia de la elección de 2005 demuestra que, en la era de una comunicación omnipresente, este misterio tiende a ser efímero.[196] De hecho, es muy probable que la elección del cardenal Bergoglio se decidiera durante las comidas, y no en el recinto de la capilla Sixtina, pues, como recordó uno de los electores de 2005: «Desde la última cena, en la Iglesia las cosas importantes se deciden en la mesa».[197]
Repercusión

Tras el nombramiento, cientos de fieles se congregaron ante la catedral metropolitana de Buenos Aires para celebrar la elección y posteriormente se celebró una misa en el templo con ese motivo.[198][199] La elección del papa Francisco fue también uno de los temas más comentados en las redes sociales, acaparando en Twitter más de 130 000 mensajes por minuto; siendo hasta la fecha el segundo evento con más repercusión en la historia de dicha red social, sólo superado por los resultados de las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2012 en las que Barack Obama se proclamó reelecto.[200][201]
Véase también
Notas
- En esta ocasión, el anillo del pescador no fue destruido, como había ocurrido en pontificados anteriores, sino que simplemente se marcó, tal y como se confirmó en la octava congregación general, con dos profundos arañazos que lo inutilizaban como sello, pero que permitían su exposición en el museo del Vaticano.[13][14] Otros cuatro sellos también fueron alterados.[15] El conjunto se conserva en una vitrina de la oficina del maestro de ceremonias.[16]
- El uso de la expresión «ministerio petrino», en referencia a San Pedro para designar el cargo papal (o cargo pontificio), corresponde a una reafirmación por parte de la Iglesia de la doctrina de la primacía pontificia; Juan Pablo II introdujo el término en su encíclica Ut Unum Sint.[18]
- En presencia de los miembros de la cámara apostólica, el camarlengo cierra con una gran llave la puerta principal del apartamento pontificio y coloca una cinta roja sellada con el escudo de la vacante apostólica, el conopeo sobre las llaves entrecruzadas de San Pedro.[53]
- Doce cardenales aún no habían llegado a Roma durante esta primera congregación, de los 115 electores esperados: Antonios Naguib,[63] Antonio María Rouco Varela, Zenon Grocholewski, Karl Lehmann, Jean-Baptiste Pham Minh Mân, Kazimierz Nycz y John Tong Hon. Théodore-Adrien Sarr y Rainer Woelki llegaron el 4 de marzo por la tarde, Bechara Boutros Rahi, Dominik Duka y Joachim Meisner por la noche.
- Según el artículo 7 de la Constitución apostólica, se elegirá por sorteo a un cardenal de cada uno de los tres órdenes entre todos los cardenales ya presentes.
- Entre los cardenales electores, Antonio María Rouco Varela y Zenon Grocholewski prestaron juramento durante la tercera congregación;[64] Antonios Naguib, Karl Lehmann y John Tong Hon durante la cuarta congregación;[65] Kazimierz Nycz durante la quinta [66] y Jean-Baptiste Pham Minh Mân durante la sexta.[67]
- Los cardenales franceses, André Vingt-Trois, Jean-Pierre Ricard y Philippe Barbarin, se alojaron en el Seminario Francés, cerca del Panteón. Los 19 estadounidenses, entre ellos 11 electores, se alojaron en el Pontificio Colegio Norteamericano, en el Janículo. Los siete polacos, cuatro de ellos electores, se alojaron en la Dom Polski Jana Pawla II, en la Via Cassia, al norte. Los nueve alemanes, seis de ellos electores, en la Villa Mater Dei.[72]
- La primera está destinada a la votación en la Capilla Sixtina, la segunda a los posibles cardenales enfermos o inválidos que permanezcan en la residencia Santa Marta, y la tercera se utiliza para el recuento final.[75] Fotografía disponible en la página web oficia del escultor.
- Quien en 2000 realizó las nuevas puertas de entrada de los Museos Vaticanos.
- La transcripción de las notas fue realizada con la autorización del Papa.
- El cardenal Walter Kasper, quien cumplió 80 años tras el inicio de la vacante de la sede apostólica tras la renuncia de Benedicto XVI, pudo participar como elector en el cónclave de marzo de 2013.
- Odon Vallet también cita al patriarca de Venecia Francesco Moraglia.
- Pierre Beylau, desde las páginas de Le Point, hablaba de la derrota absoluta de los vaticanistas, a quienes instaba a hacer acto de contrición tras ver cómo se desbarataban todos sus pronósticos, tanto sobre la duración del cónclave como sobre la identidad del futuro papa. Con maliciosa ironía, el periodista destacaba la sorpresa que invadió a los especialistas en el momento del anuncio y subrayaba que «diez minutos más tarde, esos mismos expertos explicaban con un desfachatado descaro todas las buenas razones por las que se había elegido al papa Francisco».[152]
- A excepción de los obispos orientales, vestidos de negro.[155]
- Durante el anterior cónclave de 2005, un cardenal entregó a la prensa su diario personal, en el que figuraban los resultados de cada vuelta de votación.
- «Acceptasne electionem de te canonice factam in Summum Pontificem?» (en español:¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice?)
- «Quo nomine vis vocari?» (en español:¿Con qué nombre quieres ser llamado?)