Ductus
cualidades y características de la escritura manual o del habla en el trazado de escribir un texto o en el acto de hablar
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El ductus (palabra latina que proviene de ducere, "conducir o dirigir"), en caligrafía o lingüística, se refiere a las cualidades y características de la escritura manual o del habla en el trazado de escribir un texto o en el acto de hablar.

En la escritura, es uno de sus principales elementos, y por tanto, de la caligrafía. El ductus incluye el modo, dirección, secuencia y velocidad con la que se dibujan los trazos y rasgos que componen particularmente, las letras. Cada tipo de escritura tiene su propio ductus, que debe seguirse para asegurar una escritura fluida y natural. La escritura puede dividirse, a grandes rasgos, según su ductus, en sentada o cursiva.
En el habla, a diferencia del ritmo, el ductus es la cualidad performativa que surge mediante el accionamiento métrico de la lengua dispuesta para la voz. Resulta un estilo y carácter específico del lenguaje en el tiempo. Mientras que el ritmo está ligado al tempo, el ductus recoge diversas características del lenguaje performativo, como el tono y la altura del sonido y diferentes elementos estilísticos como la selección de palabras y la estructura de la oración, así como las influencias dialectales, la pronunciación o la entonación.
El ductus como herramienta en Paleografía y Epigrafía
El ductus es un elemento de gran relevancia para algunos estudios como son las Ciencias de la Escritura, por ejemplo la Paleografía o la Epigrafía, pues ofrecen valiosísima información con respecto a la cronología de un texto.
Para la Epigrafía, que estudia los indicios de escrituras, en algunos casos más antiguos de lo que la Paleografía en sí misma podría estudiar, estando hechas las inscripciones en materiales imperecederos, el ductus funciona como un método de datación más, en muchos casos, incluso es el único cuando no hay más elementos que puedan servir al epigrafista.[1] Los ejemplos más sencillos de ver son los de las letras P, R o M en la epigrafía latina, que muestran una gran variación a lo largo de la época romana: la P pasa de ser abierta en su ojal a estar cerrada conforme avanzan los siglos, sirviendo en muchos casos este detalle como elemento fundamental a la hora de establecer una cronología aproximada; igualmente ocurre con el ojal de la letra R que pasa a cerrarse y el trazo de la gambeta pasa de estar directamente en el ojal, a estarlo en el trazo vertical[2] (semejante a la R actual en el alfabeto latino), aportando una cronología estimada.
Para la Paleografía, el ductus es esencial no solamente para la cronología en muchos aspectos, ya que, si bien muchos documentos paleográficos pueden también estar fechados o signados, para las ocasiones en que ello no se produce, el ductus es un recurso indispensable para poner una cronología a los documentos.[3] Así, la Paleografía se sirve del ductus también para estudiar, por ejemplo, los contextos de las escrituras, si fueron hechas con detenimiento como se puede ver en la escritura libraria, con un ductus mucho más detenido, pensado y trabajado, o si por el contrario, fueron hechas en contextos más diarios.[4]