Dybbuk
Alma en pena de un muerto, según el folclore judío
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En el folclore judío, un dibbuk o dybbuk es un espíritu maligno capaz de poseer otras criaturas, y se cree que es el alma errante de un muerto.[2][3] Se dice que los dibbuks escaparon del Gehena ("infierno" en hebreo) o que fueron expulsados de él por cometer transgresiones tales que el alma no podía ser admitida ahí, como el suicidio.


Etimología
La palabra dibbuk se deriva del hebreo דיבוק, que significa "adhesión". El dibbuk se adhiere al cuerpo de una persona viva y lo habita. De acuerdo con la creencia, un alma que no pudo cumplir su misión durante su vida tiene una segunda oportunidad en forma de un dibbuk.
Dibbuk forma parte de algunas frases que sirven mejor a la comprensión de la palabra en sí (funcionando como un apócope o una abreviatura), tales como dibbuk me-ru'aḥ ra'ah (que se traduce como una hendidura de un espíritu maligno) o dibbuk min ḥa-hitẓonim (dibbuk del exterior) cuando se encuentra en una persona.
Supuestamente, deja el cuerpo del anfitrión una vez que ha llevado a cabo su objetivo, a veces siendo exorcizado[3] por alguien calificado para llevar a cabo este proceso.
La palabra ‘dibbuk’ significa también “espíritu atado” en yiddish y designa un concepto judío que expresa una de las posibles situaciones del alma tras la muerte.
Concretamente, un dibbuk es el alma —en la que predomina el mal sobre el bien o, simplemente, está espiritualmente poco evolucionada— de alguien que, tras morir, no ha podido continuar con el ciclo natural de reencarnaciones necesarias para cumplir el fin espiritual individual que Dios le ha dado y, en consecuencia, se ha quedado en el mundo y busca poseer el cuerpo de alguien que, por su naturaleza y situación de vida, resulte propicio para cumplir aquellos fines y deseos que no fueron satisfechos mientras el dibbuk vivía.
Sea cual sea el caso, todo dibbuk ha sufrido el “karet”; es decir, la situación de separación que, como consecuencia natural de las malas acciones efectuadas en vida, experimenta un alma con respecto a Dios.
A pesar de ello, el grado de oscuridad espiritual de un dibbuk puede variar, dándose el caso de quienes en vida fueron auténticamente malvados (violadores, asesinos, torturadores, etc) y el de quienes simplemente tomaron caminos equivocados (drogadicción, dedicación completa de la voluntad a conseguir dinero y cosas mundanas, etc) o muy alejados de Dios pero no por ello propios de ser encasillados en la esfera de la maldad.
Por ello, la finalidad principal de un dibbuk puede variar; siendo, por ejemplo, huir del castigo divino en un caso extremo o el acabar ciertos asuntos pendientes en el caso de un dibbuk que, por haber pecado menos, tiene menos que temer.
Historia
Las primeras referencias al término aparecen por primera vez en varias escrituras del siglo XVI,[4] aunque fuera ignorado por los estudiosos cuando Shloime Anski presentó su obra teatral El dibbuk ante los círculos literarios de su tiempo. Los testimonios más tempranos (tal como lo dice Flavio Josefo) de dibbuk, eran de posesión demoníaca más que por fantasmas o fenómenos paranormales.
Los dibbuks son una forma de transmigración del alma en la mitología judía. En contraste con el dibbuk, el ibbur (traducido como impregnación) es la posesión positiva del que gana la sabiduría para reincorporarse con Dios (algo parecido al karma) como mitzvá.
El auge de las historias de dibukkim, tanto en los sucesos históricos sobre los cuales se escribía como en los cuentos para precaver, tuvo lugar entre mediados del siglo XVI y mediados del XVII.[5]
El historiador Chajes argumenta que ello está relacionado con la llamada “era de lo demoníaco” del cristianismo europeo, durante la cual se difundieron historias de demonios, fantasmas y posesiones como mecanismos moralistas de convicción con los feligreses cristianos.
Chajes sugiere que los rabinos de la época se sentían amenazados ante el potencial de perder seguidores que, asustados por las historias demoníacas de posesiones y exorcismos, se convirtieran al cristianismo, que sí ofrecía solución para ello.[5]
Con el concepto del exorcismo en boga, los rabinos no podían darse el lujo de ser los únicos clérigos sin el poder de remediar una posesión y parecer débiles ante una congregación en la que incluso la gente educada y creyente de las ciencias era partícipe de las ideas de posesión.[6]
Por la naturaleza de las historias y su difusión como cuentos para intimidar a la gente a adherirse a las doctrinas del gilgul y otras ideas místicas que recién ingresaban al judaísmo occidental, Ruth Gilbert ha denominado "gótico judío" al dibbuk, la historia del gólem y la del judío errante.[7]
Aunque el origen de estos conceptos es posterior a la época denominada gótica en la historia de las estéticas, Gilbert relaciona este estilo narrativo con las técnicas de convicción góticas que mezclan el miedo, el terror y el deseo.
Parece que los rabinos del gótico judío difundían historias para intimidar a la gente en una ola tardía de propaganda medieval que llegaba tarde a las herméticas comunidades de judíos conservadores, segregadas del resto de Europa, y que llegaba a esos círculos a través de los grupos más místicos y liberales.[6]
Origen teológico
En el Talmud, se habla de espíritus desencarnados y de exorcismo, pero no se destaca el concepto de reencarnación del dibbuk.
El concepto del dibbuk introduce en el judaísmo la creencia en la reencarnación, que se vincula a sus raíces en fuentes griegas, indias, gnósticas, cristianas (del cristianismo primitivo) e islámicas (de la escuela Mu’tazili, principalmente), fuentes todas ellas que, de una u otra forma, no estaban del todo desvinculadas del misticismo judío, que abrazó la teoría de la reencarnación otorgándole fundamento teológico en el corpus de la revelación judía y de la teología desarrollada en torno a este.
El concepto de reencarnación judía apareció puntualmente en el siglo octavo con el misticismo desarrollado por ciertos eruditos judíos de Europa, a pesar de la oposición de muchos teóricos. Ejemplo de la fuerza que obtuvo la vemos en un libro tan clave como el Zohar (siglo XIII), en cuyo versículo 186b dice:
‹‹Siempre que una persona fracasa en su propósito en este mundo, Dios, bendito sea, la arranca de raíz y la vuelve a plantar una y otra vez, repetidamente››.
Ya en el siglo XII la idea de la reencarnación pasó a formar parte establecida de la Cábala; y después, en el siglo XVI, algunas escuelas, sobre todo la del Círculo de Safed, tomaron esta teoría en el marco de la cual el místico Isaac Luria (líder del Círculo de Safed) sentó las bases de la creencia judía en el dibbuk, concepto que, junto a los del gilgul y el ibbur, sería clave para la comprensión teológica de las posibilidades situacionales del alma en su dinámica evolutiva orientada a la consecución del propósito divino.
Finalmente, los discípulos de Isaac Luria llevaron la idea un paso más allá con la teoría de la posesión efectuada por el dibbuk y, más adelante en lo que fueron los inicios del siglo XX, el folklorista y erudito judío S. Ansky dio un salto a la popularidad del dibbuk cuando en 1916 publicó su obra Der dibbuk, inicialmente escrita en yiddish, pero posteriormente traducida a varios idiomas.
Dibbuk y género
Es importante mencionar las cuestiones de género que se han analizado en torno a la figura del dibbuk.
Mary Keller observa en The Hammer and the Flute: Women, Power, and Spirit Posession que la gran mayoría de los dibukkim sobre los que se escribe son espíritus masculinos y que muchos de ellos se encontraban vagando en pena por haber cometido pecados sexuales.[8]
Si bien, por un lado, a ojos contemporáneos, parece que las mujeres que decían estar poseídas por un dibbuk hallaban voz ante el rabino y la comunidad, las historiadoras feministas opinan que es una postura vacua y demasiado superficial.
Naomi Seidman cree que la recurrencia de mujeres como víctimas de posesión en los relatos de dibbuk representa la determinación exacerbada de las mujeres de la época por guiar a su comunidad por lo que creían que era el camino correcto sin importar el costo.[9]
A ojos de Seidman, la mujer, en su papel de receptora del dibbuk, puede ser ambivalente y mediar entre territorios místicos en los que ni siquiera los hombres se aventuraban. Así, mediaban como ecotonos entre la vida y la muerte, lo masculino y lo femenino, lo trascendente y lo desfigurado, la victimización y el empoderamiento.[9]
Por su parte, Keller analiza las lecturas de las posesiones de dibbukim en cuerpos femeninos en la historia y cómo han afectado la validez de la postura de la mujer judía medieval en su contexto. La lectura simplista en la que el apoderado es el exorcista, que redime a la mujer de su terrible estado dejaría fuera las consecuencias comunitarias que venían con cada episodio de posesión.
El rol de la mujer poseída, opina Keller, era hacer de campo de debate sobre posturas nuevas y progresistas en cuanto a temas religiosos y legales, a la vez que la mujer permitía que su cuerpo se utilizase para redimir al alma en pena que la poseía, empoderándola frente al exorcista que solo hacía de guía para la redención.[8]
Un concepto que refuerza las lecturas feministas de Seidman y Keller es el ibur, equivalente positivo a la posesión por el dibbuk. Una posesión por ibur se consideraba una señal divina. Esta se daba generalmente en cuerpos masculinos y era invocada por el poseído con la ayuda de un grupo de místicos.
La traducción literal de ibur del yiddish es "embarazo", concepto que Keller identifica con una divinización incuestionable de la posesión masculina, lo cual resulta en la representación ambivalente y cuestionable de la posesión femenina.[10]
Cabe mencionar que todos los registros de posesiones de ese tipo fueron exclusivamente escritas y divulgadas por hombres. No se conoce ninguna versión de autoría femenina para tomar en cuenta en el análisis.
En la cultura popular
Gilgul, dibbuk e ibbur, tres situaciones distintas del alma tras la muerte
En la idea judía de reencarnación ocurre que, cuando una persona muere, normalmente su alma experimenta la situación de gilgul (palabra hebrea que literalmente significa “rodar”), lo cual no es otra cosa que el hecho de transmigrar, de pasar de forma natural a encarnarse (al momento de nacer, no en la concepción como creen los católicos) en otro cuerpo, durante un número de años previamente fijado por decreto divino. Así el gilgul es el proceso normal que media entre una vida y otra en el ciclo de reencarnaciones, ciclo que en el judaísmo no es indefinido sino que se detiene cuando el alma ha cumplido el propósito individual que Dios le otorgó.
Ahora bien, hay veces en que el alma no pasa a encarnarse en su siguiente vida sino que se queda paralizada en el proceso, se queda sin cuerpo dentro del mundo. Es entonces, y en virtud de que las almas presentan una tendencia natural a buscar estar en un cuerpo (al menos eso es lo que se cree en el marco teológico del dibbuk), cuando puede ocurrir uno de los siguientes casos:
El primer caso, y que corresponde a la segunda forma de transmigración, es el del dibbuk. En este caso y como ya se dijo, el alma corresponde a una persona mala o poco evolucionada. Esta alma busca entonces poseer el cuerpo de otra persona: sea para evitar el castigo de los ángeles que ayudan a separar el alma del cuerpo, sea para superar (con acciones en el cuerpo a poseer) o evitar castigos relacionados con su vagabundeo por la Tierra, sea para buscar venganza o simplemente para huir de su situación de extravío. Así, bien puede ser que la persona viva no sienta que un dibbuk le ha poseído o por el contrario si el dibbuk se manifiesta puede atormentar a su portador.
El segundo caso es el del ibbur (palabra hebrea para “impregnación”). Se diferencia del dibbuk en que siempre es temporal (solo dura un periodo de la vida del poseído) y siempre se trata de un alma altamente evolucionada en la que despuntan la bondad y la sabiduría, alma esta que no necesariamente entra en el cuerpo del viviente porque ha estado vagando por la Tierra sino que bien puede darse el caso de que el ibbur haya estado junto a Dios y, por un puro impulso de bondad y amor, haya pedido descender a la Tierra para tomar el cuerpo de una persona y así ayudarle, con su naturaleza superior, a cumplir el plan que Dios le asignó.
No obstante, también puede ser que el ibbur busque poseer el cuerpo del vivo para un propósito propio, tal como cumplir una promesa, realizar un mitzvá (deber religioso) o efectuar cualquier otra tarea (siempre moral y espiritualmente buena) que precisa de un cuerpo físico para su cumplimiento.
La luminosidad espiritual del ibbur es tal que, según los cabalistas, puede explicar muchos casos en los que una persona común ha tenido estados místicos o en los que un místico ha tenido arrebatos en los que ha oído y/o visto cosas sorprendentes, de una naturaleza tan lejana a lo normal que no puede explicarse de forma racional.
Los ibbur tienden a ayudar más a aquellos que están extraviados en la vida, que no encuentran su propósito espiritual, a quienes atraviesan situaciones difíciles que el ibbur ha superado cuando estaba vivo. Cuando los ibbur han cumplido su tarea y se marchan, suelen dejarle al poseído una sensación de vacío, que a veces los sumerge en la depresión, ligada a la pérdida de un pálido reflejo (el ibbur) de la luz del Creador. Los rabinos aconsejan superar tal estado considerando todo lo bueno que el ibbur hizo y teniendo en cuenta que, si se marchó, es que ya cumplió su cometido.
Cuando un dibbuk intenta poseer a una persona
El dibbuk (Demlus) busca personas en las que se ha abierto cierta separación entre el cuerpo y el espíritu (y tiene una gran capacidad para detectar dichas personas), ya que el dibbuk se cuela a través de ella para poseer a alguien.
Por eso, el dibbuk generalmente prefiere tomar el cuerpo de una mujer, puesto que son más propensas a sufrir problemas emocionales y enfermedades psicológicas en las cuales el cuerpo y el espíritu se desvinculan en cierto grado, según la creencia judía.
Pero las razones de elección del dibbuk van más allá de eso.
Según Gershon Winkler, estudioso con más de 25 años de experiencia en el campo de la investigación sobre folklore judío, espiritualidad judía y raíces chamánicas del judaísmo:
“El dibbuk elije a alguien que está en el estado donde su alma y su cuerpo no están totalmente conectados entre sí a causa de la melancolía severa, la psicosis y ese tipo de cosas. Entre los no que no están integrados, busca a alguien en particular cuya vida actual esté atravesada por situaciones que el espíritu poseedor tuvo que pasar, por lo cual este espíritu percibe compatibilidad con alguien que está luchando con lo mismo que él luchó. Digamos que en mi corazón tengo un deseo de robar todas las tiendas que me convenga robar, pero no lo hago porque no tengo agallas. Bien, pues, el espíritu de alguien que lo haya hecho se sentirá atraído por mi deseo de hacerlo y me poseerá porque somos compatibles”.
Pero las palabras de Winkler no deben dar lugar a la interpretación equívoca de que una persona que cede a sus peores deseos o inclinaciones está siendo víctima de un dibbuk pues, como de otras palabras suyas se desprende claramente, la posesión del dibbuk presenta signos específicos: “Se puede decir que es real si la persona es capaz de hablar las cosas que de otro modo no sería capaz de conocer. Debido a que el alma que hay en el poseído no se integra lo suficiente para ser sujeta al tiempo, espacio y materia, este sería capaz de decirte cosas que no se conocen normalmente, cosas como lo que soñaste la noche anterior, lo que está pasando en la calle, tal vez incluso pueda hablar un idioma diferente que nunca ha conocido antes”.
Cómo se expulsa a un dibbuk
Según la Cábala, para exorcizar a un dibbuk, un rabino experto en ella tiene que tocar música ceremonial con un cuerno de carnero (shofar). Deben acompañarlo diez personas que puedan soportar la experiencia, formando un círculo santo de protección en torno al poseído, preferiblemente en una sinagoga, mientras el grupo repite tres veces el salmo 91.
En muchas historias, un espíritu benevolente o un ángel asiste al rabino, que debe ser siempre un individuo piadoso.
El rabino Gershon Winkler es alguien que ha llevado a cabo varios exorcismos: “Soplamos el cuerno de carnero de cierta forma, con ciertas notas, para romper el cuerpo, por así decirlo. Así el alma poseída se liberará. Después de que se haya soltado, podemos empezar a comunicarnos con ella y preguntarle por qué está aquí. Podemos orar por el alma y celebrar una ceremonia para que se sienta segura y hacer que deje el cuerpo de la persona poseída”.
En ciertos casos, el primer paso del proceso es hablar con el dibbuk para saber por qué no ha cambiado. También es importante descubrir el nombre del dibbuk, ya que, según el folclore judío, es necesario para darle órdenes. Además, según cuentan muchas historias, es importante hablar con el dibbuk, ya que les gusta que se interesen por ellos.
Para el autor, Howard Chajes, existen diversas combinaciones de objetos y conjuros para expulsar al dibbuk. Un buen ejemplo es el de la fórmula en la que el exorcista utiliza un frasco vacío y una vela blanca. El exorcista recita un conjuro para ordenar (si aún no se conoce el nombre) al dibbuk a decir su nombre, tras lo cual recita un segundo conjuro ordenando al dibbuk que abandone el cuerpo de la persona y llene el frasco. Sorprendentemente, el frasco se iluminará de rojo si el dibbuk cumple la orden.
Cajas de dibbuk
El 9 de febrero de 2004 se subastó en Ebay por 280 USD un "gabinete para vinos judío atormentado por un dibbuk".[11] La página de la venta incluía las historias de dos vendedores que buscaban deshacerse mediante subasta del artículo que se ofrecía, ya que creían que les había traído tragedias a sus familias desde el momento en el que la adquirieron.
El gabinete podía comprarse junto con una serie de testimonios, deposiciones oficiales y comprobantes médicos que demostraban el infortunio de los dueños del objeto mientras lo tuvieron en sus casas. La venta pronto captó la atención de la comunidad interesada en lo paranormal y la historia derivó en que el actual dueño, Jason Haxton, hacía de administrador.
Desde entonces, la caja ha aparecido en numerosos programas de televisión y los derechos de la historia fueron adquiridos por Ghost House Pictures, lo que llevó a la producción de la película La Posesión (2012), dirigida por Ole Bornedal.[12]
A partir de la popularización de esta historia, el concepto de caja de dibbuk se ha vuelto recurrente en la comunidad paranormal. Aunque en el folclore judío no existía registro que mencionara la habilidad de los dibukkim de poseer objetos y a través de ellos ahuyentar a sus dueños, ahora existen cientos de blogs que exponen cajas de dibbuk adquiridas en línea o en tiendas especializadas.
Los usuarios suben a Internet videos suyos abriendo las cajas y exponiendo lo que tienen dentro. Las cajas suelen ser de madera y estar selladas con cera. Dentro tienen mechones de cabello, fotografías antiguas u objetos que parecen ser del espíritu que ha poseído la caja.
Películas sobre los dibbuks
- A Serious Man
- La secuencia de inicio representa un cuento de dibbuk tradicional, en yiddish.
- The Possession
- Inspirada en la historia de la caja de dibbuk.
- La profecía del no nacido
- El dibbuk (1937)
- Obra de S. Ansky llevada a la pantalla en una producción polaca.
- El violinista en el tejado
- Representa a Frumah Sarah, exesposa del carnicero Lazar Wolf, como dibbuk.