Libro de Esdras
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El libro de Esdras es un libro que forma parte de la biblia hebrea y del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana. Pertenece al grupo de los escritos conocidos como Ketuvim. Originalmente formaba con el libro de Nehemías una sola obra conocida como Esdras-Nehemías. Ambas obras representan el capítulo final en la narrativa histórica de dicha biblia.[1] Los dos libros fueron separados por los compiladores de la Biblia cristiana en los primeros siglos de la era cristiana;[2] en el judaísmo, aproximadamente en el año 1448.[3]
El libro de Esdras trata del retorno a Sion (la tierra de Israel) por los judíos, después de su cautiverio en Babilonia, y está dividido en dos partes[4] La primera cuenta el primer retorno de los exiliados en el primer año de Ciro de Persia (hacia 538 a. C.) además de la finalización del nuevo Templo de Jerusalén en el sexto año de Darío I (hacia 515 a. C.). La segunda parte narra hechos acaecidos casi setenta años después, en el año séptimo del reinado de Artajerjes (quizás hacia 448 a. C.), la posterior misión del sacerdote Esdras en Jerusalén y su lucha por purificar a los judíos de lo que el libro llama «el pecado de matrimonio con no-judíos».
En el patrón narrativo recurrente del libro, el Dios de Israel inspira tres veces a un rey de Persia para que encargue a un líder de entre los judíos que lleve a cabo una misión: la primera, reconstruir el Templo; la segunda, purificar la comunidad judía, y la tercera, sellar la ciudad santa tras un muro. Esta tercera misión, la de Nehemías, no forma parte del Libro de Esdras.
No existe ninguna prueba arqueológica o histórica de la existencia de Esdras o de su misión. Los estudiosos bíblicos lo han considerado desde un funcionario arameo real hasta una figura literaria ficticia, con debates que giran en torno a la autenticidad del rescripto de Artajerjes y su datación.[5]
Contexto histórico
A principios del siglo VI a. C., el Reino de Judá se rebeló contra el Imperio neobabilónico y fue destruido. Como resultado, la corte real, los sacerdotes, los profetas y los escribas fueron llevados cautivos a la ciudad de Babilonia. Allí evolucionó la religión judía, una parte de cuyos fieles se pusieron como objetivo regresar a Jerusalén y reconstruir el Templo de Jerusalén. En ese mismo periodo, Persia, que anteriormente era un reino sin importancia en el sur de la actual Irán, ascendió rápidamente a la categoría de gran potencia, y en el año 539 a. C., su rey Ciro II conquistó Babilonia.[6]
La siguiente tabla es una guía de los principales acontecimientos ocurridos en la región durante el período aqueménida:
| Rey de Persia[7] | Reinado (a. C.) | Acontecimientos principales[8] |
|---|---|---|
| Ciro II | 550[?]–530 | 539 Conquista de Babilonia |
| Cambises | 530–522 | 525 Conquista de Egipto |
| Darío I | 522–486 | Asegura el trono en 520/519 tras derrotar a varios rivales; fracasada invasión punitiva de Grecia |
| Jerjes | 486-465 | Intento fallido de conquistar Grecia; comienzo de la lucha con los griegos por el control del Mediterráneo oriental |
| Artajerjes I | 465-424 | 460-456 Represión exitosa de la revuelta apoyada por los griegos en Egipto 449 Megabizo II, gobernador del territorio que incluía Judá |
| Darío II | 423–404 | |
| Artajerjes II | 404-358 | 401 Egipto recupera la independencia |
| Artajerjes III | 358-338 | Reconquista de Egipto |
| Darío III | 336-330 | El Imperio aqueménida es conquistado por Alejandro Magno |
Estructura y resumen
El Libro de Esdras consta de diez capítulos. Los capítulos 1-6, que abarcan el período desde el decreto de Ciro el Grande hasta la dedicación del Segundo Templo, están narrados en tercera persona. Los capítulos 7-10, que tratan de la misión de Esdras, están narrados en su mayor parte en primera persona. El libro contiene varios documentos presentados como inclusiones históricas, escritos en arameo, mientras que el texto circundante está en hebreo (1:2-4, 4:8-16, 4:17-22, 5:7-17, 6:3-5, 6:6-12, 7:12-26) [9]
Ni el libro de Esdras ni el de Nehemías presentan un relato continuo de los hechos, como ocurre en la llamada «historia deuteronomista» o en los libros de las Crónicas, sino que seleccionan únicamente los episodios más significativos en la restauración religiosa y social de Judá bajo dominio persa. El contenido de Esdras-Nehemías está estructurado en orden teológico más que cronológico: «Primero debe venir el Templo, luego la purificación de la comunidad, después la construcción de las murallas exteriores de la ciudad y, finalmente, todo puede alcanzar un gran clímax en la lectura de la ley».[10]
La narración sigue un patrón repetitivo en el que el Dios de Israel «incita» al rey de Persia a encargar a un líder judío (Zorobabel, Esdras, Nehemías) que emprenda una misión; el líder completa su misión a pesar de la oposición, y el éxito se celebra con una gran asamblea.[11] Las tareas de los tres líderes son progresivas: primero se restaura el Templo (Zorobabel), luego la comunidad de Israel (Esdras) y, por último, las murallas que separarán la comunidad purificada y el Templo del mundo exterior (Nehemías).[12] El patrón se completa con una coda final en la que Nehemías restaura la fe en Yahvé.[13] A esta preocupación por crear un patrón esquemático, en lugar de por la historia en el sentido moderno de un relato factual de los acontecimientos, le atribuyen algunos estudiosos los numerosos problemas que rodean a estos libros como fuentes históricas.[14]
Capítulos 1-6 del Libro de Esdras
Con el decreto de Ciro que permite el retorno, se organiza una caravana bajo el mando de Sesbasar con destino de Babilonia a Jerusalén. Una vez instalados, los repatriados emprenden la reedificación del Templo. Al finalizar las obras y tras su consagración, celebran con alegría la festividad de la Pascua. La narración se articula en torno a cuatro supuestos documentos persas (indicados en cursiva):
- 1. Decreto de Ciro, primera versión: Ciro, inspirado por Dios, devuelve los objetos del Templo a Zorobabel, «príncipe de Judá», y ordena a los judíos que regresen con él a Jerusalén y reconstruyan el Templo.
- 2. 42 360 exiliados, con sirvientes, sirvientas y «cantores y cantoras», emigran de Babilonia a Jerusalén y Judá bajo el liderazgo de Zorobabel y el sumo sacerdote Josué.
- 3. Josué y Zorobabel construyen el altar y celebran la Fiesta de los Tabernáculos. En el segundo año se colocan los cimientos del Templo y se celebra la dedicación.

- 4. Carta de los samaritanos a Artajerjes y respuesta de Artajerjes: Los «enemigos de Judá y Benjamín» se ofrecen a ayudar en la reconstrucción, pero son rechazados. Entonces se dedican a frustrar a los constructores «hasta el reinado de Darío». Los funcionarios de Samaria escriben al rey Artajerjes advirtiéndole de que Jerusalén está siendo reconstruida, y el rey ordena que se detengan las obras. La narración vuelve entonces a los tiempos de Darío I. «Así, las obras de la casa de Dios en Jerusalén quedaron paralizadas hasta el segundo año del reinado de Darío, rey de Persia».
- 5. Carta de Tattenai a Darío: Gracias a las exhortaciones de los profetas Hageo y Zacarías, Zorobabel y Josué reanudan la construcción del Templo. Tattenai, sátrapa de Judá y Samaria, escribe a Darío advirtiéndole de que Jerusalén está siendo reconstruida y aconsejándole que se busque en los archivos el decreto de Ciro.
- 6. Decreto de Ciro, segunda versión, y decreto de Darío: Darío encuentra el decreto, ordena a Tattenai que no moleste a los judíos en su trabajo, los exime del tributo y les proporciona todo lo necesario para las ofrendas. El Templo se termina en el mes de Adar, en el sexto año de Darío, y los judíos se reúnen para celebrar su finalización.
Capítulos 7-10 del Libro de Esdras
- 7. Carta de Artajerjes a Esdras (rescripto de Artajerjes): La narración comienza con el decreto de Artajerjes que confiere al escriba Esdras la autoridad necesaria para llevar a cabo el encargo de «que se informe sobre Judá y Jerusalén en lo que respecta a la Ley de tu Dios» y «nombrar magistrados y jueces para administrar justicia a todo el pueblo del Trans-Éufrates, a todos los que conocen las leyes de tu Dios». Artajerjes da a Esdras mucho oro y ordena a todos los funcionarios persas que le ayuden.

- 8. Esdras reúne a un gran grupo de repatriados y mucho oro, plata y vasos preciosos para el Templo, y acampa junto a un canal a las afueras de Babilonia. Allí descubre que no tiene levitas, por lo que envía mensajeros para reunir a algunos. Los exiliados regresan entonces a Jerusalén, donde distribuyen el oro y la plata y ofrecen sacrificios a Dios.
- 9. Esdras es informado de que algunos de los judíos que ya se encuentran en Jerusalén se han casado con mujeres no judías. Esdras se horroriza ante lo que considera un pecado.
- 10. A pesar de la oposición de algunos de ellos, los judíos se reúnen y destierran a todas sus esposas e hijos extranjeros.
Libro de Nehemías
Se presentan primero las razones que impulsaron a Nehemías, servidor del rey de Persia, a emprender la restauración de Jerusalén y cómo obtuvo el permiso real. A continuación se relata la obra de reconstrucción de la ciudad y las acciones destinadas a su repoblación. El eje central lo constituye la proclamación solemne de la Ley por parte de Esdras y el compromiso colectivo de cumplirla. Posteriormente se organiza la distribución de la población entre la capital y el resto del territorio, acompañada de la dedicación de la muralla reconstruida. Finalmente, se menciona la restauración de la vida civil en el marco de una segunda misión de Nehemías.[15]
Textos
Esdras-Nehemías
En sus orígenes, los libros de Esdras y de Nehemías formaban una sola obra dentro del canon hebreo, tradición que fue recogida también por la traducción griega de los Setenta de mediados del siglo II a. C., donde aparecen como un solo libro bajo el nombre de Esdras B.[16] Con este título se les distingue de otro libro llamado Esdras A, que da una versión alternativa del relato y contiene una sección adicional, el «Cuento de los tres guardias», en medio de Esdras 4.[4] El erudito cristiano primitivo Orígenes comentó por ello que el «libro de Esdras» hebreo podría considerarse entonces un libro «doble».[4] Las autoridades religiosas posteriores consideraron apócrifo a este Esdras A, también conocido como «Esdras α».[17]
Con el tiempo, la tradición cristiana introdujo una división del Esdras B en dos volúmenes atendiendo a la materia de los relatos. Jerónimo, a principios del siglo V, señaló que esta duplicación había sido adoptada desde entonces por los cristianos griegos y latinos pero el propio Jerónimo la rechazó en su traducción de la Biblia al latín a partir del hebreo, la Vulgata. En consecuencia, todos los primeros manuscritos de la Vulgata presentan Esdras-Nehemías como un solo libro.[4] Posteriormente, a partir del siglo IX, las biblias en latín sí empezaron a dividir los dos volúmenes, titulándolos I Esdras y II Esdras. Esto se convirtió en la norma a partir de las Biblias de París del siglo XIII. Además, las biblias latinas incluían en un apéndice el apócrifo Esdras A, titulándolo III Esdras.
Esta forma de transmitir los libros terminó por influir en la tradición hebrea posterior y se consolidó también en la Neovulgata, donde se conservan como dos libros diferenciados.[18] La primera Biblia rabínica impresa con los libros de Esdras y Nehemías separados fue la de Daniel Bomberg de 1516/17. [19]
Manuscritos

El manuscrito más antiguo que se conserva de Esdras es 4QEzra, también llamado 4Q117; contiene Esdras 4:2-6, 9-11; 5:17; 6:1-5. Data del período asmoneo (140-37 a. C.). [20] Un ostracon egipcio del siglo VII contiene un texto fragmentario de la Septuaginta (traducción griega) en el que se leen unos versículos del «Esdras α» (2:10 y 9:21–24). [21] Se encuentra una traducción al latín vulgar en el Codex Amiatinus (siglo VIII). Los textos hebreos completos más antiguos se encuentran en el Códice de Alepo (siglo X) y en el Códice de Leningrado (siglo XI).[22]
Posible autoría y fecha
La autoría es desconocida. La tradición religiosa se la atribuía al propio personaje protagonista, Esdras, del que también se ha dicho que pudo haber escrito los Libros de las Crónicas.[23] Los libros de Esdras y Nehemías guardan una estrecha relación entre sí, tanto en estilo como en orientación, y presentan afinidades con los libros de las Crónicas. No obstante, los estudiosos actuales consideran que los libros Esdras, Nehemías y Crónicas tienen historias extremadamente complejas que abarcan muchas etapas de edición,[24] y la mayoría de los estudiosos ahora se muestran cautelosos a la hora de asumir una composición unificada con una única teología y punto de vista.[25] Como indicación de las numerosas capas de edición por las que ha pasado Esdras, un estudio reciente ha mostrado que Esdras 1-6 y Esdras 9-10 eran originalmente dos documentos separados, que fueron unidos en una etapa posterior por los autores de Esdras 7-8, y que todos han sido objeto de una extensa reedición posterior.[26]
Tamara Cohn Eskenazi sostiene que la composición final de Esdras tuvo lugar a finales del período persa (c. 370-350 a. C.), con algunas pequeñas adiciones del período helenístico. Afirma que el lenguaje y la ideología del libro parecen encajar mejor en el contexto del período persa.[27]
Los relatos pueden situarse cronológicamente a partir de ciertos pasajes. Así, en Esdras 1:1 Cores es llamado «rey de Persia» (מלך פרס Melekh Pāras); título introducido por Ciro el Grande algún tiempo después de derrotar a Astiages de Media (585-550 a. C.).[28] Esdras 7:8 dice que Esdras llegó a Jerusalén en el séptimo año del rey Artajerjes, mientras que Nehemías 2:1-9 dice que Nehemías llegó en el vigésimo año de Artajerjes. Si se trataba de Artajerjes I (465-424 a. C.), entonces Esdras habría llegado en 458 y Nehemías en 445 a. C. Sin embargo, en Nehemías 8-9 ambos personajes aparecen juntos.[29]
Posible valor histórico
Como queda dicho, I Crónicas, II Crónicas, Libro de Esdras y Libro de Nehemías constituyen una unidad temática de narración pretendidamente histórica del Antiguo Testamento. Podría añadírseles el libro de Ester.
El valor histórico del Libro de Esdras es discutido; mientras que algunos consideran a su autor un historiador competente y honesto, apoyado en fuentes fiables, otros lo consideran una obra partidaria y fuertemente sesgada.[30]
Parece haber un anacronismo en Esdras 4:7 con la mención de Artajerjes I Longimano, pues se supone que estos hechos de Esdras ocurren décadas antes del reinado de Artajerjes I como rey del Imperio Aqueménida o siquiera de su nacimiento. La obra Perspicacia para comprender las escrituras sugiere que en este caso, el uso de «artajerjes» actúa más bien como un título y no como un nombre específico.[31]
Documentos persas
En el libro se citan siete supuestos decretos persas de reyes o cartas dirigidas a altos funcionarios y recibidas de ellos. Su autenticidad ha sido objeto de controversia. Mientras que algunos estudiosos los aceptan en su forma actual, la mayoría solo acepta como auténticos una parte de ellos, y otros los rechazan por completo. El historiador L.L. Grabe evaluó estos supuestos documentos en base a seis criterios: comparación con material persa auténtico, detalles lingüísticos, contenidos, presencia de teología judía, actitud persa hacia las religiones locales y fórmulas de redacción de cartas persas; y concluyó que todos los documentos son obras tardías posteriores al período aqueménida y probablemente falsificaciones, si bien algunas características sugieren que detrás de algunos de ellos podría haber correspondencia persa auténtica. [32] Por el contrario, Richard C. Steiner y H. G. M. Williamson sostienen que las pruebas lingüísticas y de otro tipo sugieren que los documentos son auténticos.[33][34]
Objetivos del libro
El autor o autores del libro intentan convencer de que la única forma lógica de gobierno para los judíos es la teocracia. Siguen para ello el canon conocido como "historia deuteronómica", formado por los libros del Deuteronomio, Libro de Josué, Libro de los Jueces, I Samuel y II Samuel y I Reyes y II Reyes. No obstante, tanto el libro de Esdras como el de Nehemías son libros mesiánicos que siguen a los reformadores religiosos judíos.
El libro de Esdras pretende perfeccionar y profundizar en la historia deuteronómica subrayando los designios y actividades de Dios en los sucesos que narra. Así, convierte al mítico rey David en la figura más importante de toda la Biblia, porque lo considera el perfeccionador de las leyes del legislador Moisés.
Los autores silencian las distinciones raciales y religiosas entre las diferentes tribus judías, a las que llaman en conjunto con un único nombre («Israel») para simbolizar con ello la unidad davídica y mesiánica, y enfatizan la homogeneidad lingüística, histórica y cultural que cohesiona a sus ojos al pueblo de Dios. Los aspectos señalados son especialmente visibles en Esd. 1:5, 4:1 y 10:2.