Fabliaux
poema narrativo francés de los siglos XII y XIV
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Los fabliaux son breves cuentos o poemas narrativos cómicos (de entre 300 y 400 versos), a menudo anónimos, escritos por juglares y monjes franceses de los siglos XII y XIV. Se caracterizan generalmente por una obscenidad sexual y escatológica, así como por un conjunto de actitudes contrarias generalmente criticando o monfándose de la Iglesia y la nobleza.[1] Si bien la mayoría de fabliaux fueron anónimos, se conocen ciertos autores como Jean Bodel o Guèrin, que escribieron durante el punto más álgido de la popularidad del género. Varios de estos fabliaux fueron reescritos por Giovanni Boccaccio para su Decamerón, así como por Geoffrey Chaucer para sus cuentos de Canterbury. Sobreviven unos 150 fabliaux en francés, su número dependiendo de qué tan estrictamente se defina fabliau. De acuerdo con R. Howard Bloch, los fabliaux son la primera expresión del realismo literario en Europa.[2] Académicos del siglo XIX, principalmente Gastón Paris, sostienen que los fabliaux originalmente provinieron del Oriente y que fueron traídos a occidente por los cruzados que regresaron.
Estilo
Su contenido es erótico o humorístico y son de carácter popular. Un fabliaux ("hablilla") es un cuento escrito con el propósito de provocar la risa, y para conseguirlo se centra en ambientes y personajes reales y vulgares. Los rasgos de esos personajes son:
- La mujer: de carácter astuto y desvergonzado.
- El clérigo: avaro, lujurioso y simple.
- El mísero: trata de superar su desdichada suerte mediante el ingenio y el engaño. En él, la astucia es superior a la simpleza.
Los fabliaux son una amplia muestra realista de las clases populares de la época; en este aspecto se oponen a la literatura de los roman, de carácter idealista. Se caracterizan, por lo tanto, por una reacción popular contra la literatura cortesana y clerical.

Se conservan unos 150, escritos entre finales del siglo XII (el de Richeut data de 1159) hasta principios del siglo XIV. Se conoce el nombre de algunos autores de fabliaux: Rutebeuf, Huon le Roi, Jean Bodel, Jean de Condé, Henri de Andeli y Gautier le Leu, entre otros.
Los fabliaux carecen de una finalidad moralizadora al estilo de los enxiemplos medievales, y podría afirmarse, más bien, que es al contrario. Aunque se repiten temas tratados en fábulas y apólogos, lo principal de los fabliaux es la broma, la diversión y el ingenio. Al reflejar los vicios de la sociedad, no se pretende dar una lección moral para que el vicioso se corrija, sino que solamente se busca provocar la risa, burlarse y lograr un efecto cómico. Por todo ello, los fabliaux medievales franceses carecen del propósito didáctico-moralizante de las fábulas o apólogos; es más, es frecuente que el desenlace final sea opuesto a los principios morales y que el vicio y el engaño triunfen sobre la honradez y la virtud: así ocurre en los cuentos del Caballero de la cesta (en el cual, una suegra, que tenía celos de la virtud de su nuera, es burlada de forma grotesca; mientras que la nuera se entrega a su amante), Richeut (exaltación del cinismo y el ingenio de una mujer de baja condición social), Auberée (elogio de las artimañas de una celestina), entre otros. Una de las reacciones más pintorescas aparece en el relato Lai de Aristóteles, en el cual el famoso sabio griego, por reprochar a Alejandro Magno el haberse enamorado de una mujer, es cautivado por la mujer para vengarse; después, se obliga a Aristóteles a ponerse a cuatro patas y llevar a caballo a la mujer. El autor del cuento es Henri d'Andeli.
El origen de la temática de los fabliaux ha sido muy discutido; para unos, procede de la literatura oriental, teniendo en cuenta que sus autores no eran ignorantes sino escritores cultos; para otros, los temas proceden de la comedia elegíaca latina (este tipo de comedia volvió a tratar los viejos temas del teatro romano, especialmente la comedia latina de Terencio), la cual tuvo especial éxito en Francia en el siglo XII.