Falanto

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Falanto (en griego: Φάλανθος Phálanthos) es una figura de la tradición histórica espartana, líder de los partenias de Esparta y oikistés o fundador de la colonia lacedemonia de Tarento, en el sur de Italia. Era hijo de Arato.

Padre Arato Ver y modificar los datos en Wikidata
Cónyuge Etra
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Falanto
Familia
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Falanto cabalgando en un delfín, moneda de Tarento, 510-500 a. C..

Según el relato de Estrabón,[1] en las últimas décadas del siglo VIII a. C., durante la larga guerra en la que Esparta se enfrentó contra la vecina Mesenia, las mujeres de Esparta, advirtieron a sus hombres del peligro que suponía que, por mantener el juramento de guerra, estuvieran lejos de sus esposas y de sus ciudades: Esparta se vería amenazada con la ausencia de una nueva generación de jóvenes guerreros. Los espartanos acordaron que los periecos, pobladores de ascendencia aquea que carecían de derechos ciudadanos, pudiesen unirse a las jóvenes doncellas de Esparta y engendrar con ellas hijos. Estos eran considerados ilegítimos, por lo tanto destinados a una condición subalterna, y fueron llamados partenias, esto es, «hijos de las vírgenes».[2]

Al llegar a la mayoría de edad, los partenias, dirigidos por Falanto, se levantaron en armas para obtener los derechos de ciudadanía que les negaba la aristocracia: el alzamiento fracasó, pero, a fin de no condenar a muerte a hijos de mujeres espartanas, se los obligó a dejar la polis en busca de nuevas tierras. Falanto consultó al oráculo de Delfos, antes de iniciar su exilio, que le contestó: «Fecunda con tus cenizas la tierra de los yapigios y llévalos a la ruina». Falanto solicitó luego una señal del cielo para saber el momento idóneo y el oráculo respondió: «Cuando veas llover del cielo despejado, conquistarás el territorio y la ciudad».

Cuando llegan a las tierras de los yapigios, los partenias no se enfrentan a los indígenas, sino que se limitan a tomar posesión del promontorio de Vivid. Las ambiciones, sin embargo, eran mayores, y la desesperación de Falanto hizo que se arrojase en los brazos de su esposa. Esta comenzó a llorar, mojándole con sus lágrimas. Falanto entonces, recordando que el nombre de su esposa Etra tiene el significado de ‘cielo’, creyó que era el momento en que la profecía se había hecho realidad. Acometió la conquista de la ciudad de los yapigios y, tras la huida de los indígenas a Brindisi, Falanto finalmente fue capaz de establecer en Italia una colonia de Esparta, renombrando a la ciudad conquistada como Tarento (en referencia al héroe Taras), y gobernándola por las leyes de Licurgo.

Falanto tuvo un conflicto con sus conciudadanos (per seditionem) y terminó huyendo de Tarento a Brindisi, es decir a la tierra de los yapigios que había derrotado. Allí murió y recibió un entierro honorable por sus antiguos enemigos.[3] Esta parte del relato se explica por la influencia de Atenas en los territorios mesapios, la alianza antitarantina y los enfrentamientos por la supremacía en Sitiride.

En su lecho de muerte, sin embargo, Falanto quería hacer el bien a sus ingratos conciudadanos: convenciendo a la gente de Brindisi para esparcir sus cenizas en la plaza de Tarento, porque al hacerlo se aseguraban la conquista de esa ciudad. En realidad, el oráculo había predicho a Falanto que Tarento permanecería intacta si sus cenizas se mantenían dentro de sus muros. Así Falanto, engañando a la gente de Brindisi hizo un favor a Tarento, que desde entonces le rinde el homenaje debido, al considerarle su oikistés.[4]

Notas

Bibliografía

Enlaces externos

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