Juvenal

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Décimo Junio Juvenal[a](Aquino, 60-Roma, 128) fue un poeta satírico romano, activo a finales del siglo I y comienzos del siglo II, autor de dieciséis sátiras. Los detalles de la vida del autor son confusos, aunque referencias dentro de su texto a personas conocidas a finales del siglo I y principios del II fijan su terminus post quem (fecha de composición más temprana).

Nombre de nacimiento Décimo Junio Juvenal
Nombre en latín Decimus Iunius Iuuenalis Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento siglo I
Aquino ?
Fallecimiento siglo II
Roma (Imperio romano) o Egipto (Antigua Roma) Ver y modificar los datos en Wikidata
Datos rápidos Información personal, Nombre de nacimiento ...
Juvenal

Frontispicio de John Dryden: Las sátiras de Decimus Junius Juvenalis y de Aulus Persius Flaccus.
Información personal
Nombre de nacimiento Décimo Junio Juvenal
Nombre en latín Decimus Iunius Iuuenalis Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento siglo I
Aquino ?
Fallecimiento siglo II
Roma (Imperio romano) o Egipto (Antigua Roma) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Romana
Educación
Alumno de Quintiliano Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Poeta
Género Sátira romana
Obras notables Sátiras Ver y modificar los datos en Wikidata
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Conforme con el estilo vitriólico de Lucilio, creador del género de la sátira romana, y dentro de una tradición poética que también incluye a Horacio y Persio, Juvenal escribió al menos 16 poemas en hexámetro dactílico abarcando un conjunto enciclopédico de tópicos de todo el mundo romano. Mientras que las Sátiras son una fuente vital para el estudio de la Antigua Roma desde un vasto número de perspectivas, su forma de expresión cómica hiperbólica hace, como mínimo, problemática la interpretación de las afirmaciones encontradas en ellas. A primera vista, las Sátiras pueden leerse como una crítica brutal de la Roma pagana, y quizá por este motivo pervivió en los scriptoria monásticos cristianos.[cita requerida]

Biografía

Los detalles precisos de la vida del autor no pueden ser reconstruidos con seguridad si nos fundamos en la evidencia disponible actualmente. La Vita Iuvenalis (Vida de Juvenal), una biografía del autor que se ha asociado con sus manuscritos no más tarde del siglo X, es poco o nada más que una extrapolación de sus propias Sátiras.

Las biografías tradicionales, incluyendo la citada Vita Iuvenalis, proporcionan eso sí el nombre completo del escritor y que era hijo, por naturaleza o por adopción, de un rico liberto y, a veces, se concreta que era un liberto hispano.

Se supone que fue alumno del gran Quintiliano y que practicó la retórica hasta que alcanzó la mediana edad, tanto como diversión como con propósitos legales, ya que las Sátiras hacen referencias frecuentes y exactas a la forma de operar el sistema jurídico romano. Su carrera como satírico se supone que comenzó en una etapa de su vida bastante temprana. Al parecer, esta profesión le permitió ganarse la vida dignamente; y es posible que le diera hasta para comprar una granja en Tíbur (actual Tívoli). Era muy amigo del hispano Marcial, autor de los Epigramas.

Las biografías están conformes en atribuir a su vida un periodo de exilio porque insultó a un actor influyente en la corte, el cómico Paris; el emperador que lo exilió sería o Trajano o Domiciano, y todas las biografías sitúan ese exilio en Egipto, con la excepción de la que opta por Escocia.[2] Otras tradiciones consideran que sobrevivió durante algún tiempo después del óbito de Adriano en 138 d. C.[3]

Es imposible decir cuánto del contenido de estas biografías tradicionales es ficción y cuánto es hecho. Amplias partes son claramente meras deducciones de los escritos de Juvenal, pero algunos aspectos parecen tener más sustancia. Juvenal nunca menciona un periodo de exilio de su vida, pero aparece en cada biografía tradicional existente, por lo que muchos estudiosos creen que esta idea es una invención posterior; las Sátiras muestran cierto conocimiento de Egipto y Britania, cierto, y se cree que esto dio lugar a la tradición de que Juvenal fue exiliado. Otros, sin embargo, y en particular Gilbert Highet, consideran que el exilio es un hecho, y estos eruditos proporcionan una fecha concreta: desde el año 93 hasta el 96, cuando Nerva se convirtió en emperador. Arguyen que una referencia a Juvenal en uno de los poemas de Marcial, que data del año 92 d. C., es imposible si en esa época Juvenal estuviera ya en el exilio, o hubiera pasado su tiempo desterrado, pues Marcial no habría deseado enfrentarse a Domiciano mencionando a una persona non grata como Juvenal. Si Juvenal fue desterrado, habría perdido su patrimonio y esto explicaría las consistentes descripciones de la vida de clientela de que se lamenta en las Sátiras.

La única otra pieza disponible de evidencia biográfica es la siguiente inscripción dedicatoria, que se dice encontrada en Aquino con el texto:[4]

...]RI·SACRVM
...]NIVS·IVVENALIS
...] COH·[.]·DELMATARVM
II·VIR·QVINQ·FLAMEN
DIVI·VESPASIANI
VOVIT·DEDICAV[...]UE
SVA PEC
CERE]RI·SACRVM
D(ECIMVS) IV]NIVS·IVVENALIS
TRIB(VNVS)] COH(ORTIS)·[I]·DELMATARVM
II·VIR·QVINQ(VENNALIS)·FLAMEN
DIVI·VESPASIANI
VOVIT·DEDICAV[ITQ]UE
SVA PEC(VNIA)
A Ceres (esta cosa) sagrada
(Décimo Junio?) Juvenal
tribuno militar de la primera cohorte de Cohorte I Dalmática
Duoviro, Quinquennalis, Flamen
del Divino Vespasiano
hizo el voto y dedicó
con sus propios fondos
(Corpus Inscriptionum Latinarum X.5382)

Los eruditos creen normalmente que esta inscripción no se refiere al propio poeta: una carrera militar no encajaría bien con el pronunciado antimilitarismo de las Sátiras, es más, las legiones de Dalmacia no parecen haber existido antes del año 166. Es posible, sin embargo, que este Juvenal fuera un pariente posterior del poeta, pues ambos provenían de Aquino y estuvieron relacionados con la diosa Ceres (la única deidad a la que se muestra respeto en las Sátiras). Pero, si la teoría que relaciona a ambos Juvenales es correcta, entonces la inscripción mostraría que la familia de Juvenal era razonablemente adinerada, y, si realmente el poeta era el hijo de un liberto extranjero, entonces sus descendientes se asimilaron con rapidez a la itálica estructura de clases. Green piensa que es más probable que la tradición del padre liberto sea falsa y los antepasados de Juvenal pertenecieran a la nobleza italiana menor, de ascendencia relativamente antigua.[5]

Las Sátiras y su género

El humanista Julio César Escalígero (1484-1558) escribió con gradatio que Iuvenalis ardet, instat aperte, iugulat. Persius insultat. Horatius irridet ("Juvenal arde (de ira), ataca abiertamente, degüella (o asfixia); Persio ofende; Horacio se burla plácidamente"). Y es verdad que, muy contrario a lo que había llegado a ser Roma y moralmente indignado, Juvenal traza un retrato ácido y despiadado de sus contemporáneos. En sus propias palabras, es un mundo sobre el cual «difficile est saturam non scribere» («es difícil no escribir sátiras», Sátira I, 30). Se le atribuyen dieciséis poemas conocidos, que se reparten en cinco libros; todos pertenecen al género romano de la sátira, que, en su forma más básica en tiempos del autor, comprendía una discusión amplia sobre la sociedad y sus costumbres en hexámetro dactílico.[6] En la Sátira I, referente a la amplitud y contenido de su obra, Juvenal afirma que:

Desde que Deucalión, cuando las lluvias torrenciales elevaron las aguas,
escaló con su nave la cima para consultar el oráculo,
desde que los peñascos se ablandaron y recibieron poco a poco el calor de la vida
y Pirra exhibió a los hombres las muchachas desnudas,
lo que desde entonces ocupa a los hombres, el deseo, el temor, la ira, el placer,
los goces, los discursos, todo ello se revuelve en este libro.[7]
Ex quo Deucalion nimbis tollentibus aequor
Nauigio montem ascendit sortesque poposcit
Paulatimque anima caluerunt mollia saxa
Et maribus nudas ostendit Pyrrha puellas,
Quidquid agunt homines, uotum, timor, ira, uoluptas,
Gaudia, discursus, nostri farrago libelli est.
(1.81-86)

En suma, Juvenal señala que su propósito es toda la variedad de la experiencia humana desde los albores de la historia. El rétor hispano Quintiliano, en el contexto de una discusión sobre los géneros literarios apropiados para una educación oratoria, señaló que, a diferencia de tantas otras formas artísticas y literarias tomadas de los modelos griegos, «la sátira al menos es toda nuestra» (satura quidem tota nostra est).[8] Así que, desde la perspectiva de Quintiliano, el verso satírico griego precedente (por ejemplo, el del yambógrafo Hiponacte) o incluso la prosa satírica latina (como la de Petronio) no constituía satura por sí. La Satura romana era un género literario formal, más que ser una simple crítica humorística e ingeniosa sin formato particular definido.

Contenido

  • Libro I: Sátiras 1-5. La 1 se burla de los poetas ramplones, muchos y muy pelmazos, pues no cesan de leer a todos sus plúmbeas obras, y advierte del riesgo mortal de atacar a los poderosos. La 2 ataca la hipocresía de los afeminados, frecuentemente moralizadores y filósofos ("vicio socrático"), y la adulación; cita al epigramista Marcial y acusa la conducta de los sodomitas de forma bastante explícita. La 3 critica la vida en Roma, repulsiva para cualquier ciudadano honorable. Solo se encuentran a gusto en ella los bribones, los griegos turistas y aduladores, los intrigantes, los crapulosos y los criminales. Roma es además incómoda, sucia, ruinosa y con frecuencia se dan en ella pavorosos incendios. No existe seguridad personal ni es posible prosperar con honradez. Mejor es la vida en aldea. La 4 ataca la impiedad y depravación de Crispino, favorito del emperador Domiciano, y de la corte de este en general. La 5 ataca la vileza de los patronos, insolentes y depravados, y sus clientes rastreros, y describe el terrible banquete de Virrón.
  • Libro II: Sátira 6. La sexta es una larga sucesión de cuadros que ataca las maquinaciones contra los hombres de las mujeres casadas y su falta de castidad; pone por ejemplo a Epia, que se fugó a Egipto con un gladiador, y a Mesalina, la orgiasta esposa del emperador Claudio. Después advierte contra las mujeres en general, insoportables, supersticiosas, chismosas, sabihondas y aficionadas a venenos y filtros de amor como el hipómanes, y construye un pintoresco y variado desfile misógino de caracteres.
  • Libro III: Sátiras 7-9. La 7 es una exposición de las miserias que sufren los escritores, retóricos, historiadores, oradores, gramáticos y filósofos, por falta de mecenas. Muchos abogados dependen de la apariencia o de la suerte más que del talento. La mayoría de los hombres de letras subsiste gracias a otros trabajos, y pasar hambre y / o mezquindades es frecuente: "Horacio luce su ingenio, escribe con elegancia. Está bien comido. Después de cenar opíparamente puede exclamar: ¡Evohé!" Se racanea a los pedagogos, sus discusiones con los padres son interminables, y algunos se vengan de sus menguados emolumentos con su trato a los alumnos. Se debe procurar que la enseñanza no sea solo memorística y educar el carácter. La 8 convence de que la verdadera nobleza se encuentra en la virtus, el mérito, no en la sangre; la aristocracia está entregada a los vicios; algunos se meten a gladiadores, aurigas, actores o cantantes, como Nerón, y muchos gobernadores expolian sus provincias, como Verres y Dolabela antaño, a riesgo de que se subleven; sin embargo, alguien de linaje ínfimo como Cicerón representa la virtud. Dechados como Mario, los Decios y Numa Pompilio fueron plebeyos que salieron de la pobreza, e incluso algunos otros de la esclavitud. La 9 advierte por la boca del decaído gigoló Névolo contra los males que acarrean la avaricia, los degenerados y los esclavos chismosos.
  • Libro IV: Sátiras 10-12. La 10 advierte contra los peligros que acechan en las conductas excesivas, incluso las buenas: la milicia, el foro, el dinero. La vanidad humana hacía reír a Demócrito y llorar a Heráclito. Un ejemplo de cuán traicionero es el poder: Sejano. Hasta la elocuencia máxima depara víctimas como Demóstenes y Cicerón, por no hablar de la ambición militar en los casos de Aníbal, Alejandro Magno y Jerjes. Alcanzar la vejez misma no es un bien, como atestiguan Néstor, Peleo, Laertes o Príamo, y los desgraciados finales de Mitrídates, Creso, Mario y Pompeyo. La belleza misma es un riesgo: Hipólito, Belerofonte, Cayo Silio, Mesalina. Uno debe conformarse con lo que le deparan los dioses, y no hay nada mejor que un alma sana en un cuerpo sano: Orandum est ut sit mens sana in corpore sano. O tener un espíritu valiente, no temer a la muerte, considerar los últimos años de la vida como un regalo de la naturaleza, controlar la cólera, no tener anhelo alguno y seguir el ejemplo de Hércules y sus sufrimientos, bastándose a sí mismo. La 11 censura la prodigalidad en el lujo y en los desmedrados banquetes, y exhalta la frugalidad y la austeridad; cualquier tiempo pasado fue mejor frente al presente y el futuro viciados. La 12, la más corta, trata sobre las execrables conductas que genera el deseo de heredar.
  • Libro V: Sátiras 13-16. La 13 trata sobre la conciencia, de cuyo juicio nadie escapa, y evoca la simplicidad de la Edad de Oro, ridiculizando un poco a los dioses. Se declara enemigo de la ira y la venganza: el castigo mayor es la tortura moral de la culpa y el remordimiento. La 14 expone la necesidad de la buena educación, ataca la desproporción entre la falta y el castigo y las consecuencias en los hijos del mal ejemplo de sus padres. Hay que buscar lo puro y natural y alejar de casa a los lascivos, los alcahuetes, los charlatanes. Ejemplos de las conductas animales. Critica la conducta aislante de los judíos. La 15, afirma que la sensibilidad, el culto a la verdad y la simpatía entre los hombres constituye el fundamento de toda civilización humana, y evita, por extremo ejemplo, costumbres bárbaras como la antropofagia, que se dieron entre los egipcios (luchas entre Ombo y Tentyra) y los vascos, aunque en estos últimos por necesidad, como en los casos hispanos de Calahorra y Sagunto; pero incluso en estos casos Zenón y Pitágoras prohibían esto por principios racionales.
El Creador del universo dio a los animales vida, pero no alma. Solo a nosotros concedió la razón y los medios necesarios para prosperar unidos, prestarnos auxilio, construir ciudades en las que residir, abandonando los antiguos bosques y selvas que habitaron los recién venidos al mundo; así hemos podido formar nuestros hogares; emplear las armas para el mejor desarrollo de los bienes comunes a todos los hombres y que los fuertes protejan a los débiles. Nos defendemos todos tras las mismas almenas; cerramos nuestras puertas con las mismas llaves, y hemos podido conquistar la seguridad y el sueño. Por desgracia, a pesar de ello, el mal continúa esparcido sobre la tierra, y el hombre, en muchas ocasiones, olvidando su condición, se produce no igual, sino peor que los animales. ¿No vemos entre los humanos discordias que no existirían entre las serpientes? Un león, aunque sea más poderoso que otro, no lo mata; ni un jabalí sucumbe bajo los colmillos de otro más fuerte. Pero el hombre, que ha fabricado el hierro en el yunque para hacerlo arma, lo emplea en el bien y en el mal...

La sátira 16 es un elogio de la vida militar, pero también una crítica de sus demasiados privilegios, está conservada de manera incompleta: solo se conservan tres fragmentos.

Las Sátiras individuales (salvo la 16) van desde los 130 versos de la sátira XII hasta los cerca de 695 de la sátira VI, de carácter misógino y la más extensa, que ocupa el entero libro II.º Los poemas no están titulados individualmente, pero los traductores a menudo le han añadido títulos, o, más bien, epígrafes, para comodidad del lector.

Significado de las Sátiras

Aunque Juvenal ha sido ampliamente estudiado a lo largo de los siglos, el contenido y el tono de sus Sátiras se han hecho progresivamente problemáticos y difíciles de digerir por parte del movimiento feminista, en especial la Sátira VI, compuesta contra las mujeres, como un nuevo Semónides de Amorgos. Mientras el tono de la sátira de Juvenal ha sido considerado desde la Antigüedad como un airado desprecio hacia todos los representantes del desvío social, estudiosos como William S. Anderson y más tarde Susanna Morton Braund han sugerido que este aparente enfado es una mera persona (máscara) retórica, asumida por el autor para exhibir con desequilibrada indignación moral el elitismo, el sexismo y la xenofobia con los que las Sátiras parecen repletas a primera vista.[9] El carácter aforístico, absolutista, del texto lleva demasiado fácilmente a la aplicación indiscriminada de críticas originariamente dirigidas a ejemplos literarios de vicios en particular.

En el interés de mantener el texto libre de tales preocupaciones, es vital que el texto y su autor se distingan de la manera o estilo en el que normalmente han sido leídos. Como ha señalado el teórico literario Stanley Fish, la lectura de un texto es tanto el producto de las creencias y prejuicios del lector como el de aquellos que se contienen dentro del texto. La misoginia y otras formas de odio, percibidas en el texto, son tan atribuibles a lo que los lectores a lo largo de los siglos han llevado a la lectura, como a lo que pretendía Juvenal.

Saturae, 1535

Sería un error, igualmente grave, leer las Sátiras como un relato literal de la vida cotidiana y el pensamiento romanos a finales del siglo I y principios del II, lo mismo que lo sería dar crédito a cada calumnia recogida por Tácito o Suetonio contra los miembros de la anterior dinastía imperial, la Julio-Claudia.[10] Temas parecidos a los de las Sátiras se encuentran presentes en autores que abarcan el periodo de la República Romana y principios del Imperio que van desde Cicerón y Catulo hasta Marcial y Tácito; de manera similar, los recursos estilísticos del texto de Juvenal entran dentro de la categoría de la literatura postaugustea representada por Persio, Estacio y Petronio.[11] Finalmente, es preciso darse cuenta de que el sistema conceptual presente dentro del texto es muy representativo de solo una porción de la población romana; las Sátiras no hablan claramente de las preocupaciones de las mujeres, los inmigrantes, los esclavos, los niños o incluso de los hombres que se apartan de la purista y educada audiencia de élite hacia la que se dirigía el autor. Con estas advertencias presentes en la mente, es posible acercarse a las Sátiras como una fuente que ayuda mucho para el estudio de la cultura de principios de la Roma Imperial, pues ofrece una gran riqueza y variedad de información incidental sobre todo tipo de asuntos, desde la dieta hasta la decoración. Las Sátiras de Juvenal revelan lo que es esencial en una civilización: temas en el corazón de la identidad romana; más que revelar una miríada de potenciales respuestas que abarcan toda la diversa población romana, Juvenal revela las cuestiones esenciales de la sociedad romana.

Legado

Pero si por algo es conocido Juvenal es por haber acuñado algunas expresiones que pasaron al acervo lingüístico europeo posterior: «panem et circenses» («Pan y circo»), refiriéndose a las costumbres de los romanos en tiempos del Imperio, «Sed quis custodiet ipsos custodes?» («¿Quién vigilará a los propios vigilantes?») (VI 347–348), «rara avis» (lit., «ave muy poco común»), refiriéndose a las esposas perfectas y comparándolas con la rareza de un cisne negro, «Mens sana in corpore sano» («Una mente sana en un cuerpo sano») (X, 356)...

Fue un autor muy popular ya en tiempos del Bajo Imperio y durante la Edad Media. Y se han hallado unos 500 manuscritos medievales de las Sátiras. En el Siglo de Oro español, lo leyó y tradujo otro gran satírico, Francisco de Quevedo (1580-1645).

Traducciones al español

En lengua española, la traducción de Juvenal no es fácil a causa de la brutal concisión del latín y las oscuras alusiones contemporáneas. La primera, solo de la sátira X, fue obra de Jerónimo de Villegas en 65 octavas (Burgos: Fadrique Alemán de Basilea, abril de 1515). Además se dispuso de los comentarios de Antonio de Nebrija, Francisco Sánchez de las Brozas, "el Brocense" y Pedro Simón Abril. En el siglo XVII, se dispuso de la Declaración magistral sobre las Sátiras de Iuvenal, príncipe de los poetas satíricos (Madrid: Diego Díaz de la Carrera, 1642) de Diego López; López era amigo de Bartolomé Ximénez Patón, quien hizo lo propio con Marco Valerio Marcial (Comentarios de erudición, 1621). Después se hizo la del primer obispo nivariense y arzobispo de Granada Luis Folgueras y Sion, quien en el prólogo se queja de las dificultades que fue pasando:

El primer verso dice más que el texto, el segundo menos, el tercero nada. Esta locución no es pura; aquí se falta á la propiedad; allí gasta usted, para un hemistichio, casi dos versos. ¡Qué conciso el original! ¡Qué vigoroso! Y ¡qué frío, y desleído en este pasage! En otra imagen, "es hermosa, pero no está en el autor"; es serlo, esto, y no intérprete[12]

Destacaron las versiones en italiano y francés; en esta última lengua destacó la traducción con notas y comentarios de Pierre de Labriolle y François Villeneuve. Casi en el siglo XX se hizo del original Sátiras de Juvenal y Persio traducidas en verso castellano (Madrid: viuda de Hernando, 1892), una traducción directa, pero algo libre, del motrileño Francisco Díaz Carmona (1848-1913), que se encarga de Juvenal en verso, y José M. Vigil, quien hace la de Persio; ambos suprimen o desfiguran "cuanto es sensible al decoro". También hubo una retraducción de 1870 desde el francés, Sátiras de Juvenal, por Alfredo Álvarez, y, en el siglo XX, del original una de José Torrens Béjar (1959)[13] y otras de Antonio Espina (1973), Manuel Balasch (Madrid: Gredos, 1991) y la de Bartolomé Segura Ramos (Madrid: CSIC, 1996), provista de un importante estudio preliminar.[14]

Bibliografía

  • Persio Flaco, Aulo / Juvenal, Decio Junio (1991). Sátiras. Madrid: Gredos. ISBN 978-84-249-1467-7.
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  • Braund, Susanna M. (1988) Beyond Anger: A Study of Juvenal’s Third Book of Satires, Cambridge: Press Syndicate of the University of Cambridge.
  • Braund, Susanna (1996) Juvenal Satires Book I, Cambridge: Press Syndicate of the University of Cambridge.
  • Braund, Susanna (1996) The Roman Satirists and their Masks, Londres: Bristol Classical Press.
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  • Edwards, Catherine (1993) The Politics of Immorality in Ancient Rome, Cambridge: Cambridge University Press.
  • Gleason, Maud W. (1995) Making Men: Sophists and Self-Presentation in Ancient Rome, Princeton: Princeton University Press.
  • Gowers, Emily (1993) The Loaded Table: Representations of Food in Roman Literature, Oxford: Oxford University Press.
  • Highet, Gilbert (1961) Juvenal the Satirist, Nueva York: Oxford University Press.
  • Juvenal (1982) The Sixteen Satires, Trad. Peter Green, Londres: Penguin Books.
  • Juvenal (1992) The Satires, Trad. Niall Rudd, Oxford: Oxford University Press.
  • Juvenal (1992) Persi et Juvenalis Saturae, ed. W. V. Clausen. Londres: Oxford University Press.
  • The Oxford Classical Dictionary 3rd ed., 1996, Nueva York: Oxford University Press.
  • Richlin, Amy (1992) The Garden of Priapus, Nueva York : Oxford University Press.
  • Rudd, Niall (1982) Themes in Roman Satire, Los Ángeles: University of California Press.
  • Syme, Ronald (1939) The Roman Revolution, Oxford: Oxford University Press.

Notas

  1. En latín, D. Iunius Iuvenalis.[1]

Referencias

Enlaces externos

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