Karōshi

muerte por exceso de trabajo From Wikipedia, the free encyclopedia

Karōshi (過労死 karōshi?, literalmente, muerte por exceso de trabajo) es una expresión propia de la cultura japonesa que significa 'muerte por exceso de trabajo'. El nacimiento del término se emmarca en la década de 1970, cuando el sector sanitario japonés comenzó a usarlo para denominar la alta tasa de mortalidad repentina de trabajadores por casos de estrés.[1]

Protesta callejera en Tokio con el eslogan
"No more karoshi" ("No más karōshi")

Se trata de un fenómeno con un impacto directo en la tasa de mortalidad de los trabajadores. Aun así, no siempre el resultado de karōshi es la muerte. En este sentido, el término también se relaciona socialmente con las personas que, aunque han sufrido importantes problemas de salud originados por el exceso de trabajo, los han superado sin un desenlace fatal.

En el ámbito institucional, el Ministerio de Salud de Japón reconoció legalmente esta situación en 1987, cuando se empezó a registrar su incidencia oficialmente y se consideró un problema social grave. Un año después, en 1988, se puso en marcha un servicio telefónico de consulta abierto a la ciudadanía sobre este tema que, en poco tiempo, recibió una oleada de llamadas.[2][3][4][5][1][6]

Las afecciones más comunes relacionadas con el karōshi suelen ser accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos. Cuando la situación desemboca en suicidio de la persona afectada, se utiliza la denominación karojisatsu. [7][8]

Antecedentes

A lo largo del siglo XX, la economía japonesa creció junto a una cultura que valoraba la renuncia de la individualidad en favor del éxito colectivo. De esta manera, las empresas comenzaron a funcionar como corporaciones donde se esperaba que los trabajadores antepusieran los objetivos económicos por encima de sus necesidades personales.[6][1]

Después de la Segunda Guerra Mundial, el rápido crecimiento de la economía nacional se sustentaba estructuralmente en el gran número de horas extras que se realizaban. Las empresas, aun cuando la legislación marcaba el límite de 8 horas diarias, consiguieron normalizar la realización de horarios extraordinariamente exigentes. Por ejemplo, fue entonces cuando llevar a cabo una media de 100 horas extras al mes se convirtió en una práctica habitual y socialmente aceptable.[3][5] [9]

Más adelante, en la década de 1990, estalló la burbuja económica japonesa y la problemática se agravó. Durante la recesión posterior, las empresas se dedicaron a recortar costes y los casos de depresión o suicidio por motivos laborales aumentaron considerablemente.[1]

Situación actual

La muerte de un trabajador por karōshi en Japón se considera un accidente laboral. Si un juez lo dictamina como tal, la familia del fallecido será compensada económicamente por el Estado y por la empresa.[3][5]

En el año 2014, se aprobó una ley en Japón que abordaba la muerte por karōshi enfocada a implementar medidas preventivas.[4][6][10] En 2016, el gobierno japonés publicó el primer libro blanco sobre su casuística. En dicho libro blanco se informaba de que, en el año anterior, se había pagado un seguro en 96 casos de muerte por accidente cardiovascular y en 93 casos de suicidio.[1][8]

Según informaciones de Statista, en el año 2020, el número de personas que se suicidaron en Japón por estrés laboral fue de 1.918. La tendencia es ligeramente descendente desde 2011, año en el que se llegaron a registrar 2.689 sucesos.[11]

Casos publicados

El primer caso oficialmente considerado como fallecimiento por karōshi fue en 1969 y está vinculado a un trabajador de 29 años, empleado del departamento de distribución del periódico más importante del país en aquella época, y el cual había trabajado durante 40 días sin descanso.[12]

Algunos casos de muerte por karōshi que se han hecho públicos entre 1998 y 2015 en los medios de comunicación son los siguientes:

  • En 2006, un ingeniero de Toyota, de 45 años, que trabajaba en el desarrollo de un nuevo modelo, había registrado un promedio de 80 horas extras en los dos meses anteriores.[14]
  • En 2009, un trabajador de una compañía de seguridad en Tokio, de 42 años, que tenía una jornada laboral de 15 horas, más otras 4 de desplazamientos.[3]
  • En 2010, un animador y productor de la casa de animación A1-Pictures, de 28 años, que había acumulado más de 600 horas de trabajo el mes anterior al colapso de su salud mental, se suicidó en su domicilio justo después de dejar el cargo por depresión.[15]
  • En 2013, una periodista de la cadena de televisión NHK, de 31 años, que el mes anterior había hecho 159 horas extras.[6][2][16]
  • En 2014, Joey Tocnang, un trabajador industrial inmigrante de Filipinas, de 27 años, quien estaba registrando entre 78,5 y 122,5 horas extras al mes antes de su muerte.[17]
  • En 2015, una trabajadora de la agencia de publicidad Dentsu, de 24 años, que realizaba unas cien horas extras al mes. Su suicidio provocó una investigación del Ministerio de Trabajo y la renuncia del presidente de la empresa.[6][18]

Otros países

Actualmente, el karōshi ya no es un problema exclusivamente japonés, sino que se ha convertido en una preocupación global.

En este sentido, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo han advertido que las largas jornadas de trabajo aumentan el riesgo de accidentes cerebrovasculares y males cardiacos. Según datos de la OMS, a lo largo de 2016 se registraron unas 745.000 muertes por accidente cerebrovascular y cardiopatía isquémica. De acuerdo con un estudio de esta última organización, trabajar 55 horas a la semana o más aumenta en un 35% el riesgo de accidente cerebrovascular y en un 17% el riesgo de morir por una enfermedad cardíaca.[19]

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en el 11% de sus países miembros, se trabaja durante más de 50 horas a la semana. Entre los países miembros donde se trabajan más horas se encuentra Turquía con un 33% de los empleados seguido por México con cerca del 29%, Colombia con el 26,6%, Corea del Sur con 25,2% y Japón con 17,9% de sus empleados. Por otra parte, durante principios de la década de 2020, el impacto de la pandemia de COVID-19 propició el aumento de las horas de trabajo, debido a la crisis económica provocada por la excepcionalidad de la situación y las particularidades del trabajo a distancia.[20]

Además de Japón, varias comunidades humanas también son víctimas del karōshi. Se trata de algunos países de los llamados mercados emergentes,[3] como China,[21][22] donde se utiliza la denominación Guolaosi; Corea del Sur,[23][24] donde se llama Gwarosa; o India,[25] que no utiliza una palabra específica, también registran un importante número de casos de personas fallecidas por exceso de trabajo.

Véase también

Referencias

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