Cómic underground
género del cómic
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El comix o cómic underground (en español, «historieta subterránea») era en origen «meramente un concepto técnico referente a los canales de edición, impresión y distribución de las historietas»[1] que se desarrollaban al margen de las grandes editoriales de los Estados Unidos en la década de 1960 y representaron un cambio en el desarrollo del medio al permitir la afloración de «historietas que no seguían los cánones tradicionales, que los contravenían abiertamente y se dedicaban a minar los sacrosantos principios de la sociedad en que se desarrollaban».[2]

Cuando el término se adoptó en otros idiomas quedó asociado a los rasgos formales y temáticos de las historietas publicadas en la prensa contracultural de la década de 1960 y por a la que se le asemeja estilísticamente, como es el caso de la «línea chunga» española, aunque goce de una difusión convencional. En España se les conoce también como «revista underground» o «tebeo underground».
Historia
Desarrollo en Estados Unidos (1968-1979)
El cómic underground clásico fue uno de los fenómenos que sacudieron a la sociedad norteamericana de la década de 1960, junto a «la protesta estudiantil, la defensa de los derechos civiles, la oposición a la guerra del Vietnam, la experimentación con alucinógenos, la formación de comunas, la influencia de las filosofías orientales, la música como expresión vital».[3]
El primer comic-book de Zap Comix, obra de Robert Crumb en su totalidad, apareció en San Francisco a comienzos de 1968. Aunque no fue el primer comic-book underground en ser editado, Zap se convirtió en la principal referencia de estas publicaciones y la popularizadora del término. Otros autores destacados de esta época fueron S. Clay Wilson, Richard Corben, Rick Griffin, Victor Moscoso, Gilbert Shelton, Dave Sheridan, "Spain" Rodríguez, Frank Stack, Art Spiegelman y Skip Williamson. Como explica Salvador Vázquez de Parga
Prohibidos al principio, perseguidos en algunas ocasiones, los cómics underground, gracias al aperturismo social que se estaba experimentando en las sociedades menos liberales, fueron después tolerados y más tarde bendecidos hasta utilizar canales de difusión similares a algunos de los que empleaban los cómics oficiales, diluyéndose finalmente entre las publicaciones de cómics en general.[2]
Su legado, sin embargo, sería perenne, al haber ampliado el abanico temático de las historietas. Su influencia, sumada a la de la revista Mad y el auge de la novela gráfica, daría lugar además al fenómeno del cómic alternativo a principios de la década de 80, como evidencian revistas como RAW (1980) y Weirdo (1981), dirigidas por Art Spiegelman y Robert Crumb, respectivamente.
Ramificaciones en España: La línea chunga (1973-1992)
En España, mientras tanto, el primer cómic underground autóctono surgió con la publicación de fanzines como El Rrollo enmascarado (Barcelona, 1973), seguido al año siguiente por Paupérrimus, Catalina, Cantidades, Bazofia, De Quommic y, sobre todo, la revista Star; en 1975; por los primeros álbumes recopilatorios y por los fanzines Piraña Divina y la politizada Butifarra!, también en Barcelona; por Ademuz km. 6, en Valencia entre 1976 y 1977; y por Cascorro Factory en Madrid. Estas publicaciones alcanzaron tirados de hasta 7 000 (Bazofia) y 10 000 ejemplares (El Carajillo y El Carajillo Vacilón), además de que sufrieron en ocasiones el secuestro por parte de las autoridades.[4]
Entre los álbumes editados por Miquel Riera se encuentran Purita (1975), Nasti de plasti, Picadura Selecta y Carajillo, todos de 1976, que representaron un paso adelante en el género, pues «a la amalgama de tendencias e influencias que se podían apreciar en los tebeos de la época precedente, sucede la adquisición de estilos propios, muy diferenciados»[5] en cada uno de los autores del grupo, tanto los originarios de Barcelona, como Farry, Isá, Javier Mariscal, Max, Montesol, Nazario, Onliyú, Pàmies, Pepichek y Roger; así como los que provenían de Madrid, como Agust, Ceesepe, El Hortelano, Iñaki, Montxo, Pejo y Santana.
Muchos de estos autores se trasladaron posteriormente a El Víbora (Barcelona, 1979); Bésame Mucho (1980) y Makoki (Barcelona, 1982). Lo autores de El Víbora se inscribieron a sí mismos en una supuesta «línea chunga» en contraposición a la línea clara defendida por la revista Cairo.
Este peculiar estilo, sin ser ya propiamente underground, dado que su medio de difusión es masivo, se sumerge en mundos, «combativamente callejeros» y, como afirma el crítico Jesús Cuadrado, se caracteriza «por la defensa de manifestaciones culturales paralelas como el rock, las comunas, la droga o el antiimperialismo»,[6] atacando los principios de la sociedad establecida. Para ello, describen «de forma sincera y desgarrada situaciones aparentemente absurdas e irracionales», generalmente protagonizadas por personajes marginales, cuyo lenguaje coloquial reproducen, y sin escatimar menciones a la violencia, el sexo y la droga con un «humor, a menudo negro y sangriento».[7]
La profesora Francisca Lladó opina que:
[...] esta línea (si en realidad puede llamarse de este modo) [...] ya desde el principio destaca por una clara ausencia de guiones sólidos, los cuales, en su defecto, se convirtieron en una sucesión de anécdotas banales o en complicadas tramas con abusivos elementos secundarios [...] con el riesgo de convertirse en una acumulación de tópicos.[8]
En cualquier caso, esta línea chunga (también denominada «línea dura»)[6] contó con autores tan destacados como Ceesepe, Gallardo, Javier Mariscal, Max, Nazario u Onliyú (José Miguel González Marcén). El teórico Pablo Dopico afirmó que en los años 80:
[...] se produce su aceptación social y su explotación comercial, alcanzando su cota más elevada gracias a la revista El Víbora y a Cobi, un personaje de Los Garriris, creado por Mariscal, que, sin darse cuenta, se convirtió en la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992.[9]
El Víbora cerró en enero del 2005, tras un total de 300 números y varios especiales. Su lema fue «Comix para supervivientes» y ha sido la más longeva de todas las revistas del denominado boom del cómic adulto en España, sólo superada por El Jueves.
El Reino Unido

Los primeros caricaturistas underground británicos fueron presentados en las publicaciones Oz, fundada iniciada en 1963 en Australia y reubicada al Reino Unido en 1967[10] después de dos juicios por cargos de obscenidad,[11] e International Times, fundada en 1966; ambas también publicaban algunas reimpresiones de material estadounidense.[12][13]
En 1970, Graham Keen, parte del equipo de International Times, inició Cyclops, una revista de cómic underground que se denominaba a sí misma «el primer periódico inglés de cómics para adultos» que tuvo una duración de cuatro números.[14][15]
Oz, fue objeto de un nuevo juicio por cargos de obscenidad en el Reino Unido en 1971, como resultado de la publicación de un número de 1970 editado por adolescentes, entre ellos algunos menores de edad; el resultado inicial fue una condena para los editores que después fue revocada.[10] Al año siguiente la revista Nasty Tales, otra publicación de cómics underground que había sido comprada por International Times, también fue acusada de obscenidad y aunque enfrentó a un juez a favor de la censura fue absuelta por el jurado.[16][17]
Oz lanzó la editorial cOZmic Comics en 1972, que editaba trabajo nuevo de historietistas underground británicos y material antiguo de autores estadounidenses; cuando Oz cerró en 1973 cOZmic Comics continuó publicando otros títulos bajo la dirección de Felix Dennis hasta 1975.[13][18]
Entre 1973 y 1974, con el declive la escena underground estadounidense, los cómics underground británicos ganaron prominencia en el mundo angloparlante con la obra de historietistas como Chris Welch, Edward Barker, Michael J. Weller, Malcolm Livingstone, William Rankin (también conocido como Wyndham Raine), Dave Gibbons, Joe Petagno, Bryan Talbot, y el equipo de Martin Sudden, Jay Jeff Jones y Brian Bolland.[12]
La editorial Hassle Free Press, después Knockabout Comics, fue establecida en 1975 por Tony y Carol Bennett para distribuir libros y cómics underground.[19][20] Knockabout publicó a historietistas como Hunt Emerson, Bryan Talbott, Kevin O'Neil y Mike Mathews;[21] desde su fundación y hasta la década de 1990 la editorial sufrió de persecución por parte de la aduana del Reino Unido, que confiscó trabajo de creadores estadounidenses como Robert Crumb y Melinda Gebbie por considerarlo obsceno.[21][22]
Bibliografía
- Fernández, Juan José. Star, la contracultura de los 70. Colección Viñetas, de Ediciones Glénat. 152 páginas. ISBN 978-84-8357-288-7.
- Onliyú (1981). «Introducción». Antología española del comix underground: 1970-1980. Ediciones La Cúpula. ISBN 84-85733-06-1.