Mamacoca
diosa incaica de las hojas de coca, la felicidad y el bienestar
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En la cosmovisión andina, Mamacoca o Cocamama (en ortografía quechua contemporánea: Kuka Mama),[1] hace referencia al espíritu de la planta de la coca (Erythroxylum coca y Erythroxylum novogranatense) en los Andes de Sudamérica.[2] Al espíritu se le atribuye el género femenino.[3][4] Desde esta concepción, Mamacoca es un «sujeto no humano con agencia» social que puede enseñar saberes a las personas curanderas de la medicina tradicional en los Andes y en la Amazonía.[5][6] Asimismo, en contextos más allá de los terapéuticos, Mamacoca ocupa también la función de mediadora entre los humanos y las otras formas de existencia a través de las ofrendas y la lectura de las hojas.[6]

Funciones
Mitología
Mamacoca y Khuno
Este mito explica el origen de la planta de coca, personificada como Mamacoca, y su relación con Khuno, el dios de la nieve y las tormentas.[8]
Hace mucho tiempo, cuando el mundo aún estaba joven y la naturaleza era guiada por espíritus y dioses, existía un ser poderoso llamado Khuno, el dios de la nieve, las tormentas y las tempestades. Vivía en las altas cumbres del Altiplano, donde la nieve cubría las montañas y el viento aullaba sin descanso. Khuno era temperamental y orgulloso, pero también protector de su reino de hielo y rayo.
Los primeros pueblos andinos caminaban por aquellas tierras salvajes, buscando un lugar donde vivir y sembrar. Pero en sus viajes trajeron con ellos el fuego, encendiendo grandes hogueras para despejar la selva espesa y hacer el suelo fértil para cultivar. Sin saberlo, perturbaban el equilibrio de Khuno. El humo y las llamas llegaron hasta lo más profundo de su territorio sagrado, y el dios se enfureció.[8]
En su ira, Khuno desató su furia sobre la tierra: envió tormentas de fuego y gigantescos vendavales que arrasaron todo. La gente corrió tratando de salvarse ocultándose adentro de las cuevas. Cuando finalmente la tormenta cesó, los sobrevivientes salieron de sus escondites, la tierra quedó devastada y las personas sufrieron hambre, frío y desesperanza.[9]
No había nada que comer, excepto un pequeño arbusto de hojas verdes y brillantes. Aquellos que mordieron sus hojas sintieron cómo sus estómagos se calmaban y su fuerza regresaba. La fatiga y el miedo se desvanecían, y su corazón se llenaba de esperanza.[10]
Esta planta milagrosa fue asimilada como una divinidad y nombrada "Mamacoca", encarnando los poderes de la naturaleza y el cosmos. Como madre universal, Mamacoca se convirtió en una entidad sagrada (huaca), asociada con la diosa Pachamama, y otros dioses andinos como los Apus (montañas), Inti (el sol) y Mama Quilla (la luna).