Marsias

sátiro que desafió a Apolo en un concurso musical From Wikipedia, the free encyclopedia

En la mitología griega Marsias (en griego antiguo: Μαρσύας, Marsýas) era un pastor, ora sileno,[1] ora sátiro,[2] cuya leyenda se sitúa en Frigia. Era mencionado a menudo por poetas líricos y epigramáticos. Generalmente pasa por ser invertor de aulós, flauta de doble tubo —por oposición a la siringa, flauta de Pan—. A título de tal se le coloca a veces en el séquito de Cibeles, cuyos miembros tocaban también la flauta y el tamboril. Desafió a Apolo en un certamen musical y fue torturado; su suplicio es corriente en el arte helenístico.[3] También pasa por ser el personaje epónimo del río Marsias, un afluente del río Meandro que discurre por Celenas.[4]

Cabeza de Marsias procedente de las Termas de Caracalla; copia romana de un original griego

Mitología

Familia

Cuando se le aplica una genealogía Marsias es referido como hijo de Olimpo,[5] de Eagro,[2] o bien el «divino» Hiagnis fue su padre.[6][7] Su madre tan sólo es referida como una de las ninfas.[8] Alternativamente se dice que Olimpo no fue hijo de Marsias sino su pupilo[9] y erómeno.[10] También se cita a Babis, un hermano de Marsias, que a diferencia de este último era un músico con poca habilidad.[11]

Compañero de Cibeles

Diodoro Sículo, hablando de Cibeles en Frigia, dice que fue llamada Madre Montañesa gracias a su diligencia y afectuosidad al salvar a los bebés con ensalmos. Afirman que Marsias, el frigio, admirado por su inteligencia y prudencia, la acompañó y le tuvo amor en el mayor grado; y toman como prueba de su inteligencia el que imitara los sonidos de la siringa de muchas cañas y el trasladase su completa harmonía a la flauta y afirman que es señal de su prudencia el haberse mantenido hasta el fin apartado de los placeres afrodisíacos.[12]

Marsias y el aulós

Atenea fue la primera que elaboró una flauta hecha de huesos de ciervo y con ella celebró un banquete con los dioses. Hera y Afrodita se burlaron de ella porque era ojizarca e inflaba los carrillos. Le pareció fea y objeto de burla mientras tocaba; entonces ella acudió a una fuente en el bosque del Ida. Y allí, al tañerla, se contempló en el agua y comprendió que se habían burlado con razón. Debido a esto arrojó la flauta lejos y la maldijo, pues cualquiera que la tocare sería castigado severamente. Más tarde Marsias la encontró. Debido a su práctica asidua podía tocar maravillosas melodías con la flauta, día tras día.[2] En las genealogías de los tres míticos auletas frigios —Hiagnis, Marsias y Olimpo— (a los que se atribuye la invención del "modo frigio"), ese Olimpo aparece a veces como hijo y a veces como padre de Marsias.[13]

Competición contra Apolo

Marsias era un músico tan capacitado que en su hibris decidió desafiar a Apolo a un concurso musical: él tocaría la flauta mientras el dios lo haría con su lira.[2] Ambos acordaron que el vencedor podría hacer con el vencido lo que quisiera.[5] Según una de las versiones, cuando llegó el momento del certamen, Apolo tocó primero; después, para asegurar su victoria, invirtió la lira y tocó la misma melodía, desafiando a Marsias a hacer lo mismo con la flauta.[5] Como esto era imposible, Marsias no pudo repetir la prueba y el dios fue declarado vencedor.[5] En otra tradición, las juezas del concurso fueron las Musas. En un primer momento concedieron la victoria a Marsias, pero Apolo cambió las condiciones del certamen: al tocar la lira invertida —o al acompañarla con su voz— demostró una habilidad que Marsias no podía igualar con su instrumento.[2]

Otros dicen que durante la competición los jueces de Nisa escucharon primero a Apolo con su cítara. Luego Marsias tocó las flautas y sorprendió a todos, pareciendo superar a Apolo. Cuando llegó el turno de repetir, Apolo añadió su canto junto a la cítara, lo que lo hizo superar a Marsias. Indignado, Marsias protestó, diciendo que la competencia debía juzgar el arte de cada instrumento, no la voz, y que no era justo comparar dos formas distintas al mismo tiempo. Apolo respondió que no había ventaja, porque ambos podían usar sus instrumentos de formas similares, y que debían competir en igualdad. Los jueces aceptaron esto y al final Marsias fue vencido.[14]

Castigo de Marsias

Tras ser proclamado vencedor, Apolo, furioso, castigó cruelmente a Marsias: lo colgó de un alto pino y lo hizo perecer desollándolo.[5] O bien se lo llevó a un escita, quien lo desolló miembro a miembro. Apolo cedió el resto del cuerpo para que fuese enterrado por su pupilo Olimpo.[2] O bien, Apolo, arrepentido y triste por lo sucedido, rompió las cuerdas de su cítara y eliminó la armonía que había revelado.[14] En otra versión Apolo es referido como Helio y ahorcó con sus manos a Marsias.[7] Sea lo que fuere de sangre de Marsias brotó un río que fue llamado como él, el río Marsias.[2] Según los propios frigios el río Marsias procede de la sangre del mismo.[15] Según Heródoto era llamado Catarrectes («el que brota impetuosamente») y nacía en plena ágora de Celenas.[16]

Ovidio ofrece una descripción muy vívida del castigo de Marsias. Cuando Apolo comenzó a desollarlo, Marsias gritaba desesperado y se lamentaba de haber desafiado al dios por causa de la flauta. Mientras el suplicio continuaba, su cuerpo quedó completamente desgarrado: la piel arrancada dejó al descubierto la sangre, los tendones, las venas y las entrañas, visibles entre las costillas. Ante esta terrible escena lloraron los campesinos, los númenes de los bosques, los faunos, los sátiros y las ninfas, así como su discípulo Olimpo y los pastores que habitaban aquellas montañas de Frigia. La tierra, empapada por las lágrimas de todos ellos, las absorbió y las transformó en agua, de la que surgió un río que corre hacia el mar: el río Marsias, considerado el más fresco y claro de toda Frigia.[17]

El río Marsias

El río Marsias, situado junto a Celenas, se llamaba antiguamente ‘Fuente de Midas’. Según el relato, el rey hizo brotar allí una fuente, pero el agua se convirtió en oro por su don, por lo que invocó a Baco, quien le concedió agua para saciar la sed de los frigios. Más tarde el río recibió el nombre de Marsias, el sátiro vencido y desollado por Apolo, de cuya sangre se decía que había surgido el río. O bien otros cuentan que una bolsa de vino hecha con la piel de Marsias cayó al pozo de Midas y fue hallada por un pescador; siguiendo un oráculo, Pisístrato el lacedemonio fundó allí una ciudad llamada Nórico. Cerca del río se encuentran el monte monte Berecinto y una piedra llamada machaera, que provocaba locura a quien la hallaba durante las ceremonias de la Madre de los dioses.[4]

Otros episodios

Babis, el hermano de Marsias, tocaba también la flauta, pero la flauta de un solo tubo. Babis, el «inocente», también se atrevió a competir contra Apolo pero como era un músico tan mediocre perdió el certamen y Apolo, sintiendo lástima de su rival, no lo castigó.[11]

En un templo de Apolo en Sición se mostraban ofrendas en forma de las flautas de Marsias, pues cuando le sucedió a Sileno su desgracia, el río Marsias las llevó al Meandro, y, reapareciendo en el Asopo, fueron a parar al país de Sición, y fueron entregadas a Apolo por un pastor que las encontró.[18] La estatua de Marsias en el foro de Roma es bien conocida por las alusiones de Horacio,[19] Juvenal[20] y Marcial.[21] Esta estatua era el lugar de reunión de las cortesanas de Roma, que solían coronarla con guirnaldas de flores.[22]

Valores

Mientras que la mayor parte de las fuentes insisten en la interpretación del mito como un merecido castigo por el orgullo (hybris); alguna, como un breve texto de Diodoro Sículo,[23] admira a Marsias por su inteligencia (synesis o sunesis)[24] y autocontrol (sophrosyne), que no son precisamente cualidades propias de los sátiros. En El banquete de Platón,[25] cuando Alcibíades compara a Sócrates con Marsias, es ese aspecto del sátiro sabio, y no únicamente la fealdad, lo que pretende señalar. Jocelyn Small[26] identifica en Marsias al gran artista capaz de desafiar a un dios, que solo puede derrotarle con trampas. Esta es la visión de Marsias que se presenta en la revista titulada Marsyas: Studies in the History of Art, publicada desde 1941 por los estudiantes del Institute of Art de la New York University.[27]

También se suele utilizar el mito como una justificación de los valores "apolíneos" frente a los "dionisíacos".[28]

Para Karl Kerenyi el despellejamiento de Marsias debe interpretarse no como un castigo cruel, sino como el desvelamiento del hombre que hay debajo de la piel lanuda de la cabra con la que se identifica a los sátiros, asumiendo que ese aspecto es un enmascaramiento.[29]

Iconografía

La iconografía que permite reconocer a Marsias en las representaciones artísticas, más que los atributos propios de un sátiro son la presencia de un instrumento musical de viento, no necesariamente el aulós, sino cualquier otro tipo de flauta, como la siringa, o incluso una gaita. Apolo aparece con su lira o a veces con un arpa, una viola o algún otro instrumento de cuerda. La competición entre Apolo y Marsias se considera un símbolo del eterno conflicto entre los aspectos apolíneos y dionisíacos de la naturaleza humana.

Antigüedad

Copia de época romana, en mármol, del grupo escultórico de Mirón, en los Museos Vaticanos.
La escena del vaso ático.

Mirón realizó un grupo escultórico con Atenea y Marsias,[30] donde aparece el sátiro en actitud dinámica, sorprendido ante la flauta arrojada por la diosa, y esta hierática. La misma escena se representa en una cerámica ática de figuras rojas.

La copia en bronce del museo Pushkin.

De un gran grupo escultórico helenístico (escuela de Pérgamo, segunda mitad del siglo III a. C.)[31] cuyo tema era Apolo y Marsias solo ha sobrevivido una figura, en la Galería Uffizi, llamada Arrotino ("afilador");[32] conservándose en el Museo del Louvre una copia en mármol de época romana de la figura principal.[31] Otras se conservan en los Museos Capitolinos (procedente del Esquilino, cerca del Auditorium Maecenatis[33] de los Horti Maecenatis,[34] en el que las vetas de color en el mármol parecen representar la sangre),[35] en el Museo Arqueológico de Estambul, en el Antikensammlung de Berlín,[36] en la Gliptoteca de Múnich y en el Hermitage de San Petersburgo.[37]

Denario acuñado en Roma en 82 a. C. por L. Censorino, con la reproducción de la estatua de Marsias en el foro (en la otra cara se representa la cabeza de Apolo).

En el Foro romano se levantaba una estatua de Marsias (con una bota de vino en la mano izquierda y alzando el brazo derecho), que en Pausanias es identificado como Sileno, y cuyo impacto a la vista Horacio comparaba con que el que producía a sus deudores el usurero Novio, cuya tabla se encontraba en las proximidades.[39][40] La función de esta estatua en Roma, donde Marsias pasaba por ser el inventor del augurio,[41] tenía más que ver con su faceta de defensor de la libertad de expresión (parrhesia) y de la verdad ante el poder, a lo que contribuyó su continuada presencia por más de tres siglos ante el Comitium,[42] viéndose como un indicium libertatis ("símbolo de libertad"). Se asociaba con las manifestaciones de la plebe romana, y era usado como soporte para colocar sátiras (como posteriormente se hizo con la estatua de Pasquino).[43]

Época moderna

Apolo y Marsias, de Perugino (anteriormente atribuido a Rafael), ca. 1495-1500. El personaje que aparece sentado, tocando, y que se identifica con Marsias, podría ser también Dafnis, el joven pastor muerto de amor por Apolo.[44]
El castigo de Marsias, de Tiziano, ca. 1570-1576.[45]
Apolo y Marsias, de José de Ribera, 1637.

Desde el Renacimiento es muy abundante la representación pictórica de este tema (ya con las convenciones de la pintura mitológica), especialmente de la dramática escena del desollamiento o tormento de Marsias, cuya dimensión violenta y la oportunidad de representar una anatomía en tensión lo hacían atractivo para los pintores. Estas representaciones modernas tienen como modelos no solo a los ejemplos de desnudos masculinos de la Antigüedad (como el Laocoonte y sus hijos, también en actitud atormentada), sino a la propia tradición del arte cristiano (especialmente la del Crucificado y la de algunos mártires). Entre los muchos ejemplos destaca el cuadro de José de Ribera, comparable al tratamiento que el mismo pintor hace del suplicio de los mártires cristianos (Martirio de San Bartolomé, Martirio de San Felipe). Velázquez trató el tema en uno de los tres cuadros de tema mitológico que solo se conocen por referencias documentales.[46]

También se ha representado el episodio de la competición musical, como en el cuadro Perugino o en el de Cima da Conegliano (La sentencia de Midas, donde se opta por una versión del mito en la que es Midas, y no las musas, quien actúa de juez).

La sentencia de Midas, de Cima da Conegliano, 1507-1509.

También hay abundantes representaciones escultóricas

Véase también

Notas

Enlaces externos

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