Bombardeo de Guernica

ataque aéreo durante la guerra civil española From Wikipedia, the free encyclopedia

El bombardeo de Guernica (Operación Rügen: 'Operación Reprimenda')[2] fue un ataque aéreo realizado sobre población civil de esta localidad vasca entre las 16:20 h. y las 19:40 h. del lunes 26 de abril de 1937, en el transcurso de la guerra civil española, por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, que combatían en favor del bando sublevado contra el gobierno de la Segunda República Española. Un mínimo de 27 bombarderos, acompañados de 32 cazas, lanzaron entre 31 y 46 toneladas de bombas explosivas e incendiarias causando una gran devastación, en la que el 85 % de los edificios fueron destruidos.[3] Las estimaciones de víctimas cifran los fallecidos en un rango que abarca de los ciento veintiséis a los dos mil muertos, entre las alrededor de 10 000 personas que se encontraban aquel día en Guernica.[nota 1]

Fecha 26 de abril de 1937
Resultado Incendio y destrucción de la ciudad. Numerosas bajas de civiles.
Datos rápidos Fecha, Lugar ...
Bombardeo de Guernica
Guerra civil española
Parte de guerra civil española y bombardeos en la guerra civil española

Guernica tras el bombardeo.
Fecha 26 de abril de 1937
Lugar Guernica (Vizcaya)
Coordenadas 43°19′00″N 2°40′00″O
Resultado Incendio y destrucción de la ciudad. Numerosas bajas de civiles.
Beligerantes
República Española
Bandera del País Vasco Gobierno Provisional del País Vasco
Bandera de Alemania nazi Alemania nazi
Reino de Italia
Bando sublevado
Comandantes
Bandera de Alemania nazi Hugo Sperrle
Bandera de Alemania nazi Wolfram von Richthofen
Unidades militares
Legión Cóndor
• 23 bombarderos Ju-52
• 1 bombardero Do-17
• 4 bombarderos He-111
• 10 cazas He-51
• 6 Messerschmitt Bf 109
Aviación Legionaria
• 3 bombarderos S.M.79
• 10 cazas CR-32;
Total: 31 bombarderos y 26 cazas.
Bajas
126 [1]
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En la madrugada del 27 de abril el Generalísimo Franco ordenó que se negase el bombardeo y que se acusase a los «rojos» de haber sido ellos los que habían dinamitado e incendiado la villa. Esta mentira —«una de las más destacadas mentiras de la historia del siglo XX», según Xabier Irujo; «pocas mentiras tan burdas han gozado de tanta credibilidad durante tanto tiempo», según Ignacio Fontes»—[4] se mantuvo durante toda la guerra y durante toda la dictadura franquista.[5]

El bombardeo de Guernica —«un icono de los bombardeos de terror», según Irujo; «símbolo de la barbariee de la guerra», según Juan Manuel Riesgo; «el primer bombardeo de la historia de saturación o de alfombra», según Fontes; «la primera vez que un bombardeo aéreo arrasaba un objetivo civil indefenso en Europa», según Paul Preston; «el mayor escándalo de la guerra civil», según Michael Alpert[6][7][8][9] se ha convertido en un símbolo de los horrores de la guerra para todo el mundo.[10] El hecho tuvo un gran impacto en su época, inspirando a Pablo Picasso su más famoso cuadro, el Guernica, que pintó para que fuera expuesto en el pabellón de España en la Exposición Internacional de París de 1937, y al escritor vasco Blas de Otero que escribió un poema del mismo nombre, como también a la chilena y premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral, que escribió un poema titulado Árbol de Guernica.

Antecedentes

Guernica, símbolo de los fueros vascos, tenía antes del ataque una población de unos cinco mil habitantes, a los que habría que añadir los refugiados que huían del avance de las tropas franquistas, por lo que el 26 de abril habría en la localidad unas diez mil personas, según el cálculo del cónsul británico en Bilbao. Guernica se encontraba en esos momentos a unos quince kilómetros del frente y no tenía ningún tipo de defensa antiaérea. Había sufrido algunas incursiones aéreas pero no había sido bombardeada.[11][12]

Dos días antes del ataque la emisora de radio del bando sublevado sita en Salamanca había emitido la siguiente advertencia:[13]

Franco se dispone a propinar un fuerte golpe contra el que es inútil cualquier resistencia. ¡Vascos! Rendíos ahora y se os perdonará la vida.

La Legión Cóndor tenía como comandante al general Hugo Sperrle, siendo en esa fecha su jefe de Estado Mayor el teniente coronel Wolfram von Richthofen (primo del histórico aviador de la Primera Guerra Mundial Manfred von Richthofen, más conocido como el Barón Rojo), que ordenó, al parecer, el bombardeo y que en su diario personal admitía que en Guernica se había portado «muy maleducadamente». El grupo de bombardeo estaba formado por cuatro escuadrillas de Ju-52 y la escuadrilla VB 88 de bombardeo experimental, con Heinkel He 111, y Dornier Do 17. Los bombarderos fueron escoltados por cazas Heinkel He 51 de las escuadrillas de caza 1 y 3.J/ 88 y por los Bf-109 del 2.J/ 88, escuadrilla que estaba bajo el mando del teniente Gunther Lützow. Cierto número de aviones de caza italianos participaron asimismo en la misión.[14]

El primer bombardeo en alfombra por parte de los sublevados, como el que tuvo lugar en Guernica, se había producido en noviembre de 1936 en Madrid, cuando se ordenó a la aviación alemana e italiana que bombardeara a la población civil con el objetivo de desmoralizarla y conseguir la rendición de la ciudad.[15] En febrero de 1937, la misma Legión Cóndor había ametrallado una columna de refugiados civiles en la carretera entre Málaga y Almería causando cientos de víctimas. Asturias sufrió bombardeos de la aviación y marina sublevadas. Especialmente importante fue el bombardeo de Gijón del 14 de agosto de 1936, que causó cincuenta y tres muertos y cien heridos. Otro bombardeo importante sufrido por esta villa fue el del 26 de julio de 1937, realizado por la aviación de la Legión Cóndor. Tampoco fue la última, puesto que en 1938 las ciudades de Barcelona, con los bombardeos de marzo y Alicante, con el bombardeo del 25 de mayo, fueron también los civiles los objetivos.[nota 2]

El bombardeo

Fotografía de 1922 del lugar donde se celebraba todos los lunes el mercado semanal. Al fondo la fachada con soportales de las Escuelas Públicas.

El 26 de abril de 1937 se celebraba en Guernica, como todos los lunes, el mercado semanal[20][10] por lo que, como relató el padre Alberto Onaindía, «había muchos vecinos de las localidades de los alrededores». Unas doce mil personas, según Onaindía, entre las que también se encontraban, según el historiador Xabier Irujo, «miles de refugiados y heridos de guerra, además de aquéllos que llegaron a la villa en busca de alimento en los trenes dispuestos por las autoridades vascas [procedentes de Bilbao]». Por otro lado el Gobierno Vasco no había dado ninguna orden de evacuación ni había suspendido la celebración del mercado, como alegarán más tarde las autoridades (e historiadores) franquistas para intentar minimizar el número de víctimas.[21]

Campanas de la iglesia de Santa María. Fueron las que dieron el primer aviso a las 16:20 h. para que la gente acudiera a los refugios.

A las 16:20 horas un solitario avión alemán Heinkel He 51 se aproximó lentamente por el este y arrojó seis bombas de 10 kilos en pleno centro urbano. Al ser avistado el aparato sonaron las campanas de la iglesia de Santa María para que la gente acudiera a los refugios.[20] Cinco minutos después, a las 16:25, dos Heinkel He 111 y un Dornier Do 17 atacaron también en dirección este-oeste y destruyeron el sistema de abastecimiento de agua para «impedir las labores de extinción» cuando se lanzaran las bombas incendiarias, según el informe redactado por el coronel Joachim von Richthofen, adjunto al Estado Mayor de la Legión Cóndor. A las 16:35 tres o seis Savoia S-79 italianos que habían despegado de Soria una hora antes bombardearon de nuevo el centro urbano de la villa.[22][23][20] Como ha señalado Xavier Irujo, «tras estos primeros ataques, la mayor parte de la población consideró con lógica que el bombardeo había terminado. Los servicios de extinción de incendios y de socorro acudieron al centro urbano para atender a los heridos y apagar los focos de fuego. Allí los atraparía la siguiente fase de bombardeo pesado». A las 17:00 h. aviones alemanes Heinkel He 51 y Messerschmitt Bf 109 e italianos Fiat CR.32 ametrallaron y bombardearon el perímetro de Guernica para impedir que nadie pudiera abandonar el centro urbano.[24] «Como en aquella compaña los bombarderos no necesitaban ir escoltados, por no haber oposición, los cazas volaban encima de Guernica únicamente con la finalidad de ametrallar a los fugitivos», ha indicado Michael Alpert.[25] «Los cazas ametrallaron sin piedad a hombres, mujeres y niños, a las monjas del hospital y hasta el ganado. Y, sin embargo, lo peor del ataque aún no había comenzado», ha señalado por su parte Antony Beevor.[20]

Bomba incendiaria de 1 kg de la Luftwaffe, 1936.

A partir de las 17:30 h. fue cuando se produjo el bombardeo más intenso a cargo de veintiún Junkers Ju 52 alemanes, conocidos como los «abuelos» por los soldados republicanos.[26] Estos aviones descargaron tanto bombas explosivas como incendiarias, «una mezcla del todo innecesaria si el objetivo hubiese sido un puente», como se alegaría más tarde, causando una gran destrucción.[27][24][28] «Procedentes del norte, del mar, y por tanto, sin que su llegada pudiera ser advertida por los sistemas de alarma, las tres escuadrillas K/88 de Junkers Ju 52 bombardearon Gernika en siete grupos de tres aparatos cada uno en dos o más pasadas sobre un corredor aéreo de unos 150 metros de ancho o alfombra aérea. Lanzaron bombas explosivas de 250 kilos y de 50 kilos con espoleta retardada y miles de bombas incendiarias sobre el núcleo urbano volando a una altura de entre 600 y 800 metros», ha señalado Xabier Irujo.[24] «Los testigos describen la escena en términos dantescos y apocalípticos. Familias enteras quedaron enterradas entre las ruinas de sus casas o murieron aplastadas en los refugios... Seres humanos ennegrecidos por el humo se abrían paso entre las llamas y el polvo mientras otros excavaban como locos entre las ruinas tratando de desenterrar a amigos y parientes».[29]

Las últimas acciones del ataque se produjeron entre las 18:15 y las 19:30. Cinco cazas Fiat CR.32 italianos y cinco Messerschmitt Bf-109 alemanes realizaron ametrallamientos a los supervivientes tanto en el interior de la población como en los alrededores.[27]

Motor BMW 132A posiblemente del bombardero Ju-52 derribado por un Polikarpov I-15 en BIlbao, expuesto en la Escuela de Ingeniería de Bilbao.[30][31]

En resumen, señala Xabier Irujo, «los primeros bombarderos destruyeron los conductos de agua de la villa y, posteriormente, se lanzaron bombas explosivas sobre el caso urbano para "agrietar" las edificaciones. Por último se lanzaron las incendiarias, cuyo material inflamable penetró en el interior de madera de las estructuras, derribadas por la acción del fuego». Así se refleja en la entrada del diario de Wolfram von Richthofen, diseñador del bombardeo, del 30 de abril de 1937: «Las [bombas] de 250 [kilos] derribaron buen número de casas y destruyeron cañerías. Las bombas incendiarias tenían ahora tiempo para desplegar toda su eficacia. Las casas estaban construidas con cubiertas de teja, galerías de madera y entramado del mismo material, por lo que fueron completamente aniquiladas». También en la carta que envió a su superior tiempo después el coronel Joachim von Richthofen, adscrito al Estado Mayor de la Legión Cóndor (y que no tenía ninguna relación de parentesco con Wolfram): «Se utilizaron principalmente proyectiles rompedores italianos de 100 kilos [con espoleta retardada]. En caso de hacer blanco, dichos proyectiles atraviesan los cuatro pisos y alcanzan el sótano. No pudieron examinarse los embudos al quedar rellenados por los cascotes. Los muros no se desplomaron». Según Irujo, «el lanzamiento de un total aproximado de 6000 bombas incendiarias en un área de menos de 1 km² con el potencial de elevar las temperaturas a más de 1500 grados centígrados provocó un fuego incontrolable».[32] «Los que se acercaban a Guernica huyendo de Bilbao no podían creer lo que veían sus ojos en el cielo rojo-anaranjado, en la lejanía... Guernica era una ruina de fuego y de muerte», ha señalado Antony Beevor, quien cita el poema de Paul Eluard:[29]

Les femmes les enfants ont les mêmes roses
rouges
Dans les yeux
Chacun montre son sang
La peur et le courage de vivre et de mourir
La mort si difficile et si facile.
Las mujeres los niños tienen las mismas rosas
rojas
En los ojos
Cada uno muestra su sangre
El miedo y el coraje de vivir y de morir
La muerte tan difícil y tan fácil.

Testimonios

Párrafo del artículo publicado por George Steer en The New York Times. Dice lo siguiente: «A las dos de la madrugada de hoy, cuando el que escribe visitó la ciudad, todo ella presentaba un espectáculo aterrador, en llamas de un extremo a otro. El reflejo de las llamas se podía ver en las nubes de humo que sobrevolaban las montañas, a diez millas de distancia. Durante la noche, las casas se derrumbaban, hasta que las calles eran largos montones de impenetrables ruinas rojas».

El reportero Noel Monks fue el primero en llegar a Guernica y describió lo que vio:[33]

En el sentido más literal de la expresión yo fui el primer reportero en llegar a Guernica, y algunos soldados vascos me encomendaron de inmediato la labor de recoger los cuerpos carbonizados que las llamas habían devorado. Algunos de los soldados lloraban como niños. Había llamas y el humo y el polvo y el olor a carne humana quemada era nauseabundo. Las casas se derrumbaban en aquel infierno. En la plaza, prácticamente rodeada por un muro de fuego, había cerca de un centenar de refugiados. Estaban llorando y gimiendo, balanceándose de un lado a otro.

Algunos de los reporteros fueron ametrallados, teniendo que refugiarse en una iglesia. Así lo relató Mathieu Corman:[34]

Este juego satánico con nuestros nervios —con nuestras vidas— dura unos veinte minutos. Y los aviones, uno por uno, se van alejando. Corremos a la iglesia. Encontramos algunos supervivientes del pueblo agrupados en el campanario. Son ocho... Lloran en silencio. No se atreven a salir, no sea que vean el cuerpo destrozado o quemado de algún ser querido.

El sacerdote Alberto Onaindía relató lo siguiente (otros sacerdotes también atendieron a los heridos, dieron la extrema unción a los moribundos o rezaron el rosario en los refugios o en las iglesias junto con las personas que se habían cobijado allí):[35]

No había ido muy lejos cuando un avión se acercó y me obligó a sumergirme en una zanja para protegerme. Una mujer y un niño que corrían delante de mí no lo lograron. Una bomba cayó entre nosotros. Fue una fuerte explosión. De inmediato salí de la zanja y corrí hacia la mujer y el niño. Otras personas también vinieron a ayudar. Alguien dijo que el muchacho era el ahijado de la mujer. Médicamente, no había nada que pudiera hacer por ellos. La bomba no había producido marcas en sus cuerpos, pero me di cuenta de que la sangre corría por sus barbillas; sus órganos internos habían sido destruidos por la explosión. Les di la absolución y me quedé con ellos hasta que tuve la certeza de que habían muerto.

En una carta que dirigió al cardenal Isidro Gomá el padre Onaindía le escribió lo siguiente:[36]

Llego de Bilbao con el alma destrozada después de haber presenciado personalmente el horrendo crimen que se ha perpetrado contra la pacífica villa de Guernica, símbolo de las tradiciones seculares del pueblo vasco... tres horas de espanto y escenas dantescas. Niños y madres hundidos en las cunetas, madres que rezaban en alta voz, un pueblo creyente asesinado por criminales que no sienten el menor alarde de humanidad. Señor Cardenal, por dignidad, por honor al evangelio, por las entrañas de misericordia de Cristo no se puede cometer semejante crimen horrendo, inaudito, apocalíptico, dantesco. [...] Una ley eterna, la de Dios, impide matar, asesinar al inocente. Todo eso se pisoteó en Guernica. ¿Quién será el cruel personaje que en frío y en el gabinete de estudio ha planeado ese crimen espantoso de incendiar y matar a toda una población pacífica?
Vista aérea de Guernica desde el norte en la actualidad.

Monks volvió a Guernica al día siguiente a petición de su periódico el Daily Express de Londres para que verificara su primera crónica ya que desde Radio Sevilla el general rebelde Gonzalo Queipo de Llano había negado que lo que había escrito fuera cierto (acusándole de paso de que era un «borracho», cuando en realidad era abstemio). Esto fue lo que escribió en la segunda crónica titulada I saw the German planes bomb Guernica ('Yo vi a los aviones alemanes bombardear Guernica') y que se publicó el 1 de mayo:[37][nota 3]

Volví a Guernica al amanecer. Vi 600 cadáveres. Enfermeras, niños, paisanos, ancianas, niñas, ancianos, bebés. Todos muertos, mutilados y desgarrados. Los gudaris estaban recuperando los cuerpos de los escombros, muchos de ellos llorando. Llegué a lo que había sido un refugio antiaéreo. En él yacían los restos de cincuenta mujeres y niños. Una bomba había caído a través de la casa en el sótano. ¿Espera Franco que el mundo crea que cincuenta mujeres y niños huyeron a un refugio antiaéreo mientras su casa estaba siendo minada?

Lo mismo le sucedió a George Steer que tuvo que volver a Guernica tras recibir un telegrama de su periódico The Times que decía: «El otro bando rechaza su versión Guernica necesitamos más información prudente». La réplica de Steer, enviada el 28 de abril, se publicó al día siguiente:[38]

La negación por parte de Salamanca [sede del Cuartel General del Generalísimo Franco] de tener conocimiento alguno de la destrucción de Guernica no ha asombrado por aquí, pues también negaron el bombardeo de Durango, similar aunque menos atroz, pese a la presencia de testigos británicos. He hablado con centenares de personas angustiadas y sin hogar, y todas ellas ofrecen exactamente la misma descripción de los acontecimientos. He visto y he medido los enormes hoyos ocasionados por las bombas en Guernica, que, dado que pasé por la ciudad el día anterior, puedo atestiguar que no se encontraban allí antes. En Guernica se hallaron bombas incendiarias de aluminio alemanas sin estallar con la inscripción "Fábrica de Rheindorf, 1936". Los modelos de aviones alemanes utilizados fueron Junkers 52 (bombardero pesado), Heinkel 111 (bombarderos rápidos medios) y Heinkel 51 (cazas)... Según una declaración hecha por los pilotos alemanes apresados cerca de Ochandiano los primeros días de abril, al principio de la ofensiva insurgente, están pilotados enteramente por pilotos alemanes, casi toda la tripulación es alemana y los aparatos partieron de Alemania en febrero.

Luis Iriondo, que tenía 14 años cuando se produjo el bombardeo y entonces trabajaba como botones en una sucursal bancaria, relató en 2007 lo siguiente a la BBC:[39]

La gente empezó a correr, a gritar, a empujar… Entramos todos a empellones en un refugio. Aún no estaba terminado, no tenía luz ni sistema de ventilación, el suelo estaba húmedo y muy sucio. Sentía que me faltaba el aire, que me ahogaba. Pasado un tiempo, y pensando que el bombardeo ya había acabado, salimos. Pero volvieron a sonar las campanas y escuchamos bombas que caían cada vez más cerca. La gente se abalanzó otra vez al refugio. Yo fui de los últimos en entrar porque quería estar cerca del ingreso para tener más oxígeno y poder respirar. Lo había pasado muy mal la vez anterior. En la Iglesia nos habían enseñado a los niños una oración que debíamos rezar si sentíamos la muerte próxima. Yo empecé a recitarla, pero cada vez que caía una bomba y sentíamos la sacudida me veía obligado a interrumpir mi plegaria. Señor mío Jesucristo… ¡Bum! No sé cuántas veces empecé la oración, cientos de veces, pero no conseguí acabarla nunca. Escuchamos caer una bomba, y otra, y otra, y otra… Aquello parecía no tener fin. Y cuando salí del refugio antiaéreo, encontré ante mí un paisaje aterrador. Todo mi pueblo estaba ardiendo, convertido en una gigantesca bola de fuego. Eché a correr sin rumbo fijo. No sabía dónde estaban mis padres ni mis hermanos, no sabía siquiera si estaban vivos o muertos. Me encontré con un amigo frente a su casa. Estaba en llamas, y de repente se derrumbó entera. "Ahí dentro estaban mi tía paralítica y mi abuela sorda", me dijo. Me impresionó muchísimo.

Juan Sistiaga le contó al historiador William Smallwood en 1972 lo siguiente (testimonio recogido en el manuscrito The Day Gernika was Bombed):[40]

Había una gran mansión al norte de una pequeña plaza, en la parte noreste de Gernika. La mansión tenía un muro de piedra a su alrededor, y una bomba había caído y roto parte de la pared. Yacían cerca de ahí dos niñas y un hombre que habían buscado refugio cerca de la pared. El hombre y una de las niñas había muerto. La otra niña estaba viva, pero su abdomen había sido desgarrado por la explosión y sus intestinos colgaban fuera de su cuerpo. Tenía los ojos abiertos y parecía estar suplicando que le ayudase. Yo sabía que ella estaba herida de muerte, pero me arrodillé sobre ella, que hacía esfuerzos para levantarse. La abracé por debajo de los hombros y traté de convencerla de que alguien traería una camilla y la llevaría al hospital tan pronto como fuera posible. Ella sólo me miró. No dijo nada. Era una muchacha muy hermosa, con el pelo castaño claro. Yo estaba todavía abrazándola y hablando con ella, a la espera de una camilla, cuando oí el sonido de nuevos aviones. Miré atrás por encima del hombro y los vi. Eran esos grotescos bombarderos trimotores alemanes. Volaban bajo, y venían directamente hacia nosotros. Me di media vuelta y volví a mirar a la chica. Había muerto.

En una carta fechada el 28 de abril el cónsul británico en Bilbao R. C. Stevenson le comunicó al embajador en España Henry Chilton, que había trasladado su residencia a Hendaya, lo siguiente:[41]

Querido sir Henry:
Ayer, al desembarcar en Bermeo, me hablaron de la destrucción de Guernica. Fui inmediatamente a echar un vistazo in situ y cual no sería mi asombro al comprobar que aquella población, que normalmente tenía unos cinco mil habitantes y desde septiembre, debido a la afluencia de refugiados, había llegado a los diez mil, estaba casi completamente destruida. Nueve de cada diez casas han quedado de tal forma que es imposible reconstruirlas. Muchas estaban todavía ardiendo, y estallaban nuevos incendios de vez en cuando, producto de las bombas incendiarias que, por algún defecto de fabricación, no habían explotado en el momento del impacto, y lo hacían ahora, en el momento de mi visita, entre vigas y muros derrumbados. No puede averiguarse el número de víctimas y probablemente nunca se sabrá con exactitud. Unos calculan que ha habido mil, otros hablan de más de tres mil. [...] Calculan que pasaron unos cincuenta aviones. Después de dos o tres incursiones, la población fue presa del pánico. Hombres, mujeres y niños salieron corriendo de Guernica ascendiendo por las peladas colinas. Allí fueron ametrallados implacablemente, aunque con escaso efecto. Pasaron la noche al aire libre, contemplando su ciudad en llamas. Vi muchos hombres y mujeres que vagaban por las calles buscando entre los escombros de sus casas los cuerpos de sus seres queridos.

Sistema de refugios y alerta

El bombardeo de Ochandiano, al comienzo de la contienda, el 22 de julio de 1936, que causó alrededor de cuarenta muertos, muchos de ellos civiles, incluidos mujeres y niños, y cuyo objetivo según un periódico republicano de Bilbao había sido «sembrar el terror»,[42] provocó que se tomara la decisión de realizar un sistema de refugios para la población civil, que se aceleró tras conocerse el terrible bombardeo de Durango del 31 de marzo de 1937, que extendió el pánico en muchas poblaciones vascas.[43] El proyecto se encargó al arquitecto municipal Castor Uriarte y al ingeniero Manuel Cabañes, madrileño que pasaba sus vacaciones en la villa. En el momento del bombardeo, en la villa existían, según el testimonio de Castor Uriarte, cinco refugios construidos por orden de las autoridades municipales. Uno de ellos se ubicó en los sótanos de la casa consistorial, otro en un edificio de la calle Santa María, aunque no estaba completamente terminado, un tercero en Pasealeku, y los dos últimos en el sótano de la casa Loizaga y en el patio del cuartel de los Forales.[44] En total había, según Ignacio Fontes, «una quincena de refugios antiaéreos –unos más adecuadamente acondicionados que otros y con capacidad para unas tres mil quinientas personas–».[45]

Entrada a la calle Santa María (Andra Maria) donde se encontraba un refugio en el que murieron las entre 450 y 500 personas que se cobijaron allí.

«En la construcción de los refugios habían participado vecinos del pueblo, y se habían utilizado diversos materiales, como troncos de pinos, sacos terreros y chapas de hierro. De los cinco refugios públicos, el de la calle de Santa María estaba en construcción, ya que le faltaban chapas de hierro, y era una trampa mortal en caso de que alguna bomba cayera sobre el mismo, lo que desgraciadamente ocurrió, ocasionando una gran mortandad», han afirmado Josep Maria Solé i Sabaté y Joan Villarroya.[44] Según el testimonio de varios testigos —entre ellos el alcalde de Guernica José Labauria— en el refugio de la calle de Santa María (de aproximadamente 146 m²) «murieron la práctica totalidad de las personas que buscaron allí cobijo, entre 450 y 500 en total». No todos murieron en el acto porque al día siguiente «aún se oían los gritos de socorro de las personas enterradas bajo los escombros. Nunca pudieron ser rescatadas», ha afirmado Xabier Irujo.[46]

El sistema de defensa civil desarrollado por la Junta Municipal de Defensa de Guernica mantenía un sistema de señales de alerta. Este era un sistema visual y sonoro. Un vigilante en la cumbre del monte Cosnoaga avisaba del peligro mediante la exhibición de banderas rojas, estas banderas eran vistas por un segundo vigilante situado en el campanario de la iglesia de Santa María que tocaba a rebato y seguidamente todas las industrias que poseían sirenas hacían tocar las mismas.[47]

Según el testimonio del arquitecto municipal de Guernica Castor Uriarte, el sistema de alerta funcionó y salvó vidas:[48]

En medio de la terrible destrucción que sufrió materialmente la villa foral, con muchísimos daños de todo orden, hubo suerte en lo que respecta a vidas humanas, porque el repique de campanas tras el aviso del vigía que estaba en la cima del monte Cosnoaga, y sobre todo porque el primer avión que vino y lanzó tres bombas, alejándose después, asustó a la gente, que se metió en los refugios o huyó del casco urbano, buscando refugio en los bosques cercanos o en las casas o caseríos más alejados, por lo que el número de víctimas fue mucho menor de lo que al principio se pensó.

Sin embargo el testimonio de Castor Uriarte ha sido puesto en duda por el historiador Xabier Irujo especialmente en lo que se refiere a la efectividad de los refugios (también porque su credibilidad es cuestionable ya que en 1972 declaró que en el refugio de la calle de Santa María habían muerto unas 200 personas y cuatro años después se desdijo y aceptó la cifra de 45 víctimas que daba el franquista «Informe Herrán», uno de cuyos objetivos era minimizar el número de muertos). Según Irujo los refugios de Guernica poco podían hacer ante el tipo de bombas de espoleta retardada que se arrojaron sobre la villa que horadaban los edificios de hasta cinco plantas estallando en la base. Irujo cita el informe de Joachim von Richthofen, agregado al Estado Mayor de la Legión Cóndor, en el que se decía: «El efecto moral de los proyectiles rompedores de 100 y 250 kilos es muy elevado. No existen posibilidades de protección en los refugios a no ser que éstos sean de construcción especialmente resistente». Irujo asimismo cuestiona la afirmación de Uriarte de que parte de los vecinos pudieron escapar del casco urbano, «por lo que el número de víctimas fue mucho menor de lo al principio se pensó», porque en el segundo ataque, de las 17:00 horas, los cazas «generaron un anillo de fuego alrededor de Guernica, impidiendo salir a todo aquél que quisiera abandonar el centro urbano» y porque en el último, iniciado a las 18:15, los cazas ametrallaron «a los supervivientes, que en esta fase del bombardeo intentaban por todos los medios abandonar la villa».[49]

Sobre este último ataque Irujo cita el testimonio de María Olabarría, de 52 años, que perdió a sus dos hijas (fue recogido por un periodista francés y publicado en el diario comunista L'Humanité el 13 de mayo de 1937):[50]

Desde el lugar en que nos hallábamos, vimos caer bombas. Los aviones daban vueltas y vueltas por encima de nosotros. Parecía que nos buscaban. Y era verdad: buscaban a cuatro mujeres. Había cerca de allí un caserío. Corrimos hacia la entrada. Estaba cerrada. Entonces nos pegamos materialmente al quicio de la puerta queriendo protegernos unas con otras. Yo quedé en medio. Un avión dio la vuelta al caserío, tirando, con la ametralladora. Saltaba tierra delante de nosotras. De pronto oímos un crujido espantoso: sobre el caserío cayó una bomba. La trepidación me lanzó al suelo en medio de piedras y ladrillos. Mi hija mayor, que tenía veintisiete años, murió instantáneamente, aplastada. La otra, la más joven, que se iba a casar, tuvo tiempo de cogerme la mano, apretarla un poco y exclamar: "¡Ay!". Dio un suspiro, y con los ojos clavados en mí, murió. No sé cuánto tiempo estuve allí entre mis dos hijas muertas. La sangre me corría por el cuello. Al cabo de un rato me recogieron.

Negación de la autoría por el bando franquista

Al día siguiente del bombardeo de Guernica el lendakari del Gobierno Vasco José Antonio Aguirre hizo pública una nota en la que denunciaba que los autores de la acción habían sido «los aviadores alemanes al servicio de los facciosos españoles».[51][52] La nota decía:

Los aviadores alemanes al servicio de los facciosos españoles han bombardeado Guernica, incendiando la histórica villa, que tanta veneración tiene entre los vascos. Nos han querido herir en lo más sensible de nuestros sentimientos patrios, dejando una vez más de manifiesto lo que Euzkadi puede esperar de los que no vacilan en destruir hasta el santuario que recuerda siglos de nuestra libertad y de nuestra democracia [...].

Como ya había sucedido con el bombardeo de Durango,[53] el bando sublevado atribuyó la destrucción de Guernica al propio Ejército vasco, desmintiendo así al «perverso y criminal» Aguirre.[54] El 29 de abril el Cuartel General del Generalísimo en Salamanca difundió el siguiente comunicado que fue reproducido por toda la prensa de la zona ocupada por los sublevados:[53]

Guernica está destruida por el fuego y la gasolina. La han incendiado y convertido en ruinas las hordas rojas al servicio del perverso y criminal Aguirre [que] ha lanzado la mentira infame —porque es un delincuente común— de atribuir a la heroica y noble aviación de nuestro ejército nacional este crimen... Aguirre ha preparado la destrucción de Guernica para endosarla al adversario... Su destrucción es labor de los que quemaron Irún y Eibar,[nota 4] de los que dejan siempre una España espectral a sus espaldas.

La radio oficial de los sublevados, Radio Nacional, difundió el siguiente mensaje:[55]

No es la primera vez que miente Aguirre, mandarín de la República de Euzkadi. Aguirre ha declarado hoy que la aviación extranjera al servicio de la España nacional, ha bombardeado la ciudad de Guernica y la ha incendiado para herir a los vascos en lo más profundo de sus sentimientos. ¡Miente Aguirre, miente; bien lo sabe él! En primer término no hay aviación alemana ni extranjera en la España nacional. Hay aviación española, noble y heroica aviación española, que tiene que luchar continuamente con aviones rojos que son rusos y franceses y que conducen aviadores extranjeros. En segundo lugar, Guernica no ha sido incendiada por nosotros, la España de Franco no incendia. La tea incendiaria es monopolio de los incendiarios de Irún, de los que han incendiado Éibar[nota 5] y de los que trataron de quemar vivos a los defensores del alcázar de Toledo. [...] El Ejército de Franco no incendia. El País Vasco sabe que nosotros respetamos y respetaremos sus tradiciones. La España de Franco no incendia.

La orden de negar que Guernica había sido bombardeada y de asegurar que había sido destruida «por el fuego y la gasolina» de las «hordas rojas al servicio del criminal Aguirre» fue cursada por el propio general Franco en la madrugada del 27 de abril. Así lo comunicó el general Carlo Bossi a su gobierno en Roma: «El general Franco ha dispuesto un negación inmediata, por radio, denunciando el feroz sistema de los rojos de quemar y destruir todos los centros urbanos antes de retirarse». La prensa de la zona sublevada, férreamente controlada por la censura, difundió esta versión que se mantendría durante toda la guerra (y durante toda la dictadura).[57][nota 6] Por su parte el embajador alemán en Salamanca envió instrucciones a Berlín para que se siguiera la versión oficial del «Gobierno nacional» y así lo hizo la prensa alemana obedeciendo las consignas de Goebbels. El Berliner Lokal-Anzeiger, uno de los diarios de mayor tirada de Alemania, publicó que el incendio de Guernica había sido provocado por los propios «bolcheviques» en retirada, y el Völkischer Beobachter calificó las declaraciones del lehendakari Aguirre de «descarados embustes bolcheviques». Además se dio instrucciones a los pilotos alemanes que habían participado en el bombardeo para «no hablar del ataque y a desmentirlo, llegado el caso» y la Legión Cóndor envió artificieros a Guernica para que limpiaran todos los restos de aletas de las bombas y granadas sin estallar.[59][60][61] La prensa y la radio italianas también se ciñeron a la versión franquista.[59] Sin embargo, algunos periódicos alemanes e italianos lograron eludir la censura e informaron del bombardeo. El Frankfurter Zeitung publicó un artículo sobre la «guerra moderna» en el que se hablaba del uso de bombas incendiarias en Guernica.[62]

Monumento en Guernica al periodista británico George Steer que estuvo en la localidad tras el bombardeo —donde recogió las carcasas de tres bombas incendiarias alemanas—[63] y desmintió la versión franquista de que la destrucción de Guernica había sido obra de los «rojos».

La acusación de los «nacionales» de que la destrucción de Guernica había sido obra de los propios republicanos fue rápidamente refutada por los reporteros internacionales Noel Monks, Mathieu Corman, Christopher Holme, Scott Watson o Martín Arribaya y sobre todo por George Steer,[64] cuyo artículo publicado el 28 de abril en The Times y en The New York Times tuvo un enorme impacto. Se titulaba The tragedy of Guernica y fue, en opinión de Herbert Southworth, citado por Paul Preston, «acaso el reportaje más importante enviado por un reportero durante la Guerra Civil»).[65][66][29][67][68]

Artículo de George Steer publicado en The Times (y en The New York Times) el 28 de abril de 1937 con el título "La tragedia de Guernica. Una ciudad destruida por un ataque aéreo. El relato de un testigo presencial".

En el artículo del 28 de abril Steer señalaba que se trataba de un nuevo tipo de guerra y posiblemente eso es lo que explicaría que el suyo tuviera un impacto mucho mayor que los artículos escritos por otros reporteros —aunque también se debió, como ha señalado Michael Alpert,[69] a que fue publicado en los diarios más prestigiosos de sus respectivos países—. Que se trataba de un nuevo tipo de guerra fue precisamente lo que destacó el editorial de The New York Times en el que se condenaba «el ánimo incendiario generalizado y el asesinato masivo cometido por los aviones rebeldes de origen alemán». También el senador por Idaho William Borah: «Aquí el fascismo presenta al mundo su obra maestra... Cuando los hombres y mujeres quieran indagar en las páginas de la historia en busca de actos de crueldad sobresaliente y ejemplos de destrucción innecesaria de la vida humana, se detendrán durante más tiempo y con el máximo horror ante la salvaje historia de la guerra fascista en España». Pocos días después el obispo Francis J. McConnell, de la Iglesia metodista episcopal, publicaba un «Llamamiento a la conciencia del mundo» firmado por centenares de estadounidenses destacados, entre los que había senadores, congresistas, profesores, escritores y sindicalistas.[70] Además la prensa le dedicó mucho espacio al bombardeo. Entre el 27 y el 30 de abril los periódicos de ámbito estatal publicaron un total de 600 noticias, la mayoría de ellas en primera página.[71]

El impacto del artículo de Steer en el Reino Unido fue tan grande como en Estados Unidos y de hecho, junto con el resto de las crónicas enviadas por otros reporteros británicos, dio lugar a una investigación de la Royal Navy. Robert Mackinnon Wood, jefe del Departamento de Investigaciones Aerodinámicas, viajó a Vizcaya entre el 23 y el 28 de mayo donde investigó la nacionalidad y los tipos de aviones que habían participado en el bombardeo de Guernica. Enseñó fotografías de aviones alemanes a los supervivientes y llegó a entrevistar a un piloto alemán que había conducido uno de los aparatos que había bombardeado Guernica. Además pudo identificar personalmente los aparatos durante la batalla de Bilbao. Su informe fue remitido al gobierno británico.[62] También en Francia el impacto fue enorme gracias a que el diario comunista L'Humanité publicó una traducción del artículo. Allí lo leyó Pablo Picasso, lo que le decidió a pintar su famoso Guernica, un encargo del gobierno de la República española para la Exposición Internacional de París de 1937.[72]

Las informaciones publicadas por la prensa internacional fueron calificadas por la propaganda franquista como fruto de la «prensa masónica y judía» que pretendía «manchar con la bala de su información calumniosa» el «nombre limpio como el cielo» del Caudillo. Esto se decía en el documental Frente de Vizcaya y 18 de julio, producido por la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de Falange, dirigida por Dionisio Ridruejo. Por su parte el general Gonzalo Queipo de Llano declaró al Daily Express que los reporteros extranjeros que habían publicado que Guernica había sido bombardeada por aviones alemanes habían sido «comprados con oro robado de nuestros bancos y que son capaces de relatar lo que no han visto». Preguntado por el periodista de por qué los vascos habrían querido destruir Guernica Queipo de Llano respondió: «Ha sido destruido por los rojos mismos, por los asturianos y los vascos. Los primeros por su espíritu criminal y los segundos por hacer que el pueblo pelee con más valor».[73] De hecho el libro de George Steer sobre el bombardeo y sobre la campaña de Vizcaya titulado The Tree of Gernika. A Field Study of Modern War —«uno de los aproximadamente diez libros más importantes sobre la Guerra Civil española», según Paul Preston[74] no fue publicado en España hasta tres años después de la muerte del dictador, siendo reeditado en 2002 por Txalaparta (la primera traducción al castellano había sido publicada en 1963 por exiliados vascos en Caracas y por Ediciones Gudari de Buenos Aires).[75][76]

La Iglesia católica, completamente alineada con el bando sublevado, se sumó a la negación de la autoría franquista —«respaldó sin reservas la patraña» de que Guernica la habían incendiado los «rojos»—[77] y además justificó la matanza, a pesar de que el cardenal primado Isidro Gomá estaba perfectamente enterado de lo que había ocurrido en Guernica por la carta que le había enviado el canónigo Alberto Onaindía en la que calificaba el bombardeo como «crimen horrendo». En la carta de respuesta del cardenal Gomá a Onaindía le escribe: «Los pueblos pagan sus pactos con el mal y su protervia en mantenerlos». A continuación le dice: «Me permito responder a su angustiosa carta con un simple consejo: que se rinda Bilbao, que hoy no tiene más solución. Puede hacerlo con honor, como pudo hacerlo hace dos meses. Cualquiera que sea el bando autor de la destrucción de Guernica, es un terrible aviso para la gran ciudad».[13]

Tampoco el Vaticano reaccionó a pesar de estar informado de lo que había sucedido en Guernica por una carta firmada por veinte sacerdotes vascos, uno de los cuales había sido testigo directo del bombardeo. Incluso dos de ellos, los padres Pedro Menchaca y Agustín Isusi, fueron a Roma a entregar personalmente la carta al papa Pío XI, pero solo fueron recibidos por el secretario de Estado Pacelli con la condición de que no mencionaran el motivo que les había llevado a Roma. Cuando comenzaron a hablar de Guernica Pacelli les cortó diciendo que «la Iglesia es perseguida en Barcelona» y puso fin a la reunión.[78]

El hijo de George Steer (segundo por la izquierda) en Guernica en 2017, acompañado por los historiadores (de izquierda a derecha) Ángel Viñas, Xabier Irujo y Paul Preston.

Según Xabier Irujo —valoración compartida por otros otros historiadores como Michael Alpert—,[79] los franquistas no lograron su objetivo y su versión de lo ocurrido en Guernica «apenas tuvo eco en la república francesa y ninguna incidencia en la prensa británica y norteamericana. Los artículos de los reporteros internacionales que fueron testigos de la destrucción de la villa dieron la vuelta al mundo porque la noticia del bombardeo generó un pánico sin precedentes y asimismo porque la credibilidad de Noel Monks, George Steer, Mathieu Corman, Christopher Holme y Scott Watson estaba fuera de duda. [...] Frente a este impacto mediático, la orden de Franco apenas alcanzó unos pocos rotativos de extrema derecha en un puñado de países democráticos. La verdad se impuso y la versión [franquista] del incendio de Guernica no convenció al público a nivel internacional por lo que apenas ningún periódico británico o norteamericano reprodujo dicha versión».[80][nota 7]

Sin embargo, como ha señalado Michael Alpert, «pese a que nadie relevante en el mundo creyera la mentira de que los propios vascos habían incendiado Guernica, no hubo posibilidad alguna de presionar a Alemania, ni interesó hacerlo. [...] El Comité de No Intervención promovió una declaración general condenatoria de los bombardeos sobre núcleos urbanos indefensos; el representante alemán, Von Ribbentrop, la firmó con la condición de que no se mencionara a Guernica. La demanda del gobierno republicano de que se designara una comisión para investigar el bombardeo fue rechazada. El caso trató de enterrarse, pero Guernica permaneció como primer ejemplo de bombardeo concentrado sobre un núcleo civil europeo».[84]

Consecuencias del ataque

Víctimas

Detalle del cuadro Guernica de Picasso, exhibido en el pabellón de la República Española de la Exposición Internacional de París de 1937.

No existe un consenso entre los historiadores sobre el número exacto de víctimas del bombardeo.[85][86][87] Los reporteros internacionales que fueron a Guernica el mismo día 26 de abril o al día siguiente dieron unas cifras elevadas. Noel Monks escribió: «Volví a Guernica al amanecer [del día 27]. Vi 600 cadáveres». George Steer estimó en 800 los muertos y otros reporteros cifraron el número de fallecidos en más de 1000. El Gobierno de Euzkadi dio una cantidad oficial de víctimas mortales de 1654, que incluía también los que fallecieron en los días siguientes a causa de las heridas recibidas, y 889 heridos. Por su parte el bando sublevado rebajó considerablemente el número de muertos. En el llamado «Informe Herrán», redactado para sustentar la versión franquista de que Guernica había sido destruida por los «rojos» y que fue publicado en forma de libro en inglés en un intento de rebatir las informaciones de la prensa internacional de que Guernica había sido bombardeada por aviones alemanes con el título Guernica. The Official Report, editado y distribuido en Reino Unido por Eyre & Spottiswoode en 1938, se decía que «el número de víctimas [mortales] en Guernica el 26 de abril no llegó a cien».[88]

Algunos autores como Jesús María Salas Larrazábal o Vicente Talón han dado credibilidad a la cifra propuesta por el «Informe Herrán», e incluso alguno, como Ricardo de la Cierva, la ha rebajado a menos de «una docena», y al mismo tiempo han tildado de «exagerada» la oficial de 1654 muertos dada por el Gobierno vasco.[88][89] Talón y Salas Larrazábal han contabilizado 126 muertos.[90][91] Otros autores también la han considerado «increíblemente alta» pero han propuesto cifras superiores a la estimación del «Informe Herrán».[92][93][39] Así por ejemplo el estadounidense James S. Corum ha afirmado que «el número total de muertos en Guernica fue de aproximadamente 300».[94][95] Hugh Thomas reconoce que «es sumamente difícil determinar el número de muertos» —«los cálculos varían desde 1600 hasta 100»— pero él considera que fueron «tal vez mil» y que «muchas más personas quedaron mutiladas o heridas».[96] Antony Beevor sostiene que «los muertos no pasaron de 300».[29] Basándose en las valoraciones de Cástor Uriarte, arquitecto municipal de Guernica y responsable del servicio contra incendios, Josep Maria Solé i Sabaté y Joan Villaroya han afirmado que la cifra de entre 250 y 300 muertos es la más cercana a la realidad de lo que ocurrió, lo que supone una cifra proporcionalmente elevadísima «ya que representa algo más del 5 por ciento de la población».[44] Estos dos historiadores también señalan que no hubo más víctimas porque, después del primer bombardeo, la gente huyó al monte.[48] En esto último coincide Juan Manuel Riesgo.[97] Por su parte los historiadores de la asociación "Gernikazarra", encabezados por Vicente del Palacio y José Ángel Etxaniz, habían contabilizado en mayo de 2012 153 víctimas mortales y tenían otras seis en estudio.[90]

Sin embargo, Xabier Irujo, director del Center for Basque Studies de la Universidad de Nevada y autor de una investigación reciente sobre el tema publicada en 2017[98][99] sí da credibilidad a la cifra del Gobierno de Euzkadi de 1654 muertos, ya que no existe ningún documento que la desmienta, e incluso afirma que se queda corta y la eleva a alrededor de 2000, porque en ese cómputo no se «incluyó» los 450 o 500 muertos en el refugio de la calle de Santa María (Andrea Mari).[39] Irujo considera que el «Informe Herrán» no es creíble además de por su finalidad propagandística para sustentar la «mentira franquista» porque la estimación que propone, que los muertos «no llegaron a cien», se basa en un único testigo y de ninguno más. Además Irujo afirma que «las autoridades franquistas hicieron todo lo posible para borrar las evidencias de las muertes, desde rasgar libros de registros hasta tachar los nombres de los muertos de los libros parroquiales. También se hizo desaparecer los cadáveres» —lo que asimismo ha sido señalado por Ignacio Fontes[100]. Por el contrario, la cifra del Gobierno Vasco está más cerca de las estimaciones de los reporteros internacionales y de las cifras dadas por 39 testigos que sobrevivieron al bombardeo quienes aseguraron que fueron más de 1000, testimonios recabados por el propio Irujo en 2012.[101]

Devastación

Guernica tras el bombardeo.

Según algunas estimaciones el 70 % de los edificios de la ciudad fueron totalmente destruidos por el bombardeo,[47] pero el arquitecto de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones a cargo de la reconstrucción de Guernica indicó en su proyecto que de las 318 edificaciones de la localidad 271 fueron «totalmente destruidas», lo que supone el 85% de las mismas.[102][103][39] Wolfram von Richthofen escribió tras su visita a Guernica: «Guernica, villa de 5000 habitantes, ha sido literalmente asolada. [...] Aún se ven hoyos de bombas totalmente increíbles. [...] Así pues, solo un completo éxito técnico de nuestras bombas de 250 y de las EC.B.1.».[104]

Imágenes de «La bárbara destrucción de Guernica» publicadas por La Vanguardia el 26 de mayo de 1937. El texto dice: «He aquí los restos de Guernica, la ciudad símbolo de las libertades vascas, que destruyeron las bombas incendiarias de varias escuadrillas de aviones alemanes. Bárbara muestra de una intervención innegable y de una actitud, que ellos dicen "defensa de la civilización". De esta Guernica, capital espiritual de Euskadi, solo han quedado cinco casas en pie: pero como símbolo, será inmortal y eterna».

Los lugares históricos vascos, la Casa de Juntas de Guernica, lugar de reunión de las asambleas que regían Vizcaya y sede de su archivo histórico, y el anexo árbol de Guernica, símbolo ancestral del pueblo vasco, no fueron afectados por el bombardeo, según Xabier Irujo, «fundamentalmente porque no se encuentra[n] localizado[s] en el centro urbano». «No obstante, no habría sido fácil explicárselo a los carlistas [que combatían en el bando sublevado], que ya habían protestado por el bombardeo de Durango, y para quienes el árbol también es su símbolo», añade Irujo.[105] Una explicación en la que coincide Antony Beevor: «la Casa de Juntas y el roble no fueron alcanzados porque se encontraban fuera del corredor aéreo que los pilotos habían seguido disciplinadamente».[29] También Hugh Thomas.[106] El cercano puente de Rentería, que se afirmó luego que era el objetivo, también quedó intacto. Lo mismo sucedió con las fábricas de armas, situadas a las afueras de la población, que tampoco se vieron afectadas.[107][108]

El Guernica de Picasso

Pabellón español en la Exposición Internacional de París de 1937 donde se exhibió el Guernica de Picasso.

La prensa internacional le dedicó mucho espacio al bombardeo de Guernica. En Francia el diario comunista L'Humanité publicó el 29 de abril el artículo de George Steer del día anterior en The Times. Allí lo leyó el pintor Pablo Picasso que estaba trabajando en el cuadro que le había encargado el gobierno de la República para exhibirlo en el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937. Según Paul Preston, «antes de la destrucción de Guernica, su serie de bocetos preliminares estaba dedicada a la relación entre el artista y su modelo en el estudio. El 1 de mayo abandonó este proyecto, profundamente afectado por las noticias del bombardeo, y comenzó a trabajar en lo que acabaría por convertirse en su cuadro más famoso».[72] Según Juan Manuel Riesgo fue José Bergamín quien informó a Picasso de que Guernica había sido destruida por «un bombardeo aéreo».[109] El Guernica lo terminó el 4 de junio. Fue expuesto al público a partir del 12 de julio.[71][110]

Picasso, muy movilizado en favor de la República española y marcado también por la toma de Málaga, su ciudad natal, declaró: «Expreso claramente mi horror sobre la casta militar que ha sumido a España en un océano de dolor y de muerte». «La pintura no está hecha para decorar los apartamentos, es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo. Pintar un cuadro es comprometerse en una acción dramática en el curso de la cual la realidad se encuentra desgarrada», añadió. Tras ser exhibido el cuadro en París, en Londres y en otras ciudades europeas con el objetivo de recabar fondos para la causa republicana, en 1939, derrotada la República, sería depositado en el MoMA de Nueva York, donde permanecería hasta 1981. Picasso, que murió en 1973, había dispuesto que su pintura no volviera a España hasta que «las libertades públicas no fueran restablecidas allí».[111][110]

Se cuenta que durante la Ocupación de Francia por las Fuerzas del Eje Picasso recibió en su taller la visita de oficiales alemanes (se dice que entre ellos también se encontraba Otto Abetz, el embajador nazi). Delante de una foto del Guernica uno de ellos le preguntó (puede que el propio Abetz): «¿Es usted quien ha hecho esto?», a lo que Picasso habría respondido: «¡No, han sido ustedes!».[110]

Motivaciones de la incursión

Puente de Rentería de Guernica sobre el río Oca, en la actualidad. Este pequeño puente fue el objetivo que se alegó después del devastador bombardeo de la villa. No fue alcanzado y al terminar el bombardeo quedó intacto.

Las motivaciones del ataque han sido objeto de polémica[84] pero la mayoría de los historiadores que han investigado el tema defienden la tesis de que «la intención del bombardeo era destruir Guernica». Para apoyar esta afirmación aportan dos pruebas fundamentales. La primera es la combinación de bombas explosivas e incendiarias utilizadas en el bombardeo, cuya «única explicación posible» es que se pretendía destruir la ciudad. La segunda es que para derribar el puente de Rentería, situado a las afueras de la villa, o impedir que el Ejército vasco pudiera retirarse, que fueron los dos objetivos alegados después por los agresores, «no era necesario ametrallar a la población civil, movilizar aviones durante tres horas ni lanzar bombas incendiarias. Para más inri, el puente no fue alcanzado, y al terminar el bombardeo permanecía intacto».[102]

Wolfram von Richthofen, jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor, en 1940. Fue quien planificó el bombardeo de Guernica.[112]

Que el bombardeo de Guernica no perseguía ningún objetivo estratégico sino «aparentemente» desmoralizar a la población ya lo destacó el reportero George Steer en el artículo que publicó en The Times y en The New York Times el 28 de abril de 1937, sólo dos días después del ataque, y que tuvo un enorme impacto:[113][114]

Por la forma en que fue llevado a cabo y la envergadura de la devastación que produjo, así como por la selección del objetivo, el bombardeo de Guernica no tiene punto de comparación en la historia militar. En las afueras de la ciudad se asienta una fábrica que produce material de guerra y ha quedado intacta. También lo están los cuarteles que había a cierta distancia de la ciudad. La ciudad queda muy alejada de las líneas de combate. El objeto del bombardeo fue aparentemente la desmoralización de la población civil y la destrucción de la cuna de la estirpe vasca. Todos los datos confirman esas apreciación, empezando por el día en que tuvieron lugar los hechos. El lunes era el tradicional día de mercado en Guernica para toda la zona. [...] La pauta de este bombardeo de una ciudad abierta fue lógico: primero, granadas de mano y bombas pesadas para hacer huir en estampida a la población, luego, fuego de ametralladoras para que se refugiara bajo tierra y, a continuación, bombas pesadas e incendiarias para demoler las casas y quemarlas sobre las víctimas.
Memorial de las víctimas del Bombardeo de Guernica en el terreno del antiguo aeródromo de Salburua, en Vitoria, de donde partieron los aviones

El historiador Xabier Irujo recoge la opinión del experto estadounidense de origen vasco Pete T. Cenarrusa, piloto de combate e instructor de aviadores navales en técnicas de bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial al que entrevistó en 2010, y que concluye que el bombardeo de Guernica no fue «un bombardeo estratégico sino un bombardeo de terror cuya finalidad era la destrucción total de la localidad»:[115]

Doy fe de que la destrucción de un objetivo militar estático como el puente de Rentería requiere un único avión de ataque a tierra, diseñado para realizar bombardeos en picado como el Junkers Ju 87 o el Henschel Hs 123, modelos a disposición de la Legión Cóndor desde el verano de 1936 —que no fueron escogidos para ser utilizados en Guernica—. La cantidad y tipología de los aviones envueltos en el bombardeo de Guernica, la formación de vuelo adoptada por éstos, así como la mezcla de explosivos lanzados sobre la localidad y el hecho de que se utilizaran bombas incendiarias y se ametrallara a la población civil desde el aire —sumado al gasto que supone la movilización de dicha fuerza aérea— permiten asegurar que el objetivo no fue el mencionado puente de Rentería y que, en consecuencia, no se trató de un bombardeo estratégico sino de un bombardeo de terror cuya finalidad era la destrucción total de la localidad».

Antony Beevor coincide plenamente con el análisis del experto citado por Irujo:[116]

Algunos veteranos de la Legión Cóndor explicaron, tiempo después, que lo que trataban de hacer sus escuadrillas era bombardear el puente de Rentería a las afueras de Guernica, pero que los fuertes vientos habían desviado las bombas hacia la ciudad. La realidad es que el puente quedó intacto, que se sabe que aquel día no hacía viento, que los Junker volaban en formación de combate y no en línea, y, desde luego, que las bombas antipersonal, incendiarias y de metralla no son precisamente eficaces contra los puentes de piedra, ni se comprende cómo para destruir un pequeño puente y cortar la retirada de las tropas republicanas, los aviones tuvieron que lanzar alrededor de 33 toneladas de bombas. [...] Todo apunta a que... lo que se pretendía era llevar a cabo un experimento de entidad para verificar los efectos del terror aéreo.

También Hugh Thomas:[117]

Pero si el objetivo de la Legión Cóndor era destruir el puente, ¿por qué von Richthofen no utilizó sus bombarderos Stuka, que atacaban en picado y con gran precisión, si tenía un pequeño número de éstos en Burgos? Además, ¿por qué se montó una expedición tan especialmente devastadora? Como mínimo, uno de los objetivos que tenía en su mente (aunque no figurara en su diario) debía de ser el de causar el máximo de pánico y confusión entre la población civil, así como entre los soldados. El uso de bombas incendiarias demuestra que se pretendió destruir edificios o personas... El hecho plenamente atestiguado de que ametrallaran a las personas que salían corriendo del pueblo difícilmente encaja en la versión que explica el ataque como un intento de destruir el puente.
El avión de la Legión Cóndor Heinkel He 111 utilizado en Guernica descargando sus bombas.

Xabier Irujo aporta otro argumento para apoyar la tesis de que se trató de un bombardeo de terror. «Si el bombardeo fue una simple operación táctica o estratégica, ¿por qué ordenó Franco mentir? Más aún, ¿por qué se ordenó cerrar la villa, retirar todas las pruebas de un bombardeo, incluidos los cadáveres, y se ordenó negar los hechos? Habría que explicar asimismo por qué se exigió a Ehrhart K. Dellmensingen, comandante de la tercera escuadrilla de bombarderos Junkers Ju 52 que atacó Guernica, que redactase un parte de vuelo haciendo constar que había lanzado su carga sobre el puente de Rentería, cuando no había sido así, y, en fin, habría que explicar por qué la versión oficial de la dictadura durante décadas fue que Gernika había sido incendiada por los rojos».[115]

Por otro lado, uno de los tres pilotos alemanes derribados, que fueron juzgados y condenados a muerte en Bilbao por rebelión, aunque posteriormente fueron puestos en libertad, testificó que habían recibido la orden «de ametrallar desde el aire cuanto se moviera». De hecho cuando fue derribado el 13 de mayo de 1937 realizaba por orden superior un experimento: cuántas personas podía alcanzar con sus dos ametralladoras a 900, 600 y 500 metros de altura.[118]

Josep Maria Solé i Sabaté y Joan Villarroya concluyen:[119]

El bombardeo de Guernica consiguió sus objetivos finales. La táctica empezada en Durango y en otras muchas poblaciones vascas, de aumentar progresivamente el nivel de violencia, tuvo éxito. Entre la población civil la moral se había resquebrajado ostensiblemente, y la escasa resistencia ofrecida desde ese momento por Bilbao es una buena muestra de ello.
Acto de bienvenida a la Legión Cóndor celebrado en Berlín en junio de 1939 presidido por Adolf Hitler, acompañado por Hermann Goering (a su izquierda). En el centro Wolfram von Richthofen (tercero por la izquierda) y Hugo Sperrle, jefe de la Legión Cóndor (quinto por la izquierda).

Sobre si Guernica habría sido una especie de ensayo de lo que luego serían los bombardeos masivos de la Segunda Guerra Mundial, el mariscal de la Luftwaffe Hermann Goering fue explícito en los juicios de Núremberg respecto a la utilización de la guerra civil española con esta finalidad: «España me dio una oportunidad de poner a prueba a mi joven fuerza aérea, así como para que mis hombres adquirieran experiencia».[120] Cuando le preguntaron por Guernica, el dirigente nazi respondió: «En efecto, fue una especie de blanco de prueba para la Luftwaffe. Es lamentable, pero no podíamos obrar de otra forma. En aquel momento, estas experiencias no podían efectuarse en otro lugar».[121]

A la pregunta de por qué fue elegida Guernica para el bombardeo de terror Xabier Irujo, de la Universidad de Nevada, responde que era una ciudad abierta y carecía de defensas antiaéreas. María Jesús Cava, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto y autora de un estudio en el que recabó información de hasta 85 testigos, añade que «fue elegida por su alto valor simbólico». «Las instituciones vascas están representadas en Gernika y más concretamente en el árbol de Gernika, un roble situado delante de la Casa de Juntas de esa localidad que representa las libertades de los vascos. El bombardeo de hecho fue un varapalo a las reivindicaciones nacionalistas y para todo aquello que el País Vasco había obtenido con el estatuto y el gobierno propio», asegura.[39] Esta motivación ya había sido apuntada por George Steer que en su famoso artículo de The Times y The New York Times del 28 de abril escribió que la finalidad del ataque había sido «aparentemente», junto con la desmoralización de la población civil, «destruir la cuna de la estirpe vasca».[114]

El requeté carlista Jaime del Burgo le preguntó horrorizado a un teniente del Estado Mayor del general Mola: «¿Era necesario hacer esto?». El teniente le contestó: «Esto hay que hacer con toda Vizcaya y con toda Cataluña».[13][122]

Debate historiográfico sobre la responsabilidad del Generalísimo Franco

Cartel de propaganda del bando sublevado de 1937 exaltando la figura del general Franco con el lema «¡Una Patria, un Estado, un Caudillo!».

A diferencia de la cuestión de si fue un bombardeo de terror, no existe un consenso tan claro entre los historiadores en cuanto a la cuestión de «si el bombardeo fue exclusiva responsabilidad de los alemanes o si estos actuaron bajo la orden de Franco o, en su defecto, de Mola o Vigón. Como no se ha encontrado ningún documento escrito, y difícilmente se encontrará, en el que Franco diera la orden, las opiniones de los historiadores se basan en distintos análisis y en cómo funcionaba la cadena de mando del Ejército franquista».[44] Así, autores como Ricardo de la Cierva, Jaime del Burgo Torres, José Manuel Martínez Bande, Vicente Talón, Jesús María Salas Larrazábal y José Manuel Riesgo se inclinan por atribuir la exclusividad del bombardeo a los alemanes.

De la Cierva lo afirma de forma rotunda: «Franco no dio la orden para bombardear Guernica; la operación fue una iniciativa alemana y su responsabilidad directa recae sobre los mandos de la Legión Cóndor que utilizaron a la ciudad sagrada de los vascos —también de los vascos que luchaban en el ejército de Franco— como blanco de pruebas para experiencias de guerra total».[123] Por su parte, Riesgo sostiene que «la Legión Cóndor no acataba el mando de la Jefatura española del Aire [que ostentaba el general Kindelán] y era independiente en sus actuaciones». Respecto al bombardeo de Guernica afirma que los jefes de la Legión Condor, «el general Hugo Sperrle y el coronel Wolfram von Richthofen, ardían en deseos de venganza» por el linchamiento en Bilbao el 4 de enero de 1937 de un tripulante de un Junkers Ju 52 que había sido abatido por un caza republicano cuando bombardeaba la ciudad y también por el fusilamiento el 4 de abril de dos oficiales del Estado Mayor de la Legión Cóndor que habían sido apresados cuando viajaban en un vehículo hacia Ochandiano, aunque según el reportero británico George Steer fueron abatidos cuando intentaban huir, mientras que los otros dos oficiales que iban también en el vehículo fueron hechos prisioneros. Según Riesgo Sperrle y Richthofen también estaban «irritados» por la resistencia que estaba oponiendo el Ejército Vasco y por la lentitud con que el general Franco estaba conduciendo la guerra y con el bombardeo «trataron de demostrarle a Franco cómo se gana rápidamente una guerra», según el testimonio del cónsul italiano en San Sebastián.[124]

Una posición intermedia es la que sostiene Hugh Thomas. Señala que el diario personal de Von Richthofen indica que el coronel Juan Vigón, jefe de Estado Mayor del Ejército del Norte al mando del general Mola, «estaba enterado del proyecto» y que ambos conferenciaron sobre el tema el día anterior y el mismo día del ataque, una reunión que también ha sido mencionada por Antony Beevor,[125] pero añade que «no hay evidencia directa» de que los «militares nacionalistas españoles, que evidentemente sabían lo que representaba Guernica para los vascos, supieran que el ataque aéreo iba a ser tan horripilante. Ni siquiera hay evidencia de que Vigón supiera que el ataque aéreo iba a ser tan devastador, ni de que Franco, Mola, o incluso Sperrle, discutieran de antemano el ataque que se planeaba: por entonces Franco, en realidad, estaba muy preocupado con los problemas de la Falange y Hedilla, y puede que incluso fuera difícil de localizar. Puede que Mola, Sperrle, e incluso Vigón, los días 25 y 26, también estuvieran preocupados por la crisis política interna, que en aquellos momentos era sumamente aguda» ―el domingo 25 fue detenido Manuel Hedilla por orden de Franco―, circunstancias que también han sido destacadas por Roberto Muñoz Bolaños.[126][127] Sin embargo, Thomas puntualiza en una nota a pie de página que le «resulta difícil creer que el coronel Vigón, un oficial convencional de ideas monárquicas, no consultara con Mola o con Franco sobre este ataque aéreo: pero quizá no consiguió establecer contacto por teléfono con ellos».[126]

Una posición similar con matices es la que mantiene el historiador alemán Klaus A. Maier cuando asegura que «la Legión Cóndor [tuvo] en una alta medida la responsabilidad de la destrucción de Guernica» ―«La intención de los alemanes, a la que se sumaba una fuerte razón de prestigio nacional y personal [Von Richthofen], de proporcionar a los sublevados un triunfo rápido, tras el fracaso de Guadalajara para los italianos, llevó a una acción que en el norte se caracterizó por no guardar los alemanes consideración de ningún tipo»―, pero al mismo tiempo señala que «la responsabilidad global del mando supremo nacionalista de Salamanca, que incluso bajo estas circunstancias consintió en la actuación de la Legión Cóndor en el norte, sigue por consiguiente intacta».[2]

Otros historiadores como Manuel Tuñón de Lara, Ángel Viñas o Herbert Southworth[128] apuntan a Franco como máximo responsable.[129] También Xabier Irujo, quien afirma que Franco había dado instrucciones categóricas de que los bombardeos sobre localidades tan sólo las podía ordenar él. De hecho cuando el 5 de enero de 1937 el general Sperrle pidió permiso para que aviones de la Legión Cóndor bombardearan Bilbao Franco en persona lo denegó y dio instrucciones para que se le enviara un telegrama que decía: «sin orden expresa no se bombardeará ninguna ciudad ni centro urbano». Según Irujo, «de esto se deduce que Franco dio la orden de bombardear Gernika y todas y cada una de las localidades que se bombardearon en el curso de la guerra».[123] Irujo también aporta como prueba el telegrama que el Cuartel General de Salamanca envió al general Sperrle el 7 de mayo en el que se recogía la orden que se había dado para bombardear Guernica (telegrama asimismo citado por Josep Maria Solé i Sabaté y Joan Villarroya y que fue descubierto por Southworth):[44][130][84]

Unidades primera línea pidieron directamente a aviación bombardeo cruce de carreteras, ejecutándolo aviación alemana e italiana, alcanzando por falta de visibilidad, por humo y nubes de polvo bombas aviones a la villa.

Irujo también se refiere a la inexistencia de una orden firmada por Franco o por Mola, un argumento utilizado reiteradamente por los autores que exculpan al Generalísimo. Según Irujo, «no se debe deducir de ello que no tuvieran noticia de dicha orden o de que no la hubieran cursado, ya que no existe apenas ninguna orden de bombardeo ordenada por Franco o por Mola. De hecho, no existe ninguna orden de bombardeo firmada por ninguno de los mandos que dirigieron las operaciones, ya fueran españoles, alemanes o italianos». «Nadie quería firmar estas órdenes», concluye Irujo.[131]

El intento del lehendakari Aguirre de que el general Hugo Sperrle fuera juzgado por el «crimen de guerra» de Guernica

El general Hugo Sperrle durante el juicio al que fue sometido por crímenes de guerra por un tribunal militar estadounidense entre el 15 de febrero y el 10 de agosto de 1948 y del que finalmente fue absuelto.

En noviembre de 1947 el lehendakari en el exilio José Antonio Aguirre tuvo conocimiento de que catorce altos mandos de la Wehrmacht, entre los que encontraba el antiguo comandante en jefe de la Legión Cóndor, el general Hugo Sperrle, iban a ser juzgados en Núremberg por un tribunal militar estadounidense por crímenes de guerra, el que sería conocido como Juicio del Alto Mando. Al mes siguiente envió desde su oficina en París una carta al tribunal para que se incluyera en los cargos contra Sperrle el bombardeo de Guernica. Como pruebas Aguirre utilizó dos artículos publicados en Alemania en 1939, en uno de los cuales Sperrle narraba con detalle su experiencia al frente de la Legión Cóndor. En la carta Aguirre describía el bombardeo de Guernica como el «crimen más espantoso cometido por la humanidad en aquella época», del que «la mayor parte de los muertos era niños y mujeres», lo que «causó profunda impresión en todo el mundo». Aguirre también destacaba que el bombardeo de Guernica era el «primer caso de destrucción totalitaria por parte de la aviación alemana... principio de la serie de crímenes inhumanos que se han llamado después Róterdam, Coventry, Lídice, etcétera». En cuanto a Sperrle decía que como «destructor de Guernica» su condena constituiría una «reparación moral» antes de una reclamación posterior de «reparaciones de orden material» por los crímenes cometidos por el acusado y el «régimen totalitario español que lo amparó y encubrió».[132]

Sin embargo, la carta de Aguirre no fue tenida en cuenta por el tribunal, tampoco tuvo excesiva repercusión entre el exilio republicano y finalmente el 28 de octubre de 1948 Sperrle fue absuelto. Solo la prensa comunista protestó por haberle dejado libre para «preparar nuevos Guernicas». Según Sophie Baby «Estados Unidos no tenía interés alguno en llevar ante la justicia el tema del bombardeo de ciudades abiertas, dado el uso masivo del mismo durante la guerra por parte de los Aliados».[133] Hugh Thomas lo explica de forma diferente: advierte que «en Nuremberg no se tuvo en cuenta ningún hecho acaecido antes de 1939».[134] Baby concluye que «ni los vascos ni los republicanos españoles consiguieron, en fin, ser considerados víctimas del nazismo, merecedores de justicia ante los tribunales militares internacionales de la posguerra».[135]

Memoria histórica

Restaurar la verdad

Durante toda la dictadura franquista se mantuvo la versión oficial de que la destrucción de Guernica había sido obra de los «rojos separatistas».[93] Pocos meses después de acabada la guerra civil el Generalísimo Franco «otorgó» a Guernica los beneficios de «pueblo adoptado», en virtud de un decreto por el que Franco se autorizaba a sí mismo a «adoptar» a aquellas localidades «dañadas por la guerra», con motivo de la recepción de un crucifijo hecho con madera del árbol de Guernica por encargo de la Diputación Provincial de Vizcaya. Además el régimen utilizó la reconstrucción de Guernica como arma de propaganda —Franco fue glorificado como el «el Caudillo de la Reconstrucción»— y el 13 de febrero de 1946, concluidas las obras, el Generalísimo fue nombrado por el Ayuntamiento «hijo adoptivo» de la localidad. Veinte años después, el 23 de marzo de 1966, le otorgó la medalla de brillantes de la villa. La revista Reconstrucción de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones publicó fotos de la «nueva Guernica» acompañadas de estas palabras: «Las cenizas dieron paso a una vida pujante que ha cuajado en una nueva época de la villa foral».[136]

Placa conmemorativa en Guernica de Herbert Southworth, «en agradecimiento a su labor de investigación y difusión a la sociedad de la verdad sobre el bombardeo sufrido por la villa de Gernika-Lumo el 26 de abril de 1937, perpetrado por la Legión Cóndor alemana con el consentimiento del general Franco».[128]

Tras la muerte del dictador un grupo de ciudadanos de Guernica vinculados a la izquierda revolucionaria y encabezados por Txato Etxaniz constituyeron en marzo de 1976 una comisión para refutar las mentiras que el franquismo había propalado y exigir una reparación al Gobierno alemán. A ellos se les unieron supervivientes del bombardeo.[137]

El mayor éxito de la comisión fue organizar el 24 de abril del año siguiente, con motivo del cuadragésimo aniversario del bombardeo, una mesa redonda a la que lograron que asistieran los historiadores más destacados que se habían ocupado del tema: Manuel Tuñón de Lara, exiliado en Francia; Herbert R. Southworth, que dos años antes había publicado en Ruedo Ibérico el libro La destrucción de Guernica;[128] y Ángel Viñas, autor de El oro español en la Guerra Civil publicado en España el año anterior. Para presidir la reunión se había elegido a Fernando García de Cortázar, director del Departamento de Historia de la Universidad de Deusto. También se invitó a hablar a supervivientes del bombardeo encabezados por Joseba Elósegui. El acto tuvo un éxito tan grande que se tuvieron que sacar altavoces a la calle para que las personas que no habían podido entrar en el local donde se celebraba el acto pudieran seguirlo. «Era la primera vez que la gente de Guernica oía hablar públicamente del bombardeo», recordaría años más tarde Txato Etxaniz. La prensa difundió el acto resaltando especialmente los testimonios de los supervivientes. Diario 16 tituló: «Los testigos hablan»·. «Piden la rectificación de la versión franquista sobre Guernica», tituló El País.[138]

Sin embargo, la comisión ciudadana fracasó en su intento de que se abrieran inmediatamente los archivos españoles y alemanes para que se arrojara luz sobre la «enorme sombra» que aún rodeaba al bombardeo y de que se formara una «comisión mixta de historiadores» de los dos países que analizara la documentación para determinar «la aclaración de responsabilidades sobre el bombardeo», «porque de lo contrario la historia no tendría sentido». «De los resultados dependen la rectificación de la versión oficial de los hechos por parte del Gobierno español y la reparación simbólica que pretende hacer el Gobierno alemán», dijo García de Cortázar.[139]

Tras la celebración de las elecciones municipales del 3 de abril de 1979 la comisión ciudadana se disolvió y el nuevo ayuntamiento democrático, con mayoría absoluta del PNV, tomó el relevo. La corporación aprobó por unanimidad el 26 de abril un manifiesto en el que se decía que «restablecer la verdad» y que «el bombardeo de Gernika fue realizado por la aviación alemana que actuaba bajo la responsabilidad del general Francisco Franco Bahamonde», era un «deber de justicia para con el pueblo de Gernika» y se exigía que con «la máxima urgencia» el Gobierno hiciera una declaración que contradijese la versión franquista de que había sido obra de las «hordas rojas al servicio del perverso y criminal Aguirre». También se acordó retirar el título de hijo adoptivo y la Medalla de Brillantes de la villa al general Franco, además de «honrar la memoria del alcalde de 1937». Asimismo se pidió a «ambos Estados alemanes, entonces constituidos en uno solo, saldar la deuda moral y material contraída con el pueblo vasco», no «para pedir venganza, sino justicia».[140]

Joseba Elósegui (derecha) conversando con el exlehendakari Jesús María Leizaola (izquierda) en 1988.

En noviembre de 1979 el Ayuntamiento de Guernica constituyó la Comisión de Reparaciones del Bombardeo, también conocida como Comisión Gernika, cuya finalidad era «preparar los términos del resarcimiento por los daños de todo orden que sufrió esta villa en el bombardeo aéreo del 26 de abril de 1937». Para presidirla se nombró al padre jesuita Jesús Arana Urkiola, que había pasado toda su vida adulta en el extranjero, cuando fue designado, a propuesta del lehendakari Carlos Garaikoetxea, era traductor de la ONU en Nueva York. Arana incorporó a la comisión a destacadas personalidades del mundo de la cultura, como Eduardo Chillida, Agustín Ibarrola o el padre José Miguel de Barandiarán, a Joseba Elósegui, máximo representante de los supervivientes, y al padre exiliado Alberto Onaindía, que había denunciado el crimen nada más producirse. También a la hija del difunto lehendakari Aguirre, Aintzana Aguirre.[141]

La labor de la Comisión Gernika se centró en el nivel de la «deuda moral que con sus víctimas contrajeron los nazis» por lo que pedía a la RFA una «acción amistosa que restañe las profundas heridas causadas por la inmensa afrenta infligida a todo el pueblo vasco con la destrucción de nuestra villa sagrada de Gernika, y que fortalezca nuestra relación mutua». Como ha destacado la historiadora francesa Sophie Baby no se hacía ninguna mención a la República española, «como si el pueblo de Gernika, entendido como una sinécdoque del pueblo vasco y considerado como el sujeto-víctima que debía obtener una reparación, fuera el único que hubiera padecido la participación alemana en la guerra... Una estrategia deliberada, basada en la promoción de un símbolo al servicio exclusivo de la comunidad vasca. La reconciliación era concebida... no entre Alemania y España, sino entre el pueblo alemán y el pueblo de Gernika, que pertenecía al pueblo vasco». Sin embargo, las negociaciones entabladas con el gobierno alemán no dieron resultado. Este temía sentar un precedente y que otras ciudades bombardeadas también reclamaran reparaciones. Sólo casi veinte años después, en 1996, donó tres millones de marcos para el polideportivo municipal.[141]

Txato Etxaniz, historiador local de Guernica y uno de los principales artífices de la restauración de la verdad sobre el bombardeo de Guernica, denunciando la mentira de la versión franquista.

Paralelamente, la asociación de historiadores locales Gernikazarra, nacida en 1985 y entre cuyos fundadores se encontraban algunos de los promotores de la comisión ciudadana de 1976 como Txato Etxaniz, desarrolló una labor de investigación cuyos primeros resultados mostraron en la exposición que montaron en Guernica en 1987 con fotos y documentos de la época y que tuvo un éxito considerable. Cuatro años después, en 1991, montaron una segunda exposición que viajó por Europa y que constituiría el fondo permanente del Museo de la Paz fundado en 1998. «Tratamos de mostrar las causas, los responsables y las consecuencias de aquel horrible y odioso bombardeo contra una población civil y desarmada. A lo largo de la exposición, se mostrarán las mentiras y los verdugos y la agonía de los masacrados», se decía en el folleto de presentación de esta segunda exposición. Por otro lado, en el folleto —y en el conjunto de la exposición— se adoptaba la interpretación del bombardeo del nacionalismo vasco al afirmar que «constituyó un acto absolutamente deliberado contra el símbolo de la soberanía vasca».[142]

En la tarea de restaurar la verdad nunca se olvidaron las responsabilidades franquistas, pero no se consiguió un reconocimiento oficial de las mismas —y de que la versión franquista de lo ocurrido era mentira— hasta junio de 1999. Tres años antes el Partido Popular había sido el más votado en las elecciones generales de España de 1996 y su líder José María Aznar había necesitado los votos del Partido Nacionalista Vasco (PNV) para ser investido como presidente del Gobierno, así que el PP se vio obligado a aprobar una resolución que decía lo siguiente, aunque no hubo ninguna declaración solemne del Gobierno de Aznar y la resolución fue aprobada entre otras durante el debate general sobre el estado de la nación:[143]

El régimen de la dictadura, en una demostración clara de cinismo, lanzó la calumnia de inculpar de la destrucción de Gernika a los "rojos separatistas". A pesar del tiempo transcurrido, ningún Gobierno español ha desmentido oficialmente aquella información falsa y calumniosa. En consecuencia, el Congreso de los Diputados insta al Gobierno a que: Manifieste oficialmente que la autoría de la destrucción de Gernika fue llevada a cabo por la Legión Cóndor alemana, por orden del general Franco, y no por los llamados "rojos separatistas".

Como ha señalado Sophie Baby, «esta resolución atestiguaba el largo trabajo por el reconocimiento de una verdad oficial llevado a cabo durante décadas por un puñado de ciudadanos locales, apoyados por intermediarios de envergadura internacional».[141]

Icono mundial de la paz

Escultura de Eduardo Chillida titulada Gure Aitaren Etxea ('Casa de Nuestro Padre') inaugurada en 1988 en el parque municipal de Guernica como monumento a la paz.

Al estancarse la negociación con el gobierno de la RFA sobre la cuestión de las reparaciones, se produjo un cambio de estrategia: hacer de Guernica un icono de la paz, en un momento, la década de 1980, de resurgimiento de los movimientos pacifistas en toda Europa. Ya en 1982 Guernica se había incorporado a la Unión Mundial de Ciudades Mártires-Ciudades de Paz (UMCMCP), pero fue en 1987, con motivo del cincuentenario del bombardeo, cuando fue declarada «Ciudad de Paz y Cultura». Ese año también se creó Gernika Gogoratuz ('Recordando Guernica') como un centro de investigación para la paz —Juan Gutiérrez fue su director—,[nota 8] se diseñó un Premio Gernika de la Paz y se proyectó un monumento a la paz encargado al escultor Eduardo Chillida, inaugurado al año siguiente en el parque municipal. En este último año de 1988 viajó a Gernika el alcalde de la localidad alemana de Pforzheim, otra ciudad-mártir devastada por los bombardeos, con la que se había hermanado por iniciativa del padre Arana, presidente de la Comisión Gernika, con la intención de fomentar «entre los ciudadanos los valores de la democracia, la justicia social, la concordia, la solidaridad y el progreso para la consecución, fundamentalmente, de la paz entre los hombres y los pueblos».[144]

Mural situado en la plaza del Ayuntamiento de Guernica y Luno que reproduce el famoso cuadro de Pablo Picasso. Fue pintado por la Escuela de Pintura local en 1977, cuadragésimo aniversario del bombardeo, e incluye al pie el lema Guernica Gernikara ('El Guernica a Gernika') pidiendo que cuando fuera devuelto por el MOMA de Nueva York se instalara en la localidad. Una iniciativa que fue alabada por la familia de Picasso mediante un telegrama en el que mostraba su «simpatía..., solidaridad..., y fidelidad... hacia el pueblo de Guernica». Sin embargo, cuando en 1981 el cuadro fue devuelto fue instalado en Madrid.

La identificación de Guernica como un símbolo universal no solo de barbarie sino de humanidad y paz era muy antigua, sobre todo a causa de la fama mundial que había alcanzado el cuadro Guernica de Picasso, pintado para el pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París de 1937, y de la identificación del propio Picasso con la paz al haber diseñado la paloma que se había convertido en el emblema del Consejo Mundial de la Paz de 1955. En 1943 una delegación de exiliados vascos que viajó a Panamá en el sexto aniversario del bombardeo reivindicó que Guernica no era una simple ciudad-mártir sino «la protomártir, símbolo inédito de los pueblos aniquilados», «primera cuenta de ese rosario sangriento de crímenes colectivos perpetrados por las naciones totalitarias», lo que fue refrendado por los integrantes del grupo de humanistas cristianos reunido en torno a la revista Guernika creada en San Juan de Luz en 1945, que defendieron que el «martirio» de Guernica debía llevar a la «tolerancia santa que haga posible el convivir pacífico de los ciudadanos, no obstante su distinta manera de pensar».[145]

En cuanto al cuadro de Picasso, que se encontraba expuesto en el MOMA de Nueva York, se difundió el lema Guernica Gernikara ('El Guernica a Gernika') pidiendo que cuando fuera devuelto se instalara en la localidad. De hecho para el cuadragésimo aniversario del bombardeo, celebrado en 1977, la Escuela de Pintura local instaló en la plaza del Ayuntamiento una reproducción del cuadro, que incluía al pie el lema Guernica Gernikara, iniciativa que fue aplaudida por la familia de Picasso mediante un telegrama en el que mostró su «simpatía..., solidaridad..., y fidelidad... hacia el pueblo de Guernica». Sin embargo, cuando en 1981 el cuadro fue devuelto fue instalado en Madrid, como un «símbolo de reconciliación» y el «punto final en la transición española a la democracia», en palabras de Javier Tusell, la persona que gestionó la repatriación en su calidad de director general de Patrimonio Artístico, Archivos y Museos del Ministerio de Cultura.[146]

Museo de la Paz de Gernika, creado en 1998, el primero en España de estas características

Otra iniciativa importante para promocionar a Guernica como icono global de la paz fue el Museo de la Paz inaugurado en 1998, aunque en principio fue pensado como Museo de la Cultura y la Resistencia Vasca tal como había propuesto la comisión ciudadana de 1976. De hecho el primer fondo de su colección permanente fueron las fotografías y los documentos recogidos en la exposición de 1991 organizada por la asociación de historiadores locales Gernikazarra, que viajó por toda Europa. Fue en 2003 cuando se decidió transformarlo en un Museo de la Paz y se dedicó algunas de sus salas a la «cultura de la paz» (su significado, sus grandes figuras como Gandhi o Martin Luther King, sus implicaciones en el mundo actual, así como la defensa de los derechos humanos). Como ha señalado la historiadora Sophie Baby, «la concesión por parte de la Unesco, en 2004, del Premio Internacional Ciudades por la Paz apuntaló este simbolismo pacifista».[147][nota 9]

Reconocimiento de culpa por Alemania

Petra Kelly en 1987.

En abril de 1987, cincuentenario del bombardeo, la diputada alemana y líder de Los Verdes Petra Kelly visitó Guernica, en el curso de su estancia en el País Vasco invitada por Euskadiko Ezkerra a participar en un congreso para buscar una salida pacífica al «conflicto vasco», al terrorismo de ETA. Sorprendida porque no hubiera ninguna representación alemana en la celebración del cincuentenario depositó una corona de flores ante el árbol de Gernika. «Hoy estoy aquí y soy alemana, y siento vergüenza por lo que ocurrió aquí el 26 de abril de 1937... Aquí se cometió un gran crimen», afirmó. Era un gesto simbólico que se asemejaba al realizado por el canciller Willy Brandt cuando en diciembre de 1970 se arrodilló ante el monumento a los héroes del gueto judío de Varsovia.[148]

A su vuelta a Alemania Kelly consiguió que el Bundestag discutiera el tema y que el Gobierno decidiera que su embajador en Madrid depositara una corona de flores junto al árbol de Guernica el 26 de abril del año siguiente, pero no que se reconociera oficialmente la responsabilidad alemana en el bombardeo y se pidiera perdón por ello. Cuando por fin se dio oficialmente el paso en 1997 hacía cinco años que Kelly había muerto.[148]

Roman Herzog en 1997.

En efecto, en 1997 el entonces presidente de la República Federal Alemana Roman Herzog escribió una carta al Ayuntamiento de Guernica en la que reconocía «expresamente la culpabilidad de los aviones alemanes involucrados» en el bombardeo y, dirigiéndose a los supervivientes, «que todavía llevan en las entrañas las heridas del pasado», tendía la «mano abierta en ruego de reconciliación». «Para ustedes sigue siendo presente lo que para la mayoría de nosotros es pasado, a pesar de que todos nosotros debemos sentirnos apenados por el sufrimiento que cayó sobre Gernika», añadió.[149][150] La carta fue leída el 26 de abril en un acto solemne por el entonces embajador alemán en España, Hening Wegener, acompañado por un grupo de diputados alemanes de izquierda y ecologistas que eran los que habían promovido la aprobación por el Bundestag de una petición de perdón oficial.[151][152][153] Un portavoz de los supervivientes le respondió aceptando «abrir [sus] brazos» a aquellos «hombres de otras tierras que no nos conocían y a los que no conocíamos», para decirles «Bienvenidos a Gernika, marchemos juntos en paz».[154] Sin embargo, ninguna representación del Estado español estuvo presente en el acto. Finalmente la carta de Herzog se depositaría en el Museo de la Paz de Gernika, creado el año anterior.[151]

Veintiocho años después, a finales de noviembre de 2025, el entonces presidente de la República Federal de Alemania Frank-Walter Steinmeier aludió a la «gran responsabilidad» que tuvieron los alemanes en el «crimen» de Guernica en el discurso que pronunció en la cena de gala que le ofrecieron los reyes de España en el Palacio de Oriente el día 26 con motivo de su visita oficial a España. «Es muy importante para mí, y me dirijo deliberadamente a mis compatriotas en Alemania, que no olvidemos lo que ocurrió entonces. Este crimen fue cometido por alemanes. Guernica es un recordatorio de que debemos luchar por la paz, la libertad y la preservación de los derechos humanos», dijo. Steinmeier tenía previsto visitar Guernica, un gesto que el rey de España Felipe VI le agradeció en su discurso de la misma cena de gala: «En nombre de todo el pueblo español, reconozco y agradezco, el gesto de profundo calado simbólico y de concordia que supone vuestra visita al País Vasco, adonde os acompañaré a honrar la memoria de las víctimas en el bombardeo de Guernica».[155]

El presidente de la República Federal de Alemania Frank-Walter Steinmeier en un acto en septiembre de 2025. El 28 de noviembre pidió perdón por el bombardeo de Guernica por parte de los aviones de la Legión Cóndor en un acto de desagravio que se celebró en la propia localidad y en el que estuvo acompañado por el rey Felipe VI de España.

La visita a Guernica tuvo lugar dos días después, el 28 de noviembre, y durante la misma el presidente alemán, acompañado por el rey y por el lehendakari Imanol Pradales, saludó a Crucita Etxabe y a Mari Carmen Aguirre, dos de las supervivientes, en el cementerio de Zallo, donde tuvo lugar la ceremonia de desagravio frente al mausoleo donde reposan los restos de las víctimas del bombardeo. Primero sonó la pieza musical Gernika de Pablo Sorozábal y a continuación en medio de un silencio total sonó la campana que durante el bombardeo estaba en lo alto de la iglesia de San Juan de Ibarra, destruida por las bombas, mientras Steinmeier permaneció de pie y con la cabeza agachada en señal de respeto con el rey Felipe VI a su lado. Después dos funcionarios de la embajada alemana depositaron una corona de claveles blancos con la bandera de la RFA en la escalinata del mausoleo y se guardó un minuto de silencio. Los actos finalizaron con una visita al Museo de la Paz de Gernika donde Steinmeir pronunció un breve discurso en el que reconoció que el bombardeo «fue un crimen brutal» cuyo «único objetivo era la población civil». «No olvidaremos el sufrimiento que se causó. Me inclino ante las víctimas y expreso nuestra solidaridad con los supervivientes», añadió, tras lanzar una «advertencia para defender la paz, la libertad y la democracia». «Ese es el mensaje que nos transmite hoy Gernika», concluyó.[151][152]

Al acto no asistió ningún representante de EH-Bildu por considerar que el rey Felipe VI, PP y Vox son «los herederos de los responsables del bombardeo de Gernika y ante ellos no cabe la equidistancia ni el blanqueamiento». «El objetivo último del bombardeo era la humillación del pueblo vasco y atacar su corazón simbólico. El Estado español sigue sin asumir su responsabilidad al respecto», añadió su portavoz. De hecho grupos de manifestantes de la izquierda abertzale protestaron por la presencia en Guernica del rey Felipe VI. Por su parte el presidente del PNV Aitor Esteban declaró: «Si Alemania, con un presidente que no tiene nada que ver con el régimen nazi, pide perdón, lo que no entendemos es que el Rey español venga a Gernika y no haga el mismo gesto».[151][152]

Véase también

Notas

  1. Véase sección Víctimas
  2. La aviación republicana también bombardeó poblaciones bajo control de los sublevados como Oviedo, Zaragoza[16] o Córdoba[17] en agosto de 1936, donde el objetivo también fue la población civil y/o la población hospitalaria (ataque al Hospital Militar en el Bombardeo de Oviedo).[18] Asimismo, en 1938 se produjeron otros bombardeos republicanos cuyas víctimas mayoritarias fueron la población civil como el bombardeo de Valladolid y el bombardeo de Cabra. Este último fue una acción realizada por tres bombarderos medios que bombardearon la plaza ocupada con puestos de mercado identificados por error como tiendas de un acuartelamiento de tropas italianas.[19]
  3. Monk desmiente la versión franquista de que Guernica había sido destruida por los propios republicanos y no por los bombardeos de la aviación alemana e italiana que combatía a sus órdenes.
  4. Véase nota 6
  5. Eibar no fue incendiada por sus defensores cuando se retiraron sino que fue destruida por el intenso bombardeo terrestre y aéreo a la que fue sometida la localidad durante el mes de abril de 1937 y especialmente por el bombardeo llevado a cabo el día 25 por siete trimotores italianos de la Aviazione Legionaria. Así lo reflejó Joachim von Richthofen, adjunto al Estado Mayor de la Legión Cóndor, en un informe de mayo de 1937 sobre el efecto de los ataques aéreos: «La destrucción fue total... Los repetidos ataques desde una cota de solo 600 a 800 metros, que facilitó la ausencia de cualquier defensa antiaérea o terrestre, también dieron buenos resultados aquí. Se vieron favorecidos por el procedimiento de lanzamiento italiano y el grado de destrucción alcanzado ascendió al 60 por ciento». Se contabilizaron 74 muertos y 97 heridos.[56]
  6. Sobre hasta qué punto caló en la zona sublevada el bulo franquista Antony Beevor cuenta la siguiente anécdota (ya reseñada por Hugh Thomas): «Una periodista norteamericana, a la que escoltaba un falangista, se entrevistó, unos meses después, en agosto, con un oficial de Estado Mayor del ejército del Norte. El falangista, que se había creído a pies juntillas el bulo puesto en circulación por Salamanca, le contó al oficial que "rojos" de Guernica habían tratado de explicarle que la ciudad había sido bombardeada desde el aire, no incendiada. "Pues claro que fue bombardeada —le dijo el oficial de Estado Mayor—. La bombardeamos, la bombardeamos y la bombardeamos, y, bueno, ¿por qué no?».[53][58]
  7. Ante el descrédito de la versión «oficial» las autoridades franquistas la modificaron ligeramente en un intento de hacerla creíble de cara al exterior y reconocieron que sí había habido un bombardeo, pero que este había sido «ligero» (sin causar graves daños) y que había sido aprovechado por los «rojos» para incendiar la villa. Así se hacía constar en el informe encargado al ingeniero de caminos Vicente Machimbarrena y al ingeniero de minas Miláns del Bosch. Como el informe era demasiado breve se redactó un segundo informe, conocido como «Informe Herrán» (por el apellido de su redactor principal) y fue publicado en forma de libro en inglés en un intento de rebatir los artículos de prensa sobre el bombardeo con el título Guernica. The Official Report (fue editado y distribuido en Reino Unido por Eyre & Spottiswoode en 1938).[81] Esta versión del bombardeo «ligero» sería recuperada muchos años después por autores franquistas como Brian Crozier (en 1969), Jaime del Burgo Torres (1970), Jesús María Salas Larrazábal (1987) y Ricardo de la Cierva (en 2003). También por Vicente Talón (1987) y Jorge Vilches (2017).[82] Asimismo por César Vidal (en 1999).[83]
  8. Juan Gutiérrez era un pionero en la introducción en España de los peace studies —y de la obra del noruego Johan Galtung— y había fundado en San Sebastián el Foro para el Desarme y la Paz. Ya antes de su nombramiento había llevado a Guernica al monje budista japonés Utsumi para que realizara durante una semana sus «ayunos por la paz», intentando vincular la «matanza» de Guernica con el «holocausto nuclear» de Hiroshima y Nagasaki.
  9. En 2007 se celebró el septuagésimo aniversario del bombardeo con unos actos presididos por el el lehendakari Juan José Ibarretxe y a los que se invitó al premio nobel de la paz Adolfo Pérez Esquivel.[92]

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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