Varrón explica el origen del nombre de las Paliles (Palilia) mediante una etimología simple: el festival recibe su nombre de Pales, la divinidad a la que está dedicado, del mismo modo que las Cerealias toman su nombre de Ceres.[5]
Arnobio menciona a Pales al discutir las diversas teorías paganas sobre quiénes eran los Penates. Arnobio cita la opinión de un autor llamado Cesio, quien identificaba a los Penates con varias divinidades —Fortuna, Ceres, el Genio Jovial y Pales—, pero añade un detalle significativo: según esa interpretación, Pales no sería la diosa femenina conocida por la tradición popular, sino una divinidad masculina, descrita como un ministro o administrador (vilicus) de Júpiter. Arnobio utiliza este ejemplo para mostrar la confusión y contradicción de las doctrinas paganas acerca de la naturaleza de los dioses.[6]
En los Fastos se describe las Parilias, fiestas de Pales celebradas el veintiuno de abril. El poeta invoca a la diosa como nutricia Pales y explica los ritos de purificación que los pastores realizan para proteger a sus rebaños: limpieza del redil, fumigaciones con azufre y hierbas, ofrendas de leche, mijo y pasteles, y plegarias para que la diosa aleje enfermedades, lobos y esterilidad del ganado. En la oración ritual el pastor pide perdón por posibles faltas involuntarias contra lugares sagrados, ninfas o divinidades campestres, reconociendo la presencia de espíritus en bosques, fuentes y praderas. Ovidio añade además el gesto final del ritual: beber leche mezclada con vino cocido y saltar sobre hogueras encendidas, acto purificador que simboliza la protección del rebaño y del pastor. Así, el pasaje presenta a Pales como la patrona y protectora de los pastores, cuyo culto combina purificación, expiación y prosperidad para el mundo rural.[7]
Floro menciona a Pales al narrar el origen de Rómulo y la fundación de Roma. Señala que la ciudad fue fundada el 21 de abril, día de la fiesta pastoral de las Parilia, dedicada a Pales. Con ello subraya que el nacimiento de Roma coincidió con una antigua celebración de pastores, lo que refleja el carácter humilde y rural de los orígenes romanos: antes de convertirse en una potencia militar, Roma surgió en un contexto de vida pastoril protegido simbólicamente por la divinidad de los rebaños y los pastos. Floro también dice que en el 267 a. C. el cónsul Marco Atilio Régulo consagró un templo a Pales, diosa de los pastores, para propiciarse la victoria sobre los salentinos.[8]