Pirrón
figura inspiradora del pirronismo
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Pirrón de Elis (Πύρρων ὁ ῾Ηλείος, Elis, circa 360 a. C. - 270 a. C.)[1] fue un filósofo griego de la Antigüedad clásica reconocido como el primer escéptico griego y figura inspiradora del pirronismo.
| Pirrón | ||
|---|---|---|
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Copia romana de un busto griego, tradicionalmente identificado como Pirrón | ||
| Información personal | ||
| Nacimiento |
c. años 360 a. C. Ilida (Grecia) | |
| Fallecimiento |
c. años 270 a. C. Ilida (Grecia) | |
| Sepultura | Tomb of Pyrron (Eleia) | |
| Educación | ||
| Alumno de | ||
| Información profesional | ||
| Ocupación | Filósofo, pintor y escritor | |
| Área | Escepticismo | |
| Alumnos | Timón el Silógrafo | |
| Movimiento | Pirronismo | |
Biografía
Pirrón nació en Elis, Grecia, posiblemente en el seno de un clan de videntes del templo de Zeus en Olimpia.[2] Antes de dedicarse a la filosofía, se habría formado en pintura bajo la tutela de Apeles.[3] Su primer mentor en filosofía fue Brisón de Acaya, miembro de la escuela megárica. Después, se haría discípulo del democriteo Anaxarco, a quien acompañaría en la campaña de la India de Alejandro de Macedonia. Allí, entró en contacto con los gimnosofistas en la India y con los magos en Persia, aparentemente, causándole una fuerte impresión.[3]
A su regreso de la campaña en Oriente, Pirrón se asentó de nuevo en su tierra natal, Elis. Allí, se forjaría una reputación en el mundo helenístico por su imperturbabilidad. El historiador Diógenes Laercio recoge numerosas anécdotas probablemente espurias que narran la vida sin cuidados y accidentada de Pirrón. No obstante, otros testimonios describen un comportamiento ordinario y austero. Los filósofos que lo trataron directamente quedaban admirados por su indiferencia y discursos; entre ellos, el epicúreo Nausífanes, a quien el propio Epicuro pedía noticias de Pirrón.[4]
Vivió noventa años, según Laercio,[5] y la ciudad de Elis erigió una estatua en su honor.[6]
Pensamiento
Pirrón no escribió nada, salvo un supuesto poema a Alejandro de Macedonia.[7] No obstante, su seguidor más célebre, Timón de Fliunte, prolijo autor tanto en prosa como en verso, puso por escrito sus enseñanzas. No obstante, su obra se ha preservado solo de forma fragmentaria.
Gran parte de los testimonios sobre Pirrón hacen referencia a su actitud vital de impertubalidad (ataraxía) y dominio de las emociones (apatheia). Timón, en sus Silloi, también presenta a su maestro como fuente de calma frente a la confundida soberbia (tuphos) de los demás filósofos.[8]

La fuente que mejor podría elucidar el pensamiento detrás de esta conducta es un pasaje del obispo cristiano Eusebio de Cesarea (s. IV), que cita al peripatético Arsitocles de Mesena, quien, a su vez, cita a Timón:
'Timón dice que quien quiera ser feliz ha de estar atento a estas tres cosas: primero, al modo como son por naturaleza las cosas; segunda, qué actitud debemos adoptar ante ellas; y en fin cuáles serán las consecuencias a los que se comporten así. Él decía que [Pirrón] declaraba que las cosas eran igualmente indiscernibles [adiaphora], inmensurables [astathēmata] e indeterminables [anepikrita]. Por esta razón, ni nuestras sensaciones ni opiniones son verdaderas o mienten. Por tanto, no debemos poner nuestra confianza en ellas, sino presentarnos ante ellas sin opiniones, sin prejuicios, de modo impasible, diciendo acerca de cada una, que no más es que no es o bien que es y no es, o bien ni es ni no es. Quienes en verdad se encuentran en esta disposición, Timón dice que tendrán como resultado primero al silencio [aphasía] y después la imperturbabilidad [ataraxía].'[9]
El debate interpretativo moderno se ha centrado en los términos adiaphora, astathēmata y anepikrita; en concreto, si han de traducirse como 'indiscernibles, inmesurables e indeterminables', o como 'indiferenciadas, sin estabilidad e indeterminadas.' Los partidarios de la primera opción apuestan por una lectura 'epistemológica' que atribuye estos adjetivos a las limitaciones cognitivas del ser humano. Los defensores de la segunda interpretación 'metafísica' identifican estos atributos con 'la naturaleza cosas.' La lectura epistemológica acercaría a Pirrón al pirronismo posterior, mientras que la metafísica haría de él un dogmático bajo los estándares de sus seguidores tardíos.[1]
Por su parte, Aristocles no aprecia una discontinuidad entre el Pirrón de Timón y el pirrónico del siglo I a. C. Enesidemo, criticándolos bajo una postura común.[10] El escéptico tardío Sexto Empírico, fuente principal del pirronismo, tampoco lo clasifica como 'dogmático' y entiende que 'Pirrón se acercó al escepticismo de forma más tangible y expresa que sus predecesores.'[11]
Influencias y legado

Más allá de la posible influencia directa de sus maestros, es complicado determinar las inspiraciones filosóficas de Pirrón.[1] Las más claras podrían ser de Anaxarco y Demócrito.[12]
A raíz de su viaje a la India, se ha especulado que podría haberse familiarizado con el budismo temprano.[13] Sin embargo, esta hipótesis ha sido rebatida y continúa siendo polémica.[1][14]
Además de Timón de Fliunte, Pirrón contó con otros discípulos varios de los que poco sabemos, pero no parece haber formado una escuela.[15] A pesar de los esfuerzos de Timón por dar a conocer las enseñanzas de su maestro, el pirronismo vio escasa continuidad posterior. No fue hasta el siglo I a. C., en Alejandría, que Enesidemo de Cnosos lo trajo de vuelta al panorama filosófico con su obra Argumentos pirrónicos. El pirronismo evolucionó durante los dos siglos siguientes hasta su formulación en la obra de Sexto Empírico, principal fuente de esta corriente.[16]
La obra de Sexto Empírico y, con ella, tanto el pirronismo, como Pirrón caerían en el olvido alrededor del s. IV y durante la Edad Media. En la Modernidad temprana, el pirronismo y el nombre de Pirrón resurgió, resultado de las traducciones al latín de la obra de Sexto.[17] Pensadores como Montaigne, Hume o Hegel fueron influenciados de formas diversas por su legado.