Ptono

la Envidia, personificación de la mitología griega From Wikipedia, the free encyclopedia

En la mitología griega, Ptono (en griego: Φθόνος, Phthónos) era la personificación de la «Envidia». El sustantivo φθόνος, que en griego es masculino, puede traducirse, dependiendo del contexto, como «envidia, celos, malquerer o menosprecio». Curiosamente aparece en algunas vasijas áticas, con alas, a guisa de uno de los amorcillos, acompañando a Afrodita. Es una abstracción similar a Zelo, la rivalidad o emulación. Cicerón nos dice que Invidentia (Envidia) era hija de Erebo y la Noche.[1]

Afrodita sentada de luto, apoyándose en Ptono (en la parte izquierda de la vasija).

Como Ptono

En Calímaco:

«La Envidia habló furtivamente al oído de Apolo: ‘no me gusta el aedo cuyo canto no es como el mar’. Apolo rechazó a la Envidia con el pie y dijo así: ‘Grande es la corriente del río Asirio’, pero arrastra en sus aguas muchos lodos y muchas inmundicias».[2]

En Nono:

«La Envidia, en tanto, mientras observaba el lecho de Zeus que gobierna en lo alto y los esfuerzos de Sémele por el divino alumbramiento, alimentaba su celo por Baco aun cuando él estaba dentro del vientre. Ella, desamorada y presa de sus propias fantasías, se hirió con su propio veneno. Maquinó, entonces, en su astuto corazón un torcido plan. Se revistió de una engañosa forma, semejante a la de Ares, con arneses idénticos a los de este. Además marcó el lomo del escudo de piel bovina con un líquido hecho de una ponzoñosa flor como si fueran manchas de sangre y sumergió sus engañosos dedos en la misma tintura bermellón para teñir sus manos de color rojo sangre como si proveniesen de sus enemigos muertos. Luego produjo un resonante ruido con su garganta, equivalente a la de nueve mil hombres que esparcen con sus horribles bocas una voz capaz de romper las filas enemigas. De este modo impactó a Atenea con palabras que no dejaban ver su pensamiento y excitó más a la cólera a la celosa Hera».[3]

Como Invidentia

Boccaccio, que habla en clave simbólica, nos habla de Invidentia, también llamada Invidia. En latín es un sustantivo femenino. Era hija de Érebo, la obstinación del corazón, y de Nox, la oscuridad de la mente. Poniendo a Tulio y Ovidio como referencias, la describe como distinta de la envidia “común” o parcial, y atribuida a la casa de Érebo y Nox. La diferenciada de la envidia general, pues Invidentia afecta directamente al envidioso, mientras que Invidia también alcanza al objeto de la envidia. Se trata de un malestar o enfermedad interior causada por los éxitos ajenos que no dañan al envidioso, pero que le producen sufrimiento.[4]

La morada de la Envidia está ubicada en valles profundos, y es oscura, fría, cerrada al sol y al viento. Llena de frialdad, neblina y penumbra, sin fuego. En cuanto a su apariencia y hábitos, camina lentamente y con paso torpe. Alimenta su ser con serpientes, símbolo de vicios y resentimientos internos. Nunca ríe, duerme poco y siempre está inquieta por los éxitos ajenos. Los efectos que produce sobre el cuerpo son la palidez, flaqueza, ojos desviados, dientes manchados de óxido, lengua venenosa, pectorales verdes por el bilis. Su sufrimiento se renueva constantemente al observar los logros de otros.[4]

Menciones ulteriores

De acuerdo a Ireneo, los gnósticos creían que el primer ángel y Autadia concibieron a sus hijos, la Perversión (Kakia), la Rivalidad (Zelos), la Envidia (Ptono), la Furia (erinis) y la Lujuria (Epithymia, Epitimia).[5]

Referencias

Enlaces externos

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