Feliciano Purrán
cacique pehuenche chilenófilo
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Feliciano Purrán fue un poderoso toqui pehuenche del siglo XIX.

Principal cacique pehuenche, dominaba un territorio que abarcaba las tierras entre el río Agrio y el Barrancas hasta Añelo. Era aliado de los manzaneros de Valentín Sayhueque. Ubicaba las tolderías de sus caciques vasallos en los pasos cordilleranos para dominar las rutas comerciales.[1] Estaba casado con una hija del cacique arribano Quilapán[2] y era aliado de Calfucurá, estableciendo los tres un eje muy poderoso.[3]
Su apogeo lo vivió en las décadas de 1860 y 1870, reuniendo en sus parlamentos 27 caciques menores, 75 capitanejos y 1600 conas (guerreros). Poseía veinte a treinta mil cabezas de ganado vacuno. Según Julio Argentino Roca, autoridades chilenas le pagaban para ser nominalmente fiel a su gobierno y lanzar malones contra las poblaciones argentinas, robando ganado que después vendía barato en Chile.[1] Sin embargo, el propio Purrán afirmaba disponer de 5000 a 6000 guerreros.[4] Era considerado "chilenófilo" junto a Reuquecurá[5] Por el contrario Valentín Sayhueque era considerado "argentinófilo" y los gobiernos argentinos se esforzaron en empoderarlo en la zona.
Durante la Conquista del Desierto cuando muchos caciques prefirieron rendirse ante la superioridad tecnológica de los argentinos, Purrán decidió permanecer fuera del alcance de los invasores, confiado en que la ley argentina no los autorizaba a cruzar el río Neuquén. Se mantuvo hostil, pero sin enfrentar a sus enemigos en combate abierto.[6] En enero de 1880, el coronel Napoleón Uriburu envió sucesivas partidas hacia el sur desde Chos Malal y creó varios fortines. Varios grupos de chilenos salidos desde Mal Barco, creyendo que la paz estaba asegurada, partieron hacia el sur a buscar sal, pero casi todos fueron muertos por indígenas de origen desconocido. Purrán aseguró a Uriburu que no habían sido de sus hombres, mientras Villegas reforzaba con caballos a Uriburu, a quien encomendaba «dar un escarmiento a ese pillo».[7]
Una expedición formada por varias unidades, al mando del teniente coronel Marcial Nadal, en la que iban también Rufino Ortega y los mayores Manuel Ruibal y Zacarías Taboada. Varias leguas al sur del paso de Huitrín, Ruibal avistó a la tribu de Purrán del otro lado del río, con quien intercambió varios mensajes en tono amistoso. Purrán, desconfiado, aceptó parlamentar en persona con Ruibal cruzando el río, pero puso como condición que el mayor lo esperase solo y enviase al resto de sus tropas de regreso. Sólo cuando los soldados se perdieron de vista, Purrán cruzó el río en una balsa con varios de sus capitanejos, incluido su hermano, y se sentaron en una ronda a conferenciar. Por orden de Ruibal, sus hombres estaban escondidos a corta distancia, esperando con sus armas cargadas la señal convenida por su jefe: en cuanto éste dio la seña, cargaron a tiros y sable sobre los indígenas, que sólo tenían para defenderse sus puñales: de acuerdo con las órdenes de Ruibal, todos fueron asesinados excepto Purrán. Viendo el espectáculo, el resto de la tribu huyó; y varias partidas saquearon en pocas horas las tolderías de los pehuenches de la zona. El mayor Ruibal regresó con su valioso prisionero a Choele Choel, donde por su inmoral acción fue felicitado, premiado y ascendido.[7] Su captura supuso un duro golpe a la resistencia indígena, dificultando la unidad entre las tribus a ambos lados de los Andes.[8]
Purrán fue enviado a la isla Martín García, pero algunos años más tarde logró que un militar lo llevara a Ranquilón a cambio de mostrarle una mina de plata. Huyó a la Araucanía, donde permaneció oculto sin volver a saberse de él.[9]