Eyaculación femenina

estimulo que siente la mujer al llegar a un punto de excitación máximo al momento de tener relaciones sexuales From Wikipedia, the free encyclopedia

La eyaculación femenina se caracteriza como la expulsión de una cantidad variable de fluido desde las glándulas de Skene ubicadas en el extremo inferior de la uretra, durante o antes del orgasmo de la mujer. También se la conoce coloquialmente por la palabra en inglés squirt (lit. «chorrear, salir disparado»), aunque la investigación indica que se trata de fenómenos diferentes. El squirt se atribuye a la expulsión repentina de líquido (en forma de chorro) proveniente en parte de la vejiga y contiene orina.[1][2][3] No obstante, otras investigaciones han señalado que es cuestionable si una distinción formal puede hacerse entre los dos fenómenos y en consecuencia combinan ambos términos.[4]

Culturalmente, el fenómeno ha sido popularizado por la pornografía, llegándose a exagerar y a utilizar complementos para que los vídeos dedicados a este tema tengan más visitas, con el término en inglés, squirt.[5][6][7] La mayoría de mujeres asegura que no la experimenta, su existencia es puesta en duda por los fisiólogos que aseguran que se trata de orina, o de orina mezclada con el fluido de las glándulas de Skene.[8][9]

La eyaculación femenina es asimismo fisiológicamente distinta de la incontinencia urinaria coital, con la que a veces se confunde.[10][11] La incontinencia coital (IC) se refiere la expulsión involuntaria de orina que ocurre durante la penetración o el orgasmo y puede presentarse con una pareja sexual o durante la masturbación.

El clítoris, los labios menores, la apertura de la uretra, las glándulas de Skene, la vagina y la glándula de Bartholin.

Se han realizado pocos estudios sobre la eyaculación femenina.[12] La falta de consenso en la comunidad científica respecto a definiciones y metodologías de investigación comunes ha sido la principal causa de esta escasez de datos experimentales.[12] La investigación se ha visto limitada por la selección sesgada de participantes, estudios de casos muy específicos o muestras muy pequeñas, lo que ha impedido encontrar resultados significativos. Gran parte de la investigación sobre la composición del fluido se centra en determinar si es orina o si solo la contiene.[12][13] Es común que cualquier secreción que sale de la vagina así como el fluido que sale de la uretra durante la actividad sexual sea llamado eyaculación femenina, lo que ha generado una considerable confusión en la literatura científica.[14]

También se ha debatido si el fluido es secretado por las glándulas de Skene a través de la uretra y sus alrededores. Si bien el origen y la naturaleza exactos del fluido siguen siendo controvertidos entre los profesionales médicos y están relacionados con las dudas sobre la existencia del punto G,[15][16] [13] existe evidencia sustancial de que la glándula de Skene es la fuente de la eyaculación femenina.[1][13] Sin embargo, la función de la eyaculación femenina aún no está clara.[13]

Un estudio de 2024 en los Estados Unidos encontró que la prevalencia de la eyaculación femenina y/o squirting (si ambos fenómenos están de hecho vinculados) es de 41%,[17] cifra similar a estudios previos sobre eyaculación femenina en los Estados Unidos y Canadá,[18] y en Egipto.[19] Un estudio en los Estados Unidos de 1984 encontró que el fenómeno es reportado con mayor frecuencia entre mujeres que tienen sexo con mujeres.[20]

Reportes

En encuestas, entre el 35 % y el 50 % de las mujeres afirman haber experimentado alguna vez la expulsión de fluido durante el orgasmo.[20][21][22] Otros estudios arrojan cifras que oscilan entre el 10 % y el 69 %, dependiendo de las definiciones y métodos empleados.[23] [24] Por ejemplo, Kratochvíl (1994) encuestó a 200 mujeres y halló que el 6 % declaró haber eyaculado, un 13 % adicional había tenido alguna experiencia y cerca del 60 % informó haber liberado fluido sin llegar a producir un chorro o borbotón.[25] Los reportes sobre el volumen de fluido expulsado varían considerablemente, desde cantidades imperceptibles para una mujer hasta valores medios de 1 a 5 ml.[26]

La idea de que las mujeres pueden expulsar fluido de su zona genital como parte de la excitación sexual ha sido descrita por la escritora especializada en salud femenina Rebecca Chalker como «una de las cuestiones más debatidas en la sexología moderna».[27] La eyaculación femenina se ha abordado en la literatura anatómica, médica y biológica a lo largo de la historia. Las razones del interés por la eyaculación femenina han sido cuestionadas por escritoras feministas.[28]

En la literatura occidental

La idea de que las mujeres pueden expulsar algún fluido durante el orgasmo puede trazarse a la antigua discusión respecto a cómo ocurre la fecundación. Este proceso no era entendido en la antigüedad. Hipócrates creía que el embrión era producto del semen masculino y un factor femenino. En comparación, Aristóteles creía que la formación de nuevos individuos ocurría a través de la fusión de fluidos masculinos y femeninos. En su Generación de los animales, Aristóteles había concluido que el semen no es un desecho corporal, sino «un residuo de nutrientes útiles», y que, dado que las secreciones corporales producidas por las hembras durante la cópula no tienen un carácter nutritivo similar, el semen debía ser la causa eficiente del embarazo. Asimismo, postuló una diferencia entre fluido generativo (que lleva consigo el potencial de vida), y fluido placentero, que está relacionado con la experiencia de intenso placer del acto y que está más asociado con la emisión de pneuma que los aspectos mecánicos de la eyaculación. Así, el placer y cualesquiera emisiones de fluidos de las mujeres se atribuían solo a la emisión de pneuma y no tenían una función generativa, lo que contradecía la llamadas teorías de «dos simientes» prevalentes entre sus predecesores, incluyendo a Hipócrates, según la cual las mujeres debían experimentar un orgasmo (y por tanto expulsar una suerte de semen) para quedar embarazadas. [29] Las ideas de Aristóteles generaron un intenso debate a lo largo de los siglos, respecto a si solo el semen masculino es necesario para la fecundación o si las mujeres debían expulsar algún fluido a su vez durante el orgasmo.[29] Galeno, por ejemplo, creía que las mujeres producían un tipo de semen más débil (en lo que llamaba los «testículos femeninos», es decir, los ovarios) que se mezclaba con el semen masculino y con sangre menstrual en el útero para producir al embrión.

Siglos XVI al XVIII

En el siglo XVI, el médico neerlandés Levino Lemnio se refirió a cómo la mujer «extrae el semen del hombre y lo mezcla con el suyo».[30] En el siglo XVII, el obstetra francés François Mauriceau describió glándulas en el meato uretral femenino que «vierten grandes cantidades de líquido salino durante el coito, lo que aumenta el placer y la excitación de las mujeres».[31] En este siglo se produjo un mayor conocimiento de la anatomía y la función sexual femenina,[32] en particular gracias al trabajo de la familia Bartholin en Dinamarca.

De Graaf

En el contexto de estos debates, en el siglo XVII el anatomista neerlandés Regnier de Graaf escribió un influyente tratado sobre los órganos reproductivos, titulado «Sobre los órganos generativos de la mujer», obra ampliamente citada en la literatura sobre este tema. De Graaf abordó la controversia original, pero apoyó la perspectiva aristotélica.[33][34] De Graaf identificó la fuente de los fluidos femeninos en las estructuras glandulares y los conductos que rodean la uretra.

[VI:66-7] La uretra está revestida por una fina membrana. En su parte inferior, cerca de la salida del conducto urinario, esta membrana está perforada por grandes conductos, o lacunae, a través de los cuales se descarga ocasionalmente una cantidad considerable de sustancia hipofisaria-serosa.

Entre esta finísima membrana y las fibras carnosas que acabamos de describir, se extiende, a lo largo de todo el conducto de la uretra, una sustancia membranosa blanquecina de aproximadamente un dedo de espesor que rodea completamente el canal uretral... Esta sustancia podría denominarse, con toda propiedad, «próstata» o «cuerpo glandular» femenino... La función de la «próstata» es generar un jugo hipofisario-seroso que, por su sabor acre y salado, aumenta la libido femenina y lubrica sus genitales de forma placentera durante el coito.

[VII:81] La secreción de la próstata femenina produce tanto placer como la de la próstata masculina.

De Graaf identificó [XIII:212] las diversas controversias sobre el eyaculado y su origen, pero afirmó creer que este fluido, «que brota con tal ímpetu durante el combate venéreo o la imaginación libidinosa», provenía de diversas fuentes, como la vagina, el tracto urinario, el cuello uterino y el útero. De Graaf parece identificar los conductos de Skene cuando escribe [XIII:213]: «aquellos [conductos] visibles alrededor del orificio del cuello vaginal y la salida del conducto urinario reciben su fluido de la próstata femenina, o más bien del grueso cuerpo membranoso que rodea el conducto urinario». Sin embargo, no parece distinguir entre la lubricación del perineo durante la excitación y la eyaculación orgásmica cuando se refiere al líquido «que en las mujeres libidinosas suele brotar con tan solo ver un hombre apuesto». Más adelante [XIII:214] se refiere al «líquido que normalmente sale de las partes pudendas en un solo chorro». Sin embargo, su propósito principal era distinguir entre fluido generativo y fluido placentero, en su postura sobre la controversia aristotélica del semen.

En el siglo XIX

El estudio de Richard von Kraft-Ebing sobre la «perversión sexual», Psychopathia Sexualis (1886), describe la eyaculación femenina bajo el epígrafe «Inversión sexual congénita en mujeres» como una perversión relacionada con la neurastenia y la homosexualidad.[35] En sus palabras:

La gratificación intersexual entre [...] mujeres parece reducirse a besos y abrazos, lo cual satisface a aquellas con un instinto sexual débil, pero produce eyaculación en las mujeres sexualmente neurasténicas.

Sigmund Freud también describe la eyaculación femenina en términos patológicos en su estudio de Dora (1905), donde la relaciona con la histeria.[36]

En nuestras mujeres, el orgullo por la conformación de sus genitales es una parte muy especial de su vanidad; y las afecciones de estos, consideradas capaces de inspirar repugnancia o aun asco, operan increíblemente a modo de afrentas: disminuyen el sentimiento de sí, provocan un estado de irritabilidad, susceptibilidad y desconfianza. Se considera que la secreción anormal de la mucosa de la vagina provoca asco. (p. 74)

Sin embargo, escritos de las mujeres de la época la describían en términos más positivos. Así, encontramos a la anarquista y exprostituta estadounidense Almeda Sperry escribiendo a Emma Goldman en 1918 sobre el «chorro rítmico de tus jugos de amor».[37][38] El conocimiento anatómico también se vio impulsado por la descripción que hizo Alexander Skene en 1880 de glándulas parauretrales o periuretrales (glándulas alrededor de la uretra), que se han considerado, en diversas ocasiones, como una de las fuentes de los fluidos del eyaculado, y que ahora se conocen comúnmente como glándulas de Skene.[39]

En los siglos XX y XXI

La eyaculación femenina se menciona como algo normal en «manuales matrimoniales» de principios del siglo XX, como en Het volkomen huwelijk (1926; El matrimonio ideal: su fisiología y técnica) de T. H. van de Velde. Van de Velde parecer estar muy consciente de las diversas experiencias de las mujeres:[40]

Parece que la mayoría de parroquianos cree que durante el orgasmo femenino se expulsa algo con fuerza (ya sea mediante chorro o expulsión), y que esto debería ocurrir normalmente, como en el caso del hombre. Finalmente, es tan cierto que dicha «eyaculación» no se produce en muchas mujeres con funciones sexuales normales como el que sí se produce en otras.

En 1948, Huffman, un ginecólogo estadounidense, publicó sus estudios sobre el tejido prostático femenino junto con una reseña histórica y dibujos detallados. Esto demostró claramente la diferencia entre las glándulas originales identificadas por Skene en el meato urinario y las acumulaciones más proximales de tejido glandular que desembocan directamente en la uretra.[41]

La uretra bien puede compararse con un árbol del que parten numerosas ramas atrofiadas, los conductos y glándulas parauretrales, extendiéndose desde su base.

La mayor parte del interés se había centrado en la sustancia y la estructura, más que en la función de estas glándulas. Una descripción contemporánea más definitiva de la eyaculación femenina apareció poco después, en 1950, con la publicación de un ensayo de Ernst Gräfenberg basado en sus observaciones de mujeres durante el orgasmo.[42]

Siempre se puede demostrar una zona erógena en la pared anterior de la vagina, a lo largo del recorrido de la uretra... análoga a la uretra masculina, la uretra femenina también parece estar rodeada de tejido eréctil... Durante la estimulación sexual, la uretra femenina comienza a dilatarse y se puede palpar fácilmente. Se hincha considerablemente al final del orgasmo... En ocasiones, la producción de fluidos es... profusa... Si se tiene la oportunidad de observar el orgasmo de estas mujeres, se puede apreciar que grandes cantidades de un fluido transparente se expulsan no por la vulva, sino a través de la uretra en chorros. Al principio pensé que el esfínter de la vejiga se había dañado por la intensidad del orgasmo. La expulsión involuntaria de orina se describe en la literatura sexual. En los casos que observamos, el fluido fue examinado y no tenía características urinarias. Me inclino a creer que la «orina» que se menciona durante el orgasmo femenino no es orina, sino secreciones de las glándulas intrauretrales relacionadas con la zona erógena a lo largo de la uretra en la pared vaginal anterior. Además, las secreciones profusas que acompañan al orgasmo no tienen función lubricante; de lo contrario, se producirían al inicio del coito y no en el clímax del orgasmo.

Sin embargo, este artículo tuvo escaso impacto y fue ignorado en las principales obras sexológicas de la época, como las de Alfred Kinsey (1953)[43] y Masters y Johnson (1966),[44] que equiparaban esta «creencia errónea» con la incontinencia urinaria de esfuerzo. Es evidente que Kinsey conocía el fenómeno, comentando que (p. 612):

Las contracciones musculares de la vagina tras el orgasmo pueden expulsar parte de las secreciones genitales y, en algunos casos, expulsarlas con cierta fuerza.

como también lo observaron Masters y Johnson diez años después (pp. 79-80):

La mayoría de las mujeres no eyaculan durante el orgasmo… hemos observado varios casos de mujeres que expulsaron un tipo de fluido que no era orina [énfasis en el original]

pero lo descartaron (p. 135): «La eyaculación femenina es un concepto erróneo pero extendido». Incluso veinte años después, en 1982,[45] reiteraron que era erróneo (pp. 69-70) y resultado de la «incontinencia urinaria de esfuerzo».

El tema no volvió a recibir atención seria hasta la publicación de una revisión de Josephine Lowndes Sevely y J.W. Bennett en 1978.[46] Este último artículo, que traza la historia de las controversias hasta ese momento, y una serie de tres artículos publicados en 1981 por Beverly Whipple y sus colegas en el Journal of Sex Research,[47][48][49] se convirtieron en el centro del debate actual. Whipple se percató del fenómeno al estudiar la incontinencia urinaria, con la que a menudo se confunde.[50] Como señalan Sevely y Bennett, esto «no es un conocimiento nuevo, sino un redescubrimiento de una conciencia perdida que debería contribuir a reformular nuestra perspectiva de la sexualidad femenina». Sin embargo, la teoría propuesta por estos autores fue inmediatamente rechazada por muchos otros, como el fisiólogo Joseph Bohlen,[51] por considerar que no estaba basada en procedimientos científicos rigurosos, o como la psiquiatra Helen Singer Kaplan (1983) quien afirmó:[52]

La eyaculación femenina (como algo diferente de la micción femenina durante el orgasmo) nunca ha sido científicamente comprobada y es, en el mejor de los casos, altamente cuestionable.

Algunas escritoras feministas radicales, como Sheila Jeffreys (1985), también la rechazaron, calificándola de producto de la fantasía masculina:[53]

Existen ejemplos en la literatura sexológica de fantasías sexuales masculinas sobre la sexualidad lésbica. Krafft-Ebing inventó una forma de eyaculación para las mujeres.

Fue necesario el detallado trabajo anatómico de Helen O'Connell a partir de 1998 para dilucidar con mayor precisión las relaciones entre las diferentes estructuras anatómicas implicadas. Como ella misma observa, la uretra perineal femenina se encuentra insertada en la pared vaginal anterior y rodeada de tejido eréctil en todas direcciones, excepto posteriormente, donde se une a la pared vaginal. «La vagina distal, el clítoris y la uretra forman una entidad integrada, cubierta superficialmente por la piel vulvar y sus características epiteliales. Estas partes comparten vascularización e inervación y, durante la estimulación sexual, responden como una unidad».[54][55][56]

En culturas no occidentales

La eyaculación femenina es mencionada en obras antropológicas del siglo XX, como el estudio de Bronisław Malinowski La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia (1929), y el de Thomas Gladwin and Seymour B. Sarason Truk: Man in paradise (1956). Malinowski afirma que, en la lengua de los habitantes de las islas Trobriand, se utiliza una sola palabra para describir la eyaculación tanto masculina como femenina.[57]

Tanto la secreción masculina como la femenina se denominan con el mismo nombre (momona o momola), y se les atribuye el mismo origen en los riñones y la misma función, que no tiene relación con la generación, sino que consiste en lubricar la membrana y aumentar el placer.

Al describir las relaciones sexuales entre los micronesios de Chuuk, Gladwin y Sarason afirman que «El orgasmo femenino suele ser señalado por la micción».[58] Catherine Blackledge[59] (p. 205) ofrece varios ejemplos similares de otras culturas, como los batoro de Uganda, los mojaves, los mangaienses y los ponapeses. (Véase también Chalker 2002, pp. 531-532;[60] Ladas et al. 1983, pp. 74-75[61]).

Históricamente, en Ruanda, la técnica sexual kunyaza tiene fama de provocar la eyaculación femenina (kunyara). Esta antigua práctica sexual se ha practicado durante más de 150 años en África oriental y central. Entre la tribu buganda de Uganda, la práctica sexual se denomina kachabali (lit. «rociar la pared»).[62]

Investigación

Generalidades

Fluidos vaginales tras la eyaculación.

Pocos estudios se han llevado a cabo sobre la eyaculación femenina.[63] Gran parte del problema a la hora de llegar a un consenso tiene que ver con el que no se hayan adoptado definiciones[64][65] ni metodologías investigativas[64] sobre las que exista un acuerdo general. La investigación ha empleado participantes y estudios de caso altamente seleccionados, o números muy pequeños de participantes, lo que dificulta la generalización. Por ejemplo, gran parte de la investigación sobre la naturaleza del fluido se centra en determinar si se trata de orina o si la contiene.[63][64] Rodríguez y cols. afirmaron que «muchas personas se refieren a cualquier fluido expresado desde la vagina o desde la uretra durante el coito como eyaculado femenino, lo que lleva a un significativa confusión en la literatura».[13]

También existen problemas relacionados con la recolección de muestras y el asunto de la contaminación. En tanto el área de intereés son las glándulas parauretrales, es imposible separar por completo las secreciones de la orina, en particular considerando que puede haber eyaculación retrógrada al interior de la uretra hacia la vejiga. La investigación ha intentado usar químicos que son excretados en la urina de manera que se pueda detectar cualquier contaminación urinaria. Dificultades metodológicas adicionales incluyen el hecho de que la composición del fluido parece variar con el ciclo menstrual,[66] y que el perfil bioquímico de los tejidos parauretrales varía con la edad.[67] Otras dificultades se relacionan con la sensibilidad y especificidad de los marcadores escogidos. Los asuntos clave son la fuente del fluido producido, así como su composición.[68]

Además, otro tema de discusión ha sido si el fluido es secretado por las glándulas de Skene a través y alrededor de la uretra. Si bien la fuente y naturaleza exactas del fluido son aún motivo de controversia entre profesionales médicos, y están relacionadas con dudas sobre la existencia del punto G,[69][70][13] hay evidencia sustancial de que las glándulas de Skene son la fuente de la eyaculación femenina.[1][13] Sin embargo, la función de la eyaculación femenina aún no está clara.[13]

Desarrollo

Los primeros experimentos para descubrir el origen y la composición de la eyaculación femenina los realizó el sexólogo Gary Schubach a finales de la década de 1990. Para ello reclutó varias mujeres que decían expulsar gran cantidad de líquido durante el orgasmo, les introdujo un fino catéter por la uretra hasta la vejiga, y les pidió que se masturbaran. Schubach comprobó que en los casos de copiosas cantidades el líquido salía por dentro del catéter, lo que demostraba que era orina, pero también observó que aparecía un fluido de una textura diferente, más turbio. Su origen parecía ser las glándulas parauretrales o de Skene.[71][72]

En una investigación más reciente, que se publicó en 2011 en una revista de medicina sexual (Journal of Sexual Medicine), Emmanuele Jannini y A. Rubio analizaron las expulsiones de una mujer de 43 años. Observaron que el líquido abundante y transparente de la expulsión violenta tipo squirt contenía urea, ácido úrico y creatinina y que, por tanto, era orina proveniente de la vejiga y era «eyaculada» por la relajación del esfínter urinario durante el orgasmo. En cambio, la sustancia más traslúcida y espesa era de composición similar a la que produce la próstata, y ésta es la que según el autor debería llamarse eyaculación femenina (a pesar de que en su artículo no brinda evidencia de que este líquido se libere durante el orgasmo) pero su cantidad es reducida.[9]

La eyaculación femenina y el squirting son dos fenómenos diferentes. Los órganos y los mecanismos que los producen son diferentes. La eyaculación femenina real es la liberación de un líquido blanquecino, espeso y escaso desde la próstata femenina, mientras que el squirting es la expulsión de un líquido diluido desde la vejiga urinaria.[73]

Sin embargo, el hecho de que este estudio haya incluido a una única participante y la posibilidad de que el squirting y la eyaculación femenina ocurran simultáneamente ha creado escepticismo respecto a si realmente se puede hablar de dos fenómenos completamente distintos.[4][74] Se sabe que tanto la eyaculación femenina como el squirting comparten similitudes como el que ocurren en respuesta a diversos estímulos (p. ej., estimulación pene-vaginal, estimulación genital manual, juguetes sexuales), momento en el que ocurren (p. ej., a menudo al final de un encuentro sexual), coincidencia ocasional con el orgasmo, y la posibilidad de proporcionar a las mujeres una sensación de satisfacción y/o placer sexual. A la vez, los dos difieren sustancialmente en términos de volumen de salida de fluido, color, consistencia y sabor u olor del fluido.[75][76][73][77]

Fases de la excitación y orgasmo femenino

Véase también

Bibliografía

Referencias

Enlaces externos

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