Cubierta (construcción)

elemento constructivo que protege la parte superior de un edificio frente a la intemperie From Wikipedia, the free encyclopedia

Una cubierta es, en arquitectura, el elemento constructivo que constituye la parte exterior de la techumbre de un edificio[1] y cumple la función de cerramiento, protegiendo la estructura[2] de los agentes climáticos, a la vez que garantiza su aislamiento acústico y térmico. De manera genérica, se consideran sinónimos para definir el mismo elemento los términos techo, techado y tejado.[1]

Pabellón de la República Española para la Exposición Internacional de París de 1937, de Josep Lluís Sert y Luis Lacasa (réplica en Barcelona de 1992), de estilo racionalista con cubierta plana.

Función

La cubierta de una construcción cumple distintas funciones:

  1. Proteger el interior del edificio de los elementos ambientales exteriores como la lluvia, el viento, el sol, etc.
  2. Evitar que el agua se estanque en la superficie del techo, canalizándola.
  3. Proporcionar aislamiento térmico y acústico.
  4. Aportar un valor estético.

Aislamiento

Algunos materiales usados en cubiertas vegetales como la paja o el brezo, o de origen mineral como la pizarra o la teja de barro cocido, tienen excelentes propiedades de aislamiento por sí mismos. En el caso de emplear materiales poco aislantes, se añaden otros elementos adicionales debajo de la capa exterior, como techos instalados bajo la estructura del tejado. Se pueden utilizar como aislamiento intermedio o directo baldosas de hormigón, láminas de poliestireno extruido o poliestireno expandido, espuma de poliuretano, materiales bituminosos,[3] superficies reflectantes,[4] con alta reflectividad y alta emisividad térmica,[5] u otro tipo materiales eficientes.[3][5][6] Debido a que aproximadamente el 30% de las pérdidas energéticas de los edificios se producen por las cubiertas,[4] y con el propósito de garantizar la eficiencia energética, en algunos países las características de los materiales aislantes se encuentran reguladas por ley.[7][8][9]

Drenaje

Una función básica de la cubierta es impedir la entrada de agua en el interior de la construcción. En general, esto se consigue dotando de inclinación al tejado, la cual dependerá de la zona climática en la que se encuentre la casa. Así, en áreas de poca lluvia los techos serán de pendiente baja, mientras que en áreas de mucha lluvia y nieve serán más inclinados.[9] El agua de lluvia canalizada desde la cubierta puede ser perjudicial para el edificio si este no cuenta con un drenaje adecuado, ya que puede filtrarse a través de las paredes. Por esta razón, es común la disposición de aleros como sistema para proteger las paredes del edificio, a los que se les asocia un sistema de canalones[2] que canaliza las aguas pluviales recogidas por la cubierta a la red general de desagüe.[9]

Palloza gallega con cubierta vegetal de brezo

Tipos de cubierta

De modo general se distingue entre cubierta inclinada y cubierta plana, según su inclinación respecto al plano del suelo.[2] Ambos tipos tienen una gran tradición en la arquitectura.

Las inclinadas se utilizaban más en climas principalmente lluviosos, pues permiten desalojar el agua por simple gravedad, y las planas en climas más secos, donde el problema de la lluvia es episódico y el de nieve casi desconocido; las cubiertas en forma de terraza tienen aprovechamiento o habitabilidad en las noches de las épocas más cálidas, incluso para dormir al aire libre.[10][11]A medida que fueron evolucionando los sistemas de impermeabilización, la cubierta plana se extendió también a climas lluviosos,[12] llegando a convertirse en una de las características de la arquitectura racionalista de primer tercio del siglo XX.

Cubiertas inclinadas

Cada plano que forma una cubierta inclinada se denomina faldón. Las aristas que separan a cada faldón se llaman limas, que pueden ser limahoya (en la parte cóncava), limatesa (en la parte convexa) o lima de quiebro (entre paños con diferente inclinación).[2] La lima superior de coronación se llama cumbrera, caballete o gallur. Los extremos inferiores que sobresalen y se alejan más allá del plano de la fachada para impedir la caída del agua en el edificio, se llaman alero o alar.

Los elementos que pueden aparecer en una cubierta, para iluminar y ventilar el interior se suelen llamar lucernarios. En cubiertas inclinadas tradicionales, pueden recibir los siguientes nombres: la beata, también llamada buharda o buhardilla; el gablete, el lucero, lucernario, lumbrera o claraboya; y la montera. Para describir la forma de las cubiertas inclinadas se suele hacer referencia al número de faldones, a los que -especialmente en este caso- se les llama "aguas", así se habla de cubiertas a un agua, a dos, tres, cuatro o más aguas. En las cubiertas a dos aguas, los cerramientos del edificio hacia los que no vierte el agua, acaban en una forma triangular que se denomina hastial o piñón.[2]


Cubierta plana o aterrazada

Cubierta a un agua

Cubierta a dos aguas

Cubierta a cuatro aguas

Cubierta en pabellón, a cuatro aguas

Cubiertas planas

El mayor problema de las cubiertas planas es que están sometidas a grandes diferencias de temperatura por lo que se deben dividir en "cuarteles", es decir secciones de tamaño no demasiado grande (se suele aceptar que tengan una dimensión máxima de 6 m en cualquier sentido), dejando una junta de dilatación entre ellas. Cada cuartel forma una especie de embudo con los bordes perimetrales horizontales y desde ellos, se forman faldones con poca pendiente hacia el punto de desagüe. En edificaciones pequeñas, se hacen al revés, de forma semejante a las cubiertas inclinadas, desaguando hacia fuera del perímetro de la edificación, pero con menor pendiente. Hay técnicas para evitar tener que hacer estas divisiones tan pequeñas, como la cubierta invertida. En ciertos tipos de cubiertas planas, como la llamada cubierta a la catalana, también se prolonga la cubierta fuera del plano de fachada formando un alero, en general menos saliente que en las cubiertas inclinadas.

Cubierta de pizarra.
Elementos de una cubierta inclinada.
Cubierta moderna en un garaje de Londres.

Materiales

Romanos y griegos las hacían con tejas labradas en materiales pétreos en edificios representativos y con tejas de barro en los demás. Los árabes normalizaron la llamada teja árabe de alfarería, que resolvía con una sola pieza, siempre la misma muy parecida a la cobija romana, todos los problemas de un tejado inclinado: canales, cobijas, limatesas y limahoyas. Las cubiertas planas se hacían también con piezas cerámicas en forma de azulejos, sobre disposiciones constructivas que dejaban resuelto el problema de la dilatación sin afectar a la construcción que protegen. En países de clima especialmente seco, se empleaba (y sigue haciéndose) directamente barro sin cocer, apelmazado, para rematar las cubiertas.[cita requerida]

En zonas más pobres se empleaban como tejas piezas planas de piedra, principalmente de pizarra, para la cubierta. Las cubiertas de piezas planas tienen el grave inconveniente de que, como el agua puede resbalar por capilaridad entre las piezas, se exigen pendientes acusadas de más de un 50 % de inclinación y solapes grandes entre ellas para así evitarlo; por lo tanto el peso unitario (por unidad de superficie) de cubierta suele ser muy grande. Por el contrario, es un material que resiste bien la intemperie (las heladas) y de gran durabilidad.[cita requerida] En las cubiertas planas se protegía la parte superior, sobre las diversas capas que actuaban de impermeabilizante, mediante baldosines de alfarería (llamados en España, baldosín de Ariza o, más pequeño y delgado, baldosín catalán).[cita requerida]

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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