Pueblo tlaxcalteca
cultura mesoamericana
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Los tlaxcaltecas son un grupo étnico de filiación nahua que se desarrolló y consolidó en el valle de Puebla-Tlaxcala, en el actual territorio de la república de México, durante el periodo posclásico mesoamericano (c. 1200-1521 d. C.). Su principal característica era su peculiar organización política, que los distinguió notablemente de sus contemporáneos;[2] en un panorama dominado por monarquías hereditarias y teocráticas, los tlaxcaltecas establecieron una confederación de cuatro señoríos o altépetl autónomos: Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán.[3][4] La entidad conocida como Tlaxcallan, bajo la administración de un consejo colectivo, ha recibido de la investigación moderna la calificación de «república»,[2] un sistema de gobierno poco habitual en la Mesoamérica prehispánica[5] y radicalmente opuesto al modelo mexica.[2][5]
| Tlaxcaltecas | ||
|---|---|---|
|
Guerreros tlaxcaltecas y españoles luchando contra guerreros purépechas. | ||
| Otros nombres | Tlaxkaltekatl (autónimo) | |
| Ubicación | Tlaxcala, Coahuila, Nuevo León, Jalisco, Guatemala | |
| Población | 266 662 | |
| Idioma |
Náhuatl Otomí | |
| Religión |
Politeísmo Catolicismo | |
| Patrono | Virgen María[1] | |
| Etnias relacionadas | Nahuas | |
| Región del Matlalcueye, Valle de Tlaxcala-Puebla, en Tlaxcala, y puntos en el Bajío y el Noreste de México | ||
La trayectoria histórica del pueblo tlaxcalteca está marcada por dos acontecimientos fundamentales que definieron su destino y el de toda la región.[6] El primero fue su resistencia de casi un siglo contra el expansionismo del Imperio mexica, lo que le permitió mantener su independencia a pesar de estar completamente rodeado por territorios hostiles.[6][7][8] El segundo fue la forja de una alianza estratégica con la expedición española liderada por Hernán Cortés en 1519. Esta decisión, motivada por su profunda enemistad con Tenochtitlan, convirtió a los tlaxcaltecas en los aliados indígenas más numerosos y decisivos para los conquistadores, lo cual fue crucial en la caída del Imperio mexica y en las posteriores campañas de expansión del Imperio español.[6][9][10]
Como resultado de esta alianza, la Corona española otorgó a Tlaxcala un estatus privilegiado, único en el Virreinato de Nueva España, que incluía una notable autonomía política, exenciones fiscales y el reconocimiento de su nobleza.[6] Los tlaxcaltecas defendieron ese estatus durante todo el periodo virreinal y en todos sus territorios, con lo que aseguraron la preservación de su identidad y su tierra.[6]
No obstante, este mismo legado ha generado una memoria histórica compleja y a menudo controvertida.[11] Mientras que desde una perspectiva interna son vistos como cofundadores del México colonial y moderno,[12] en la narrativa nacional surgida tras la Independencia, orientada a construir una historia oficial centralista y homogénea, se les ha estigmatizado con frecuencia como «traidores» a la causa indígena.[6][4][13] El análisis de su historia como pueblo originario viene a reflejar, por tanto, la complejidad de las alianzas y decisiones políticas indígenas en el contexto de la conquista y la formación del orden colonial.[6][14]
Historia
Origen y etnogénesis
Etnogénesis y migración

Las crónicas sitúan el origen del pueblo tlaxcalteca como parte de los teochichimecas, uno de los siete linajes nahuatlacas que, según la tradición, emergieron del Chicomóztoc, una mítica zona que significa «el lugar de las siete cuevas».[4] Su etnogénesis se enmarca en un complejo proceso de migración que los llevó desde el norte hacia el altiplano central.[4][9]
Alrededor del año 1290 d. C., este grupo arribó al valle de México y fundó un asentamiento llamado Poyauhtlan, a orillas del lago de Texcoco.[15][4] Sin embargo, su estancia en esta región fue efímera, pues como llevaban una existencia descrita como «primitiva» y vivían en cuevas, pronto entraron en conflicto con otros grupos más establecidos, quienes los obligaron a abandonar el valle.[4][16]
Este exilio forzoso marcó el inicio de una larga peregrinación que los llevó a través de las faldas de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl y por las cercanías de Huexotzinco.[4] Finalmente, su viaje los condujo a la región que hoy conforma el estado de Tlaxcala.[4] Al llegar, encontraron el territorio ocupado por los olmeca-xicalancas, a quienes solicitaron permiso para asentarse,[17] éstos mismos fueron los que les concedieron tierras cerca de un monte llamado Cuatlapanga, donde establecieron su primer enclave.[4][17]
Fundación de Tepeticpac y la confederación

El traslado al cerro de Tepeticpac, cuyo nombre en náhuatl significa «sobre el cerro», fue un paso clave en la consolidación de la comunidad tlaxcalteca.[4][18] Este movimiento no solo implicó un cambio geográfico, sino también el establecimiento de un nuevo centro de poder. Guiados por su dios tutelar, Camaxtli, y bajo el liderazgo de su caudillo Culhuatecuhtli, los teochichimecas-tlaxcaltecas lograron expulsar de la región a los remanentes de los pueblos olmeca-xicalanca y tolteca, lo que les permitió establecer el primer señorío tlaxcalteca.[4]
Con esta victoria militar, se establecieron como los nuevos señores del territorio y fundaron el primer y más antiguo de los cuatro señoríos: Tepeticpac.[4] Con el tiempo, la región en su conjunto adoptó el nombre de Tlaxcallan, que se traduce como «lugar de pan de maíz» o «lugar de tortillas»;[4] sin embargo esta denominación ha sido objetada por considerarse una corrupción fonética y el nombre podría haber sido Texcallac, como aseguró Diego Muñoz Camargo, lo cual significa «despeñadero».[19][20]
A partir de este núcleo original en Tepeticpac, la nación tlaxcalteca comenzó a expandirse, lo que resultó en la formación de los otros tres señoríos que conformarían la confederación.[18] Este proceso, que tuvo lugar aproximadamente entre 1348 y 1384, no fue el resultado de una alianza casual, sino de la división del grupo original, lo que contribuyó a la consolidación de un cuerpo político unificado.[18]
- Ocotelulco (c. 1348): Culhuatecuhtli cedió una parte del territorio a su hermano menor, Teyohualminqui, quien fundó el segundo señorío.[21] Ocotelulco[n. 1][4] creció rápidamente hasta convertirse en el núcleo comercial más importante y el señorío más poblado de la confederación.[22]
- Tizatlán (c. 1365): Su origen está ligado a un conflicto con el señorío de Cholula. Tras un ataque cholulteca que resultó en la muerte del señor de Ocotelulco, un grupo de refugiados huyó y fundó Tizatlán.[n. 2][23] Con el tiempo, este asentamiento se convirtió en un centro político y religioso de gran relevancia y llegó a rivalizar en prosperidad con los otros señoríos.[24][4]
- Quiahuiztlán (c. 1384): El cuarto señorío,[n. 3] lo fundaron un grupo de teochichimecas que llegó al valle y a quienes Culhuatecuhtli había prometido tierras.[4] Este señorío se destacó como un centro de producción artesanal.[4]
Este proceso de consolidación se inscribe en un contexto arqueológico más amplio en el valle de Puebla-Tlaxcala, que evidencia una larga historia de ocupación.[25] La región pasó de tener aldeas agrícolas dispersas durante las fases Tzompantepec (1600-1200 a. C.) y Tlatempa (1200-800 a. C.),[25] a desarrollar centros ceremoniales y urbanos más complejos en las fases Texoloc (800-300 a. C.) y Tezoquipan (400-100 a. C.),[25] lo que sentó las bases para el surgimiento de una entidad política poderosa como la que encontraron los españoles.[25]
Sistema político tlaxcalteca
La característica más distintiva de Tlaxcallan era su sistema de gobierno,[26] una estructura política que la investigación moderna describe a Tlaxcallan como una «república indígena» o un gobierno colectivo (Tlaxkallan Altepeyotl en náhuatl).[2][27] Este modelo representaba una marcada desviación de la norma mesoamericana, que tendía hacia monarquías centralizadas y hereditarias, como la del Imperio mexica.[2][13] El principio fundamental del sistema tlaxcalteca era el poder compartido entre múltiples casas señoriales (tekkalli) y la ausencia de un único gobernante supremo o huey tlatoani.[28][2]
La geopolítica de la región, marcada por un estado de guerra perpetua con un enemigo imperial expansivo, parece haber sido el catalizador para el desarrollo de esta forma de gobierno.[29] Un sistema monárquico podría ser más vulnerable, ya que la muerte o captura de un rey puede desestabilizar todo el estado.[2][29] En contraste, un gobierno colectivo como el de Tlaxcala, con un consejo y liderazgo militar rotativo, permitió una mayor continuidad y flexibilidad en la gestión política, lo que fue clave para enfrentar diversas amenazas.[2][29]
Confederación de los cuatro señoríos
«El orden (…) que la gente de ella tiene de gobernarse es casi como las señorías de Venecia y Génova o Pisa, porque no hay señor general de todos. Hay muchos señores, y todos residen en esta ciudad y los pueblos de la tierra son labradores y son vasallos de estos señores, y cada uno tiene su tierra por sí…»[30] —Hernán Cortés, segunda carta de relación |
La estructura política de Tlaxcallan se basaba en una confederación de sus cuatro cabeceras: Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán.[31] Cada uno de estos altépetl gozaba de autonomía para gestionar sus asuntos internos, pero actuaban de manera unificada en cuestiones de estado, especialmente en política exterior, diplomacia y guerra. La confederación más que una simple alianza, era un cuerpo político con una clara especialización funcional entre sus miembros:
- Tepeticpac: Como el señorío original y ubicado en una posición elevada y fortificada, funcionaba como la principal fortaleza militar y se especializaba en asuntos de defensa y relaciones exteriores.[32]
- Ocotelulco: Era el señorío donde había más poder económico de la confederación,[32] debido a que albergaba el gran mercado (tianguis), el más grande y concurrido, además era el señorío más poblado.[33][34]
- Tizatlán: Se consolidó como el corazón político y religioso de Tlaxcallan,[32] debido a que en él se encontraban importantes templos y los palacios donde se reunían los consejos para deliberar sobre asuntos de guerra y gobierno.[23]
- Quiahuiztlán: Se destacó como un importante centro para artesanos y su producción.[32]

Estructura de gobierno
En lugar de que el poder en Tlaxcallan residiera en un solo individuo,lo hacía en una serie de consejos e instituciones colegiadas.
- Consejo de los Cuatro Señores (Nawtetekwtin): Este era el órgano supremo de gobierno, compuesto por el tekwtli o señor gobernante de cada una de las cuatro cabeceras. Las decisiones de mayor trascendencia, como declarar la guerra o firmar la paz, requerían el consenso unánime de sus miembros.[7] En el momento del contacto con los españoles en 1519, este consejo estaba integrado por Tlahuexolotzin de Tepeticpac, Maxixcatzin de Ocotelulco, Xicohténcatl «el Viejo» de Tizatlán y Citlalpopocatzin de Quiahuiztlán.[7] Las fuentes sugieren que este consejo podía tener entre 50 y 200 miembros,[26] quienes asesoraban a los señores principales y participaban en las decisiones de gobierno.[35][36][37]
- Senado (Tlahtoanimeh): Además del consejo de los cuatro señores, existía un cuerpo deliberativo más amplio, a menudo referido como un senado, compuesto por un gran número de nobles y oficiales (tlahtoanimeh).[29][38] Más que equitativa, la representación en este senado respondía a la importancia y población de cada señorío: Ocotelulco contaba con 200 senadores, Tizatlán con 150, Quiahuiztlán con 100 y Tepeticpac con 50.[39]
Liderazgo meritocrático y estratificación social
El acceso a los puestos de poder en Tlaxcallan no dependía únicamente del linaje, sino que tenía un componente meritocrático, especialmente vinculado al valor y éxito en la guerra.[38][27] Un guerrero común (macehualli) podía ascender a la clase noble (pilli) y eventualmente aspirar a un puesto en el gobierno a través de hazañas militares.[39] Este sistema fomentaba la excelencia militar en la sociedad y resultó en la creación de una clase guerrera amplia, esencial para la defensa del estado.[38][40]
Las fuentes describen un ritual de iniciación pública para aquellos que aspiraban a convertirse en miembros del senado.[39][40] Los candidatos, tras demostrar su valía como soldados, debían presentarse desnudos en una plaza pública, donde la multitud los insultaba y golpeaba.[38][40][41] Esta prueba de resistencia y humildad servía para filtrar a individuos cuya lealtad estaba con el bien común y el estado por encima de su orgullo personal, promoviendo una ideología cívica vinculada a la comunidad y el orden.[42][40][41]
La sociedad tlaxcalteca estaba estratificada, pero permitía una movilidad social considerable.[42][41] En la cúspide se encontraban los tetekwtin (los cuatro señores gobernantes) y los tlahtoanimeh (senadores y nobles menores).[26][38][5] A continuación, se situaban los pipiltin (la nobleza en general), los pochteca (comerciantes de larga distancia), los sacerdotes y diversas categorías de guerreros profesionales y artesanos especializados.[7][5] La base de la pirámide social estaba compuesta por los masewaltin (campesinos libres) y los tlakohtin, que eran una clase de sirvientes no hereditarios.[7][5] La unidad socioeconómica fundamental era el tekkalli o casa señorial, una entidad corporativa que controlaba tierras y la mano de obra de los comunes adscritos a ella.[7][26][40]
Evidencia arqueológica de un Estado colectivo
Investigaciones arqueológicas recientes, encabezadas por académicos como Lane Fargher, han proporcionado evidencia física que respalda el modelo de un estado colectivo y descentralizado.[43][44] El patrón de asentamiento de Tlaxcallan difiere radicalmente de las capitales monárquicas como Tenochtitlan.[43] En lugar de un único y monumental centro ceremonial dominado por un gran palacio y un templo principal, Tlaxcallan se presentó como un extenso y continuo espacio urbano que integró varios centros más pequeños, lo que reflejaba su estructura política policéntrica.[2][38][44]
Además, la arquitectura residencial muestra diferencias relativamente menores en tamaño y lujo entre las viviendas de la élite y las de los plebeyos.[41][2] Esto sugiere una ideología igualitaria y una política económica que priorizaba el bienestar colectivo, donde el excedente del estado se invertía en bienes comunes, como las murallas defensivas, en lugar de en la construcción de palacios suntuosos para un solo gobernante.[41] La forma física de la ciudad refleja la función política de un estado gobernado por un consejo, que invertía sus recursos en la seguridad y la infraestructura colectivas.[38]
| Señorío (Cabecera) | Significado del nombre en náhuatl | Función principal | Señor gobernante | Nombre cristiano |
|---|---|---|---|---|
| Tepeticpac | «Sobre el cerro» | Fortaleza militar / Asuntos exteriores | Tlahuexolotzin | Vicente |
| Ocotelulco | «En el lugar de las bolitas de ocote» | Centro económico / Comercial | Maxixcatzin | Lorenzo |
| Tizatlán | «Lugar de tiza o tierra blanca» | Centro político / Religioso | Xicohténcatl «el Viejo» | Gonzalo |
| Quiahuiztlán | «Lugar de la Lluvia» | Centro artesanal | Citlalpopocatzin | Bartolomé |
Economía prehispánica
La economía de Tlaxcallan, al igual que la de la mayoría de las sociedades mesoamericanas, se sustentaba en una base fundamentalmente agraria. Sus campos producían los cultivos esenciales de la región: maíz, frijol, calabaza, tomate y maguey.[5] El maguey era especialmente versátil y vital, ya que de él se obtenía aguamiel, un edulcorante natural; pulque, una bebida fermentada de gran importancia social y ritual;[46] y fibras para la elaboración de textiles y otros enseres.[47][48] La fauna doméstica era limitada y consistía principalmente en guajolotes (pavos)[46] y en una raza de perro sin pelo, el xoloitzcuintli.[46]
Bloqueo económico mexica
Durante más de sesenta años antes de la llegada de los españoles, fuentes etnohistóricas describen que la economía tlaxcalteca sufrió un embargo comercial impuesto por la Triple Alianza mexica, lo que restringió el acceso de Tlaxcala a bienes como sal, algodón, plumas, cacao y otros productos de lujo.[30][49][50][51][52] Este cerco económico se acompañó de hostigamientos militares recurrentes, lo que, según la tradición tlaxcalteca registrada por Muñoz Camargo, implicaba un «cerco y guerra» prolongada.[53][54] Sin embargo, investigaciones arqueológicas recientes cuestionan la efectividad real de ese embargo como mecanismo para aislar completamente a Tlaxcala: los datos sobre obsidiana sugieren que los tlaxcaltecas mantuvieron conexiones comerciales regionales al menos parcialmente activas.[50]
Adaptaciones
Durante el Posclásico tardío, la sociedad de Tlaxcallan desarrolló una economía agraria adaptada a su entorno: se explotaron intensivamente los humedales de la antigua «Antigua Ciénega de Tlaxcala» mediante técnicas hidráulicas para la producción de alimentos a gran escala.[55] Este sistema —identificado en estudios recientes como «milpas de guerra»— implicaba el uso de suelos pantanosos (gleysoles, fluvisoles) mediante campos elevados o drenados, aprovechando su humedad natural para cultivar maíz y posiblemente otros granos, con rendimientos significativamente mayores que la agricultura de temporal.[56][55] Los cálculos del estudio muestran que, si toda el área apta hubiera sido cultivada, la producción anual de maíz pudo abastecer a entre ~250 000 y ~388 000 personas en los gleysoles, lo que sugiere que la agricultura hídrica fue una base económica clave para las instituciones de Tlaxcallan.[55]
En paralelo, como parte de sus estrategias de subsistencia, las poblaciones nahuas empleaban sales minerales como tequesquite —sal natural de lagunas o cuencas alcalinas— como alternativa a la sal marina.[57][58] Estudios modernos demuestran que el tequesquite fue un recurso ancestral usado para sazonar alimentos desde épocas prehispánicas.[59][60] Hasta 2025, subsisten relatos de comunidades que extraen tequesquite en los municipios de El Carmen Tequexquitla y Nopalucan, lo que refuerza la continuidad histórica de esta práctica en zonas sin acceso a costa.[61]
Por su parte, la distinción entre agricultura estatal/institucional (húmeda) y agricultura doméstica o de temporal, documentada para el Postclásico en el centro de México, sugiere un orden socioeconómico en el que ciertos recursos eran gestionados de forma colectiva por grupos políticos o élites locales.[62] Para garantizar la seguridad alimentaria en un territorio limitado y sostener su formidable aparato militar, los tlaxcaltecas implementaron un sofisticado sistema de agricultura intensiva en los humedales y ciénagas de la región.[55]
Comercio y mercados

Tlaxcala desarrolló una notable actividad mercantil.[63] El gran tianguis de Ocotelulco era el corazón comercial de la confederación, un centro de intercambio que, según las crónicas, podía congregar hasta 30 000 personas diariamente, con una oferta comercial que incluía vestido, calzado, metales preciosos, artículos de lujo, herbolaria alimenticia y medicinal, alfarería, peluquerías, baños públicos, entre otros.[30][64][65] Se exportaban materias primas como el maíz y la grana cochinilla, este último de alto valor tanto en Mesoamérica como en los mercados europeos a partir de la conquista. Hay evidencia de que importaban desde regiones lejanas productos como la obsidiana.[63][66][46]
La figura del Tiankistlahtoatsin o «señor del mercado» en Ocotelulco, adscrito a la casa señorial principal, evidencia la importancia y la organización del comercio.[22][63]
Relaciones con el Imperio mexica
El enfrentamiento entre Tlaxcallan y la Triple Alianza —encabezada por los mexicas— representó una tensión recurrente en el Altiplano Central durante el Posclásico Tardío.[67][35] Según algunas fuentes, este conflicto no se limitó a episodios aislados; las crónicas etnohistóricas describen una situación de hostilidad sostenida, en la que la Triple Alianza habría intentado minar la capacidad política y económica de Tlaxcallan.[50][68] Pese a ello, investigaciones arqueológicas recientes cuestionan la idea de que Tlaxcallan estuviera completamente aislada como resultado de imposiciones externas: un estudio sobre el comercio de obsidiana en la región Puebla-Tlaxcala concluye que los patrones de intercambio con fuentes externas no varían significativamente durante el periodo de influencia mexica —lo que sugiere que, de haber existido medidas de interrupción comercial, su eficacia fue limitada.[50] Asimismo, la estructura política del pueblo tlaxcalteca mostró particularidades: según uno de los estudios, este señorío persistió como una entidad autónoma, incluso rodeado por dominios de la Triple Alianza, lo cual plantea interrogantes sobre cuán efectivo fue cualquier intento de absorción por parte de los mexicas.[67][69]
Debate sobre las guerras floridas
La interpretación histórica de este conflicto prolongado presenta un debate académico en torno al concepto de las guerras floridas o xochiyaoyotl.[70] Algunas fuentes coloniales, en particular aquellas con una perspectiva favorable a los mexicas o texcocanos —como los escritos de Ixtlilxóchitl—, describen estas guerras como combates ritualizados y preacordados.[70] Según esta visión, el objetivo principal no era la conquista territorial, sino la captura de prisioneros de alto rango para el sacrificio religioso, una práctica que consideraban necesaria para sustentar a sus deidades, como Huitzilopochtli.[70][71] Esta interpretación sostiene que los mexicas mantenían a Tlaxcala como una entidad independiente de manera deliberada, para funcionar como una reserva de cautivos para sus rituales.[67][72]
Frente a esta perspectiva, otra línea de interpretación considera que las guerras floridas constituían conflictos bélicos genuinos de conquista y desgaste, donde el componente ritual era una característica cultural compartida en las guerras de Mesoamérica y no un elemento exclusivo.[70] Los partidarios de esta visión señalan que las crónicas detallan batallas con un alto número de bajas y gran brutalidad, lo que excede el marco de una captura ritual limitada.[69] Argumentan además que Tlaxcala representaba una amenaza política constante para la Triple Alianza, ya que alentaba rebeliones en las provincias bajo dominio mexica.[70] Las fuentes tlaxcaltecas, como las de Muñoz Camargo, no mencionan un pacto de guerra ritual, sino que enfatizan una lucha por la supervivencia frente al expansionismo mexica.[70] El hecho de que los mexicas sometieran a otros señoríos participantes como Huexotzinco y Cholula también cuestiona la idea de una exención especial para Tlaxcala.[69]
Algunos autores proponen que la persistencia del concepto de las guerras floridas como un acuerdo ritual pudo surgir como una narrativa mexica post facto.[67] Según esta hipótesis, la existencia de un enclave independiente y hostil en el corazón de su esfera de influencia podía percibirse como un fracaso militar para una élite cuya identidad se fundamentaba en una expansión imparable.[35] Al redefinir el conflicto como una elección religiosa, la élite mexica pudo intentar preservar su imagen de poder y minimizar la agencia política de Tlaxcala.[69]
Paridad militar y fortaleza tlaxcalteca

Lejos de ser una víctima pasiva, Tlaxcala fue un actor militar destacado, capaz de enfrentar al Imperio mexica en igualdad de condiciones. Las fuentes históricas documentan victorias tlaxcaltecas, como la ocurrida en 1504 durante el reinado de Moctezuma II, que resultó en una derrota para las fuerzas de la Triple Alianza.[73][68] Los guerreros tlaxcaltecas eran conocidos en Mesoamérica por su destreza en el uso del arco y la flecha, así como en el makkwawitl, la espada de madera con filos de obsidiana.[74][18]
A comienzos del siglo XVI la confederación mexica incorporó a la gran mayoría de los pueblos otomíes, con excepción de una minoría que se acogieron a la república de Tlaxcala (conocidos como «otomíes de Tlaxcala»), estableciéndose en las zonas montañosas. Se incorporaron al ejército y se les encomendó la defensa de las fronteras.[51][75]
Entre 1520 y 1521, a estas dos naciones enfrentadas a la Triple Alianza se fueron sumando otras, como Cempoala, Tlaxcala, Huejotzingo, Cholula y Chalco; y sobre los últimos meses otras más, como Xochimilco, Churubusco, Mexicaltzingo, Mixquic, Cuitláhuac, Iztapalapa y Coyoacán; conformando una coalición que el historiador Enrique Semo denominó «la alianza antimexica».[69][76][77]
Encuentro hispano-tlaxcalteca

La llegada de la expedición española liderada por Hernán Cortés en septiembre de 1519 marcó un punto de inflexión en la historia tlaxcalteca. La relación entre ambos pueblos se desarrolló inicialmente a través de enfrentamientos militares, seguidos de negociaciones que culminaron en una alianza político-militar que resultaría determinante para el desarrollo posterior de la conquista de México.[78][79] Cuando las fuerzas españolas, acompañadas por aliados totonacas, llegaron a la frontera de Tlaxcallan, el senado tlaxcalteca decidió responder militarmente.[80] Las crónicas registran que los españoles solicitaron permiso de paso pacífico, pero las autoridades tlaxcaltecas, sospechando posibles vínculos con el Imperio mexica, optaron por enfrentarlos.[81]
Se desarrolló una serie de enfrentamientos comandados por el general tlaxcalteca Xicohténcatl Axayacatzin («el Joven»), en los que participaron, según las fuentes, entre decenas de miles de guerreros tlaxcaltecas.[82][83] Los combates se caracterizaron por el contraste entre las tecnologías militares y concepciones bélicas de ambas culturas: los españoles empleaban armas de fuego, ballestas, armaduras de acero y caballería, mientras que los tlaxcaltecas superaban ampliamente en número y conocían el terreno.[84][85] Las batallas principales ocurrieron cerca de Tecoac y Tzompantepec. Las fuentes españolas registran también ataques a poblaciones durante este periodo.[86] Los enfrentamientos generaron un debate intenso en el gobierno colectivo tlaxcalteca entre dos posiciones: continuar la resistencia militar o negociar una alianza. La facción liderada por Xicohténcatl el Joven abogaba por mantener la independencia frente a cualquier potencia externa, mientras que señores como Maxixcatzin y Xicohténcatl «el Viejo» consideraban que una alianza con los españoles podría resultar ventajosa frente al Imperio mexica.[87][88]
El 23 de septiembre de 1519, los señores tlaxcaltecas se presentaron ante Cortés para formalizar un acuerdo.[89] El pacto incluía el reconocimiento de la autoridad del rey de España, la aceptación del cristianismo, y la entrega de hijos de nobles como garantía del cumplimiento.[90][91][92] A cambio, se establecieron privilegios especiales para Tlaxcala que incluían autonomía en su gobierno interno y exención de ciertos tributos.[93] Esta alianza resultó estratégicamente significativa para la campaña española. Los tlaxcaltecas proporcionaron fuerzas militares, suministros logísticos y refugio tras la retirada española de Tenochtitlan en la Noche Triste. Su participación fue determinante en el asedio final de la capital mexica y en posteriores expediciones de conquista.[94][95][96]
La caracterización de estos eventos ha sido objeto de debate académico. Diversos historiadores enfatizan diferentes aspectos del proceso. Algunos autores subrayan las derrotas militares tlaxcaltecas y consideran que la alianza se estableció en condiciones de sometimiento previo, empleando términos como «conquista» para describir esta fase inicial.[78][97][98] Otros estudiosos enfatizan el carácter negociado del pacto resultante, la preservación de autonomía política tlaxcalteca durante el período colonial, y su participación activa como conquistadores aliados en otras regiones, prefiriendo caracterizar el proceso como una «alianza estratégica» entre entidades políticas.[99][100][101] Charles Gibson señala que «si los tlaxcaltecas hubieran podido derrotar a los españoles en combate, esa alianza no habría existido», sugiriendo que ambos elementos —presión militar y cálculo político— fueron determinantes.[78]
Lienzo de Tlaxcala
La perspectiva tlaxcalteca de estos eventos quedó plasmada de forma monumental en el Lienzo de Tlaxcala, un extenso códice pictográfico elaborado a mediados del siglo XVI.[102] Este documento junto con ser una crónica histórica neutral, es una obra de carácter político y legal, diseñada con un propósito muy específico: servir como prueba ante la Corona española de su papel indispensable en la conquista.[103] Su objetivo era justificar y asegurar el cumplimiento de las promesas de privilegios, como la autonomía y la exención de impuestos, que les habían sido otorgadas.[102]
La iconografía del lienzo presenta una narrativa en la que los guerreros tlaxcaltecas aparecen luchando junto a los españoles, en ocasiones en mayor número y en posiciones destacadas.[104] Los señores tlaxcaltecas son representados negociando con Cortés como iguales, y figuras como Malintzin son destacadas como mediadoras clave.[96] Algunos estudios señalan que el lienzo resalta la participación de Tlaxcala y minimiza la de otros aliados indígenas de Cortés, como los totonacas, huexotzincas y texcocanos. De este modo, construye una narrativa que posiciona a Tlaxcala como el socio principal de la victoria española.[104]
Conquistadores tlaxcaltecas: expansión y privilegios en el virreinato
La alianza tlaxcalteca con Hernán Cortés no concluyó tras la caída de Tenochtitlan en 1521, sino que consolidó un vínculo político-militar de largo alcance. Desde muy pronto los tlaxcaltecas se consideraron «conquistadores» junto a los españoles, no meros auxiliarios: en el Lienzo de Tlaxcala ellos mismos documentaron sus servicios, su lealtad y los privilegios concedidos por Carlos V, como el título de «Leal Ciudad» y un escudo de armas propios.[105]
Estatus privilegiado: república de indios

En recompensa por su lealtad y su decisiva contribución militar, la Corona española otorgó a la provincia de Tlaxcala un estatus legal sin igual en la Nueva España. Fue constituida como una «república de indios»,[106] lo que le garantizaba un alto grado de autonomía política.[106][107] Conservaron su propio gobierno indígena, el Cabildo, que era una continuación de su senado prehispánico, y recibieron el privilegio más codiciado: la exención perpetua del pago de tributos y de la alcabala.[108] Además, los nobles tlaxcaltecas fueron reconocidos dentro del rango de hidalgos de la nobleza castellana,[108] con derecho a usar el título de «Don»,[109] portar armas españolas como espadas y arcabuces, y montar a caballo, prerrogativas normalmente prohibidas para la población indígena.[110][108]
Capitulaciones de 1591

A finales del siglo XVI, cuando la expansión española hacia el norte se vio frenada por la feroz resistencia de los pueblos seminómadas conocidos genéricamente como chichimecas, el virreinato recurrió una vez más a sus probados aliados.[111][112][49] Las Capitulaciones de 1591, firmadas por el virrey Luis de Velasco II, no fueron tanto una orden como un contrato negociado entre dos entidades políticas.[113] En ellas se acordó el traslado de 400 familias tlaxcaltecas para establecer colonias en la frontera norte.[110][114] Estos acuerdos reafirmaron y extendieron sus privilegios a los nuevos territorios.[110]
Se les garantizó la propiedad de tierras, la exención de impuestos y servicios personales, y una estricta separación jurídica y física de los asentamientos españoles.[110] Su misión era actuar como «indios madrineros»,[115] es decir, como un modelo de vida civilizada para los pueblos chichimecas,[115] a los que debían enseñar la agricultura sedentaria, la doctrina cristiana y las formas de organización social hispanas e indianas. De este modo, se convertirían en una cuña de pacificación y aculturación en una región hostil.[115][116]
| Categoría de privilegio | Términos específicos otorgados | Fuente (s) |
|---|---|---|
| Estatus y nobleza | Estatus perpetuo de hidalgos para los colonos y sus descendientes. Derecho a usar el título de «Don». | [115][116] |
| Exención fiscal | Exención perpetua de toda forma de tributo, impuesto a las ventas (alcabala) y pechos. | [110] |
| Exención laboral | Exención perpetua de servicios personales y de reclutamientos para trabajos forzados. | [113] |
| Derechos militares | Derecho para los principales y sus descendientes a poseer y portar armas españolas (espadas, armas de fuego) y a montar caballos ensillados. | [110] |
| Tierra y propiedad | Concesiones garantizadas de tierras, pastos y derechos de agua. | [116] |
| Autonomía política | Derecho a establecer sus propios pueblos autónomos con sus propios cabildos, de liderazgo indígena y separados de la jurisdicción española. | [115][113] |

Algunas de las misiones y pueblos que fundaron los tlaxcaltecas en el actual territorio del estado de Nuevo León fueron San Miguel de Aguayo (hoy Bustamante),[117] Nueva Tlaxcala de Nuestra Señora de Guadalupe de Horcasistas (hoy Guadalupe),[118] Santiago de las Sabinas (hoy Sabinas Hidalgo) y muchas otras.[119] Agustín de la Cruz, fundador del primero, es reconocido como uno de los colonizadores tlaxcaltecas más influyentes del noreste mexicano.[120]
En el estado de Coahuila[121] fundaron la ciudad de San Esteban de Nueva Tlaxcala, hoy parte de Saltillo.[122][123] También en Coahuila, desde su fundación, Santa María de las Parras (hoy Parras de la Fuente) fue gobernada por autoridades indígenas, donde también convivían con una minoría de españoles. Asimismo, solamente los tlaxcaltecas podían votar y ser votados en la elección de rector y diputado, que eran las autoridades máximas.[124]
Asimismo, participaron miles en la conquista de la Huasteca[125] y la colonización del norte del Nuevo Reino de León, cuya presencia en el último ayudó a integrar grupos de indígenas coahuiltecos, principalmente alazapas, a la sociedad virreinal.[126] Ejemplo de ello fue el involucramiento de algunos de ellos en un homenaje hecho en honor al fallecimiento de Felipe V en San Miguel de Aguayo y que, para 1775, algunos alazapas ya tenían permitido montar a caballo y portar armas.[127]
Centroamérica

Entre los años 1524 y 1527, Pedro de Alvarado (esposo de Tecuelhuetzin Xicohténcatl),[128] junto con un gran número de tlaxcaltecas en sus filas, conquistó los señoríos mayas de Guatemala y a los cuzcatlecos de El Salvador.[129] En buena parte debido a la colonización tlaxcalteca,[130] hoy muchas ciudades desde Guatemala hasta Nicaragua tienen topónimos de origen náhuatl.[131]
A partir de la conquista, se estableció un sistema donde los tlaxcaltecas y sus descendientes gozaron de grandes privilegios durante siglos, se les otorgaron títulos de armas, usaban armas de fuego y caballos, y no pagaban impuestos. En el siglo XVII, comenzaron a denominarse «tlaxcaltecas de Ciudad Vieja» o «mexicanos de Ciudad Vieja», y todavía durante el siglo XIX se siguió reconociendo la presencia tlaxcalteca en Guatemala.[132][133]
Estados Unidos
En la fundación de las ciudades de Santa Fe,[134] Albuquerque, Las Cruces, San Antonio y San Andrés de Nava, los colonizadores tlaxcaltecas acompañaron a los españoles y ayudaron a poblar y a frenar las revueltas de los indígenas de Nuevo México y Texas.[135][136] En Santa Fe, fundaron y poblaron el barrio de Analco,[137][138] así como en Albuquerque, el barrio de Atrisco.[139] En ambos, junto con los españoles sufrieron la rebelión de los indios pueblo.[140] Después de la rebelión, la mayoría se estableció en El Paso.[141] Otra localidad neomexicana, Nueva Tlaxcala (hoy Taos),[142] fue nombrada así en honor a los colonizadores.[143]
Hubo también en la expedición del conquistador Juan de Oñate (yerno de Leonor Cortés Moctezuma).[144] Se sabe que eran mineros en el Monte Chalchihuitl (al que le pusieron este nombre náhuatl), en la localidad de Los Cerrillos,[145] pues, aunque los españoles no le dieron importancia al mineral que abunda allí (la turquesa), los tlaxcaltecas la apreciaban por encima de cualquier otra piedra.[146]
Islas Filipinas
Los Tlaxcaltecas acompañaron a Miguel López de Legazpi[147] en la conquista de las Islas Filipinas, donde parte de la tripulación era tlaxcalteca.[148] Allí se asentaron y se mezclaron con la sociedad indígena tagala.[149] También participaron en exploraciones en islas del Pacífico,[150] además de sumarse, junto a otros novohispanos, a las guerras de la región al lado de los españoles.[151]
Un ejemplo notable es su papel en los combates de Cagayán de 1582, donde guerreros tlaxcaltecas, entre otros soldados novohispanos, equipados con armamento español y sus propias tácticas, combatieron con éxito contra piratas asiáticos, principalmente wakō, y aseguraron el control español del norte de Filipinas.[152] El legado de los tlaxcaltecas y, en general, de los pueblos nahuas en el archipiélago se puede notar en muchos aspectos, desde su gastronomía (principalmente los tamales)[153] hasta influencias en sus idiomas más hablados,[149] como el filipino y el cebuano,[154] los cuales hoy en día contienen un gran número de palabras provenientes del náhuatl.[155][156]
Sudamérica
La expedición de Pedro de Alvarado al Perú partió de Guatemala a principios de 1534.[157] Según una tradición difundida en algunas crónicas coloniales posteriores y recogida por diversos autores, dicha fuerza habría incluido un importante contingente tlaxcalteca, atraído por el matrimonio de Alvarado con Tecuelhuetzin Xicohténcatl (bautizada como doña Luisa Xicohténcatl).[158][157][159]
Se afirma que, de los aproximadamente cuatro mil hombres que partieron, la mitad —unos dos mil— serían indígenas de Guatemala y Tlaxcala, y que, tras cruzar la costa de lo que hoy es Ecuador y avanzar hacia el sur, unos setecientos cincuenta tlaxcaltecas se quedaron en el nuevo territorio, de los cuales cerca de doscientos habrían intervenido en la fundación de Lima y el resto en la reorganización de la plaza de Cuzco.[158][157][159] Se tiene conocimiento de un gran número de personas que en el siglo XVI ya tenían en Cuzco el apellido «mexicano», por lo que eran originarios de la región llamada Reino de México.[160][161]
Sin embargo, las fuentes españolas manuscritas del siglo XVI no registran la presencia explícita de guerreros tlaxcaltecas en la expedición de Alvarado. Ni Pedro Cieza de León en su Crónica del Perú, ni Pedro Pizarro en sus Relaciones hacen mención de acompañantes indígenas mesoamericanos en las campañas contra el imperio inca.[162]
Don Diego de Almagro, con algunos españoles, fué a Quito porque tubo nueua que don Pedro de Alvarado auía desembarcado en Puerto Viejo con quinientos hombres que pasó de Guatimala, y que yba atravesando las / montañas desde Puerto Viexo hazia Quito, como fué así. En este Quito estaua [Sebastián de] Benalcáçar, con alguna xente que auía recogido por mandado del Marqués, de Tangaralá, que auía benido de Nicaragua después que se auía poblado.[162]
De igual modo, los registros de las fundaciones de Lima (1535) y de la refundación de Cuzco no contienen referencias directas a pobladores originarios de la región del México central, lo que sugiere que la participación tlaxcalteca permanece en el ámbito de la tradición y la hipótesis historiográfica.[162][158]
Actualidad
Identidad y narrativa postcolonial

El estatus de Tlaxcala cambió drásticamente con el fin del virreinato y el surgimiento de México como país independiente a principios del siglo XIX.[164][13] El nuevo estado nación buscaba construir mediante asimilación una identidad propia y un mito fundacional que unificara a una población cultural, étnica y lingüísticamente diversa. La élite criolla y mestiza que lideró este proceso optó por una narrativa de origen centrada en una idealización del pasado prehispánico y seleccionó cuidadosamente a sus héroes y villanos.[165][166]
Se exaltó la figura del Imperio mexica y de su último tlahtoani independiente, Cuauhtémoc, como el símbolo de la resistencia heroica y la semilla de la nacionalidad.[166][13] De acuerdo a Federico Navarrete, la conquista fue simplificada en un «relato maniqueo», donde los valientes indígenas (mexicas) contra los opresores invasores (españoles).[166][13] En esta nueva historia oficial, la complejidad política de Mesoamérica y la existencia de alianzas y rivalidades indígenas no tenían cabida.[167][168]
Dentro de este marco, la alianza estratégica de Tlaxcala fue reinterpretada como una traición.[49] Se les etiquetó así por haberse aliado con extranjeros para destruir a sus «hermanos de raza».[49] Este estigma se consolidó a través del sistema educativo y el discurso político durante más de un siglo, lo que lo arraigó profundamente en el imaginario popular mexicano y opacó su rol como pueblo fundador, con su propia historia y autonomía.[49][13]
Sin embargo, desde finales del siglo XX, una corriente de revisionismo histórico, encabezada por académicos como Federico Navarrete y Andrea Martínez Baracs, ha comenzado a desafiar esta visión tradicional.[13][169] Basándose en fuentes primarias y en un análisis despojado de anacronismos influidos por ideas nacionalistas, estos historiadores han revalorizado las decisiones de Tlaxcala como actos de una realpolitik coherente con su contexto.[170][171][172][173]
Demografía y distribución
Los nahuas de Tlaxcala, emparentados también con los otomíes, han llegado a desarrollarse y mantener su organización en los pueblos de la falda occidental del volcán La Malinche o «Matlalcueye»,[174] primordialmente en las poblaciones de Acxotla del Monte, San Pedro Tlalcuapan, San Pedro Muñoztla, San Pedro Xochiteotla, San Felipe Cuauhtenco, San Miguel Xaltipan, Guadalupe Tlachco, San Isidro Buen Suceso, San Pablo del Monte, San Cosme Mazatecochco, San Bartolomé Cuahuixmatlac y San Rafael Tepatlaxco.[175] Allí existe hoy en día la identidad de los nahuas de Tlaxcala, que resistieron el empuje mexica y participaron como aliados de Hernán Cortés, de esta manera estas comunidades muestran la presencia histórica de grupos tlaxcaltecas, contribuyendo a una visión más amplia de la conformación de México.[175]

Asimismo, varios grupos nahuas de origen tlaxcalteca que se asentaron en otras regiones del país conservan su identidad y herencia cultural ligada a Tlaxcala. Este es, por ejemplo, el caso de los naturales del municipio de Bustamante, en Nuevo León,[176] el de las comunidades indígenas del municipio de Lagos de Moreno, en Jalisco,[177] y el del pueblo de San Juan Argueta en Sololá, Guatemala.[178] La existencia de estas comunidades es un testimonio tangible que contradice la «narrativa del olvido» (incluido el mito del mestizaje) y exige una visión más inclusiva y precisa sobre la pluralidad de actores que participaron en la conformación del México actual, lo que reivindica su historia como pueblo originario.[175]
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) correspondientes al censo de 2020, en el estado de Tlaxcala hay aproximadamente 27 174 personas de tres años o más que reportan hablar alguna lengua indígena. Esto representa alrededor del 2 % de la población estatal.[179] La lengua predominante entre los hablantes indígenas de Tlaxcala es el náhuatl, con cerca de 23 171 personas que refieren hablarla. Le sigue el totonaco (también conocido como tutunakú), con aproximadamente 1910 hablantes, y luego el otomí (denominado localmente como yuhmu) con 602 hablantes. Asimismo, existe un pequeño grupo que habla mazateco (alrededor de 281 personas).[179]
Geográficamente, los hablantes de náhuatl se concentran principalmente en cuatro municipios: Ixtenco, Mazatecochco, Tetlanohcan y Contla de Juan Cuamatzi.[180][181] Por su parte, el otomí (yuhmu) se conserva sobre todo en Ixtenco, aunque su número ha venido decreciendo.[179][182] Debido a esto, el estado no figura entre las regiones de México con mayor población indígena, y la presencia de hablantes de lenguas originarias en Tlaxcala es reducida.[180][183]
Un estudio reciente —citado por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI)— alerta que estas lenguas se encuentran en riesgo: entre 2015 y 2020 se registró una disminución notable. En 2015, el INEGI contabilizó 32 994 hablantes de alguna lengua indígena en el estado; para 2020 la cifra descendió en 5 820 personas.[179][182][184] Durante ese periodo, el número de hablantes de otomí (yuhmu) pasó de 736 a 602, y los de náhuatl disminuyeron de 27 518 a 23 171.[179] Según especialistas citados por INALI, si no se implementan medidas urgentes de revitalicación lingüística, estas lenguas originarias podrían desaparecer en dos décadas o «quizá menos».[184]
Lengua y educación
Aunque el náhuatl sigue siendo la lengua indígena dominante en Tlaxcala, su vitalidad se ve comprometida por un debilitamiento en la transmisión intergeneracional. Expertos advierten que muchos niños y jóvenes ya no aprenden la lengua de manera fluida; en algunos casos su conocimiento se limita a palabras o frases sueltas, lo que impide su uso como lengua cotidiana.[184][179] Las lenguas con menor número de hablantes —como el otomí o el mazateco— enfrentan una situación aún más crítica: su reducido número de hablantes y la baja tasa de transmisión a nuevas generaciones incrementan su vulnerabilidad a la desaparición.[179] Entre los factores estructurales que explican esta pérdida de vitalidad se encuentran la dominancia del español en los ámbitos institucionales y educativos, que promueve la castellanización; así como la marginación sociocultural que puede generar que hablantes abandonen su lengua por miedo a la discriminación.[179]
| Año | Población total | Masculino | Femenino | Ref. |
|---|---|---|---|---|
| 1930 | 9 329 | 3 609 | 5 720 | [185] |
| 1940 | 6 973 | 2 789 | 4 184 | [186] |
| 1950 | 410 | 177 | 233 | [187] |
| 1960 | 2 248 | 1 032 | 1 216 | [188] |
| 1970 | 18 404 | 9 179 | 9 225 | [189] |
| 1980 | 26 072 | 14 241 | 11 831 | [190] |
| 1990 | 19 388 | 9 828 | 9 560 | [191] |
| 2000 | 23 737 | 12 018 | 11 719 | [192] |
| 2010 | 23 402 | 11 881 | 11 521 | [193] |
Para contrarrestar este declive, en 2025 el INALI, en coordinación con autoridades estatales de Tlaxcala, puso en marcha un programa de «revitalización y transmisión» de lenguas indígenas. Este plan contempla la documentación de relatos orales, la elaboración de materiales educativos bilingües (lengua originaria-español), la impartición de talleres comunitarios y la creación de espacios de enseñanza y uso cotidiano de las lenguas.[194] Además, especialistas han propuesto realizar diagnósticos sociolingüísticos participativos en cada comunidad —idealmente con apoyo de organismos internacionales— con el fin de diseñar proyectos locales de revitalización, sensibilización cultural y reforzamiento de la identidad lingüística.[184][179]
Organización comunitaria y política
En Tlaxcala perdura un entramado comunitario de raíces prehispánicas —derivado del calpulli nahua— que se ha transformado para coexistir con las estructuras del gobierno municipal moderno.[180] Históricamente, los pueblos nahuas de Tlaxcala se organizaban en calpullis: unidades sociales, económicas y culturales donde se combinaban parentesco, territorio, rituales y responsabilidades comunitarias. Aunque muchas comunidades han perdido algunos de los marcadores visibles de identidad —como la vestimenta tradicional o el uso cotidiano del náhuatl—, aún sobreviven formas de sociabilidad y vida comunitaria que remiten a ese orden ancestral.
En diversas comunidades, persiste un sistema de cargos rotativos: oficios comunales, religiosos o cívicos que asumen los miembros de la comunidad por un periodo determinado, sin remuneración formal, pero con reconocimiento social —una estructura que refuerza la cohesión interna.[195] Asimismo, se mantiene la práctica del trabajo comunitario —faenas, tequio o labores colectivas— y el uso de asambleas para tomar decisiones comunitarias, lo que da continuidad al ethos colectivo tradicional.[180] Estas formas de organización constituyen una «identidad pos-nahua»: aunque muchos rasgos materiales se han perdido o transformado, la centralidad de la comunidad, la reciprocidad, las obligaciones comunales y la participación colectiva siguen definiendo el tejido social en muchas localidades.[180]
Presidencias de comunidad: estructura submunicipal
En lugar de municipios autónomos como ocurre en algunas entidades con fuerte presencia indígena, en Tlaxcala la vía institucional para reconocer la organización comunal ha sido la creación de Presidencias de Comunidad, órganos submunicipales dependientes del gobierno municipal pero con atribuciones específicas para atender a localidades alejadas de la cabecera municipal.[180][196] Estas presidencias son reconocidas legalmente como autoridades auxiliares de los ayuntamientos.[196] Cuando un asentamiento distinto a la cabecera municipal supera ciertos requisitos —como población mínima, capacidad de prestación de servicios, terreno para sede comunitaria y cementerio—, puede declararse presidencia de comunidad.[196]
El titular de la presidencia es elegido por un periodo de tres años, coincidiendo con la elección del ayuntamiento.[196] Para las comunidades que lo deciden, la elección puede realizarse mediante sufragio universal, libre y secreto, o bajo el sistema tradicional de usos y costumbres, según lo que determine el catálogo del Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE).[197][198] Las presidencias de comunidad actúan como representantes del municipio en su circunscripción: con atribuciones delegadas que incluyen mantener el orden, seguridad, representar al municipio, gestionar servicios locales, y acudir a las sesiones del cabildo municipal con voz y voto cuando corresponde.[199][180] Esta figura representa, para muchas comunidades, una forma de institucionalizar sus estructuras tradicionales dentro del marco del Estado mexicano, lo que permite una vía de reconocimiento político y de representación local sin necesidad de convertirse en municipios autónomos.[180]
Tensiones y transformaciones
Aunque las presidencias de comunidad reproducen en parte la estructura del calpulli, estas organizaciones enfrentan retos. En muchos casos, la adhesión a este sistema depende de la decisión colectiva de la comunidad de solicitar reconocimiento ante las autoridades; no todas las localidades han optado por integrarse al catálogo estatal.[180] Esto significa que el entramado comunitario en Tlaxcala es heterogéneo: unas localidades funcionan bajo presidencias de comunidad, con elección por usos y costumbres; otras están gobernadas por los canales municipales regulares.[197] Además, aunque las presidencias de comunidad tienen facultades formales, su capacidad real para resolver necesidades locales varía. Su función muchas veces se limita a lo administrativo o representativo, y la tradicional rotación de cargos, las faenas comunitarias o la reciprocidad colectiva han perdido fuerza en algunas zonas, afectadas por la urbanización, migración, cambios económicos y asimilación cultural. Esta transformación ha sido interpretada por estudios recientes como una modernización del comunalismo tradicional, pero también como una erosión del sistema comunitario original.[180]
Economía y actividades
Además de la agricultura tradicional, el trabajo asalariado en la industria o el sector servicios, en algunas comunidades de Tlaxcala persisten prácticas económicas colectivas, de intercambio y producción propia que responden a dinámicas de economía solidaria —es decir, sistemas de producción, consumo y distribución basados en la cooperación, la reciprocidad y la soberanía alimentaria.[200] Uno de los ejemplos más visibles de esta economía comunitaria es el tianguis de trueque en la capital de Tlaxcala, una iniciativa organizada por un colectivo local que promueve el intercambio de bienes sin mediar dinero.[201] Este tianguis se celebra mensualmente —a menudo el último domingo de cada mes— en el lobby del Palacio de Cultura de la capital tlaxcalteca.[201]
En él participan personas de distintos municipios: suelen intercambiarse desde alimentos (como tortillas, hortalizas, pan, tamales) hasta plantas medicinales, artesanías, libros, ropa, juguetes o utensilios, siempre procurando que los productos estén en buen estado. La idea detrás del trueque —y del colectivo— es ofrecer una alternativa al consumo basado en dinero: promover la producción local, reducir el desperdicio, fortalecer redes comunitarias, favorecer la economía doméstica, artesanal o campesina, y revalorizar el intercambio como práctica social.[202] Aunque el tianguis tiene una historia de varios años, ha tenido difusión mediática como iniciativa de economía solidaria, lo que sugiere un renovado interés social por este tipo de prácticas.[201][203]
Cultura, patrimonio y tradiciones
La tradición de la cerámica de estilo talaverano en Tlaxcala —junto con la de Puebla— fue inscrita en 2019 por la UNESCO en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.[204] La inscripción reconoce que los procesos tradicionales de elaboración —preparación de la arcilla, modelado con torno o molde, decoración, esmalte y cocción en horno— siguen un patrón artesanal equivalente al usado en el siglo XVI, transmitido de maestros ceramistas a nuevas generaciones en talleres familiares.[205] Cada taller conserva una identidad particular, que se manifiesta en variaciones de modelados, ornamentaciones, colores y esmaltes. Las piezas resultantes —utilitarias, decorativas o arquitectónicas— constituyen un símbolo cultural de identidad regional, reflejo de la continuidad histórica y del patrimonio viviente de las comunidades artesanales.[206]
Fiestas y festivales tradicionales
La celebración del carnaval de Tlaxcala, que se remonta a la antigüedad, es una de las manifestaciones culturales más arraigadas del estado. Incluye danzas, música, comparsas conocidas como «camadas de huehues»,[207] vistosos disfraces, máscaras y trajes que mezclan influencias indígenas, españolas y locales,[208] y va más allá de una fiesta popular: su organización colectiva —ensayos, preparación de vestuarios, música y logística— refuerza la cohesión comunitaria.[208][207] Las tradiciones en torno al carnaval son heredadas y adaptadas: en muchos municipios se mantienen las «camadas» históricas, así como la costumbre de reunir fondos de casa en casa para su realización.[208]
Por otro lado, la Feria Nacional de Tlaxcala se celebra anualmente en la ciudad del mismo nombre, combinando actividades culturales, artísticas, comerciales, agrícolas, ganaderas y turísticas.[209] Considerada la feria más importante del estado,[210] ofrece espacios de exposición de artesanías, arte popular, espectáculos, atracciones y comercio regional, lo que contribuye a visibilizar la riqueza cultural local.[209] Además de estos eventos, el pueblo tlaxcalteca conserva múltiples manifestaciones festivas ligadas a tradiciones religiosas, comunitarias y campesinas, muchas de ellas con raíces prehispánicas o coloniales adaptadas al contexto moderno, tales como el Día de Muertos o la Noche que Nadie Duerme.[211][212]
Gastronomía y artes populares
La cocina tradicional de Tlaxcala se caracteriza por una combinación de herencias prehispánicas y aportes coloniales, con fuerte presencia del maíz, del maguey y de ingredientes regionales. Esta fusión cultural se ve reflejada en una variedad de platillos y bebidas típicas del estado.[213][214] Entre los platillos más representativos destaca el mole prieto (tlilmolli en náhuatl), un guiso de sabor intenso y espeso, tradicional en celebraciones comunitarias —festejos religiosos, carnavales o fiestas patronales—, especialmente en municipios como Contla de Juan Cuamatzi y Santa Ana Chiautempan, los tacos de canasta, tlacoyos y tlatlapas —antojitos elaborados a base de masa de maíz nixtamalizada—, así como mixiotes, escamoles, sopa tlaxcalteca, entre otros.[214]
En cuanto a bebidas tradicionales, existe el pulque y sus variantes (curados), elaboradas a partir del maguey; también antiguas bebidas de cacao, herencia prehispánica, que en algunas localidades como Zacatelco han sido reconocidas como parte del patrimonio cultural local.[213] Más allá de la gastronomía, Tlaxcala conserva formas tradicionales de arte popular: cerámica (como la ya mencionada talavera), así como producción artesanal de textiles, máscaras, objetos utilitarios y decorativos, que expresan identidad regional y permiten la continuidad de saberes tradicionales.[215][216][217]