Topofilia

From Wikipedia, the free encyclopedia

Topofilia (del griego topos, "lugar" y -philia, "amor a"[1]) es un fuerte sentido de pertenencia a un lugar, que a menudo se mezcla con el sentimiento personal de identidad cultural y el afecto por ciertos aspectos de dicho lugar.

Evolución del concepto

La autobiografía de Alan Watts, In My Own Way (1972), comienza con la frase: «Topofilia es una palabra inventada por el poeta británico John Betjeman para referirse a un amor especial por los lugares peculiares». Pero fue W. H. Auden quien utilizó el término en su introducción al poemario de John Betjeman Slick but Not Streamlined. El análisis de uno de los poemas, fuertemente descriptivo, lo lleva a expresar su deseo de que poetas y topofilos tomen más seriamente sus diferentes respectivas inclinaciones.[2]

El término apareció posteriormente en la influyente obra del filósofo francés Gaston Bachelard, La poética del espacio (1958). Bachelard relacionó el término con la imagen del «espacio feliz» y el «valor humano de los tipos de espacio que se pueden captar, que se pueden defender de las fuerzas adversas, el espacio que amamos».[3]

En 1974 Yi-Fu Tuan desarrolló el concepto en su libro «Topophilia: a study of environmental perception, attitudes, and values», donde analiza el entramado que se establece entre la cultura, el medio ambiente y la topofilia y señala que esos factores contribuyen mutuamente a la formación de valores.[4] Yi-Fu Tuan establece que el «espacio» se convierte en «lugar» cuando es habitado y cargado de sentido por las personas que en él transitan o se instalen. El autor señala que la topofilia es un concepto «difuso como idea, pero concreto como experiencia personal».[5]

La transición de «espacio ocupado» a «lugar habitado» es un proceso dinámico que se desarrolla a partir de la creación, ampliación y consolidación de los lazos entre las personas y su hábitat, que en su conjunto constituyen el concepto de topofilia.[6]

Más recientemente, la palabra topofilia fue aplicada a un ámbito más amplio que incluye a comunidades o grupos sociales y su involucramiento en la modificación de los espacios que habitan.[7]

Globalización y localismos

La creciente globalización, —que en los aspectos sociales y culturales tiende a la dilución de lo local particular—, y la multiplicación de no-lugares, caracterizados por la indiferenciación, son fenómenos que inciden negativamente en la topofilia. En la medida en que avanza la descaracterización, entendida como la pérdida o degradación de la singularidad de los espacios, disminuye la topofilia.[8]
La tensión generada entre las tendencias globalistas y localistas hacia 1980 dio lugar a la formulación del concepto de glocalización. Pese a que la globalización tiende a hacer desaparecer los localismos, se ha producido un fenómeno inverso de revalorización del «sentido de lugar». En este sentido, señala José Rojas López:[9]

El apego al lugar sigue vigente. Es la experiencia de estar presente y de estar situado en el mundo. El rescate de los cancioneros populares, las “novelas de la tierra”, los himnos nacionales y regionales, la descentralización político-administrativa, los proyectos locales y el “credo verde” dan buena cuenta de ello. Se privilegian los significados, valores y propósitos pasados y presentes de las acciones humanas, y el cómo esos atributos crean un espacio vivido a partir de un espacio concreto. De este modo, se asiste a la reivindicación de los lugares en el contexto de una cultura del espacio.

Conceptos relacionados

El concepto contrario a topofilia es «topofobia», que se define como el rechazo, o incluso el temor, a ciertos espacios o lugares.[10]
En sentido inverso, la «topolatría» se define como una exacerbación de la topofilia, un vínculo reverencial hacia espacios que se perciben sacralizados.[11]

La «toponegligencia» se define como el resultado de un proceso de distanciamiento y desapego en relación con el lugar habitado. Yi-Fu Tuan señala:

El desarraigo de las personas en un mundo cada vez más homogéneo es quizá una de las causas de la crisis ecológica actual, el espacio pasa de ser una vivencia para convertirse en un concepto, algo lejano, ajeno e impersonal. Crece el número de individuos que no experimentan una relación de pertenencia hacia el lugar donde viven.

Suele sustituir a la topofilia al reducirse los vínculos de pertenencia y afecto, e incrementarse la indiferencia, retrotrayendo la idea de «lugar habitado» a «espacio ocupado».[11]

Véase también

Referencias

Related Articles

Wikiwand AI