Transmutación
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La transmutación o trasmutación es un término originalmente relacionado con la alquimia, pero aplicado hoy día a procesos físicos y químicos relacionados con la fisión y fusión nuclear que consiste en la conversión o cambio total de un elemento químico en otro debido a la modificación del número de protones del núcleo.[1] El primer científico que logró la transmutación artificial de elementos químicos fue Ernest Rutherford en 1919, mediante el bombardeo de un átomo de nitrógeno con partículas alfa procedentes de la desintegración natural del radio, dando lugar a la formación y un protón, .[2] Sin embargo, dicho fenómeno también aparece en la naturaleza de forma espontánea en ciertos elementos químicos e isótopos que tienen núcleos inestables. En dichos elementos, se producen fenómenos de radiación (alfa y beta) y de fisión nuclear en donde los elementos van transmutándose en elementos de peso atómico inferior hasta que su núcleo se vuelve estable (normalmente en plomo). El fenómeno contrario, la transmutación en elementos de mayor peso atómico, se da también a altas temperaturas como las que se registran en el sol, denominándose a dicho proceso fusión nuclear.
Historia

Desde los tiempos de la Alquimia se creía que esto era posible a base de reacciones químicas. Sobre todo desde que se conocía que la densidad del oro y el plomo eran muy semejantes.[3]
Las manipulaciones de transmutación de los alquimistas se basaban, en su mayor parte, en el conocimiento empírico acumulado en las propiedades de la materia, a lo largo de los milenios por los mesopotámicos, egipcios, griegos y chinos. Los conocimientos adquiridos y los descubrimientos que hicieron fueron utilizados como caldo de cultivo para el surgimiento de la química, a menudo mediante la refutación. Los ejemplos de descubrimientos incluyen la del fósforo por el alquimista de Hamburgo Hennig Brandt en 1669. El mejor ejemplo de refutación es, sin duda, el de flogisto que llevó a Lavoisier a sentar la ley de conservación de la materia y fundar la química sobre una base sólida.
Corentin Louis Kervran se centró en los casos de presuntas transmutaciones biológicas desde 1960, incluyendo la gallina que transformaría el calcio de sílice para producir la cáscara del huevo.
Desde el descubrimiento del átomo se sabe que esto no es posible químicamente. Las reacciones químicas afectan tan sólo a los electrones de la corteza. La transmutación implica la alteración de los núcleos atómicos, lo que es un proceso totalmente diferente. Para cambiar un elemento en otro hay que modificar el número de protones que hay en el núcleo. El plomo tiene 82 protones y el oro 79. Así que para convertir el plomo en oro debe perder tres protones. En los laboratorios de física nuclear se han conseguido modificaciones importantes de los núcleos atómicos. Generalmente se consiguen mediante bombardeo con otras partículas subatómicas, como núcleos de helio (partículas α), protones, neutrones, etc. o mediante el empleo de núcleos de elementos ligeros como carbono, nitrógeno, oxígeno, etc.[2] Para que estas partículas puedan penetrar a través de la corteza de electrones y alcanzar el núcleo del átomo se requiere aplicar enormes cantidades de energía, del orden de los MeV. Esto se consigue mediante aceleradores de partículas, algunos de gran tamaño, como los que se encuentran en el CERN, en Suiza, cerca de Ginebra.