Viviano Codazzi
pintor italiano
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Viviano Codazzi (Bergamo, c. 1604-Roma, 5 de noviembre de 1670)[1] fue un pintor barroco italiano especializado en paisajes y perspectivas arquitectónicas, activo principalmente en Roma y Nápoles.

Biografía

Nacido en Bérgamo, también es conocido como Viviano Codagora o il Codagora. Hacia 1620 abandonó su ciudad natal, no estando claro si se dirigió a Roma o directamente a Nápoles donde se le documenta establecido en 1634. En Nápoles trabajó con Domenico Gargiulo en la pintura de paisajes fantásticos, especializándose Codazzi en las perspectivas arquitectónicas y paisajes con ruinas, y Gargiulo en las figuras. Dos obras fruto de esta colaboración conservadas en el Museo de Besançon, fechadas en 1641, son cronológicamente las primeras obras que se le pueden asignar con seguridad,[1] pero es probable que le correspondan también los fondos arquitectónicos de las historias romanas pintadas por Gargiulo entre 1634 y 1638 por encargo del virrey Manuel de Acevedo y Zúñiga con destino a la decoración del Palacio del Buen Retiro en Madrid.[3]
Bien asentado en Nápoles, mantuvo relaciones de amistad con Cosimo Fanzago, padrino de bautismo de su hija Caterina, y colaboró también con Giovanni Lanfranco como pintor de perspectivas arquitectónicas a gran escala en los frescos de la Piscina probática para la iglesia de los Santos Apóstoles.[1] Tras la revuelta de Masaniello en 1647, durante la que se refugió con Gargiulo en un convento, se trasladó a Roma, emprobrecido a causa de algunos impagos que fueron origen de pleitos no concluidos hasta después de su muerte. Establecido en Roma desde 1648 mantuvo este tipo de colaboración con Anton Goubau, Michelangelo Cerquozzi, Jan Miel, Filippo Lauri y Vicente Giner.
Su estilo se vio muy influenciado por el numeroso círculo de pintores holandeses activos en Roma, conocido como los bamboccianti, a cuya cabeza se encontraba Pieter van Laer. Su hijo, Niccolò Codazzi (1642-1693), fue también pintor de vistas.
A Codazi se le reconoce como uno de los primeros pintores italianos de vistas arquitectónicas y paisajes en ruinas, las llamadas vedute, tanto de carácter fantástico, caprichos arquitectónicos, como realistas, con las que ejercerá una gran influencia sobre Canaletto y Bernardo Bellotto. Su vista de la Basílica de San Pedro en Roma, en 1630, es una de las últimas representaciones de la fachada sin la columnata de Bernini.
En contraste con los paisajes heroicos de los pintores boloñeses y los franceses naturalizados en Roma, seguidores de Annibale Carracci, los paisajes de Codazzi interpretan imaginativamente construcciones y ruinas, pero guardando siempre cierto grado de verosimilitud, manejando la iluminación para obtener efectos expresivos de edificios en apariencia antiguos, poblados por pequeñas figuras de gentes sencillas, a menudo pintadas por sus colaboradores.