Votum
voto religioso
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Un votum (latín, en plural, vota), en la religión de la Antigua Roma, es una promesa o voto hecha a una deidad para conseguir su favor.
Proviene del participio pasado del verbo latino voveo, vovere, "voto, promesa" y, en este contexto, puede entenderse como el acto de prometer o el objeto material que se promete cumplir (la cosa prometida), como por ejemplo ofrendas, estatuas, o incluso, dedicar un templo. El votum es un aspecto de naturaleza contractual de la religión romana, una negociación expresada por el do ut des, "te doy para que me des".[1] Esta idea de reciprocidad explica por qué los vota se usan en situaciones personales, como agradecer un favor a alguien, como en ámbitos públicos o institucionales.
Vota privados

En la vida cotidiana, las personas individualmente, podían hacer ofrendas votivas a una deidad por problemas privados. Los vota privata están ampliamente atestiguados por diferentes inscripciones, sobre todo en la época tardo Imperial. Están marcados con regularidad con las letras V.S.L.M., votum solvit libens merito, que señalaba que la persona que hacía la dedicatoria "hacía la promesa libremente, como se merecía". Warde Fowler encontró en estas ofrendas "expresiones del sentimiento religioso ..." y agradecimiento por las bendiciones recibidas que van más allá de un formalismo contractual.[2]
Vota militares
Durante la época republicana, el votum formaba una parte habitual en las ceremonias llevadas a cabo en el Capitolio por un general celebrando un imperium antes de su implementación.[3] El espectacular triunfo con sus dedicatorias del botín y sacrificios de animales en el Capitolio fue, en parte, el cumplimiento de esa promesa.[4]
Un general que se enfrentara a un resultado incierto en el campo de batalla podía hacer un votum con la promesa de construir un templo en agradecimiento por la ayuda divina en su victoria. En el 311 a. C., Cayo Junio Bubulco Bruto se convirtió en el primer general plebeyo que hizo un votum de construir un templo, para honrar a la diosa Salus, "Salvación".[5]
También se hacía un votum en relación con el ritual de la evocatio, especie de negociación con las deidades tutelares del enemigo para ofrecerles un culto superior. Una forma extrema de votum fue la devotio, el ritual por el que un general se sacrificaba en la batalla, para aniquilar al adversario, pidiendo a las deidades ctónicas que perdiese la vida el enemigo al mismo tiempo que él.[6]
Vota públicos
En la República, se ofrecían vota pro salute rei publicae ("votos por la seguridad de la República") a principios del año, en el día en que los cónsules asumían sus funciones.[7] Durante el Imperio, el pueblo romano se reunía el 3 de enero para ofrecer colectivamente votos para la salus ("salud, seguridad, bienestar") del emperador.[8] Estos vota publica continuaron incluso después de que el cristianismo se convirtiera en la religión oficial del Imperio, y posiblemente tuvieran lugar hasta el siglo VI.[9] Esto era así porque estos votos eran tanto afirmaciones de lealtad política como expresiones de religiosidad, siendo difíciles de abolir sin socavar el aura sagrado de la autoridad del emperador.[10]
Otros vota
Se hacían votos también en otros ámbitos como en los de las ciudades, con la abreviatura V.S.L.A. (votum solvit libens animo). Existen muchas inscripciones votivas que así lo indican, como en la ciudad de Augusta Emerita:
- Genio civitatis Augustae Emeritae / Caius Antistius / Caii libertus / Iucundus / Palmensis, ex pecunia sua / votum solvit libens animo
- "Al Genio de la ciudad Emérita Augusta, Cayo Antistio Yucundo, de Palma, liberto de Cayo, de su propio dinero cumple el voto gustoso de ánimo".
Terminología y practica ritual
El término votum proviene del verbo voveo, siendo su significado "prometer solemnemente". En el ámbito religioso de la Antigua Roma, este tipo de promesas siempre son dirigidas una divinidad, poniendo en un compromiso al individuo que lo ofrece.[11] Es por ello que el uso de este término era más que una declaración, también era un acto ritual religioso y social, obligando formalmente al individuo una vez que se concede el favor.
El votum como promesa general, podía tener diferentes formas dentro de la oración religiosa romana. El individuo se compromete a ofrecer a la divinidad un sacrificio, una ofrenda material o la construcción de un templo a cambio de un favor divino. Así, estas vota funcionaban como una relación de intercambio, haciéndose cada vez más frecuente con el tiempo. En su forma más solemne, el votum podría convertirse en una devotio (acto de devoción), un acto en el que un jefe militar se ofrecía de manera simbólica a la divinidad para obtener la victoria.[12]
Esta promesa no se consideraba como completa hasta que el favor que se ha solicitado había sido concedido y el prometiente cumplía lo prometido. Si el individuo no cumplía con su voto, podía interpretarse como una falta grave a la divinidad, pues rompía con la relación que se había establecido. Por ello, tanto el acto de cumplir el votum como la de formarlo tenía la misma importancia y se hacía de forma visible, normalmente dejando constancia de la ejecución. [13]
En muchos casos, su cumplimiento se materializaba entregando objetos a la divinidad, estos eran conocidos como exvotos. [14] Eran una forma de agradecimiento que se ofrecía a la deidad por el favor concedido. Eran variados, mostraban la naturaleza del favor y la posición social del individuo.
Cumplen una función doble, tanto religiosa como social, al hacer pública la relación entre la divinidad y quien realizaba el voto en lugares públicos como templos, altares y capillas. [15]