Acracia
concepto político que niega la necesidad de existencia de cualquier clase de autoridad
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Acracia (del griego α-, a, 'no', y κράτος, kratos, 'poder') es un concepto filosófico y político que refiere la ausencia de poder o dominación o la negación de la autoridad de cualquier tipo. Usada ampliamente como sinónimo de anarquía, esta tiende a referirse a la ausencia de un gobierno o Estado que dirija la sociedad, mientras que acracia hace referencia a la ausencia de coerción en sentido más amplio y la afirmación del autogobierno individual y colectivo.[1][2]
El término alcanzó especial notoriedad en España en los años setenta, en el contexto de los años finales de la dictadura franquista y el auge de la contracultura y los movimientos sociales antiautoritarios.[3] No obstante, el concepto existe en español desde el siglo XIX y dio nombre a diferentes publicaciones anarquistas, entre ellas las catalanas Acracia (1886-1888) y Acracia (1936-1937).[4]
Etimología y uso filosófico
El término procede del griego antiguo α- (a, privativo) y κράτος (krátos, poder o autoridad), y significa literalmente “sin poder” o “sin dominio”.[5] Se trata de un neologismo, diferente de la forma griega ἀκρασία (akrasía), que Aristóteles utilizaba para designar la falta de dominio de uno mismo o la debilidad de la voluntad.[6]
En contraposición, la acracia moderna representa la plenitud del autodominio (autokrátos) y la capacidad ética de vivir sin coerción externa, actuando con madurez y responsabilidad moral. En el sentido etimológico, la palabra acracia amplía la idea de anarquía, señalando no solamente una sociedad organizada antiestatalmente, sino además un orden social basado en el principio de no agresión, en que las normas sociales de convivencia sean resultado de acuerdos voluntarios, y donde se rechaza la legitimidad de cualquier imposición por la fuerza.
Desde el punto de vista ético, la acracia implica libertad interior, autocontrol y madurez moral, actuando por convicción y no por obediencia. Negar el krátos (poder externo) significa afirmar el autokrátos (dominio de sí). Para el filósofo Carlos Díaz, la acracia remite a una sociedad en la que cada individuo actúa por convicción ética, no por imposición externa.[7] Por su parte José Ferrater Mora distingue la acracia de la anarquía, señalando que la primera es “una condición moral y no una doctrina política”,[2] y Élisée Reclus la relacionó con la cooperación libre y la ausencia de imposición jerárquica.[8]
Acracia y contracultura
En los años setenta, el término se utilizó de forma recurrente en España para designar a un conjunto de tendencias ideológicas antiautoritarias y antiinstitucionales pero no necesariamente vinculadas al anarcosindicalismo clásico de la CNT.[9] El término se asoció generalmente al contexto contracultural y de insumisión del que participaba parte de la juventud, especialmente tras las revueltas estudiantiles de 1968 y los años de la Transición.[10]
La acracia se asoció también a intelectuales públicos que defendían posturas heterodoxas y favorables al disenso dentro del antifranquismo, tales como los filósofos Agustín García Calvo y Eugenio Trías y cantautores como Chicho Sánchez Ferlosio.[3][4][11] Por igual, dio nombre al grupo de protesta estudiantil Ácratas, cercano a García Calvo y activo en la Universidad Complutense de Madrid entre 1967 y 1969.[12] Figuras partidarias de la liberación sexual, como Ocaña, Nazario Luque o la Coordinadora de Collectius per l'Alliberament Gai (CCAG) también ocuparon posiciones próximas a la acracia, en ocasiones influidas por el situacionismo.[13] Las revistas Ajoblanco y Star también fueron plataformas destacadas para ideas ácratas en el contexto de los nuevos movimientos sociales juveniles, como también la colección Acracia de la Editorial Tusquets, activa entre 1973 y 1989.[13][14] Con posterioridad, el término se ha usado para describir a otras figuras públicas como el cantautor Javier Krahe.[3][4]