Acueducto de Albear
acueducto en La Habana, Cuba
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El acueducto de Albear es una red de abastecimiento de agua de La Habana (Cuba) concebida en el siglo XIX por el ingeniero militar Francisco de Albear y Lara. Constituye un sistema de conducción por gravedad que capta las aguas de los manantiales de Vento y las transporta hasta La Habana. La infraestructura incluye obras de captación, conducción, almacenamiento y distribución.[2][3]
| Acueducto de Albear | ||
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Monumento Nacional Res. n.º 202/2007[1] | ||
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Depósitos de Palatino, estructuras de almacenamiento y regulación del sistema. | ||
| Ubicación | ||
| País |
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| Localidad | Provincia de La Habana | |
| Ubicación |
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| Coordenadas | 23°04′37″N 82°23′13″O | |
| Características | ||
| Tipo | Sistema hidráulico urbano | |
| Uso | Abastecimiento de agua potable de la ciudad de La Habana | |
| Longitud | ≈10 km (canal de Albear) | |
| Historia | ||
| Ingeniero | Francisco de Albear y Lara | |
| Construcción | 1861-1893 | |
| Inauguración | 23 de enero de 1893 | |
| Otros datos | ||
| Operador | Aguas de La Habana | |
Las autoridades coloniales españolas aprobaron el proyecto en 1858 y su construcción se desarrolló entre 1861 y 1893, en un contexto de crecimiento urbano y problemas sanitarios asociados a la calidad y disponibilidad del agua en la capital cubana. Albear basó su diseño en estudios topográficos e hidrológicos de alta precisión para la época, que permitieron prescindir del bombeo mecánico y garantizar el flujo continuo mediante desnivel natural.[4]
El sistema fue completado por etapas y posteriormente ampliado durante el siglo XX para adaptarse a las crecientes demandas sanitarias y de abastecimiento de la ciudad.[5] Ha sido considerado por la UNESCO una de las obras más destacadas de la ingeniería hidráulica decimonónica, tanto por su solución técnica como por su prolongada permanencia en servicio.[2] El acueducto continúa funcionando como parte del sistema de abastecimiento de La Habana.[3]
Historia y construcción
Contexto histórico
Desde la fundación de La Habana en 1519, el abastecimiento de agua potable constituyó una de las principales dificultades para el desarrollo urbano de la ciudad. Durante los primeros siglos de la colonia, la población dependió de pozos y fuentes naturales cercanas, así como de las aguas de los ríos Luyanó y La Chorrera —actual río Almendares—.[2][6]
El crecimiento demográfico y la consolidación de la ciudad como puerto estratégico del Imperio español en el Caribe motivaron la construcción de la Zanja Real en el siglo XVI, considerada su primer acueducto y única fuente de agua por más de doscientos años.[7][8] No obstante, el sistema presentaba limitaciones técnicas y problemas sanitarios que se agravaron con el aumento de la población.[9][10]

A comienzos del siglo XIX se construyó el acueducto de Fernando VII (1831-1835), concebido para modernizar el suministro urbano y sustituir progresivamente a la antigua Zanja Real.[11] El sistema captaba las aguas del Almendares y las conducía hacia la ciudad mediante tuberías de hierro fundido —entre las primeras utilizadas en Cuba—, incorporando además instalaciones de filtrado y decantación destinadas a mejorar la calidad del agua. Sin embargo, deficiencias en el diseño hidráulico y en la capacidad de conducción redujeron considerablemente el caudal previsto, por lo que el nuevo acueducto no logró reemplazar completamente a la Zanja Real.[12][13]
Hacia mediados del siglo XIX, estos sistemas de abastecimiento no garantizaban un suministro adecuado en cantidad y calidad, en un contexto marcado por el crecimiento urbano y el deterioro de las condiciones de salubridad.[2] Diversos brotes epidémicos, entre ellos el cólera y otras enfermedades de origen hídrico,[14] evidenciaron la necesidad de un sistema moderno de abastecimiento, en consonancia con las corrientes higienistas que influyeron en el urbanismo y la ingeniería sanitaria del siglo XIX.[15] Estas condiciones impulsaron el desarrollo de un nuevo sistema hidráulico, que reutilizaría parcialmente infraestructuras del acueducto de Fernando VII y daría origen posteriormente al acueducto de Albear.[13][16]
Proyecto y planificación
En 1852 el capitán general de la isla, José Gutiérrez de la Concha, creó una comisión presidida por el coronel de ingenieros Francisco de Albear y Lara, encargada de estudiar alternativas para resolver el suministro de agua de La Habana.[17][18]

Entre 1852 y 1855, Albear dirigió estudios geológicos, hidrológicos y topográficos que identificaron a los manantiales de Vento, situados a unos 12 km al sur de La Habana, como la alternativa más adecuada para el nuevo sistema hidráulico.[19] Los estudios estimaban una disponibilidad superior a 100 000 m³ diarios de agua de alta calidad, suficiente para abastecer a una población considerablemente mayor que la existente entonces en la ciudad. Como parte de las investigaciones, el químico José Luis Casaseca realizó análisis de las aguas de estos manantiales, concluyendo que presentaban una calidad superior a la del río Almendares —principal fuente de abastecimiento de agua de La Habana en ese momento— y una notable estabilidad incluso durante períodos de lluvias intensas.[20][21]
El 25 de noviembre de 1855, Albear presentó la Memoria sobre el Proyecto de conducción a La Habana de las aguas de los manantiales de Vento, documento en el que analizó las limitaciones técnicas y sanitarias de la Zanja Real y del acueducto de Fernando VII, y concluyó que la solución más viable era la construcción de una nueva infraestructura.[22] El proyecto contemplaba un sistema de conducción por gravedad desde los manantiales hasta La Habana. Incorporaba además soluciones técnicas avanzadas para la época, entre ellas sifones invertidos —conductos cerrados que permiten el paso del agua bajo obstáculos— para el cruce del río y un canal cubierto destinado a preservar la calidad del agua.[21]
La memoria también incorporaba estimaciones de consumo basadas en comparaciones con sistemas hidráulicos de Europa, particularmente los de Madrid, París y Marsella y cálculos prospectivos adaptados a las condiciones locales. Albear proyectó un suministro de aproximadamente 70 litros diarios por habitante para el consumo doméstico, cifra superior a la prevista en varias ciudades europeas de la época debido al clima tropical de La Habana y a sus exigencias higiénicas particulares. El sistema también contemplaba el abastecimiento para usos públicos, agrícolas e industriales, incluyendo riego y fuerza motriz para instalaciones hidráulicas. En conjunto, el acueducto fue dimensionado para suministrar alrededor de 102 000 m³ diarios de agua a una población estimada de 300 000 habitantes —cerca de tres veces la población habanera de mediados del siglo XIX—, con una dotación global aproximada de 340 litros diarios por persona.[23]
Tras concluir sus estudios preliminares, Albear viajó a España en 1856 con el propósito de promover la iniciativa ante las autoridades metropolitanas y fortalecer sus vínculos con la comunidad científica española. Ese mismo año, el Ayuntamiento de La Habana publicó la memoria del proyecto y remitió copias a los ministerios de Gobernación y Fomento, las cuales fueron evaluadas por la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos. En su dictamen de 1857, la Junta reconoció la complejidad técnica de las obras debido a las características geológicas del terreno, pero respaldó los principales criterios del sistema, incluyendo la captación en Vento, la ubicación de los depósitos y la construcción del sifón invertido previsto para el cruce fluvial.[24]
Finalmente, el gobierno español aprobó la propuesta de manera oficial mediante Real decreto el 5 de octubre de 1858, autorizándose su ejecución. El decreto estipulaba que el Ayuntamiento de La Habana ejecutara las obras mediante administración directa, con apoyo del Gobierno Superior Civil utilizando mano de obra de esclavos emancipados y presidiarios disponibles.[25] En cuanto a la financiación, el decreto suspendió temporalmente ciertos pagos de derechos a la Real Hacienda e impuso una tarifa anual por cada «grifo de agua». También autorizó un empréstito de hasta 500 000 pesos[nota 1] si los recursos resultaban insuficientes. Además, el Ayuntamiento quedó obligado a gestionar los fondos desde el inicio para garantizar la continuidad del proyecto en sus fases posteriores.[27]
Construcción
Francisco de Albear regresó a Cuba en 1859 y fue nombrado director facultativo y económico de las obras del entonces denominado Canal de Isabel II.[28] Tras la aprobación de Madrid, el Ayuntamiento de La Habana comenzó la ejecución de las obras y la gestión de su financiamiento. En 1861 se colocó la primera piedra de la Taza de Vento, principal estructura de captación del sistema. Con ello comenzaron formalmente los trabajos, incluyendo la construcción de diques de protección, canales de derivación, túneles y sifones para el cruce del Almendares.[29] El avance de las obras estuvo condicionado por las complejas características geológicas del terreno kárstico, las dificultades técnicas asociadas a la captación de los manantiales y su protección frente a las crecidas del río, así como por problemas financieros y administrativos.[30][31] Durante la ejecución, Albear impulsó además diversos estudios destinados a perfeccionar el trazado de la red de distribución y la localización de los depósitos de almacenamiento. Como parte de estos trabajos, en 1874 dirigió un levantamiento topográfico detallado de la ciudad.[30]

La primera etapa de las obras fue presupuestada inicialmente en alrededor de 1 millón de pesos,[32] aunque los costos aumentaron progresivamente debido a las interrupciones constructivas, las modificaciones técnicas y la prolongada duración del proyecto.[27] Los trabajos sufrieron también numerosas demoras como consecuencia de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), lo que ralentizó considerablemente su ejecución.[33] A pesar de ello, en 1878 se concluyó la primera etapa del sistema, que permitió conducir las aguas de Vento hasta los filtros del acueducto de Fernando VII.[34] Ese mismo año, el diseño obtuvo la Medalla de Oro en la Exposición Universal de París, donde fue calificado como una «obra maestra» de la ingeniería hidráulica; previamente había sido premiado también en la Exposición Universal de Filadelfia de 1876.[35][2][36]
Durante la década de 1870, Albear elaboró asimismo los planos definitivos para los futuros depósitos de Palatino y un sistema de distribución sectorizado para La Habana.[37] La prolongada duración de las obras y las dificultades económicas derivadas de la guerra obligaron a recurrir sucesivamente a distintos mecanismos de financiación pública, incluyendo empréstitos autorizados por el gobierno español y gestionados por el Ayuntamiento de La Habana, destinados a garantizar la continuidad y finalización del proyecto.[38]

Tras la muerte de Albear en 1887, la dirección del proyecto pasó a su discípulo, el coronel de ingenieros Joaquín Ruiz, quien continuó la ejecución conforme a las ideas originales.[3] Con el propósito de garantizar la conclusión de los trabajos y saldar las deudas acumuladas, en 1888 el Ayuntamiento de La Habana concertó un empréstito de 6,5 millones de pesos con el Banco Español de la Isla de Cuba. Al año siguiente, las obras pendientes fueron adjudicadas mediante subasta pública a la firma estadounidense Runkle, Smith and Co., bajo la supervisión del ingeniero hidráulico E. Sherman Gould. La empresa asumió la construcción de las estructuras de almacenamiento y de la red principal de distribución de agua de la ciudad. Los trabajos se aceleraron entre 1890 y 1892 y culminaron satisfactoriamente tras las pruebas hidráulicas realizadas en los tanques. El costo de estas obras superó los 566 000 dólares, cifra similar a la invertida en la red de distribución.[36]
Finalmente, el 23 de enero de 1893, el capitán general de la isla Alejandro Rodríguez Arias y el presidente del Ayuntamiento, Luis García Corugedo, inauguraron oficialmente los depósitos de Palatino y su red principal de distribución; por consiguiente, el sistema de abastecimiento concebido por Albear tras de más de tres décadas de trabajos quedó completado.[39] Aunque el proyecto había sido denominado originalmente Canal de Isabel II en honor a la reina Isabel II de España, con el tiempo comenzó a ser conocido popularmente como acueducto de Albear en reconocimiento a su principal diseñador e impulsor.[40]
Trabajos posteriores
Primera ampliación (1908–1914)

Con el crecimiento urbano experimentado por la capital a comienzos del siglo XX, surgieron nuevas urbanizaciones en zonas elevadas a las que el agua no podía llegar por gravedad. Paralelamente, hacia 1910 la población de la ciudad había alcanzado aproximadamente los 300 000 habitantes, lo que provocó deficiencias de presión y caudal en distintos sectores del sistema de abastecimiento. Estas condiciones hicieron necesaria una primera ampliación del acueducto.[41]
El ingeniero Enrique J. Montoulieu supervisó los trabajos ejecutados entre 1908 y 1914. La intervención incluyó la ampliación del canal en el sifón de Orengo, la construcción de una caseta para máquinas de vapor y una casa de calderas en Palatino. Paralelamente, se instalaron conducciones de hierro fundido desde los depósitos para el abastecimiento de zonas elevadas como El Vedado, La Víbora, Cerro y Luyanó. Además, se tendió una conducción principal hasta la intersección de las calles Monte y Zulueta, junto con el despliegue de aproximadamente 240 kilómetros de redes de distribución en las nuevas urbanizaciones. Esta ampliación incluyó también la ejecución de obras en el alcantarillado y la pavimentación de la ciudad.[3][41]
Segunda ampliación (1925–1931)

Para la década de 1920, la población de La Habana superaba el medio millón de habitantes y la ciudad continuaba expandiéndose hacia nuevas zonas, lo que incrementó la demanda sobre el sistema de abastecimiento de agua. Estas condiciones hicieron necesaria una segunda ampliación del acueducto, ejecutada entre 1925 y 1931, también bajo la dirección de Montoulieu, con la participación adicional del ingeniero Abel Fernández Simón.[3][42]
Como parte de las obras se construyó una nueva taza en Vento, conocida como la «Taza Chica», así como otra en Aguada del Cura, conectada mediante un canal de conducción hasta Vento. También se edificó una nueva caseta de bombas turboeléctricas en Palatino. Al mismo tiempo, se remodelaron y urbanizaron las áreas exteriores vinculadas al sistema hidráulico. Entre estas intervenciones figuraron la creación del Jardín de las Estaciones en la zona de acceso a los depósitos y el acondicionamiento paisajístico de Vento mediante jardines, senderos y elementos ornamentales. Asimismo, la Torre Norte fue remozada con la incorporación de elementos decorativos del estilo neocolonial, ampliamente difundido en la arquitectura cubana de la época.[3][5]
Tercera ampliación (1947–1948)
Una tercera ampliación tuvo lugar entre 1947 y 1948 bajo la dirección del ingeniero Fernández Simón. Consistió en la instalación de una conducción de 66 pulgadas de diámetro entre la zona de Mazorra y Palatino, con paso por Vento. Esta infraestructura permitió transportar hasta 40 millones de galones diarios desde Aguada del Cura hacia los depósitos de Palatino, lo que incrementó la capacidad de regulación del sistema y amplió la cobertura mediante la incorporación de nuevos barrios como Los Pinos, Arroyo Naranjo y El Calvario.[3][43]
El acueducto en el sistema de abastecimiento de La Habana
Impacto sanitario
La puesta en funcionamiento del acueducto y sus posteriores ampliaciones transformaron de manera significativa el sistema de abastecimiento de agua de La Habana y favorecieron los procesos de modernización de la capital entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.[3] La llegada a La Habana de las aguas de Vento a través del sistema de Albear fue asociada a una mejora relativa de las condiciones higiénico-sanitarias de la capital y coincidió con un descenso de los casos de mortalidad por cólera registrados en la ciudad.[14] El aumento en la disponibilidad y la calidad del agua contribuyó asimismo a las políticas higienistas impulsadas durante ese período. En 1901 se prohibió el mantenimiento de aljibes en las viviendas habaneras y, al año siguiente, la Orden n.º 47 estableció la instalación obligatoria del servicio de agua procedente del canal de Albear en las casas de la capital, favoreciendo la expansión de las conexiones domiciliarias.[44]
Integración y evolución
Durante la segunda mitad del siglo XX, La Habana experimentó un acelerado crecimiento urbano y una expansión periférica sostenida. La ciudad se extendió hacia zonas cada vez más alejadas del núcleo histórico y de la cuenca del Almendares, en un contexto de aumento demográfico y limitada planificación urbana. Este proceso estuvo asociado al desarrollo de nuevos barrios residenciales e industriales, así como a la ocupación progresiva de áreas originalmente no contempladas por el sistema de abastecimiento, como San Miguel del Padrón, Cotorro o Habana del Este.[45] Como consecuencia, se incrementó la presión sobre las infraestructuras hidráulicas existentes, incluyendo el sistema de Albear, concebido para una escala urbana considerablemente menor y limitado en su capacidad de cobertura en zonas situadas fuera de su radio de servicio por gravedad.[43][46]
Como resultado, el acueducto de Albear pasó a integrarse en un sistema hidráulico más amplio y diversificado. A este sistema se incorporaron progresivamente nuevas fuentes de captación, redes de bombeo y plantas de tratamiento. Entre estas infraestructuras se encuentran la planta de Cosculluela (1949), el acueducto de Paso Seco (1950), la fuente de abasto de Cuenca Sur (1957), la planta de filtros de Vento (1974), Meireles Nuevo (1978), los pozos del Cotorro (1980), el acueducto El Gato (1987), El Rincón (1990) y la fuente de abasto de Cangrejeras (1994). Este proceso transformó el sistema de Albear de una infraestructura autónoma a un componente estructural dentro del sistema hidráulico metropolitano de La Habana.[43]
Funcionamiento y operación
El sistema continúa en funcionamiento como parte del red de abastecimiento de la ciudad y constituye un caso poco común, al operar sin depender de suministro eléctrico externo, ya que aprovecha directamente la energía hidráulica de sus manantiales. Suministra agua potable a cinco de los municipios más poblados de la capital —La Habana Vieja, Centro Habana, Cerro, Diez de Octubre y Plaza de la Revolución—, lo que representaba aproximadamente entre el 12 % y el 15 % de la población de la ciudad en 2025.[2][3][47] Su operación y mantenimiento están a cargo de la empresa Aguas de La Habana, sociedad anónima de capital mixto constituida entre el Estado cubano y el grupo español Agbar.[48][49]
Conservación y desafíos contemporáneos
El sistema continúa desempeñando un papel activo dentro del abastecimiento de agua de la capital cubana, en un contexto caracterizado por el incremento de la demanda urbana y las limitaciones estructurales de la infraestructura hidráulica de la capital.[50][51] Entre los principales desafíos contemporáneos figuran el deterioro progresivo de conductos y estructuras históricas, las pérdidas en redes de distribución[52] y la vulnerabilidad ecológica de las áreas de captación vinculadas al sistema.
Estudios ambientales realizados en la cuenca Almendares-Vento han señalado riesgos de contaminación asociados a la presencia de metales pesados y otros contaminantes en aguas, sedimentos y suelos urbanos e industriales. Investigaciones hidrogeológicas sobre la vulnerabilidad del acuífero han indicado además un predominio de sectores clasificados con alta susceptibilidad a la contaminación, particularmente en áreas de rocas carbonatadas permeables y zonas de infiltración directa. Estas condiciones, junto con la presencia de actividades industriales, vertederos y sistemas de alcantarillado deficientes en partes de la cuenca, han sido consideradas un desafío para la preservación de la calidad del acuífero que abastece al sistema de Albear.[53]
Diversas intervenciones de mantenimiento y restauración se han llevado a cabo en estructuras históricas debido a su relevancia funcional, ingenieril y arquitectónica dentro de la red hidráulica habanera.[54] No obstante, reportes de prensa han indicado que las dificultades relacionadas con el abastecimiento de agua continúan afectando amplios sectores de La Habana, en un contexto marcado por las limitaciones operativas y la creciente demanda urbana.[55][56]
Características técnicas
El acueducto de Albear está compuesto por un sistema integrado de captación, conducción, regulación, almacenamiento y distribución de agua, diseñado para aprovechar las condiciones topográficas e hidrogeológicas de la cuenca Almendares-Vento. Su infraestructura incluye las obras de captación de Vento, el túnel bajo el río, el canal principal de conducción y los depósitos de Palatino, considerados entre los principales elementos hidráulicos y arquitectónicos del sistema.[57][58]
Manantiales y Taza de Vento

La captación se realiza en un conjunto de alrededor de 400 manantiales kársticos en la zona de Vento,[19] en el actual municipio de Boyeros, caracterizados por un caudal relativamente constante y por la elevada calidad natural de sus aguas, cuyas condiciones hidrogeológicas favorecen la estabilidad del suministro.[2][59] Albear señaló entre las principales ventajas de estos manantiales la ausencia de necesidad de bombeo mecánico y de grandes filtros, en contraste con otros sistemas de abastecimiento dependientes de aguas superficiales.[60]
La principal obra de toma del sistema es la denominada Taza de Vento. Consiste en un gran estanque en forma de hemiciclo, con un radio aproximado de 10 m. Su configuración ha sido comparada con la de un teatro griego. Hacia el lado del río, la estructura está delimitada por un muro de planta rectangular que actúa como elemento de separación entre la recolección de los manantiales y la corriente del Almendares. El muro presenta un carácter macizo y un ligero talud en la cara exterior. En el interior queda expuesto el despiece de los sillares, con función tanto estructural como ornamental. El conjunto se apoya sobre un zócalo perimetral que circunda el hemiciclo y actúa como marco de contención del agua captada. Complementariamente, la denominada Cañada fue acondicionada mediante un relleno de cantos acomodados sin mortero, formando una especie de filtro o red de drenaje que permite incorporar a la Taza aportes de otros manantiales cercanos. Desde esta estructura parte un canal de derivación que se conecta con la Torre Sur, punto de inicio del túnel que atraviesa el río.[3][59]
Túnel bajo el Almendares

El cruce del río Almendares constituye una de las soluciones técnicas más complejas del sistema, resuelto mediante un túnel hidráulico combinado con sifones invertidos, lo que permite mantener la circulación del agua sin alterar significativamente el curso natural del río.[24][29]
El túnel se compone de dos muros verticales apoyados en el lecho. Sobre ellos se construyó una bóveda de aproximadamente 4 m de diámetro. Sobre esta estructura se dispuso además un conducto de sección rectangular que permite el paso del río en el tramo situado por encima del túnel. Durante su ejecución se presentaron dificultades imprevistas, entre ellas la surgencia de un manantial vertical, que debió ser canalizado mediante tuberías y dotado de un sistema de captación específico. En su interior, el agua se conduce mediante un sifón compuesto por dos tuberías de hierro fundido de aproximadamente 1 m de diámetro, controladas desde las torres Sur y Norte, correspondientes respectivamente a las cámaras de entrada y salida, dotadas de compuertas.[3][61]
Canal de Albear
El agua es conducida posteriormente a través del denominado canal de Albear o de Vento, un canal cubierto de aproximadamente 10 km de longitud, sección ovoide y dimensiones cercanas a 2,40 m de altura y 1,98 m de ancho máximo. La estructura, construida en su mayor parte de forma soterrada, fue diseñada para optimizar el régimen de flujo uniforme. El canal presenta una pendiente longitudinal constante del orden de 1:5000. Esta inclinación permite mantener una velocidad estimada del flujo cercana a 0,74 m/s en el punto de arranque de los arcos. De este modo se reducen las pérdidas de carga y se evita la sedimentación excesiva. El caudal de diseño se estimó en aproximadamente 1,67 m³/s (144 000 m³ diarios), con una capacidad máxima superior a 300 000 m³ diarios. El tramo inferior, por donde discurre el flujo, fue construido en mampostería hidráulica, en tanto que la zona superior se levantó con ladrillo cerámico en forma de cuña de 0.30 m de espesor.[62][63]
A lo largo de su recorrido, el canal incorpora diversas estructuras hidráulicas para la regulación y control del agua, incluyendo cámaras de sedimentación, aliviaderos, registros y torres de ventilación. Entre estas destacan las veinticuatro torres cilíndricas destinadas a la inspección y ventilación del conducto, así como tres casas de compuertas que permiten evacuar excedentes hacia el río y regular el funcionamiento del canal conforme a su capacidad de diseño.[3][62]
Depósitos de Palatino

El canal alcanza finalmente los depósitos de almacenamiento, con capacidad para 60 603,96 m³, que permiten regular la distribución hacia la red urbana. Para su construcción, Albear seleccionó una zona elevada próxima a la ciudad, conocida como Palatino, cuya altura[nota 2] permitía distribuir el agua por gravedad hacia el núcleo colonial. El diseño de estos reservorios respondió a criterios de ingeniería sanitaria que contemplaban una dotación aproximada de 50 litros por habitante durante cinco días, para una población estimada de 250 000 habitantes, con previsión de crecimiento. Albear proyectó los tanques como una reserva estratégica destinada a garantizar el suministro de agua durante operaciones de limpieza, mantenimiento o reparación del canal.[42][66]
Los depósitos fueron concebidos excavados en el terreno, aprovechando la resistencia natural de la tierra para reducir la presión sobre los muros y simplificar su construcción. El conjunto presenta una composición de carácter académico y está constituido por un tanque rectangular dividido en dos reservorios simétricos de aproximadamente 30 000 m³ cada uno. Los depósitos fueron ejecutados con fondos de hormigón y muros de contención de mampostería de unos 6,25 m de altura. El espesor de los muros varía entre 0,85 m en la parte superior y 2,05 m en la base. El sistema de regulación hidráulica permite llenar ambos depósitos simultáneamente, operar cada compartimento por separado o derivar directamente el agua hacia la red urbana mediante cámaras de válvulas y sistemas mecánicos de control del flujo.[67]

Aunque Albear previó originalmente cubrir los depósitos como medida sanitaria y de protección climática, esta solución no llegó a ejecutarse. Los planos originales contemplaban una cubierta de hormigón formada por bóvedas elípticas sostenidas por columnas de granito espaciadas regularmente, cuyos cimientos llegaron a construirse parcialmente. La ejecución de las estructuras empleó hormigón de cemento Portland y mampostería de piedra caliza coralina extraída de canteras cercanas.[67]
Las compuertas, tomas y mecanismos de maniobra de los tanques se concentran en un pabellón conocido como la Arcada, descrito en la bibliografía como un hito de la arquitectura neoclásica del siglo XIX cubano.[68][69] El conjunto presenta un pórtico central de grandes dimensiones, articulado mediante pilastras dóricas distribuidas en once intercolumnios. Nueve de estos se abren en arcos de medio punto, mientras que los extremos permanecen cerrados. Esta composición contribuye a una percepción de ligereza y diafanidad a pesar de la escala del edificio. El pretil incorpora rejas de hierro entre pedestales, recurso que también aparece en las verjas perimetrales, la protección de vanos, la escalera de caracol de acceso a la cubierta y las luminarias.[5]
Red de distribución
Desde los depósitos parte la red principal de distribución hacia La Habana, articulada mediante una conducción maestra de 42 pulgadas de diámetro, de la cual derivan conductos secundarios y redes domésticas de menor sección, construidos principalmente en hierro fundido. El sistema permitía abastecer tanto el núcleo histórico como los barrios extramuros y las nuevas zonas de expansión urbana. El proyecto incorporó además parte del trazado y algunas infraestructuras del anterior acueducto de Fernando VII, reutilizadas para conducir las aguas del nuevo sistema hacia distintos sectores de la ciudad. En 1894 la red comenzó a extenderse hacia nuevos barrios residenciales situados al oeste de la capital, entre ellos El Carmelo, abastecido mediante una nueva tubería de 12 pulgadas.[70]
Reconocimiento patrimonial
En 1997, la Sociedad de Ingeniería Civil de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC) incluyó el sistema entre las denominadas «Siete maravillas de la ingeniería civil cubana», en reconocimiento a su valor dentro del sistema histórico de abasto de agua de La Habana y la aplicación de principios avanzados de la ingeniería hidráulica y sanitaria del siglo XIX.[47][71]
Posteriormente, el 11 de enero de 2007, en conmemoración del 193 aniversario del natalicio de Francisco de Albear, el Sistema de Acueductos Históricos de La Habana —integrado por la Zanja Real, el acueducto de Fernando VII y el acueducto de Albear— fue declarado Monumento Nacional de la República de Cuba.[1][72] Desde 2024 forma parte de la lista indicativa de Cuba del Patrimonio Mundial de la UNESCO.[3]