Afrikáner
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Los afrikáneres o afrikáners —también conocidos históricamente como bóeres, aunque este término se aplica de forma más precisa a los descendientes de los agricultores de origen neerlandés establecidos en el interior de Sudáfrica— son un grupo étnico de origen europeo asentado principalmente en Sudáfrica y Namibia, con comunidades menores en Botsuana, Zimbabue, Zambia y Angola. Su identidad histórica se ha articulado en torno a la lengua afrikáans, derivada del neerlandés, la tradición cristiana calvinista y una cultura vinculada originalmente a la actividad agropecuaria.
Alemanes
Frisones
Pieds-noirs
| Afrikáneres | ||
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| Población | Entre 2,8 y 3,5 millones[1] | |
| Idioma | Afrikáans | |
| Religión | Calvinismo | |
| Etnias relacionadas |
Neerlandeses Alemanes Frisones Pieds-noirs | |
| Asentamientos importantes | ||
| 3-4 M [2][3] |
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| 251.000 [3] |
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| 117.000 [3] |
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| 106.000 [3] |
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| 79.000 [3] |
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| 48.000 [3] |
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| 29.000 [3] |
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| 24.000 [3] |
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| 20.000 [4] |
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| 15.000 [3] |
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| 11.000 [3] |
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| 4.100 [3] |
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| 2.500 [3] |
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| 2.500 [3] |
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| 650 [5] |
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La comunidad afrikáner surgió a partir de la colonización neerlandesa del Cabo de Buena Esperanza iniciada en 1652, a la que se incorporaron también inmigrantes procedentes de Flandes, el norte de Alemania y hugonotes franceses. Durante los siglos XVIII y XIX, numerosos colonos emigraron hacia el interior del África austral en el proceso conocido como el Gran Trek, donde fundaron varias repúblicas bóeres que fueron incorporadas al Imperio británico tras la segunda guerra de los bóeres.
En el siglo XX, los afrikáneres desempeñaron un papel central en la política sudafricana. Tras la creación de la Unión Sudafricana en 1910 y, especialmente, desde la victoria electoral del Partido Nacional en 1948, ejercieron una influencia predominante en las instituciones del Estado y en la implantación del sistema de apartheid. Desde el establecimiento de la democracia multirracial en 1994, constituyen una minoría de la población sudafricana cuya influencia política ha disminuido, aunque continúan desempeñando un importante papel en diversos ámbitos económicos, culturales y sociales.
Etimología

El término afrikáner (del afrikáans Afrikaner, literalmente, «africano») comenzó a emplearse para designar a los descendientes de los colonos europeos establecidos en la Colonia del Cabo. La primera utilización documentada suele atribuirse a Hendrik Bibault (o Biebouw), un joven de Stellenbosch que, en 1707, durante un conflicto con las autoridades coloniales neerlandesas, habría exclamado «Ik ben een Afrikaander!» («¡Soy un africano!»),[6] una declaración considerada por diversos historiadores como una de las primeras manifestaciones de una identidad diferenciada respecto a la metrópoli neerlandesa. No obstante, la consolidación del término como autodenominación colectiva fue un proceso gradual que se desarrolló a lo largo de los siglos XVIII y XIX.[7]
El vocablo bóer procede del neerlandés boer («campesino» o «granjero»).[8] Inicialmente se utilizó para designar a los colonos dedicados a la agricultura y la ganadería en la Colonia del Cabo, especialmente a aquellos que se asentaron en las zonas de frontera. Con el tiempo, el término pasó a asociarse de forma particular con los voortrekkers y con los habitantes de las repúblicas bóeres establecidas en el interior del África austral durante el siglo XIX. En la actualidad, aunque con frecuencia se emplea como sinónimo de afrikáner, numerosos historiadores distinguen ambos conceptos: afrikáner hace referencia al conjunto del grupo étnico y cultural, mientras que bóer posee un sentido histórico más específico vinculado a la población rural y a las antiguas repúblicas bóeres.[6]
El término burgher (del neerlandés vrijburgher, «burgués libre» o «ciudadano libre») fue la denominación otorgada por la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales a los colonos europeos liberados de su servicio que recibían autorización para establecer explotaciones agrícolas en la Colonia del Cabo.[9] Esta categoría jurídica desempeñó un papel fundamental en los primeros años de la colonización y dio origen a buena parte de la población de la que posteriormente surgiría la comunidad afrikáner.
El concepto Volkstaat, formado por las palabras afrikáans volk («pueblo» o «nación») y staat («Estado»), designa la aspiración de establecer un Estado propio para el pueblo afrikáner. Aunque la idea tiene precedentes en el nacionalismo afrikáner de los siglos XIX y XX, adquirió especial relevancia durante las negociaciones que precedieron al fin del apartheid, cuando algunos sectores defendieron la creación de un territorio autónomo destinado a preservar la identidad lingüística, cultural y política de la comunidad afrikáner.[6][10]
Historia
Origen y formación (1652–1795)
El origen del pueblo afrikáner se remonta al establecimiento de la Colonia del Cabo por la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (Vereenigde Oostindische Compagnie, VOC). El 6 de abril de 1652, una expedición dirigida por Jan van Riebeeck fundó un asentamiento permanente en la bahía de la Mesa con el objetivo de servir como estación de aprovisionamiento para las embarcaciones que cubrían la ruta comercial entre Europa y Asia. La colonia no fue concebida inicialmente como un proyecto de poblamiento a gran escala, sino como un enclave estratégico destinado a suministrar alimentos frescos, agua y asistencia técnica a los barcos de la compañía.[6][7]

Durante sus primeros años, la población europea estuvo integrada principalmente por empleados de la VOC. Sin embargo, las necesidades de abastecimiento impulsaron a la compañía a conceder tierras a algunos de sus antiguos trabajadores, quienes pasaron a ser conocidos como vrijburghers («ciudadanos libres»). Estos colonos establecieron explotaciones agrícolas en los alrededores de Ciudad del Cabo, sentando las bases de una sociedad agraria que, con el tiempo, se expandió hacia el interior.[9]
La expansión territorial de la colonia estuvo acompañada por un progresivo deterioro de las relaciones con las comunidades khoikhoi y san, motivado por la competencia por los recursos, la ocupación de tierras de pastoreo y la propagación de enfermedades introducidas por los europeos. Estos procesos favorecieron el desplazamiento de las poblaciones indígenas y consolidaron el dominio colonial sobre el suroeste del actual territorio sudafricano.[9][11]
A partir de finales del siglo XVII, la administración de la VOC impulsó una política de colonización más activa mediante la fundación de nuevos asentamientos, entre ellos Stellenbosch y Drakenstein, así como el fomento de la inmigración europea. Paralelamente, la colonia incorporó un elevado número de personas esclavizadas procedentes de distintas regiones del océano Índico, especialmente de Madagascar, la costa oriental de África, la India, Ceilán y las Indias Orientales Neerlandesas, cuya contribución resultó decisiva para el desarrollo económico y social de la colonia.

Dominio británico y Gran Trek (1795–1854)
La ocupación británica de la Colonia del Cabo comenzó en 1795, en el contexto de las guerras revolucionarias francesas, cuando el Reino Unido tomó el control del territorio para impedir que cayera bajo la influencia de la Francia revolucionaria tras la creación de la República Bátava en los Países Bajos. Aunque la colonia fue restituida brevemente a la República Bátava mediante el Tratado de Amiens (1802), los británicos la ocuparon nuevamente en 1806 tras la batalla de Blaauwberg.[12] Su soberanía quedó definitivamente reconocida en el Congreso de Viena de 1815.[7]
Durante las primeras décadas del dominio británico, la administración colonial introdujo una serie de reformas políticas, jurídicas y económicas que transformaron profundamente la sociedad de la Colonia del Cabo. Entre ellas destacaron la implantación progresiva del derecho británico, el aumento de la inmigración procedente del Reino Unido y la sustitución paulatina del neerlandés por el inglés como lengua de la administración y de buena parte de la enseñanza. Estas medidas generaron un creciente descontento entre numerosos colonos de origen neerlandés, que percibían una pérdida de su autonomía política y de sus tradiciones culturales.[12]

Otro motivo de tensión fue la política británica respecto a la esclavitud. La abolición de esta institución en el Imperio británico en 1834 y el sistema de indemnizaciones establecido para compensar a los propietarios fueron recibidos con descontento por parte de numerosos colonos, que consideraban insuficientes las compensaciones económicas y criticaban las dificultades para hacerlas efectivas.[7] A ello se sumaron los continuos conflictos en la frontera oriental con los pueblos xhosa y la percepción, entre parte de la población bóer, de que la administración colonial no protegía adecuadamente sus intereses.
En este contexto tuvo lugar el Gran Trek, un movimiento migratorio protagonizado por varios miles de bóeres que, entre 1835 y comienzos de la década de 1840, abandonaron la Colonia del Cabo para establecerse en el interior del África austral. Los participantes en esta migración, conocidos como voortrekkers («pioneros»), buscaban escapar del control británico y fundar comunidades políticamente independientes.[6][13]
Las expediciones se dirigieron hacia las regiones situadas al norte del río Orange y al este de la cordillera del Drakensberg. Durante su avance, los voortrekkers mantuvieron relaciones diversas con las poblaciones africanas, que oscilaron entre el comercio, las alianzas y el conflicto armado. Uno de los episodios más conocidos fue el enfrentamiento con el Reino zulú. En 1838, tras el asesinato del líder bóer Piet Retief y parte de su comitiva durante unas negociaciones con el rey Dingane, estalló una guerra que culminó ese mismo año con la victoria de los voortrekkers en la batalla del Río Sangriento (Blood River). Este acontecimiento adquirió posteriormente un profundo significado simbólico dentro de la memoria histórica y del nacionalismo afrikáner.[14]
Como consecuencia del Gran Trek surgieron diversos asentamientos y entidades políticas independientes. La efímera República de Natal fue anexionada por el Reino Unido en 1843, lo que provocó una nueva migración de numerosos bóeres hacia el interior. Finalmente, el reconocimiento británico de la independencia de la República Sudafricana (Transvaal) mediante la Convención de Sand River (1852) y del Estado Libre de Orange mediante la Convención de Bloemfontein (1854) consolidó la presencia de las principales repúblicas bóeres en el interior del África austral.
Unión Sudafricana y nacionalismo afrikáner (1910–1948)
La creación de la Unión Sudafricana el 31 de mayo de 1910, como dominio autónomo del Imperio británico, supuso la integración de las antiguas colonias del Cabo, Natal, Transvaal y el Estado Libre de Orange en una única entidad política. Aunque las repúblicas bóeres habían sido derrotadas en la segunda guerra de los bóeres (1899-1902), los afrikáneres recuperaron progresivamente su influencia política mediante su participación en las nuevas instituciones del Estado.[12]
Los primeros gobiernos de la Unión estuvieron encabezados por antiguos generales bóeres como Louis Botha y Jan Smuts, quienes promovieron una política de reconciliación entre afrikáneres y angloparlantes con el objetivo de consolidar el nuevo Estado. Sin embargo, una parte significativa de la población afrikáner consideró insuficiente esta política de cooperación con el Reino Unido y continuó defendiendo la plena independencia de Sudáfrica.[8]
Las tensiones se hicieron especialmente visibles durante la Primera Guerra Mundial. La decisión del Gobierno sudafricano de participar en la invasión del África del Sudoeste Alemana junto a las fuerzas británicas provocó la Rebelión de Maritz (1914), protagonizada por varios oficiales y antiguos combatientes bóeres que se opusieron a combatir contra Alemania y defendían el restablecimiento de las antiguas repúblicas independientes.[6] Aunque la insurrección fue sofocada, el episodio reforzó el nacionalismo afrikáner y consolidó la división entre los sectores moderados y los partidarios de una ruptura definitiva con el Imperio británico.
Durante las décadas de 1920 y 1930, el nacionalismo afrikáner experimentó un notable desarrollo político, cultural y económico. La promoción del afrikáans como lengua de enseñanza, administración y cultura, culminada con su reconocimiento como idioma oficial junto al inglés en sustitución del neerlandés, se convirtió en uno de los principales elementos de afirmación identitaria. Paralelamente, surgieron numerosas instituciones destinadas a fortalecer la posición social y económica de la población afrikáner, entre ellas asociaciones culturales, entidades educativas y organizaciones financieras vinculadas al movimiento nacionalista.
La crisis económica derivada de la Gran Depresión contribuyó a intensificar el sentimiento nacionalista entre amplios sectores de la población afrikáner, especialmente entre los pequeños agricultores y la población urbana empobrecida. En este contexto, el Partido Nacional, dirigido por J. B. M. Hertzog y posteriormente por D. F. Malan, consolidó un discurso basado en la defensa de la identidad afrikáner, la promoción del afrikáans y la ampliación de la autonomía política de Sudáfrica respecto al Reino Unido.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial volvió a dividir a la sociedad sudafricana. Mientras el primer ministro Jan Smuts apoyó la participación del país junto a los Aliados, una parte importante del nacionalismo afrikáner se mostró contraria a la entrada en guerra. Durante esos años surgieron organizaciones nacionalistas radicales, como la Ossewabrandwag, que defendían una mayor independencia respecto a Gran Bretaña y rechazaban la intervención sudafricana en el conflicto.[6][15]
Al finalizar la guerra, el crecimiento electoral del Partido Nacional reflejó la consolidación política del nacionalismo afrikáner. En las elecciones generales de 1948, la formación encabezada por Daniel Malan obtuvo la mayoría parlamentaria y accedió al gobierno, iniciando una nueva etapa caracterizada por la institucionalización de las políticas de segregación racial que posteriormente serían conocidas como apartheid.[10]
El apartheid (1948–1994)
La victoria del Partido Nacional en las elecciones de 1948 marcó el inicio de un periodo de dominio político afrikáner que se prolongó durante casi medio siglo. Bajo los gobiernos de Daniel Malan, Johannes Gerhardus Strijdom, Hendrik Verwoerd, Balthazar Johannes Vorster y Pieter Willem Botha, el Estado sudafricano desarrolló y consolidó el sistema de apartheid, un conjunto de leyes y políticas destinadas a institucionalizar la segregación racial y preservar la supremacía política de la minoría blanca.[10][16]
Aunque la segregación racial existía desde la época colonial y había sido reforzada durante la Unión Sudafricana, el nuevo gobierno amplió y sistematizó este marco legislativo mediante la aprobación de numerosas normas que regulaban aspectos como la clasificación racial de la población, la residencia, la propiedad de la tierra, la educación, el empleo, la representación política y la libertad de circulación. Estas medidas afectaron principalmente a la mayoría negra, aunque también alcanzaron a las comunidades mestiza e india.[16]
El apartheid estuvo estrechamente vinculado al nacionalismo afrikáner, que consideraba la separación de los distintos grupos raciales como un medio para garantizar la supervivencia de la identidad, la lengua y las instituciones de la comunidad afrikáner.[6] No obstante, diversos historiadores han señalado que el apoyo al sistema no fue uniforme dentro de la población afrikáner y que, especialmente a partir de las décadas de 1970 y 1980, surgieron voces críticas tanto en el ámbito político como en sectores de la Iglesia Reformada Neerlandesa, el mundo académico y la sociedad civil.[17]
A partir de la década de 1960, el régimen afrontó una creciente oposición interna y una progresiva presión internacional. La prohibición de organizaciones como el Congreso Nacional Africano (CNA) y el Congreso Panafricanista, el encarcelamiento de dirigentes como Nelson Mandela y la represión de las protestas no impidieron el fortalecimiento del movimiento contra el apartheid. Paralelamente, Sudáfrica fue objeto de sanciones económicas, aislamiento diplomático y un amplio movimiento internacional de boicot que incrementó el coste político y económico del mantenimiento del sistema.[8][10]
Durante la presidencia de Pieter Willem Botha se introdujeron algunas reformas limitadas que no alteraron los fundamentos del apartheid, mientras aumentaban la conflictividad social y la violencia política. Su sucesor, Frederik de Klerk, inició en 1990 un proceso de reformas que incluyó la legalización de los principales movimientos de oposición, la liberación de Nelson Mandela y el comienzo de las negociaciones para poner fin al régimen segregacionista.[18]
El proceso culminó con las elecciones generales de 1994, las primeras celebradas mediante sufragio universal sin discriminación racial, que dieron la victoria al Congreso Nacional Africano y llevaron a Nelson Mandela a la presidencia de Sudáfrica. Con ello concluyó el periodo de hegemonía política afrikáner iniciado en 1948, aunque la comunidad continuó desempeñando un papel relevante en la vida económica, cultural y social del país.
Fin el Apartheid (1994-Actualidad)
Las elecciones generales de 1994 marcaron el inicio de una nueva etapa en la historia de Sudáfrica, con el establecimiento de un sistema democrático basado en el sufragio universal y el fin del dominio político de la minoría blanca. La llegada al poder del Congreso Nacional Africano (CNA), encabezado por Nelson Mandela, supuso una profunda transformación del sistema político y el comienzo de un proceso de reconciliación nacional orientado a superar las divisiones heredadas del apartheid.
Desde entonces, los afrikáneres han pasado a constituir una minoría dentro de una sociedad caracterizada por una mayor pluralidad política y cultural. Aunque perdieron la posición predominante que habían ocupado en las instituciones del Estado durante gran parte del siglo XX, continúan desempeñando un papel relevante en diversos ámbitos de la economía, la agricultura, la empresa, la educación y la vida cultural del país.
La Constitución de Sudáfrica de 1996 reconoció la igualdad de todos los ciudadanos y otorgó estatus oficial al afrikáans junto con otras diez lenguas. No obstante, la comunidad afrikáner ha protagonizado diversos debates relacionados con el uso del afrikáans en la enseñanza superior y en la administración pública, así como sobre la preservación de su patrimonio cultural y lingüístico en el contexto de la transformación institucional del país.[19]
Tras el fin del apartheid, algunos afrikáneres emigraron a otros países, principalmente al Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos, motivados por factores económicos, la percepción de un aumento de la inseguridad o la incertidumbre política derivada de la transición democrática. Sin embargo, la inmensa mayoría de la comunidad permaneció en Sudáfrica, donde continúa siendo uno de los principales grupos de población blanca.[20]
En el ámbito político y social han surgido diversas organizaciones dedicadas a la defensa de los intereses de la comunidad afrikáner, especialmente en materias como los derechos lingüísticos, la educación y la autonomía cultural. Algunas de estas entidades también han promovido propuestas de autogobierno o de mayor descentralización territorial, aunque dichas iniciativas han tenido un alcance limitado y no han obtenido respaldo institucional significativo.
En la actualidad, la identidad afrikáner continúa evolucionando en el marco de la Sudáfrica democrática. Diversos estudios han señalado una creciente diversidad de posiciones políticas y sociales dentro de la comunidad, así como una redefinición de su identidad colectiva, cada vez menos vinculada al nacionalismo afrikáner del siglo XX y más orientada hacia la preservación de su lengua, su patrimonio histórico y sus manifestaciones culturales.
Distribución geográfica
Los afrikáneres residen principalmente en Sudáfrica, donde constituyen uno de los principales grupos de población blanca del país. Aunque no existe una distribución territorial exclusiva, su presencia es especialmente significativa en las provincias de Gauteng, Cabo Occidental, Cabo Septentrional, Estado Libre, Noroeste y Limpopo, así como en numerosos municipios rurales del interior. También forman comunidades importantes en ciudades como Johannesburgo, Pretoria, Ciudad del Cabo, Bloemfontein y Gqeberha.[21]
Fuera de Sudáfrica, la comunidad afrikáner mantiene una presencia histórica en Namibia, especialmente en Windhoek y en las regiones meridionales del país. Su origen se remonta tanto a las migraciones bóeres del siglo XIX como al periodo de administración sudafricana del antiguo África del Sudoeste. El afrikáans continúa siendo una de las lenguas más habladas de Namibia, aunque la mayoría de sus hablantes pertenece a otros grupos étnicos además de la comunidad afrikáner.[22]
Existen asimismo comunidades de menor tamaño en otros países del África austral, como Botsuana, Zimbabue, Zambia y Angola, establecidas a partir de diferentes movimientos migratorios desarrollados desde finales del siglo XIX. Algunas de estas poblaciones tienen su origen en las migraciones de los Dorsland Trekkers, mientras que otras se formaron durante el siglo XX por motivos económicos o políticos.[13]
Desde el final del apartheid en 1994, una parte de la población afrikáner ha emigrado a otros países, principalmente Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Canadá y Estados Unidos. Aunque estas comunidades mantienen asociaciones culturales y lingüísticas, la gran mayoría de los afrikáneres continúa residiendo en Sudáfrica.[20]
Lengua
La lengua nacional del pueblo afrikáner es el afrikáans, lengua derivada del neerlandés, que comenzó a forjarse a finales del siglo XVII, pero cuya estandarización y oficialización no llegó hasta el siglo XX. La colonia neerlandesa de El Cabo ofrecía todas las características necesarias para la criollización de la lengua de sus colonos. En primer lugar, Ciudad del Cabo comenzó a llenarse de sirvientes khoi y de esclavos malgaches y malayos que dominaban pobremente el neerlandés y que utilizaban una variante simplificada de este.
La situación entre la propia población europea no era mucho mejor. Los colonos neerlandeses eran de baja extracción social y el propio Van Riebeeck hizo notar en su día la escasa calidad de su neerlandés. Además, pronto comenzaron a asentarse colonos franceses de origen hugonote y alemanes que estaban enrolados como mercenarios en la Compañía de las Indias Orientales.

La situación de la colonia, a más de 15 000 kilómetros de la Madre Patria, proporcionó el aislamiento necesario para la criollización del neerlandés. Se simplificó la fonética, y sobre todo, la gramática: se unificaron los casos nominativo, dativo y acusativo de los pronombres personales, dejaron de usarse las viejas declinaciones y desaparecieron las desinencias personales en la conjugación verbal. Además, se incorporaron a la nueva modalidad lingüística multitud de vocablos procedentes del francés, del alemán, del malayo y del khoi.
Puede decirse que, a finales del siglo XVIII, esta evolución lingüística había cristalizado en el surgimiento del kaapse hollands ('holandés del Cabo'), al que pronto se le daría el nombre de afrikaans.
En este momento, la lengua escrita de los colonos afrikáneres era exclusivamente el neerlandés estándar. Dicha situación se prolongó durante todo el siglo XIX, en el transcurso del cual la lengua neerlandesa (y no el afrikáans) se convirtió en el idioma oficial de las repúblicas bóeres. Las constituciones del Transvaal y el Estado Libre de Orange así como todos sus documentos públicos y boletines oficiales estaban redactados en neerlandés.
Sin embargo, ya en el último cuarto del siglo XIX, un grupo de entusiastas fundó en Stellenbosch la Genootskap van regten Afrikaners ('Sociedad de verdaderos afrikáneres'), que pretendía defender los derechos de este pueblo tanto en la colonia del Cabo como en las repúblicas bóeres. Desde esta sociedad comenzó a fomentarse el uso escrito de la lengua afrikáans, que hasta entonces había sido empleada únicamente en el plano oral.
La posición del neerlandés continuó firme aun después de la segunda guerra de los bóeres. La constitución de la Unión Sudafricana, aprobada en 1910, estableció que el inglés y el neerlandés eran los dos idiomas oficiales de la federación. Los afrikáneres consideraban en este momento que el neerlandés, y no el afrikáans, era la única lengua capaz de resistir con garantías la embestida del inglés. Pero la situación cambió radicalmente a partir de la rebelión de Maritz (1916), que dio origen a una impresionante oleada de nacionalismo afrikáner.
En este momento, el Partido Nacional, republicano y antibritánico, asumió como idioma de trabajo el afrikáans, e inició una campaña a favor de su reconocimiento oficial por todo el territorio de la Unión Sudafricana. Progresivamente, fue desplazando al neerlandés en las escuelas, los organismos oficiales y las iglesias, y al fin, en 1925, una resolución del parlamento sudafricano, autorizó su uso en los debates parlamentarios y en la redacción de las leyes.
La transición del neerlandés al afrikáans concluyó a mediados de los años 1930. Puede decirse que la campaña lingüística del nacionalismo afrikáner no solo sirvió para dar oficialidad a la forma escrita de su lengua, sino también para alcanzar plena igualdad de trato con la lengua inglesa: De ahora en adelante, a todos los funcionarios federales se les exigió el dominio de ambas lenguas.
Religión
La religión ha desempeñado un papel central en la formación histórica de la identidad afrikáner. Desde los primeros asentamientos europeos en la Colonia del Cabo durante el siglo XVII, la mayoría de los colonos profesó el cristianismo reformado de tradición calvinista, cuya influencia se extendió a la organización social, la educación, la vida política y las manifestaciones culturales de la comunidad.
La Iglesia Reformada Neerlandesa (Nederduitse Gereformeerde Kerk, NGK) fue durante siglos la principal institución religiosa de los afrikáneres y desempeñó un papel destacado en la consolidación de su identidad colectiva.[23] Con el paso del tiempo surgieron otras denominaciones reformadas, entre ellas la Iglesia Reformada Holandesa de África (Nederduitsch Hervormde Kerk van Afrika, NHKA) y las Iglesias Reformadas de Sudáfrica (Gereformeerde Kerke in Suid-Afrika, GKSA), que, junto con la NGK, constituyen las principales iglesias históricamente vinculadas a la comunidad afrikáner.[24]
Durante el siglo XIX, la interpretación providencialista de determinados acontecimientos históricos, como el Gran Trek o la batalla del Río Sangriento, contribuyó al desarrollo de una identidad nacional en la que la religión ocupó un lugar destacado. Diversos sectores del nacionalismo afrikáner interpretaron estos episodios como manifestaciones de una misión histórica o de una protección divina, una visión que ejerció una notable influencia en la cultura política afrikáner durante buena parte del siglo XX.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, parte de la jerarquía y de los teólogos de la Iglesia Reformada Neerlandesa proporcionaron justificaciones teológicas al sistema de apartheid, argumentando que la separación entre los distintos grupos raciales era compatible con los principios bíblicos. Esta interpretación fue objeto de un intenso debate tanto dentro como fuera de Sudáfrica y recibió crecientes críticas por parte de otras iglesias cristianas y de sectores de la propia comunidad afrikáner.[23][24]
Desde la década de 1980, las principales iglesias reformadas iniciaron un proceso de revisión doctrinal respecto al apartheid. En 1986, la Iglesia Reformada Neerlandesa aprobó el documento Church and Society, en el que rechazó la justificación teológica de la segregación racial, una posición reafirmada en años posteriores mediante diversas declaraciones oficiales.[23]
En la actualidad, la mayoría de los afrikáneres continúa identificándose con distintas denominaciones protestantes de tradición reformada, aunque el grado de práctica religiosa y la diversidad confesional han aumentado de forma significativa desde finales del siglo XX. Junto a las iglesias reformadas históricas, también existen comunidades metodistas, pentecostales, evangélicas y católicas integradas por afrikáneres, reflejo de la creciente pluralidad religiosa de la comunidad.
Identidad y símbolos
Identidad nacional
La identidad afrikáner se formó gradualmente entre los siglos XVIII y XIX a partir de la experiencia compartida de los descendientes de los colonos europeos establecidos en la Colonia del Cabo. El aislamiento respecto a Europa, la expansión hacia el interior del África austral, el desarrollo del afrikáans como lengua diferenciada y la tradición calvinista contribuyeron a la consolidación de una identidad colectiva distinta de la neerlandesa.[6]
Durante el siglo XIX, acontecimientos como el Gran Trek, la creación de las repúblicas bóeres y las guerras de los bóeres desempeñaron un papel fundamental en la construcción de una memoria histórica compartida. Estos episodios fueron posteriormente reinterpretados por el nacionalismo afrikáner como elementos fundacionales de la nación afrikáner y adquirieron una importancia central en la cultura política del siglo XX.[6]
Tras la creación de la Unión Sudafricana en 1910, el nacionalismo afrikáner impulsó la promoción del afrikáans, el fortalecimiento de sus instituciones culturales y educativas y la difusión de una narrativa histórica propia. Este proceso culminó con la llegada al poder del Partido Nacional en 1948, cuando numerosos símbolos e instituciones vinculados a la identidad afrikáner pasaron a formar parte del Estado sudafricano.[6]
Desde el establecimiento de la democracia en 1994, la identidad afrikáner ha experimentado una evolución significativa. Aunque continúa sustentándose en elementos como la lengua afrikáans, determinadas tradiciones culturales y un patrimonio histórico común, la comunidad presenta una creciente diversidad política, religiosa y social, alejándose de la identificación casi exclusiva con el nacionalismo afrikáner que caracterizó buena parte del siglo XX.
Símbolos
A lo largo de su historia, la comunidad afrikáner ha utilizado diversos símbolos nacionales y culturales que reflejan su evolución histórica. Entre los más representativos figuran las banderas de las antiguas repúblicas bóeres, especialmente la Vierkleur de la República Sudafricana (Transvaal) y la bandera del Estado Libre de Orange, ambas adoptadas durante la segunda mitad del siglo XIX. Entre 1928 y 1994, la bandera nacional de Sudáfrica incorporó elementos de las tradiciones británica y neerlandesa, incluyendo en su diseño las enseñas de las antiguas repúblicas bóeres. Tras la adopción de la actual bandera sudafricana en 1994, estos símbolos dejaron de tener carácter oficial, aunque continúan siendo utilizados en determinados contextos históricos, culturales y conmemorativos.
- República Sudafricana (1857-1902)
- Estado Libre de Orange (1854-1902)
- Unión Sudafricana (1928-1961)
- República de Sudáfrica (1982-1994)
Otros símbolos asociados a la identidad afrikáner incluyen el Monumento al Voortrekker, inaugurado en Pretoria en 1949 en homenaje a los participantes en el Gran Trek; el Monumento al Idioma Afrikáans, inaugurado en Paarl en 1975 para conmemorar el desarrollo del afrikáans; y el himno Die Stem van Suid-Afrika, que fue himno nacional de Sudáfrica entre 1957 y 1994 y que actualmente forma parte, junto con Nkosi Sikelel' iAfrika, del himno nacional sudafricano. Asimismo, el Día del Juramento (Geloftedag), celebrado tradicionalmente el 16 de diciembre en conmemoración de la batalla del Río Sangriento, constituyó durante más de un siglo una de las principales festividades de la comunidad afrikáner. Desde 1994, esta fecha se celebra en Sudáfrica como el Día de la Reconciliación, con un significado cívico dirigido a fomentar la unidad nacional.


Relación con otros grupos étnicos
Neerlandeses

De Kaap is weer Hollands! —Dicho tradicional afrikáans. |
Al igual que sucedía con los habitantes de otros imperios coloniales, los primeros colonos de El Cabo se identificaban fundamentalmente con su madre patria, los Países Bajos. Durante todo el siglo XVIII y buena parte del XIX, los burghers de Sudáfrica fueron conocidos como "los holandeses de El Cabo" (Kaapse Hollander). Pese a que ya en 1707 un burgher de 17 años, Hendrik Biebow, se definió como africaander, lo cierto es que la identidad neerlandesa perduró durante bastante tiempo entre los colonos. A fin de cuentas, todos ellos utilizaban el neerlandés como lengua estándar, y eran miembros de la Iglesia reformada neerlandesa. Cuando tras el Tratado de Amiens (1802) los Países Bajos recuperaron efímeramente el control de la Colonia del Cabo, la ocasión fue celebrada por los colonos con un día de acción de gracias, y todavía hoy, para expresar satisfacción por un resultado, en lengua afrikáans se utiliza el siguiente dicho: De Kaap is weer Hollands.[25]
La conquista británica de 1805 y su consolidación tras el Congreso de Viena (1814) extinguieron definitivamente el dominio neerlandés en el Sur de África, a pesar de lo cual pervivieron durante largo tiempo multitud de vínculos culturales y emocionales entre los afrikáneres y su antigua metrópoli.
Así, en las fases iniciales del Gran Trek, apenas los bóeres hubieron atravesado el río Orange (dejando atrás, por tanto, la Colonia Británica del Cabo) su líder Piet Retief decidió fundar un nuevo estado que llevaría por nombre La Provincia Libre de Nueva Holanda en el África Suroriental. Quince años después, otra república afrikáner volvió a asumir una denominación neerlandesa: la República de Utrecht. Mas los vínculos entre las nuevos estados bóeres y los Países Bajos no se limitaron a la nomenclatura: Tras la fundación de la República de Natalia, Andries Pretorius se apresuró a solicitar la protección de los Países Bajos.
La bandera neerlandesa sirvió de base para la mayor parte de las enseñas de las repúblicas bóeres: Fue asumida por los bóeres de Graaf Reinet y Swellendam cuando estos proclamaron la independencia de sus repúblicas en 1795, y las repúblicas de Natalia, Transvaal, el Estado Libre de Orange y la República de Vryheid portaban todas ellas tres franjas horizontales de color rojo, blanco y azul. Ya en el siglo XX, la primitiva enseña neerlandesa, la Prinsenvlag (naranja, blanco, celeste) fue proclamada bandera oficial de la Unión Sudafricana en 1928, continuando vigente hasta 1994.