Arte neolítico

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El arte neolítico ('arte en la nueva Edad de Piedra') —por contraposición al Paleolítico ('antigua Edad de Piedra')— que se produjo en uno de los períodos en que se considera dividida la Edad de Piedra.

El término neolítico fue acuñado por John Lubbock en su obra de 1865 que lleva por título Prehistoric Times.[1] La palabra proviene del griego νέος, néos: ‘nuevo’; λίθος, líthos: ‘piedra’. Inicialmente se le dio este nombre en razón de los hallazgos de herramientas de piedra pulimentada que parecían acompañar al desarrollo y expansión de la agricultura. Hoy día se define el Neolítico precisamente en razón del conocimiento e uso de la agricultura o de la ganadería. Normalmente, pero no necesariamente.

Características

El estilo del neolítico, abierto a las sensaciones y a la experiencia, se transforma en una intención artística geométricamente estilizada, cerrada a la riqueza de la realidad empírica. En lugar de las minuciosas representaciones fieles a la naturaleza, plenas de cariño y paciencia para los detalles del modelo correspondiente, encontramos por todas partes signos ideográficos, esquemáticos y convencionales, que indican más que reproducen el objeto. El arte neolítico tiende ahora a fijar la idea, el concepto, la sustancia de las cosas, es decir a crear símbolos en lugar de imágenes.

(más específicamente en la Edad de los Metales), se conservan grandes monumentos megalíticos, entre ellos:

  • Los menhires: monolitos verticales ocasionalmente antropomorfos, para marcar territorio.
  • Los dolmenes: sepulturas construidas con dos o más piedras verticales cubiertas por una losa horizontal.
  • Los crómlechs: conjuntos de menhires de forma circular, observatorios astronómicos vinculados al culto del sol. El más famoso se encuentra en Inglaterra (Stonehenge).

El cambio de estilo en el arte neolítico influyó en la forma en que se representaba la figura humana al interpretarla por medio de dos o tres simples formas geométricas, como una recta vertical para el tronco y dos semicírculos, vueltos el uno hacia arriba y el otro hacia abajo, para los brazos y las piernas. Los dibujos rupestres del Neolítico muestran esta avanzada abstracción, y los menhires, en los cuales se ha querido ver retratos abreviados de los muertos, también muestran esta misma tendencia hacia la abstracción.[2]

En la península ibérica se desarrolló en este período un estilo de pintura rupestre en la zona levantina basado en la pintura de escenas de caza en rocas al aire libre, con representaciones esquemáticas de figuras humanas.

La alfarería

Un descubrimiento de vital importancia para la vida del hombre, y que tuvo un desarrollo muy rápido, es la alfarería. Permitió la construcción de recipientes para almacenar y cocinar, facilitando enormemente la vida cotidiana, pues ya no se requería estar permanentemente en las cercanías del agua, o realizar a menudo largos recorridos para abastecerse, pues almacenaba el agua, y también granos, semillas, productos molidos, etcétera, en los recipientes de alfarería. Solo necesitaban desplazarse periódicamente para renovar el abastecimiento de la cantidad consumida desde el suministro anterior.

Antes se usaban calabazas vacías (que podían contener agua pero no podían exponerse al fuego) y cestos de mimbre (que no podían contener agua). Posteriormente estos recipientes de mimbre se impermeabilizaron con la arcilla seca al sol o cocida al fuego. Más tarde aprendieron a dar la forma a la arcilla con un esqueleto de mimbre muy simple y luego sin esqueleto. La forma era a menudo de calabaza y las dimensiones parecidas al cesto de mimbre.

Los cazadores usaban en raras ocasiones las piezas de arcilla (por ejemplo, no servían como carcaj por su fragilidad), prefiriendo las de mimbre o de tejidos. En cambio, a los ganaderos y agricultores les proporcionaba seguridad en el almacenamiento de agua y otros productos lo cual, junto con los medios de conservación de la carne, les hacía menos dependientes de la caza diaria.

En esta época se difunde el uso de las piezas de alfarería, cuya utilización en la península ibérica es segura, existiendo restos del Neolítico medio.

Aparecida la alfarería, el hombre intenta decorarla. Hay indicios de que las primeras decoraciones se hacían con cuerdas, utilizadas a menudo de refuerzo, pero después se introdujeron otras variantes: la acanaladura, el cordón (línea en relieve a modo de cuerda, ligeramente debajo del borde) y las asas de diversos tipos.

La cerámica de la época inicial (hacia el 4000 a. C.) es de la llamada «cardial», con incisiones de diversos tipos en la arcilla blanda pero ya moldeada, hechas con los dedos o con punzones o espátulas de hueso o piedra pulida. Recibe el nombre de cardial por estar producidas la mayoría de las incisiones con conchas del molusco Cardium edule, el berberecho. Las incisiones, a menudo combinadas, buscaban efectos simétricos.

Arte neolítico europeo

Arte mueble neolítico
Grandes hachas pulidas sin signos de uso, Morbihan. 15−28 cm, finales del V milenio a. C.. Jade y nefrita de los Alpes. MHA, Vannes[3][4]
Cerámica de bandas del Neolítico pleno danubiano
Hacha pulida en sillimanita. Manzat, Puy-de-Dôme. Altura 85 mm. Museo de Toulouse

El arte mueble neolítico (a partir del 8000 a. C.), además de numerosos objetos ornamentales y ceremoniales, incluye una amplia gama de formas de cerámica y otros objetos en cerámica utilitarios, o con otras funciones. Estos objetos cerámicos se han conservado con mayor frecuencia en las tumbas. Sin embargo, en ocasiones, los difuntos eran acompañados de objetos, ya fueran utilitarios, de prestigio o decorativos, lo cual podía o no estar relacionado con el género de la persona: el estudio de estos depósitos funerarios revela claramente el dominio masculino en el Neolítico. Los objetos ornamentales suelen ser brazaletes de esquisto en forma de anilla, cuentas de collar de diversos materiales (piedra, hueso, concha...), colgantes hechos con hueso, o con colmillos de animal, figurillas y objetos de utilidad práctica decorados, casi siempre con motivos abstractos. Al final del Neolítico aparecen los primeros objetos ornamentales hechos de cobre nativo martilleado.

Si bien la cerámica se encuentra en tumbas tanto de hombres como de mujeres, los objetos de piedra tallada o pulida se hallan principalmente en tumbas masculinas. Entre estos se incluyen a veces objetos cuyo materia, sorprendentemente, fue elegido y trabajado con sumo cuidado: es el caso del hacha de Mazat, hecha de sillimanita. También se encuentran objetos claramente elaborados con maestría por «maestros-tallistas» a partir de materias «nobles». Tal es el caso de las grandes hojas de la región de Grand-Pressigny, que datan de finales del Neolítico, entre 3000 y 2400 a. C.,[5] hechas de grandes bloques de sílex homogéneo —que solo se encuentra en unas pocas regiones de Europa— y descubiertas a cientos de kilómetros de distancia, alisadas y afiladas hasta convertirse en «puñales». Una de ellas incluso ha sido objeto de un notable retoque mediante presión diagonal, tras el pulido, que confiere a esta hoja curva una decoración de ondas oblicuas y manifiesta una clara intención estética: una «obra maestra».[6]

La elección del jade para la fabricación de hachas —que se observa, entre las élites masculinas, en toda Europa a finales del Neolítico[7]— se atribuye a tres factores: su aspecto estético, a menudo de un verde intenso, translúcido, luminoso y pulido a gran escala, incluso con efecto espejo; su extrema resistencia a los golpes, un material ideal para el trabajo de la madera, aunque su elaboración requiere mucho tiempo y, posiblemente, la intervención de un especialista; y su extrema rareza, con apenas una veintena de yacimientos conocidos en el planeta, mientras que en Europa el principal yacimiento, situado en el monte Viso, se encuentra en un valle entre los 1800 y los 3300 metros de altitud. Algunas hachas son, además, de gran tamaño —hasta 40 cm—, lo que las hace aún más difíciles de fabricar y las convierte en objetos de gran prestigio.[8] El objeto utilitario se transforma entonces en una obra de arte, tanto por su apariencia como por la rareza del material, a menudo transportado a grandes distancias (1000 km o más),[9] lo que refleja la exquisita artesanía empleada en su creación. Al estar hecho de jade, el objeto se convierte en un símbolo de riqueza ostentosa, evidenciando el surgimiento de marcadas desigualdades dentro de estas culturas neolíticas.

Cultura de Peu-Richard (grupos neolíticos en Francia), Diconche en Saintes (3400-2900 a. C.)

La cerámica tiene innumerables variantes (que pueden identificarse en función de la morfología y la decoración impresa, incisa o pintada), aunque en Europa destacan dos de ellas:

  • la cerámica impresa cardial, propia de las primeras fases del Neolítico mediterráneo y caracterizada por la decoración mediante impresiones realizadas con las conchas de un molusco bivalvo (Cardium edule);
  • la cultura de la cerámica de bandas o lineal, con decoración lineal, que se encuentra en el corazón del continente, desde la cuenca de París hasta los Cárpatos) y cuya decoración es incisa con motivos geométricos, algunos de los cuales tienen forma de cintas con características curvas sinuosas.

En el sureste de Europa, debido a la influencia oriental, predominan las cerámicas pintadas.

Escultura neolítica en Europa

La escultura experimentó un desarrollo temprano y original: en prácticamente todas las culturas neolíticas de Europa oriental, aparecen desde las primeras fases figurillas femeninas de terracota y piedra, que supuestamente representan a una hipotética «Diosa Madre» símbolizando la fertilidad. Se han desenterrado ejemplos notables en Khirokitia, en el Neolítico precerámico de Chipre; en Sesklo y Dimini, en Grecia ; y, especialmente, en la cultura de Vinča de Serbia y en la cultura de Cucuteni o de Hamangia de Rumanía. Un caso especial son las esculturas de piedra de Lepenski Vir, en Serbia, talladas toscamente sobre grandes guijarros con personajes de aspecto tan peculiar que se han interpretado como seres híbridos (medio humanos, medio peces).

Las dos figurillas de Hamangia, en Rumania, de alrededor del 5000-4600 a. C., que han sido vistas como pensantes, y aunque tal vez no formaban un par de esculturas en el momento de su creación, dan testimonio claramente de una sociedad patriarcal desigual, el hombre está sentado en un taburete mientras que la mujer no se beneficia de uno.

Al final del Neolítico, aparecieron los primeros objetos ornamentales de cobre nativo u oro nativo martillado: el Calcolítico se considera el último período del Neolítico. Es también el comienzo del período de las grandes estelas grabadas o estatuas menhires con figuras guerreras explícitas, como las que se encuentran en el sur de Francia (en el Museo de Fenaille ) y en el norte de Italia (en el Castillo del Piagnaro en Pontremoli).

Arte del Levante español

Personajes femeninos en el abrigo de Cogull (provincia de Lérida)

La escuela de arte levantino español, que, para algunos estudiosos debe datarse en el periodo Epipaleolítico (o Mesolítico), del 8000 a. C., y no en el Neolítico, atribuyendo esta última datación a interpretaciones erróneas y sin fundamento. Las abundancia de escenas de caza con sus múltiples y sutiles aspectos son más propias de un pueblo cazador y no ganadero.[cita requerida] Sin embargo, muchos especialistas optan por ubicarlas, en sentido muy amplio en periodos más antiguos del Neolítico ya que, efectivamente sus representaciones incluyen ciertas escenas rupestres de ganadería (representan animales domésticos, sobre todo en Cogull); además algunos objetos representados permiten suponer que las pinturas corresponden a 8000 al 5000 a. C.[15] Se trata de pinturas murales que aparecen en los acantilados rocosos y covachas poco profundas de sierras y zonas escarpadas de las provincias mediterráneas españolas (el Levante español), desde Lérida hasta Andalucía; destacando Cogull, Alpera y Valltorta (entre otros muchos). No parece existir arte mobiliar asociado, solo pinturas murales creadas con pigmentos naturales molidos y diluidos en grasas animales. Los temas principales se relacionan con los seres humanos y sus actividades cotidianas (escenas que muestran ganado, caza, danzas rituales) o incluso escenas de luchas violentas. El estilo es muy espontáneo y vivaz: las figuras conforman escenas realmente dinámicas. Los personajes están representadas por siluetas estilizadas, monocromáticas (rojas o negras), planas y sin modelado.

Megalitismo

Mapa con la distribución de estatuas-menhir en Europa. Fotos y dibujos: 1 y 4.- Bueno et al. 2005; 2.- Santonja y Santonja 1978; 3.- Jorge 1999; 5.- Portela y Jiménez 1996; 6.- Romero 1981; 7.- Helgouach 1997; 8.- Tarrete 1997; 9, 10, 13, 14, 29, 30, 31, 32.- Philippon 2002; 11.- Corboud y Curdy 2009; 12.- Muller 1997; 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23 Arnal 1976; 24 y 25.- Augusto 1972; 26 y 27.- Grosjean 1966; 34.- López et al. 2009
Tumulus: tumulus A de Bougon, Deux-Sèvres
Decoración en espirales de la entrada a Newgrange (Irlanda).

El fenómeno megalítico podría considerarse como la primera manifestación arquitectónica monumental en Europa occidental. Su nacimiento parece tener lugar al final del quinto milenio en varios focos simultáneos a lo largo del fachada atlántica, desde Huelva (en España), hasta las islas Shetland y Jutlandia, y su cronología sobrepasa ampliamente la fase neolítica, perviviendo durante la Edad del Bronce, especialmente en el norte (lógicamente también se produce una evolución de las formas constructivas).

En el Neolítico Medio, alrededor del 4600 a. C., en el sureste de la cuenca de París y la Baja Normandía, los largos túmulos de la cultura de Cerny —recintos estrechos y alargados de hasta casi 300 metros de longitud— constituyen los primeros ejemplos de estas monumentales estructuras funerarias megalíticas. Quizás poco después, los monumentos, a menudo gigantescos, alrededor del golfo de Morbihan —entre ellos, en Carnac, el túmulo de Saint-Michel y el de Mané er Hroëk en Locmariaquer— representan «la primera arquitectura permanente en la historia de la humanidad».[16] Contenían una gran cantidad de objetos, algunos de ellos excepcionales: hachas pulidas, incluso muy pulidas, anillos de jade, cuentas y colgantes de variscita, que atestiguan la inmensa riqueza acumulada por las élites de esos remotos rincones del mundo, frente a un océano infinito. Esta exhibición irracional de riquezas parece haber secado cualquier deseo similar entre las élites del interior.[17]

Un megalito podrá definirse como una construcción de piedras gigantescas (megas: gigante y, lithos: piedra), toscamente trabajadas. Aunque en periodo posteriores la tipología se diversifica, durante el Neolítico hay cuatro clases de monumentos megalíticos:

  • el menhir, que no es más que una gran piedra aislada y sin labrar hincada verticalmente;
  • la alineación, que corresponde a una asociación de varios menhires en líneas;
  • el crómlech, que corresponde a la asociación de varios menhires en círculos; estos círculos de piedra experimentaron un desarrollo significativo durante la Edad de los Metales en las Islas Británicas, donde se les llamaba henges).
  • el dolmen, es una tumba colectiva megalítica que consta de al menos una cámara funeraria, originalmente cubierta por un túmulo, que en la mayoría de los casos ha desaparecido. Este es el tipo más común, pero existen muchas variantes, tanto más complejas como más sencillas. La cámara funeraria solía albergar los restos de numerosos cuerpos junto con sus ajuares funerarios.

En cualquier caso, los menhires, aislados o en grupos, señalarían santuarios al aire libre.

La decoración de los megalitos suele ser abstracta, aunque, como algunos parecen tener una larga vida como santuarios, también poseen temas figurativos de tipo esquemático. Hay tres grandes regiones donde sobresalen los dólmenes decorados: Bretaña (por ejemplo, el cairn de Barnenez y los dólmenes de Mane Kerionez), Irlanda (con Newgrange o Loughcrew, entre otros); y, por supuesto, la zona galaico-portuguesa en la península ibérica (con Antelas y Padrão en Portugal;[18] la Granja de Tiñinuelo y dolmen de Soto en España).

Las primeras fases decorativas suelen ser abstractas (formas culvilíneas y geométricas, cúpulas), a veces grabadas y otras pintadas. Con el tiempo aparecen formas esquemáticas reconocibles (armas, antropomorfos, zoomorfos...). La cronología de esta decoración parece ser neolítica, sin embargo, en algunas representaciones es posible reconocer objetos metálicos con lo que hay que suponer una larga pervivencia cronológica.

Asociados a los monumentos megalíticos, pero localizados en zonas rocosas de la cornisa atlántica, desde la desembocadura del río Tajo, en Portugal, hasta las islas Orcadas en Gran Bretaña (pasando por Galicia, Francia e Irlanda) se pueden incluir los petroglifos atlánticos. Su temática parece ser la misma: motivos curvilíneos, meandros, cúpulas, espirales, laberintos, cuadrados... (raramente con representaciones antropomorfas o zoomorfas), pero su apogeo se da en el segundo milenio a. C., es decir, en la edad de Bronce. No es raro que este tipo de manifestaciones pervivan fases más tardías, como ocurre con los henges británicos. Esta decoración debe tener un valor fuertemente simbólico, representando conceptos cuyo contenido se nos escapa.

Otras prácticas

Las tumbas han conservado numerosos objetos en los que se reconocen formas de arte y artistas de los siglos XX y XXI han encontrado allí la confirmación de su visión artística.[19] Y de manera similar, el público contemporáneo reconoce cualidades artísticas en objetos antiguos basándose en la interpretación que los artistas contemporáneos les han dado. Sin embargo, ciertos gestos rituales neolíticos también pueden haber dejado huellas significativas que no se encuentran plasmadas en objetos: la cultura de la cerámica lineal del Neolítico —en Europa, entre el 5500 y el 4700 a. C.— utilizaba el color rojo en los rituales funerarios, independientemente de la edad o el sexo del difunto. De este modo, reproducían una práctica constante en los periodos Mesolítico y Paleolítico en Europa: la incorporación del color rojo (en forma de ocre o hematita, en polvo o nódulos: óxidos de hierro) a los rituales funerarios. Este color podía aplicarse sobre el difunto o sobre los objetos que lo acompañaban, o bien colocarse en bolsas de material perecedero. Este gesto —esparcir y distribuir el color real, abundantemente o escasamente, en forma de polvo o en su forma virtual, como un nódulo— puede considerarse, por lo tanto, un gesto artístico significativo; más aún porque algunas tumbas no se beneficiaron de él.[20]

Oriente Medio

Anatolia

Göbekli Tepe en 2011. Volúmenes redondos / pilares monolíticos en forma de "T" (9600-8500) y pilares rectangulares (8500-7700 a. C.).
Reconstrucción de un «santuario» del nivel VI. Çatal Höyük, montículo oriental (18 niveles, c. 7100–6000 a. C.). Museo de las Civilizaciones de Anatolia, Ankara[N 1]

Göbekli Tepe (c. 9300-7500 a. C.), en el municipio de Şanlıurfa ( sureste de Anatolia, Turquía), y otros yacimientos como Karahan Tepe (9400-7500 a. C.), datan de los inicios del Neolítico precerámico A (PPNA).[21] Karahan Tepe es una estructura arquitectónica de 28 metros de ancho, ubicada en el centro del yacimiento, que se utilizó durante varios siglos. La coexistencia de edificios domésticos, pequeñas cabañas y estructuras comunales demuestra que se trataba de espacios habitables para cazadores-recolectores que comenzaban a cultivar cereales y a hornear una suerte de pan. El yacimiento de Göbekli Tepe, mucho más extenso, es famoso por su gran cantidad de monolitos, la mayoría con forma de T, algunos de los cuales presentan representaciones naturalistas de animales salvajes talladas en alto y bajo relieve en la piedra caliza. Los monolitos fueron extraídos en el mismo lugar.[22] Algunos monolitos representan figuras humanas, con el brazo doblado, en una V muy fina y grande que recorre el ancho del pilar.

La aldea de Çatalhöyük (c. 7100-6000 a. C., Anatolia Central) constaba de casas contiguas, con acceso y circulaciones a través de los tejados. Su acondicionamiento incluía muretes de partición y bancos, fosos y hogares. Algunos muros, en el nivel VI A, estaban cubiertos de pinturas y bajorrelieves que representaban grandes animales y multitudes de humanos mucho más pequeños en plena actividad. Un tercio de estas casas —distribuidas en dos niveles de excavación— parecieron a los descubridores como «santuarios» debido a la omnipresencia del toro, con cabezas de toro hechas de un «yeso» arcaico —con cuernos de arcilla o naturales— que hoy podrían interpretarse como restos de sacrificios.[23] La cerámica aparece repentinamente alrededor del 7000 a. C. La escultura en arcilla produjo figuras femeninas de diversas apariencias, incluyendo figuras obesas y, en particular, la famosa «Mujer entronizada apoyada sobre bestias salvajes», con una cabeza que aparece entre sus piernas.[24] Fue hallada en un silo de grano. Este tipo de representación femenina sigue siendo enigmática.[25] Cabe señalar que en las excavaciones se han desenterrado más de 2200 figurillas, la mayoría de las cuales representan animales, y menos del 5 % son figuras femeninas.[26]

Mesopotamia

Culturas prehistóricas en Mesopotamia

En la Alta Mesopotamia, Tell Hassuna es un pequeño yacimiento, de aproximadamente 200 por 150 metros, que data del VI milenio a. C.: una aldea de agricultores-pastores, uno de varios asentamientos similares, como Jarmo, pertenecientes a la misma cultura y en la que las excavaciones han sacado a la luz diversos recipientes y cerámicas, algunos de los cuales, datados después del 6000 a. C., son de gran calidad y presentan una decoración excepcional. Esta cerámica forma parte de una extensa red de intercambios en Oriente Medio y de un conjunto de centros de producción que, si bien difieren en su técnica cerámica, comparten ciertos aspectos de su decoración. Esto revela tanto similitudes como rasgos distintivos dentro de estas culturas. La cerámica de Hassuna está cuidadosamente pintada con pincel utilizando pigmento negro que a veces se torna rojizo durante la cocción, sobre terracota blanquecina. Esta cultura es contemporánea de la cultura de Samarra (6150-5900 a. C.) y anterior a la cultura Halaf, ambas también neolíticas.[28]

Al final del Neolítico, antes del surgimiento de las ciudades-estado, proliferaron los cacicazgos en Mesopotamia. El período de El Obeid, entre 5300 y 4500/4300 a. C., se distingue inicialmente por las hoces de terracota, moldeadas en una sola pieza, mango y hoja, cuya arcilla se vitrifica casi por completo durante la cocción, con fragmentos de arena de cuarzo incrustados que mejoran el filo.[29] Posteriormente, la Baja Mesopotamia (el yacimiento de Ur, por ejemplo) perdió su carácter pantanoso y la cerámica se volvió menos refinada, pero se encuentran esas pequeñas figurillas femeninas de siluetas esbeltas, con altos gorros, ojos incisos en forma de grano de café y decoradas con diseños incisos, punteados y pintados.

Notas

  1. Representaciones del sitio neolítico y sus habitantes: The site en catalhoyuk.com. Véase también la ilustración en el artículo de Ian Hodder en Pour la science, 1 de febrero de 2004.

Referencias

Enlaces externos

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