Asilo (refugio)
Un asilo es un santuario o lugar de refugio que pone a un criminal al abrigo de las persecuciones de la justicia. Esta voz trae su origen del griego Sylao que significa prender, arrancar o sacar con violencia. No se podía verificar, sin cometer un sacrilegio, arrancar o sacar con violencia a un hombre del asilo en que se había refugiado. Los templos, los altares, las estatuas de los dioses o de los héroes y sus sepulcros eran entre los antiguos los sitios a que se acogían los que eran abrumados por el rigor de las leyes u oprimidos por la violencia de los tiranos. De todos estos asilos, los templos eran los más sagrados e inviolables. Se suponía que los mismos dioses se encargaban de castigar a los criminales que llegaban a colocarse por este medio bajo su dependencia inmediata y se consideraba como una impiedad el querer quitarlos del cuidado de la venganza. En la antigüedad, se concedía así la impunidad a los criminales aun los más culpables ya fuese por superstición o bien para poblar las ciudades por este medio. Así fue en efecto como Tebas, Atenas y Roma se llenaron de habitantes: prueba bastante sensible de la multitud de crímenes que se cometían en aquel tiempo. Los israelitas tenían algunas ciudades de refugio que el mismo Dios les había designado mas estas no eran un asilo seguro sino para los que habían cometido un crimen por inadvertencia, por un caso fortuito e involuntario, y no para los que se habían hecho culpables con deliberado propósito.
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Un asilo es un santuario o lugar de refugio que pone a un criminal al abrigo de las persecuciones de la justicia. Esta voz trae su origen del griego Sylao que significa prender, arrancar o sacar con violencia. No se podía verificar, sin cometer un sacrilegio, arrancar o sacar con violencia a un hombre del asilo en que se había refugiado.
Los templos, los altares, las estatuas de los dioses o de los héroes y sus sepulcros eran entre los antiguos los sitios a que se acogían los que eran abrumados por el rigor de las leyes u oprimidos por la violencia de los tiranos. De todos estos asilos, los templos eran los más sagrados e inviolables. Se suponía que los mismos dioses se encargaban de castigar a los criminales que llegaban a colocarse por este medio bajo su dependencia inmediata y se consideraba como una impiedad el querer quitarlos del cuidado de la venganza.
En la antigüedad, se concedía así la impunidad a los criminales aun los más culpables ya fuese por superstición o bien para poblar las ciudades por este medio. Así fue en efecto como Tebas, Atenas y Roma se llenaron de habitantes: prueba bastante sensible de la multitud de crímenes que se cometían en aquel tiempo.
Los israelitas tenían algunas ciudades de refugio que el mismo Dios les había designado mas estas no eran un asilo seguro sino para los que habían cometido un crimen por inadvertencia, por un caso fortuito e involuntario, y no para los que se habían hecho culpables con deliberado propósito.