En un plano cercano aparece su rostro ligeramente de tres cuartos, la cabeza girada a la derecha (la izquierda en la realidad). Lleva una chaqueta gruesa, una gorra usada y un vendaje rodeándole la cara. Fuma en pipa (el humo está materializado). El cuadro da impresión de resignación pero también de apaciguamiento. Tiene los rasgos crispados, la mandíbula apretada y la mirada perdida en la lejanía. Van Gogh tiene 35 años pero aparenta más. El rostro, que es el elemento dominante, ocupa el centro de la tela; los ojos están a la altura de la línea que divide el cuadro en dos partes. El fondo es liso y bicolor, una franja de color rojo y otra naranja.
El fondo está dividido en dos zonas: la parte inferior es roja mientras que el borde superior es principalmente naranja, con algunos toques amarillos. La gorra es azul delante (un adorno de pelo) y detrás, violeta. La chaqueta es verde. El humo, su camisa y el vendaje son blancos mientras que el contorno de la pipa, sus ojos y sus cabellos son muy oscuros, casi negros. La pipa es marrón.
Van Gogh ha conseguido obtener un gran equilibrio en el juego de colores. Primeramente, su paleta se limita a los tres colores primarios pictóricos (rojo, azul, amarillo) y a los tres secundarios (verde, violeta y naranja), más el blanco y el negro (la sola excepción son los toques marrones de la pipa). Los colores organizados por pares de contrastes, están destinados a producir una idea de equilibrio: entre los colores primarios y secundarios, entre el negro y el blanco, entre los colores análogos y complementarios. Así, todos los colores han sido escogidos con el fin de contribuir a la armonía del cuadro y a cada uno le asignó un papel preciso, en oposición a otro.