La obra representa a Rose-Adélaïde Ducreux, sujeto frecuente en sus trabajos artísticos. Debido a que el oficio de pintor era inusual en mujeres además de percibido como una labor masculina, ésta no era una profesión ampliamente aceptada en la época. Las mujeres solían emplearse a sí mismas como tema en sus obras, creando un personaje marcadamente femenino.
Mediante el empleo de su belleza, talento y encanto, Ducreux logró capturar los rasgos más valorados por la sociedad del momento en lo relativo a la mujer. Pintada en un estilo neoclásico, la obra, realizada a tamaño natural, muestra a la artista de pie tocando un arpa. El instrumento aparece representado como un elemento accesorio que realza el esplendor de la forma femenina, envuelta en un lujoso vestido de seda el cual refleja el refinamiento de la artista. Sumado a su belleza juvenil, la iluminación de su figura se ve complementada por su habilidad con la música, reflejada en la postura de su mano izquierda, así como por la presencia de una novela y un jarrón decorativo situados en una mesa cercana, justo detrás de la partitura.