Sitio de Cartagena de Indias (1741)
batalla entre los reinos de Gran Bretaña y España por el control de Cartagena de Indias
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El sitio o batalla de Cartagena de Indias, del 13 de marzo al 20 de mayo de 1741, fue el episodio decisivo que marcó el desenlace de la guerra del Asiento (1739-1748), uno de los conflictos armados entre España y Gran Bretaña ocurridos durante el siglo XVIII.
| Sitio de Cartagena de Indias | ||||
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| Parte de la guerra del Asiento | ||||
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Sitio de Cartagena de Indias (José Ferré Clauzel, 1937). | ||||
| Fecha | 13 de marzo a 20 de mayo de 1741 | |||
| Lugar | Cartagena de Indias, Virreinato de Nueva Granada (actual Colombia) | |||
| Coordenadas | 10°23′07″N 75°32′19″O | |||
| Resultado | Victoria española[1] | |||
| Consecuencias | España mantiene su dominio en América del Sur | |||
| Beligerantes | ||||
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| Comandantes | ||||
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| Fuerzas en combate | ||||
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Como resultado de tensiones comerciales desde hacía tiempo, la guerra se libró principalmente en el mar Caribe; los británicos intentaron capturar puertos españoles clave en la región, incluidos Portobelo y Chagres en la actual Panamá, La Habana (actual Cuba) y Cartagena de Indias (actual Colombia).
Dos ataques navales anteriores fracasaron en 1740, mientras que el tercer intento en marzo de 1741 fue un asalto naval y terrestre combinado. Los británicos se vieron obligados a retirarse, tras haber perdido, según estimaciones, entre nueve mil quinientos y once mil quinientos hombres, influido por la fiebre amarilla; algunas unidades sufrieron tasas de mortalidad del 80 al 90 %. Fue una de las mayores derrotas en la historia de la Royal Navy. La victoria demostró la capacidad de España para defender su posición y puso fin, en gran medida, a las operaciones militares en esta área. Ambos países pusieron su atención en la guerra de sucesión austriaca y las hostilidades terminaron con el Tratado de Aix-la-Chapelle de 1748.
Antecedentes
En la época constituía para los ingleses una prioridad el disponer de plazas fuertes en tierra firme en el golfo de México y el mar Caribe, que querían convertir en británico y en el que ya disponían de algunas islas, siendo Jamaica la principal de ellas. El poder español a escala europea llevaba setenta años en claro declive, por lo que Gran Bretaña no estaba dispuesta a seguir aceptando unas condiciones enormemente desventajosas para ellos en lo que al comercio americano se refería. A pesar de aquella legalidad establecida como resultado de guerras pasadas, el contrabando por parte de mercantes ingleses era constante, y no era la primera vez que militares británicos intentaban poner pie en la costa, atacando ciudades o puertos poco protegidos, algunas veces con éxito momentáneo, pero al final los territorios siempre eran recuperados por los españoles.[cita requerida]
Dentro de este panorama, los problemas del contrabando y el corsario en el Caribe afectaban por igual a ambas potencias, aunque con ventaja española. Los británicos reconocen haber capturado doscientos treinta y un buques españoles frente a trescientos treinta y uno británicos capturados por los españoles, hasta septiembre de 1741, mientras que los recuentos españoles hablan de veinticinco frente a ciento ochenta y seis, aunque, a pesar de la gran discordancia de cifras, ambos recuentos reconocen ventaja para los españoles.[cita requerida]
Y precisamente uno de los muchos problemas de contrabando, ocurrido en 1738 frente a las costas de Florida, fue el utilizado por Gran Bretaña como pretexto para tratar una vez más de arrebatar a España sus posesiones americanas. El incidente, que traería tan terribles consecuencias, se produjo cuando un guardacostas español, La Isabela, al mando del capitán Juan de León Fandiño, apresó a un capitán contrabandista británico, Robert Jenkins, y supuestamente en castigo le cortó una oreja al tiempo que le decía: «Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve».[cita requerida]
Tradicionalmente a esta guerra se le conoció en Gran Bretaña como "The Spanish War". Se popularizó el término "War of Jenkins' Ear", ideado por el escocés Thomas Carlyle, tras la publicación en 1858 de su obra History of Friedrich II (en cuyo libro XI, cap. VI se emplea por primera vez la expresión).[cita requerida]
Guerra del Asiento

No hay ninguna evidencia de que Jenkins compareciera en el Parlamento británico. Iniciando las hostilidades en noviembre de 1739, el vicealmirante Edward Vernon atacó con seis buques la plaza de Portobelo en el istmo de Panamá. La plaza estaba defendida por tan solo setecientos hombres, por lo que el éxito de Vernon fue absoluto (este suceso da nombre a la calle Portobello Road, en Londres y además se compuso el famoso himno Rule, Britannia! conmemorando esa victoria). Mientras, las fuerzas del comodoro Anson, con el navío Septentrión y dos buques menores acosaban las colonias del Pacífico Sur, como maniobra de distracción, pero sin producir daños apreciables. Como fin último, Anson tenía la misión de apoyar desde la costa del Pacífico una futura operación militar en el istmo de Panamá que tendría como objetivo cortar las comunicaciones terrestres entre el Virreinato de Nueva Granada y el de Nueva España, para iniciar acto seguido la conquista británica de Nueva Granada.
Tras ese triunfo inicial, Vernon, envuelto en un clima de euforia, y azuzado por la opinión pública británica y por las incendiarias proclamas del joven parlamentario William Pitt, decidió dar un golpe decisivo, para lo que reunió una formidable flota de ciento ochenta y seis buques, con veintisiete mil seiscientos hombres, armada con dos mil cañones, que salió desde Port Royal (Jamaica) y fondeó a principios de marzo de 1741 junto a la costa de Cartagena de Indias, la ciudad más importante del Caribe, a la que llegaban todas las mercancías del comercio entre España y las Indias, incluyendo los tesoros extraídos de las minas de Potosí (actual Bolivia) y el Perú.

Cuando el virrey de la Nueva Granada, mariscal de campo Sebastián de Eslava, tuvo conocimiento de la venida en fuerza de Vernon para tratar de conquistar Cartagena, como la plaza se hallaba sin gobernador militar, decidió tomar personalmente el mando de la defensa por lo que el teniente general de la Armada, Blas de Lezo, jefe del apostadero y escuadra (seis navíos de línea) quedó como su inmediato subordinado.
En una carta fechada en Portobelo el 27 de noviembre de 1739, Vernon comenta a Lezo que ha dado un excelente trato a los prisioneros a pesar de que no lo merecían. Lezo le responde en carta fechada el 24 de diciembre del mismo año a bordo del Conquistador en un tono seco, arrogante y desafiante, y se despide de él no sin antes espetarle:
«Puedo asegurarle a Vuestra Excelencia, que si yo me hubiera hallado en Portobelo, se lo habría impedido, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, habría ido también a buscarlo a cualquier otra parte, persuadiéndome de que el ánimo que faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener su cobardía».[nota 2]
Fuerzas enfrentadas
Españolas
El militar español Francisco Javier Membrillo Becerra estima las fuerzas defensoras en 2250 soldados e infantes de marina y 900 milicianos, totalizando 3150 combatientes.[20] En cambio, Cesáreo Fernández Duro calculaba que eran 1100 hombres de tropa regular[21] de los batallones España y Aragón,[22] 300 milicianos,[21] dos compañías de negros[21] y mulatos libres[22] y 600 indios flecheros[21] que servían como trabajadores.[22] A estos se sumaban 600 marineros y 400 infantes de marina en los seis navíos de línea en el puerto,[3][22] totalizando 4000 hombres según los reportes españoles de la época.[3] Por su parte, el marino español Enrique Zafra Caramé estima a las fuerzas defensoras en 3200 soldados, marineros e indios flecheros.[5]
Los navíos presentes eran el Galicia (70 cañones y buque insignia), el África (60), el San Felipe (60), San Carlos (66),[23] Conquistador (66) y Dragón (60).[24]
Británicas

En su Diario, el propio Blas de Lezo mencionaba que los británicos tenían 12 000 a 14 000 «hombres de desembarco», es decir, tropas terrestres.[25] Según este documento[26] y una lista firmada por el mayor inglés Henry Balhunsy, la infantería de marina se organizaba en nueve regimientos y el ejército británico en otros dos.[27] A estos se sumarían 800 hombres de la guarnición de Jamaica y 160 artilleros mencionados en otra lista[28] y 3200 milicianos de Virginia y las Carolinas según cartas de las colonias francesas. De este modo, el profesor Jorge Cerdá Crespo estima que el número de tropas para el desembarco no era inferior a 14 000 y no superior a 16 000.[29]
Por su parte, el escritor escocés Robert Beatson reduce las cifras: los regimientos del ejército sólo eran dos, el 15.º y el 24.º, unos 2000 soldados, y los de la infantería de marina seis, unos 6000 marines.[30] Se les sumaban 1000 artilleros y destacamentos de otros regimientos, 2500 milicianos del regimiento Americano y 500 negros para alcanzar los 12 000 hombres[31] dirigidos por el mayor general Charles Cathcart y los brigadieres Thomas Wentworth, John Guise y William Blakeney.[30] Si se les suman las tripulaciones de los 29 navíos de línea (8 de 80 cañones, 5 de 70, 14 de 60 y 2 de 50), 22 fragatas, 7 brulotes, 2 bombardas y 2 barcos hospitales alcanzarían los 27 398 expedicionarios.[4] Respecto de la tripulación de la flota, eran 15 398, sin incluir dos navíos que llegaron hasta Jamaica y no participaron del asedio.[32]
Zafra Caramé estimó que en un convoy de 40 transportes al mando del contraalmirante Chaloner Ogle partieron desde Spithead 6930 infantes de marina organizados en seis regimientos de diez compañías cada uno: 44.º, 45.º, 46.º, 47.º, 48.º y 49.º regimientos. El ejército aportó los 15.º, 24.º, 34.º y 36.º regimientos, equivalentes a unos 3260 soldados. Se les sumó un destacamento de 300 refuerzos del regimiento 33.º de infantería y el regimiento Americano (luego conocido como 43.º). Este último aportaba 4300 voluntarios de las colonias norteamericanas[33] organizados en cuatro batallones divididos en 36 compañías: ocho de Pennsylvania, cinco de Nueva York, cinco de Massachusetts, cuatro de Virginia, cuatro de Carolina del Norte, tres de Nueva Jersey, tres de Maryland, dos de Connecticut y dos de Rhode Island. A estos se sumaban 200 colonos que se unieron como voluntarios independientes y 500 negros macheteros de Jamaica para trabajos de fajina. En total 15 490 hombres de desembarco.[5] También eleva la cifra a 18 630 marineros si se cuentan a los tripulantes de los buques de transporte y aprovisionamiento.[5] La escuadra estaba a las órdenes del vicealmirante Edward Vernon, el contraalmirante Charloner Ogle y el comodoro Richard Lestock.[34][31] En total serían 34 120 hombres.[5]
A inicios del siglo XIX, escritor británico Tobias Smollett estimó en 12 000 combatientes de tierra, 15 000 tripulantes, 29 navíos e igual número de fragatas, brulotes y bombardas,[8] totalizando 170 barcos si se contaban a los transportes.[35] El militar británico Francis Duncan solamente escribió que los combatientes en tierra debían sumar 12 000 y los buques 115,[36] coincidiendo con Philip Henry Stanhope, quien además agregó el número de 15 000 marineros.[37] El historiador del mismo país, William Laird Clowes, reducía las tropas en tierra a 9000[38] y especificaba que habían 29 navíos y 21 barcos de guerra menores.[9] Su colega Francis Russell Hart repitió las cifras de Duncan y Stanhope sobre el número de tripulantes y tropas en tierra, agregando que 3600 debían ser milicianos norteamericanos[39] y elevando ligeramente el número de navíos a 30 y el de fragatas a 22 y mencionando que había un largo número de buques de guerra menores[11] computando una escuadra de 124 barcos.[40]

Más recientemente, el historiador estadounidense Reed Browning estimó la expedición en unos 30 000 hombres, incluyendo 2600 tripulantes de los mercantes.[2] Membrillo Becerra estimó a las fuerzas de la expedición británica en 27 000 a 29 000 hombres, incluyendo 12 000 soldados, infantes de línea y milicianos y 15 000 a 17 000 marineros.[13] Le agregó 35 navíos de línea, 26 fragatas, bombardas, brulotes y goletas[10] y entre 130 y 135 buques mercantes.[13] El historiador español Manuel Lucena Salmoral estima que eran 9000 hombres de desembarco, 2000 negros macheteros, 15 000 marineros y 2763 marines norteamericanos.[41]
Según Zafra Caramé los barcos de guerra sumaban 58, incluyendo 29 navíos de línea; los 8 principales[7] portaban 80 cañones en tres cubiertas o puentes, mientras que los de 50 a 70 cañones sólo tenían dos puentes y las fragatas tenían un puente.[34] Respecto del número de mercantes, suma 40 que llegaron desde Norteamérica a Jamaica en octubre de 1740 y más de 100 que fueron de Inglaterra a Jamaica.[42] Considerando que cierta cantidad debió quedarse en Jamaica, el marino español estima que pudieron ser unos 130 de los que unos 80 pudieron ser para el transporte de tropas y el resto para avituallamiento.[7]
La flota se dividió en tres grandes divisiones al mando de Vernon, Ogle y Lestock:[34][43][44]
- La primera división (Vernon) se componía de los navíos Princess Carolina (80), Torbay (80), Chichester (80), Orford (70), Burford (70), Weymouth (60), Deptford (70), Worcester (60), Strafford (60) y Princess Louisa (60), las fragatas Shoreham (40), Squirrel (20) y Seahorse (20), los brulotes Eleanor (10), Vulcan (8), Cumberland (8), Strombolo (8) y Success (8), la bombarda Alderney (8) y los ténderes Pompey y otro sin nombre.
- La segunda división (Ogle) se componía de los navíos Princess Amelia (80), Russell (80), Norfolk (80), Shrewsbury (80), Jersey (60), Rippon (60), York (60), Tilbury (60), Windsor (60) y Litchfield (50), las fragatas Experiment (20) y Sheerness (20), los brulotes Phaeton (8) y Vesuvius (8), la bombarda Terrible (8) y el ténder Goodly.
- Por último, la tercera división (Lestock) se componía de los navíos Boyne (80), Suffolk (70), Prince Frederick (70), Hampton Court (70), Lion (60), Montagu (60), Dunkirk (60), Defiance (60) y Falmouth (50), las fragatas Astrea Prize (20) y Wolf (10), los brulotes Aetna (8) y Firebrand (8) y el ténder Virginia Queen.
Además, no eran parte de ninguna división las fragatas Anglesea (40) y Ludlow-Castle (40), las corbetas Cruizer (8) y Spence (8), los buques hospital Scarborough (18) y Princess Royal (18) y el ténder Elizabeth.[34][43][44] Beatson afirmaba que no participaron de la batalla los navíos Augusta (60 cañones y 400 tripulantes) y Norwich (58 y 300).[32] En cambio, Zafra Caramé menciona al Augusta, pero no al Norwich y agrega a este listado, mencionando que muchos estudios previos erróneamente les posicionan en el asedio, a los navíos Cumberland (80 cañones), Buckingham (70), Prince of Orange (70) y Superb (60); este último llegó a Cartagena, pero sólo para ayudar en la evacuación final.[34]
El asedio

El novelista escocés Tobias Smollet, que participó como cirujano en la batalla, nos ha dejado una descripción de la misma en su novela Las aventuras de Roderick Random (1748). La gran flota británica fue avistada el 13 de marzo de 1741, lo que puso en vilo a la ciudad. Antes de disponerse a desembarcar, Vernon silencia las baterías de las fortalezas de Chamba, San Felipe y Santiago defendidas por el capitán de fragata malagueño Lorenzo Alderete. Luego de atacar la fortaleza de Punta Abanicos en la península de Barú, defendida por el capitán José Campuzano Polanco (1689-1760) de Santo Domingo, se dispuso a cañonear el fuerte de San Fernando de Bocachica día y noche durante dieciséis días.[45] Bocachica estaba defendida por el brigadier de la Armada e ingeniero Carlos Desnaux con quinientos hombres que, finalmente, tuvieron que replegarse ante la superioridad ofensiva.[22] Tras esta fortaleza solo quedaba la Fortaleza de Bocagrande como entrada a la bahía. En la primera se destruyeron cuatro barcos para impedir la navegación del estrecho canal y, en la segunda, dos barcos, en contra de la opinión de Blas de Lezo de que no serviría para mucho tras lo visto en Bocachica, para impedir igualmente el acceso a la bahía. El bloqueo del canal de Bocagrande no sirvió para mucho, como había pensado el almirante.
Tras esto, Vernon entró triunfante en la bahía y a su vez, todos los defensores españoles se atrincheraron en la fortaleza de San Felipe de Barajas tras haber abandonado la fortaleza de Bocagrande. Vernon, creyendo que la victoria era cuestión de tiempo, despachó un correo a Inglaterra dando la noticia de la victoria.
Seguidamente, ordenó un incesante cañoneo del castillo de San Felipe por mar y tierra para ablandar a las fuerzas guarnecidas en la fortaleza. En ella solo quedaban seiscientos hombres bajo el mando de Lezo y Desnaux. Vernon decide rodear la fortaleza y atacar por su retaguardia. Para ello se adentraron en la selva, lo que supuso una odisea para los británicos que contrajeron la malaria y perdieron a cientos de sus hombres. Sin embargo, llegaron a las puertas de la fortaleza y Vernon ordenó atacar con infantería. La entrada a la fortaleza era una estrecha rampa que De Lezo rápidamente mandó taponar con trescientos hombres armados con tan solo armas blancas, y lograron contener el ataque y causar mil quinientas bajas a los asaltantes.
La moral de los atacantes bajó considerablemente tras esto y por las epidemias que causaban continuas bajas. Vernon se puso muy nervioso en aquel momento ya que la resistencia a ultranza de los españoles superó con creces sus expectativas y ya había enviado la noticia de la victoria a Gran Bretaña. Vernon discutió acaloradamente con sus generales el plan a seguir. Finalmente decidieron construir escalas y sorprender a los defensores en la noche del 19 de abril.

Los asaltantes, al mando del brigadier general Thomas Wentworth, se organizaron en tres columnas de granaderos y varias compañías de casacas rojas. En vanguardia iban los esclavos jamaicanos armados con un simple machete. El avance era lento debido al gran peso de artillería que transportaban y al continuo fuego que salía de las trincheras y desde lo alto de la fortaleza, además de que estaban expuestos en una gran explanada; no obstante, lograron alcanzar las murallas.
Pero Blas de Lezo, previendo este ataque, había ordenado cavar un foso en torno a la muralla, con lo que las escalas se quedaron cortas para superar el foso y la muralla, quedando los atacantes desprotegidos y sin saber qué hacer. Los españoles continuaron con su nutrido fuego, lo que provocó una gran masacre en las filas invasoras.
A la mañana siguiente, el 20 de abril, pudieron verse innumerables cadáveres, heridos y mutilados en los alrededores de la fortaleza, poniéndose de manifiesto la gravísima derrota británica. Los españoles aprovecharon para cargar a bayoneta provocando la huida de los británicos. Los españoles lograrían matar a cientos de ellos y hacerse con los pertrechos que abandonaron los sitiadores tras la huida.
Vernon no tuvo más remedio que retirarse a los barcos. Ordenó durante treinta días más un continuo cañoneo, ya que todavía no aceptaban la derrota. Sin embargo, las enfermedades y la escasez de provisiones empezaban a hacer mella en lo que quedaba de tropa. Finalmente, el Alto Mando británico ordena la retirada, de forma lenta y sin cesar de cañonear. Las últimas naves partieron el 20 de mayo. Tuvieron que incendiar cinco de ellas por falta de tripulación.
Consecuencias
Bajas

Las bajas españolas se han estimado en unas 2000:[46] 800 muertos y 1200 heridos o enfermos.[14] Sin embargo, Fernández Duro reduce el número de fallecidos a 600,[47] a los que se suman 6 navíos, 395 cañones, 3 baterías y 5 fuertes destruidos.[16]
Por el bando británico, el escritor británico Richard Rolt en su An Impartial Representation Of The Conduct Of The Several Powers Of Europe, Engaged In The Late General War (1749) afirmaba que las bajas en tierra fueron sólo 2500 muertos en combate o por enfermedades y 268 heridos y que en escuadra no eran considerables.[48] Zafra Caramé considera dicha estimación como «Cifras ridículas».[49] En el otro extremo, el oficial británico John Pembroke, testigo presencial y muy crítico de Vernon, escribió en el panfleto True account of Admiral Vernon’s conduit on Cartagena (1741):[50] «Mediante una justa contabilidad perdimos a 18 000 hombres, y según un soldado español que capturamos, ellos perdieron como mucho 200. El almirante "Una Pierna" [Lezo] con su excelente dirección y fuego causó baja a 9000 de nuestros hombres, y las fiebres generalizadas mataron a un número similar».[51][50][52] El historiador inglés William Coxe escribió que a Vernon solamente le quedaron 3000 tropas terrestres para su ataque en Cuba,[53] habiendo padecido 20 000 muertos por diversas causas.[54] Browning consideraba esta última afirmación plausible.[55] Beatson afirmaba que solamente 3569 combatientes de tierra sobrevivieron,[56] de los que 1140 eran milicianos norteamericanos.[57]
Zafra Caramé reconoce que gran parte de las bajas británicas las causaron enfermedades como la fiebre amarilla y el cólera,[58] estimando que sufrieron 9000 a 12 000 muertos y 7500 heridos o enfermos.[17] Se estima que en el mes siguiente al retorno a Jamaica otros 1100 hombres murieron por la fiebre, reduciendo el número de combatientes británicos a 1400 y de norteamericanos a 1300.[59] Jerry A. Maddox estima que la expedición inglesa sufrió 6000 muertos en combate y 7500 heridos.[19] Fernández Duro sitúa las bajas de los atacantes en 9000 muertos en combate o por enfermedad.[47] Hart escribió que las bajas fueron tal altas que sólo un tercio de las tropas de tierra británicas volvieron vivas a Jamaica.[60] El historiador británico David Geggus estimó que de los doce mil británicos desembarcados, 77 % murieron en el asedio.[61] Su colega y compatriota, John Harbron, reconoce que de una fuerza total de treinta mil hombres hasta 9000 fallecieron por la fiebre amarilla.[62]
Según Membrillo Becerra, los atacantes perdieron 46 buques, incluyendo 11 navíos de línea, muchos de los cuales tuvieron que destruirse ellos mismos.[15] En cambio, Zafra Caramé sostiene que probablemente Vernon perdió a los navíos Shrewsbury (80), Russell (80), Prince Frederick (70), Lion (60), Jersey (60), las fragatas Anglesea (40) y Wolf (20), el brulote Success y el transporte de municiones Astrea Prize,[63] además de 27 a 50 barcos mercantes[18] y casi todos los cañones que desembarcaron, entre 1400[63] a 1500.[19] Fernández Duro creía que los británicos en su retirada quemaron todos los barcos que se les inutilizaron,[64] unos seis a los que suma diecisiete necesitados de serias reparaciones;[47] el capturado Galicia también fue incendiado.[65] El historiador estadounidense James Alexander Robertson escribió que dieciocho navíos quedaron tan dañados que necesitaron importantes reparaciones.[66]
Mientras tanto, en Gran Bretaña se estuvo celebrando la «victoria» sin conocerse aún el desastroso final. Se acuñaron hasta once tipos diferentes de medallas y monedas conmemorativas, ninguna oficial, y todas por artesanos al margen del gobierno,[67][68] ensalzando la toma de Cartagena por parte de las fuerzas angloamericanas.[69] Una de ellas mostraba a Lezo arrodillado ante Vernon, entregándole su espada y con la inscripción «El orgullo de España humillado por Vernon».[70] Estas llegaron a circular por España para la burla de los españoles.

En conjunto, la guerra reportó escasos éxitos y muchos problemas a Gran Bretaña, ya que al fracaso de Cartagena de Indias se sumaron varias derrotas cuando los británicos trataron de tomar San Agustín (Florida), La Guaira y Puerto Cabello (Venezuela), Santiago de Cuba[71] y La Habana.[72] No obstante, el contraataque español en la batalla de Bloody Marsh, en Georgia, pudo ser repelido y por ello los combates finalizaron sin cambios fronterizos en América. Por su parte, España consiguió mantener sus territorios y prolongar su supremacía militar en América durante cerca de un siglo más.
Acontecimientos posteriores
Como resultado de esta batalla España fortaleció el control de su imperio en América durante setenta años más aproximadamente y con él la prolongación de la rivalidad marítima entre españoles, franceses y británicos hasta comienzos del siglo XIX. Para el Reino Unido, las consecuencias a medio plazo fueron mucho más graves. Gracias a esta victoria sobre los británicos, España pudo mantener unos territorios y una red de instalaciones militares en el Caribe y el Golfo de México que serían magistralmente utilizados por el teniente coronel Bernardo de Gálvez para desempeñar un papel determinante en la independencia de las colonias británicas de Norteamérica, durante la llamada guerra de independencia estadounidense, en 1776. La guerra del Asiento se fundiría más tarde en la guerra de sucesión austríaca, por lo que Gran Bretaña y España no firmaron la paz hasta el Tratado de Aquisgrán, en 1748.

España renovó tanto el derecho de asiento como el navío de permiso con los británicos, cuyo servicio se había interrumpido durante la guerra. Sin embargo, esta restitución duraría apenas dos años, ya que por el Tratado de Madrid (1750), Gran Bretaña renunció a ambos a cambio de una indemnización de cien mil libras. Estas concesiones, que en 1713 parecían tan ventajosas (y constituyeron unas de las cláusulas del Tratado de Utrecht), se habían tornado prescindibles en 1748. Además, entonces ya parecía claro que la paz con España no duraría demasiado (se rompió de nuevo en 1761, al sumarse los españoles a la guerra de los Siete Años en apoyo de los franceses), así que su pérdida no resultaba para nada catastrófica.
Blas de Lezo fue honrado por su participación en el asedio de Cartagena de Indias, ya que una plaza y una avenida de la ciudad de Cartagena llevan su nombre. Una estatua moderna se encuentra frente al Castillo San Felipe de Barajas.
En 2014 el alcalde de Cartagena, Dionisio Vélez, ante la presión popular, ordenó la retirada de una placa conmemorativa en honor a los soldados británicos fallecidos durante el asedio, que había sido descubierta días antes por el príncipe Carlos de Gales y su esposa Camila, duquesa de Cornualles, durante su visita a la ciudad, ya que fue considerado un inaudito insulto a la memoria de los defensores españoles y neogranadinos.[73]