Zierikzee era una nueva prueba para los tercios; desde 1572, los holandeses habían defendido la fortaleza valientemente y la habían reforzado cada vez más, construyendo nuevas fortificaciones.
En el asalto, primero tuvieron que tomar un fortín que estaba en la isla de Bommenze, que encabezó el maestre de campo Sancho Dávila y donde se dice que un mosquetero cuyo apellido era Toledo, desenvainó espada y cogió una rodela y cargó contra el enemigo en las murallas, sus camaradas al verlo hicieron lo mismo y es así como culminó el asalto al fortín, tras seis horas de combate, en los que los españoles mataron a todos los rebeldes holandeses y los españoles perdideron unos cien hombres, sin contar con los heridos.
Tomado el fortín de Bommenze, los holandeses se vieron en apuros y recurrieron a romper los diques cercanos y anegar todo el territorio. Los españoles, a pesar de esto, bloquearon la ciudad. Guillermo de Orange intentó varias veces romper el cerco y llevar suministros y víveres a los cercados, pero no lo consiguió.
Al final, la guarnición de la ciudad, perdida toda esperanza de obtener del exterior refuerzos decidieron rendirse y pagaron 200000 florines para salir con vida.