Vicente Blasco Ibáñez

escritor, periodista y político español From Wikipedia, the free encyclopedia

Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 29 de enero de 1867-Menton, Francia, 28 de enero de 1928) fue un novelista, periodista, editor, político republicano y cineasta español. Fundó y dirigió el diario valenciano El Pueblo, promovió diferentes iniciativas de educación popular y ejerció una notable influencia sobre la vida política de Valencia mediante el movimiento conocido como blasquismo. Entre 1898 y 1907 fue elegido diputado a Cortes en seis elecciones.[1]

Nacimiento 29 de enero de 1867
Valencia (España)
Fallecimiento 28 de enero de 1928 (60 años)
Menton (Francia)
Nacionalidad Española
Datos rápidos Información personal, Nacimiento ...
Vicente Blasco Ibáñez

Vicente Blasco Ibáñez, en 1919.
Información personal
Nacimiento 29 de enero de 1867
Valencia (España)
Fallecimiento 28 de enero de 1928 (60 años)
Menton (Francia)
Sepultura Cementerio General de Valencia Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española
Familia
Cónyuge
  • María Blasco del Cacho (1891-1925)
  • Elena Ortúzar (1925-1928) Ver y modificar los datos en Wikidata
Hijos
Educación
Educado en Universidad de Valencia Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Escritor, periodista y político
Cargos ocupados Diputado a Cortes por Valencia (1898-1908) Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimiento Realismo y naturalismo
Género Novela y periodismo
Obras notables
Partido político Partido de Unión Republicana Autonomista Ver y modificar los datos en Wikidata
Firma
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Su producción literaria, vinculada inicialmente al realismo y al naturalismo, abarcó la novela de ambientación valenciana, la narrativa social, la novela psicológica y cosmopolita, los relatos sobre la Primera Guerra Mundial, la novela histórica y la literatura de viajes. Entre sus obras más conocidas se encuentran Arroz y tartana (1894), La barraca (1898), Entre naranjos (1900), Cañas y barro (1902), La catedral (1903), Sangre y arena (1908), Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916) y Mare Nostrum (1918).[2]

Fue uno de los escritores españoles de mayor difusión internacional durante las primeras décadas del siglo XX. La traducción inglesa de Los cuatro jinetes del Apocalipsis encabezó la lista estadounidense de novelas más vendidas de 1919,[3] y varias de sus obras fueron adaptadas por la industria cinematográfica estadounidense. El propio Blasco Ibáñez intervino directamente en el cine como productor, guionista y codirector, junto con Max André, de la primera adaptación de Sangre y arena (1916).[4]

Biografía

Orígenes y formación

Vicente Blasco Ibáñez nació en Valencia el 29 de enero de 1867. Sus padres, Gaspar Blasco Teruel y Ramona Ibáñez Martínez, eran comerciantes procedentes de Aragón establecidos en la ciudad. Desde joven mostró interés por la literatura, especialmente por la narrativa romántica francesa y por la obra de Victor Hugo, influencia que posteriormente convivió con la de los novelistas realistas y naturalistas.[2]

Retrato de Blasco Ibáñez realizado por Joaquín Sorolla.

En 1882 comenzó los estudios de Derecho en la Universidad de Valencia. Durante esos años entró en contacto con Constantí Llombart y con los círculos culturales vinculados a Lo Rat Penat. Su primer texto conocido, La torre de la Boatella, apareció en 1882 en el almanaque publicado por esta institución.[5]


En 1883 abandonó temporalmente Valencia y se trasladó a Madrid, donde trabajó para el novelista por entregas Manuel Fernández y González. Esta experiencia le permitió familiarizarse con los procedimientos de la narrativa popular y la publicación seriada.[2] De regreso a su ciudad natal continuó sus estudios y obtuvo la licenciatura en Derecho en 1888, pero apenas ejerció la profesión, pues concentró su actividad en el periodismo, la literatura y la política.[6]

Primer periodismo y militancia republicana

Blasco Ibáñez se incorporó al Partido Republicano Democrático Federal y participó activamente en los círculos republicanos de Valencia. Colaboró en diferentes periódicos publicados en la ciudad y promovió cabeceras como El Miguelete, El Turia y La Bandera Federal, en las que combinó literatura, actualidad política y propaganda republicana.[5]

También mantuvo durante algunos años relación con la francmasonería. En 1887 fue iniciado con el nombre simbólico de «Danton» en la logia Unión número 149 de Valencia y posteriormente estuvo vinculado a la logia Acacia número 25. Su actividad masónica documentada terminó hacia 1895.[7]

Su participación en las protestas republicanas de 1890 lo obligó a abandonar España. Se refugió primero en Argel y posteriormente en París, desde donde escribió crónicas sobre la vida política y cultural francesa. Parte de estos textos fue reunida en París, impresiones de un emigrado. Regresó a Valencia después de la amnistía de 1891 y ese mismo año contrajo matrimonio con María Blasco del Cacho.[2]

Durante los años siguientes alternó el periodismo con la actividad política y la publicación de sus primeras narraciones. En noviembre de 1894 fundó el diario El Pueblo, que se convirtió en el principal instrumento de sus campañas republicanas y en uno de los elementos fundamentales de su posterior influencia política en Valencia.[6]

El Pueblo, el blasquismo y la actividad parlamentaria (1891-1908)

Mientras permanecía exiliado en París fue presentado como candidato en las elecciones de 1891, aunque no obtuvo el acta. Regresó a España en julio de ese año después de acogerse a una amnistía general y en noviembre fue nombrado presidente del Consejo del Partido Federal en Valencia.[5] En 1893 volvió a presentarse, esta vez por el distrito de Sueca y dentro de una candidatura de Unión Republicana, pero fue derrotado por Manuel Sapiña.

Durante aquellos años recorrió barrios de la ciudad y diferentes localidades de la provincia para intervenir en mítines, organizar agrupaciones y promover campañas republicanas. Su actividad pública combinó la oposición a la monarquía y al sistema político de la Restauración con el anticlericalismo, la defensa de la enseñanza laica y la denuncia de las desigualdades sociales. La oratoria, el periodismo y la movilización callejera se convirtieron en los principales instrumentos de su actuación política.[8]


Fundación de El Pueblo

El 12 de noviembre de 1894 apareció el primer número de El Pueblo, fundado y dirigido por Blasco Ibáñez. El periódico fue concebido como órgano republicano, pero reunió también información local, crítica cultural, campañas de denuncia y obras literarias publicadas por entregas. Blasco escribió en sus páginas centenares de artículos, editoriales, crónicas y textos sin firma.[9]

El precio del periódico era inferior al de buena parte de la prensa de la ciudad y sus contenidos estaban dirigidos especialmente a lectores de las clases populares. El diario utilizaba titulares llamativos, campañas prolongadas durante varios números y recursos procedentes del folletín. La información política convivía con relatos, artículos pedagógicos, crítica musical y novelas seriadas. Arroz y tartana comenzó a publicarse en sus páginas en 1894; Flor de mayo, en 1895, y La barraca, en 1898.[5]

El periódico fue denunciado por primera vez en diciembre de 1894, apenas unas semanas después de su aparición. A esta denuncia siguieron otros procedimientos judiciales, secuestros de ejemplares y suspensiones temporales. En febrero de 1901 fue clausurado durante varias semanas antes de poder reanudar su publicación.[5] Estas actuaciones no impidieron que se convirtiera en el principal medio de difusión de las campañas dirigidas por Blasco Ibáñez.

Caricatura de Blasco Ibáñez publicada por la revista Don Quijote en 1902.

Organización del blasquismo

Alrededor de El Pueblo, de los actos públicos y de una red de asociaciones se desarrolló el movimiento conocido como blasquismo. Su base social estuvo formada principalmente por trabajadores urbanos, artesanos, pequeños comerciantes y sectores de las clases medias. Frente a la práctica electoral habitual durante la Restauración, basada en el control administrativo de las candidaturas y en las redes del caciquismo, el blasquismo fomentó la presencia frecuente de sus dirigentes en mítines, casinos, manifestaciones y reuniones de barrio.[10]

La estructura del movimiento se apoyaba en siete casinos republicanos distribuidos por distintos barrios, además de un casino central. Estos locales funcionaban como centros políticos y espacios de sociabilidad. En ellos se celebraban conferencias, reuniones, actividades culturales y campañas de alfabetización; también disponían de bibliotecas, organizaban iniciativas de ayuda mutua y facilitaban la convocatoria rápida de manifestaciones y actos electorales.

Los casinos participaron en campañas en favor de la enseñanza laica, en protestas contra determinadas procesiones y actos religiosos y en recibimientos a políticos republicanos. El diario anunciaba las convocatorias y permitía movilizar en pocas horas a un número considerable de seguidores. Esta combinación de prensa, asociaciones y actividad callejera convirtió al blasquismo en una de las primeras organizaciones políticas de masas desarrolladas en España fuera de los partidos dinásticos.[9]

Su programa defendía la instauración de la república, la limitación de la influencia política de la Iglesia, la extensión de la educación y diferentes reformas sociales y económicas. El movimiento no se identificó con el socialismo revolucionario: concedía importancia a la pequeña propiedad, al ascenso mediante la educación y a un reformismo de base republicana.[11] Su discurso empleó formas procedentes de la cultura popular y una confrontación verbal particularmente intensa con sus adversarios.

En 1903 Blasco Ibáñez promovió una Universidad Popular destinada a facilitar a los trabajadores el acceso a conferencias y actividades formativas. El proyecto fue anunciado en El Pueblo el 11 de enero y se inauguró el 8 de febrero. La iniciativa prolongaba otras actividades culturales vinculadas a los casinos y el préstamo de libros que el escritor había realizado anteriormente con su propia biblioteca.[5]


Procesos, encarcelamientos y exilios

La actividad de Blasco Ibáñez provocó repetidos enfrentamientos con las autoridades. En 1892 los redactores de La Bandera Federal fueron detenidos después de los disturbios originados durante la entrada del nuevo arzobispo en Valencia. En abril de 1894 Blasco participó en las protestas contra una peregrinación religiosa con destino a Roma; después de permanecer oculto durante varias semanas, fue detenido a su regreso y posteriormente puesto en libertad bajo fianza.[5]

En septiembre de 1895 volvió a ingresar en prisión a causa de un artículo publicado en El Pueblo. Al año siguiente participó en una campaña contra la guerra de Cuba y en un mitin celebrado el 8 de marzo de 1896. La proclamación del estado de sitio lo llevó a huir a Italia, desde donde remitió al periódico una serie de crónicas posteriormente reunidas con el título En el país del arte. En ellas describió ciudades, monumentos, museos y paisajes de Milán, Roma, Nápoles, Pompeya, Florencia y Venecia.[2]

Después de regresar a España quedó en libertad provisional, pero la publicación de nuevos artículos contra la guerra motivó su detención y encarcelamiento en la prisión de San Gregorio. En septiembre de 1896 un consejo de guerra lo condenó a dos años de prisión correccional por su intervención en el mitin celebrado meses antes. Durante su estancia en prisión escribió el relato El despertar de Buda, publicado posteriormente en una colección de narraciones.[5]

En marzo de 1897 la pena de prisión fue sustituida por el destierro. Se trasladó a Madrid y pudo regresar en septiembre gracias a una nueva amnistía. En 1898 fue detenido otra vez por un manifiesto relacionado con el conflicto municipal en torno a la fábrica de gas. El carácter reiterado de estos procesos contribuyó a aumentar su notoriedad y reforzó entre sus seguidores la imagen de dirigente perseguido por el sistema de la Restauración.[12]

Diputado a Cortes

Blasco Ibáñez obtuvo por primera vez un escaño por Valencia en 1898. Fue reelegido en 1899, 1901, 1903, 1905 y 1907, por lo que venció en seis elecciones, no en siete como se afirmaba anteriormente en este artículo.[1] Durante sus primeros mandatos formó parte de distintas candidaturas y coaliciones republicanas y, desde 1903, estuvo vinculado a Unión Republicana.

Blasco Ibáñez recorriendo las calles de Valencia durante la campaña electoral de 1905.

La obtención del acta le proporcionó inmunidad parlamentaria, aunque no puso fin a las denuncias relacionadas con sus artículos y actuaciones públicas. Alternó la asistencia al Congreso con los mítines, la dirección de El Pueblo y la escritura de sus novelas. También envió al periódico crónicas sobre la vida política y social de Madrid.

Durante sus estancias en la capital frecuentó ambientes políticos, literarios y artísticos. Mantuvo relación con el escultor Mariano Benlliure y con su hermano, el pintor Juan Antonio Benlliure, y coincidió en tertulias y librerías con escritores y periodistas como Luis Morote, Santiago Rusiñol y Emilia Pardo Bazán. En estos círculos conoció al periodista Rodrigo Soriano, que se convirtió inicialmente en uno de sus principales colaboradores políticos.[13]

Literatura y edición durante la etapa política

Blasco Ibáñez retratado por Antonio Fillol Granell hacia 1900.

La intensa actividad pública de estos años coincidió con la consolidación de su carrera literaria. Después de Arroz y tartana, Flor de mayo y La barraca, publicó Entre naranjos (1900), Sónnica la cortesana (1901) y Cañas y barro (1902). Estas obras emplearon como escenarios la ciudad, la huerta, el litoral, Sagunto y la Albufera, y combinaron los conflictos individuales con la representación de grupos sociales y formas de vida contemporáneas.[2]

En 1902 inauguró su casa de la playa de la Malvarrosa, que utilizó como residencia y lugar de trabajo. Allí mantuvo relación con artistas como Joaquín Sorolla y escribió algunas de sus obras. La casa reconstruida alberga actualmente la Casa Museo de Blasco Ibáñez.

Blasco Ibáñez en la galería de su casa de la Malvarrosa, fotografiado para El Gráfico en 1904.

A partir de La catedral (1903) inició una serie de novelas de orientación social ambientadas fuera de su entorno habitual: El intruso (1904), situada en Bilbao; La bodega (1905), centrada en los trabajadores agrícolas de Jerez de la Frontera, y La horda (1905), ambientada en Madrid. Estas novelas abordaron cuestiones como el poder económico, la religión, las condiciones laborales y la marginación urbana.[2]

Su actividad editorial comenzó antes de la creación de El Pueblo. En 1892 había fundado junto con Manuel Senent la editorial La Propaganda Democrática. Posteriormente se asoció con Francisco Sempere, cuya empresa publicó a precios asequibles obras de Blasco, traducciones y textos de autores clásicos y contemporáneos. Sus catálogos incluyeron obras de Shakespeare, Maupassant, Zola, Tolstói, Dostoievski, Poe, Kropotkin, Nietzsche y Darwin, entre otros.[13] La editorial Prometeo, con frecuencia situada erróneamente en esta primera etapa, no se constituyó hasta 1914.

Ruptura con Rodrigo Soriano y retirada

Rodrigo Soriano fue presentado por Blasco Ibáñez como candidato republicano en las elecciones de 1901. Ambos colaboraron estrechamente durante los años siguientes y en 1902 viajaron juntos a París, donde visitaron al escritor Émile Zola. Sin embargo, la relación se deterioró debido a las disputas internas por la dirección del movimiento.

La ruptura se hizo pública en febrero de 1903, cuando Soriano publicó un artículo titulado «Revolucionarios de entretiempo». Fundó después el periódico El Radical y organizó una corriente política propia. Los seguidores de ambos dirigentes quedaron divididos entre blasquistas y sorianistas, y la rivalidad se trasladó a la prensa, los mítines y las campañas electorales.[5]

Caricatura publicada en Gedeón en 1903 sobre el enfrentamiento entre Blasco Ibáñez y Rodrigo Soriano.

La confrontación alcanzó una considerable violencia verbal y en algunos actos se produjeron choques físicos y disparos. El ambiente generado por esta lucha interna, unido al cansancio por los procesos judiciales y la actividad parlamentaria, llevó a Blasco Ibáñez a trasladar progresivamente su residencia a Madrid. Tras ser elegido por quinta vez en 1905, renunció temporalmente al acta en marzo de 1906.[5]


Sus seguidores consiguieron que volviera a presentarse en las elecciones de 1907. Fue elegido por sexta vez, en una candidatura que compartió con Adolfo Gil y Morte y que compitió con la encabezada por Soriano. Finalmente, en noviembre de 1908 renunció al escaño y abandonó la actividad política directa.[1][14]

El movimiento organizado alrededor de su figura continuó después de su retirada y en 1909 sus seguidores se articularon en el Partido de Unión Republicana Autonomista. Blasco Ibáñez se concentró desde entonces en la literatura, la edición y los viajes, aunque volvió a intervenir políticamente durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

De Madrid a Argentina (1905-1914)

Madrid, nuevas novelas y viajes

El traslado progresivo de Blasco Ibáñez a Madrid comenzó después de las elecciones de 1905, aunque su retirada definitiva de la política parlamentaria no se produjo hasta 1908. En la capital continuó escribiendo para El Pueblo, promocionó sus obras y colaboró en la actividad editorial de su socio Francisco Sempere. También mantuvo contacto con los grupos republicanos y participó ocasionalmente en actos políticos.

Mitin republicano celebrado en el frontón Central de Madrid en mayo de 1905, fotografiado por Campúa.

La vida cultural de Madrid amplió su círculo de relaciones. Frecuentó teatros, librerías, tertulias y salones literarios, entre ellos el organizado por la escritora y periodista Carmen de Burgos, conocida como «Colombine». En estas reuniones coincidió con escritores, artistas, periodistas y políticos de diferentes tendencias.[15]

Durante esta etapa conoció a Elena Ortúzar, nacida en Chile y casada entonces, con quien inició una relación que se prolongaría durante el resto de su vida. Ortúzar residió en diferentes periodos en París y mantuvo con el escritor una abundante correspondencia. Después de la muerte de María Blasco del Cacho, ambos contrajeron matrimonio en 1925.[2]

El cambio de residencia y sus viajes frecuentes coincidieron con una transformación de su narrativa. Tras las novelas sociales concentró su atención en los conflictos sentimentales, la vida urbana y la psicología de los personajes. A esta etapa pertenecen La maja desnuda (1906), Sangre y arena (1908), Los muertos mandan (1909) y Luna Benamor (1909).[2]

Entre febrero y marzo de 1907 escribió La voluntad de vivir, una novela inspirada parcialmente en personas y circunstancias de su entorno. Aunque la obra llegó a imprimirse, Blasco ordenó destruir la edición después de que varios amigos le advirtieran sobre las posibles consecuencias de su publicación. Algunos ejemplares sobrevivieron y permitieron su recuperación póstuma.[5][2]

Ese mismo año realizó un viaje por Europa central y el Imperio otomano. Las crónicas del recorrido, publicadas previamente en diferentes periódicos, fueron reunidas en el libro Oriente. Como en sus anteriores viajes por Francia e Italia, combinó la descripción de ciudades y monumentos con observaciones políticas, históricas y culturales.

En 1908 publicó Sangre y arena, centrada en el ascenso y la caída de un torero. La novela alcanzó una amplia difusión fuera de España y se convirtió posteriormente en una de sus obras más adaptadas al cine. Su éxito consolidó la transición de Blasco desde las novelas de ambientación social hacia argumentos concebidos para un público internacional.

En diciembre de 1906 había sido nombrado comendador de la Legión de Honor francesa y recibió también el reconocimiento de hijo predilecto de Valencia.[5] Uno de los retratos que Joaquín Sorolla realizó durante esta etapa, fechado en 1906, pasó a formar parte de la colección de la Hispanic Society of America de Nueva York.

Gira de conferencias por América del Sur

En mayo de 1909 salió de Lisboa con destino a Buenos Aires, contratado para realizar una gira de conferencias. El viaje tuvo una dimensión cultural, pero respondió también a una estrategia comercial: Blasco Ibáñez pretendía aumentar la distribución de sus libros en América, establecer relaciones con editores y libreros y ampliar el mercado de la empresa de Francisco Sempere.[16]

Llegó al puerto de Buenos Aires el 6 de junio de 1909. Su visita fue anunciada con antelación por la prensa y preparada por comisiones formadas por representantes culturales y asociaciones de inmigrantes españoles. A su llegada fue recibido por periodistas, escritores, editores y miembros de estas organizaciones. También mantuvo encuentros con integrantes del gobierno y fue recibido por el presidente José Figueroa Alcorta.[17]

Blasco Ibáñez en Buenos Aires hacia 1910.

En Buenos Aires ofreció dos ciclos de conferencias y varias intervenciones extraordinarias. Sus exposiciones trataron sobre la historia de España, Miguel de Cervantes, la Revolución francesa, Napoleón, la literatura, la pintura europea y la música de Richard Wagner. La gira coincidió con la presencia de otros intelectuales europeos invitados a Argentina, entre ellos Anatole France.[17]

Las conferencias se inscribieron en el contexto de las relaciones culturales entre España y Argentina durante los años anteriores a la celebración del centenario de la Revolución de Mayo. Blasco presentó la lengua y la literatura como vínculos entre ambas sociedades, pero también describió Argentina como un país moderno y como un espacio de oportunidades económicas. Esta visión favorable sería desarrollada después en su libro Argentina y sus grandezas.[16]

Desde Buenos Aires viajó por distintas regiones de Argentina. Visitó la provincia de Buenos Aires, las zonas agrícolas del interior, el norte del país, el Chaco salteño y la Patagonia. El recorrido no fue únicamente turístico: reunió documentación, fotografías, datos estadísticos y testimonios sobre la inmigración, la agricultura, las comunicaciones y la expansión urbana.

Blasco Ibáñez en el Chaco salteño durante su viaje de 1909. Fotografía publicada en Argentina y sus grandezas.

Su gira se extendió también a Uruguay, Paraguay y Chile. En este último país intervino en actos celebrados en Santiago de Chile, Talca y Concepción. Además de sus conferencias, mantuvo encuentros con representantes políticos, periodistas, escritores, editores y miembros de las comunidades españolas establecidas en estos países.[17]

La gira incrementó su notoriedad y le proporcionó ingresos considerables. Sin embargo, su importancia no se limitó al éxito personal: le permitió conocer las redes comerciales del libro en América del Sur y establecer contactos que posteriormente facilitaron tanto la distribución de sus obras como sus proyectos empresariales.[16]

Argentina y sus grandezas

Blasco regresó a Madrid en 1910 y organizó el material reunido durante el viaje. Ese mismo año publicó Argentina y sus grandezas, un extenso volumen ilustrado dedicado a la geografía, la historia, la organización política, las actividades económicas, la inmigración y las principales ciudades del país.

El libro combinó la crónica de viajes con datos procedentes de publicaciones oficiales, entrevistas, estadísticas, mapas y fotografías. Su estructura pretendía ofrecer una visión general del territorio argentino en vísperas del centenario de la independencia. El tono favorable respondía tanto a la impresión causada por el viaje como al interés del autor por presentar Argentina como una sociedad en expansión.[18]

Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires, reproducido en Argentina y sus grandezas (1910).

La inmigración ocupó un lugar destacado en el volumen. Blasco Ibáñez describió la llegada de europeos, el crecimiento de Buenos Aires y la transformación económica provocada por la agricultura, los ferrocarriles y las nuevas infraestructuras. Su interpretación participaba de las ideas de progreso dominantes durante aquel periodo, pero también anticipaba su interés personal por establecer proyectos agrícolas en el país.[18]

Argentina y sus grandezas funcionó simultáneamente como libro de viajes, obra de divulgación y carta de presentación para sus posteriores actividades empresariales. El capital obtenido mediante las conferencias y la publicación del libro le permitió comenzar a invertir en tierras y preparar su regreso a Argentina.[16]

Los proyectos colonizadores

En agosto de 1910 emprendió su segundo viaje a Argentina para formalizar la adquisición y concesión de terrenos. Durante los años siguientes regresó varias veces: realizó un tercer viaje en junio de 1911 y un cuarto y último desplazamiento en mayo de 1912.[5]

Su propósito era crear colonias agrícolas habitadas por familias procedentes principalmente de España. El proyecto preveía proporcionar tierras, viviendas e infraestructuras de riego, y permitir que los agricultores adquiriesen posteriormente las parcelas mediante los beneficios obtenidos de su explotación. Blasco asumió el papel de propietario, promotor, intermediario y director de las empresas.[19]

La primera iniciativa fue la colonia Cervantes, situada en el Alto Valle del Río Negro, en la Patagonia. El área dependía de la construcción de canales, estaciones de bombeo y otras obras necesarias para aprovechar el agua del río. Blasco trató de instalar viviendas, almacenes, maquinaria y servicios para los agricultores, pero la puesta en cultivo avanzó con mayor lentitud y coste de lo previsto.

La segunda colonia, Nueva Valencia, fue establecida en las proximidades de Riachuelo, en la provincia de Corrientes. Las condiciones climáticas y agrícolas eran muy diferentes de las existentes en Río Negro. Allí se ensayaron cultivos de arroz, cítricos y productos hortícolas mediante sistemas de canalización y bombeo de agua.[19]

Para atraer colonos, Blasco viajó a Valencia y difundió el proyecto entre agricultores interesados en emigrar. Varias familias se trasladaron a los asentamientos, pero las grandes distancias, la falta de comunicaciones, las diferencias climáticas y las dificultades para completar las infraestructuras complicaron su adaptación. Algunos abandonaron las colonias, mientras que otros permanecieron en Argentina y continuaron trabajando por cuenta propia.

Blasco dedicó a estas empresas buena parte de su tiempo entre 1911 y 1913. Supervisó obras, negoció créditos, adquirió maquinaria y mantuvo correspondencia con administradores, autoridades y posibles inversores. La experiencia lo alejó temporalmente de la escritura y lo obligó a desplazarse continuamente entre Buenos Aires, Corrientes, Río Negro y Europa.[19]

Liquidación y regreso a Europa

Los proyectos exigieron inversiones superiores a las previstas y tardaron en producir ingresos. Los trabajos de irrigación de Cervantes se prolongaron, las primeras cosechas no permitieron cubrir los gastos y la quiebra del Banco de Corrientes agravó la falta de financiación. Blasco utilizó una parte considerable de sus ahorros y trató de vender propiedades en España para atender las deudas.[20]

Finalmente vendió primero sus intereses en Cervantes y después los de Nueva Valencia. La liquidación consumió gran parte de la fortuna que había reunido mediante sus novelas y conferencias. En 1914 abandonó definitivamente sus proyectos en Argentina y regresó a Europa, instalándose en París.[19]

Las colonias no alcanzaron los objetivos empresariales previstos durante su gestión, aunque algunos de los agricultores permanecieron en el país. Cervantes continuó como asentamiento y posteriormente se convirtió en la actual localidad del mismo nombre, cuyo desarrollo agrícola se apoyó en nuevas obras de irrigación y en la llegada de otros pobladores. Nueva Valencia mantuvo también una presencia en la memoria histórica de la provincia de Corrientes.

La afirmación de que la actual producción arrocera de Corrientes se debe exclusivamente a los procedimientos introducidos por Blasco Ibáñez no cuenta con respaldo suficiente. Su iniciativa participó en las primeras experiencias agrícolas de Nueva Valencia, pero la evolución posterior dependió de nuevas inversiones, infraestructuras, productores y políticas desarrolladas después de su marcha.[19]

La experiencia argentina tuvo además consecuencias literarias. Blasco proyectó un ciclo narrativo sobre la emigración y la formación de la sociedad argentina. El plan incluía las novelas El arca de Noé, posteriormente titulada Los argonautas; Babel; La tierra de todos, y Los murmullos de la selva. Solo Los argonautas apareció inmediatamente, en 1914; La tierra de todos fue publicada en 1922 y los otros proyectos no llegaron a completarse.[19]

Los argonautas relató el viaje de emigrantes europeos hacia América y utilizó materiales procedentes de sus travesías transatlánticas. Su publicación cerró la etapa argentina de Blasco Ibáñez. Poco después, el estallido de la Primera Guerra Mundial modificó de nuevo sus planes y orientó su actividad periodística y literaria hacia el conflicto europeo.[2]

Escritor de éxito internacional (1914-1923)

Tras abandonar sus proyectos de colonización en Argentina, Blasco Ibáñez regresó en 1914 a París, donde se instaló acompañado por Elena Ortúzar. El fracaso de aquellas empresas había reducido considerablemente su patrimonio, por lo que volvió a concentrar sus esfuerzos en el periodismo, la edición y la literatura. La experiencia americana, sin embargo, continuó presente en sus novelas posteriores y resultó decisiva en la concepción de la obra que le proporcionaría su mayor éxito internacional.[21][22]

El estallido de la Primera Guerra Mundial sorprendió al escritor en Francia. Desde el comienzo del conflicto adoptó una posición abiertamente favorable a los Aliados, especialmente a Francia, cuya tradición republicana identificaba con sus propias convicciones políticas. Publicó crónicas en El Pueblo y en otras cabeceras, recorrió sectores del frente occidental y visitó instalaciones militares y localidades de la retaguardia con autorización de las autoridades francesas. Sus textos mezclaban la observación directa, la divulgación histórica y la propaganda aliadófila.[23]

Paralelamente dirigió la publicación por cuadernos semanales de la monumental Historia de la guerra europea de 1914, editada por Prometeo. La obra, profusamente ilustrada con mapas, fotografías, dibujos y reproducciones de documentos, fue reunida posteriormente en nueve volúmenes. Blasco Ibáñez intervino de forma directa sobre todo en los primeros tomos; en los siguientes adquirió mayor importancia el trabajo de sus colaboradores y la recopilación de materiales periodísticos, diplomáticos y militares. La empresa convirtió un acontecimiento de actualidad en un producto editorial de gran difusión y proporcionó al escritor abundante documentación para sus novelas de guerra.[23][22]

Cartel de la adaptación cinematográfica de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, estrenada en 1921.

En ese contexto escribió Los cuatro jinetes del Apocalipsis, publicada en 1916. Para construir la trama recurrió a sus recuerdos de Argentina y presentó a dos ramas de una misma familia, una francesa y otra alemana, enfrentadas por la guerra. La novela incorporaba una clara defensa de la causa aliada, pero abordaba también el desarraigo, la destrucción de las familias y la dimensión internacional del conflicto. A ella siguieron Mare Nostrum (1918), centrada en la guerra naval en el Mediterráneo, y Los enemigos de la mujer (1919), ambientada principalmente en la sociedad cosmopolita de la retaguardia. Las tres obras suelen considerarse la trilogía de Blasco Ibáñez sobre la Gran Guerra.[24]

La consagración internacional de Los cuatro jinetes del Apocalipsis no se produjo simultáneamente en todos los mercados. El salto decisivo llegó con la traducción inglesa de Charlotte Brewster Jordan, publicada en Estados Unidos por E. P. Dutton. En 1919 fue la novela más vendida del país en la clasificación histórica elaborada a partir de los datos de Publishers Weekly.[25] Este éxito multiplicó las traducciones, las reediciones y el interés de la prensa estadounidense por su autor.

La popularidad de la novela favoreció asimismo su adaptación cinematográfica. Metro Pictures estrenó en 1921 Los cuatro jinetes del Apocalipsis, dirigida por Rex Ingram y adaptada por June Mathis. La película alcanzó una extraordinaria repercusión comercial y convirtió al joven Rodolfo Valentino en una de las principales estrellas del cine mudo. El interés de la industria continuó con Sangre y arena (1922), dirigida por Fred Niblo y protagonizada también por Valentino. Las adaptaciones ampliaron el público de Blasco Ibáñez y convirtieron los derechos cinematográficos de sus obras en una parte importante de su actividad profesional.[26][27]

Blasco Ibáñez en 1920, en una fotografía conservada en el archivo fotográfico de Life.

La fama alcanzada en Estados Unidos llevó al escritor a emprender una extensa gira por el país. Llegó a Nueva York en los últimos días de octubre de 1919, a bordo del transatlántico Lorraine, precedido por una intensa campaña publicitaria. Durante los meses siguientes pronunció conferencias en universidades, teatros, asociaciones culturales y otros auditorios; concedió numerosas entrevistas, colaboró con la prensa y participó en recepciones y homenajes. El viaje le permitió además mantener contactos con editores, traductores y representantes de empresas cinematográficas. Abandonó Nueva York en junio de 1920 a bordo del France, después de un periplo que incluyó también desplazamientos a Canadá, México y Cuba.[28]

Blasco Ibáñez con la toga académica de la Universidad George Washington, que le concedió el doctorado honoris causa en Letras en 1920.


En 1920 la Universidad George Washington, situada en Washington D. C., le concedió el título de doctor honoris causa en Letras. La distinción reconocía su trayectoria literaria y la difusión alcanzada por sus obras en Estados Unidos.[29] La gira consolidó una nueva etapa de su carrera: además de escribir, Blasco Ibáñez negociaba personalmente traducciones, colaboraciones periodísticas, conferencias y derechos de adaptación para diversos mercados.

Portadilla de El militarismo mejicano, colección de artículos publicada por Prometeo en 1920.

En marzo de 1920 cruzó la frontera de México por Nuevo Laredo y viajó hasta la capital del país, donde fue recibido por representantes de instituciones culturales, agrupaciones estudiantiles y autoridades, entre ellas el presidente Venustiano Carranza. Blasco Ibáñez anunció que pretendía documentarse para una novela titulada El águila y la serpiente, con la que aspiraba a presentar al público internacional una imagen amplia de la sociedad mexicana. El proyecto no llegó a materializarse.[30]

A su regreso transformó parte de sus impresiones en una serie de artículos para la prensa estadounidense, posteriormente reunidos por Prometeo bajo el título El militarismo mejicano (1920). En ellos formuló una dura crítica del caudillismo, la violencia política y la intervención de los militares en la vida pública mexicana. Sus juicios, escritos durante la caída del gobierno de Carranza y la apertura de una nueva etapa revolucionaria, suscitaron una intensa polémica y provocaron numerosas respuestas en la prensa y en varios libros publicados contra el escritor.[30]

Página de La Esfera del 4 de junio de 1921 dedicada a los homenajes tributados a Blasco Ibáñez en Valencia.

Después de regresar a Europa, pasó en 1921 por Barcelona y Madrid antes de viajar a Valencia. Entre el 15 y el 22 de mayo la ciudad organizó una semana de homenajes que reunió actos municipales, recepciones, banquetes, representaciones teatrales y celebraciones populares. La plaza de Cajeros recibió su nombre y por las calles desfiló una cabalgata de nueve carrozas inspiradas en novelas como Flor de mayo, Cañas y barro, La barraca, La catedral, Sangre y arena, Mare Nostrum y Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Los actos celebraban tanto el éxito internacional del escritor como su prolongada vinculación con el republicanismo de la ciudad.[31][32]

Durante estos años mantuvo un ritmo elevado de publicación. En 1921 apareció el volumen de relatos El préstamo de la difunta; en 1922 publicó La tierra de todos y El paraíso de las mujeres, esta última concebida teniendo en cuenta su posible explotación cinematográfica; y en 1923 dio a la imprenta La reina Calafia, ambientada en California. Esta producción combinó relatos, novelas cosmopolitas y argumentos orientados a un público internacional, sin que abandonara la dirección de sus negocios editoriales ni la negociación de adaptaciones cinematográficas.[22][27]

Entrada de Fontana Rosa, en Menton, residencia adquirida por Blasco Ibáñez en 1922.

En 1922 adquirió en el barrio de Garavan, en Menton, una propiedad llamada Fontana Rosa. Allí creó el denominado «Jardín de los Novelistas», con cerámicas, bustos y espacios dedicados a autores como Miguel de Cervantes, Charles Dickens, Honoré de Balzac, Gustave Flaubert y Émile Zola. Fontana Rosa se convirtió en su principal residencia, lugar de trabajo y centro de reunión durante sus últimos años.[33]


En otoño de 1923 inició uno de sus proyectos viajeros más ambiciosos. Se trasladó a Nueva York y el 15 de noviembre embarcó en el transatlántico Franconia, de la compañía Cunard Line, para realizar un crucero alrededor del mundo. El itinerario, prolongado hasta marzo de 1924, pasó por Cuba, Panamá, Hawái, Japón, Corea, China, Macao, Filipinas, Java, Singapur, Birmania, la India, Sudán y Egipto. Las notas y crónicas del recorrido dieron origen a La vuelta al mundo de un novelista, publicada por Prometeo en tres volúmenes entre 1924 y 1925.[34][35]

Contra la dictadura de Primo de Rivera (1923-1928)

Reanudación de la actividad política

Miguel Primo de Rivera, Alfonso XIII y los generales del Directorio militar.

El golpe de Estado de Primo de Rivera se produjo en septiembre de 1923, pocas semanas antes de que Blasco Ibáñez comenzara el viaje alrededor del mundo que llevaba tiempo preparando. Preguntado entonces por el pronunciamiento militar, respondió que se encontraba apartado de la política y que no pensaba suspender el viaje. Esta posición fue criticada por Manuel Azaña, quien consideró que el escritor debía haberse pronunciado contra la interrupción del sistema constitucional. Blasco no manifestó adhesión al nuevo régimen y, cuando regresó en la primavera de 1924, anunció su decisión de intervenir nuevamente en política con la frase: «Tengo energías suficientes para luchar otra vez».[36][37]


En su decisión influyó la información que recibió del político liberal Santiago Alba, residente entonces en París, así como la situación de varios opositores a la dictadura. Uno de los casos que siguió con mayor atención fue el confinamiento de Miguel de Unamuno en Fuerteventura, su posterior salida de la isla y su instalación en París. En la capital francesa se encontraban políticos, periodistas e intelectuales españoles contrarios a Primo de Rivera y al respaldo prestado al régimen por Alfonso XIII. Entre ellos figuraban, además de Alba y Unamuno, Eduardo Ortega y Gasset, Carlos Esplá y Francisco Madrid, que celebraban reuniones en el café La Rotonde.[37]

Blasco inició su campaña mediante entrevistas y artículos publicados en la prensa francesa. También facilitó información sobre sus proyectos políticos a corresponsales de otros países, aprovechando la difusión que alcanzaban sus escritos fuera de España. El acto elegido para anunciar públicamente su regreso a la actividad política fue el homenaje anual a Émile Zola celebrado ante la tumba del escritor en París. Blasco había apoyado a Zola durante el caso Dreyfus y relacionó su actuación contra la dictadura con el deber de los escritores de intervenir en los asuntos públicos.[38][39]

Nació en un tiempo en que era preciso defender la libertad y la verdad, y las defendió ofreciendo bienestar, fama y vida... A ningún hombre que pueda tener eco en España y en el mundo entero le es lícito callar en estos momentos.
Vicente Blasco Ibáñez, durante el homenaje a Émile Zola celebrado en París en 1924.

Publicaciones contra la dictadura y la monarquía

Uno de los medios empleados por Blasco fue la publicación de manifiestos dirigidos al público español y a lectores de otros países. En diciembre de 1924 apareció en París Una nación secuestrada. El terror militarista en España, difundida también mediante traducciones. En Francia se publicó con el título Alphonse XIII démasqué. La terreur militariste en Espagne. El texto responsabilizaba a Alfonso XIII de haber permitido el golpe de Estado, denunciaba la suspensión de las garantías constitucionales y relacionaba la formación del Directorio militar con el intento de impedir la exigencia de responsabilidades políticas y militares.[40]

Caricatura de Blasco Ibáñez realizada por Luis Bagaría y publicada por El Sol el 28 de enero de 1928.

Al primer manifiesto le siguieron en 1925 Lo que será la República española. Al país y al Ejército y Por España y contra el rey. Alfonso XIII desenmascarado. En ellos defendió la instauración de una república civil, expuso algunas de las reformas que consideraba necesarias y trató de diferenciar al Ejército como institución de los mandos militares vinculados con la dictadura. Los tres escritos atribuían a la monarquía una responsabilidad directa en la continuidad del régimen de Primo de Rivera.[40]

Los manifiestos recuperaban el estilo de sus anteriores campañas periodísticas y estaban redactados para su circulación fuera de los ámbitos parlamentarios y académicos. Blasco estableció un paralelismo entre su situación y la de Víctor Hugo durante su oposición a Napoleón III, y se definió como un «republicano insobornable». Los textos fueron editados en Francia, reproducidos parcial o totalmente por diversos periódicos y distribuidos clandestinamente en España, donde la censura impedía su publicación legal.[37][40]

La difusión de Una nación secuestrada aumentó cuando el Gobierno español promovió una querella por injurias a Alfonso XIII ante los tribunales franceses. El procedimiento generó reacciones en la prensa y en medios políticos de Francia. Quienes defendieron al escritor recordaron su actividad favorable a los aliados durante la Primera Guerra Mundial y la concesión de la Legión de Honor. El Gobierno español terminó retirando la querella.[41]

España con honra y la respuesta de la dictadura

Blasco aportó fondos para la publicación del semanario España con honra, cuyo primer número apareció en París el 20 de diciembre de 1924. La publicación había sido fundada por Carlos Esplá, Eduardo Ortega y Gasset y Juan Durá. Esplá asumió su dirección, mientras que Blasco participó en su financiación y colaboró mediante artículos. La revista tenía cuatro páginas, se imprimía los sábados y publicó textos de Blasco, Unamuno, Ortega y Gasset y otros opositores residentes fuera de España.[37][42][43]

España con honra sirvió como medio de comunicación entre diferentes sectores de la oposición asentada en París y como vía para introducir escritos contrarios a la dictadura en España. Blasco intervino mediante aportaciones económicas, contactos con periódicos y la publicación de artículos, mientras que Esplá se ocupó de la dirección y de tareas relacionadas con la edición y la distribución. Aunque sus colaboradores mantenían diferencias políticas y personales, coincidieron temporalmente en la oposición a Primo de Rivera y Alfonso XIII.[42][43]

La respuesta del régimen incluyó la censura de los escritos de Blasco, la vigilancia de sus colaboradores y la publicación de artículos contrarios a él. Diferentes periódicos cuestionaron sus posiciones políticas, el origen de su fortuna, su vida privada y las razones de su intervención contra la dictadura. También circularon publicaciones monográficas destinadas a responder a sus acusaciones. Un estudio bibliográfico ha localizado alrededor de una decena de estos impresos, publicados entre 1924 y 1925 en España, Francia y Bélgica, y atribuye su patrocinio a sectores relacionados con la Corona.[44]

Blasco renunció durante este periodo a mantener su candidatura de ingreso en la Real Academia Española.[39] También fueron revisados algunos de los reconocimientos municipales que había recibido. En 1921 el Ayuntamiento de Valencia había cambiado el nombre de la plaza de Cajeros por el de Blasco Ibáñez y había colocado allí una placa de mármol con su efigie. En 1927, bajo una corporación favorable a la dictadura, la plaza recuperó su denominación anterior y la placa fue retirada.[45]

Durante estos años continuó publicando obras literarias y de viajes. En 1924 aparecieron los dos primeros volúmenes de La vuelta al mundo de un novelista y la recopilación Novelas de la Costa Azul. En 1925 se publicaron el tercer volumen de su libro de viajes y El papa del mar; en 1926, A los pies de Venus; y en 1927, Novelas de amor y de muerte. En sus novelas de esta etapa recurrió principalmente a asuntos históricos y a episodios relacionados con la historia mediterránea y la expansión española en América.[46]

Últimos años, muerte y traslado de sus restos

Fontana Rosa, residencia de Blasco Ibáñez en Menton, fotografiada en 1931.


Durante sus últimos años residió principalmente en Fontana Rosa, su propiedad de Menton, aunque mantuvo contactos con París y siguió la situación política española. Pese al deterioro de su salud, continuó escribiendo y preparando otros proyectos. Entre ellos se encontraba La juventud del mundo, una novela de carácter autobiográfico con la que pretendía narrar diferentes etapas de su vida.[39]

Blasco Ibáñez murió en Fontana Rosa el 28 de enero de 1928, como consecuencia de las complicaciones de una neumonía, un día antes de cumplir sesenta y un años.[46][47] Fue enterrado provisionalmente en Menton. Había expresado su deseo de que sus restos no regresaran a España mientras continuara la dictadura y de ser enterrado finalmente en Valencia, cerca del Mediterráneo: «Quiero descansar en el más modesto cementerio valenciano, junto al Mare Nostrum que llenó de idea mi espíritu».[47]

Sarcófago-cenotafio realizado por Mariano Benlliure en 1935 para el mausoleo de Blasco Ibáñez, que no llegó a construirse. Se conserva en el vestíbulo del Cementerio General de Valencia.

Tras la proclamación de la Segunda República, se constituyó un comité para organizar el traslado de sus restos. Estos llegaron al puerto de Valencia a bordo del acorazado Jaime I el 29 de octubre de 1933. Una comitiva encabezada por el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, acompañó el féretro desde el puerto. Debido a su peso, se organizaron turnos de porteadores, entre ellos pescadores del Grao, para conducirlo hasta la Lonja de la Seda, donde quedó expuesto antes de su traslado al Cementerio General.[48]

En 1935 Mariano Benlliure terminó un sarcófago-cenotafio de mármol, bronce y latón destinado al mausoleo proyectado por la ciudad. La obra representa al escritor yacente y contiene en sus laterales figuras relacionadas con sus novelas. El mausoleo no llegó a construirse. El cenotafio se conserva en el vestíbulo del Cementerio General de Valencia.[48]

Vida privada

Matrimonio con María Blasco del Cacho y descendencia

María Blasco del Cacho, fotografiada para la revista Por esos Mundos en 1911.

Blasco Ibáñez conoció a María Blasco del Cacho hacia 1885, cuando ambos participaban en reuniones familiares y tertulias en las que se hablaba de literatura y se interpretaban piezas musicales. Contrajeron matrimonio en Valencia el 18 de noviembre de 1891, poco después del regreso de Blasco de su primer exilio en París.[49][50]

El matrimonio tuvo cinco hijos. La primera, llamada Libertad, murió poco después de nacer. Posteriormente nacieron Mario, en 1893; una segunda hija que recibió también el nombre de Libertad, en 1895; Julio César, en 1896; y Sigfrido, en 1902. Por esta razón, algunas biografías mencionan cuatro hijos, al contar únicamente a los que superaron la primera infancia.[50][51]

Los primeros años del matrimonio coincidieron con los procesos judiciales, encarcelamientos y periodos de ausencia derivados de la actividad política y periodística de Blasco. Después de la fundación de El Pueblo, la familia residió durante un tiempo en el mismo edificio en el que se encontraban la redacción y los talleres del periódico. María se ocupó del hogar durante las ausencias de su marido por motivos políticos, profesionales o relacionados con sus viajes.[51]

La familia se trasladó posteriormente a Madrid, donde residió, entre otros domicilios, en una casa de la calle Salas, próxima al paseo de la Castellana. En 1911 Libertad contrajo matrimonio con Fernando Llorca Díez, colaborador de Blasco y administrador de la editorial Prometeo. Llorca atendió varios de los intereses editoriales y periodísticos del escritor durante sus estancias fuera de España. Libertad conservó posteriormente una parte de la correspondencia, los manuscritos y los documentos familiares que integran los fondos dedicados a su padre.[50]

Julio César participó durante un tiempo en los proyectos de colonización emprendidos por su padre en Argentina y murió en Valencia en 1919. Sigfrido continuó vinculado al periódico El Pueblo y al Partido de Unión Republicana Autonomista, mientras que Mario desarrolló su vida fuera de la actividad política encabezada por su padre.[52]

El matrimonio entre Blasco y María se fue distanciando durante la primera década del siglo XX. María continuó residiendo principalmente en España, mientras el escritor pasó periodos cada vez más prolongados en París y en otros países. Murió en Valencia el 21 de enero de 1925.[51][52]

Relación y matrimonio con Elena Ortúzar

Elena Ortúzar, segunda esposa de Blasco Ibáñez, en una fotografía publicada por Estampa en 1928.


Durante su residencia en Madrid, Blasco conoció a Elena Ortúzar, nacida en Chile y casada entonces con Luis Elguín, relacionado con la representación diplomática de Chile. La relación entre Blasco y Ortúzar comenzó hacia 1906 y se desarrolló inicialmente entre Madrid y París, ciudad a la que ella se había trasladado con su marido.[49]

Ortúzar acompañó a Blasco en varios desplazamientos por Europa. Ambos viajaron por Francia, Italia, Austria y Turquía, recorrido que proporcionó materiales para el libro Oriente. También realizaron itinerarios por distintas regiones españolas. Las experiencias relacionadas con esta etapa fueron incorporadas, de forma transformada, a novelas como La maja desnuda, Sangre y arena, Los muertos mandan y La voluntad de vivir. La crítica ha estudiado la relación entre estos cambios personales y el paso desde las novelas sociales de Blasco hacia obras centradas en conflictos sentimentales y psicológicos.[49]

En 1908, durante una crisis de su relación con Ortúzar, Blasco escribió La voluntad de vivir. La novela presentaba personajes y situaciones que podían ser identificados con personas de su entorno. Después de que Luis Morote le advirtiera de las consecuencias de su publicación, el escritor ordenó destruir los ejemplares ya impresos. La obra no apareció íntegramente durante su vida.[49]

Desde 1914 Blasco y Ortúzar residieron juntos durante periodos prolongados en París y posteriormente en Fontana Rosa, en Menton. Ella también participó en el viaje alrededor del mundo realizado entre 1923 y 1924 a bordo del Franconia.[53]

Tras la muerte de María Blasco del Cacho, Blasco y Elena Ortúzar contrajeron matrimonio en Menton el 4 de julio de 1925. Permanecieron casados hasta la muerte del escritor en enero de 1928. Ortúzar intervino después en la organización de su entierro en Francia y en la conservación de los bienes y documentos que permanecían en Fontana Rosa.[54]

Residencias, forma de trabajo e intereses culturales

Actual Casa-Museo de Blasco Ibáñez, situada en el emplazamiento del chalé que el escritor mandó construir en 1902 en la playa de la Malvarrosa de Valencia.

A lo largo de su vida, Blasco alternó residencias en Valencia, Madrid, París y Menton, además de sus estancias en Argentina. En 1902 mandó construir un chalé en la playa de la Malvarrosa de Valencia. El edificio fue utilizado como residencia familiar y lugar de trabajo, especialmente durante la redacción de sus novelas de comienzos del siglo XX. También sirvió como espacio de reunión con escritores, periodistas, artistas y colaboradores políticos.[55]

Después de la Guerra Civil, el chalé fue incautado y utilizado entre 1942 y 1962 como Escuela de Flechas Navales, lo que modificó parte de su estructura. El edificio se deterioró durante las décadas posteriores. La construcción actual ocupa el mismo emplazamiento y reproduce algunos elementos exteriores del chalé original. Desde 1997 alberga la Casa-Museo de Blasco Ibáñez, integrada en la red de museos municipales de Valencia.[55]

La documentación conservada muestra que preparaba sus obras mediante notas, correspondencia, recortes de prensa y observaciones tomadas durante sus viajes. En varios casos se desplazó a los lugares en los que pensaba ambientar sus novelas. Durante el viaje alrededor del mundo utilizó pequeñas libretas para registrar datos que después incorporó a La vuelta al mundo de un novelista. Su producción combinó periodos de escritura concentrada con la actividad periodística, editorial, política y de conferenciante.[55][53]

Entre sus intereses culturales se encontraban la historia de España, la obra de Miguel de Cervantes, la pintura y la música. Asistía a conciertos y representaciones de ópera y dejó referencias musicales en sus crónicas y novelas. Su interés por Richard Wagner aparece especialmente en Entre naranjos, El papa del mar y A los pies de Venus. Como editor publicó textos literarios del compositor y dio a uno de sus hijos el nombre de Sigfrido.[56]

Los viajes ocuparon asimismo una parte continuada de su vida personal y profesional. Visitó distintos países de Europa, América y Asia y convirtió muchos de esos desplazamientos en crónicas, conferencias o libros. Durante su estancia en Japón, entre finales de 1923 y comienzos de 1924, mantuvo contactos con profesores, traductores y estudiosos de la lengua española. Investigaciones posteriores han relacionado aquella visita con el desarrollo de los estudios hispánicos y de las traducciones directas del castellano al japonés.[57]

Obras

Portada del segundo tomo de La araña negra, publicado en 1893. La novela pertenece a la primera etapa folletinesca del autor.

La producción escrita de Blasco Ibáñez comprende novelas, cuentos, crónicas de viajes, artículos periodísticos, obras históricas, ensayos, discursos, folletos políticos, traducciones y una obra teatral. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes conserva un catálogo que reúne varios centenares de textos y registros relacionados con su actividad literaria y periodística.[58] Escribió mayoritariamente en castellano, aunque en sus novelas de ambiente valenciano incorporó vocabulario, giros y diálogos vinculados al habla popular de sus personajes. Durante su juventud colaboró además con el almanaque de la sociedad Lo Rat Penat, donde publicó en 1882 «La torre de la Boatella» y, en 1884, «Fátimah», y presentó a los Juegos Florales la composición «Furs i llibertat».[59]

Sus primeros escritos estuvieron relacionados con el relato romántico, la novela histórica y el folletín. A esta etapa pertenecen la colección de relatos Fantasías (1887), ¡Por la patria! Romeu el Guerrillero (1888), La araña negra (1892), ¡Viva la República! y Los fanáticos. En estas obras se han señalado las influencias de Eugène Sue, Victor Hugo y Manuel Fernández y González. El propio Blasco Ibáñez rechazó posteriormente parte de esta producción juvenil y no la incluyó en las recopilaciones de sus obras que autorizó en vida, aunque algunos de esos títulos continuaron circulando mediante reediciones no autorizadas.[60][61]

A partir de Arroz y tartana (1894) comenzó el grupo habitualmente denominado «ciclo valenciano», integrado también por Flor de mayo (1895), La barraca (1898), Entre naranjos (1900) y Cañas y barro (1902). Estas novelas sitúan sus argumentos en la ciudad de Valencia, el barrio marítimo, la huerta, la Ribera y la Albufera, y desarrollan conflictos relacionados con la propiedad de la tierra, el comercio, el trabajo, la presión del medio y las divisiones sociales. Sónnica la cortesana (1901), escrita durante el mismo periodo, constituye una incursión en la novela histórica ambientada en el asedio cartaginés de Sagunto.[60]

Estas obras han sido estudiadas dentro de la tradición realista y naturalista, con elementos costumbristas y regionales. No obstante, Blasco Ibáñez matizó la importancia de la influencia de Émile Zola y destacó la que había ejercido sobre él Victor Hugo. La crítica también ha señalado que el paisaje no funciona únicamente como marco descriptivo, sino que interviene en la construcción de los conflictos y condiciona las relaciones entre los personajes.[60]

Portada de una edición de La barraca publicada por la Editorial Prometeo en 1925.

Con La catedral inició un segundo conjunto, denominado por el propio autor «novelas de tendencia» y conocido también como ciclo social. Lo completan El intruso, La bodega y La horda, ambientadas respectivamente en Toledo, Bilbao, Jerez de la Frontera y Madrid. En ellas abordó asuntos como la situación económica del clero catedralicio, los conflictos laborales y religiosos, las condiciones de los trabajadores agrícolas y la pobreza urbana.[60]


Su traslado a Madrid y sus frecuentes estancias en París coincidieron con otra modificación temática. La maja desnuda, Sangre y arena y Los muertos mandan concentran una parte mayor de la narración en los conflictos sentimentales, la identidad y la evolución psicológica de los personajes. Estas categorías, sin embargo, no constituyen divisiones cerradas: en varias novelas conviven el análisis social, la experiencia autobiográfica, el melodrama, la descripción de ambientes y los procedimientos propios del folletín.[60]

Sus viajes y los acontecimientos políticos internacionales originaron nuevos grupos temáticos. Los argonautas y La tierra de todos se relacionan con su experiencia americana; Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Mare Nostrum y Los enemigos de la mujer forman el ciclo dedicado a la Primera Guerra Mundial; y El paraíso de las mujeres, La reina Calafia y El fantasma de las alas de oro incorporan componentes fantásticos o de aventuras. En sus últimos años regresó a la novela histórica con El papa del mar, A los pies de Venus, En busca del Gran Kan y El caballero de la Virgen. El relato histórico estuvo, por tanto, presente tanto en sus comienzos como en la etapa final de su producción.[62]

Junto a la narrativa publicó libros de viajes formados a partir de crónicas aparecidas previamente en la prensa, entre ellos París, impresiones de un emigrado, En el país del arte, Oriente, Argentina y sus grandezas y La vuelta al mundo de un novelista. También escribió la extensa Historia de la guerra europea de 1914, trabajos sobre historia y política, y los folletos contra la dictadura de Miguel Primo de Rivera. La publicación inicial de parte de su narrativa en las páginas de El Pueblo y su participación en las editoriales Sempere y Prometeo hicieron que su actividad como escritor estuviera vinculada de forma continuada al periodismo y a la edición.[60][58]

La relación de Blasco Ibáñez con la denominada generación del 98 ha sido objeto de debate. Su proximidad cronológica y su intervención en discusiones políticas y culturales comunes han llevado a algunos historiadores de la literatura a incluirlo en ese marco generacional. Otros estudios destacan las diferencias entre su trayectoria, vinculada al naturalismo, el republicanismo, la prensa de masas y la edición comercial, y la de los autores habitualmente asociados al grupo. Por ello, una parte de la crítica lo estudia como contemporáneo de la generación, pero no necesariamente como integrante de un conjunto literario homogéneo.[63]

Un caso particular dentro de su producción es La voluntad de vivir, escrita hacia 1907-1908 durante una crisis en su relación con Elena Ortúzar. La novela contenía personajes que podían ser identificados con personas de su entorno. Después de que el periodista Luis Morote le advirtiera de las posibles consecuencias de su publicación, Blasco Ibáñez ordenó destruir los doce mil ejemplares que ya se habían impreso. Sus biógrafos han ofrecido interpretaciones diferentes sobre la identidad de los modelos reales y los motivos concretos de la retirada, por lo que no existe acuerdo para atribuir la decisión a una sola persona. La obra apareció póstumamente en 1953 y fue incorporada en 1977 a la ampliación de sus Obras completas, con un prólogo de su hija Libertad Blasco Ibáñez.[60][61]

La primera edición de las Obras completas preparada por Aguilar apareció en Madrid en 1946 y constaba de tres volúmenes. Pese a su título, no reunía toda la producción conocida: excluía varias novelas juveniles repudiadas por el autor, además de textos teatrales, crónicas, conferencias, discursos y escritos políticos. Entre 1977 y 1978 la editorial añadió los tomos IV, V y VI. En ellos se recuperaron, entre otros materiales, Fantasías, ¡Por la patria!, La voluntad de vivir, La araña negra, ¡Viva la República!, Los fanáticos, el drama El juez, crónicas de viaje, conferencias y diversos escritos políticos. Esta ampliación permitió consultar conjuntamente una parte de la obra que había quedado fuera de los tres volúmenes iniciales, aunque tampoco constituye una edición crítica completa de todos sus artículos, cartas y colaboraciones periodísticas.[61][58]

Novelas

La producción narrativa de Blasco Ibáñez comprende novelas extensas, folletines, novelas cortas y recopilaciones de cuentos. Sus obras suelen ordenarse en varios ciclos: los relatos y folletines juveniles de influencia romántica; las novelas ambientadas en Valencia; las novelas sociales; las de análisis psicológico; las de tema americano; las relacionadas con la Primera Guerra Mundial; y las novelas históricas de sus últimos años. Esta clasificación es orientativa, pues algunas obras comparten rasgos de varios grupos.[64]

Antes de sus primeras publicaciones, escribió en Burjasot una novela titulada Carmen. En sus comienzos cultivó la leyenda romántica, la novela histórica y el folletín, modalidades que más tarde repudió parcialmente, aunque algunas de aquellas obras fueron reeditadas en vida del autor o recuperadas después de su muerte.[65] La relación siguiente distingue las novelas y los folletines de las recopilaciones de narrativa breve, además de indicar reediciones que durante décadas fueron tratadas como obras independientes.[66][67]

Portada de la primera edición de Cañas y barro (Valencia, 1902).

Novelas y folletines

Más información Año, Título ...
Año Título Primera edición y observaciones
1887 El conde Garci-Fernández Novela histórica publicada por la imprenta de El Correo de Valencia. Fue recuperada por la editorial Cosmópolis en 1928.
1888 ¡Por la patria! Romeu el Guerrillero Imprenta de El Correo de Valencia. Novela histórica ambientada durante la Guerra de la Independencia.
1889 Caerse del cielo Novela juvenil que Blasco Ibáñez no incorporó a las colecciones de obras que preparó durante su madurez. Fue recuperada posteriormente por los estudiosos de su producción inicial.[65]
1892-1893 La araña negra Barcelona, Seix, dos volúmenes. Folletín de contenido anticlerical, escrito bajo la influencia de la novela popular francesa.
1893 ¡Viva la República! Valencia, M. Senent, dos volúmenes. Folletín histórico y político.
1894 Arroz y tartana Biblioteca de El Pueblo, Valencia. Ambientada en los medios comerciales de la ciudad.
1895 Flor de mayo Biblioteca de El Pueblo, Valencia. Centrada en las comunidades pesqueras de la costa valenciana.
1895 Los fanáticos Barcelona, Seix, dos volúmenes. Pertenece al grupo de los folletines juveniles posteriormente rechazados por el autor.
1898 La barraca Publicada inicialmente como folletín en El Pueblo. Su acción se desarrolla en la Huerta de Valencia.
1900 Entre naranjos Valencia, Francisco Sempere. Ambientada en la comarca de la Ribera del Júcar.
1901 Sónnica la cortesana Valencia, Francisco Sempere. Novela histórica sobre el asedio cartaginés de Sagunto.
1902 Cañas y barro Valencia, Francisco Sempere y Compañía. Ambientada en la Albufera y en la comunidad de pescadores y agricultores de El Palmar.
1903 La catedral Valencia, Francisco Sempere. Inicia el ciclo de novelas sociales y está ambientada en Toledo.
1904 El intruso Valencia, Francisco Sempere. Ambientada en Bilbao y relacionada con los conflictos políticos, religiosos y laborales de la industrialización.
1905 La bodega Valencia, Francisco Sempere. Ambientada en la zona vitivinícola de Jerez de la Frontera.
1905 La horda Valencia, Francisco Sempere. Última de las cuatro novelas sociales y ambientada en los barrios periféricos de Madrid.[68]
1906 La maja desnuda Valencia, Francisco Sempere. Primera del grupo denominado habitualmente de novelas psicológicas.
1907 La voluntad de vivir Escrita entre febrero y marzo. Cuando la edición ya estaba impresa, el autor ordenó destruirla y la obra no llegó entonces a distribuirse. Su primera publicación destinada al público apareció en 1953, por la editorial Planeta.[69]
1908 Sangre y arena Valencia, Francisco Sempere. Novela centrada en la trayectoria personal y profesional de un torero.
1909 Los muertos mandan Valencia, Francisco Sempere. Ambientada principalmente en Mallorca.
1914 Los argonautas Valencia, Prometeo. Concebida como introducción a un ciclo de novelas sobre la emigración y la colonización española en América que no llegó a completarse.
1916 Los cuatro jinetes del Apocalipsis Valencia, Prometeo. Primera novela del ciclo dedicado a la Primera Guerra Mundial.
1918 Mare Nostrum Valencia, Prometeo. Segunda novela del ciclo bélico, centrada en la guerra naval en el Mediterráneo.
1919 Los enemigos de la mujer Valencia, Prometeo. Cierra el ciclo sobre la Primera Guerra Mundial y está ambientada principalmente en Montecarlo.
1922 El paraíso de las mujeres Valencia, Prometeo. Novela fantástica concebida en relación con un proyecto cinematográfico que no llegó a realizarse.
1922 La tierra de todos Valencia, Prometeo. Retoma los temas americanos y sitúa su acción en Argentina.
1923 La reina Calafia Valencia, Prometeo. Novela ambientada en California.
1925 El papa del mar Valencia, Prometeo. Primera de las novelas históricas tardías que el autor denominó «novelas españolas evocativas».
1926 A los pies de Venus Valencia, Prometeo. Novela histórica dedicada a la familia Borja.
1929 En busca del Gran Kan (Cristóbal Colón) Valencia, Prometeo. Novela histórica publicada póstumamente.
1929 El caballero de la Virgen (Alonso de Ojeda) Valencia, Prometeo. Novela histórica publicada póstumamente.
1930 El fantasma de las alas de oro Valencia, Prometeo. Novela póstuma en la que se incorporaron materiales relacionados con experiencias del autor.
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Las cuatro últimas novelas históricas —El papa del mar, A los pies de Venus, En busca del Gran Kan y El caballero de la Virgen— supusieron un retorno a un género que Blasco Ibáñez había cultivado desde su juventud. Las dos últimas aparecieron después de su muerte.[70]

Portada interior de una edición de Los cuatro jinetes del Apocalipsis publicada por Prometeo en 1919.


Narrativa breve y recopilaciones

Una parte de los títulos incluidos tradicionalmente en los repertorios de «novelas» corresponde en realidad a novelas cortas, cuentos o recopilaciones de textos publicados previamente en la prensa. Entre ellos se encuentran:[66]


  • Fantasías (Leyendas y tradiciones) (1887), colección de relatos de carácter romántico.
  • El adiós de Schubert (1888), narración juvenil posteriormente reeditada junto con otros textos de la misma época.
  • Mademoiselle Norma (1888), novela corta reeditada por Cosmópolis en 1927.
  • Noche de bodas (1893), relato incorporado después a distintas recopilaciones.
  • Cuentos valencianos (1896), colección de relatos ambientados en Valencia y su entorno rural y marítimo.
  • La condenada (1900), volumen de narraciones breves.
  • Luna Benamor (1909), novela corta publicada por Francisco Sempere.
  • El préstamo de la difunta (1921), colección formada por «El préstamo de la difunta», «El monstruo», «El rey de las praderas», «Noche servia», «Las plumas del caburé», «Las vírgenes locas», «La vieja del cinema», «El automóvil del general», «Un beso», «La loca de la casa», «La sublevación de Martínez», «El empleado del coche-cama» y «La cigarra y la hormiga».
  • Novelas de la Costa Azul (1924), recopilación de narraciones breves escritas o reunidas durante su residencia en Francia.
  • Novelas de amor y de muerte (1927), colección que incluye «El secreto de la baronesa», «Piedra de Luna», «El rey Lear, impresor», «La devoradora», «El réprobo» y «El despertar del Buda».
  • Un idilio nihilista (1928), volumen compuesto por «Un idilio nihilista», «La muerte de Capeto» y «Marinoni».
  • La misa de medianoche: leyendas y tradiciones (1928), recopilación y reedición de narraciones juveniles.
  • La condenada y otros cuentos (1979), selección póstuma preparada por los herederos del escritor.

Las ediciones realizadas durante los últimos años de la vida de Blasco Ibáñez y después de su muerte complicaron la identificación de algunas obras. Cosmópolis y otras editoriales recuperaron textos juveniles y dividieron determinados folletines en volúmenes comercializados con títulos propios. Marujita Quirós, El señor Avellaneda y El padre Claudio, por ejemplo, corresponden a partes de La araña negra y no a novelas nuevas e independientes. En el cráter del volcán, publicado por Cosmópolis sin fecha precisa, pertenece igualmente a este conjunto de reediciones de materiales anteriores.[71]

En 2022 se publicó una adaptación de El intruso al sistema de lectura fácil, realizada por Javier Alcázar Colilla.[72]

De acuerdo con la disposición transitoria cuarta de la Ley de Propiedad Intelectual, a los autores fallecidos antes del 7 de diciembre de 1987 se les aplica el plazo de ochenta años establecido por la ley de 1879. Como los plazos se computan desde el 1 de enero del año siguiente al fallecimiento, las obras originales de Blasco Ibáñez pasaron al dominio público en España el 1 de enero de 2009. Las traducciones, adaptaciones y ediciones críticas posteriores pueden estar sometidas a sus propios derechos.[73]

Otras obras

Además de la narrativa, Blasco Ibáñez publicó obras históricas, libros de viajes, crónicas periodísticas, escritos políticos, conferencias y una pieza teatral. Una parte considerable de estos libros procedía de artículos aparecidos previamente en periódicos españoles y americanos, posteriormente revisados o agrupados en volumen. Las reediciones, recopilaciones póstumas y publicaciones por entregas explican algunas diferencias entre las fechas y extensiones ofrecidas por los distintos catálogos.[74][75]

Obras históricas y crónicas de guerra

Primer volumen de Historia de la guerra europea de 1914, publicada por Prometeo.
  • Historia de la revolución española (desde la Guerra de la Independencia a la Restauración en Sagunto), 1808-1874 (Barcelona, La Enciclopedia Democrática, 1890-1892, tres volúmenes). Escrita durante sus primeros años de actividad política y periodística, apareció ilustrada y con un prólogo de Francisco Pi y Margall. La editorial Cosmópolis la reeditó en Madrid, entre 1930 y 1931, dividida en quince tomos de menor formato.[76]
  • Historia de la guerra europea de 1914: ilustrada con millares de fotografías, dibujos y láminas (Valencia, Prometeo, 1914-1919, nueve volúmenes). Comenzó a publicarse en cuadernos semanales pocos meses después del inicio de la Primera Guerra Mundial. La obra combinaba una narración de los acontecimientos con documentos, mapas, ilustraciones y fotografías procedentes de archivos y agencias de prensa. Su orientación editorial era favorable a los Aliados, posición que Blasco Ibáñez defendió también en sus crónicas y novelas sobre la guerra. Con posterioridad se realizaron reimpresiones y reediciones parciales durante la década de 1920.[77][78]
  • El mundo español y Francia (Valencia, Prometeo, 1915). Recoge la conferencia pronunciada en París el 26 de marzo de 1915, dentro de su actividad pública favorable a la causa aliada.
  • La sombra de Atila: emociones de la guerra grande (Santiago de Chile, Editorial Chilena, 1916). Reunión de crónicas sobre la guerra dirigida inicialmente al público hispanoamericano. En 1917 apareció otra edición en Lima, publicada en dos tomos por la Biblioteca de La Prensa.[79]

Estas publicaciones no fueron concebidas como investigaciones historiográficas académicas en sentido estricto, sino como obras de divulgación y actualidad condicionadas por las posiciones políticas del autor y por su experiencia como periodista y editor.[80]

Libros de viajes

Cubierta del ejemplar digitalizado de Argentina y sus grandezas (1910).

Los viajes de Blasco Ibáñez dieron origen a crónicas que solían publicarse primero en la prensa y más tarde en forma de libro. En ellas combinó la descripción de ciudades, paisajes y obras artísticas con comentarios sobre la historia, las costumbres, la vida política y el desarrollo económico de los países visitados.[81]

  • París, impresiones de un emigrado (Valencia, 1893). Recopila textos derivados de su estancia en Francia entre 1890 y 1891. En 1893 circularon ediciones de la Unión Tipográfica y de la casa editorial de M. Senent.[82]
  • En el país del arte (Tres meses en Italia) (Valencia, 1896). Reúne las crónicas enviadas a El Pueblo durante su estancia en Italia. El libro presta especial atención a ciudades, monumentos, museos y obras de arte, además de describir aspectos de la vida cotidiana italiana.[83]
  • Oriente (Valencia, Francisco Sempere, 1907). Recoge las impresiones de un viaje por Europa central y el Mediterráneo oriental. Los textos aparecieron también en diferentes periódicos antes de su publicación en volumen.[84]
  • Argentina y sus grandezas (Madrid, La Editorial Española Americana, 1910). Volumen ilustrado dedicado a la geografía, la historia, la población, las ciudades y la actividad económica argentina, escrito después de la gira de conferencias que realizó en 1909. Fue reeditado en Buenos Aires por la Institución Cultural Española en 1943.[85][86]
  • La vuelta al mundo de un novelista (Valencia, Prometeo, 1924-1925, tres volúmenes). Procede del viaje iniciado en octubre de 1923. Los dos primeros tomos aparecieron en 1924 y el tercero en 1925. La obra recorre sucesivamente América, el Pacífico, Asia meridional y oriental, y el nordeste de África, y alterna la crónica del itinerario con explicaciones históricas y observaciones sobre las sociedades visitadas.[87][88]

Escritos políticos y periodísticos

La escritura política acompañó prácticamente toda su trayectoria. Sus textos adoptaron formas diferentes, desde el artículo de prensa y el manual divulgativo hasta el folleto de intervención inmediata. Por ello deben distinguirse de sus novelas, aunque en ocasiones empleen recursos narrativos o retóricos semejantes.

  • El catecismo del buen republicano federal (Valencia, Imprenta Ripollés, 1892, dos volúmenes). Exposición divulgativa de principios republicanos federales, organizada mediante un procedimiento de preguntas y respuestas.[89]
  • El militarismo mejicano: estudios publicados en los principales diarios de los Estados Unidos (Valencia, Prometeo, 1920). Recopilación de artículos escritos después de su visita a México. El título conserva la grafía utilizada en la edición original.[90]
  • Una nación secuestrada: el terror militarista en España (París, 1924). Folleto escrito contra la Dictadura de Primo de Rivera y la actuación política de Alfonso XIII. Circuló desde Francia y fue distribuido clandestinamente en España.
  • Por España y contra el rey: Alfonso XIII desenmascarado (París, Excelsior, 1925). Reunión de textos dirigidos contra la monarquía y la dictadura. Algunas ediciones y estudios agrupan bajo este título escritos publicados entre 1924 y 1925.[91]
  • Lo que será la República Española: al país y al ejército (1925). Texto político en el que expuso su propuesta republicana y su posición ante el ejército. Existen ejemplares impresos en Francia y una edición distribuida por la Casa de la Democracia de Valencia.[92]

Una parte de su producción periodística fue recopilada después de su muerte. Entre las ediciones modernas se encuentran Contra la Restauración. Periodismo político, 1895-1904, preparada por Paul C. Smith en 1978, y Los mejores artículos de Blasco Ibáñez, publicada en 1982. Estas recopilaciones no constituyen obras nuevas, sino selecciones editoriales de textos aparecidos originalmente en la prensa.[93]

Teatro, conferencias y estudios literarios

  • El juez. Drama en tres actos y en prosa (Valencia, Imprenta de Ripollés, 1894). Se estrenó en el teatro Apolo de Valencia en mayo de 1894. Fue la única obra dramática de Blasco Ibáñez que llegó a los escenarios; tras su recepción inicial no continuó de forma regular su actividad como dramaturgo.[94][80]
  • Además de El mundo español y Francia, pronunció conferencias sobre literatura, historia, política, arte y cuestiones sociales durante sus giras por España, Portugal, Argentina, Chile y Estados Unidos. Algunas fueron impresas como folletos o incorporadas posteriormente a sus obras completas, mientras que otras se conocen por transcripciones y reseñas periodísticas.
  • Estudios literarios (Valencia, Prometeo, 1934) es una recopilación póstuma de textos dedicados a escritores y cuestiones literarias. El catálogo de la Biblioteca Valenciana fecha su publicación en 1934, y no en 1933, como figura en algunos repertorios anteriores.[95]


Traducciones

La actividad de Blasco Ibáñez como traductor estuvo estrechamente relacionada con su labor editorial. Primero colaboró con la casa de Francisco Sempere y posteriormente dirigió proyectos publicados por la Editorial Española-Americana y por Prometeo. Tradujo principalmente obras francesas o versiones francesas de textos escritos originalmente en otras lenguas; también preparó prólogos, revisó traducciones anteriores y coordinó colecciones de carácter histórico, geográfico y literario.[96]

Entre las traducciones y empresas editoriales en las que intervino se encuentran:

  • Historia de la Revolución Francesa, de Jules Michelet (Valencia, Biblioteca Popular, 1898-1900, tres volúmenes). La edición se presentó como la primera traducción castellana de la obra realizada por Blasco Ibáñez.[97] Fue uno de sus primeros trabajos editoriales de gran extensión y formó parte de su proyecto de divulgar entre un público amplio obras históricas relacionadas con la Revolución francesa.[96]
  • Novelas y pensamientos: músicos, filósofos y poetas, de Ricardo Wagner (Valencia, F. Sempere, 1901). Además de traducir la recopilación, Blasco escribió su prólogo. El volumen reunía textos narrativos, ensayísticos y reflexiones del compositor alemán, cuya obra literaria y musical interesó al escritor español.[98]
  • Novísima geografía universal (Madrid, Editorial Española-Americana, 1906-1907, seis volúmenes), basada en trabajos de los hermanos Onésime y Élisée Reclus. Blasco figuró como traductor y autor del prólogo; la edición incorporaba numerosos mapas, láminas y grabados. En su preparación colaboró su cuñado, el geólogo Alberto Carsí, quien habría intervenido especialmente en la revisión de contenidos geográficos.[96][99]
  • Novísima historia universal (desde los tiempos prehistóricos a 1908) (Madrid y Valencia, Editorial Española-Americana y Prometeo, 1908-1920, dieciséis volúmenes). Se trató de un proyecto colectivo de traducción y edición que reunió obras de Gaston Maspero, Jules Michelet, Ernest Renan y otros historiadores. Incluyó asimismo una versión de la Histoire générale du IVe siècle à nos jours, dirigida por Ernest Lavisse y Alfred Rambaud. La publicación comenzó en la Editorial Española-Americana y fue continuada posteriormente por Prometeo.[96]
Primera página del tomo I de la versión castellana de El libro de las mil noches y una noche publicada por Prometeo.
  • El libro de las mil noches y una noche (Valencia, Prometeo, hacia 1915-1916, veintitrés tomos), versión castellana realizada a partir de la traducción francesa de J. C. Mardrus, con prólogo de Enrique Gómez Carrillo. No fue, por tanto, una traducción directa del árabe. La versión de Blasco continuó reeditándose durante el siglo XX, en ocasiones agrupada en un número menor de volúmenes.[96]


Las colecciones firmadas por «R. Martínez Lafuente»

La relación de Blasco Ibáñez con determinadas traducciones de autores clásicos presenta problemas específicos de autoría. La editorial Prometeo publicó en 1916 once comedias de Aristófanes, distribuidas en tres tomos, y entre 1917 y 1918 una colección titulada Shakespeare. Obras completas, formada por doce tomos y treinta y cinco dramas. Ambas aparecieron como versiones castellanas de «R. Martínez Lafuente». Las ediciones no desarrollaban la inicial del nombre; la forma «Rafael Martínez Lafuente», utilizada posteriormente en algunas referencias bibliográficas, no aparece en los impresos y anuncios contemporáneos estudiados.[100]

La investigadora Inmaculada Serón Ordóñez comparó estas publicaciones con traducciones castellanas anteriores y examinó la correspondencia mantenida por Blasco con Francisco Sempere y su yerno Fernando Llorca Die. Según sus conclusiones, «R. Martínez Lafuente» fue un seudónimo editorial bajo el que trabajaron principalmente Blasco Ibáñez y, en menor medida, Llorca y otras personas relacionadas con Prometeo.[100]

La colección de Shakespeare no consistió, en su mayor parte, en traducciones nuevas realizadas directamente del inglés. Blasco y sus colaboradores tomaron como base versiones castellanas ya publicadas —especialmente las reunidas a finales del siglo XIX por el editor Francisco Nacente—, que corrigieron, reorganizaron y completaron mediante ediciones francesas. Estas últimas se emplearon para restituir fragmentos ausentes, preparar notas y revisar algunos pasajes. Serón calificó este procedimiento como plagio de traducciones anteriores, ya que las fuentes utilizadas no fueron reconocidas de manera suficiente en la edición.[100]

Pese al título Obras completas, la colección de Prometeo no incluyó la poesía de Shakespeare ni los dramas Tito Andrónico y Pericles, príncipe de Tiro. El estudio de esta empresa editorial permite distinguir entre las traducciones realizadas personalmente por Blasco, sus adaptaciones de versiones francesas y las revisiones de textos castellanos anteriores publicadas bajo una firma colectiva o ficticia.[100][96]

Adaptaciones al cine

La relación de Blasco Ibáñez con el cine comenzó antes de su etapa estadounidense y no se limitó a la cesión de los derechos de sus novelas. Participó en la producción y dirección de una película, escribió argumentos destinados directamente a la pantalla y negoció con productoras europeas y estadounidenses. Sus obras fueron adaptadas durante el cine mudo, retomadas posteriormente por cinematografías de distintos países y convertidas, desde la década de 1970, en series y producciones televisivas.[101]

Primeras películas y participación directa

Entre las primeras traslaciones de su narrativa a la pantalla se encuentra El tonto de la huerta, producción de Films Cuesta dirigida hacia 1914 por José María Codina. La película era una adaptación libre de La barraca, aunque el cambio de título y la transformación del argumento dificultaron durante algún tiempo su identificación como una obra derivada de la novela. En 1915, Alberto Marro dirigió una primera versión de Entre naranjos, producida en Barcelona por Hispano Films.[101]

En 1916 se rodó Sangre y arena, adaptación en la que Blasco Ibáñez intervino como guionista, productor y codirector junto con el realizador francés Max André. Fue producida por Prometheus Films, empresa creada para el proyecto, y constituyó la única experiencia acreditada del escritor en la dirección cinematográfica. La película se consideró perdida durante décadas hasta que se localizaron materiales incompletos en el Národní Filmový Archiv de Praga. La Filmoteca Valenciana y el archivo checo efectuaron en 1996 una reconstrucción de 59 minutos, con intertítulos en castellano, a partir de las copias conservadas.[102]

Algunas biografías han mencionado asimismo La vieja del cinema —no La vieja y el cinema— como una posible película realizada hacia 1917. Sin embargo, el título también corresponde a uno de los relatos de tema cinematográfico del escritor y no aparece entre las producciones plenamente documentadas por los principales estudios sobre su obra en el cine mudo.[103][101]

Hollywood y el cine mudo

Cartel estadounidense de Blood and Sand (1922), adaptación de Sangre y arena dirigida por Fred Niblo y protagonizada por Rodolfo Valentino, Lila Lee y Nita Naldi.

La repercusión internacional de Los cuatro jinetes del Apocalipsis favoreció la adquisición de sus derechos por Metro Pictures. La adaptación estadounidense, estrenada en marzo de 1921 con el título The Four Horsemen of the Apocalypse, fue dirigida por Rex Ingram y escrita para la pantalla por June Mathis. Rodolfo Valentino interpretó a Julio Desnoyers y Alice Terry a Margarita Laurier. Según el catálogo del American Film Institute, fue el mayor éxito comercial de Metro hasta entonces, estuvo entre las primeras películas mudas estadounidenses que recaudaron un millón de dólares y convirtió a Valentino en protagonista cinematográfico.[104]

Al año siguiente se estrenó Blood and Sand, dirigida por Fred Niblo. Valentino encarnó al torero Juan Gallardo, Lila Lee interpretó a Carmen y Nita Naldi a doña Sol. Naldi, por tanto, no intervino en The Four Horsemen of the Apocalypse, como se ha indicado en ocasiones, sino en esta adaptación de Sangre y arena. La película fue producida por Famous Players-Lasky y distribuida por Paramount.[105]

En 1923, Alan Crosland dirigió The Enemies of Women, basada en Los enemigos de la mujer, con Lionel Barrymore y Alma Rubens. Parte del rodaje se realizó en París, Niza y Montecarlo. La ambientación europea de las novelas de Blasco Ibáñez permitía a las productoras estadounidenses combinar decorados de estudio con localizaciones reconocibles para el público internacional.[106]

Blasco Ibáñez también redactó historias concebidas expresamente para el cine, que deben distinguirse de las adaptaciones de sus novelas. Escribió el argumento de Argentine Love (1924), dirigida por Allan Dwan y protagonizada por Bebe Daniels y Ricardo Cortez, y preparó para Mae Murray la historia de Circe the Enchantress (1924), dirigida por Robert Z. Leonard. El American Film Institute considera esta última el primer proyecto desarrollado directamente para la pantalla por el novelista.[107][108]

Greta Garbo y el diseñador de vestuario Max Rée en una fotografía publicitaria de The Torrent (1926), adaptación de Entre naranjos.

En 1926 coincidieron tres nuevas producciones estadounidenses. The Torrent, dirigida por Monta Bell, adaptó Entre naranjos y reunió a Greta Garbo y Ricardo Cortez. The Temptress, basada en La tierra de todos, fue iniciada por Mauritz Stiller y concluida por Fred Niblo, con Garbo y Antonio Moreno como protagonistas. Fueron, respectivamente, las dos primeras películas estadounidenses de la actriz sueca.[101]

La tercera producción de ese año fue Mare Nostrum, dirigida por Rex Ingram y protagonizada por Alice Terry y Antonio Moreno. El rodaje se desarrolló durante varios meses en distintos lugares del Mediterráneo, entre ellos Barcelona, Niza, Montecarlo, Nápoles, Pompeya, Paestum, Venecia y Roma. Ingram mantuvo el título latino de la novela, aunque la distribuidora añadió en la publicidad estadounidense la traducción Our Sea.[109]

Antonio Moreno, Rex Ingram, Vicente Blasco Ibáñez y Alice Terry en la residencia del escritor en Menton durante la preparación de Mare Nostrum, en 1925.


Versiones posteriores

Las adaptaciones continuaron después de la implantación del cine sonoro. Algunas reprodujeron la época y los escenarios de las novelas, mientras que otras trasladaron la acción a un contexto histórico o geográfico diferente.

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Año Título y producción Características
1929-1930 La bodega, dirigida por Benito Perojo Coproducción hispano-francesa rodada durante la transición al cine sonoro. Perojo incorporó algunas secuencias habladas y sonorizadas a una película concebida inicialmente como muda.[101]
1941 Blood and Sand, dirigida por Rouben Mamoulian Protagonizada por Tyrone Power, Linda Darnell y Rita Hayworth. La fotografía en color de Ernest Palmer y Ray Rennahan obtuvo el Óscar correspondiente y la dirección artística recibió otra candidatura.[110]
1945 La barraca, dirigida por Roberto Gavaldón Producción mexicana protagonizada por Domingo Soler, Anita Blanch y Amparo Morillo. Fue el primer largometraje dirigido por Gavaldón y obtuvo el primer premio Ariel concedido a la mejor película. En el guion participó Libertad Blasco Ibáñez, hija del novelista.[111][112]
1948 Mare Nostrum, dirigida por Rafael Gil Coproducción hispano-italiana con María Félix, Fernando Rey y Guillermo Marín. Trasladó la intriga naval de la novela desde la Primera hasta la Segunda Guerra Mundial.[113]
1954 Cañas y barro, dirigida por Juan de Orduña Coproducción hispano-italiana protagonizada por Ana Amendola, Virgilio Teixeira, Aurora Redondo, José Nieto y Delia Scala. El guion fue escrito por Manuel Tamayo.[114]
1959 Flor de mayo, dirigida por Roberto Gavaldón Producción mexicana con María Félix, Jack Palance y Pedro Armendáriz. La adaptación trasladó la acción desde los poblados marítimos de Valencia hasta Topolobampo, en el estado mexicano de Sinaloa, y contó nuevamente con Libertad Blasco Ibáñez como adaptadora.[115]
1962 The Four Horsemen of the Apocalypse, dirigida por Vincente Minnelli Nueva versión estadounidense, con Glenn Ford, Ingrid Thulin, Charles Boyer y Lee J. Cobb. La acción fue trasladada de la Primera a la Segunda Guerra Mundial y el conflicto entre las dos ramas de la familia se relacionó con el ascenso del nazismo.[104]
1989 Sangre y arena, dirigida por Javier Elorrieta Coproducción hispano-estadounidense que situó la historia en la época contemporánea. Estuvo protagonizada por Christopher Rydell y Sharon Stone, con Ana Torrent y Alicia Agut en el reparto.[116]
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Adaptaciones televisivas

La televisión española recuperó varias novelas valencianas de Blasco Ibáñez mediante series de ambientación histórica. Estas producciones ampliaron el espacio disponible para desarrollar los conflictos familiares y sociales que en las versiones cinematográficas habían sido condensados.

Más información Año, Producción ...
Año Producción Datos principales
1978 Cañas y barro Serie de seis episodios dirigida por Rafael Romero Marchent y adaptada por Manuel Mur Oti. El reparto estuvo encabezado por José Bódalo, Alfredo Mayo, Manuel Tejada y Victoria Vera.[117]
1979 La barraca Dirigida por León Klimovsky y protagonizada por Álvaro de Luna, Marisa de Leza, Eduardo Fajardo, Terele Pávez y Victoria Abril. Televisión Española comenzó a emitirla el 1 de octubre de 1979.[118]
1998 Entre naranjos Miniserie de tres episodios dirigida por Josefina Molina, con Toni Cantó, Nina Agustí, Mercedes Sampietro, José Manuel Cervino y Germán Cobos. La fecha de emisión fue 1998, no 1996.[119]
2003 Arroz y tartana Producción televisiva dirigida por José Antonio Escrivá y protagonizada por Carmen Maura, Cristina Perales, Eloy Azorín, José Sancho y Sergio Peris-Mencheta.[120]
2008 Flor de mayo Telefilme dirigido también por José Antonio Escrivá, con Ana Fernández, Jesús Olmedo y José Sancho. Fue producido por Candil Films y Canal 9. La dirección se ha atribuido erróneamente a Vicente Escrivá, fallecido en 1999.[121]
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Aunque no se trata de una adaptación de una novela concreta, la recepción audiovisual del escritor incluye asimismo Blasco Ibáñez, la novela de su vida, miniserie biográfica de dos episodios dirigida por Luis García Berlanga y protagonizada por Ramón Langa y Ana Obregón. Fue producida en 1996, estrenada en Canal 9 en octubre de 1997 y emitida por Televisión Española en febrero de 1998.[122]

Memoria histórica

Repatriación y funeral cívico (1933)

Blasco Ibáñez fue enterrado inicialmente en el cementerio de Menton, después de su muerte en 1928. El féretro quedó cubierto con una señera y acompañado por tierra valenciana. El escritor había manifestado que deseaba ser trasladado a Valencia cuando España se convirtiera en una república, por lo que su enterramiento francés fue considerado provisional por su familia y sus seguidores.[123]

Después de la proclamación de la Segunda República Española, el Ayuntamiento de Valencia y el Gobierno de la República comenzaron a organizar la repatriación. El alcalde Vicente Alfaro viajó a Menton en enero de 1932 para rendir homenaje al escritor y solicitar formalmente la devolución de sus restos.[124] Se constituyó posteriormente un comité encargado de coordinar el traslado con la familia, el municipio de Menton y las autoridades francesas.

La reclamación encontró cierta resistencia inicial entre sectores de la población de Menton, donde Blasco Ibáñez había residido durante sus últimos años y era considerado una figura vinculada a la vida local. Un estudio basado en el expediente de protocolo conservado por la Diputación de Valencia señala que parte de la población se mostró contraria a perder sus restos. La voluntad expresada por el escritor y las negociaciones entre ambas administraciones permitieron finalmente el traslado.[125]

La actuación posterior de Francia tuvo carácter oficial y cooperativo. El féretro fue trasladado desde el cementerio hasta el salón de actos del Ayuntamiento de Menton, donde quedó expuesto sobre un catafalco y recibió guardia de honor de distintas organizaciones francesas y de la delegación española. En la ceremonia de despedida se interpretaron los himnos de ambos países y pronunciaron discursos el alcalde de Menton y el presidente del comité francés constituido para los actos. Doce marinos franceses y otros doce españoles llevaron después el féretro por las calles de la localidad hasta el embarcadero.[126]

El Gobierno español dispuso que una división naval formada por el acorazado Jaime I y los destructores Alcalá Galiano y Churruca recogiera el féretro. El decreto ordenó salvas de diecinueve cañonazos tanto en el embarque como en el desembarco y estableció que los restos recibieran los honores correspondientes a un ministro civil fallecido durante el ejercicio de su cargo.[127][128] Una representación naval francesa acompañó la despedida del convoy, lo que convirtió la entrega en un acto protocolario entre ambos países.[129]

Los restos llegaron al puerto de Valencia el 29 de octubre de 1933. El féretro fue desembarcado en el muelle de Poniente mientras se efectuaban las salvas reglamentarias y se soltaban unas veinte mil palomas. Fue transportado primero por marineros valencianos y después por grupos de militantes blasquistas. La comitiva recorrió la avenida del Puerto, el puente de Aragón, la calle de Colón, la calle de Játiva, la plaza de Emilio Castelar y la plaza del Mercado hasta llegar a la Lonja de la Seda, donde se instaló la capilla ardiente.[126]

El recibimiento estuvo presidido por el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, y contó, entre otras autoridades, con la presencia de Alejandro Lerroux y del presidente de la Generalidad de Cataluña, Francesc Macià. Las estimaciones reproducidas por la prensa, basadas en las crónicas contemporáneas, situaron la asistencia entre 300 000 y 400 000 personas, aunque la cifra exacta no puede determinarse.[130] La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes conserva una serie fotográfica del desembarco, el cortejo por las calles, el paso ante el Ayuntamiento y la capilla ardiente.[131]

La capilla ardiente permaneció durante una semana en la Lonja. El 5 de noviembre el féretro fue conducido al Cementerio General, pasando por la casa natal del escritor y por la antigua redacción de El Pueblo. Los restos quedaron depositados provisionalmente en el cementerio mientras se preparaba el monumento funerario proyectado por el Ayuntamiento.[126]

El mausoleo y el cenotafio de Benlliure

El Ayuntamiento encargó en 1933 al arquitecto municipal Javier Goerlich el proyecto de un monumento funerario para el escritor en el Cementerio General. El conjunto debía incluir una cripta y un cenotafio realizado por Mariano Benlliure, amigo personal de Blasco Ibáñez. Mientras se construía el mausoleo, los restos fueron depositados en un nicho de la sección civil del cementerio.[132]

Benlliure terminó en 1935 la pieza escultórica, realizada en mármol, bronce y latón. Representó al escritor yacente, envuelto en un sudario y rodeado de hojas de laurel; los laterales incorporaban figuras y motivos relacionados con sus novelas. Aunque suele denominarse «sarcófago de Blasco Ibáñez», se trata propiamente de un cenotafio: no fue diseñado para contener el féretro, sino para presidir la cripta proyectada por Goerlich.[133]

Las obras del mausoleo comenzaron en 1935, pero quedaron interrumpidas por el inicio de la guerra civil española en julio de 1936. El proyecto no fue retomado después de la contienda y parte de lo construido fue desmontado durante la posguerra. El espacio previsto para el monumento desapareció posteriormente al modificarse esa zona del cementerio.[134]

El cenotafio permaneció sucesivamente en el antiguo Convento del Carmen y en el Museo de Bellas Artes de Valencia. El 23 de abril de 2021 fue instalado sobre una nueva peana de granito en el vestíbulo del Cementerio General, cerca del lugar para el que había sido concebido. Para elaborar la peana se utilizaron fotografías de 1935, pues el pedestal original había desaparecido. Los restos del escritor no fueron trasladados al cenotafio y continúan en el nicho de la sección civil.[132]

Represión y depuración de su obra

Después de la Guerra Civil, la condición de Blasco Ibáñez como dirigente republicano, anticlerical, masón y adversario de la monarquía y de la dictadura de Primo de Rivera condicionó el tratamiento oficial de su figura. Sus escritos políticos y una parte de su obra literaria fueron objeto de censura, retirada de bibliotecas y destrucción de ejemplares durante la guerra y la primera posguerra.

La historiadora Ana Martínez Rus ha documentado la presencia de Blasco Ibáñez en las listas de autores sometidos a depuración bibliográfica. Una comisión constituida en San Sebastián consideró condenable el conjunto de su producción, mientras que diferentes bibliotecas públicas eliminaron o destruyeron ejemplares de sus obras. Los inventarios estudiados sobre las bibliotecas creadas por las Misiones Pedagógicas incluían todos sus títulos entre los fondos que debían retirarse.[135]

También se eliminaron algunas inscripciones y monumentos relacionados con el escritor, entre ellos una estatua levantada en Burjasot. Una parte de su familia abandonó España al final de la guerra y se instaló primero en Francia y después en México. Su hija Libertad Blasco Ibáñez y su yerno, Fernando Llorca, conservaron durante el exilio numerosos documentos, manuscritos y objetos personales que posteriormente formarían parte de los fondos dedicados al escritor.[136]

El chalé de la playa de la Malvarrosa fue incautado y utilizado entre 1942 y 1962 como Escuela de Flechas Navales. Durante ese periodo se cerró la terraza y desaparecieron las columnas, las cariátides y otros elementos de la construcción original. Tras dejar de utilizarse como escuela, el edificio sufrió un proceso prolongado de abandono y deterioro.[137]

Recuperación pública e institucional

Busto de Blasco Ibáñez entre naranjos, en la avenida de Valencia que lleva su nombre.

La recuperación pública de su figura se desarrolló de forma gradual desde los últimos años de la dictadura y se intensificó durante la Transición española. El 10 de junio de 1977, la comisión permanente del Ayuntamiento de Valencia aprobó por unanimidad dar el nombre de avenida de Blasco Ibáñez al entonces denominado paseo al Mar. La nueva rotulación fue uno de los primeros reconocimientos municipales restituidos al escritor después de la dictadura.[138]

En 1980, los herederos vendieron al Ayuntamiento el deteriorado chalé de la Malvarrosa con el propósito de destinar el emplazamiento a la conservación de su memoria. Debido al estado ruinoso de la construcción, el edificio fue derribado durante la década de 1990 y reconstruido siguiendo los planos y fotografías del original. La nueva Casa Museo de Blasco Ibáñez abrió al público en junio de 1997 y quedó integrada en la red de museos municipales.[137]

Casa Museo de Blasco Ibáñez, construida en el emplazamiento del chalé de la Malvarrosa.

La Casa Museo conserva mobiliario, objetos personales, obras de arte, fotografías, primeras ediciones, manuscritos, correspondencia, pruebas de imprenta, notas de viaje y documentación relacionada con sus actividades políticas, editoriales y cinematográficas.

Una parte principal de estos fondos procede del «Legado Libertad Blasco-Ibáñez y Fernando Llorca», depositado por Gloria Llorca Blasco-Ibáñez, nieta del escritor. También se incorporaron la biblioteca de José Luis León Roca, la correspondencia con Emilio Gascó Contell, la biblioteca de Pedro J. Milla Badenes y diferentes depósitos institucionales.[137]

La Fundación Centro de Estudios Vicente Blasco Ibáñez se constituyó mediante acta notarial el 28 de junio de 2001 y fue inscrita en el Registro de Fundaciones de la Generalidad Valenciana el 8 de enero de 2002. Surgió a partir de los trabajos realizados por la familia, investigadores y coleccionistas para conservar y estudiar su legado documental. En diciembre de 2012 la Fundación y el Ayuntamiento de Valencia firmaron un convenio por el que una parte de sus fondos quedó depositada en la Casa Museo.[139]

La conmemoración del 150.º aniversario de su nacimiento, en 2017, reunió exposiciones, conferencias, publicaciones y actividades organizadas por el Ayuntamiento, la Casa Museo, la Biblioteca Valenciana y diferentes instituciones culturales y universitarias. Estas iniciativas abordaron tanto su narrativa como sus facetas periodística, política, editorial, viajera y cinematográfica.[140]

Memoria en Menton

Monumento a Blasco Ibáñez, obra de Léopold Bernstamm, en el jardín de Fontana Rosa de Menton.

En Francia, la memoria del escritor se conserva principalmente en Fontana Rosa, propiedad que adquirió en 1922 en el barrio de Garavan de Menton. Entre ese año y su muerte creó allí el llamado «Jardín de los Novelistas», con construcciones, fuentes, cerámicas y espacios dedicados a Miguel de Cervantes, Charles Dickens, Honoré de Balzac, Gustave Flaubert y otros autores. Las esculturas fueron realizadas por Léopold Bernstamm y la decoración cerámica procedía principalmente del taller Saïssi de Menton.[141]

Después de varias décadas de abandono, el jardín y los edificios conservados pasaron a depender de la ciudad de Menton. El conjunto fue declarado monumento histórico de Francia por decreto de 21 de agosto de 1990 y actualmente funciona como jardín público patrimonial. La avenida en la que se encuentra lleva también el nombre de Blasco Ibáñez.[141][142]

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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