En un futuro cercano, la robótica ha evolucionado considerablemente. Álex (Max Records) está desesperado por encontrar "una familia normal" que se aprecie mutuamente a diferencia de sus padres (Jenni Fontana y James Nardini), los cuales están siempre peleando. Tras ver un anuncio sobre un robot doméstico llamado "Blinky" (Ruairí Robinson), Álex les pide a sus padres que le compren uno para Navidad, puesto que en el comercial aparece escrito como "la solución a cualquier conflicto doméstico". En un principio Álex es feliz, sin embargo empieza a sentirse decepcionado al ver que sus progenitores continúan peleando. Es entonces cuando Álex empieza a ignorar al robot a pesar de la persistencia de Blinky por jugar.
Para deshacerse de él, Álex sugiere jugar al escondite, para lo cual Blinky debe empezar la cuenta atrás desde 1 millón. Esta situación frustra al niño y en un ataque de agresividad le ordena varias tareas contradictorias: quedarse quieto y limpiar al mismo tiempo aparte de matar a sus padres, a él mismo y a "todos". Acto seguido el mecanismo de Blinky falla y es reiniciado a sugerencia de su madre, la cual le comenta a Álex que debe limpiar su propio desastre o le mandará a Blinky que "[le] limpie [a Álex] y [le] cocine para la cena".
Más adelante el robot empieza a comportarse de manera extraña: entra en su habitación por las noches y a la mañana siguiente desaparece el perro de la familia. Preocupado en un principio porque Blinky pudiera hacerle algo, Álex vuelve a las andadas con el robot y le tira una tableta sin causar daño al robot, pero rompe un vaso. Enfurecido, Álex culpa a Blinky del desastre, el cual se dirige a la cocina donde tras contar de diez a cero, coge un cuchillo eléctrico de uno de los cajones al tiempo que proclama: "listo o no, allá voy". A la noche se puede ver a los padres cenando sabrosas albóndigas en la mesa junto a Blinky con la única ausencia de Álex, cuya madre se percata y le pregunta al robot si le ha visto, a lo que Blinky contesta que "Álex está servido en la mesa", o sea Blinky mató y cocinó a Álex, y sus padres se lo están comiendo, respuesta a la que los padres reaccionan con horror y llaman a la policía.
En la escena siguiente, dos agentes de policía se apersonan en la casa donde Blinky aparentemente ha limpiado la sangre de los progenitores después de haberlos matado también. Tras dejarles entrar, Blinky cierra la puerta ante el destino incierto que les depara tal como hace con la siguiente víctima como respuesta a una de las órdenes que le dio Álex: "matar a todos".