Impactos meteóricos en la Luna
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Tanto la Tierra como la Luna y cualquier otro cuerpo celeste del sistema solar han sido impactados por meteoros desde su formación y precisamente por ello se conformaron como lo que hoy vemos.

Pero la Luna no posee ninguna atmósfera al contrario que la Tierra, con lo que no tiene esa protección frente a impactos menores que puedan ser quemados durante su descenso a la superficie. Varias hipótesis aclaran que el satélite se formó hace 4500 millones de años a partir del impacto de un cuerpo —que se ha convenido en llamar Theia— del tamaño de Marte contra la Tierra.[1]
Aunque la mayoría de los cráteres que salpican la superficie lunar se formaron hace varios millones de años, las rocas espaciales y los meteoritos siguen impactando en el suelo lunar dejando nuevas marcas.[2] La Luna, al igual que la Tierra, recibe impactos a gran velocidad de manera continua por parte de meteoritos u otras partículas pequeñas; la Tierra recibe diariamente alrededor de 100 toneladas de material procedente de estos pequeños cuerpos, lo que ocurre es que muchos se desintegran al entrar en la atmósfera y caen en forma de polvo.[3] En la Luna, sin atmósfera, los asteroides sencillamente impactan sobre su superficie creando un nuevo cráter.[4]
En 2025, un estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society[5] analizó el cráter producido por el impacto lunar del 11 de septiembre de 2013, el destello de impacto más brillante registrado hasta la fecha. A partir de imágenes previas y posteriores al impacto obtenidas por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), los autores determinaron que el cráter tiene un diámetro de 35 ± 0,7 m y una profundidad de 4,9 ± 0,4 m. El material eyectado se extendía más de 2 km desde el cráter y cubría un área aproximada de 7 × 10⁵ m². El estudio también identificó un enrojecimiento espectral en la región central del material eyectado, interpretado como la primera detección de cambios de color asociados a un impacto lunar reciente. Además, los autores concluyeron que el objeto impactor probablemente fue un meteoroide esporádico, y no un miembro de la lluvia de meteoros ε-Perseidas.

