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Camino de Peabirú

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El camino de Peabirú es una red de senderos precolombinos que unía el océano Atlántico con el océano Pacífico, atravesando el sur y el sureste de América del Sur a lo largo de unos 4000 kilómetros.[1] Construida y utilizada por diferentes pueblos indígenas a lo largo de milenios, es considerada la más importante calzada transcontinental de la América precolombina, conectando territorios, pueblos y océanos.[1] Su trayecto principal unía la región donde hoy se asienta la ciudad de Cuzco, en el Perú, hasta las proximidades de la actual San Vicente, en el litoral del estado de São Paulo, pasando por los territorios de las actuales Bolivia, Paraguay y Brasil.[1]

Localización del Imperio inca

Para los guaraníes, el camino tenía un profundo significado espiritual: era la ruta que conducía a la Yvy MarãEy («la tierra sin mal»), un paraíso mitológico situado más allá del Atlántico. Para los colonizadores europeos, se convirtió en la vía de acceso a las riquezas del interior del continente. La mayor parte del trayecto original ha desaparecido a lo largo de los siglos, consumido por la naturaleza o transformado en carreteras, pero algunos tramos remanentes y proyectos de revitalización mantienen viva la memoria del camino.[1]

La designación «camino de Peabirú» fue registrada por primera vez por el jesuita Pedro Lozano[2] en su obra «Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán», a principios del siglo XVII.[2] Sin embargo, otras fuentes indican que el término ya era utilizado en San Vicente poco después del descubrimiento de Brasil, en 1500.[3] Existen al menos cuatro hipótesis sobre los posibles constructores del camino: que habría sido creado por el pueblo itararé, por los guaraníes, por los incas o por una figura legendaria llamada Sumé por los indígenas y asociada con santo Tomás por los misioneros jesuitas.[4]

Etimología

El término peabiru (en lengua tupí, «pe» — camino; «abiru» — césped aplastado) hace referencia a los antiguos caminos utilizados por los indígenas sudamericanos desde mucho antes de la colonización europea, que unían el litoral con el interior del continente.[5]

Otra corriente afirma que «Peabirú» significaría «camino que va al cielo». Esta denominación reflejaría la importancia simbólica que el camino tenía para los pueblos indígenas, quienes lo consideraban una vía de acceso al mundo espiritual.[6]

Finalidades

Cuzco, una de las localidades antaño servidas por el camino de Peabirú.

Las finalidades exactas que motivaron la creación del camino de Peabirú siguen siendo objeto de debate entre historiadores, arqueólogos, geógrafos y antropólogos.[7][8] Algunas de las principales hipótesis sobre las funciones reales ejercidas por este complejo sistema de rutas indígenas son:

  • Ruta comercial: El Peabirú podría haber servido como una importante ruta comercial para el intercambio de productos entre diferentes pueblos indígenas precolombinos, con objetivos como la obtención de sal, metales, piedras preciosas, plumas y alimentos.[1]
  • Ruta migratoria: El camino podría haber sido utilizado por distintos grupos indígenas durante sus procesos migratorios, facilitando el desplazamiento para la ocupación de nuevas tierras.[5]
  • Ruta ritual: Para los guaraníes, el camino de Peabirú era una ruta física y espiritual que conducía a un paraíso mitológico denominado Yvy MarãEy («la tierra sin mal»), situado más allá del océano Atlántico, donde nace el Sol. Este destino sagrado es mencionado en la tradición oral guaraní, en sus rituales, músicas, danzas, simbologías y en nombres de lugares, y la jornada en su dirección era conocida como el «Camino de la Tierra Sin Mal».[1] Algunas teorías sugieren que el camino tenía un significado religioso más amplio para los pueblos indígenas, siendo utilizado en peregrinaciones y rituales.[9]
  • Nexo entre civilizaciones: El Peabirú podría haber conectado diferentes civilizaciones de América del Sur, facilitando la relación entre distintos pueblos y tribus, promoviendo el intercambio cultural y el desarrollo de conocimientos compartidos.[10]

Trayectos

La trayectoria exacta de toda la extensión del camino de Peabirú sigue siendo incierta, pero se estima que su longitud total alcanzó varios miles de kilómetros,[10] atravesando diversos países de América del Sur:[11]

Ramificaciones

Según los relatos históricos, el camino principal pasaba por las regiones de las actuales ciudades de Asunción, Foz de Iguazú, Alto Piquiri, Ivaí, Tibagi, Botucatu, Sorocaba y São Paulo hasta llegar a la región de la actual ciudad de San Vicente.

Tras cruzar la meseta occidental paulista, el camino de Peabirú se dividía en diversas ramificaciones. El principal de estos caminos, denominado propiamente camino de Peabirú, constituía una vía que unía los Andes con el océano Atlántico. Con mayor precisión, conectaba Cuzco, en el Perú (aunque quizás se extendía hasta el océano Pacífico), con el litoral brasileño a la altura de la Capitanía de San Vicente (actual estado de São Paulo), a lo largo de unos 3000 kilómetros, atravesando los territorios de los actuales Perú, Bolivia, Paraguay y Brasil.[12]

A lo largo del trayecto principal, diversas ramificaciones se desprendían, conectando diferentes aldeas y centros ceremoniales indígenas. Estas ramificaciones se extendían por diversos sectores, alcanzando regiones como el Pantanal y el actual litoral de los estados del sur de Brasil.[9] También existían otras ramas del camino que terminaban en las proximidades de las actuales ciudades de Cananeia (SP) y Florianópolis (SC).[3]

Ya en territorio brasileño, uno de sus ramales era la llamada Senda de los Tupiniquins, en el litoral de San Vicente, que pasaba por Cubatão y por São Paulo, en lugares posteriormente conocidos como el Pátio do Colégio y la Rua Direita; cruzaba el Vale do Anhangabaú; seguía por el trazado que hoy corresponde a las avenidas Consolação y Rebouças; y cruzaba el río Pinheiros.[13] Otro ramal partía de Cananeia.

Ramificaciones adicionales partían del litoral de los actuales estados de Santa Catarina y Río Grande del Sur.

Características físicas

El camino se caracterizaba por presentar una anchura de aproximadamente 1,40 metros y un lecho rehundido unos 40 centímetros respecto al nivel del suelo, cubierto por una gramínea denominada puxa-tripa.[14] En sus tramos más difíciles, el camino llegaba a estar pavimentado con piedras. En algunos sectores, estaba señalizado con inscripciones rupestres, mapas y símbolos astronómicos de origen indígena.[11]

Historia

El origen del camino de Peabirú es incierto, pero se cree que fue utilizado por pueblos indígenas hace miles de años. Se han propuesto diversas teorías sobre su función: ruta comercial, camino religioso o migratorio.[15]

Se estima que el camino de Peabirú fue construido hacia el año 400 d. C., sobre sendas previamente utilizadas por pueblos paleoindígenas cazadores-recolectores.[1] Esta red de caminos fue mantenida y utilizada por distintos grupos indígenas a lo largo de los siglos,[1] entre ellos los pueblos incas, tupíes, guaraníes, entre otros.[16] En todo caso, su característica principal era el deseo de conectar el Atlántico con el Pacífico. De este modo, es posible afirmar que el camino de Peabirú fue la calzada transcontinental más importante de la América precolombina, ya que establecía la conexión entre territorios distantes y distintos pueblos.[1]

En 1524, parte de este camino fue recorrido por el náufrago portugués Aleixo García, quien comandó una expedición integrada por varios centenares de guaraníes carijós,[12] partiendo de la Isla de Santa Catarina («Meiembipe»), recorriendo esta vía para saquear oro, plata y estaño, habiendo alcanzado el territorio del Perú, en el Imperio inca, nueve años antes de la conquista española de los Andes en 1533. Tras saquear la zona por la que pasó, llevándose mucho oro y plata, Aleixo regresó por el río Paraguay, donde la expedición fue atacada por indígenas payaguás. Gran parte de la expedición, incluido Aleixo García, fue masacrada.[1]

Álvar Núñez Cabeza de Vaca

Otros relatos dan cuenta de que Martim Afonso de Sousa, fundador de la Villa de San Vicente, se estableció en aquel trecho del litoral porque disponía de antemano de información de que desde allí se tendría acceso al camino que lo llevaría a las minas de Potosí, en Bolivia, y a los tesoros de los incas. Por su determinación, una expedición partió de Cananeia (en el litoral de la Capitanía de San Vicente), el 1 de septiembre de 1531, con el mismo destino, bajo el mando de Pero Lobo, con Francisco das Chaves como guía. Siguiendo por un antiguo camino indígena que empataba con el camino de Peabirú, esta expedición desapareció, masacrada por los indígenas guaraníes en las proximidades de Foz de Iguazú al cruzar el río Paraná. (Véase también: Guerra de Iguapé).

El español Álvar Núñez Cabeza de Vaca inició la caminata partiendo de la desembocadura del río Itapocu, en el litoral norte de Santa Catarina, el 2 de noviembre de 1541, y descubrió, a finales de enero de 1542, las Cataratas del Iguazú. En la misma época, el aventurero alemán Ulrich Schmidl lo recorrió en 1553. Los jesuitas bautizaron este camino como «Camino de Santo Tomás», utilizándolo en sus actividades de evangelización y reducción de indígenas, en la región del río Paraná, ya a mediados del siglo XVI. En el siglo XVII, bandeirantes paulistas, como Antônio Raposo Tavares, transitaron por esta vía para atacar las misiones jesuíticas.

El camino tenía diversas ramificaciones utilizadas por los guaraníes, quienes, a través de ellas, se desplazaban por las distintas partes de su territorio, manteniendo en contacto a los pueblos confederados mediante una especie de correo rudimentario llamado parejhara, que unía el norte y el sur de Brasil, desde la Laguna de los Patos hasta la Amazonía. Según la tradición de este pueblo, el camino no fue abierto por ellos, quienes atribuyen su construcción al ancestro civilizador Sumé, quien habría creado la ruta en dirección este-oeste. A través del camino, se realizaba un intenso intercambio comercial (mediante el trueque) entre pueblos del litoral, del interior y los incas: del litoral se aportaba sal y conchas ornamentales; del interior, frijol, maíz y plumas de aves grandes como el ñandú y el tucán para adorno; y los incas aportaban objetos de cobre, bronce, plata y oro. Como prueba de este comercio, puede citarse el hallazgo de un hacha andina precolombina de cobre en Cananeia, en el litoral de São Paulo.[17]

Las investigaciones iniciadas en el siglo XIX por el Barón de Capanema llevaron a la formulación de la hipótesis de que el camino había sido creado por los incas en un intento de traer su cultura hasta los pueblos de la costa del océano Atlántico, abriendo el camino en dirección oeste-este. Como apoyo a esta línea, se cita el testimonio de más de un cronista de que los incas llamaban a su territorio Biru. De este modo, la denominación del camino podría resultar del híbrido pe-biru, que equivaldría a «camino hacia el Biru». Aunque no se dispone de información sobre la razón por la cual el proyecto inca no fue llevado a cabo, entre las evidencias de su presencia en territorio brasileño se cita el correo de los guaraníes.[12]

Con la llegada de los colonizadores europeos, el camino de Peabirú fue gradualmente abandonado. Las sendas originales fueron cubiertas por la vegetación y muchos de sus vestigios se perdieron.

Actualidad

En la década de 1970, un equipo coordinado por el profesor Igor Chmyz, de la Universidad Federal de Paraná, identificó unos treinta kilómetros remanentes de la senda en el área rural de Campina da Lagoa, en el estado de Paraná.[18] A lo largo de este tramo se identificaron también yacimientos arqueológicos con vestigios de las habitaciones utilizadas probablemente cuando los indígenas estaban en tránsito. Las investigaciones arqueológicas en la región prosiguieron en las décadas siguientes, con especial mención a los trabajos de la arqueóloga Cláudia Inês Parellada, del Museo de Paraná, en Curitiba, donde se albergan muchos de los hallazgos de las excavaciones de la senda.[1] Más recientemente, esta universidad venía desarrollando trabajos para convertir el camino en una atracción turística, a semejanza del Proyecto Estrada Real, en Minas Gerais.

Investigaciones recientes indican que en algunos tramos en la región próxima a las ciudades paulistas de Cotia y Sorocaba, el trazado del antiguo camino de Peabirú coincide con partes de la actual carretera Raposo Tavares.[14]

A pesar de la escasa atención dada a su conservación a lo largo de los últimos siglos, el camino de Peabirú sigue despertando la curiosidad de investigadores, historiadores y aventureros. En los años más recientes, se están desarrollando diversos proyectos con el objetivo de mapear y recuperar tramos del camino.

Algunos sectores recuperados del camino de Peabirú ya están abiertos al público para su visita, como el tramo ubicado en el Parque Nacional del Iguazú, en Paraná.[19]

El actual proyecto de rescate y revitalización del camino de Peabirú abarca el trazado desde el litoral hasta la frontera oeste de Paraná. La iniciativa busca fomentar el desarrollo regional y la preservación del recorrido en municipios clave que estructuran la ruta, tales como Paranaguá, Peabirú, Campo Mourão, Pitanga y Guaíra.[20]

Véase también

Referencias

Bibliografía

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