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Cancillería Real (Corona de Aragón)

organismo administrativo de la Corona de Aragón From Wikipedia, the free encyclopedia

La Cancillería Real (en catalán, Cancelleria Reial) fue una institución de la administración regia de los monarcas de la Corona de Aragón desde el siglo XIII. Se encargada de documentar y registrar los actos políticos, de gobierno y de administración emanados del monarca y de su Corte. Estaba dirigida por el canciller, que se ocupaba de la organización burocrática, administrativa y judicial de la monarquía; presidía la Audiencia regia, custodiaba el sello real y refrendaba determinados actos y documentos.[1]

En 1388, durante el reinado de Juan I, la Cancillería fue reorganizada en tres vicecancillerías: una para el Principado de Cataluña, el Reino de Mallorca, el Reino de Cerdeña y Córcega; otra para el Reino de Aragón; y una tercera para el Reino de Valencia. A cada una correspondía una Audiencia presidida por el respectivo vicecanciller.

Historia y funciones

Fue fundada por Jaime I de Aragón en el año 1264, ocupándose de la redacción de todo tipo de documentos administrativos: certificados, letras reales o licencias, entre otras. En 1264, Jaime I prohibió el uso del latín por juristas y abogados ante los tribunales del Reino de Valencia y dispuso que las actuaciones y sentencias judiciales se redactasen en romance. A partir de entonces, toda la documentación fue unificada por la Corona de Aragón. Los textos se redactaban en catalán o aragonés y en latín. Todas las instituciones de la Corona de Aragón, además de todos los municipios y notarios, utilizaron un mismo modelo de catalán.[2]

Integrada a la Corona Aragonesa, la Cancillería Real era una oficina dirigida por un canciller, encargada de copiar y tramitar todos los documentos reales, de la nobleza o de los eclesiásticos. Esta escribanía real fue organizada a partir del siglo XIII y estaba integrada por una serie de funcionarios que tenían a su cargo toda la documentación real.

La Cancillería devino un centro cultural -tal como lo fueron los monasterios durante la Alta Edad Media- sobre todo a partir del año 1373, en que albergó a un grupo de copistas para la transcripción de libros. La Cancillería asimiló y expandió la poesía y el arte franceses, introducidos por Violante de Bar, así como la curiosidad por todo aquello que hiciera referencia al mundo latino, proveniente de Italia, o al helenismo, procedente de la Corte Pontificia de Aviñón.

La prosa de la Cancillería seguía las fórmulas medievales de la retórica epistolar. La mayoría de sus funcionarios eran buenos conocedores del Ars Dictandi, título que se otorgaba a los tratados de retórica epistolar que fueron utilizados en las cancillerías medievales, especialmente del siglo XI al XIV. Aquellos tratados contenían reglas y ejemplos acerca de cómo redactar las salutaciones, los preámbulos y las alocuciones -el núcleo- de los documentos, así como sobre preceptos gramaticales, construcciones lingüísticas, figuras retóricas, oraciones, y sobre la extensión o el ritmo de las frases.

Dado que la mayoría de los funcionarios de la Cancillería sabían latín, no resulta extraño que fuera precisamente esta lengua la que marcara las directivas tanto en lo que respecto a los formularios como al vocabulario técnico utilizado por la burocracia y en la política. La influencia latina moldeó el catalán sin violentarlo. En las Órdenes Reales de Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso, que son una adaptación de las Leyes Palatinas de Jaime III de Mallorca, el fraseo en catalán es un calco, palabra por palabra, de la construcción latina. Afortunadamente, otros escribas y notarios de Pedro el Ceremonioso supieron vencer las dificultades que presentaba el modelo latino y contribuyeron a la construcción de un catalán más dúctil, armonioso y claro.

Ahora bien, lo que más llama la atención es la notable uniformidad que adquirió el idioma oficial de la Cancillería, que logró implantarse como la lengua escrita en todo el dominio lingüístico. La razón de aquella uniformidad obedecía al hecho de que la lengua del Principado de Cataluña, del Reino de Mallorca y del reino de Valencia se había expandido, merced a la Reconquista, a través de unas tierras fuertemente arabizadas.

Véase también

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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