Carlo Maria Curci
Carlo Maria Curci fue un jesuita italiano, fundador de la La Civiltà Cattolica.
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Nápoles (Reino de las Dos Sicilias)
Florencia (Reino de Italia)
| Carlo Maria Curci | ||
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
4 de septiembre de 1809 o 4 de septiembre de 1810 Nápoles (Reino de las Dos Sicilias) | |
| Fallecimiento |
8 de junio de 1891 Florencia (Reino de Italia) | |
| Religión | Iglesia católica | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Teólogo y periodista | |
| Orden religiosa | Compañía de Jesús | |
Carlo Maria Curci (Nápoles, 4 de septiembre de 1809 - Florencia, 8 de junio de 1891) fue un jesuita italiano, fundador de la La Civiltà Cattolica.
Tras su ordenación sacerdotal, fue profesor dos años en Lecce, predicador por un año en Faenza y enseñó Sagrada Escritura y hebreo en Nápoles, después de esto pronto alcanzó fama como predicador en el centro meridional de Italia. Su carácter fogoso le causó varios traslados y enfrentamientos a lo largo de su vida profesional. Escribió entre los años 1845-1849 varias obras en defensa de la Compañía de Jesús contra los ataques de Vincenzo Gioberti.
Al volver a Nápoles tras su exilio (1848-1849) en Malta y París, Curci, bajo los auspicios de Pío IX y con la colaboración de Matteo Liberatore, Antonio Bresciani y Luigi Taparelli, fundó en Nápoles La Civiltà Cattolica, (1850) una revista (trasladada a Roma unos meses después) que propugnaba el poder temporal pontificio. Pronto mostró su excepcional talento periodístico, pero su memoria sobre los cuatro años de la revista provocó la ira del gobierno napolitano, y Curci fue exilado a Bolonia, (1854) fuera ya de La Civiltà y mal visto por sus redactores. A pesar de lo anterior, hasta 1866, contribuyó a la revista con más de 200 artículos, por lo general, conservadores y polémicos.
Tras la toma de Roma (20 de septiembre de 1870) por las tropas italianas, Curci se sintió dividido entre su oposición a lo sucedido y su defensa del poder temporal de los papas. Influido por el pensamiento de Taparelli y de Carlo Passaglia, adoptó una posición única entre los jesuitas italianos: juzgó negativamente el autoaislamiento del Papa en el Vaticano, escribió y trabajó para que la Iglesia aceptase como providencial la realidad surgida con la ocupación de Roma, y preconizó una conciliación entre el nuevo Estado y la Iglesia católica.
Entre 1874 y 1885, publicó sus obras contra el poder temporal papal (así como un memorial a Pío IX, que desagradó al Papa), y las reformistas, fieles al magisterio doctrinal de los papas, pero contrarias a la actitud cerrada del papado hacia la nueva realidad política y cultural; su tono áspero dañó, sin duda, a Curci. Por estas ideas, de las que no aceptó retractarse, fue expulsado (1877) de la Compañía de Jesús, y luego suspendido a divinis (1884) por León XIII. Sus tres últimas obras, asimismo, fueron puestas en el Índice de libros prohibidos. Menos de dos semanas antes de su muerte, fue readmitido en la Compañía de Jesús por el Prepósito General Anton Anderledy. Sepultado en Careggi (Florencia), sus restos fueron trasladados, casi un siglo después, a Roma (11 de enero de 1989), donde reposan en el panteón jesuita del cementerio comunal monumental Campo Verano.