Las Lettres anglaises / Cartas inglesas son veinticuatro:
- Carta I: Sobre los Cuáqueros
- Carta II: Sobre los Cuáqueros
- Carta III: Sobre los Cuáqueros
- Carta IV: Sobre los Cuáqueros
- Carta V: Sobre la Iglesia de Inglaterra
- Carta VI: Sobre los Presbiterianos
- Carta VII: Sobre los Socinianos, Arrianos o Antitrinitarianos
- Carta VIII: Sobre el Parlamento
- Carta IX: Sobre el Gobierno
- Carta X: Sobre el Comercio
- Carta XI: Sobre la inoculación
- Carta XII: Sobre lord Bacon
- Carta XIII: Sobre el señor Locke
- Carta XIV: Sobre Descartes y Sir Isaac Newton
- Carta XV: Sobre la ley de la gravedad.
- Carta XVI: Sobre la Óptica de Sir Isaac Newton
- Carta XVII: Sobre los infinitos en Geometría y la Cronología de Sir Isaac Newton
- Carta XVIII: Sobre la tragedia en Inglaterra
- Carta XIX: Sobre la comedia en Inglaterra
- Carta XX: Sobre cuán noble es cultivar las bellas letras
- Carta XXI: Sobre el conde de Rochester y el señor Waller
- Carta XXII: Sobre el señor Pope y algunos otros poetas famosos
- Carta XXIII: Sobre el respeto que se debe a los hombres de letras
- Carta XXIV: Sobre la Royal Society y otras academias
Voltaire comienza tratando la religión en las cartas 1 a 7. En particular él se refiere a los cuáqueros (1–4),anglicanos (5), prebiterianos (6), y socinianos (7).
De las cartas primera a cuarta Voltaire describe a los cuáqueros, sus costumbres, creencia e historia. Aprecia la simplicidad de sus rituales. En particular, alaba la ausencia de bautismo ("nosotros no somos de la opinión que por salpicar con agua la cabeza de un niño el mismo se convierta en cristiano"), la ausencia de comunión ("'¡Cómo! ¿No tienen comunión?' les dije. 'Solo una, de tipo espiritual', le contestaron, 'del corazón'") y la falta de sacerdotes ("'O sea, ¿ustedes no tienen sacerdotes?' les dije. 'No, no, amigo mío', me contestó el cuáquero, 'y eso nos hace muy felices'"). Aun así, manifiesta su preocupación por la naturaleza manipulativa de toda religión organizada.
La quinta carta está dedicada a la religión anglicana, la cual compara de manera favorable con el catolicismo ("La moral del clero inglés es más regular que la de los franceses"), pero critica las formas en que se ha mantenido fiel a los rituales católicos ("El clero inglés ha conservado un gran número de ceremonias romanas, especialmente la de recibir con atención más escrupulosa sus diezmos").
En la carta sexta, Voltaire ataca a los Presbiterianos, a quienes ve como intolerantes ("[El Presbiteriano] tiene un paso solemne y una mirada amarga; usa sombrero de ala ancha y una capa larga sobre un abrigo muy corto; predica con la nariz y denomina ramera de Babilonia a toda iglesia donde los ministros sean tan afortunados como para disfrutar de un ingreso anual de cinco o seis mil libras y donde la gente sea lo bastante débil como para padecerlo y darles los títulos de mi señor, su señoría o su eminencia"), y demasiado estrictos ("Los domingos no se permiten óperas, teatro ni conciertos en Londres, e incluso los naipes están tan expresamente prohibidos que nadie más que las personas de calidad, y las que llamamos gentiles, jueguen ese día; el resto de la nación va a la iglesia, a la taberna o a ver a sus amantes").
Por último, en la séptima carta habla de los socinianos, cuyo sistema de creencias está relacionado en cierta medida con el punto de vista deísta del propio Voltaire. Este sostiene que, aunque esta secta incluye a algunos de los pensadores más importantes de la época (entre ellos Newton y Locke), eso no basta para convencer al hombre común de que es lógico. Según Voltaire los hombres prefieren seguir las enseñanzas de «autores miserables» como Martín Lutero, Juan Calvino o Ulrico Zwinglio.
En las cartas octava y novena, Voltaire analiza el sistema político inglés. La carta octava trata sobre el Parlamento británico, que compara con Roma y Francia. En lo que respecta a Roma, Voltaire critica el hecho de que Inglaterra haya entrado en guerras por motivos religiosos, mientras que Roma no lo hizo; pero elogia a Inglaterra por servir a la libertad en lugar de a la tiranía (como en Roma). En cuanto a Francia, Voltaire responde a las críticas francesas sobre el regicidio de Carlos I destacando el proceso judicial británico en contraposición a los asesinatos directos de Enrique VII, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y Enrique III de Francia, o los múltiples atentados contra la vida de Enrique IV de Francia.
En la carta novena, Voltaire ofrece una breve historia de la Carta Magna inglesa y valora su igualdad en la administración de justicia y su forma de recaudar impuestos.
En la carta décima, Voltaire elogia el sistema comercial inglés, sus beneficios y lo que aporta a la nación inglesa (desde 1707, británica). Según Voltaire, el comercio contribuyó en gran medida a la libertad del pueblo inglés, y esta libertad, a su vez, contribuyó a la expansión del comercio. También fue el comercio lo que dio a Inglaterra su riqueza y poderío naval. Además, Voltaire aprovecha la oportunidad para satirizar a la nobleza alemana y francesa que ignora y desprecia este tipo de empresas. Para Voltaire los nobles son menos importantes que los hombres de negocios que «contribuyen a la felicidad del mundo».
En la carta undécima, Voltaire defiende la práctica inglesa de la vacunación, que era ampliamente desacreditada y condenada en la Europa continental. Es probablemente una respuesta a la epidemia de viruela que asoló París en 1723 y causó la muerte de 20.000 personas.
La carta duodécima habla de Francis Bacon, autor de Novum Organum y padre de la filosofía experimental.
La carta decimotercera trata sobre John Locke y sus teorías sobre la inmortalidad del alma.
La carta decimocuarta compara al filósofo británico Isaac Newton con el filósofo francés René Descartes (a la muerte de Newton en 1927, este fue comparado con Descartes en un elogio fúnebre pronunciado por el filósofo francés Fontenelle. Aunque los británicos no apreciaron esta comparación, Voltaire sostiene que Descartes también fue un gran filósofo y matemático.
La carta decimoquinta se centra en la ley de la gravitación universal de Newton y la decimosexta de su obra óptica.
La carta decimoséptima trata sobre el trabajo de Newton con la geometría y sus teorías sobre la cronología de la historia.
En la carta decimoctava se habla sobre las tragedias británicas, concretamente sobre William Shakespeare. Voltaire presenta a sus lectores el famoso soliloquio «Ser o no ser» de Hamlet junto a su traducción al francés en verso rimado. También cita un pasaje de John Dryden y ofrece su traducción.
En la carta decimonovena aborda la comedia británica citando a William Wycherley, John Vanbrugh y William Congreve.
La carta vigésima diserta brevemente sobre las bellas letras de la nobleza, incluyendo al primer conde de Rochester Laurence Hyde y a Edmund Waller.
La carta vigesimosegunda hace referencia a la poesía de Jonathan Swift y Alexander Pope.
En la carta vigesimotercera, Voltaire sostiene que los británicos honran a sus hombres de letras mucho más y mejor que los franceses en cuanto a emolumentos y respeto.
La última carta de esta temática, la vigesimocuarta, versa sobre la Real Sociedad de Londres, a la que compara desfavorablemente con la Academia Francesa.
En la carta vigesimoquinta, que no se incluyó con las veinticuatro originales de la primera edición, Voltaire critica ciertas ideas de Blaise Pascal entresacando citas de sus Pensées / Pensamientos y ofreciendo su propia opinión sobre el mismo tema. La diferencia más importante entre ambos filósofos está en su concepción del hombre. Pascal insiste en el aspecto miserable del hombre, que debe llenar el vacío de su vida con diversiones, mientras que Voltaire acepta la visión positiva de la Ilustración.